La frase prohibida.
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Parte 2~
—¡Asuna…!
El grito se oyó como una alarma lejana que suena de forma persistente. Pero ambos estaban tan ocupados en lo suyo, en ese mundo de besos, lenguas y manos, que el llamado pasó sin pena ni gloria, apenas siendo captado por la conciencia de ambos.
—¡Asunaaa…!
El grito estridente que pegó Koichirou esta vez sí fue oído por el par. Pero aún así ninguno hizo el mínimo intento de separarse.
—¡Asuna es hora de cortar la torta…!
La muchacha soltó un suspiro y se alejó usando su palma para detener a Kazuto que parecía reacio a dejarla ir. De nueva cuenta esos labios estaban sobre los suyos de modo insistente, y ella se perdió un segundo, solo un segundo maravilloso, pero luego le dio un empujón. Ninguno dijo palabra. Se contemplaron solo un instante, y Asuna tras acomodarse los breteles del vestido, salió caminando en silencio.
Kazuto abrió la boca para frenarla, pero ningún sonido salió de ella. ¿Qué le iba a decir? si él mismo había propiciado ese delirio de besos, y caricias. Él mismo se perdió en la dulzura de su tacto, y aunque sabía que estaba mal, no pudo ni quiso evitarlo.
Apretó el puño contra el paredón.
Mierda…
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—Ha sido una fiesta increíble Asuna— una muchacha de corto cabello castaño se alejaba del umbral tomada del brazo de un atractivo chico pelirrojo.
—Gracias por venir Rika-chan, Ryo-kun— la dueña de casa ya habiendo prescindido de sus zapatos, se despedía de sus invitados completamente descalza. Su aspecto cansado no desmentía lo linda que realmente era.
—Adiós Asuna-kun.
—Fue una fiesta genial.
—Tienes una casa muy bonita.
Despidió a los últimos invitados y se dejó caer en el sillón observando de reojo el desastre que tendría que limpiar al día siguiente.
—Por supuesto, no dejaré que hagas una fiesta similar hasta el año próximo ¿oíste? —kouchirou cerró la puerta y contempló con severidad el resultado de la fiesta —¿Que opinas Kazu? Has estado extrañamente callado.
—Fue una fiesta interesante —dijo éste mirando a Asuna que estaba acostada en el sofá con sus piernas extendidas sin importarle como el ruedo de su vestido ascendía enseñando sus muslos.
—Kazu-nii— ella lo miró —No has probado pastel ¿quieres una tajada? Creo que aún queda un poco.
¿En verdad era todo lo que iba a decirle? ¿Y porque actuaba con tanta elocuencia cuando él no podía siquiera pensar en como hablarle?
Sin agregar algo más se dirigió a la cocina. Él fue detrás aprovechando que Koichirou estaba deshaciéndose de los vasos y las servilletas desechables.
Empujó la puerta y encontró a Asuna junto al muchacho rubio de allá afuera en una situación íntima. Se detuvo incómodo, pero ya era tarde, ambos habían reparado en él.
—Oh, Kazu-nii— ella se separó un poco del joven quien mantenía un gesto posesivo con ella —¿Ya te he presentado a Eugeo-kun?
La porción de pastel descansaba en el mesón frente a ellos, y Kazuto tuvo el súbito impulso de arrojarle la torta a la cara a ese rubio insulso que sonreía de modo idiota.
—¿Este es tu otro hermano? —aventuró éste.
Ella asintió sin dejar de sonreír, luego se separó un poco —Kazu-nii te presento a Eugeo, mi novio—señaló al jovencito rubio que amable extendió la mano hacia él.
—Hola, es un placer.
Kazuto lo miró algunos segundos en silencio antes de estrecharle con más fuerza de la necesaria. ¿Qué le veía? Sí, era alto de complexión atlética, pero su piel parecía de alabastro, y sus rasgos aún eran de niño. Su mano se sentía enclenque y sudorosa cuando se la apretó. Como esperaba el joven rubio no omitió queja alguna pese a que su cara denotaba todo lo contrario.
—Es un placer conocer al novio de la calabacita— dijo finalmente con un atisbo de sonrisa.
—Espero que puedan ser amigos— completó la chica.
—Oh sí, tenemos un partido con la escuela Satori dentro de un par de semanas ¿Por qué no lo traes consigo?
Kazuto arqueó las cejas ¿aquello iba a en serio? Manteniendo la curva en sus labios afirmó —Oh… me encantaría…
—¡Que tarde es! ¿No lo crees así Eugeo-kun? —Koichirou apareció de pronto en la cocina simulando un bostezo en tanto veía su reloj en la muñeca.
El joven rubio captó la indirecta en el acto poniéndose nervioso —Cla-claro kouchirou-san. Ya-ya me retiro…
—Te acompañaré hasta la puerta Eugeo-kun— Asuna miró con ojos centelleantes a su hermano mayor, y tomando la mano de su novio lo arrastró consigo —La próxima vez puedes quedarte a pasar la noche con el previo consentimiento de tus papás…—murmuró al pasar, pero lo suficientemente alto para que ambos varones restantes la oyeran.
