EL COLOR DE LOS MILAGROS

Shoujo Kakumei Utena, su historia y sus personajes no son de mi propiedad.


Capítulo 2: Recuerdos…

Temprano por la mañana, Juri se encontraba alistándose para una especie de 'examen'. El equipo de esgrima de la universidad evaluaba el progreso de los atletas con respecto al entrenamiento recibido en último semestre. Así , podrían saber cuánto habían progresado y si aun hacía falta entrenamiento.

Juri era la sobresalía más que los otros. Sin embargo, a veces solía perder contra su única compañera de entrenamiento, Shizuka.

A pesar de ser muy diestra para su entrenador aun le faltaba mucho por aprender. Aunque la Comisión que los evaluaba, consideraba que sus técnicas era casi perfectas, su entrenador era ultimo en dar su veredicto y , generalmente, eso le quitaba mucho puntaje a Juri.

"Parece que todos ya están aquí". Escuchó decir a Shizuka quien también se preparaba para su evaluación. "El Entrenador está conversando con uno de los jurados".

"Estoy segura de que no esta hablando nada bueno sobre nosotras". Contestó Juri .

"Será solamente de ti. Parece no tener ningún problema conmigo". Dijo Shizuka con una sonrisa satisfecha. "Para él soy la niña de sus ojos".

"Sí, ya me di cuenta. Y eso no le puedo ganar". Juri sonrió ante la ingenuidad de su amiga. Ella sospechaba que la razón por la que no exigiera tanto de Shizuka era porque sabía que la chica no reaccionaría a menos que ella lo considerara necesario. Era una muy buena esgrimista, podía llegar a las olimpiadas más rápido que la propia Juri, pero su propia flojera y su poco ánimo de participar, hacia que todo quedara atrás. El Entrenador quizás ya no quería gastar saliva en una chica que no iba a comprender el potencial que ella misma poseía.

Pero en cuanto a Juri, quien alguna vez fue temida en el Instituto, ahora debía calmar sus ánimos de orgullo descontrolado, porque su entrenador no era del tipo de aguantar a personas que se considerara unas expertas en el tema. Ella sabía bien que podía llegar mucho más lejos si ella controlaba sus propios sentimientos.

"¡Vamos, chicas. Que las están esperando!" Escucho decir a una de las entrenadores de otro grupo de esgrima.

"Bien, aquí vamos". Shizuka dijo "¿Estás lista?". Juri asintió y salió de los vestidores seguida por su amiga.

El sitio de reunión no era un gimnasio, sino una sala la cual era de un estilo de salón de baile. El suelo brillante ante la luz de grandes ventanales, el techo iluminado con candelabros y las paredes tapizadas finamente con símbolos un tanto góticos.

Juri se sentó en una de las sillas que se encontraban frente a lo que sería una especie de arena de combate. El árbitro del encuentro se encontraba en el medio mientras esperaba que los primeros contrincantes se colocaran en sus lugares. Al iniciarse todos podían observar los movimientos de los esgrimistas.

Se colocaban en guardia, marchaban, atacaban y algunos regresaban a su guardia. Movimientos que ella conocía muy bien, pero que debía que requerían mucha concentración física y mental. Un mal paso y podía dejar su torso al descubierto permitiéndole al contrincante tocarla.

Muchos lograban sacar buenos puntos, pero otros terminaban desaprobados, lo cual era muy frustrante, porque eso significaba que no tendría oportunidad de ser parte del equipo que representara a la universidad al momento de ser seleccionados para entrar a competencia de carácter internacional. Ella sentía que podía lograrlo, sin embargo, sentía no tenía el necesario entrenamiento aun.

"Ah…es tu turno" Le escuchó decir a Shizuka. Ella se levantó de su asiento y caminó la arena. Saludo su contrincante colocándose la máscara, comenzó el duelo…


Al final de día solo ella y Shizuka había quedado al último. Hubo varios 'toques' en cada una, pero quedaron muy parejas.

"¡Fue muy injusto!" se quejó Shizuka mientras dejaba su taza de café sobre el plato. El sonido que emitió evidenciaba su disconformidad con el resultado.

"No soy la culpable que decidieran darme el punto a mi" Juri le comentó con una sonrisa mientras daba un sorbo a su café. "Además el movimiento que hiciste fue muy imprudente. Eres tan predecible, a veces".

"Sí, bueno. Ahora soy yo la que tendrá problemas. El Entrenador me tendrá un sermón para cuando regrese". Al decir esto Shizuka dio un pesado suspiro.

