Mantuvimos los ojos cerrados por unos segundos, hasta que la voz de Nico nos hizo reaccionar.
-Ya llegamos-
Ambos los abrimos y estábamos de pie en la orilla correcta del estigio, lo que era algo bueno, ya que al parecer el hijo de hades nos explicó que no era capaz de controlar bien el poder de ese objeto mágico, incluso nos confesó que ayer la uso para querer transportarse a los campos de castigo a ordenar las cosas, y termino adentro del tártaro, quería preguntarle como lucía pero por su expresión trastornada preferí no saberlo.
Y ahí estaba la línea EZ MUERTOS, las almas se agolpaban en la entrada y el guardia parecía estar bajo muchísimo estrés, Cerbero no estaba, su puesto estaba vacío, vi a una furia volar rápidamente por encima de nosotros, al parecer volviendo de explorar el lado sur del inframundo.
-Aún me pregunto quién podría llevarse a semejante bestia- pregunté.
Annabeth se arrodillo al lado de la Srta O'Leary quien se acostado de un lado con la panza arriba como pidiendo que se la rascaran, cosa que ella hizo.
-Y como nos puede ayudar la Srta. O'Leary a encontrar a Cerbero- dije mientras veía a mi perra pataleaba con su garra derecha raspando el suelo de roca y chispeando al rojo vivo.
Nico puso los ojos en blanco y me miró.
-Todavía no lo deduces?!- me pregunto.
Yo lo veía confundido.
Annabeth se puso de pie mientras se acercaba a los dos.
-Por eso sostengo mi teoría de que este chico tiene un manojo de algas marinas la cabeza-
Me molesto un poco el comentario, pero luego mi enojo desapareció cuando se acercó y me dio un pequeño beso en la mejilla, Nico sonreía picaronamente.
-Ejem… podemos continuar- le sugerí.
-Claro- respondió todavía con esa sonrisa.
Entonces el hijo de Hades saco un trozo de cuero negro desgarrado de su ropa.
-Y eso?!- pregunté.
-Es un trozo de su collar-
Cerbero tenía un collar?! Me preguntaba, Nico me explico que era negro como él, así que era por eso que no se lo reconocía a simple vista, fue lo único que quedo del perro cuando desapareció, luego señalo a la Srta. O'Leary.
-Tu perra es progenie de Cerbero- aclaró. –Ella podrá seguir el olor y encontrarlo-
-Vaya, que listo eres- dijo Annabeth.
La Señorita O'Leary se acercó y comenzó a olfatear el trozo de cuero, de pronto alzó la vista comenzó a ver en todas las direcciones como si buscara identificar el rastro del olor, finalmente señalo con la cabeza una dirección al oeste.
De inmediato echo a correr.
-Vamos!- dijo él.
Y juntos nos adentramos en el Inframundo… de nuevo.
Seguimos a mi perra, La Srta. O'Leary por un buen trecho por fuera de los muros de erebo hasta que pronto a la distancia visualizamos a una grieta en el mismo, era grande, como si un camión hubiera impactado contra el, La Srta. O'Leary se detuvo a unos 5 metros y olisqueo el aire, de repente vimos a un par de almas atravesar el agujero, se colocaron de un salto casi frente a nosotros a la distancia, Nico pareció reconocerlos porque alzo su espada en alto y dijo.
-Deténganse-
Las almas lucían blancas y transparentes vistiendo algo parecido a un mono de prisión todo sucio y andrajoso.
-Esas son almas de los campos de castigo- dijo Annabeth.
-Debemos detenerlas- aseveró Nico.
Las perseguimos y ellas se pusieron a correr más arriba siguiendo la orilla del estigio, eran rápidas, apenas podíamos seguirles el paso, nos mantuvieron andando un par de metros más hasta que vimos más a lo lejos una especie de barca hecha con pequeños restos de una rara madera negra, en sí parecía que aquel trozo de madera flotante no pudiera resistir el peso de nadie, pero al tratarse sus ocupantes de espectros ligeros eso no sería problema.
-Tratan de escapar- dije.
-Alto!- volvió a gritar Nico.
Las dos almas que perseguíamos, las cuales parecían tener apariencia masculina... no sé, apretaron el paso… de pronto una de ellas se volteó y saco una pequeña esfera burbujeante naranjonegra y nos la arrojo, cayó frente a nosotros sin mucho escándalo, pero comenzó a soltar algunos vapores y particulares brillantes, como cenizas de una barbacoa, pronto nos ojos comenzaron a lagrimear y tosimos.
-Q-ué cof! Es esto!- pregunté.
-Pol- cof! Polvo de azufre- respondió.
-Como apesta!- decía Annabeth mientras se cubría la nariz y boca.
-Annabeth- Nico la señalo.
