Los personajes de Dragon Ball Z y Naruto no me pertenecen. Son obra y creación de Akira Toriyama y Masashi Kishimoto respectivamente.

2. Encontrar una Salida

Luego de una semana de búsqueda a lo largo de todo el planeta, los dos jóvenes saiyajins tenían en su dominio seis de las Esferas del Dragón. Sólo les restaba una más. La esfera de cuatro estrellas.

Habían tenido que pasar por muchas cosas para conseguirlas. Incluso, tuvieron que atravesar nadando un océano entero para encontrar una que estaba en otro continente, ubicada cerca de la Capital del Sur.

En otra oportunidad, vieron con sus propios ojos el momento justo en que la esfera de cinco estrellas fue devorada por un inmenso dinosaurio. Por supuesto, tuvieron que darle cacería para poder obtenerla. Luego, aprovecharon de almorzar con la carne del prehistórico animal. Sucedió algo similar a lo que ocurrido con la primera esfera que encontraron.

La esfera de una estrella fue la más sencilla de todas. La encontraron en una pequeña aldea, donde el jefe prometió que se las daría a cambio que se deshicieran de unos bandidos que aterrorizaban al pueblo y sus habitantes. No les tomó más de un minuto derrotar a los vándalos, quienes huyeron despavoridos para nunca más volver.

Lo más increíble fue que las travesuras de ambos estuvieron al límite durante esa pequeña semana. Trataron de no caer en la tentación de hacer alguna estupidez que les metiera en más problemas o que retrasara su misión.

―Bien, Goten, ya casi terminamos. Según el radar, la última esfera está en algún lugar de por aquí. Procura buscar bastante bien.

Sin embargo, algo misterioso ocurrió. Mientras Trunks se encontraba ocupado buscando entre unos arbustos, Goten sintió una especie de llamado, como si alguien o algo estuviese invocando su atención.

Son comenzó a caminar directamente a través del espeso bosque, como un autómata, casi hipnotizado. Sin darse cuenta, estuvo caminando por casi cinco minutos hasta que llegó a un pequeño claro donde la última esfera se encontraba frente a él, posada perfectamente sobre una roca, como si alguien la hubiese dejado allí.

Poco a poco, el saiyajin se aproximó hasta ella y la tomó entre sus manos. La esfera de cuatro estrellas comenzó a desprender un intenso resplandor dorado al entrar en contacto con su calor corporal, como si quisiera transmitirle algo. El chico estaba absorto con la escena frente a sus ojos. Sólo los gritos de Trunks fueron capaces de sacarlo de su extraño estado de trance.

―¡Hey, Goten! ¿Dónde te has metido? ¿Por qué te vas sin avisar?

En seguida, la figura de Trunks apareció de entre unos arbustos cercanos, justo a unos pocos metros de donde Goten se hallaba.

―¡Ahí estás! ¿Por qué te fuiste sin…? ―Pero su pregunta quedó en el aire. No pudo terminarla cuando se percató de que su amigo ya se había hecho con la esfera restante― ¡Oye, muy bien hecho! ¡La encontraste bastante rápido! ¿Cómo supiste que se encontraba aquí?

―No-no lo sé… sólo lo sentí… fue como si la esfera me estaba llamando…

La cara de Trunks expresaba total confusión. Miraba a su amigo como si éste se hubiera vuelto totalmente loco. La respuesta no había podido ser más extraña.

―Ehhh… sí, lo que tú digas… ¿Qué te pareces si nos vamos de una vez al templo de Kamisama y allí convocamos a Shenlong?

Dejando a un lado sus propios pensamientos, Goten asintió enérgicamente y los jóvenes emprendieron su camino hasta la inmensa.

Cuando llegaron a la Tierra Sagrada de Karin, se encontraron con una tribu de indios que decían ser los guardianes protectores de la gran torre.

Eran personas sumamente hostiles y estaban dispuestos a atacar y alejar a los dos jóvenes intrusos. Pero todo se calmó de inmediato cuando apareció Bora, el enorme jefe de la tribu.

Bora se percató del extraordinario parecido que guardaba Goten con Goku. Después de todo, el pequeño saiyajin parecía una copia idéntica de su padre cuando tenía la misma edad. Upa, el hijo del jefe de la tribu, también se dio cuenta del enorme parecido que tenía el chico con su amigo de la infancia.

Después de que ambos se presentaron debidamente, la actitud de las personas de la tribu cambió totalmente para con ellos. Goku era tenido en cuenta como un héroe por esas tierras. Cualquier amigo de Goku, sería bien recibido. Ni hablar si se trataba nada más y nada menos de su hijo.