"Sí, claro". Contestó. La verdad era que quizás no le reprocharía nada. La mujer de cabellos negros no era tan reprochada por sus errores.

Si hubiese sido yo…segura que me lo sacaría en cara por un mes.

"¿Qué piensas hacer estos días? Recuerda que ya no tenemos que entrenar hasta dentro de un par de semanas"

"No lo sé. Quizás me quede en casa descansando. No tengo muchas cosas a las que dedicarme". Encogió un poco sus hombros mientras desviaba su mirada a un lado. Era mujer de costumbres así que quizás cualquier cosa diferente podría resultarle una molestia.

Fue que entonces vio a una mujer. Se encontraba sentada en una mesa un tanto alejada a la de ellas. Juri pudo ver que la extraña mujer tenía unos lentes oscuros y llevaba puesto un vestido oscuro que llegaba hasta los muslos. Como llevaba un vestido bastante corto, al cruzar sus piernas, Juri podía ver absolutamente todo.

Para evitar levantar sospechas de su interés regresó a lo que le hablaba Shizuka "¿Por qué lo preguntas?"

"Pues, verás…"comenzó "Voy hacer un pequeño viaje fuera de la región. Solo por un par de días, para ver algo distinto a los edificios de la ciudad y…"

"¿Y…?"

"Pensé que si tal vez te gustaría venir".

Juri la miró con un poco de escepticismo y mientras dejaba su tasa en el plato, le preguntó "¿Quién eres? ¿Qué has hecho con mi amiga?"

Shizuka se rió un poco y luego le dio un leve punta pie en la pierna, por debajo de la mesa.

"Es que tu nunca me invitas a salir contigo". Juri confesó con una sonrisa mientras volvía a tomar de la taza. "¿Por qué ahora me invitas de repente?"

"Bueno, la verdad es que…" comenzó a hablar con cierto nerviosismo.

"La verdad es…"

"Mira…". Explicaba. "¿Recuerdas ese chico que entrena en el equipo de lucha greco-romana? Aquel que me invitó a cenar hace ya más de un mes".

"Eso creo".

"Pues, en realidad es él quien me ha invitado a hacer ese viaje y…no es que no me guste, pero sería mejor si fuera con alguien más".

"Pero ¿Crees que soy tu niñera? Definitivamente no". Juri dijo con cierta molestia. "Además, si no querías ir le hubieses dicho que no".

"Pero no quería rechazarlo así".

"¿Entonces?" Esto era ridículo.

"¿Y qué tal si sucede algo?"

"No creo que existan animales salvajes".

"No me refiero a eso. Si no a ÉL".

"Pues quizás te enseñe algo de lucha greco-romana". Le dijo con una sonrisa.

Shizuka volvió a darle un punta pie y luego tomó de su taza de café. Miró el reloj en su muñeca e inmediatamente dejo de beber.

"Es Tarde, tengo una cita".

"¿Con el luchador, quizás?"

"Ja muy gracioso…"contestó con ironía. Cogió sus cosas y se dispuso a irse. "Piénsalo ¿eh?"

"Espera…" Juri dijo mientras la veía prepararse para retirarse. "¿No piensas pagar lo que pediste?"

"No, ya que para eso estas tú". Juri hizo un gesto de molestia mientras dejaba que Shizuka le diera un beso en la mejilla a modo de despidida "Eres una dulzura…"

"Sí, gracias…" Contestó con desagrado y siguió tomando su café. Su amiga era así. Ya eran varias veces que le hacía lo mismo. Siempre consumía cosas particularmente caras y ella tenía que pagarlas en su lugar. No le incomodaba del todo ya que tenía dinero suficiente asi que complacer algunos caprichos de su 'amiga', no era un problema.

Sin embargo a veces era demasiado…

Dejó su tasa y volvió a mirar a su alrededor. Vio a la mujer nuevamente.

La mujer de los cabellos azules…

Juri se acomodó en su asiento. Dio un suspiro y se preparó para lo que tal vez sería un gran discurso.

La mujer se sentó con mucho cuidado en el sitio que había ocupado Shizuka y con cuidado se quitó los lentes.

El silencio entre ambas podría pasar como un total incomodidad para las personas extrañas, pero en realidad se trataba de una lucha entre ella para saber quien dominaba a la otra. Juri solo podía pensar en cómo los años habían cambiado la apariencia de la joven quien ya ahora era una mujer.

Sonrió un poco y suavizo su mirada, a forma de declararse derrotada por la mirada de la extraña mujer.

"Si las miradas mataran…" Comenzó Juri. "…ya estaría muerta, Kozue".