La expresión de Koichirou fue de desasosiego total, en cambio la de Kazuto fue plenamente de pánico y rabia.
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—¿Qué haces aquí?
Asuna se detuvo al ver al joven de cabello negro apostado contra su motocicleta, con las manos en los bolsillos y los lentes oscuros era el colmo de la relajación. Varias de sus compañeras rieron en voz baja al verlo, y pasaron junto a él haciéndolo blanco de sus miradas y sonrisas. Las que ignoró.
Ella apretó el maletín entre sus manos y descendió la pequeña escalinata hasta llegar a él, su uniforme marinero se ceñía indecorosamente a las curvas que a estas alturas eran muy evidentes, y su cabello cobrizo estaba peinado en dos coletas.
Era toda una colegiala. Para Kazuto era muy evidente.
—Vine a recogerte ¿tienes algo que hacer? —se quitó los lentes —¿Asuna-chan?
—Solo iba a esperar a Euge…
—No— la interrumpió tomando su mano —Te vienes conmigo.
—Ah, pero…
—Iremos por tu regalo de cumpleaños, te lo debo ¿recuerdas? Así que escoge lo que quieras que te lo compraré.
—¿Lo que quiera?
—Lo que quieras.
Asuna se soltó de su agarre —Lo que quiero tú no me lo puedes dar— dijo entre dientes.
Pero él la oyó, le extendió un casco —Sube—le ordenó.
Lo que ella hizo sin chistar, recogió su pequeña falda y se montó detrás de él.
—Sujétate— tomó las manos de la chica y las ancló a su cintura. Tuvo que darles un apretón para que ella se sujetara por si misma.
—¿A dónde vamos?
Pero él ya no le contestó.
Al final luego de divagar varios minutos sobre la motocicleta, y mientras Asuna advertía el calor del cuerpo masculino al que iba sujeta, Kazuto tomó una ruta secundaria, y ella vio que se alejaban del bullicio de la ciudad.
Tardaron veinte minutos más después de eso. Cuando se detuvieron, estaban frente a un café de estilo campestre.
—¿Y esto? —Asuna se quitó el casco y se lo tendió.
—Me gustan los lugares tranquilos— le tomó la mano y la llevó al interior. Ella no omitió palabra pese a que entraron al café como si fueran una pareja.
Él pidió un café irlandés con una porción de pie de limón, mientras Asuna probando su lado infantil se decidió por un batido de fresa
El lugar era tranquilo y a esa hora estaba poco concurrido. Pensó que era el lugar ideal para hablar, quizás ofrecerle unas disculpas por lo que había hecho durante su cumpleaños, pero ella no le daba el pie para empezar.
Asuna actuaba normal, como si ese beso nunca hubiera ocurrido. ¿Acaso estaba tan aturdida por la cerveza que no lo recordaba?
—Kazu-nii, déjame probar tu café…— le dijo extendiéndole su copa.
Seguía comportándose como la niña que era, y ciertamente su uniforme no daba lugar a dudas. Sus ojos del color de miel se veían tan grandes y serenos.
¿Cabía la posibilidad de que realmente no lo recordara?
—Eso sabe horrible—ella sacó la lengua en disgusto y le devolvió la taza —Tienes un gusto muy peculiar.
—Ciertamente.
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—¿De seguro no quieres que te obsequie nada?
Ella sacudió la cabeza en negación. Habían llegado a su casa, sostuvo su maletín con ambas manos y suspiró.
—¿Tal vez un oso de felpa? ¿O un shoujo?
—Esas son cosas que coleccionaba cuando era una pequeña —Ella rió levemente meneando la cabeza —No te preocupes Kazu-nii.
—Eres una niña rara— le dijo él, más consciente de hallarse en terreno seguro en cuanto a la relación entre ambos. Asuna actuaba tan normal…
—Gracias por el helado— le sonrió echando una de sus coletas tras su hombro. El sol reflejaba el nacarado de su cabello, delineando su silueta curvilínea.
—Cuando quieras.
Ella se encogió de hombros —¿Es uno de esos lugares donde llevas a Shino-san? —aventuró refiriéndose a su novia.
—No— refirió firme y rápido.
—Ah…— Asuna volvió a suspirar —Bueno, debo irme. Onii-chan llegará tarde y me toca hacer la cena.
— Adios Asuna-chan.
Pero ella no le respondió, y cuando él se volvió para repetir el saludo; la joven apareció frente a su rostro y de un impulso le dio un apresurado beso en los labios.
Beso que prosiguió por varios segundos cuando las manos de él se encontraron una en su cintura, la otra en su nuca pequeña. Y se sintió tan desesperado por repetir esa caricia que fácilmente se ahogó en sus labios. Esta vez no había alcohol, ni sentimiento de despecho que lo obligara a actuar de tal manera.
Era algo guiado por su instinto.
Y Asuna le devolvió los besos con el mismo ardor con el que Kazuto se los daba. Ninguno de los dos cayó en cuenta del espectáculo que estaban dando frente a la casa de la pelirroja.