Les dieron una alegre bienvenida a los dos jóvenes viajeros, invitándoles a cenar con un grandioso banquete y a quedarse con ellos por esa noche para que pudieran descansar debidamente. A la mañana siguiente, los chicos podrían emprender su subida hasta el templo de Kamisama, y como ya contaban con las siete Esferas del Dragón, no tenían mayor prisa.

Esa noche, los dos jóvenes saiyajin comieron y durmieron mejor que durante toda la semana que estuvieron en su búsqueda por las esferas.

Tanto Goten como Trunks se despertaron muy temprano esa mañana, lo cual era poco común en ellos. Querían cuanto antes llegar al templo de Kamisama.

Después de despedirse debidamente de sus anfitriones, comenzaron a subir la enorme torre ridículamente rápido, mucho más que Goku cuando era niño. En lugar de escalarla, corrían sobre la superficie de ésta, tal y como hizo Tao Pai Pai hace muchos años.

Inmediatamente, los incrédulos indios se percataron de lo fuertes que eran los chicos. Se dieron cuenta que por más que lo hubieran querido, no habrían sido capaces de detenerlos. Y eso que no sabían nada sobre la ropa de entrenamiento que llevaban puesta.

Por su parte, los dos saiyajins trataron de no aminorar su ritmo ni por un instante. Pero cuando llevaban más de la mitad del camino, comenzaron a cansarse un poco debido al peso extra que debían llevar consigo.

―¡Esta cosa jamás se termina! ¡Parece como si fuera infinita! ―Exclamó Goten al serle imposible divisar la cima de la torre.

―Podría jurar que esta cosa tiene algún tipo de magia que la hace parecer más larga. Hemos recorrido muchos kilómetros y aún no llegamos. No existe tanta distancia de la tierra al cielo. ¡A este paso, ya deberíamos estar en el espacio!

Trunks tenía razón. Parecía casi irreal que la torre pudiera ser tan alta. Pero al cabo de unos minutos, lograron vislumbrar en la cima de ésta, una gran cúpula que correspondía a la casa de Maestro Karin.

El anciano gato ya los estaba esperando. Sabía que en cualquier momento estarían allí. Pero no tenía intención alguna de hacerles pasar por la prueba de obtener el Agua Ultra Sagrada, pues sabía que sería inútil. Los chicos eran tan rápidos para él, que podían arrebatársela sin darse cuenta.

Cuando los dos pequeños arribaron, el maestro Karin los recibió amablemente y les dio de beber el agua para que saciaran su sed, mientras ordenó a Yajirobe buscar algunas semillas del ermitaño. Como el gato tenía la habilidad de leer la mente, supo que los chicos tenían planeado entrenar en la Habitación del Tiempo, así que pensó que con esto les podría ayudar en su entrenamiento.

―Muchas gracias, señor gato. ―Le dijo Goten con una pequeña reverencia, justo cuando se disponían a partir de nuevo.

―¡TEN MÁS RESPETO, MUCHACHO INSOLENTE! ¡No soy un gato cualquiera! ¡Soy el Maestro Karin!

―En lo que a mí respecta, sólo parece un gato común y corriente… ―Comentó Trunks con sus manos entrelazadas detrás de la cabeza, faltando deliberadamente el respeto al anciano maestro. Quería molestarle un poco más a propósito.

―Sí, tienes razón. No creo que sólo por hablar tenga que ser alguien tan importante. Conozco muchos otros animales que también pueden hablar.

―¡AAARRGGG! ¡LOS JÓVENES DE HOY EN DÍA SON TODOS UNOS IRRESPETUOSOS! ¡Ni siquiera Goku tenía esos modales tan bastos cuando era un niño!

El pequeño gato estaba tan furioso que quería golpearlos con su bastón, de manera que Yajirobe tuvo que intervenir y contenerlo por la fuerza. No es que conociera a muchas personas, pues era un maestro ermitaño, pero en sus más de 800 años de vida, jamás había conocido a unos muchachos tan mal educados.

―¡Uy, pero que mal humor tiene, señor gato! ¡Si no se calma le va a dar un infarto! Después de todo, es un gato muuuuy viejo… ―Finalizó Trunks con una sonrisa burlona.

―Sí, señor gato, debería tomar su medicina, no sea que le dé algo.

―¡Por favor! ¿Podrían irse de una maldita vez? ¡Apenas puedo sostenerlo! ―Advirtió Yajirobe con la cara surcada en aruños, esforzándose hasta más no poder para contener al enloquecido animal. Ahora, el maestro Karin le propinaba golpes con su bastón, intentado soltarse a toda costa.

