.
—2—
Bite me
.
.
.
La mañana lo recibió con un tremendo dolor de cabeza, admiró la cama vacía, las sábanas sucias y bastante deshechas, recordó con pesar lo que sucedió. La lascivia y el hambre con que lo desvirgó, Damian estaba tan apretado y caliente cuando lo palpó, necesitado y desesperado en el momento que eyaculó contra su vientre plano y le ordenó romperlo.
La parte malvada de él, aquella que seguía creyendo que era un monstruo y necesitaba una lección, rápidamente obedeció.
Liberó su sexo quitándose la prenda interior, la camisa de vestir se la dejó. Luego de que Damian perdiera el aliento con la visión de su cuerpo, le pidió que se acercara y colocara como hacía un momento. Obedeció y él aprovechó para apretar sus glúteos separando la tierna carne de su entrepierna, arrancándole más siseos y jadeos de satisfacción, su miembro ya estaba erecto, duro y doliente, ávido de consuelo desde el momento mismo en que lo llamó.
Robin temblaba de impaciencia entre más presionaba su cuerpo, dejó que lo levantara y manipulara a su entera satisfacción, ahogó un grito de lo más obsceno en cuanto la penetración inició. Él reprimió un doloroso jadeo porque su hermano estaba demasiado seco y estrecho.
No lo preparó, ni humectó con un poco de lubricante o líquido pre seminal. Quería que doliera porque una parte de él sabía que era el insufrible hijo de Bruce Wayne, el protegido de Dick Grayson y más importante que eso. No lo amaba, ni le importaba.
Sólo tenía ganas de romperlo, sobajarlo, hacerle saber cual era su lugar y ese no hablaba de tronos demoníacos o capas de murciélago. Describía su sombra, su espalda, sus pies.
Así es, debajo de él, estaba lo único que había para él.
Damian apoyó ambas manos en la cabecera de la cama para iniciar el bombeo, la succión le provocó escalofríos e instaló sobre su falo descargas eléctricas de placer.
Su cuerpo era delgado, ligero y atlético, bello desde un punto vista artístico, impresionante en cuanto a su cadencia y resistencia. Sabía que le dolía pues él sentía cómo se rasgaba y rompía a la vez que su miembro iba hundiéndose más profundamente en su cuerpo.
Cerró los ojos en cuanto Robin aumentó la fricción de sus cuerpos, perdido en sensaciones y satisfacciones.
En su haber, jamás se había entregado plenamente al acto sexual. No que nunca lo hubiera hecho, sino que esta era la primera vez que tenía sexo por sexo.
Siempre había sido comprometido y leal en sus relaciones, esperaba al momento indicado. A que ambos lo hubieran planeado, jamás aceptaba invitaciones espontáneas o citas de una sola noche porque no quería convertirse en la clase de hombres que eran Richard o Bruce.
Él creía en los formalismos, el amor verdadero así que esto realmente estaba mal.
.
.
.
Damian lo montaba de manera insaciable, esplendorosa y brutal, de un momento a otro se descubrió a sí mismo queriendo un poco más de él y usó sus manos para rasgarle las ropas comenzando por el pantalón.
Se veía seductor en su traje de Robin, pero él no quería verlo así, digno, orgulloso. No, al que quería corromper era al chico que se ocultaba adentro, así que después de acariciar la parte interna de sus muslos le arrebató la parte superior y se deleitó con lo que encontró.
Cicatrices, además de un pecho bellamente esculpido a base de entrenamiento y sacrificio.
Damian se corrió nuevamente en cuanto pellizcó los duros botones de sus pezones, lo sintió disfrutar del orgasmo contra su cuerpo desnudo y eso desató una nueva oleada de sensaciones. Se abrazó a él exhausto, dejando de trabajar su miembro enhiesto y eso le molestó.
Dolía, asfixiaba, incitaba...
Le ordenó volver a lo que hacía ya que él mismo estaba demasiado cerca de la eyaculación, Damian dijo no estar seguro de poder lograrlo, sentía que se moría.
Estaba seguro de que por fin, su vida acabaría. Él sonrió y le garantizó que si no lo llevaba al orgasmo, lo asesinaría. Wayne escupió algo sobre estar satisfecho con el trato, siempre supo que moriría esta noche pero jamás imaginó que lo haría en medio de tremendo escenario.
