Bueno, muchas gracias a todos por sus reviews y espero disfruten el segundo capitulo, por falta de tiempo no he podido constestar los reviews pero en cuanto tenga un poquito de espacio me encargare de hacerlo. Saludos y disfruten el capitulo.
Capitulo 2
Ahí estaba Bertholdt Fubar, el chico de Universidad al que había conocido apenas una hora antes, me defendía sujetando con fuerza la muñeca de mi agresor impidiendo que este soltara su ira contra mí.
-Tres… -comenzó a contar y pude ver como los músculos de su brazo se tensaban haciendo más presión en el agarre -Dos… -pude ver el gesto de dolor en el rostro de mi acosador pero no me soltó, al contrario apretó más fuerte acercándome más a él buscando golpearme con su mano libre- Uno.. - y dicho esto soltó un puñetazo tan duro que pude escuchar como su mandíbula tronaba y su cuerpo salió disparado a un metro de mi haciendo que cayera de sentón. Le observe sorprendido, su ceño fruncido y esa mirada de molestia, la tensión en su rostro podía notarse. Al percatarse que lo observaba suspiro destensando su rostro y me sonrió para extender su mano y ayudarme a levanta –¿Estas bien?- pregunto sonriéndome mientras me levantaba y soltando su mano me sacudí-
-Sí, gracias por eso- susurre y el revolvió mis cabellos.
-Te acompañare a tu clase- me tomo en un abrazo amistoso por los hombros y camino a mi lado. –¿A qué horas sales de aquí?- pregunto y rápidamente sacudí mis manos.
-No es necesario que… -fui interrumpido por su risa y volvió a revolver mis cabellos.
-No te estoy pidiendo permiso, no quiero que ese tipo busque represarías, que de seguro lo hará, así que si no quieres venir mañana en silla de ruedas me dejaras acompañarte- me sonrió dejándome frente a mi salón y asentí tímidamente. –¿Entonces?- volvió a insistir.
-A la una, esa es mi hora de salida... –susurre bajando la mirada pues me daba vergüenza sentirme tan débil, pero el rio melodiosamente y restregó su puño contra mi cabeza de manera juguetona y se despidió de mi esperando de pie hasta que entre al salón.
Las risas de mis compañeros se comenzaron a hacer presente desde que puse un pie dentro, por lo que supuse que me tenían alguna broma preparada, llegue a mi banco y me senté pesadamente y al instante sentí algo húmedo contra mis pantalones a lo que me alce rápidamente pero no pude levantarme… habían pegado mi trasero en el asiento y al dirigir la mirada a mi alrededor las risas estallaron y todos comenzaron a burlarse de mi…
Las horas pasaron y yo permanecí sentado sin poder moverme. La hora de la salida llego y todos mis compañeros se fueron, sin siquiera dedicarme una mirada, ninguno se compadeció de mí, me dejaron ahí.
Mi única esperanza, para poder lograr salir sin tener que ensenar mi ropa interior, era Bertholdt Fubar.
Pasaban de las tres de la tarde y no había aparecido. Suspire, tendría que ir a casa semidesnudo…
Salí del edificio de preparatoria asegurándome de haber dejado a Armin completamente a salvo, ahora entendía porque esos moretones y el motivo de sus lágrimas. Suspire y camine a mi edificio entrando lentamente, la hora de la comida había terminado hace veinte minutos e iba tarde a mi clase así que me apresure a entrar sigilosamente viendo al profesor dando la clase el cual se dio cuenta de mi presencia.
-Es bueno que haya decidido acompañarnos joven Fubar- A pesar de su estatura el profesor imponía mucho respeto y una simple mirada congelaba el alma.
-No ocurrirá de nuevo- susurre haciendo una reverencia y sentándome junto a mi mejor amigo de toda la vida, Reiner Braunt, un chico fornido y rubio.
-¿Dónde estabas? Te estuve buscando- me susurro despacio para que el profesor no nos escucharan.
-Me encontré con un chico, estaba muy mal y decidí ayudarle- una pequeña sonrisa se escapó de mis labios al recordar a Armin.