―¡Hasta la próxima, señor gato! ¡Gracias por las semillas! ―Se despidieron al unísono los dos insolentes jóvenes, al tiempo que saltaban al techo de la cúpula y comenzaban a subir por el báculo sagrado hasta el templo de Kamisama.

―Ya era hora, par de enanos. Se tardaron un poco allá abajo con el gato, ¿no? ―Los recibió Piccolo en los jardines del templo, manteniendo sus brazos cruzados y con su típica mirada seria.

A Piccolo sí le tenían respeto, pues él les entrenó cuando eran unos niños. Sin mencionar que era capaz de darles un buen golpe en la cabeza si se sobrepasaban con sus idioteces.

―Ya tenemos las siete Esferas del Dragón. Pensamos que sería mejor pedir el deseo aquí mismo. ―Contestó Trunks mientras sacaba las preciadas esferas dentro de una capsula.

¡BOOOMMM!

Una vez disipado el humo, pudieron divisar a las siete esferas reunidas en círculo, las cuales brillaban incesantemente con su místico resplandor dorado. Con una pequeña señal, Trunks le indicó a Goten que fuese él quien convocara al Dios Dragón, tal y como Bulma les había dicho.

―¡SAL DE AHÍ SHENLONG Y CUMPLE NUESTRO DESEO! ―Gritó con fuerza el pequeño saiyajin.

De inmediato, el cielo se oscureció completamente en todas partes del mundo. Una gran cantidad de nubes negras empezaron a cubrir el firmamento, como si una peligrosa tormenta estuviese próxima a ocurrir en cualquier momento.

Las esferas estaban resplandeciendo más que nunca cuando, sin previo aviso, un poderoso rayo proveniente del cielo aterrizó violentamente sobre éstas.

Una inmensa columna de luz dorada emergió de las siete bolas mágicas, tan brillante, que todos los presentes se vieron obligados a cubrirse los ojos para protegerse. Poderosas ráfagas de viento comenzaron a soplar y sacudir todo con fuerza, agitando de atrás hacia delante las palmeras del jardín del templo que se arqueaban hasta tocar el suelo.

La columna de luz dorada, compuesta de una extraña electricidad, seguía ascendiendo rápidamente, mientras empezaba a retorcerse sobre sí misma y serpenteaba a través de los cielos, dibujando una misteriosa figura que poco a poco comenzaba a tomar forma.

Un terrorífico y potente rugido inundó todo el lugar, proveniente del dragón eterno que comenzaba a vislumbrarse de entre los destellos que emitía aquella luz dorada. Su sola presencia arrojaba una energía mística por doquier, incomprensible para cualquier ser vivo. No se trataba de un ki, sino más bien de una sensación divina que exhalaba aquel monstruo aterrador llamado Shenlong.

Su descomunal tamaño era tan increíble, que la criatura extradimensional podía observarse casi desde cualquier lugar si no fuera porque el templo estaba ubicado demasiado alto, fuera de la vista de cualquier ser humano.

Sin importar cuantas veces lo había visto, Piccolo seguía impresionándose y llenándose de nostalgia con la sola presencia de aquel ser imponente. Por supuesto, su sangre de Namekusei hacía que la experiencia resultara más normal, como si lo llevara en sus genes, al igual que Dende y Mr. Popo que se habían presentado al lugar.

Después de todo, Porunga, el Dios Dragón de Namekusei, era mucho más majestuoso aún. Estaban más acostumbrados. En el caso de Mr. Popo, él mismo conocía a la perfección la apariencia del guardián de las esferas terrestres, pues conoció a su creador.

Pero Trunks y Goten eran un asunto diferente. Estaban tan impactados que apenas podían creer lo que tenían frente a sus ojos. El gigantesco dragón, similar a una serpiente, debía medir varios kilómetros de longitud. Tenía unos largos bigotes similares a los de un pez-gato, así como unos terribles ojos rojos como la sangre.

Poseía cuatro patas cortas y musculosas compuestas de cuatro dedos cada una, que terminaban en poderosas y afiladas garras. La bestia, aunque permanecía flotando sobre ellos en el mismo lugar, efectuaba un incesante movimiento serpenteante con todo su monstruoso cuerpo.

Cuando parecía imposible asombrarse más ante la presencia de aquel ser divino, el dragón abrió su enorme boca y comenzó a hablar.