Finalmente el sonido estruendoso de un claxon logró separarlos. Las mejillas de Asuna estaban sonrojadas, sus ojos brillantes, y los labios húmedos y turgentes. Lo miró consternada y antes de que él reuniera el valor de decirle algo, abrió la verja, y se adentró a la propiedad sin darle posibilidad de disculparse o de hablar.
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'Lo siento, por favor perdóname…'
Kazuto leyó el mensaje una y otra vez. Le había llegado en plena madrugada cuando él no podía dormir. Al parecer no era el único. Asuna tampoco podía conciliar el sueño, y aquel factor había hecho que le enviara aquel whatsapp.
Volvió a leerlo no sabiendo que responder. ¿Por qué le costaba? Era un simple No te preocupes, asunto olvidado. Y ya. Sin embargo, no era algo que podía olvidar, su mente no lo permitía. El recuerdo de cuan suave ella era, y a que sabían sus labios temblorosos lo había perseguido toda la tarde.
Porque esta vez Asuna fue quien empezó con aquello, pero él le siguió. Y sabe Dios que de no haber sido interrumpido quien sabe a dónde hubieran llegado.
—¿Qué es lo que esa niña está haciendo conmigo?
Deslizó el dedo por la pantalla de su móvil y respondió Asunto olvidado, no te preocupes.
Pero Asuna ya no le contestó.
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¿A qué jugaba?
Kazuto se lo preguntó varias veces cuando luego de aquella tarde, ella volvió a besarlo de nueva cuenta.
Y él a responder, primero por inercia, y ya luego por placer. No había un patrón especifico, Asuna salía de la escuela, él la esperaba, se montaban a la moto en silencio, iban a esa cafetería alejada de la ciudad y cuando volvían ella lo despedía con un beso. No un beso casto, un beso de adultos. Demandante e íntimo.
Y él no se quedaba atrás. Kazuto retribuía con ganas a sus caricias, se decía a si mismo que solo estaba siguiéndole el juego, la travesura.
Aquello no era más que un divertimento para la hermosa pelirroja. ¿Entonces en que momento se volvió vital? ¿Cuándo Kazuto se dio cuenta que pensaba más en los besos de la chiquilla precoz que en los de su novia?
Porque a pesar de todo ese tiempo, él continuaba su relación con Shino, Asuna proseguía su noviazgo con Eugeo a quien Koichirou detestaba abiertamente.
No podía decir que aquello estaba afectando su amistad con la muchacha. Desde su cumpleaños número dieciséis que las cosas habían llegado a este punto extraño. Y no podía echarle la culpa enteramente a ella, siendo que ambos eran los causantes de esa extraña relación.
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—Kazu-nii…
La inconfundible voz cantarina resonó en el ambiente antes de que la muchacha apareciera frente a él con su clásico uniforme de la escuela. Asuna estaba a punto de cumplir diecisiete años y los cambios de niña a mujer eran notables. Su rostro era alargado y fino, pestañas largas, ojos brillantes, labios deliciosos que él tenía la suerte de probar. Cabello suave, un cuerpo esbelto y bien proporcionado.
Mentiría si Kazuto dijera que no había notado todos y cada uno de los cambios físicos que fueron dándose en la preciosa muchacha.
—Asuna…—él había optado por prescindir del sufijo chan cada vez que se dirigía a ella.
—¿Así que te quedas a cenar? —la pelirroja prosiguió inclinándose junto a él sobre la mesa de la cocina.
—Tenemos mucho que estudiar y consentí que Kazuto se quedara en casa hoy—terció Koichirou completamente ajeno al ambiente pesado que se gestaba entre su hermana y su mejor amigo cada vez que estaban juntos.
—Me parece una buena idea —Asuna se enderezó sonriendo —Veré que tenemos disponible en la heladera —comentó más para sí, dirigiéndose hacia el nombrado artefacto.
—Iré a buscar los apuntes…
La voz de Koichirou se perdió en la lejanía de la planta alta.
Antes de siguiera pensarlo Kazuto estaba de pie, dirigiéndose hacia Asuna quien sacaba verduras. Ella captó la mirada pícara que le dirigió, y asiéndose de su cuello lo besó ansiosa.
Ambos sabían que el joven dueño de casa andaba por algún lugar allí arriba, pero no se amedrentaron. Kazuto apretó el cuerpo de la pelirroja contra el refrigerador y la besó sediento.
—Asuna…—la nombró corriendo los dedos por su lacio cabello, tocándole la mejilla. Entonces la sujetó del mentón para tener su atención —¿Por qué…? —aventuró la pregunta que venía carcomiéndole las entrañas hacía tanto tiempo —¿Por qué me permites hacer esto…?
Asuna solo le sonrió vacilante y con su silencio usual le delineó el labio inferior.
—Aquí traje todo lo necesario— Koichirou abrió la puerta portando los libros y fotocopias. Asuna estaba cortando las verduras con un mandil rosa, mientras Kazuto con expresión consternada revisaba su móvil.
—¿Problemas en el paraíso? —bromeó al ver la cara de pocos amigos del pelinegro.