Él lo maldijo y colocó ambas manos sobre sus glúteos para poder levantarlo y cambiar la posición de sus cuerpos. Las sábanas y almohadas cayeron al piso, el respaldo de la cama se quejó con la colisión de sus cuerpos, Robin levantó y separó las piernas lo más que pudo, sus caderas rebotaban al ritmo que le marcaban sus embestidas, fue el turno del menor de cerrar los ojos y dejarse llevar por sus emociones.
Ya que lo tenía a su merced, se tomó la libertad de chupar, mordisquear y lamer tanto su cuello como sus pezones. El sexo de Damian despertó una vez más, tierno, virgen, lleno. Eso lo llevó al punto culminante y se corrió en él, Wayne abrió los ojos atemorizado, sorprendido e intrigado.
Él no le dio tiempo de expeler ni el más delicado sonido. Se concentró en sus labios, los besó y dominó.
Su boca era tan inexperta como el resto de su cuerpo, eso lo supo porque Damian, no tenía ni la más puñetera idea de qué hacer con su saliva o su lengua, los dientes de ambos chocaron, él chupo la húmeda cavidad a la vez que salía lentamente de su entrepierna.
Le gustaba verlo así, saberlo vulnerable, ínfimo, patético, quizás hasta despreciable, escurriendo semen y sangre por el trasero, pero de ser honestos. No había ni un poro que desmerecer en él.
Admiró en pecaminoso silencio sus cabellos negros, los ojos verdes, profundos y misteriosos, sus pestañas negras, las mejillas incendiadas, la piel sudada. Tuvo que reconocer que era apuesto y qué, aunque pareciera una copia al carbón de su padre había heredado el erotismo y la sensualidad de su madre.
Esa figura delineada y ardiente instaló en su cerebro una nueva idea, le ordenó que no se moviera y aplaudió que conservara su muy jodida y dura erección.
—¿Has soñado con esto, no es cierto? —preguntó al tiempo que bajaba por su cuerpo entre mordidas y succiones. El hijo de Talía respondió con jadeos entrecortados que sí. Llevaba días soñando con empalarse en él, lamer su sexo, conocer y dominar sus más íntimos recovecos.
Él agradeció su sinceridad y lo torturó demás comenzando a repartir besos en torno a su sexo. Damian se aferró con ambas manos a sus cabellos intentando llevarlo a su centro, pero él estaba disfrutando con esto. Los aromas, las reacciones, su piel enrojecía y se marcaba ahí donde él la besaba, el hijo de Bruce era tan tierno como el más fresco melocotón.
Cuando creyó que lo golpearía o que una vez más se correría, comenzó a lamer su miembro, largo y viril, para tener dieciséis años creía que ya estaba bastante desarrollado. Él tenía la misma longitud desde los diecisiete, quizás en el próximo año Damian daría su ultimo estirón y entonces, se convertiría en un apuesto e irascible Dios.
Lo trabajó de la base a la punta, envolviendo sus testículos con los dedos de la mano diestra. Damian temblaba, se deshacía en improperios ordenándole que se lo tragara entero. Él no cumplió la demanda de inmediato pero al final lo terminó obrando.
Cálido, salado, rugoso.
Su sexo tenía texturas demasiado interesantes para su ávida lengua, Wayne se corrió una tercera vez al momento de juguetear con su punta y él pensó que ahora sí se secaría. Tragó todo su semen y después le compartió lo poco que quedaba de su sabor. La boca pequeña y malcriada de su hermano le supo a ambrosía.
Una combinación extraña de oxido, sangre y sal.
El hijo de puta lo mordió hasta sacarle sangre pero eso resultó en una fusión de fluidos bastante interesante.
Deseó volver a montarlo pero primero le arrancaría lo que quedaba de indumentaria, los pantalones rasgados pasaron a mejor vida con un tirón de sus manos, el cinturón se lo dejó en las caderas porque era sumamente erótico verlo únicamente con eso puesto.