―DÍGANME CUÁLES SON SUS DESEOS. PUEDO CUMPLIR TRES DE ELLOS, LOS QUE USTEDES QUIERAN ―Gruñó la poderosa voz de Shenlong, la cual retumbaba tan fuerte como los truenos de una inclemente tormenta eléctrica.

―Adelante, ustedes fueron quienes recolectaron las esferas. ―Habló Piccolo, sacando del trance a los dos pequeños que aún estaban en shock frente a la presencia del Dios Dragón.

―Que-queremos que vuelvas a reconstruir la Luna del planeta Tierra, que fue recientemente destruida, po-por favor. ―Pidió Trunks con la voz algo temblorosa.

―ÉSE ES UN DESEO MUY FÁCIL DE CONCEDER. EN SEGUIDA LO HARÉ.

Acto seguido, los ojos rojos de Shenlong comenzaron a brillar intensamente, como solía ocurrir cada vez que estaba cumpliendo con un deseo. Al cabo de unos pocos segundos, sus ojos se apagaron, volviendo a la normalidad.

―YA LES HE CUMPLIDO EL PRIMER DESEO. AHORA DÍGANME CUÁL ES EL SEGUNDO Y CON GUSTO SE LOS CONCEDERÉ.

―¿En serio ya lo hizo? Parece como si no hubiera ocurrido absolutamente nada. ―Comunicó un Goten incrédulo. El chico pensó que pasaría algo mucho más increíble.

―Si Shenlong dice que ya está hecho, entonces es verdad. Sólo hay que esperar a que sea de noche y de seguro podremos ver la Luna. ―Respondió Dende con total tranquilidad―. Muy bien, ¿ya pensaron en el segundo deseo?

Piccolo se temía lo peor. Quería decirle a Shenlong que se fuera cuanto antes y no les cumpliera más deseos. Pero la voz de Goten se le adelantó.

―¡Queremos que reconstruyas la entrada de la Habitación del Tiempo para que nuestra dimensión vuelva a conectarse con ella otra vez!

El Dragón Eterno permaneció unos segundos en silencio antes de dar respuesta.

―VERÉ QUÉ PUEDO HACER. ABRIR EL ACCESO A UNA DIMENSIÓN DIFERENTE NO ES FÁCIL, PERO CREO QUE PUEDO LOGRARLO. ―Sus ojos comenzaron a brillar nuevamente, repitiéndose el mismo proceso anterior. ―YA LES HE CUMPLIDO EL SEGUNDO DESEO. AHORA DÍGANME CUÁL SERÁ EL TERCERO.

Nuevamente los chicos se adelantaran a un preocupado Piccolo, no obstante, fue para anunciarle a Shenlong que eso era todo por ahora y que podía retirarse.

Dicho esto, el poderoso Dragón comenzó a brillar otra vez, con un resplandor cegador que le cubrió por completo. Poco a poco comenzó a perder su forma hasta desaparecer absolutamente. Ahora, en el lugar que había ocupado la imponente figura de Shenlong, se encontraban las siete Esferas del Dragón flotando muy alto, para luego salir disparadas en distintas direcciones hasta perderse de vista.

Las esferas habían quedado esparcidas por el mundo de nuevo, pero no convertidas en piedra. Sin embargo, habría que esperar un tiempo para que pudieran ser usadas otra vez para el deseo restante.

Lentamente las nubes comenzaron a despejarse y el cielo volvió a recuperar la claridad del día, desapareciendo así la lúgubre oscuridad que se había cernido por todos lados.

―¿Quién les dio la idea de pedir como segundo deseo la reconstrucción de la entrada a la Habitación del Tiempo? ―Preguntó Piccolo a los dos pequeños saiyajins, pues sabía que tal idea no podía haber venido de ellos.

―Mi papá nos lo pidió. Él dijo que sería una lástima jamás usar de nuevo la habitación, pues entrenar en ella traía fantásticos resultados. Además, dijo que podríamos necesitarla en alguna futura emergencia.

―Ya veo. Parece algo típico de Goku. Quizás tenga pensado usarla dentro de poco.

―De hecho, Señor Piccolo, ―habló Goten de nuevo―, también nos pidió entrenar en ella por un año completo. No teníamos muchas ganas, pero aceptamos como parte del castigo por destruir la Luna. Era eso o pasar todo un año castigados haciendo tareas y sin poder vernos.

A los pocos minutos, Mr. Popo volvió al lugar para informar que efectivamente la Habitación del Tiempo había vuelto a la normalidad. La entrada había sido reconstruida exitosamente junto a las demás instalaciones.

