San Miguel de Tucumán, Argentina. 10 de septiembre del 2013
Corregido: San Miguel de Tucumán, sábado 8 de Octubre del 2016
"Nadie sabe lo que tiene, hasta que lo pierde": Lección aprendida.
Capítulo 2: ¿Celos? ¿Qué es eso?
By Sioa Shun Usagi-san
Se recostó agotado en su silla, le dolía estómago, pronto seria su hora de salida del trabajo, ya estaba terminando todo, pero los sucesos del día seguían rondando su cabeza.
-"Al menos Takano-san no me a acosado en todo el día, podre irme a dormir tranquilo a mi casa sin interrupciones"- Se alegró en sus pensamientos, aunque no del todo. Se negaba a aceptarlo en voz alta, pero sabía que algo raro estaba pasando con su jefe, vecino y ¿Por qué no confesárselo a sí mismo? Amante ocasional. Algo perturbaba a su antiguo sempai, no sabía que era pero sentía que ya no era el mismo. Eso no podía ser bueno, su cerebro le decía que así estaban mejor las cosas, pero su corazón se dolía demasiado al ver que Takano-san básicamente lo estaba ignorando.
Miro la hora en el reloj de muñeca: ya eran las ocho p.m., hora de ir a casa, acomodo sus papeles cerro su computadora, se puso la bufanda, el abrigo y se colocó el morral disponiéndose a salir de la oficina y regresar a su hogar, hoy finalmente podría dormir con tranquilidad.
Takano se quedó después de hora, pues había tenido una reunión de última minuto, cansado y algo pensativo se dirigió a su oficina a buscar sus cosas, tomando su maletín y su abrigo notó que su subordinado de más interés ya no se encontraba en el edificio. Con pasos calmos salió de Marukawa y se dirigió a tomar el último tren, por suerte no había casi gente y pudo regresar con parsimonia a su hogar. Al bajar del tren entro cansadamente en una tienda cercana de veinticuatro horas, no había cenado, no era lo más saludable comprar comida rápida, pero algo tenía comer y en su departamento no había nada, además aunque lo hubiera no se encontraba de ánimos para cocinar.
Misaki, se escabullo fuera de las sabanas de la cama ¡Maldito Usagi! Le dolía un infierno el cuerpo. Bajó cansadamente por las escaleras y notó que con todo el alboroto no había podido ir al mercado por los víveres de la semana, no había nada que comer. Resignado tomó su abrigo ¡A ver que encontraba abierto a esa hora! Caminó las solitarias calles con aburrimiento, nada, todo estaba más cerrado que en un día festivo. Fue entonces cuando diviso una luz: ¡Dios había escuchado sus plegarias! Corrió y vio que era la pequeña tienda de veinticuatro horas que estaba junto a la estación de tren, con tranquilidad entró y recorrió los pasillos, comprar algunas chucherías no le haría mal solo por esa ocasión. Se paró de puntillas estirándose para alcanzar una botella de gaseosa cuando sintió su mano rosarse con una pálida y cálida más grande que la suya: sobresaltado se giró para disculparse.
-¡Sírvase usted primero!- Susurró avergonzado al inclinarse en signo de atropellada disculpa.
-¿Takahashi?- Esa voz se le hizo levemente conocida y al erguirse pudo divisar los ojos almendrados y la cabellera negra del jefe de editores de la sección de Shojo manga de la editorial Marukawa que había tenido el placer de conocer esa misma mañana, su rostro se coloreo entero ante esa revelación y la penosa circunstancia de su encuentro luego de lo acontecido esa mañana.
-¡Ta-Takano-san!- Volvió a hacer una reverencia. –Perdone por la escena de esta tarde, de verdad lo lamento, a veces Usami-san es…- No sabía cómo justificarse, la vergüenza lo abrumaba. Takano lo miró y poniendo una mano delicadamente sobre su propia boca ahogo una risa, inclinándose luego para despeinar los castaños cabellos del menor con amabilidad.
-No tienes que disculparte. Estas saliendo con Usami-Sensei ¿verdad?– Preguntó con absoluta naturalidad.