-Sí!- asintió como si entendiera lo que trataba de decir.
A lo lejos finalmente los muertos llegaron a su improvisado bote, el primero subió cuando volteó para ayudar a su compañero nos vio y puso una cara de sorpresa, seguramente preguntándose a donde se había ido la chica, pero no tuvo tiempo de reaccionar pues su amigo fue jalado hacia la orilla con fuerza por una fuerza invisible, la otra alma le dio un puntapié a la orilla y se separo de ella salpicando con su bote un poco del agua negra sobre la orilla.
-Annabeth, Cuidado!- le advertí a gritos sabiendo que el más mínimo contacto con el agua del estigio podría ser fatal.
La barca se alejó y su ocupante victorioso comenzó a apretar sus transparentes puños en una actitud desafiante, Finalmente me quité ese polvo pica-pica volcánico y corrí hacia el sitio donde yacía la otra alma apresada.
-Logré atrapar a este, pero el otro- dijo Annabeth todavía invisible sujetando al alma que forcejeó un rato con ella y en eso hizo que se le cayera su gorra volviéndola visible de nuevo.
Nico nos alcanzo por fin y entre gruñidos vio como el alma se alejaba.
-Percy!- me exclamo, entonces me acorde.
Pude ver a lo lejos del estigio como el alma nos enseñaba el dedo cuando ya creía por fin llegar a la otra orilla, de pronto su expresión pedante se volvió confusa al ver que su bote no se movía, comenzó a examinarlo desde todas partes y no entendía porque no avanzaba, tenía los brazos extendidos hacia él inmovilizando el flujo de la corriente y un tirón en mi estomago, maldijo algo en un griego muy antiguo que no pude entender, salvo la parte que se refería a mí como hijo de Poseidón.
Controlando la corriente del estigio finalmente comencé a atraerlo a nuestra orilla, una erupción de fuego volcánico estalló detrás de nosotros desde el otro lado de los muros de erebo, los ojos del condenado casi se desorbitaron como si recordara el castigo al que tendría que volver, entonces se acercó al borde de su bote y vio el agua negra revelandonos sus intenciones.
-Oye, espera… no lo hagas!- le gritó Nico.
Nos vio con una expresion desencajada fantasmal que claramente reflejaban la desesperación en su estado puro y finalmente salto, todos volcamos la vista para no ver como se desintegraba en el rio estigio. Me pregunto qué clase de castigo habría estado sufriendo, después de aquella desagradable escena nos centramos en el otro que quedaba, la Srta. O'Leary no dejaba de gruñirle provocando aún más pavor en él.
-Devolvamos de una vez y sigam…-
-Espera- Interrumpió Nico a Annabeth.
Entonces saco su espada de acero negro y la coloco en su cuello translucido.
-¡¿Quién entro por ahí?!- le preguntó con rudeza.
El condenado permaneció callado tratando de parecer duro, pero Nico acercó aún más el filo a su cuello translucido.
-Habla ahora, o te arrojaré al rio como a tu amigo- volvió a decir, tenía una cara como la de un psicopatá.
El condenado ahora sí que estaba aterrado, finalmente habló… Su lenguaje, al igual que su amigo, era el de un griego muy antiguo, tanto que incluso Annabeth tuvo problemas para traducirlo, pero Nico quien comprendía el lenguaje de los muertos, no importa que lengua hablaran, nos los tradujo.
-Dice que era un hombre blanco, de cabello castaño, y…- sus ojos se entornaron. -…una Lira- terminó.
-Lira?!- balbuceamos.
-Parece que no sabe nada más- añadió.
De pronto junto ambas manos y se arrodilló delante de Nico, suplicándole en griego antiguo.
-¡Olvídalo!- le gritó. –Volverás a tu castigo- sentenció.
La alma comenzó a llorar de una forma que te desgarraba el corazón.
Más tarde, después de dejarlo, Annabeth me contó que lo que le había dicho era que si por favor podría trasladarlo a los asfódelos, obviamente Nico se negó ya que tendría que dar explicaciones a su padre luego ella, bajo mi propio riesgo, me contó el castigo que le oyó decir que sufría y admito que tuve que contener las ganas de vomitar, por un momento sentí lástima por él pero luego recordé que yacía en los campos de castigo por una razón.
Me pregunto qué clase de crimen habrá cometido.
-Hombre blanco, cabello castaño, y una Lira- balbucee tratando de juntar las partes.
Nico levanto su espada con la llave gris y la clavó en el muro abierto, pronto mágicamente la abertura comenzó a cerrarse como si fuera una herida abierta y después de unos segundos el muro estaba intacto de nuevo.