Kazuto suspiró poniéndose de pie —Me temo que no podré quedarme.
—¿Ehh? ¿Porqué?
—Olvidé que había hecho planes con Shino… acaba de avisarme que me está esperando y no quiero dejarla botada.
—Oh…—el joven castaño se rascó la mejilla con indecisión —Bueno, si es así.
—Lo lamento Kou, podemos arreglar algo para mañana, y vienes a mi casa a estudiar.
—Claro.
—Adios Kazu-nii es una pena que no puedas quedarte a cenar —Asuna le sonrió alegre y agregó ampliando la sonrisa —Envíale mis saludos a Shino-san y espero que se diviertan mucho.
Kazuto le devolvió el gesto sin alargarlo demasiado. Se puso la chaqueta y siguió al dueño de casa hacia el exterior. Antes de salir por la puerta miró a Asuna por sobre su hombro, pero ella ni siquiera le prestó atención.
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Titubeó algunos minutos antes de dar enviar al botón. El mensaje salió raudamente de la bandeja de salida. Él se quedó ahí acostado en su lecho en plena oscuridad su rostro confuso iluminado por el brillo difuso de la pantalla del móvil que mantenía frente a sus ojos.
Había debatido consigo si enviarlo o no. Pero lo hecho, hecho estaba. Y ahora solo debía esperar una respuesta. Lo releyó una y cien veces hasta que las letras empezaron a desdibujarse frente a sus ojos.
'Terminemos con esto antes que nos haga más daño a alguno de los dos, o a las personas que nos rodean. Nuestra amistad es más valiosa que cualquier error de sentimientos.'
Asuna estaba en línea, y supo que había leído el mensaje. Su corazón latió desbocado cuando le apareció el ícono de que estaba escribiendo. Tardó solo un par de segundos.
'Si es lo que quieres, está bien.'
Por un ridículo segundo pensó que Asuna iba a negarse. ¿En verdad era lo único que iba a decirle? ¿No iba a pedirle explicaciones? ¿Acaso era el único que tenía esa marea de emociones contradictorias? ¿No se sentía fatal de mentirle a Kou, y al resto de personas que entraban dentro de esa charada?
Arrojó el móvil al otro lado del lecho y se cubrió con las mantas molesto. En verdad que no la entendía, recordaba a esa chiquilla de trenzas que le confesó su amor cinco años atrás, y esa pequeña en nada se parecía a esa joven mujer que lo besaba ardorosa en esos momentos de locura.
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A partir de ese día dejó de frecuentar la casa Yuuki con tanta asiduidad como antes, y cuando lo hacía se cercioraba de que Asuna no estuviera allí. El dialogo entre ambos se volvió monótono y hueco, y solo se acrecentaba cuando Koichirou estaba presente.
En pocos meses, esa relación de amistad se convirtió en un tranquilo vinculo de simples conocidos. Un trato diplomático que por momentos (y luego de tanta camaradería entre ambos) sonaba absurdo.
Su relación con Shino se afianzó a tal extremo que estaban planificando irse a vivir juntos. Ella era una muchacha dulce y amable, profundamente similar a él en todo aspecto. La que lo conocía como la palma de su mano.
Kazuto estaba profundamente agradecido por tenerla en su vida.
Sin embargo…
Sus pensamientos estaban con cierta pelirroja más de lo que hubiera deseado. Como si fuera el punto negro en una página en blanco, el capítulo no cerrado, la tentación siempre constante…
Asuna en cambio cursaba su último año escolar, y revisaba las posibles propuestas de universidad a futuro. Koichirou quería que fuera a un instituto privado, lejos del rubio que seguía siendo su novio, y que estudiara lo que quisiera. A la joven se le daba muy bien todo lo que era educación, honrando quizás la memoria de su madre, Kyouko que solía ser una profesora universitaria.
Koichirou no podía negar que estaba orgulloso de su hermana menor, a pesar de que no había sido fácil. Ambos se habían amoldado por si mismos al golpe de crecer sin una familia que los protegiera.
—Mañana es la graduación de Asuna— el joven castaño mencionó a su amigo quien releía los apuntes de su último examen —No sé si te lo mencionó.
Kazuto levantó los ojos y se quedó pensativo un segundo —Me dijo algo al respecto, pero no sabía que era mañana…
—¿Vendrás cierto?
—Claro— respondió incómodo.
Y como si estuviera programado, se oyó la puerta principal cerrarse con estrepito, y luego el sonido de pasos rápidos que se acercaron hasta la cocina.
—Ahhh, llegué. Onii-chan, Kazuto…—su voz sonó muy femenina al hablar, dejó su maletín en una silla y se sirvió un gran trago de agua.
—¿Cansador? —Koichirou mencionó con simpatía.
—Queremos que todo quede perfecto para mañana —sonrió agotada y se sentó frente al azabache que leía sus libros, levantó la barbilla en su dirección —Mañana es mi graduación, ¿vendrás?
Por supuesto que no pudo negarse a su pregunta ni al tono suave de su voz.
—Claro, no pienso perdérmelo.