La noticia dejó bastante complacido a Dende―, Ciertamente fue una buena idea por parte de Goku. Nunca se sabe si tendrán que usarla algún día para volverse más fuertes en poco tiempo. Después de todo, entrenar un año entero allí dentro equivale a un día en nuestra dimensión.

―Sí, en más de una ocasión la habitación resultó bastante útil. Sólo déjenme advertirles un par de cosas, enanos. No deben pasar más de dos años seguidos dentro de ella, de lo contrario, la entrada desaparecerá. Tampoco se alejen mucho de la entrada o se perderán allí dentro para siempre. ¿Me han entendido?

Al no recibir respuesta alguna, Piccolo se dio la vuelta para percatarse que los dos mocosos insolentes le habían dejado hablando solo. Los chicos se habían marchado apresuradamente y ya habían ingresado en la habitación.

―Ése par de imbéciles nunca cambiará. Espero que no se les ocurra hacer alguna tontería allí dentro…

La Habitación del Tiempo es un lugar extraordinario. Dentro de ella, la gravedad era diez veces superior a la de la Tierra, de manera que la ropa de entrenamiento de los chicos debía pesar diez toneladas aproximadamente. Ahora sí que notaban la diferencia.

Además, las condiciones climáticas eran brutales. Sin previo aviso, podía hacerse de noche, donde la temperatura llegaba a descender hasta -50 °C, mientras que durante el día, el inclemente calor podía alcanzar los 50 °C. Por otra parte el aire estaba enrarecido, era mucho menos denso. El oxígeno era más escaso.

Sin embargo, eso no era lo más increíble. La extraña dimensión contaba con leyes espacio-tiempo distintas a las de la Tierra. El tiempo transcurría diferente dentro de ella, mucho más rápido, mientras que su tamaño era ilimitado. A excepción de la entrada y la pequeña estructura construida en torno a ésta, sólo contaba con un espacio blanco y vacío en su interior, que se extendía hasta el infinito. Era como estar en la nada.

Tanto Trunks como Goten entrenaron dentro de ella por casi un mes cuando eran niños, de forma que ya estaban acostumbrados. Cerca de la entrada, estaba el dormitorio, el baño, la cocina y el almacén de víveres, todo lo necesario para sobrevivir por ese año.

Dentro de esa habitación, los dos jóvenes saiyajins pasarían un año completo de sus vidas entrenando arduamente, perfeccionando sus técnicas, incrementando su fuerza física, su velocidad y su resistencia. Estar en ese lugar tan desolado y crudo, representaba un reto psicológico, de manera que también les ayudaría a fortalecerse mentalmente.

Incluso tuvieron mucho tiempo de practicar la fusión, al punto que habían logrado permanecer transformados en Gotenks Super Saiyajin 3 por casi la media hora entera que duraba la famosa técnica de los Metamoru.

Luego de pasar el día entero entrenando, los chicos volvían a la entrada para darse un merecido baño, comer y, por supuesto, dormir mucho para recuperar energías. Pero a medida que pasaban los meses, ambos comprobaron que podían combatir por mucho más tiempo consecutivo.

Por ejemplo, en unas cuantas ocasiones, duraron dos y hasta tres semanas seguidos ejercitándose sin parar, llevando a cabo combates amistosos de preparación. Su resistencia había aumentado en los dos ámbitos: resistencia al cansancio y resistencia al castigo físico. Sus cuerpos se habían fortalecido al punto que no parecían los de unos chicos de doce y trece años.

Sin bien ya contaban con físicos prodigiosos para su edad, ahora sus músculos eran mucho más definidos y duros como el acero. Claro está, esto también se debía al ki de ambos que había aumentado mucho.

―Ufff… ¡Vaya que estoy muerto de hambre! ¡Espero que ya tengas lista la comida! ―Exclamó Trunks mientras salía del baño y secaba su cabello con una toalla―. Estas tres semanas sin parar me agotaron demasiado.

Ese día, era el turno de Goten de cocinar. Una vez que el pequeño se dio una buena ducha, comenzó a preparar la cena, si así se le podía llamar. Era terrible cocinando, aún peor que Trunks, pero no tenían otra alternativa. Debían repartirse los pocos deberes que tenían. Además, siempre tenían tanta hambre después de los entrenamientos, que no prestaban demasiada atención al sabor de los alimentos.

Estaban tan hambrientos, que ingirieron la descomunal cantidad de comida vertida en las ollas y cacerolas en completo silencio, sin mediar palabra, como si jamás en sus vidas hubieran probado bocado alguno. Después, ambos se retiraron completamente exhaustos a la cama, dejando los trastes sucios para después.