De pronto la Srta. O'Leary se dio vuelta y comenzó a correr hacia el sur, en dirección contraria a los campos de castigo, así que volvimos por donde vinimos y pronto volvimos pasar junto a la entrada de la línea Ez Muertos y avanzamos más al Sur, hacía los campos de Asfódelo, pronto a un par de kilómetros otra enorme grieta abierta similar a la primera en el muro, por suerte no hallamos a ningún alma tratando de escapar, cuando asomamos las cabezas, a lo lejos vislumbramos a las sombras deambulando de aquí a allá, y supuse que era cuestión de tiempo antes de que se dieran cuenta de que podian escapar.
-Nico, debemos cerrar la a…- decía Annabeth pero luego se volteó y se percató de que Nico di Angelo estaba sentado y totalmente exhausto.
Su rostro estaba pálido y perlado de sudor, seguramente manejar aquel poderoso objeto mágico era tan fácil como invocar muertos a la batalla, tome la taza de néctar de Annabeth y le dí un poco, pronto volvió a recuperar su energía, pero comenzaba a sentir un poco de fiebre.
-Debes ahorrar tu energía- le dije.
-Lo sé…- admitió. –Peró…- balbuceo mientras veía de nuevo su espada con la llave, como si esa fuera la respuesta a su problema.
-Ahora nos tienes aquí ayudándote- le explico Annabeth. –No cargues con todo tu solo- Después de una pausa asintió.
-Creo que tengo una idea de quién puede ser al que buscamos- asintió.
Mantuve mi mirada en él.
-Hombre blanco, cabello castaño, y una lira- cabeceaba, y entonces sus ojos se iluminaron. –Te refieres a…- se dirigió a Nico.
Él asintió.
Por más esfuerzo que pusiera en mi cerebro no lograba juntar las partes, entonces Annabeth me puso sus ojos en blanco.
-Vamos Sesos de Algas- me reto. –Ya debes saberlo-
Me di unos cuantos golpecitos a la cabeza… Hombre blanco, Lira, Hombre blanco, Lira… Hombre blanco, Lira y Cerbero.
-Orfeo?!- finalmente dije. –Te refieres al mismo Orfeo que bajo a buscar a su novia Eurídice-
Ambos asintieron.
-Recuerda que en el mito, Orfeo pudo domar solo a Cerbero, sino a casi todas las criaturas del Inframundo- explico ella.
-Incluso a mis padres- añadió Nico. –Por eso pudo convencerlo de dejarles sacar el alma de su amor-
Cuando me viene el nombre Orfeo a la mente, pienso en un hombre bello y sensible que toca un instrumento armonioso, que podría hacer un sujeto así robándose a una bestia como cerbero, pero era nuestra única posibilidad real ahora, y si la señorita O'Leary se encuentra corriendo de un lugar a otro, significa que debe estar en movimiento.
-Así que finalmente lo dedujeron- oímos decir a una voz.
De pronto del suelo comenzó a crecer vides de madre selva y demás raíces arbóreas que formaron un trono en donde apareció como un haz de luz una mujer blanca de pelo negro con un vestido blanco que constantemente cambiaba de color.
-Perséfone- Mascullé.
-Madre…- murmuró Nico.
-Hola hijo- dijo casi en tono burlón. –Cómo va la caza?!.
-No sé de qué hablas?!- respondió con rudeza su hijastro.
-Creíste que podías ocultármelo- añadió.
Él solo farfulló.
Annabeth no dejaba de ver a la diosa, lucía tan distinta de aquella vez que apareció para ayudarnos en Manhattan, en el Empire State, a convertir a los monstruos de Cronos en Maiz, trigo y demas cereales para un desayuno nutritivo.
-Te ves…-
-Distinta?!- completo ella la frase. –Imagina como lucirías tú si vivieras la mitad del año bajo tierra-
Mire a Perséfone y luego a la llave que Nico llevaba en su espada, no había olvidado lo que me hizo pasar durante la navidad hace dos años, ahora por mi culpa Hades poseía una nueva arma.
-Qué quieres?!-
-Solo vine a ver cómo va la búsqueda de nuestro guardián-
-Ya te dije que no se perdió…- aseveró Nico. –Solo se fue a dar un paseo-
Ella se rió a carcajadas.
-Ya veremos que dice tu padre cuando regresé-
-Acaso le has…- balbuceaba él con temor.
-Todavía no- respondió sacándole un suspiro de alivio. –Pero cuando las cosas se te vayan de las manos, será el primero en saberlo-
Me preguntaba, si Hades es el señor todopoderoso del Inframundo, quizá ya debería haberse dado cuenta del caos en su reino, pero supongo que debe estar entreteniéndose en el Olimpo, aún le quedaban unas 18 horas más antes de tener que regresar, podía sentir la preocupación y presión en la espalda de Nico.