"Veo que aun no has cambiado nada" Le contestó "Sigues siendo el noble 'príncipe' " Dijo esto refiriéndose a la pequeña 'lucha' de miradas.

"En cambio tu sí. Ahora ya no eres una niña. Si que has crecido".

"¿Acaso dices que te gustaba más cuando era joven". Contestó ante la mirada poco convencida de Juri.

"Nada de eso". Dijo mientras su cuerpo volvía a la vida y regresaba a su café.

"¿Y con quién hablabas?".

"Una amiga".

"¿Amiga?"

"Sí".

El silencio nuevamente.

"¿Y bien?" Continuó Kozue.

"¿Bien qué?"

"…es raro que tengas amigos" .Decía Kozue. "Sobretodo amigos así".

"¿Acaso estas celosa? Eso sí que no lo esperaba. Al menos no después de tantos años".

Kozue simplemente sonrió ante esto. Era cierto que algunas cosas habían cambiado, pero otras no tanto.

Si tan solo las cosas no cambiarán.

"La última vez que nos vimos, estabas tan fuera de ti, que apenas pudimos hablar". Dijo Kozue.

"Perdóname…". Dijo apenada. "Estaba algo preocupada, que no pude prestarle atención a nada ese día".

Kozue suspiró "Eso sospechaba".

Ambas sonrieron cuando Juri decidió cambiar de tema.

"¿Y cómo te va?"

"Bien…" Dijo con cierta parsimonia. "Estoy tomando unos días de descanso antes de volver a mis quehaceres diarios. Los proyectos de mi hermano no se venden solos".

La sonrisa de Juri se aminoró antes de hablar "Esta…¿Cómo esta?"

"Él se encuentra bien". Dijo Kozue mientras bajaba la mirada. "Sigue componiendo canciones…"

Juri sonrió con un poco de melancolía. Al igual que ella, Miki también seguía un sueño. Había escuchado varias de sus canciones que ahora estaban compilándose en álbumes los cuales seguro se vendían bastante bien.

"Sabes que soy un fan de él". Comenzó Juri. "Pero me preguntaba ¿desde cuándo tocas con él?

Kozue desvió su mirada "¿Cómo lo sabes?"

"No soy una experta pero conozco el estilo de tu hermano". Juri dijo . "Siempre buscando aquel 'brillo' en los tonos. Parece ser que ya lo recuperó…" Diciendo esto último miró de forma inquisitiva a Kozue.

Kozue no quiso responder a eso, ya que de nada valía negar lo que era evidente. Si decía una mentira era probable que Juri no se lo creyera. La mujer era muy perceptiva.

"Pero…"

Juri la observó con más gentiliza al notar que su voz se tornaba triste.

"…últimamente no ha necesitado mi ayuda."


Cuando regresó a su casa ya era de noche. Los cielos estaban libres de nubes, tanto que podía ver las estrellas con mucha claridad. Los pequeños faroles se veían opacados ante esa intensa oscuridad. El aire era puro que al respirar podía sentir cada molécula de su cuerpo temblar ante tal frescura.

Si tan solo las cosas estuvieran mejor, podría disfrutar de tal ambiente.

Pero ella sabía bien que tenía muchos problemas que no están resueltos. Antes podía dejarlo a la suerte, pero ahora ya no podía permitirse ese lujo. Ya no podía porque los problemas eran mayores a los que tenía en su juventud.

Una disputa entre novios, los desacuerdos entre sus padres, el divorcio de ellos…todo eso lo soporto sin chistar ni un poco. Al fin y al cabo, todo eso poco le importaba ya.

Suspiró con pesadez al llegar a la puerta de su casa. Al entrar, encendió las luces y poco a poco , la estancia se ilumino.

"Ya regresé". Dijo en voz baja. Nadie estaba ahí para escucharla llegar.

Caminó por hasta llegar a las escaleras y , pero antes de subir por ellas, se dirigió a otra de las habitaciones. Se encontraba tan cansada que por unos instantes pensó en olvidarse de todo aunque sea por aquella noche, simplemente para poder descansar con tranquilidad.

Sin embargo, la duda le ganaba y a pesar de estar cansada, sus piernas aun tenían fuerza para llevarla hasta aquel lugar.

¿En dónde estará?

Ella sabía bien donde se encontraba. Era raro que él se fuera a algún sitio distinto, ya que a pesar de todo, era un hombre muy simple. Aun permanecía siendo un 'jovencito' correcto.

Caminó hasta llegar a la habitación y con mucho cuidado, abrió las puertas. Estaba oscuro, sin embargo los grandes ventanales lograban abrir paso a la luz de la luna, permitiéndole ver lo suficiente. Fue cuando lo vio.