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—Felicidades.
Asuna asintió con una gran sonrisa recibiendo el pequeño ramo de orquídeas blancas que la joven de corto cabello castaño le ofreció.
—Muchas gracias Shino-san— le respondió sujetando su mano en agradecimiento. Alzó sus ojos ambarinos hacia el joven que la acompañaba —Gracias también a ti, Kazuto.
—No tienes que agradecer, te lo mereces— murmuró este afianzando el agarre en los hombros de su novia, quien volteó feliz a verlo.
—¿Y ya sabes que vas a estudiar luego? —prosiguió la chica.
—Pues aún no me decido. Es lo malo cuando te gustan muchas cosas a la vez…
Kazuto se aclaró la garganta e iba a intervenir cuando un alto muchacho rubio irrumpió en escena. Tomó a la pelirroja de la cintura y la levantó varios centímetros del suelo, besándola y riendo levemente.
Kazuto carraspeó incómodo, y Eugeo depositó a la chica en el suelo sin dejar de abrazarla. Ahora era mucho más alto que Asuna, y era evidente su complexión deportiva, tenía el cabello ligeramente más largo, y un rostro apuesto y masculino.
—¿Él es tu novio Asuna-chan?
—Oh sí, déjame presentártelo—le sonrió —Shino-san él es mi novio Eugeo-kun.
—Es capitán del equipo de soccer— recitó Kazuto con voz aburrida.
Eugeo lo ignoró e hizo una ligera inclinación de cabeza hacia la chica en cuestión —Es un placer.
—Ambos hacen una bonita pareja, a que sí ¿verdad Kazu?
Asuna sostuvo sus ojos cuando él respondió rápido y firme —Por supuesto, lucen perfectos juntos. Además, le quieres mucho ¿cierto?
Y ella respondió sin titubear, entrelazando sus dedos con la mano del rubio que era el doble de la suya —Por supuesto, nos amamos.
—¿Y cuánto tiempo llevan juntos? —quiso saber la joven de cabello corto, completamente interesada en el tema.
—Casi un año, ¿verdad? —Eugeo respondió viendo de soslayo a su novia. Ésta asintió.
—Superan ampliamente el promedio de lo que usualmente una pareja de adolescente llevaría…—terció Shino con acento pensante —Eso es bueno. Kazuto y yo llevamos ese equivalente juntos…
—Un poco más —intervino el aludido corrigiéndola.
—Es cierto… ¿Y planean…?
—Cursar en la misma universidad, mi hermano aún no me permite irme a vivir con él— manifestó Asuna, en el mismo momento en que Koichirou se unía a la plática junto a Miyu su novia. Éste escuchó la última parte dirigió una severa mirada en dirección a su hermana. Asuna rió —Así que, para poder estar juntos, Eugeo y yo hemos decidido casarnos cuando cumpla la mayoría de edad el año que viene.
—¿Qué? ¡Eso sobre mi cadáver!
—Es algo muy romántico, ¿no lo crees así Kazu?
—Es una locura— refirió el azabache entre dientes.
—¡Por lo menos alguien me apoya! —terció Koichirou buscando apoyo
Asuna rió abiertamente y se soltó el cabello. Lo llevaba elegantemente recogido para la ceremonia, pero ésta ya había finalizado. Se desprendió el lazo que llevaba en el cuello y ante los ojos de su hermano y demás se subió algunos centímetros la falda.
—Hemos decidido ir al Karaoke con los chicos…Para festejar nuestro último día juntos.
—Asuna…—intervino horrorizado el castaño mirando a Eugeo que mantenía una cara de póker por su propio bien.
—Anata, no seas tan aguafiestas, deja que los niños se diviertan un poco— murmuró la novia del castaño con un dulce y comprensivo acento —Tú también fuiste a festejar con tus compañeros de clase luego de tu graduación.
—¡Es cierto!
Asuna volvió a tomar la mano de su novio, y tras un ligero saludo al grupo, y prometiendo volver temprano, se alejó hacia donde un pequeño grupo de diez o doce jovencitos -entre chicas y chicos- los esperaba.
Kazuto tuvo un mal presentimiento, pero prefirió no exteriorizarlo y observó con el ceño fruncido como el grupo se alejaba bullicioso por la acera de la escuela.
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No supo que fue lo que lo llevó a merodear por ese lugar de entretenimiento que estaba a reventar de jóvenes y de trabajadores que salían a distenderse un poco.
Era el más exclusivo de Tokio e intuía que Asuna andaría por allí.
Estacionó su moto y se adentró al complejo, cuando una de las asistentas se acercó para atenderlo él alegó que su grupo de amigos estaba dentro y que iría a buscarlos. Con esa excusa caminó entre los diferentes pasillos que conducían a las salas buscando algún indicio de aquel pequeño grupo de adolescentes bulliciosos.
En el segundo piso se topó con algunos jóvenes que vestían el mismo uniforme que Asuna, por lo que se quedó ahí notando que éstos ya se marchaban. Y a juzgar por el andar tambaleante de algunos, habían abusado del alcohol.