-Oye, espera un momento- le dijo Annabeth. –Qué puedes contarnos de Orfeo-
Los ojos de la diosa de la agricultura casi se salen de sus cuencas al oír aquel nombre, guardo silencio por un momento y luego habló.
-Ese pobre mortal…- balbuceó cambiando su voz a un tono más piadoso. -Debió hacerme caso cuando le dije que no mirara atrás-
-Pese a lo que dice la leyenda, este todavía vaga por las orillas del Estigio verdad?!- continúo Annabeth. –Sabes alguna pista de su paradero-
La miro con disgusto, y luego desapareció en una nube de polen.
-Supongo que eso significa que no?!- añadió.
Ella masculló.
-Veo que todo depende de ti, chica- le dije a mi perra acariciándole su barriga.
Obedeciendo mi orden volvió a centrarse en el olor y nos llevo adentro de los campos de asfódelo, corrimos un par de minutos hasta que llegamos las cuevas que daban inicio a la parte del tártaro.
Nos detuvimos en seco, ver la cueva que marca la entrada nos trajo un montón de malos recuerdos, Annabeth cabeceo un rato y yo trataba de desviar la mirada, como si la misma alma de Cronos estuviera viéndome de frente.
-Creo que no vamos a encontrar nada ahí- señalo Nico dándome un suspiro de alivio.
La Señorita O'Leary gruño un rato a la cueva y luego se volvió de vuelta por donde vinimos.
Anduvimos por una hora corriendo de aquí a allá y al cabo de un rato supimos que esto no nos llevaría a ningún lado, seguíamos sin dar con una locación exacta de la fuente del olor, u Orfeo y cerbero se habían vuelto invisibles y se paseaban por el inframundo, o algo extraño estaba pasando.
-Creo que no tengo opción- dijo Nico.
-A qué te refieres?!- le preguntó.
-Necesitamos algo de información-
-Y a quien se la pedimos- pregunto Annabeth.
Nos llevo a los dos a una colina alta desde donde se podía ver toda la llanura de Asfódelos, frente a nosotros estaba una roca con extraña forma, parecida a una figura humana rezando.
-Annabeth… Cuánto néctar te queda?!- le preguntó.
Ella vio su vaso con preocupación.
-Solo la mitad-
Gruño, como si esperara que hubiera más.
-Tendrá que bastarme-
-Espera, que vas a hacer?!- le preguntó.
Luego nos explico, que en el mito, el alma de Eurídice desapareció luego de que Orfeo decidiera mirar atrás justo antes de salir, pero las almas no desaparecen así nada más.
-Quieres decir que su alma todavía sigue aquí?!- le pregunto incrédulo.
Él asintió. –Pero en otra forma-
Luego vio la extraña roca que mencioné.
La miramos por un segundo… y entonces no pude creerlo, observe a un costado y Nico me dijo de que la senda empedrada que estaba a nuestro lado y que ascendía hacia arriba era la entrada que Orfeo había usado para regresar al mundo real, luego volví a verlo ahora estaba de pie frente a la extraña roca, con su espada en alto.
-Esto me va a cansar muchísimo- le decía a Annabeth. –Si no me dan el néctar rápidamente moriré-
-Oye espera, es arriesgado!- le dijo ella.
-¡No tengo opción!-
Rápidamente la llave en la espada comenzó a brillar y a encenderse como un foco de navidad.
-Alma perdida… ¡Despierta!- ordenó.
Y la clavó en la roca.
De repente esta comenzó a bañarse en una luz blanca la cual escurrió por los suelos y se colocó enfrente de nosotros, el agua luminosa comenzó a alzarse como si fuera un pilar fosforecente y luego a cobro una forma humana, con algo que parecía ser un vestido de seda amarillento y una piel blanquecina, finalmente tomo forma su rostro y vimos a una hermosa mujer de cabellos dorados y ojos azules y labios rosados.
-Eurídice- dijo Annabeth.
Nos vio con unos ojos en pena que la desorientaron un poco.
-¡ANNABETH!- le grité señalando a Nico detrás de la fantasma.
Nico di Ángelo estaba tendido en el suelo, todo flácido y blanco como el papel, parecía no respirar.
Rápidamente corrió con su vaso de néctar y le dio de beber como podía sin desperdiciar las gotas que escurrían de su boca con el borde de su taza.
-Quienes son ustedes?!-me preguntó con una voz fantasmal.
Su voz parecía ser tierna pero a la vez melancólica.
-Somo… somos semidioses- le dije. –Queremos preguntarte algo-
Sus ojos parecían centrados en los míos, como si esperara que fuera otra persona en particular quien le hablará.