Lo volvió de espaldas, Damian no se quejó pero sí titubeó, era una postura humillante y también vulnerable. Él tuvo una nueva vista de ese cuerpo delgado y moreno, bello a pesar de toda la crueldad que vomitaba a diario. Las cicatrices de su espalda bajaban a lo largo de toda su columna vertebral, se le antojaron como tatuajes pertenecientes a alguna antigua religión pero sabía bien que eran evidencia de lucha.
El intento número uno de su madre por arrebatarle la vida tras haber elegido el camino de la justicia.
Las besó, celebró y admiró porque este cabrón sobrevivió. Lo respetaba por eso, por ser tan insufriblemente necio y es que no por nada ayudó a Bruce a sacarlo del infierno.
Cuando acabó con eso lo preparó. Lamió y humedeció su entrada utilizando su boca, Wayne maldecía y se retorcía con cada caricia de su lengua. Esto de "amar" se lo había enseñado Conner varios años atrás. No quería pensar en eso, en amantes viejos y muertos o en el hecho de que Conn, estaba atrapado para siempre en la misma edad.
Sus manos se aferraron a las caderas afiladas de Robin, su sexo latía impaciente por volver a enterrarse en él, poseer sus paredes tan dolorosamente estrechas que no le permitían pensar en nada más que dolor y placer.
Estaban en eso, llegando al extremo, besándose como si fueran amantes luego de se corriera entre sus nalgas una tercera vez cuando un fuerte sonido se escuchó.
La puerta de su recámara fue derribada, Damian y él se separaron de súbito. Un séquito de hombres armados los rodearon a ambos y antes de que pudiera reaccionar sintió una punzada en el cuello.
.
.
.
Se llevó la mano izquierda a la zona afectada teniendo la absoluta certeza de que ese maldito cabrón utilizó alguna aguja para inmovilizarlo. Se levantó de la cama aún sucio, lánguido y semidesnudo, la camisa de vestir cubría su espalda y ocultaba mínimamente su sexo.
La puerta estaba en el suelo y además de eso encontró evidencias de lucha. Su habitación aparecía completamente arruinada por espadas y estrellas ninja.
Oh, jodido infierno.
¿Por eso no se quitaba el traje de Robin ese maldito enfermo? ¿Por eso tenía un petirrojo muerto entre los dedos? ¿Por eso quería torturar a alguien para pulir la endemoniada espada que le obsequió R'as?
Bruce no estaría satisfecho con esto, ni siquiera encontraría palabras para decírselo, a él o a Dick.
Colocó los dedos pulgar y medio sobre el puente de su nariz y ejerció presión recordando una vez más lo que le confesó. "Estaba seguro de que moriría esta noche pero jamás imaginó que lo haría en medio de tremendo escenario"
Imbécil.
Lo manipuló, lo sedujo, lo obligó a que le hiciera el amor, aunque lo único cierto es que era él quien lo invitó. Damian hubiera prolongado su juego erótico de los entrenamientos matutinos hasta quedarse seco (o se congelara el infierno) Nunca se atrevería a afirmar que necesitaba una follada o alguien que se quedara a su lado en la cama.
Maldición.
Removió sus cosas, esperando encontrar lo que fuera en ellas, algún indicio, una pista. La camisa negra de manga larga y cuello de tortuga seguía junto a la casaca roja en el mismo lugar que las arrojó. Algunos botones de menos debido a la impaciencia con que se las quitó. El emblema de Robin, tenía entendido, poseía un dispositivo que grababa audio y video en todo momento debido a la desconfianza del padre en su único hijo.
Esto sería de lo más vergonzoso si Bruce estuvo escuchando desde el segundo en que lo invitó a su cuarto pero de ser así, ya estaría toda la JL enviándolo al hospital psiquiátrico por tocar a su hermano. Supuso que el gran hombre, respetaba su intimidad a no ser que rompiera las reglas y aparecieran cuerpos mutilados y muertos por todos lados.
No había de esos en la mansión, aunque sí encontró la aguja con que lo drogó. Era pequeña, seguramente la llevaba en el cinturón.
Idiota.
Lo odiaba, en serio que lo odiaba porque aún desnudo y entregándose a él encontró la forma de protegerlo de él.