Asuna no estaba entre ellos.
¿Por qué aquello no le sorprendía?
Quizás se había fugado con Eugeo…
—¿Y dónde está?
—Fue al baño, dijo que no se sentía bien…
Las dos voces femeninas comentaban aquello cerca de donde él estaba. Ellas también vestían con el uniforme escolar de la pelirroja.
Tras oír un poco más de la conversación, giró sobre sus talones y se alejó en dirección contraria a la que las estudiantes iban.
Vio el cartel que rezaba 'sanitarios' en el pasillo alejado, y seleccionando el de mujeres abrió la puerta con cautela. A primera vista se veía vacío, por lo que entró cautelosamente y puso el seguro para evitar accidentes indeseados.
Caminó pasando la fila de lavabos notando su rostro serio en los espejos. Se acercó a la zona de cubículos prestando atención a cualquier sonido involuntario que saliera de allí.
Escucho algo similar a un sollozo y se acercó rápidamente. Abrió la puerta con un golpecito y mirando de reojo por temor a haberse equivocado. Pero no. Asuna estaba ahí sentada en el suelo, con sus ojos cerrados y la respiración laboriosa. Su rostro estaba blanco como un papel.
—¿Asuna?
Ella abrió los ojos unos segundos antes de inclinarse velozmente hacia la taza del sanitario y vaciar todo lo que había en su estómago.
Kazuto sujetó su cabello hacia atrás, y le dio suaves masajes en la espalda para apaciguarle. Escuchaba sus jadeos y supo que su garganta le dolería al día siguiente por el esfuerzo que hacía al sacar el vómito por su boca.
Era un acto repulsivo, pero él solo sentía pena, y una ternura extraña al verla tan desprotegida y vulnerable.
La falda se le había subido con la acción por lo que él se la acomodó, y colocó su chaqueta sobre ella la cual siendo larga la cubrió hasta mitad de los muslos.
—¿Puedes ponerte de pie? —le preguntó con suavidad.
Estaba tan frágil y vulnerable que la respuesta la tuvo por sí sola, tuvo que ayudarla. La sujetó de la cintura y a paso suave la llevó hasta la hilera de lavabos, presionó la llave de agua y ésta corrió algunos segundos antes de meter la mano y lavarle la cara como si fuera una niña pequeña.
—Gracias Kazuto-nii…—murmuró la joven con voz cansina. Luego sujetó sus dedos y agregó tratando de sonreír —No es necesario, aún tengo algo de dignidad…
La dejó ahí y extrajo varias toallas de papel desechable, cuando volvió ella se había lavado la cara y se había recompuesto el cabello. A pesar de que estaba pálida, sus mejillas tenían un leve tinte de color.
—¿Qué bebiste? —le preguntó entregándole las toallas.
Ella se secó la cara y las manos —No quieres saberlo…—se giró para tirar aquello en la basura, pero sus pies no respondieron como debiera y se tropezó.
Kazuto la sujetó firme contra su cuerpo —¿No te sientes bien?
—Creo que… todavía estoy algo mareada…—musitó con una risita —No puedo ir a casa así… onii-chan me mataría…—razonó, pero se alejó del calor del joven —Llamaré a…
—Vienes conmigo— concluyó Kazuto. Alejó a la chica unos centímetros y la vistió con su chaqueta apropiadamente.
Sintió el roce de unos pequeños dedos en su mejilla, Asuna le sonreía y él reconoció a la niña de antes tanto en ese gesto como en la caricia que le dirigía —Gracias.
—¿Puedes caminar?
Ella contestó su pregunta dando algunos pasos tomada de su brazo. Abrieron la puerta notando los rostros molestos y fastidiosos de varias mujeres que esperaban entrar.
—¿Qué tanto miran? — murmuró Asuna con indiferencia, y se sujetó del brazo del joven. Salieron por el pasillo —¿Cómo me encontraste?
—Llámalo sexto sentido…
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Salieron del complejo y montaron en la motocicleta a insistencia de ella. Condujeron con calma a baja velocidad por temor a que la joven se cayera del vehículo o algo semejante. Cada tanto se cercioraba de que Asuna se hallara bien sujeta de su cintura. Lo cual así era.
Llegaron a destino y Kazuto la llevó a su habitación dándole libertad de que hiciera lo que quisiera, mientras él deambulaba por la cocina para prepararle algo liviano.
—¿Kou se tragó el cuento? —él entró media hora después a la habitación con una taza de té y unos analgésicos, pero se detuvo en el umbral al ver a la muchacha dormida hecha un ovillo en la cama.
Se había duchado por sugerencia suya, vestía unos pantalones de deporte y una camiseta que le pertenecían a su hermana pequeña. También le había aconsejado que cuando se sintiera más relajada le llamara a Koichirou para que éste se tranquilizara. Y al parecer así había hecho a juzgar por el móvil que descansaba a su lado en el colchón.
—¿Qué voy a hacer contigo?
Dejó la bandeja del té en la mesa de noche, y extendiendo la manta tapó el cuerpo de la chica. Luego apagó la luz, y salió cerrando la puerta tras de sí.