-¡¿Quieren preguntarme sobre mi Orfeo?!-
De inmediato sus blanquecinas mejillas se ruborizaron, se llevó una de sus blancas manos a ellas y murmuró algo en griego muy antiguo que hasta donde entendía parecía significar "Mi amor"
-Él ha hecho algo muy malo y debemos…-
-Lo sé- dijo bruscamente interrumpiéndome.
Me sorprendió la sinceridad con la que hablaba, como si esperara contarle a alguien lo que había oído y cuando habló me lo confirmo.
-Ha venido aquí a verme, creyendo que mi alma sigue por aquí-confesó.
Entonces mire la roca que aun parpadeaba, supongo que no se percato de que su novia se convirtió en un pedazo de roca en lugar de desaparecer.
-Si tan solo lo supiera-volvió a decir.
Vi como Nico parecía recuperar su color y balbucearlo algo a Annabeth.
-¡Percy! La magia no va a durar mucho, consigue mas información- me advirtió.
Volví a encararla, esta vez me veía como si me deseara.
-Te pareces un poco a él- me confesó.
-Qué es lo que te dijo?!- le pregunté.
Me explico que le había robado algo al señor de los muertos algo muy importante, seguramente se trataba de cerbero, me dijo que planeaba cambiarlo por su alma, pero aún así no dejaba de pensar… Orfeo era humano, como ha podido sobrevivir durante estos miles de años y justo aquí en el inframundo, de pronto su imagen comenzó a parpadear dándome a entender que no tenía mucho tiempo, le pregunté dónde podía encontrarlo.
-Me dijo que su guarida estaba del otro lado del río negro-
Ese debe ser el río Estigio.
-Pero al mismo tiempo debajo de él-
Debajo del rio Estigio?!
Finalmente comenzó a desvanecerse, y en su último aliento me parecía oírle decir… Sálvalo… por favor!.
Cuando solo quedamos yo y la roca me dirigí hacía Nico, Annabeth había usado casi todo el néctar que le quedaba, toque su frente y en efecto estaba vivo, ardiendo como una barbacoa, pero vivo.
-Q-qué les dijo?!- preguntó con débil voz.
-Que su guardia está del otro lado del Estigio… y al mismo tiempo debajo de él-
-No lo entien…- dijo y luego una acceso de tos le cortó la voz…
Esperamos durante una hora en aquella solitaria roca a que recobrara sus fuerzas, observe mi relog que marcaba las 2 pm, decidimos comer algo ya que desde anoche no habíamos probado bocado alguno y correr de un lado a otro del inframundo sí que te abre el apetito, Annabeth abrió su mochila, pero entre sus cosas y las provisiones divinas para el viaje solo le quedo espacio para el termo con su jugo de naranja, finalmente aproveche el momento para ser útil y saque unas rebanadas de pizza recalentada y unas gaseosas en lata que mi madre empaco. (Si... Soy un bárbaro). Que contrastaban con la comida saludable que mi novia trajo en un principio.
Por suerte le gusto tanto a ella como a Nico, incluso guarde un par de galletas para perro que ahora la Srta O'Leary devoraba con satisfacción, luego nos dirigimos de vuelta a la puerta EZ MUERTOS y nos paramos frente al Estigio.
-Y bien, como lo hacemos?!- pregunto Annabeth. –No veo a Caronte por ningún lado-
Nico gruño.
-Aunque le salve ese idiota dijo que no podía trabajar en estas condiciones- se quejo.
-Así que no va a bajar hasta que todo esté resuelto- añadí.
Recordé todas aquellas almas paradas y esperando en la sala de recepción de estudios DOA, la entrada al inframundo en Los Ángeles… Si podía hacérsele eso a ellas, se lo podía hacer al inframundo entero, supongo que cuando Hades le dé un buen susto recién se dignara de bajar.
-Oye, Percy… será que podrías?!- propuso Annabeth.
Bueno, antes había logrado controlar el río Lete, pero el Estigio era diferente… cuando me sumergí en él además de la quemazón sentí una increíble cantidad de poder circulando por mi cuerpo.
-Lo intentaré-
Me concentré por un rato en el flujo de la corriente, para mí sorpresa era más pesada y dura que la del Lete y no quería responder a mis órdenes al principio, la Srta O'Leary me ladraba animosamente, me concentré con más fuerza y ya podía sentir seguir mi flujo, extendí mis manos al frente para controlarlo, luego haciendo ademan como de levantar algo pesado trate de formar un arco y dejar libre un pasillo para pasar, pero luego de unos minutos de esfuerzos inútiles y horribles tirones en mis tripas lo deje ir.
-Es demasiado fuerte para levantarlo- dije entre jadeos mientras me agarraba la boca del estomago.
-Quizás, si construimos un bote…- propuso.
-Con que madera eh?!- le repuso Nico.