Se encontraba recostado en sobre el piano con sus brazos cruzados. Por la forma de su respiración parecía estar durmiendo. Kozue entró con cuidado y pudo notar el desastre que su hermano había provocado: Papeles arrugados por doquier, el tacho de la basura repletó. Recogió uno de los papeles y decidió ver su contenido: Notas musicales escritos en el pentagrama, pero muchos de ellos estaban incompletos.

Los dejó a un costado y se acercó a su hermano. Notó que había un copa en cima del piano. Parecía estar casi vacío y a su costado estaba una botella de brandy.

Así que eso era.

Miki no era un buen bebedor. Un poco de licor ya era suficiente para embriagarlo. Sin embargo, últimamente él había tenido la manía de tomar un poco cada vez que tenia 'bloqueos '. Y a pesar de tomar tan solo un poco, rápidamente se le subía a la cabeza

Kozue negó con la cabeza y levantó a su hermano. Este se despertó.

"¿Kozue?" Preguntó un poco aturdido "¿Qué hora es?"

"Es tarde". Le contestó mientras pasaba un brazo sobre su hombro. "Te llevaré a la cama".

"Noo…". Comenzó a hacer pucheros. "Déjame, puedo solo".

"Esta vez no. Ya no quiero tener que recogerte del suelo otra vez". Dijo sonriendo recordando la última vez que lo llevó a su habitación ¿por qué tenía que beber si le caía tan mal?

El se quejó un poco pero dejo que su hermana lo llevará. Kozue abrió la puerta de su habitación y lo recostó sobre su cama.

"Descansa…". Le dijo mientras lo vio retomar su siesta. Con mucho cuidado cerró la puerta y se dirigió a la suya.

Cerró la puerta y se recostó sobre ella.

Estaba cansada de lo mismo. Pudo tolerar tantos problemas, pero la frustración de su hermano era carga para ella.

Podía considerarlo algo infantil, pero a esas alturas de su vida, ya nada era como la infancia.

Lo quería mucho pero a la vez lo odiaba. No importaba cuanto ella se esforzara siempre quedaba en segundo lugar. En su familia ella era la segunda, la menor, la que no sabía nada de la vida. El sobrante.

Perejil…

Su hermano mayor le superaba en creses: El era virtuoso, ella no. Él era mayor que ella y ella era pequeña. Él obedecía y ella era una rebelde. Él era hombre y ella era mujer. Miki no tenía por qué preocuparse de nada. Lo tenía todo. Sentía que si él se equivocaba, sus padres le perdonarían sin problemas y sin dudas.

A pesar de estar divorciados, sus padres estaban de acuerdo en una cosa: la genialidad de su hijo. Aunque ya no se toleraban, ambos aun ejercían bastante control sobre Miki ya que el siempre obedecía a todo lo que le ordenaran. Seguro no quería tener problemas y quería mantener la paz en su familia, pero eso Kozue no lo soportaba.

No lo soportaba porque ella no quería vivir un engaño. Una mentira. Por eso se rebelaba. Por eso decía que él y su hermano eran animales salvajes. Ella dejaba que sus heridas se sanaran solas. No permitía que nadie le ayudara. Por eso…sus padres la rechazaban.

Ya poco le importaba ahora. Su única familia era su hermano quien ahora sufría por no encontrarse a sí mismo. Por no poder encontrar la música de su corazón.

Siempre consideró que recibir ayuda era de débiles, pero ella ayudaba a su hermano. Irónico.

Eso era lo que no quería que Juri viera si la dejaba en su casa.

Flashback:

"Déjame llevarte a tu casa…" Le ofreció. "Quiero compensarte por lo de la ultima vez…"

"No te molestes. Puedo ir sola".

"Está bien". Le dijo mientras sacaba de su abrigo un pequeña tarjeta. "Sí necesitas algo, llámame".

Kozue lo recibió y le dio una leve mirada a la tarjeta.

Por unos instantes quiso preguntarle lo que le ocurría, pero prefirió dejarlo tal como estaba.

"Nos vemos".

Fin Flashback

Recordó la tarjeta que le dio y buscando entre sus pertenencias, la encontró. Al mirar sonrió un poco más tranquila.

Tal vez la llamaría, para poder recordar aquellos momentos que compartieron. Aquellos momentos donde la vida parecía sonreírles y disfrutar de la simpleza de las cosas.

Sonrió melancólicamente. Siendo así

Tal vez no…


DuranDuran