-No de nuevo Berth…- me susurro en manera de reprimenda pero antes de que pudiera responderle el borrador del profesor se estampo contra mi frente.
-Señor Fubar, encima de que llega tarde ¿tiene el descaro de interrumpir mi clase?- gruñó de manera molesta congelándome con su mirada.
-Lo siento profesor Rivaille- y así termino nuestra conversación.
Cuando sonó la campana me concentre en levantar mi libro de texto junto a mis demás cosas y salir con la intención de buscar a Armin, pues ya era la una.
-Señor Fubar está castigado- me dijo viéndome fijamente –Dos horas aquí en la universidad, se encara de limpiar este salón y la biblioteca
-Pero…- grave error, jamás debía haber un pero con ese profesor.
-¿Pero? Tal parece que también quiere limpiar el gimnasio, perfecto- y dicho esto se fue.
Suspire cansado, tendría que apurarme y si tenía suerte alcanzaría a Armin.
Pasaron dos horas y apenas termine el trabajo, tome mis cosas y salí disparado al edificio de preparatoria, sabía que sería inútil pues eran las tres de la tarde, pero no quería irme sin asegurarme de que él lo había hecho. Corrí a su salón y abrí la puerta de golpe y lo que vieron mis ojos me sorprendió bastante.
Ahí estaba Armin Arlert sin pantalones y con ese trasero pequeño y redondo parado y de manera sugerente. Inclinado sobre el banco y murmurando algo.
-¿Armin?- Parecía que a pesar de la brusquedad con la que había abierto la puerta no se percató de mi presencia hasta que hable y se sobre salto volteando de inmediato y cubriendo su cuerpo con la camisa sonrojando al instante-
-¿Qué haces aquí?- pregunto sorprendido y luego me lanzo un cuaderno. –¡Voltéate!- grito y después de atrapar el libro hice lo que me pedía.
Yo... bueno vine a buscarte… -susurre algo confundido y de espaldas a él- ¿qué haces en calzoncillos aquí? –pregunte confundido pero sin voltear pues no quería recibir otro libro-
-¿Ya es muy tarde no? Si tenías algo que hacer pudiste habérmelo dicho y me evitabas la pena de quedar como un tonto- su voz sonaba molesta y soltaba pequeños murmullos sobre algo que no entendía bien -Tenia calor, pensé que sería divertido andar por todo el campus en calzoncillos- dijo sarcásticamente y con la voz algo forzada. Después de un par de maldiciones y algunos tirones, soltó un gran suspiro y volvió a hablarme -Me pegaron a la silla, estaba esperándote, pero después de la primera hora supe que no llegarías así que lo único que pude hacer fue cortar mis pantalones, pero no puedo regresar así a casa…- su voz sonaba triste, sabía que sus compañeros eran malvados y que hacían lo posible para ponerlo en ridículo y ahora me sentía un poco culpable pues le había dejado plantado sin ninguna explicación. Sin más me voltee y a pesar de sus quejas me acerque y le sonreí.
-Lo siento Armin Arlert, mi profesor me castigo por llegar tarde a clases y hablar dentro del salón. No tengo tu número, por lo tanto no pude avisarte y no podía dejar mi castigo o el profesor me haría caminar por todo el campus de rodillas- dije en tono de broma pero estaba seguro que el profesor era capaz de eso y más. Logre obtener una sonrisa de Armin ante mi broma pero desapareció en cuanto volteo abajo viéndose aun en calzoncillos.
-Mm.. Tengo mis pantaloncillos de deportes, no están completamente limpios pero no huelen mal, con ellos puedes llegar a casa, supongo que te quedaran lo suficientemente largos para que no te de pena caminar por las calles- sonreí y rebusque entre mi mochila aquellos shorts que usaba solo para deportes. Cuando los encontré le sonreí y se los extendí.
Vi cómo me ofrecía sus pantalones, no entendía como ese chico podía ser tan amable con un completo extraño. Me sentí un poco triste al pensar que tal vez tenia lastima de mí, pero su sonrisa y esa manera tan pura en la que me observaba me hacía dudar de aquello, no había lastima en sus ojos, tampoco ningún interés y mucho menos burla, tal vez solo quería ser mi amigo…
Tome sus pantaloncillos algo tembloroso y me los puse rápidamente murmurando un gracias. Me los acomode bien y cuando quede satisfecho sonreí y me estire para tomar mi mochila, pero su mano rápida la tomo y me sonrió.