-Esos fantasmas lo hicieron-
Pero luego se dio cuenta de lo estúpido que sonó y volvió a dirigir la mirada al río mientras buscaba pensaba en algo, entonces sus ojos se iluminaron y luego me vió.
-Si no puedes levantarlo en arco, a lo mejor quizás no tengas que hacerlo- me dijo.
-De qué hablas?!- pregunto Nico.
Pero el brillo en sus ojos me hizo darme cuenta a qué se refería, me acerqué de nuevo a la orilla.
-Retrocedan- les advertí.
Ambos me obedecieron, luego extendí mis manos al frente y me concentré, de nuevo sentí el tirón de tripas pero me concentré…
-Si no puedo levantar al río…- pensé mientras extendía mis manos a mis costados -…entonces debía detenerlo-
El río comenzó a convulsionar y burbujear, pronto se separó. el flujo del río se detuvo y logré separarlo en dos porciones laterales, dejando libre un camino seco flanqueado por dos enormes paredes de agua negra.
-Me siento como Moisés- les confesé entre grunidos.
Annabeth se río mientras Nico estaba boquiabierto.
-Separaste al estigio- balbuceó. –Esta es la hazaña más grande que…-
-Oye, podrías cruzar ahora- le sugerí. –Qué esto no es nada fácil-
Ambos descendieron por la orilla seca y caminaron en el lodo a lomos de mi perra, Annabeth lucía bastante tranquila, tal vez porque confiaba que yo la mantendría seca, pero Nico estaba aterrado imaginando tal vez como sería ser bañado por el imponente río, si hubiera tenido más fuerzas habría bromeado un poco con él dejándole caer unas gotas cerca suyo, cuando finalmente cruzaron me gritaron para que avanzara y a paso lento pero seguro comencé a avanzar preguntándome que me pasaría si me bañaba en el Estigio dos veces.
Finalmente llegó a la otra orilla y devolvió al poderoso río a su curso, entre jadeos Annabeth me palmeó la espalda a modo de felicitación.
-Estuviste genial-
Respondí a su cumplido enseñándole mi pulgar.
Caminamos unos cuantos kilómetros siguiendo el rastro, al parecer la nariz mojada de la Srta. O'Leary comenzaba a molestarle el olfato por avanzamos lento, observé mi reloj y vi que ya eran las tres de la tarde, faltaban tres horas para que la reunión del Solsticio de Invierno terminará y entonces Nico estaría en problemas, finalmente llegamos al comienzo de unos acantilados altos y prominentes con un corredor en medio oscuro y tenebroso.
Mi Perra apuntó con su cabeza adentro.
-Genial- mascullé. –Supongo que es por ahí-
De pronto la Srta. O'Leary olisqueo el aire sobre su cabeza y dio la vuelta apuntando con sus fauces a unos acantilados, todos volteamos pero no vimos nada, sin embargo como fui el primero en voltear pude ver un bulto sombrío esconderse de nosotros entre las rocas.
-Será mejor que sigamos- recomendé.
Nos adentros en el oscuro y peligroso desfiladero, avanzando por un camino de arena grisácea, no gris como la que había junto a orillas del rio Estigio, mientras avanzábamos todo comenzaba a ponerse oscuro, como si estuviéramos adentrándonos en una cueva hasta que finalmente nos quedamos a oscuras.
Destape a Riptide y su brillo broncíneo fue la única luz de la cual depender, la alcé en alto como si fuera un tubo de neón para poder ver mejor por donde andábamos, de pronto oímos un siseo a nuestras espaldas.
-Qué fue eso?!- pregunté.
El siseo volvió a hacer eco, y esta vez más cerca.
-Apresuremos el paso- dijo Annabeth.
Comenzamos a caminar más deprisa, pero el siseo continuaba siguiéndonos lo cual era malo, muy malo, pelear contra un monstruo a ciegas definitivamente no era parte de mi lista de cosas que quiero hacer, caminamos más deprisa… hasta que oímos el siseo delante nuestro.
-Demonios- masculló Nico.
Ahora el siseo comenzó a rodearnos, lo que nos decía que era un grupo grande.
-Todos juntos- ordené.
Nos pusimos de espaldas y apuntamos con nuestras armas a la oscuridad mientras esta se reía de nosotros, solo había un camino disponible y era al frente a través del siseo, pero si nos lanzábamos a ciegas podríamos acabar muertos, entonces Annabeth tomó la palabra.
-Chicos, tengo una idea-
Entonces nos mostro por sobre los hombros un tubo pequeño con un tapa circular blanca… una bengala. No podía sentirme más orgulloso de ella.
-Si la prendo podríamos tener una chance- decía. –Pero debemos ser rápidos-
Los dos asentimos.