-¿Eh?- Parpadeó unas cuantas veces hasta que su rostro inevitablemente se trasformó en un semáforo en rojo. –No, Usami-sensei y yo no somos pareja.- Refutó enseguida, ¡Él y Usagi no eran novios! ¡Por supuesto que no! Solo vivían en la misma casa y Usagi se aprovechaba de él cuando quería. Además, si en la editorial llegaran a sospechar de su relación, no quería ni pensar lo que pasaría, Isaka-san siempre le había dicho que eso sería una molestia para la carrera del novelista. No quería ser una molestia para Usagi-san.
Masamune lo miró sorprendido, ¿Cómo podía ese niño negar su relación con el mayor? Era muy obvio que estaban saliendo, si no fuera así, el afamado novelista no lo hubiera casi fusilado con la mirada solo por acariciar sus cabellos. Sonrió de lado, pensando en Onodera. Si, de verdad se parecían. Era extraño, a diferencia de Onodera, que parecía un reprimido resentido, este niño le inspiraba ternura: su rostro infantil y sus ojos dolidos, si, en verdad se veían dolidos, al parecer su mente estaba viajando a lugares poco placenteros para él, podía notar a simple vista la pureza y claridad de su alma. Sin duda "Un niño bueno", sentía tanta curiosidad hacía él, hacía mucho tiempo que no tenía frente de él una mirada tan pura e ingenua.
-Perdona la confusión entonces.- Con simpleza tomó una gaseosa, bajó otra para él universitario, y se dirigieron juntos a la caja para pagar los alimentos. Minutos más tarde, ambos salían de la tienda con una bolsa en sus manos, caminando uno junto al otro sin mayor problema. – ¿Vives cerca de aquí?- Preguntó casi desinteresadamente mientras veia las calles vacías. Dejar ir solo al joven sería una irresponsabilidad, quizás algo podría pasarle, a lo menor era mejor acompañarlo.
-Sí, el edificio de Usagi-san está a unas cuantas calles de aquí- Inmediatamente después de decirlo, quería cortarse la lengua ¿Usagi-san? ¿Acaso no podía llamarle simplemente "Usami" cuando estaba con alguien que no conocía? ¿Por qué su lengua le traicionaba así? Odiaba ser tan relajado y familiar, ¡Eso era lo que lo metía en problemas todo el tiempo! Algún día debía aprender a ser correcto y un poco más hermético.
-¿Usagi-san?- Preguntó en tono burlón el editor al ver la cara del menor. – ¡Vaya que eres un torpe boca floja! - No podía cambiar su forma de ser, él era directo, honesto, mal hablado y al que no le gustara que se jodiera. Así de simple. La vida es muy corta como para andar con hipocresías y sutilidades.
-¡Oye!- Se quejó molesto, frunciendo el ceño ¿Quién se creía ese tipo insultándolo así? ¡Acababan de conocerse, por Dios santo! Aunque, si era honesto, esa forma de ser le agradaba, sin siquiera notarlo una sonrisa sutil decoraba su boca. – ¡No soy inútil!- Aquella infantil replica hizo reír al mayor y Misaki solo giró el rostro ofendido, con un tic en el ojo. Adiós a su sonrisa. En serio ¿Qué le pasaba a ese sujeto? –Me refería a Usami-Sensei, es que suelo decirle Usagi. Es un apodo, es un poco complicado explicar de dónde viene.- Aclaro tranquilamente, con las mejillas nuevamente rojas por la pena.
-¿Vives con él?- Preguntó sorprendido el morocho.
-Sí, es que él es amigo de la secundaria de mi hermano mayor y temporalmente vivo con él por asuntos personales. Es mi casero.- Le conto con tranquilidad, finalmente el mayor se detuvo y Misaki sorprendido, lanzó una mirada al complejo departamental frente a ellos. Era un lugar humilde, pero no por ello malo, más acertado sería decir que era un lugar común y corriente. Después de tanto tiempo con Usagi-san, estaba habituándose a los lujos, hace tiempo que no estaba frente a un sitio como ese. -¿Vives aquí?- Preguntó, sin siquiera pensarlo. ¡Eso había sonado tan estúpido como preguntarle a alguien que acababa de tropezar, sí se había caído!
-Sí, fue un placer encontrarte. Ve con cuidado.– Sugirió mirando la desolada calle con cierta preocupación. Aun no estaba muy seguro de si era buena idea dejar ir solo a un niño por esas horas hasta su casa.
