Summary: Koushiro necesita alguien que le flexione la moral y Mimi necesita un refugio por esta noche.

Disclaimer: No soy la propietaria de nada y hago esto sin fines de lucro

Tazas rotas y cigarrillos (pt.2)

Despertaron con el primer rayo de sol que se coló por la ventana. Mimi tenía una sonrisa de oreja a oreja y Koushiro la abrazaba con cariño mientras besaba su coronilla. Aquel día lucía radiante, como hacía meses que no tenía ninguno.

Mimi le besó en los labios y cuando él le regresó la sonrisa sintió un vacío en el estómago.

"Estás haciendo locuras, Mimi" se dijo a sí misma.

Apagó su consciencia y le preparó el desayuno a Koushiro. Hot-cakes con demasiada miel. Koushiro se quejó pero aun así se comió hasta el último de los panqueques antes de terminar tirando todos los platos de la mesa, tomarla entre sus brazos subiéndola a ésta y quitándose los pantalones para hacerlo justo ahí a media cocina.

Mimi se dejó hacer porque extrañaba esas manos tan cuidadosas tocándola de aquella manera. Había extrañado ser la musa de Koushiro porque aunque él jamás la había llamado así, ella misma se había autonombrado de aquella forma. Sabía que a pesar de que el pelirrojo no era un artista sí era un creador y había amado pensar en su mente que ella era su más grande fuente de inspiración para hacer las maravillas que hacía.

Había extrañado también ser suya porque cuando Koushiro la poseía, ella misma se sentía como la más maravillosa obra de arte.

Estaba buscando un escondite, lo sabía. Estaba tratando de huir de sus problemas como siempre hacía y había encontrado en Izumi la escapatoria perfecta, sin embargo había ido a irrumpir en su vida egoístamente y sin importarle la perturbación que esto podría causarle, sobre todo al borde de un divorcio y con ella haciendo todo por meterse en su cama.

Lo había conseguido, sin embargo no se sentía feliz.

Se sentía cada vez más y más estúpida y hueca.

Se sentía vacía en este mundo que quería obligarla ser alguien que ella no era. Ella quería ser Mimi y sólo Mimi, espontanea, libre, sin ataduras y sin limitaciones. Ella quería ser siempre Mimi.

¿Y ahora quien era?

Ahora era la fugitiva. "La que escapó". La amante.

Era todo, menos Mimi.

-Me has mentido.

La afirmación de Koushiro la ha sacado completamente de sus cavilaciones. Agita su cabeza.

-¿Qué? –pregunta haciéndose la tonta.

-Que me has mentido. –repite el pelirrojo. –Tu mirada es diferente, creo que puedo alardear de conocerte bien y esa no es la mirada que solías tener en tu cara por lo que algo te está molestando. No lo has dejado con Michael, ¿Verdad?

Mimi respira con dificultad.

-¿Y porque has deducido que es eso lo que me molesta?

-Porque tu mirada refleja exactamente como me siento yo ahora. –responde.

-¿Cómo es eso? –vuelve a decir de manera interrogante.

Izumi toma aire.

-Arrepentido, como un bastardo, lleno de culpa pero aun así satisfecho y melancólico.

Mimi sonríe, con su mano acaricia el bello rostro del hombre que está frente a ella. Koushiro es alguien tan endemoniadamente atractivo que no le sorprendió cuando le llegó la noticia de su casamiento con la hermosa profesora Anako Mikumi de la Universidad de Tokio, una mujer que no sólo era una belleza, sino que también tenía un cerebro privilegiado.

Claro que alguien como ella se iba a fijar en alguien de igual nivel de inteligencia y hermosura. Claro que se iba a fijar en Koushiro. Él era un partido imperdible, tan respetuoso, cortes y guapo que hacía que el pecho le doliera de sólo recordar el día que decidió dejarlo.

"Decidieron" se corrigió a sí misma. La resolución había sido de ambos.

-Has dado en el clavo. –sincera finalmente. –Te he mentido, sigo con Michael.

-¿Y entonces que haces aquí en Japón? –cuestiona por tercera vez desde que la vio llegar la tarde anterior.

Mimi se quita un mechón de cabello que le está molestando en el rostro. Le mira con dificultad. Nunca ha tenido más problemas para mirar a alguien a los ojos como en este momento. Suspira y habla.

-Estoy huyendo, Kou. –dice después de unos minutos.

Ambos callan. Ella agrega:

-¿No tendrás un cigarrillo?

La había llevado hasta la tienda de servicio más cercana. Mimi había comprado una caja de cigarros, había encendido uno y hasta ahora no había dado ni la primera calada, sólo dejaba que éste se consumiera en su mano mientras lo observara callada. No es que Koushiro se quejara. Le gustaba el silencio, le gustaba Mimi sobre todo. Se habían sentado en la banqueta como si tuvieran diecisiete otra vez y estuvieran en una de sus improvisadas citas, la gente les miraba extraño pero realmente no importaba demasiado.

-¿Te sientes mejor? –pregunta de pronto el pelirrojo. Sabe que la mujer no está tranquila, hay algo que la molesta y va mucho más de allá de Michael, pero no ha logrado resolver el enigma de qué es.

