Caminaba a paso acelerado por las calles, cuidando que nadie lo viera con aquella "cosa" entre los brazos; realmente le inquietaba que alguien se diera cuenta de lo que estaba haciendo, porque sin duda eso echaría por la borda toda su buena reputación de "señor demonio malvado".

Observó el rostro de la "cosa" que iba cargando, sin duda tenia ganas de darle un golpe y dejarle más idiota de lo que ya estaba, pero se abstuvo de ello, porque si el otro no estaba consciente y en condiciones optimas para gritar de dolor, no le daba gusto.

Continuó andando hasta llegar al palacio de Enma. Ya estando ahí, se sintió más cómodo, y pudo andar normalmente. Los esbirros se encontraban ocupados por la visita del Rey Europeo y Enma.. bueno, el Rey Enma no le importaba en lo absoluto.

Avanzó por los pasillos, quería llegar a su habitación. Aún no estaba seguro de querer meter al Hakutaku en su pieza, pero dado que Beelzebub seguiría estando cerca por el resto del día, sin duda era lo mejor, dejaría a la estúpida bestia encerrada ahí hasta que se le pasara la borrachera.

Un poco antes de llegar a su destino, el Rey Enma apareció por uno de los pasillos, cruzandole por el frente a Hoozuki, éste le llamó y en cuanto el gran hombre le dirigió la mirada, puso una expresión de horror.

Enma se quedó pasmado al ver la escena que tenía enfrente. A ésas alturas de su vida, creía haberlo visto todo, pero definitivamente estaba equivocado. Por un momento creyó estar alucinando, porque sinceramente, cualquiera que viera algo semejante, sin duda pensaría que ha dejado tirada la cordura en alguna parte. Pero, en el momento en que Hoozuki le dirigió la palabra para pedirle permiso de llevar a Hakutaku a su habitación, reconoció que era la pura verdad.. ésa frialdad característica del demonio jamás sería copiada tan perfectamente por su subconsciente. Con el horror aún presente en el rostro y en la voz, Enma dio su permiso. Hoozuki agradeció y se retiró de la presencia del Rey, quién después de perderlos de vista, suspiró pesadamente y se golpeó contra el muro más cercano, intentando provocarse una amnesia que le ayudara a olvidar la imagen de minutos antes.

El hecho de que Hoozuki llevara en brazos a Hakutaku, inconsciente y con la ropa suelta.. sólo podía significar una cosa: habían estado haciendo cosas indebidas! Y el saber sobre ello, perturbaba de sobremanera al gran Rey del Infierno Japones.

Hoozuki sabia lo que el Rey había pensado, pero no se molestó en darle explicaciones. Le urgía llegar a su habitación, sus brazos comenzaban a cansarse.

Al estar frente a su puerta, intentó abrir pero no pudo, tenia ambas manos ocupadas sosteniendo a la bestia; suspiró con fastidio antes de hablarle a Hakutaku para que despertara un poco y le ayudara. Hakutaku apenas pudo escuchar la voz de Hoozuki, no entendió lo que le dijo pero cuando sintió sus pies tocar el suelo, reaccionó y trató de ponerse en pié.

Hoozuki permaneció rodeandole la cintura con su brazo derecho para evitar que cayera al piso y Hakutaku se sostuvo del cuello de su compañero, por supuesto que no sabia quien era, porque curiosamente sus ulceras no habían estallado de nuevo.

Hoozuki pudo sacar sus llaves y abrir la puerta, cargó de nuevo a Hakutaku y lo llevó a la cama. Ya estando cómodo, Hakutaku hizo un esfuerzo para ver a la persona que le estaba atendiendo; en el medio de una ilusión borrosa, distinguió a medias el rostro de Hoozuki. Se sorprendió un poco, pero no lo demostró, pues cayó inconsciente antes de poder siquiera pestañear.

Hoozuki ahora estaba más tranquilo, con la bestia resguardada en esas cuatro paredes, podía irse a cumplir con los deberes que le hacían falta. Antes de irse, intentó ponerle la ropa suelta a Hakutaku. Con el cuerpo relajado se hacia más pesado, por lo que tuvo dificultades para cargarle de nuevo; sin embargo, lo hizo bien.. pero no hasta el final, pues sucedió algo que le dejó un enigma grabado en la consciencia.

La bestia mística habló en sueños.

-"Hoozu-chan"- le llamó.

A Hoozuki le resonó el apodo en los oídos, tenia la sensación de haberlo oído antes, pero realmente no tenia ni idea de donde lo había escuchado. Sintió una punzada en la cabeza. De la nada, la imagen de un chico blanco con cuernos, le vino a la mente y fijó su vista en Hakutaku.

Por alguna razón, el rostro de la bestia durmiente, le causó un inexplicable sentimiento de nostalgia.