-Yo la cargare, creo que los pantalones te quedan algo grandes y si no los sujetas se caerán- me sonrió gentilmente y camino hacia la salida echando una mirada hacia atrás y con un movimiento de cabeza me indico que saliéramos y rápidamente camine para salir del salón.
Caminábamos por la calle en un silencio incomodo, o bueno, realmente no era incomodo, pero tampoco muy agradable, simplemente era un silencio, tan incómodo como los silencios suelen ser.
Cuando doblamos la esquina pude ver la casa de mi abuelo y solté un suspiro bastante alegre y apresure el paso hasta que llegue al portón. Era una sencilla casa de dos pisos, bastante cómoda, pero algo insípida por fuera.
-Bueno, muchas gracias por acompañarme, me salvaste por segunda vez- sonreí y me regreso la sonrisa diciéndome que no era nada. –Entonces… te veo luego- le sonreí y abri el porton pero cuando iba a entrar me tomo el hombro con suavidad, me sentí algo asustado y tense mi cuerpo y el al darse cuenta me soltó.
-Armin, ¿quieres salir conmigo?- Su pregunta me tomo por sorpresa y solo abrí los ojos observándole confundido a lo que rápidamente alzo los brazos negando con ellos y rio. –No, no de esa manera, solo en plan de amigos, no tengo nada que hacer hoy y como vivo solo realmente no quiero regresar a casa aun- fue su respuesta y suspire al sentirme más tranquilo.
-Pero… no estoy bien vestido…- dije dándome cuenta de lo ridículo que me veía, pero el sonrió.
-Entonces tal vez debas entrar y ponerte otra cosa, aunque si no quieres, solo dilo y no hay problema- me sonrió de nuevo y suspire. No podía negarme, no después de que había sido muy amable conmigo.
-Sí, entonces…- me detuve a mitad de la oración, realmente no quería dejarlo entrar, estaba aún asustado y no le conocía del todo, no sabía si sus intenciones eran buenas o tal vez una broma de mal gusto de mis compañeros, tal vez si lo dejaba entrar me haría daño y estaba solo en estos momentos, me detuve en la entrada sin saber que hacer…
Bertholdt Fubar observo a Armin y pudo darse cuenta inmediatamente de lo que pasaba por su mente. Las acciones del joven le parecían dulces, aunque también algo tristes ¿Qué tanto dolor pudo haber pasado el chico para que desconfiara de todos? Él no lo sabía, pero quería que Armin confiara, que le permitiera ser su amigo, así que después de palmearle suavemente la cabeza y al recibir la mirada confusa del rubio le hablo.
-No tardes, no quiero que piensen que quiero robar la casa o llamen a la policía por acoso- rio y se recargo en la pared a lo cual Armin sonrió y entro rápidamente para cambiarse.
Sin haber pasado diez minutos Armin ya había terminado de vestirse y dejado una nota a su abuelo avisándole que saldría con un amigo. Tomo las llaves y su celular y salió de casa rápidamente viendo a Bertholdt con los brazos cruzados viendo al cielo.
-Lo siento, tarde mucho- sonrió y cerro el portón mientras el chico alto estiraba los brazos.
-Para nada- le observo y hubo un intercambio de miradas para comenzar a caminar. –te parece si vamos a comer a un restaurante de comida rápida y después dar un paseo, ¿o deseas hacer otra cosa?-
-Está bien, me parece una buena idea- junto sus manos algo apenado y siguió caminando.
Cuando llegaron al restaurante ambos pidieron unas hamburguesas y papas fritas. Armin saco rápidamente su billetera pero el otro chico le impidió pagar.
-Pago yo, por las molestias de hacerte salir de casa- antes de que Armin pudiera siquiera replicar Bertholdt ya había pagado y tomando el número de la orden fueron a sentarse esperando que su comida llegara pronto.