―Oye Goten, este año pasó mucho más rápido de lo que creía. Ya la ropa ni siquiera me pesa, es como si no la llevara puesta. ―Comentó Trunks, acostado en su cama mientras miraba despreocupadamente el techo del dormitorio―. ¿Crees que nuestras madres sospechen que estuvimos un año aquí?

A pesar de que el tiempo en la Tierra había sido sólo de un día, los chicos habían crecido durante ese año en la habitación, sin mencionar el cabello de Trunks que le llegaba casi por los hombros y tuvo que recogérselo en una cola. Sería muy evidente el cambio que habían sufrido para haber estado poco más de una semana fuera de casa.

―¡Ay, yo que sé Trunks! ¿Podrías dejarme dormir? Estoy demasiado cansado.

―¡Bueno, no es para tanto! Sólo quería saber que pensabas. Mañana será nuestro último día aquí dentro. Deberíamos aprovechar de hacer un combate final. ¿Qué dices?

Pero después de unos cuantos segundos, no recibió respuesta alguna. Trunks conocía muy bien a su amigo y sabía justamente lo que había pasado. Efectivamente, cuando se dio la vuelta sobre sí mismo, vio a Goten completamente dormido y en su desordenada posición habitual, con las sabanas tiradas al suelo y los brazos y piernas abiertos, ocupando casi todo el espacio de su cama.

―Arrrggg, ¡cómo odio que se duerma y me deje hablando solo! Ni hablar, al menos no tenemos que dormir juntos. De lo contrario, se pasaría la noche dándome patadas.

Al poco tiempo, Trunks también terminó dormido profundamente. Ahora, los dos tendrían que descansar mucho si querían recuperar sus energías. El día de mañana, sería bastante extenuante por varias razones.

La batalla del día siguiente resultó ser de enormes proporciones. El suelo de la habitación estaba destrozado por doquier, producto de las peligrosas técnicas de energía arrojada por los chicos, así como del brutal impacto de sus golpes y del poderoso ki que desprendían sus cuerpos.

Ambos empezaron la pelea en su estado base, pero después de unas horas, saltaron inmediatamente al estado de Super Saiyajin ascendido, transformación que por cierto, habían aprendido a dominar muy bien.

A partir de este punto, el combate se prolongó por unas cuantas horas, tornándose mucho más fuerte y rápido. La velocidad a la que estaban peleando era extremadamente alta, así como el nivel de concentración que ambos tenían. Tan ofuscados estaban en su pelea, que no se percataron de un detalle sumamente importante: se habían alejado demasiado de la entrada.

Trunks tenía la intención de mostrarle a su amigo un pequeño truco que había aprendido y estaba reservando para un momento como éste. Pero la minúscula distracción de sus pensamientos, abrió una pequeña brecha en su defensa, a través de la cual se filtró una certera patada de Goten.

¡BAAAAMMM!

Resonó el poderoso estruendo que produjo el cuerpo de Trunks al estrellarse violentamente contra el suelo blanco de la habitación. La patada, que le había impactado directamente en el rostro, le dejó un tanto aturdido por un par de segundos.

Cuando se puso nuevamente de pie para contraatacar, se percató de lo lejos que se encontraban.

―¡Oye, espera! ¡Detente un momento!

―¿Qué sucede? ¿Quieres un pequeño descanso? ―Preguntó Goten aún flotando en el aire y manteniendo su postura de combate, esbozando una sonrisa confiada en su rostro.

―¡No es eso, idiota! ¿Por lo menos sabes dónde estamos? Creo que nos hemos perdido…

Las palabras de Trunks le hicieron volver a la realidad. Tan concentrado estaba en la pelea, que tampoco se percató lo mucho que se distanciaron de la entrada. Sencillamente, se encontraban en medio de la nada, perdidos. Si no hacían algo, podrían quedar allí atrapados para siempre.

Sin pérdida de tiempo, Goten comenzó a sobrevolar la zona en círculos, intentando vislumbrar algo a la distancia, pero era imposible. Su vista se perdía en el infinito horizonte blanco que estaba frente a él. Trunks alzó vuelo y se puso a su lado para ayudarlo en la búsqueda, por supuesto, sin éxito alguno.

―¿Qué hacemos ahora? ¡No quiero quedar aquí atrapado! ―Exclamó Goten visiblemente nervioso. Perderse en un lugar como ése, debía resultar una experiencia terrible. Terminarías muriendo lentamente, sin que nadie volviese a saber de ti jamás―. ¿Tienes idea de cómo volver?

