Apellidos
Una de las cosas que más desconcertó a McCoy los primeros días de academia fue caminar al lado de Jim y sentir que la gente se volvía a su paso al tiempo que los murmullos se sucedían.
Al principio creyó que eran imaginaciones suyas pero el día que hasta su profesor de traumatología se giró para dedicarle una larga mirada supo que algo estaba pasando. Al notar que Jim parecía ignorarlos a todos el hombre decidió investigar por su cuenta.
Pero los profesores de la academia tenían otros planes para Bones y, sin que este lo pudiera remediar, una incesante carga de trabajo se cernió a su alrededor hasta que el médico acabó sepultado bajo decenas de informes pendientes, trabajos por empezar y exámenes cuyas fechas se acercaban irremediablemente.
Fue ahogándose en apuntes, libros y padds, cómo Jim le encontró una tarde de domingo.
–Vaya Bones, no sabía que te estabas construyendo tu propia cueva. Haberme avisado y te traía unos listones para ayudarte con las vigas.
–Muy gracioso– gruñó el médico–. Cuando tu tarea amenace con acabar contigo: ya me reiré yo.
–Vamos hombre– Jim se acercó hasta su mesa y ojeó todos los apuntes–. ¿Estructura espacial?
–Sí, parece que no se puede ser médico a bordo de una lata de sardinas a menos que sepas dónde está el motor y cuantos módulos tiene. ¿Y a mi que carajo me importa que el motor tenga un núcleo warp radioactivo?
–Tal vez por que si lo sabes evitarás entrar en él– rió Jim acercando la silla de su escritorio hasta la de su amigo–. Vamos a ver, creo que te será mucho más fácil estudiar todo esto cuando ordenes los planos de la nave estándar.
–Pero si ya están…– la voz del médico se fue apagando a medida que Jim colocaba las láminas en otro orden, mucho más lógico–. Madre mía, ¿eso es la cocina?
–Claro.
–Ahora entiendo por que el baño parecía excesivamente "inmenso".
–Hubiera sido un baño digno de un rey– reconoció Jim, pero no se rió de su error y, por el contrario, le instó a fijarse en las esquinas de las láminas–. Mira, aquí, aquí, y aquí, se indican las orientaciones de cada dibujo. Si alguna vez se vuelven a traspapelar los planos tú mismo podrás ordenarlos. Además hay algunas formas para recordar que es cada cosa.
Durante dos horas Jim le explicó detalladamente, y de forma clara, para que era cada sala de una nave, por que iba en la cubierta designada, y cómo se comunicaba con sus vecinas.
Tras una frugal cena, Bones repasó lo aprendido con Jim antes de que este se acostase instándole a llamarle si le surgía cualquier duda. McCoy le dio las gracias y prosiguió con su estudio preguntándose cómo era posible que el muchacho nunca tuviese tareas que hacer hasta altas horas. Cuando creyó controlar la distribución espacial, el médico decidió estudiar sus apuntes de historia. Tras su paso por la facultad de medicina Bones había aprendido que la historia era la base de toda ciencia por lo que la historia espacial era una de sus asignaturas militares preferida y no tardó en sumergirse en los relatos de las primeras expediciones por el universo.
Fue a las dos de la madrugada, con un café en la mano y a la luz de su flexo led, cómo Bones descubrió la historia del USS-Kelvin. No tardó en llegar al nombre del héroe que había salvado la vida de la tripulación del Kelvin, así cómo la de su mujer y su hijo recién nacido: George Kirk.
Con manos temblorosas Bones tomó su padd y comenzó a buscar información acerca de los Kirk.
"… George Kirk murió cómo un héroe… su esposa no pudo superar su pérdida viendo en su hijo la viva imagen de su difunto esposo… se volvió a casar con Frank… regresó a la flota espacial dejando en Tierra a sus hijos…"
Cómo si tuviese miedo a ser descubierto, Bones alzó lentamente la mirada hasta que sus ojos se posaron en la forma de su compañero de habitación que dormía en su cama ajeno a su descubrimiento. Nada en él dejaba entrever que era el hijo de una de las figuras más simbólicas de la federación, que su madre le había prácticamente abandonado en la Tierra obligándole a cuidarse a si mismo.
Ahora entendía por que todos hablaban de Jim, por que hasta los profesores parecían reconocerle con sus mudas miradas, por que el joven a pesar de que charlaba con casi todo el mundo apenas se detenía a conversar de verdad aunque la mayoría de sus compañeros admirasen su porte, envidiasen su labia o deseasen su éxito entre la comunidad femenina.
Bones ahogó una carcajada ante aquellos pensamientos. Miró de nuevo a su compañero y se sorprendió al notar que, durmiendo, los rasgos de Jim se suavizaban haciéndole ver realmente cómo un muchacho desvalido que nada tenía que ver con la imagen que proyectaba cuando salía por la puerta del pequeño apartamento.
"Es tan joven…" pensó Bones.
Entonces lo comprendió: Jim le había elegido cómo compañero para que pudiera verle así, para que fuese él quien le conociese, para que fuese su amigo. Y, sin saber por que, Bones se sintió feliz.