Las risas oscuras se volvieron siseos y comenzaron a acercarse a nosotros, pronto comencé a ver el brillo de unas garras broncíneas reflejadas por la luz de mi espada, y por los unos colmillos amarillos y una manos famélicas me daba una sospecha de que monstruos podrían tratarse.
-Hagámoslo de una vez- propuse.
Annabeth alisto su mano en la tapa de la bengala…
-Listos- nos dijo. –A la 1, 2…-
Cuando creíamos estar preparados los monstruos gritaron y avanzaron listos para devorarnos.
-3!-
Annabeth destapo la bengala y el brillo encegueció a los monstruos los cuales ahora visibles pude reconocer.
-¡Keres!- Grité.
-Corrán- sugirió Nico.
Embestimos con fuerza a los monstruos que se cruzaron en nuestro camino y corrimos, pronto estábamos corriendo seguidos por una horda voladora de feroces grisaceos y famelicos monstruitos voladores con afilados colmillos y cuernos dorados detrás de nosotros, mientras Annabeth lideraba la carrera con la bengala en alto.
-Veo una luz- dijo.
Adelante nuestro había una salida a unos cuantos metros, uno de los Keres me alcanzó pero lo rebane en dos como pan tostado, por su lado Nico corto a otro Keres que volaba sobre él, finalmente alcanzamos la salida con la poca luz del inframundo volvía a iluminarnos y nos encontramos en lo que parecía una enorme arena circular de rocas, por desgracia era un callejón sin salida.
Annabeth maldijo en griego antiguo al verse que estábamos atrapados, pronto los Keres nos alcanzaron y nos rodearon llenando este pequeño y hacinado espacio, volvimos a juntas nuestras espaldas.
-Estos son… Keres!- balbuceaba ella medio confusa. –Solo los había visto en libros, pero cara a cara-
-No dejes que te toquen…- le advertí a Annabeth.´-Oh tendrás serios problemas-
-Aquí vienen- advirtió Nico.
Finalmente nos atacaron, apreté el cronómetro de mi reloj el cual se volvió escudo y comencé la refriega, cortando, rasgando, evadiendo, bloqueando, y golpeando. Annabeth me sorprendió cuando predijo el ataque de uno de los Keres y tomándolo de las garras se coloco a su espalda y le corto las alas para luego apuñalarlo mientras se revolcaba en el suelo, si que había mejorado bastante con su cuchillo
Mientras que Nico se defendían bastante bien, supongo que practicaba con alguno que otro guerrero muerto de vez en cuando.
Debo admitir, que desde que me sumergí en el Estigio cada vez que estaba por entablar algún combate mi pecho se inflaba con una ansia difícil de explicar, y cuando entraba en batalla me sentía imparable, era tan adictivo como un videojuego, y después de enfrentarme a Cronos y su ejército de monstruos estos apestosos Keres no eran nada, todos los que me atacaron explotaron en nubes de polvo amarillo y pronto me quedo solitario deseando que aparecieran más hasta que me percaté de que mis compañeros no la tenían fácil.
Protegí con mi escudo a Nico antes de que fuera desgarrado por uno de los Keres, y le corté las garras a otro antes de que pudiera tocar a Annabeth, de repente y como si cumplieran mis deseos, más de esos apestosos comenzaron a aparecer.
Así que para responder a su reto, los ataque.
-¡Espera Percy!- me dijo Annabeth.
En un segundo me encontraba rodeado de una nube de Keres con los que peleaba, aunque más que una pelea parecía más bien un exterminio. Y tal vez fue por ello que no me di cuenta de que los Keres comenzaron a ignorarme hasta que oí a Nico gritar.
-Percy!-
Volví la mirada hacia él, estaba de rodillas junto a Annabeth quién yacía también de rodillas agarrándose su costado derecho y a uno de los Keres volando sobre ella con su garra derecha manchada de rojo.
-¡Maldición!-
Con un rápido giro de mi espada acabe con todo los monstruos que me distraían y me reuní con ellos justo a tiempo antes de que Nico fuera rebasado por ellos, después de protegerlo con mi escudo y luego de ver a Annabeth mi emoción se transformó en Ira y luego de un grito rebané sin piedad toda criatura no humana que estuviera frente a mí hasta que finalmente huyeron despavoridos, sentía enormes ganas de ir tras ellos a terminar de darles su merecido pero tuve que pensar en mis amigos.
Me acerqué a Annabeth quien trataba de ponerse pie mientras de su costado emanaba su sangre manchando su camiseta morada y sus vaqueros, tratando de convencerme de que no era nada.
Tomé de su mochila la ambrosía y se la pase a Nico para que se la diera mientras tomaba un poco de las gasas y desinfectantes que mi madre me dio y comenzaba a limpiar la herida, la cual no lucía demasiado sería pero si era de consideración, finalmente la vende y tomé lo último de néctar que nos quedaba y se la di.