Misaki asintió, y con una sonrisa en los labios hizo una leve reverencia en despedida. –¡Que pase buenas noches!-
-Gracias, Por cierto ¿Tienes algo que hace mañana?- La pregunta descolocó al castaño y negó con su cabeza.
-Trabajo medio tiempo en la editorial por la mañana, y no tengo clases por la tarde. ¿Por qué?
-Bien, baja al departamento de Emerald a la una de la tarde, iremos a almorzar juntos. –Sin darle más opción de reclamo giro sus pazos y se adentró en su edificio. De nuevo ¿Quién se creía ese hombre para tomar ese tipo de deciciones? Oh, bien, de cualquier manera no tenía nada que hacer.
Mientras caminaba por la obscura noche un pensamiento invadió de súbito su mente, haciendo que una sonrisa llena de vitalidad habitara inusitadamente su boca. ¡Tenía un nuevo amigo! Su madre y padre en el cielo, finalmente habían escuchado sus plegarias y le habían mandado a un amigo. Aunque… En serio… ¿Qué clase de amigo perturbado era ese? Bueno: A caballo regalado, no se le miran los dientes ¿No era así el refrán? Quizás, por algo era que se había encontrado de esa forma con Takano-san, seguramente serían grandes amigos.
Onodera estaba cansado, en verdad agotado, su cabeza seguía preocupada al no escuchar ruido en el departamento de junto ¿Hasta qué hora planeaba quedarse Takano en la oficina? ¿Y si no estaba en la oficina? ¿Y si había salido con Yokozawa? Negó efusivamente con su cabeza, ¿Qué le importaba a él si Takano se iba de copas con Yokozawa? Nada, no le importaba en lo más mínimo. Con pasos lentos y perezosos se dispuso a salir de su edificio, caminaría un poco para despejarse y luego se iría a dormir, las caminatas nocturnas siempre le habían ayudado a pensar.
Justo cuando estaba dirigiéndose a la calle, vio llegar a Takano cargando una bolsa en su mano derecha y además estaba acompañado. Como acto reflejo: atino a esconderse tras el murallón, entre los arbustos, esperando no ser descubierto. Escuchó la conversación a escondidas, sintiéndose un vil criminal ¿Qué se suponía que estaba haciendo? ¿Espiando? ¡¿Pero qué estaba pasando con él?! ¡Takano no le importaba!
-Gracias, ¿tienes algo que hace mañana?
-Trabajo medio tiempo en la editorial por la mañana, y no tengo clases por la tarde ¿Por qué?
-Bien, baja al departamento de Emerald a la una de la tarde, iremos a almorzar juntos.
¿Acaso Takano estaba pactando una cita? Curioso asomó su cabeza y pudo divisar mejor al misterioso acompañante de su jefe, era nada más y nadie menos que el mismo muchacho de esa mañana. Pudo verlo sonrojarse mientras Takano se adentraba en el edificio y luego seguir su camino con andar distraído y taciturno. ¿Qué hacían esos dos juntos a esas horas de la noche? ¿Por qué Takano lo había invitado a almorzar? ¿Acaso Takano estaba saliendo con ese joven? Llevó su mano a su pecho y apretó su abrigo entre sus manos.
Dolía ¿por qué le dolía así? ¿Qué significaba todo eso? Sintió sus ojos humedecerse y unas lágrimas caer ¿Takano estaba jugando con él de nuevo? ¡Tenia a otro! Se dejó caer al suelo apoyando su espalda en el paredón, aun oculto de toda mirada. Ellos no eran nada, se suponía que no sentía nada por el mayor, entonces ¿Por qué se sentía así? ¿Celos? Esos no podían ser celos, se negaba a admitirlo, a creerlo, pero se sentía incluso pero que si se hubiera tratado de Yokozawa, a estas alturas hubiera preferido que Takano se hubiera ido de copas con el amargado jefe del departamento de ventas. Parándose y sacudiendo su ropa negó con su cabeza. No, se prometió nunca volver a enamorarse, él no estaba enamorado de Takano, él definitivamente no estaba celoso ¡Que Takano saliera con su madre si quería! ¡A él no le importaba!
Con su orgullo a flor de piel, volvió a entrar en su edificio. Cuando bajó del ascensor y vio a Takano abriendo la puerta de su departamento, simplemente se decidió a Ignorarlo.