¿Qué querrían los asesinos de su madre esta vez? ¿Los envió ella o lo hizo R'as? según Damian ninguno de los dos tenía planeada una dominación mundial, pero eso no negaba que quisieran dominarlo a él.
Talía quería que comandara sus ejércitos, R'as deseaba que le entregara su cuerpo. La única forma de rejuvenecer era a través de él.
¡Oh, se cagaba en la puta!
¡¿Esto era su culpa?! Necesitaba más datos para confirmar.
Desprendió la tarjeta de memoria detrás del emblema de Robin y antes de darse una ducha o ponerse el traje de Red Robin en la Baticueva, escuchó lo poco o mucho que grabó.
Damian era escueto en su explicación, escuchó su voz plana y desapasionada, justo como narraba los informes de cada misión.
.
.
.
"Encontré una estrella ninja en el pasillo que da a mi habitación. Es la tercera esta semana, así que asumiré que cada vez están mas cerca"
"Un petirrojo muerto. El abuelo está perdiendo su toque aunque al menos me divertí con las estúpidas deducciones de Red Robin"
"¿Una amenaza de muerte en la almohada? Tt… Hubiera preferido chocolates con almendras. Ambos sabemos que tendrían el mismo efecto, abuelo. Un segundo, el creído de Drake acaba de enviarme un mensaje de texto. ¿Quiere verme en su cuarto? ¡¿Lo habrán atrapado?! Grandísimo pedazo de…"
Las maldiciones morían en su boca al momento de encontrarlo cómo se había colocado. La intención estaba en su falo, en su cuerpo semidesnudo y esperando.
Claro que lo preparó, él lo invitó.
Destruyó la tarjeta de memoria en el interior de su puño y volvió a admirar los vestigios de su habitación. Decidió que ninguno de los dos apreciaría que supieran de su aventura así que se puso unos bóxers blancos e hizo un alijo con las sábanas sucias lanzándolas al tubo de la lavandería. Sus ropas las reunió con cuidado a excepción del pantalón. —¿Qué explicación podría ofrecer Damian a lo rasgado de la entrepierna?— Ninguna, así que los arrojó a un bote de basura e incendió. Le hubiera gustado hacer lo mismo con el colchón, pero Alfred agradecería que en su ausencia no volaran en pedazos la mansión.
Después de ocultar lo mejor que pudo su fechoría, entró en la ducha e intentó arrancarse de la piel las marcas de sus dedos y besos. Anular su memoria, olvidarse de lo pasional, arrebatado y dócil que había sido. Él conoció al verdadero Damian, el que se ocultaba detrás de todas sus máscaras el que solo era cuerpo, sangre y deseo.
Se sintió fatal, furioso porque se suponía que era "su guardia" él lo estaba vigilando para que no anduviera por ahí cometiendo cualquier salvajada y lo perdió.
Le arrebataron de las manos a su pequeño hermano.
Error…
Cerró el paso del agua helada y observó la cadencia con que las gotas de agua resbalaban por la punta de su hombría. Evocó lo que había sido revolcarse con él.
No tuvieron únicamente sexo, él jamás tenía sexo por sexo.
Lo hizo porque le gustó, en estas tres semanas, de un momento a otro, Damian se metió bajo su piel con toda su altanería, modales bruscos y ademanes forzados, con la sonrisa ladina y esa manera erótica que tenía de demostrar lo mucho que "respetaba" su vida.
Si fuera algún otro, si realmente encarnara al monstruo de sus mas terribles pesadillas, lo habría drogado desde su primer entrevista, lo habría sometido y violado porque era un Al Ghul y ellos conseguían lo que querían sin preguntar si estaba disponible o podían conquistarlo.
Así se lo dijo R'as, algunos meses atrás.
.
.
.
Lo interceptó en el interior de una de sus fortalezas, pudiera decirse que el asesino le dejó un camino de migas que luego de algunas semanas recolectó. Cuando llegó a destino él estaba ahí, hablando de tronos y tradiciones, cortejos y honores.
Quería que luchara a su lado y también que se convirtiera en su amado.
Él no le creyó en primer instancia pero luego de luchar contra él y advertir que la demencia habitual de sus ojos se transformaba en deseo y lujuria, lo inmovilizó y escapó.
