¡NUEVO CAPÍTULO! Y LES PROMETO QUE ODIARÁN MÁS A RENÉE, LO CREÍAN IMPOSIBLE, PERO NO. LAS INVITO A ODIAR MÁS A LA CHOCANTE DE TANYA TAMBIÉN.

BPOV

Capítulo 2

Tomo la hoja que Tanya tiene entre sus manos, quiero alejarlo de ella, como si eso fuera arreglarlo todo. Miro hacia mi madre pidiéndole una explicación, ella sabe que es MÍ vestido, sabe lo que he trabajado en él, sabe lo que representa para mí, Soy incapaz de pensar en por qué mi madre haría algo como esto. Ella sabe lo que ese vestido significa para mí. ¿Por qué lo hizo? ¿Por el dinero?

En este momento soy todo un cúmulo de emociones y ninguna de ellas es agradable, ni hacia Tanya, ni hacia mi madre, e incluso hacia el hombre hermoso con el que he fantaseado. Dolor, ira, decepción, frustración. Todo recorriendo a gran velocidad mi cuerpo.

—Lo siento, Tanya, mi madre ha cometido un error, pero este vestido no está a la venta —le explico—. Como dije, seguiremos trabajando en el vestido que tu desees, pero éste vestido ya tiene dueña.

—Y se puede saber de quién es el vestido, hablaré con esa persona y…

—Es mío —corto su discurso—. Este vestido de novia es mío.

Miro hacia Edward por si tiene algo que decir, seguramente querrá pagar lo que sea por satisfacer el capricho de su prometida, pero lo descubro mirándome. Sus ojos verdes se han tornado oscuros, sus ojos entrecerrados y su ceño fruncido. Al parecer le ha disgustado que le dijera no a su prometida. Se nota que eso no sucede con frecuencia. No aparta los ojos de mí, realmente está molesto. Sus labios sueltan un improperio, pero parece que soy la única en darse cuenta.

—Pero tu madre me ha comentado que no tienes novio, ni mucho menos un prometido con quien puedas usar ese vestido, así que no veo el inconveniente de que me lo vendas

Abro mis ojos todo lo que me permiten mis párpados ante sus palabras. Esta mujer se cree con el derecho de poseer todo lo que quiere sin importarle los sentimientos de los demás.

—Sí, es cierto, pero…

Miro de nuevo hacia su prometido, el cual parece haberse relajado de nuevo, sigue viéndome, pero ya no hay enfado. Su mirada sigue siendo profunda, pero ya no está tornada oscura por aquello que lo hizo molestar momentos antes.

—No hay ningún pero, el vestido ya lo he elegido y no veo el inconveniente para que sea mío, además estás obligada a dármelo.

— ¿Estoy obligada a dártelo? —pregunto con incredulidad.

—El contrato lo dice, dice claramente que la diseñadora, en este caso tú, estás obligada a entregar el vestido que la novia, o sea yo, demande y por el cual se haya pagado y firmado el contrato, al menos que se hagan cambios en el transcurso de la relación.

—No hemos firmado ningún contrato.

—Oh, cierto. Tu madre que es más eficiente que tú se ha encargado de hacerme llenar todo el papeleo y firmar el contrato. Ya deposité el veinte por ciento.

Vuelvo a centrarme en mi madre que no muestra expresión alguna. ¿Qué ha hecho?

—Tanya, estoy segura de que podemos trabajar en algún otro diseño y que te gustará mucho más que este vestido. Uno en el que esté pensado en ti y en tu boda —trato de razonar y tocar su punto narcisista para que ceda—. Este es mío, pensado en mí.

—Es éste o ninguno, Bella.

—Tanya —Edward la toma por el codo—. Podrán crear otro para ti, fue un malentendido, la señora —dice señalando a mi madre—, ha cometido un error, se confundió. Ese vestido ya tiene dueña.

—He dicho que no, Edward —dice entre dientes—. Al menos que piense en terminar con el contrato y tenga el dinero para pagar la indemnización. ¿Lo tienes, Bella?

La miro de manera suplicante, por qué es incapaz de comprender, de ver algo más que no sea ella misma. Me siento llena de dolor y traición. Mi mandíbula comienza a temblar por la impotencia, mis ojos a llenarse de lágrimas.

—No —murmuro finalmente—. No lo tengo.

Aparto los ojos, no quiero que ninguno de ellos se dé cuenta de mi vulnerabilidad, de mi malestar y me humillen más de lo que ya lo han hecho.

—Tanya, basta —escucho a Edward y ella lo mira desafiante—. Sabemos que no lo necesitas, puedes comprar cualquier vestido, yo te lo compraré. Deja de torturarla.