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'Gracias por ser un buen amigo, Kazuto-nii. Muchas gracias por cuidarme y salvarme de onii-chan. Tkm xoxoxo.'
Kazuto sonrió ante el mensaje que acababa de llegarle a su móvil.
'¿Estas castigada?'
'¿Castigada en mi cumpleaños? ¿Qué no sería eso muy cruel de su parte?'
El joven rió ante su comentario, volvió a teclear sobre la pantalla: 'No vuelves a hacer algo semejante ¿verdad?'
'Lo prometo, seré buena niña. ¿Entonces vienes a mi fiesta de cumpleaños? Puedes traer a Shino-san…'
'Por supuesto no pienso perdérmelo'
'Entonces será hasta ese momento. Gracias por todo Kazuto-nii…'
El joven leyó ese mensaje y no pudo evitar sonreír tristemente.
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El treinta de septiembre llegó y pasó sin pena ni gloria.
Por algún motivo extraño, o quizás por los sentimientos encontrados que esa fecha en especial le traía, o simplemente el deseo de olvidarse por un día que ella existía, Kazuto no apareció por la casa Yuuki.
Como Shino y él tenían planes de mudarse juntos, ambos salieron a ver apartamentos durante todo el día. Aprovechando el clima cálido y agradable de la tarde, luego fueron a cenar, y Kazuto se olvidó por entero del cumpleaños de Asuna.
Fue completamente adrede.
A pesar de todo, de haberse propuesto alejarse de esa niña problemática, y de olvidar todo lo referente a ella, no fue suficiente. El sabor de sus besos parecía estar grabado en su subconsciente. Y luego del incidente en su graduación cayó en cuenta de cierto detalle que siempre estuvo presente ante sus ojos. Y que él negó a conciencia.
Ella le gustaba.
Le gustaba no solo como amigo, sino como una potencial presa a conquistar.
Esa noche y para evitar que por un momento de flaqueza fuera a casa de la cumpleañera, a quien no quería ver, invitó a su novia a dormir con él.
Y todo hubiera sido genial, si cuando abrazó a Shino contra su pecho se hubiera permitido disfrutar de aquel momento con calma y serenidad.
Pero en lugar de eso, la zozobra de haber hecho algo malo, esa sensación de culpa, fue tan potente que apenas pudo dormir.
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—Ehhh, Kazu… escuché de una nueva discoteque exclusiva que hay en las afueras de la ciudad…
Kazuto arqueó una ceja en dirección a su amigo y compañero de cátedra el cual había hablado.
—No me interesan esas cosas.
—Oh, vamos será divertido. Además cité a una chica en ese lugar, y no quiero quedar como un completo desesperado si voy solo…—el muchacha que hablaba era bien parecido, caballo castaño oscuro, ojos verdes.
—En verdad no suelo concurrir a esos antros, Keita.
—¡No seas aguafiestas! Será solo un momento.
Kazuto miró a su amigo con pesar. Habían pasado tres días desde el cumpleaños de Asuna. Él aún no había ido a verla. Y considerando su mal humor, y esa negación a todo cuanto se refiriera a ella, su estado de ánimo no iba a mejorar pronto.
—Está bien, iré. Pero solo un rato ¿de acuerdo?
La respuesta de Keita fue tan fervorosa que el pelinegro no pudo hacer más que reír con aire vencido.
Esa noche y mientras se vestía casual, de negro como siempre, se preguntaba por enésima como se había dejado convencer para hacer algo semejante. Él no era de esos jóvenes actuales y adictos a la vida nocturna. Sí era un bebedor social pero solo cuando se encontraba con sus amigos. No frecuentaba discotecas ni esos lugares de moda tan comunes entre la gente de su edad. Tal vez prefería quedarse en casa viendo una película, o jugando algún videojuego.
Ni que se diga, Koichirou era igual a él.
El lugar se llamaba Heaven y estaba repleto de adolescentes y jóvenes. La música era tan estruendosa que parecía sumirlo en una especie de letargo, el cual se acrecentaba por las luces de colores y el humo que flotaba en el ambiente.
Había tal cantidad de gente que apenas se podía caminar por la pista. Muchachas con prendas ligeras y provocativas, jóvenes con el torso desnudo. Y el alcohol que fluía libremente, de mano en mano entre todos los concurrentes.
—¡Deberíamos ir por unos tragos primero…! —gritó su acompañante haciéndole señas de que cambiaran de rumbo para buscar al barman.
Kazuto asintió por inercia, pensando que debió traer a Shino consigo. Su novia si bien era similar a él en cuanto a ese tipo de divertimentos, sin duda hubiera sido una mejor compañía que su atolondrado amigo.
Mientras esperaba a un costado que Keita solicitara los tragos, tomó su móvil para pedirle a Shino que fuera a reunirse con él. Estaba redactando el mensaje cuando un codazo malintencionado lo sacó de balance.
—¡Mira eso! —le gritó el muchacho castaño en el oído.
Kazuto alzó la vista preguntándose qué sería lo que tanto le llamara la atención dentro de una pista dónde bailaban más de cien personas.