R'as debería haber hablado enserio puesto qué, no ordeno que lo asesinaran, ni tampoco lo persiguió. Sus únicas palabras fueron que ya volvería a buscarlo y sí regresó pero para decirle que se sentía halagado más no estaba interesado.
Él no buscaba heredar todo ese gremio. No tenía ambiciones más allá de las mundanas. Encontrar a una persona que fuera su par, alguien con quien envejecer en tranquilidad.
Al Ghul dijo que le ofrecía la eternidad, a él nada le parecía más horrible que la eternidad. Ver morir a todos sus familiares y amigos, perder sus memorias en algún rincón del tiempo.
Era una de las razones que llevaron a Conner a esconderse en el exilio.
Su viejo amor, no soportaba la idea de que él ya fuera mayor. Un par de años no parecían demasiado pero de pronto, ya tenía diecinueve, acababa de entrar a la Universidad y él jamás tendría la madurez física o emocional para ofrecerle lo que deseaba.
Le dolió perderlo y no estaba dispuesto a repetir todo eso. R'as era igual a él en el sentido de que su vida se había detenido en las aguas del Pozo de Lázaro. ¿No lo entendía? Puede que mutuamente se atrajeran, que fuera muy tentadora la oferta de conocimientos y descubrimientos más allá de lo imaginado pero su corazón no podría soportarlo.
Él no quería eternidad, quería madurez y el subsecuente ocaso.
Se lo explicó con detenimiento esperando que entendiera su punto y la Cabeza del Demonio asintió, insistiendo en la parte en que su destino era permanecer juntos.
Ellos dos, eran almas gemelas, lo sentía en su carne y su sangre, pero entendía sus inquietudes y haría lo posible por apaciguar sus temores. Si lo que quería era poseer un cuerpo joven y lozano, conseguiría uno que menguara a su lado.
Él no había entendido la profundidad o el horror que encerraban sus palabras, sabía que las aguas del pozo no devolvían la juventud pero sí lo haría un cuerpo que fue creado para tal designio.
Damian era el recipiente destinado a conservar su alma, pensó que luego de tantos años el viejo y su madre lo dejarían en paz, pero no contó con que de pronto R'as se obsesionara y lo amara.
¿Qué pasaría con el alma de Damian si lo ocupaba? Aquella que sacaron del infierno, la misma que encerraba todo lo bueno y malo que habitaba en él, lo que había consumado, secretamente amado.
.
.
.
Gritó y golpeó con los puños cerrados los azulejos del baño por la impotencia y frustración.
Sabía que "esto" con él estaba mal y aún así no se frenó. Lo encamó, lo instruyó, bajó sus defensas para hacerle el amor.
La orden de los asesinos le arrebató a su pequeño amor y hasta ahora entendía la razón.
Salió del baño un poco menos sucio de lo que entró, sus puños destilaban sangre pero no se molestó en atender las heridas, le gustaba que ardieran, eran un recordatorio constante de que tenía un asunto pendiente.
Comenzó a secarse y asearse, estaba a medio camino de vendar los nudillos de la mano izquierda cuando recibió una llamada de Nightwing.
Suspiró.
Él era la madre abnegada, Jason el padre devoto. No se imaginaba confesando a ninguno de los dos lo que había hecho con su retoño. Ignoró esa llamada y las subsecuentes porque ya estaba en la computadora borrando todos los archivos de las cámaras de seguridad.
De las grabaciones que eliminó, a parte de la escena donde Damian salía de su alcoba y se quedaba sin aliento al momento de verlo, se encontraban aquellas otras donde los asesinos de las sombras acechaban sus cuerpos.
Si hubiera pensado en algo más que Damian durante todo este tiempo, tal vez hubiera notado que no estaban a solas mientras tomaba su cuerpo.
Ellos debieron oírlos, también verlos, luego llamaron a su abuelo para hacerle saber que no era su querido niño quien iniciaba el cortejo sino que se trataba de él conquistando y desenterrando sus secretos.
Apretó el puño de la mano diestra en cuanto vio a las sombras derribar la puerta. Para ese entonces los dos se comían a besos. Damian aprendía rápido, eso lo sabía de sobra pero una cosa era dominar técnicas de combate y otra muy diferente besar y tocar como un experto.