―Por supuesto que no. Estoy tan desorientado como tú lo estás. Creo que tendremos que volar hasta encontrar la entrada.

La propuesta de Trunks no era nada esperanzadora. Tratar de encontrar la entrada en un lugar infinito como lo era ése, resultaba una tarea cuando menos imposible. Incluso, podrían terminar adentrándose cada vez más en la habitación, alejándose de la única salida que tenían. No hacía falta que lo discutieran entre sí. Sabían que no era buena idea.

―No lo sé, Trunks. Podríamos perdernos aún más ya que no tenemos ni idea de a qué dirección volar. Tenemos que pensar en algo más…

Ambos comenzaron a reflexionar, tratando de hallar una idea dentro de sus mentes que valiera la pena.

―¡Lo tengo! ―Gritó Trunks de repente―. ¿Recuerdas cuando el señor Piccolo destruyó la entrada durante la pelea contra Majin Boo y nos quedamos atrapados?

―¡Es cierto! ¡Podemos abrir un agujero como aquella vez! ¡Sólo tenemos que fusionarnos!

Inmediatamente, los dos aterrizaron, aún convertidos en Super Saiyajin. Luego, tomaron una distancia prudente para realizar la fusión de forma adecuada. La habían practicado mucho dentro de la habitación, de forma que no tendrían problema alguno en hacerla con éxito. Así, los dos jóvenes saiyajins, iniciaron los pasos de la ridícula Danza Metamoru.

―¡FUUUUUUUUUSIÓN! ¡HAAAAA!

Una vez que unieron sus dedos índices entre sí, una esfera de luz dorada cubrió totalmente a los chicos, expandiéndose cada vez más y más hasta lograr un diámetro gigantesco. El poderoso ki que emanaba de allí dentro, expulsaba descomunales ráfagas de vientos por doquier que se extendían varios kilómetros a la redonda.

En pocas palabras, un espectáculo de destellos digno de admirar, de no ser porque ambos se encontraban solos en medio de la nada. Por último, una inmensa columna de luz dorada, mucho más gruesa que aquella que emergió de las Esferas del Dragón, se alzó a gran velocidad por las alturas hasta perderse de vista en el infinito cielo de aquella extraña dimensión.

―¡TATARARAAAAN! ¡Super Gotenks está aquí!

Una de las características más notables en aquellos guerreros que llevaban a cabo la fusión, era la actitud confiada, arrogante y presumida que formaba parte de la personalidad del nuevo ser que nacía tras la unión. Quizá era por el inimaginable poder que adquiría el individuo, pero eso sin duda, sumaba un punto en contra durante los combates al no tomarlos tan enserio.

Pero aún no habían terminado. A pesar del sorprendente ki con el que contaban, los chicos debían llevar la fusión un paso más adelante y superar los niveles de un Super Saiyajin si querían romper la barrera espacio-tiempo de la Habitación del Tiempo.

―¡AAAAAAAAAHHH! ―Fue el poderoso grito que manó de la garganta de Gotenks, al tiempo que el joven guerrero empuñaba sus manos con fuerza y comenzaba a elevar su ki violentamente.

Era tanto el poder que brotaba de su cuerpo, que la Habitación del Tiempo se estremecía como si estuviera ocurriendo un terrible terremoto, como si la dimensión temblara de miedo por la increíble cantidad de energía que expulsaba el saiyajin.

La electricidad comenzaba a recorrer su cuerpo. No era más que la expresión objetiva del ki que se había hecho tangible, que había adquirido una apariencia física producto de su inmensidad intrínseca y no podía ser contenido dentro de aquel poderoso ser, quien no parecía tener límite alguno de fuerzas y continuaba elevándolas cada vez más y más.

La mueca de dientes apretados que se observaba en el rostro de Gotenks, evidenciaba el titánico esfuerzo que suponía para él llevar sus poderes hasta esos límites. Sus músculos comenzaron a hincharse, producto de la descomunal energía que se acumulaba en ellos. Sus pectorales, bíceps y cuádriceps crecieron al menos el doble de su tamaño, mientras las venas se marcaban en la superficie de estos.

Pronto, comenzó a aparecer el inequívoco signo del final de su monstruosa transformación, cuando sus cabellos rubios comenzaron a crecer poco a poco, convirtiéndose en largos picos dorados resplandecientes que descendían cada vez más y más, hasta el punto que su cabello terminaba casi tocando el suelo.

Con último destello, como si se tratasen de mil relámpagos emitiendo un flash al mismo tiempo, la transformación terminó.