Luego de unos minutos aseguró que se sentía mejor, pero Nico y yo nos miramos sabiendo que no era cierto.
-Qué?!- se quejó.
-El libro que leíste sobre los Keres acaso no mencionaba que son los espíritus de la peste y la enfermedad-
-Oh…-
Pero antes de que tuvieran tiempo de sentirse realmente mal, el pasillo por el que entramos se cerró para nuestro desconcierto y para colmo un enorme hoyo apareció en el centro de la arena donde estábamos y comenzó a expandirse, retrocedimos hasta quedar de espaldas contra el muro, pronto nos quedaríamos sin suelo.
-Esto se ve mal- decía Nico.
-Me las he visto peor- le dije.
-Si, seguro- añadió con Sarcasmo Annabeth.
En menos de dos minutos caímos en la oscuridad. Luego otros cinco minutos de caída libre hacia una muerte aparentemente segura, chocamos con algo blando. (qué buena suerte tengo, no?!)
-Oye, pero que suavecito- decía Nico como un niño después de comprar una cama nueva.
-Es verdad- decía Annabeth mientras pasaba su mano sobre donde había caído. –Pero creo que golpee algo duro- dijo mientras lo palpaba.
-Efa ef fi fafefa-
-Qué cosa?!- murmuro ella.
Entonces se dio cuenta que la cosa dura, era mi cabeza.
-¡Oh! Perdón- dijo mientras levantaba su trasero de mi rostro.
Saqué mi cabeza con la ayuda de mi mano de esa cosa blanda como una almohada y luego me frotaba las sienes como si diera jaqueca, una jaqueca provocada por el trasero de una hija de atenea golpeando mi cabeza.
(El trasero más lindo del campamento... QUE?!) Bien, pudo ser peor.
-Dónde estamos?!- dijo Annabeth.
-No lo sé-
Cuando por fin deje de ver doble, descubrí que estamos en una especie de… sala de estar?! Y la cosa blanda sobre la que caímos era una cama de doble de plaza. A nuestro alrededor había unos cuantos muebles: una mesita de noche, una cómoda con un espejo giratorio, y una maceta con una planta verde.
Me preguntaba qué hacía un sitio como este en el inframundo, parecía la suite de una pareja casada en su luna de miel. Finalmente identificamos lo que parecía ser la puerta de entrada, Nico se acercó y la abrió con cuidado, después de avisarnos que no había moros en la costa nos acercamos y entramos a un pasillo que iba de lado a lado y se bifurcaba al final en cada lado, había antorchas de fuego verde iluminándolo y no parecía haber otras salidas.
La Srta O'Leary ladro intensamente señalándonos algo
-Por dónde?!- pregunté.
Como si estudiara la arquitectura Annabeth dijo que por la derecha, así que seguimos hasta llegar a su respectiva bifurcación y luego fuimos por la derecha también hasta que nos topamos con otra puerta, durante el trayecto ella parecía sentir el dolor de su herida con más fuerza, su rostro comenzaba a lucir cada vez más pálido y .
Al abrirla nos topamos con una sala con alfombrado rojo, había graderías de piedra en círculo alrededor de lo que parecía ser un podio con una silla muy lujosa de cuero rojo, Nico la vio con detenimiento y noto que esa silla era parte del juego de muebles de los aposentos de su madre Perséfone preguntándose cómo había acabado ahí, sentado en ella pudimos notar la presencia de alguien sentado moviendo sus dedos de forma delicada, como si tocara algún instrumento.
De repente Annabeth se llevó la mano a la boca para contener unas nauseas, y vi que su rostro comenzaba a ponerse verde.
-Annabeth!-
La figura oscura se puso de pie y bajo las manos.
-Veo que ella se siente mal- recalcó. –Quizá un poco de música la calmé-
Volvió a levantar su mano derecha y yo empuñe a Riptide pensando que atacaría, pero de pronto comencé a oír una melodía muy dulce que casi me deja hipnotizado, Nico también parecía deleitarse con el sonido, incluso Annabeth se olvido del dolor y levanto la cabeza para apreciar la música, todo parecía volverse ligero y suave a mi alrededor y casi podía ver un brillo multicolor a mi alrededor como una alucinación.
Después de unos minutos, finalmente se detuvo y sentía como si me bajara de una nube.
-Espero que os haya complacido, semidioses…-
El solo escuchar eso me hizo recobrar el sentido para ver a la figura que salía de las sombras de su silla y dio un paso hacía nosotros, un hombre blanco de pelo castaño y con una lira roja en sus manos.
-…por qué será lo último que escucharán- dijo Orfeo.
CONTINUARA…