Él recuerda que cuando la puerta cayó, estaba sobre su hermano abarcándolo por completo, torturándolo de nuevo pues esperaba que de un momento a otro, al sentir su erección presionando contra su vientre, rogara por hacerle una felación. La pretensión le duró un parpadeo. Luego de la invasión a su intimidad, intentó protegerlo pero el infeliz, debió aprovechar esos segundos de vacilación para apuñalarlo por detrás.
¿Cómo lo permitió? ¿En qué momento confió tanto que lo engañó?
La siguiente escena mostraba a los asesinos corriendo y cayendo por el pasillo, a Damian no parecía molestarle la desnudes de su piel. A él lo ponía incómodo reconocer los vestigios del sexo en él. Las marcas de sus dedos y dientes, los labios húmedos e hinchados de tanto besar, el semen escurriendo por el largo de sus piernas, brillando a consecuencia de la luz de la mañana entrante y confiriéndole un aspecto de lo más excepcional.
Arrebató una espada de algún pobre diablo, los asustó a todos con gritos bélicos y movimientos certeros. Después, derramó su propia sangre y se valió de su lugar en la orden de asesinos para que todos los del rededor le rindieran pleitesía y se arrodillaran a sus pies.
Eligió a uno del montón para que le entregara sus ropas, luego de limpiarse un poco y vestirse con movimientos lentos y acompasados anuló el cierre de la mansión y la cueva. Ordenó a sus siervos que se largaran de la propiedad de su padre o los asesinaría sin piedad.
No dejaría evidencia, no derramaría ni una gota de sangre, créanle sabía cómo hacerlo.
Hubo una confrontación de almas en su pequeño demonio al pronunciar todo aquello, él pudo ver cómo la luz de sus ojos, el fuego de su espíritu aguerrido y férreo eran absorbidos por esa parte oscura y maligna en él.
Nadie quiso poner en tela de juicio su alegato así que se limitaron a decir que su abuelo demandaba verlo. En la fortaleza del lado oeste de la ciudad es donde estaba esperando, debía acudir de inmediato o involucrarían a su esclavo.
El calificativo le enfureció pero entendía el motivo. En la fortaleza de R'as, decenas de hombres y mujeres se preparaban únicamente para satisfacer los apetitos sexuales de los Al Ghul. Al ser esta su primer experiencia sexual, debieron asumir que él era igual.
Imbéciles.
Aborrecía a todos, en específico a Damian pues al escuchar esa declaración detectó auténtico temor en sus ojos turquesa. El engendro de Bruce ocultó sus emociones y rostro bajo la capucha de los asesinos, se largó con ellos y él, terminó de eliminar los archivos de video asegurándose de qué tanto su padre como sus hermanos no encontraran la forma de recuperarlos.
Se valió de un código que infectaba todo lo que quisieras recuperar de la papelera. Acto seguido, se ajustó los guantes, máscara y capa, más antes de partir echó una mirada al traje que con sentimientos encontrados regresó a su lugar en la vitrina.
La casaca seguía rota de los primeros botones, el emblema de Robin quedó algo chueco por la ausencia de la tarjeta de memoria, el cinturón probablemente estaba lleno de semen que no lavó, los guantes, antifaz y botas tuvo que recuperarlos de su habitación.
Al hacerlo descubrió que la amenaza de muerte en la almohada describía la estrella ninja que el estúpido chico dejó caer antes de encerrarse con él.
Lo demás estaba tan ordenado que casi parecía un santuario. Sus lienzos al óleo mostraban a ángeles y demonios, paisajes que hablaban del paraíso o el infierno, rostros pasionales y agraciados pero también deformados y torturados, quedaba claro que ese principito, desperdiciaba su talento asesinando o luchando. Él debía estar en una academia de arte esculpiendo mártires con esos dedos largos y rugosos que lo hicieron gemir de satisfacción.
Lo denigró por no decir que estaba que maldito y que tenía una sentencia de muerte a punto de expirar en la espalda.
Subió a su motocicleta y arrancó con un sonoro estruendo, las cámaras de vigilancia volverían a grabar en menos dos minutos y él debía serenar los latidos de su corazón en el mismo lapso de tiempo, para no distraerse o alterarse de más, dejó su comunicador en la cueva.