¡Y allí estaba Super Gotenks 3 en toda su magnificencia!

La apariencia del guerrero, a pesar de su estatura no mayor al metro sesenta, era sumamente imponente. Su musculatura, su aura dorada o quizás la incesante electricidad que recorría su cuerpo eran las responsables. Pero no había nada más aterrador que su severa mirada esmeralda, complementado a su prominente frente sin cejas, característico del Super Saiyajin fase 3.

―Bien, ya es hora de abandonar este horrible lugar. Así que mejor no pierdo más tiempo.

Acto seguido, Gotenks volvió a empuñar sus manos y gritar con fuerza, alzando aún más su gigantesco ki, si es que eso era posible. Gracias a ello, logró abrir de la nada un brillante agujero frente a él que apareció en medio del aire como si se hubiera roto un cristal invisible, que correspondía al tejido espacio-tiempo rompiéndose ante su inimaginable poder. Era su fuerza bruta en forma de energía la responsable de esta distorsión de la realidad.

Pero a diferencia de aquella vez en que escaparon de la habitación junto a Piccolo, el resplandor del agujero no permitía ver lo que había detrás de éste. No podían ver el jardín del templo de Kamisama ni mucho menos.

Tampoco tenían tiempo para detenerse a pensar en más detalles, pues el portal comenzaba a decrecer poco a poco amenazando con cerrarse nuevamente. Sólo duraría abierto unos cuantos segundos. Si no lo atravesaban pronto, tendrían que abrirlo nuevamente y la tarea no era tan fácil como parecía. Sin más, Gotenks saltó a través de éste.

Apenas Gotenks atravesó totalmente el brillante agujero, éste se cerró tras él, como si jamás hubiese existido. Ya había abandona la Habitación del Tiempo.

Echando un rápido vistazo a su alrededor, el saiyajin se percató que no se encontraba en el templo ni mucho menos, sino en medio de un angosto sendero de tierra rodeado de lado a lado por un espeso bosque.

―Este no es el templo de Kamisama. Al parecer el portal me transportó a otro lugar de la Tierra. ―Murmuro para sí mismo con su extraña voz, la cual era una especie de mezcla entre la de Goten Y Trunks─. ¡Bahh, ni hablar! ¡Lo único importante es que logré escapar de ese endemoniado lugar! ¡Nunca cometeré el mismo error nuevamente! ―El poderoso guerrero dio un profundo suspiro, al tiempo que disminuía rápidamente su ki.

¡Poof!

Una pequeña nube de humo le cubrió, para revelar, una vez disipada, a los dos chicos separados una vez más. Una de las cosas que aprendieron durante su entrenamiento en la habitación, fue deshacer la fusión en el momento que desearan, sin tener que esperar a que culminaran los treinta minutos.

―Eso fue bastante fácil. Cuando nos fusionamos, somos demasiado poderosos―. Comentó Goten en un tono algo arrogante.

―Tienes razón, pero debes admitir que casi caes en pánico. ―Contestó su amigo con una sonrisa burlona.

―¡Claro que no! Es sólo que… que… que me puse un poquito nervioso, ¡pero nada más!

―Sí, lo que digas, Goten. ¡Admite que tuviste miedo! ―Continuaba fastidiándole Trunks, queriendo provocarlo para así retarlo a hacer alguna idiotez―. Pero bueno, qué puedo decir… pobre de ti si no tuvieras un amigo tan grandioso como yo…

―¡Qué dices, idiota! ¡Salimos entre los dos! ¡Si yo no hubiera estado, tampoco habrías podido escapar! ―Gritaba furioso el pequeño Son, empuñando con fuerza sus manos.

De repente, su tonta discusión fue interrumpida por una voz tranquila, relajada, casi monótona, que se dirigió a ellos sin previo aviso.

―Este lugar es muy peligroso para dos niños como ustedes. ¿Acaso están solos?

Fin del capítulo

Así es como Goten y Trunks llegan finalmente al mundo de los ninjas. Y al final quien los encuentra es Kakashi camino con su equipo a la primera misión en el País de las Olas, aunque supongo que algunos ya habrán imaginado que se trataba de Kakashi. Ahora sí se vienen las aventuras de estos dos en el mundo de Naruto.

Bien, esto es todo por ahora. Por favor, les animo a comentar sobre el capítulo lo que deseen, estaría muy agradecido de que lo hicieran como forma de apoyo a la historia, no importa si la historia se encuentra o no terminada, lo agradecería igualmente con sinceridad.

Cuídense, éxito y saludos.