—¡Eso si es sexy!
Y entonces sus ojos se abrieron pasmados ante lo que descubrió, y que su amigo no cesaba de mirar. Metros más adelante, había un grupo de tres chicas que bailaban entre sí. Era justamente la pelirroja del medio la que atraía la atención, con su cabello suelto, su short diminuto color negro, y la blusa roja translucida que delineaba su brasier…
Pero era la forma sensual con la que se movía, sus piernas y brazos que seguían un ritmo sugestivo, lo que hizo que lo mantuviera clavado al lugar con la boca abierta y boqueando como un pez.
Su baile no pasaba desapercibido para los hombres a su alrededor. Pero ella parecía estar divirtiéndose mucho con sus amigas como para notarlo.
—Oye Kazu, ¿que haces? —la voz de su amigo se perdió mientras él sin pensarlo demasiado se encaminaba hacia ella, ignorándole por competo..
Sorteó varias parejas, y se ubicó detrás copiando sus movimientos. Definitivamente no era bueno moviéndose, pero deseaba apaciguar un poco la atención que se cernía sobre ella. Con sutileza ubicó una mano en su cintura, y le rozó el oído con los labios.
—Asuna…
Al oírle claramente y reconociendo su voz, y su tacto, la nombrada se permitió irse hacia atrás hasta que su cuerpo entró en contacto con el suyo. Su trasero le rozó la cadera y enseguida el agarre en su cintura se hizo más profundo. Ella lo miró por encima de su hombro y siguió moviéndose lentamente.
Sus amigas al verla con una pareja ocasional, rápidamente se esfumaron entre el resto de las personas, dejándoles a solas.
La cabeza de Asuna le llegaba a la barbilla, y su perfume a violetas o lo que fuera se desplegaba en el aire cada vez que ella se movía provocándole. Kazuto usó su mano libre para tomarla de la cadera y apegarla aún más, la espalda de la muchacha se unió a su pecho y él respiró contra su cuello.
Asuna entrelazó los dedos con los de él, su blusa era suelta y corta por lo que Kazuto estaba tocándole el estómago.
—Desconocía que supieras bailar…—le dijo en un susurro y por la cercanía extraña que ahora compartían sus rostros pudo entenderle correctamente.
—Tampoco sabía…—le respondió mirando sus labios pintados de rojo. Llevaba maquillaje y pestañas postizas. Con esa apariencia tan desinhibida realmente parecía mayor, de su edad o más.
Asuna le tomó el cuello al inclinarse hacia atrás, y cuando él iba a detenerla, los labios de ambos colisionaron por inercia. Al principio pareció solo un simple roce accidental, pero conforme la sensación estallaba en sus mentes, se convirtió en un beso real que escaló de suave a vehemente en cuestión de segundos.
La fricción de su cadera, y de tocar su piel tibia estaba tentándole dolorosamente. La sujetó de la cintura para mantenerla ahí, pegada a su cuerpo mientras le comía la boca con desesperación. Consciente y a la vez no de lo que estaba haciendo.
Finalmente Asuna se giró entre sus brazos y se permitió abrazarlo, metió su pierna entre las de él y volvió a propiciar ese contacto íntimo que era una delicia, pero a la vez una tortura para el pobre muchacho.
A estas alturas habían dejado de simular que estaban bailando y se besaban desvergonzados en el medio de la pista llena de jóvenes que poca y nula atención le prestaban.
—Asuna… Asuna…—la sujetó de las mejillas bajando la presión de sus besos para verla, pero sin alejarse por completo —¿Qué has hecho conmigo que no puedo dejar de pensar en ti…?
Como respuesta ella volvió a besarlo ardorosa, delineado sus labios con la lengua, pegando su torso y su cadera con la de él, sintiendo la respuesta de las manos masculinas que se paseaban por su cintura y la parte baja de su espalda y la hacía estremecer.
Advirtió los traviesos dedos que se asomaron apenas bajo la cintura de su short en una caricia, provocándole una reacción que se reflejó en un suave movimiento de cadera que lo hizo gruñir contra sus labios.
Asuna se separó un poco, sus mejillas estaban ruborizadas, y sus ojos brillantes. Lo miró fijamente sin pestañear.
—Busquemos un lugar más íntimo…
Continuará…
Nota:
Aish… no sé porque no puedo cumplir lo que prometo, dije que este sería el final, pero ¡sorpresa! La musa quiere seguir uno o dos caps más aparte de este, y así será.
Ok, que onda que estos dos han salido tan ooc? (fuera de carácter) etto… quise experimentar un poco poniendo a Asuna como una adolescente alocada y rebelde jajaja… creo que se me fue la mano, y he creado un monstruo! Jajaja muchos de los hechos aquí narrados me han tocado en carne propia, y me han parecido divertido narrarlos, creo/espero no estar tan desacertada.
Dudas, opiniones? Dímelas en un review.
La semana que viene actualizaré Galbi.
Red riding Hood y This place is painted Blood quedan momentáneamente en HIATUS.
Sumi Chan~