Sus hermanos creerían que pasó demasiados días encerrado con él y que no querría saber de la familia en un tiempo.
Aspiró los humores de la noche entrante, la luna brillaba en el cielo. No había emblema de Batman así que la madre abnegada tal vez, sintiera el impulso de volver a casa.
.
.
.
CENTRO DE GOTHAM CITY.
.
Nightwing despidió a su novia con una indiscreta nota en la que agradecía las tres fabulosas semanas de comida y sexo.
Ya se verían otro día.
Sus sensores indicaban que la cueva volvía a estar abierta y eso quería decir que se mataron esos dos o cada uno se largó por su lado. También abría la posibilidad de que Jason se sintiera bienvenido para asaltar la armería y no podía permitirlo.
Subió a su auto satisfecho de que no hubiera emblema de murciélago en lo alto. La ciudad tenía pocas noches de paz pero al menos servían para que saliera con sus amigos o hermanos, pisó el acelerador a fondo pues intentó llamar a los chicos una décimo novena vez y ninguno de los dos atendió.
En el interior de la cueva lo recibió Red Hood, se había desprendido de la chaqueta y el casco, altanería destilando por cada centímetro de su altísima piel, además de los humores a licor y tabaco, dijo estar esperándolo.
No quería que se perdiera el espectáculo.
—¿Cuál espectáculo?
—Volaré la puerta de la armería en cientos de pedazos.
—¿Viste a Damian o Tim?
—Nop, todo aquí abajo está bastante desolado.
—Y ese es el problema.. —comentó pasando de él e instalándose en la computadora. Jason apagó y encendió un nuevo cigarro, preguntó si la paranoia venía con el traje y sugirió que dejara de convertirse en su padre.
—En serio, no querrás ser la clase de zoquete que es Bruce Wayne.
—Eso ya lo sé, pero algunas veces la paranoia está bien justificada. Mira esto, alguien eliminó las grabaciones de seguridad y cuando intenté recuperarlas se frieron.
—No me mires a mi.—comentó Hood con las manos en alto. —Yo solo intenté violar los códigos primarios de seguridad para tener acceso a las armas.
—Te daré cinco minutos en el paraíso, si me ayudas a recuperar los archivos.
—¡Woo, espera! ¿Tu paraíso o el mío? Porque estoy saliendo con alguien y podría decirse que es algo formal.
—Cinco minutos en la armería. —contestó rolando los ojos. —No puedes sacar nada del doble de tu tamaño o que esté etiquetado como experimental.
—Trato hecho. ¿Algún interés en particular?—Red Hood sacó algunos dispositivos electrónicos de los bolsillos en sus riñoneras. Aclaró que en alguna ocasión instaló un software que clonaba todo lo que el murciélago eliminara. Nada personal, solo recuerdos de aquellos días en que el viejo maldito, sabía dónde estaba su madre y muy egoístamente se lo ocultó.
Todo se guardaba en un disco duro totalmente externo de modo qué, si Bruce aún no lo había detectado podrían revisar lo que fuera sin que se friera.
—Bien, no voy a delatarte, sólo hazlo.
—Estoy en eso. ¿Cuál es la prisa Dickface?
—Tim dijo que Dami no se quitaba el uniforme de Robin, ni para tomar una ducha y ahora está aquí. —colocó los dedos sobre la vitrina, abrió la puerta y de inmediato identificó las roturas en las costuras. Eso podía explicarse con los entrenamientos que tenían a diario pero aún así tuvo un mal presentimiento de todo esto.
Buscó la tarjeta de memoria que Bruce le puso a su hermano para tenerlo aún más controlado. No la encontró y eso hizo que se imaginara lo peor. Faltaban cosas y sobraban otras. Damian era descuidado con las cosas cuando se encontraba Alfred acechando pero si estaba a solas, era tan diligente como un soldado. Él no dejaría sus cosas así.
Es más, no se largaría sin la maldita capa de ahí.
Hood recuperó los archivos, dijo que podían comer palomitas en lo que espiaban a sus avecillas. Él le respondió que por una vez en la vida se lo tomara en serio. Ninguno de los dos atendía el comunicador y estuvieron encerrados tres semanas juntos.