-Sí. –contesta ella con sus cabellos color marrón desparramándose sobre sus hombros. –Estoy mejor, ciertamente.

Él piensa que esto es una mentira.

-¿Quieres que pasemos por casa de Taichi? –ofrece Koushiro recordando como el día anterior Mimi expresó su deseo de ver a la pareja.

Ella asintió apagando su cigarrillo en la banqueta y ambos se pusieron de pie. Llegaron a la vivienda caminando y rozando sus dedos al hacerlo. Mimi miraba el cielo, por lo que Koushiro se sentía en la estúpida responsabilidad de cuidar sus pasos para que ésta no fuese a caer debido a que con esas botas de tacón cualquier simple caída podría romperle el pie.

-Mimi, deberías ir viendo hacia en frente y no a las nubes, ¿No crees? –pregunta el pelirrojo pensando que sin importar los años jamás sería capaz de descubrir el más grande misterio al que se había enfrentado. Que pasa por la enigmática cabeza de Mimi.

-Si vas viendo siempre al frente te pierdes la belleza del cielo y las nubes, ¿No crees?

Él suspira.

Pronto llegan al departamento de Taichi y Minako Yagami. Koushiro, con toda su cortesía y una educación de la cual no se puede olvidar piensa que han sido maleducados al llegar sin avisar, sin embargo como a Mimi eso no le importa en lo más mínimo ha decidido tocar la puerta sin siquiera pensárselo. Es Taichi quien abre y pone una mueca de completa incredulidad cuando les ve ahí parados.

-¿Mimi? ¿Qué haces aquí?

Ella se enfurruña.

-¡Eres igual de grosero que siempre! –exclama. –Alégrate aunque sea un poco de verme, Taichi bruto.

El hombre moreno se ríe en voz alta antes de abrazar a la guapa castaña con cariño y besar su mejilla. Ella sonríe satisfecha.

-Lo siento, me has tomado por sorpresa yo te hacía en Estados Unidos.

-Pues ya ves, que he decidido darles la sorpresa y venir de visita. –explica Mimi. -¿No nos vas a invitar a pasar?

Taichi mira a Koushiro por primera vez y éste se encoge de hombros sin saber que decir. El Yagami les deja pasar a su departamento y les ofrece algo de tomar, pronto su esposa que se encontraba en la cocina les ve y se acerca a saludarlos. Minako Yagami es posee un apenas abultado vientre de tres meses de embarazo. Realmente no es la embarazada llamativa que Mimi se esperaba pero aun así la imagen impresiona a la castaña.

-¿Puedo tocar? –pregunta después de haber felicitado a la feliz pareja.

-Por supuesto, Mimi. –responde Minako.

La castaña lleva su mano a la panza donde se está gestando el primer hijo de su antiguo líder de la niñez, con aquel que vivió tantas aventuras. Minako le sonrió pero Mimi no sonreía. Sus ojos miel estaban clavados en el estómago de la mujer y poco a poco estos comenzaron a llenarse de lágrimas. El llanto empezó a rodar por sus mejillas y se abrazó a la otra mujer allí presente sin motivo aparente.

-Lo siento, me he puesto sensible. –dice la castaña.

-No te preocupes. –afirma la futura madre. -¿Quieres que te muestre los ultrasonidos? –pregunta.

-Oh eso sería grandioso. –responde Mimi limpiándose las lágrimas y siguiendo a Minako hasta la habitación.

Koushiro, ahora que está solo con Taichi siente como éste le codea las costillas con demasiada fuerza. Sin importar los años su amigo siempre será demasiado rudo para su constitución tan debilucha.

-¿Me explicas? –pide el moreno. -¿Qué haces en mi casa con Mimi Tachikawa?

-Ella ha llegado de sorpresa.

-Vamos, Kou. –habla Tai. –No te hagas el idiota, sabes que tú y Mimi no son casualidad. Realmente no te entiendo…

-¿Por qué?

-Porque dices que amas a Anako y que la quieres recuperar y luego haces cosas como pasearte con tu ex novia de la juventud por la ciudad.

-Se ha dormido en casa.

-¡Increíble! –exclama Taichi. – ¿Y esperas recuperar a tu esposa así? Sabes que Mimi sólo te hace comerte la cabeza desde niños, ¿Por qué no la dejas ir?

Koushiro no tiene la respuesta.

Han vuelto a su casa y el pelirrojo aún no se explica porque Mimi se ha puesto a llorar cuando ha tocado la panza de Minako si realmente ni siquiera cuando Sora, Miyako y Hikari le mostraron sus vientres de embarazo había reaccionado de esa manera. Tampoco se animó a preguntárselo ya que supuso que si ésta quisiera hablar de ello lo habría hecho. Era Mimi después de todo.

Él la toma de la mano cuando entran por el umbral de la puerta y ella aprieta sus dedos con fuerza sin querer dejarlo ir.

-¿Vas ya a explicarme porque me mentiste? –pregunta finalmente Koushiro.