-¿Qué haces llegando tan tarde? ¿Te parecen horas?- Preguntó solo con ganas de molestarlo un poco, ese día había sido tan agotador y acelerado que poco y nada había logrado compartir con el castaño. ¡Gracias a Dios por permitir que fueran vecinos!
-¡Cállate que estas igual que yo! Al menos yo vengo solo y no acompañado de estudiantes de secundaria- Con la ira presente en él sudando por cada uno de sus poros, todo ese dolor y celos tenían que explotar por algún lado, y él siempre se había caracterizado por decir inevitablemente lo que pensaba sin pasarlo por el filtro que tiene toda persona normal para evitar problemas. El en mundo de los adultos, hablar sin pensar puede costar caro, pero él… Bueno, él venía fallado de fábrica. Abrió la puerta de su departamento con molestia y miró a su vecino por encima del hombro frunciendo el ceño con tanto fastidio que esa mueca parecía que se quedaría para siempre tatuada en su piel y se metió en su casa dando un portazo que resonó en todo el pasillo.
Sorprendido, no podía estar de otra forma, se quedó parado mirando la puerta contigua sin que su cerebro pudiera procesar lo que acababa de pasar ¿Esos habían sido celos? Sí, no podía equivocarse, Onodera acababa de dar un hermoso espectáculo de celos. Una sonrisa ladina bailó en su boca, quizás no estaba todo tan perdido como pensaba. Dicen que en la guerra y el Amor todo se vale. Bueno esto era una guerra de amor que no estaba dispuesto a perder. Onodera acababa de avivar la flama de sus esperanzas, quizás, solo quizás si tenía todavía alguna oportunidad de reconquistar a ese amargado editor, con una personalidad defectuosa.
Misaki entró en el lujoso Pen House, y estaba sacando las cosas de la bolsa, pensativo, cuando unos grandes brazos aprisionaron su cintura desde detrás de su espalda, logrando asustarlo.
-¡Usagi! ¡Idiota! Me asustaste… No pude ir a hacer el mandado esta tarde, asique fui a comprar algo que comer antes de que preguntes.- Contestó conociendo ya bastante bien a su caprichoso casero.
-Misaki, Hueles distinto.- Murmuró acercando su rostro a su cuello. -¿Con quién estabas?
-Solo me encontré con alguien en la tienda y me acompañó medio camino de regreso… ¡Ahora suéltame! Tengo que guardar esto, y preparar la cena. No puedes estar sin comer.– Protestó intentando apartar al mayor.
-No quiero- Contestó con simpleza. –Lleva la comida al cuarto, hoy quiero dormir con Misaki. –
-Usagi-san no molestes, ya te he dicho que no soy Suzuki-san ¿Aun estas medio dormido?- Respondió con su rostro ardiendo de vergüenza.
-Aun no me he recargado lo suficiente de mi Misaki- A pesar de sus pataleos y negativas, el castaño fue arrastrado una vez más por las garras del afamado novelista y sometido a las más bajas paciones, aunque no era como si realmente le desagradara aquello. Aun así su mente estaba confundida, Takano-san era agradable, aunque su actitud petulante era molesta, pero los ojos de aquel hombre se veían apagados y dolidos ¿Qué seria aquello que le inquietaba? ¿Por qué había tanta tristeza y melancolía en su mirada? Le gustaría saber, sentía que debía ayudarlo, no lo conocía mucho pero ese hombre no parecía merecer sufrir una pena como esa.
-Continuara-
Notas finales del Autor: Bien, este fic si fue más corregido, algunos párrafos fueron reescritos y se agregó un poco más de contenido. Espero que se note el cambio, creería que no tiene errores, nuevamente he optado por anular las palabras en "Japones" pero hay dos que no pude reemplazar.
Sempai: Hace referencia a alguien que tiene más autoridad que uno, algo así como un superior, sin que esta persona sean realmente un símbolo de autoridad. Por ejemplo: Aquí es usada para describir la antigua relación de Ritsu y Takano cuando eran compañeros en el secundario, Ritsu solía decirle "Sempai" Por qué Takano estaba un año por delante de él
Sensei: Utilizo esta palabra que significa "Maestro", pero suele utilizarse para de cierta forma referenciar a los autores tanto de manga como de novelas.
Ahora sí, creo que ya no queda nada más que añadir.
Les mando un beso enorme :D
Sioa Uchiha-San.