—No creerás que Damian terminó por matarlo, ¿cierto?
—No lo mataría por respeto a nosotros pero tal vez, Tim lo presionó de más.
Comenzaron a ver la película en velocidad aumentada, tuvieron algunas horas de nada y después llegaban las sombras. Asesinos que se movían con sigilo y desaparecían en un parpadeo, el primero en llegar a la cueva había sido Tim, las ropas de héroe fueron remplazadas por pantalones de gimnasia y camiseta sin mangas. El segundo era Damian y Jason disfrutó su enfrentamiento hasta la parte en que era demasiado obvio que se comían e invitaban con la mirada.
Entre más avanzaban los días, más discernían que no estaban luchando, se estaban provocando y seduciendo. En el instante que Damian derribaba a Timothy con una llave de lo más escandalosa Todd pausó el video y dijo que lo mejor sería olvidarlo todo.
—¡Por supuesto que no! —se quejó.
—¿Qué, los enanos te excitan?
—¡NO! Pero tengo derecho a saber...
—¡Hey! —lo interrumpió golpeando con ambos puños sobre la mesa. —Ya sé que te auto proclamaste su madre, pero tiene dieciséis años y si decidió que le gustaba Tim y fue correspondido ese es asunto suyo y de nadie más.
—¡Es que no me interesa eso! ¡Damian no me ocultaría eso! Viste a los asesinos de las sombras, ¿No es cierto?
—Si, y tal vez, sólo querían enviarle recuerdos de su madre.
—Jay...
—¡Dije que no! No todos somos como tú, de acuerdo. Algunos respetamos nuestra intimidad y la identidad de nuestras parejas.
—Entonces ve a sacar todo lo que puedas de la armería en lo que yo termino de ver esto.
—¡Eres un enfermo! Y si los chicos se enteran, no te perdonarán jamás.
—Asumiré el riesgo.
—¿Por qué? Bruce se metía en medio cada que tenias sexo.
—¡No sabemos si lo hicieron!
—¿A donde mirabas tú? Porque yo vi tanta tensión sexual que se hasta me sentí incómodo.
—Santurrón
—Voyerista
—¡No lo soy! Si tuvieron sexo estarían por aquí comiéndose a besos o en un hotel de lujo faltándose al respeto. ¡Nada de eso justificaría que no atiendan el comunicador!
—¿Es en serio? Tú siempre respondes cuando estás cogiendo.
—Lo hago, sino quiero que se enteren de que estoy cogiendo. Además, Damian me lo diría, es un fanfarrón, presume cada vez que se desvela con su mano diestra.
—¡IUGH! —Jason apagó los monitores y se mostró firme en su decisión. Él estaba demasiado involucrado. Si quería seguir adelante, él lo revisaba a solas y le avisaba si se fueron juntos o se arrepintieron a medio camino de tener sexo.
—Bien, yo reuniré tus armas. Todas las que no me atrevería a tocar deben ser las que te gustaría llevar.
—Correcto. Y solo para estar de acuerdo, si están juntos los dejaremos en paz. Cuando quieran contarlo, lo harán o quizás solo tuvieron sexo y ahora no tienen el valor de verse de nuevo.
Él accedió a sus demandas, se largó a la armería.
El final de las grabaciones no hizo ni remotamente feliz a Red Hood, le dieron ganas de golpear a Tim por perder tanto tiempo eliminando evidencia. Los asesinos de las sombras tenían a su petirrojo y de eso hacía más de seis horas.
Puede que ya estuviera muerto o que Tim cometiera algo aún más idiota.
—¡Hey! Deja todo eso en su lugar y ponte el traje apretado Dickiebird. Tenías razón, los asesinos se llevaron a Damian, supongo que noquearon o drogaron a Tim porque se tomó su tiempo en ir tras él. No se veía muy contento y ambos sabemos lo que sucede cuando está molesto.
Richard emergió con las ropas de Nightwing, ya sabía que su corazonada era acertada, quizás la paranoia si venía con el traje de Batman, pero por esta noche volvería a ser él y nadie más.
.
.
.
Continuará...