-Tú también me mentiste a mí. –repone la mujer sirviéndose un vaso de agua.

-¿Yo?

-Claro. –Mimi asiente. –No crees que realmente me voy a creer eso de "Aún te amo, siempre te amaré" ¿O sí?

Izumi asiente con la cabeza recordando su arrebato de la noche anterior.

-No te amo. –dice con demasiada seguridad. Sin flaquear. No se puede permitir hacerlo. –Pero eso no quiere decir que no me importes.

-¿Realmente te importo yo o te importa aquella chica adolescente que apilaba libros en tu cabeza y que te mandaba correos llenos de besos y emoticones? ¿Te importa la Mimi actual o te importa la Mimi de dieciséis años que te decía que te amaba entre besos?

El pelirrojo de ojos negros piensa la respuesta que dará. Realmente quiere ser sincero pero es que jamás se lo había planteado.

-Me importa Mimi en general. –responde. –La mujer que está parada delante de mí tal vez no es la misma adolescente de hace años pero sí sigue siendo la misma Mimi en el corazón, de eso estoy seguro. Sigues siendo pura, bella y llena de energía. Siempre serás Mimi.

Ella asiente finalmente.

-Mi mentira va mucho más allá de lo que te confesé Koushiro. –admite Mimi. –Yo sé que no me amas y sé que lo de ayer ha sido por despecho a tu esposa, a quien verdaderamente quieres. Sé que me añoras pero sé con más seguridad que lo que ha pasado ha sido por tu soledad y por tu desesperación más que por deseo o cariño.

Koushiro suspira. Ella le conoce, no cabe duda.

-Lo mío. –continúa Mimi. –Lo mío ha sido por puro miedo. Izzy, querido Izzy estoy huyendo y aunque sé que está mal no puedo madurar. No quiero dejar de ser una niña.

-Mimi…

-Estoy embarazada. –suelta finalmente. –De dos meses. De Michael. Me ha pedido casarnos y lo que yo he hecho ha sido huir a Japón y acostarme con mi novio de la juventud. Soy un desastre.

Ella se echa a llorar. Él esta impactado.

Finalmente la abraza y la pega a su pecho.

-No puedo creer que no me lo hayas dicho. –musita el Izumi. –No puedo creer que sigas siendo una niña egoísta Mimi.

A pesar de que quiere consolarla no puede dejar de hacerle ver lo equivocada que está. Mimi debe madurar y más ahora que será una madre y alguien tiene que hacérselo ver.

-Kou…

-Dios Mimi, crece de una vez.

Ella solloza en su pecho una vez más y finalmente se incorpora y lo mira a los ojos.

-Tal vez tú también deberías crecer, ¿Sabes?

Esto lo toma por sorpresa completamente y por minutos enteros no es capaz de decir absolutamente nada.

Mimi se había ido en el primer avión que había conseguido y con ella se había ido la sensación de calidez y seguridad que le había inundado mientras la tuvo entre sus brazos.

Meditó sus palabras por horas hasta que se dio cuenta que la había amado tanto por algo. Mimi era terriblemente lista y perceptiva a su manera y se lo había demostrado hoy más que nunca. Supo que iba a aceptar el anillo de Michael a pesar de su terror inicial y de que iba a iniciar una familia con él y con nadie más que él. Mientras tanto en su cabeza se desataron diez mil pensamientos que nunca quiso liberar.

"Crece." Se dijo a sí mismo. Debía crecer y debía hacerlo ahora mismo o iba a perder todo aquello que amaba y valoraba. Empezando por la mujer de su vida.

A pesar de que su cabeza le decía que pensara las cosas y las meditara más antes de actuar decidió ignorarla. Tomó sus llaves, pasó a comprar el ramo de flores más grande para el que le alcanzó y condujo todo el camino a Hokkaido esperando que Anako pudiese perdonarle su estupidez y sus deseos de aferrarse tanto a su rutina y su comodidad. Su miedo al cambio. Su miedo a la mejoría.

Tocó el timbre y esperó que le abrieran. Finalmente fue su mujer quien lo hizo y Koushiro, sin dejarla agregar nada le robó la palabra.

-Estoy listo para formar una familia contigo.

Ella se lanzó a sus brazos y él tiró las flores y la alzó en los aires como hacía con Mimi cuando la recogía del aeropuerto. Mimi y sus mil maletas y su facilidad para darle mil vueltas a las cosas antes de ir al grano. Mimi y sus huidas.

Bueno pues él dejaría de huir así como ella también lo iba a hacer y la prueba era el boleto de avión que había comprado al minuto de haber terminado su conversación. Ninguno de los dos iba a correr a refugiarse de sus miedos en lo más seguro que conocían, el otro.

Koushiro y Anako habían tardado un año más en poder concebir, sin embargo una vez que lo hicieron el pelirrojo se había dado cuenta recordando cómo había llorado al enterarse de la noticia y observando a Mimi acunar a su bebé en brazos con gran amor mientras su ahora esposo los miraba con adoración que muchas veces aquello que te da más miedo resulta ser aquello que te vuelve más feliz.


Muchas gracias a quienes comentaron y leyeron esta historia!