—Pagué por este vestido y es lo que quiero y punto, como ya dije, al menos que tenga el dinero para pagarme, entonces cambio el vestido por otro.

—Tanya —vuelve a decir con tono de advertencia.

—Bueno ya, parece que hoy te has despertado con ganas de ser el salvador de alguien. Mañana vengo a ultimar esos detalles —avisa antes de dar media vuelta y salir de mi local.

Me quedo parada mirándola irse. Estoy abrumada, siento como si estuviera en una pesadilla, estoy dejando a esa mujer llevarse mi vestido de novia. Miro el diseño que tengo entre las manos, ¿qué voy a hacer? Son siete años de constante rediseñar y tres años de imaginación. Uno de mis grandes sueños lo ha tomado otra persona y con ayuda de mi madre, quien se supone debería procurar por mí.

—Y lo vuelvo a decir, hermanito. Te has conseguido a una perra por prometida.

No me había dado cuenta de la presencia de Alice.

—Alice, por favor —le reprende la otra mujer, hasta este momento me doy cuenta de que no conozco el nombre, ni el parentesco.

—Oh, por favor, Esme —dice Alice enfadada—. Sólo una perra frívola haría lo que ella hizo. ¡Bravo, Edward! Que tengas una vida feliz al lado de Tanya.

Pasa enfurecida frente a mí y sale del local.

—Lo lamento, tanto por lo hecho por Tanya, como por el comportamiento de mi sobrina —extiende su mano—. No he tenido la oportunidad de presentarme. Soy Esme Masen. Tía de estos muchachos descarriados —sonríe con ternura. En su rostro se puede ver que Esme es realmente una persona muy dulce.

—Isabella —Edward me llama, pero me niego a mirarlo, no quiero escucharlo decirme lo fácil que me haría las cosas si termino de aceptar que Tanya es la nueva dueña de mi vestido, y que pagará lo que fuera para cumplir su capricho—. Isabella —vuelve a llamarme, pero esta vez se acerca hasta quedar parado justo frente a mí—. Lamento lo que ha provocado Tanya, trataré de hablar con ella para cambiar el vestido.

—No la conozco mucho, pero estoy segura de que no obtendrás nada, a eso es a lo que están acostumbrados ustedes los ricos, a obtener todo lo que quieren. Se creen con el derecho de tenerlo todo sin importar a quien tengan que pisar.

Él aprieta su mandíbula, parece dolido por las palabras que acabo de dedicarlo.

—Descuide, señor Cullen, me las arreglaré —doy media vuelta y camino hacia mi oficina, no me detengo a mirar si ha salido del local.

En cuanto doy un paso dentro de mi oficina, dejo que las lágrimas caigan, empapen mis mejillas y sean mi medio catártico que tanto necesito en estos momentos. Sea la razón que sea por las que se derraman es un alivio. No sé si lloro por el coraje hacia mi madre, por la incomprensión que tengo hacia sus hechos. No sé si lloro de ira hacia Tanya y su egoísmo y obstinación en pasar por encima de mí. Por la impotencia de no tener el poder necesario para romper ese maldito contrato, o de no contar con el dinero para pagar la indemnización. O bien, por el dolor de desprenderme del vestido de mis sueños. Muchos dirían que hago una tormenta en un vaso de agua, pero ese pedazo de papel es más que un vestido, hay emociones, sueños, sentimientos, ilusiones, es tanto lo que se encuentra inmerso en él, y ella, Tanya, se los está llevando.

—Hija —entra mi madre en mi oficina y la miro con todo el coraje que siento en esos momentos por ella.

¿Por qué me hizo algo así? ¿Por qué se aferra a herirme siempre que puede? No hay nada que justifique su comportamiento. ¿Acaso no se da cuenta del dolor que me ha provocado, de lo mucho que me ha lastimado su traición? Ella lo sabía, no existe excusa. Ella fue quien le mostró el vestido, Tanya no lo habría encontrado y aferrado a él si no fuera porque mi madre le ha dado el diseño, incluso puedo imaginarla diciéndole lo bien que le quedaría.

—No quiero hablar contigo en estos momentos —digo entre dientes—. Es mejor que te vayas a casa.

—Por favor, Isabella, no seas melodramática. Tienes el ingenio y talento para crear otro vestido, sólo es eso.

—Basta, en serio no tengo el ánimo ni las ganas de hablar contigo en este momento.

—Bien, como quieras.

—Sólo dime una cosa, ¿por qué lo hiciste?

—Bella, ella pagará cualquier cosa por el vestido, necesitamos ese dinero y esa publicidad. Ya te dije, te llevará a codearte con gente de clase.

Suelto un bufido que es mitad gruñido. Claro, con mi madre no puede haber otra motivación más que el dinero. Ella haría cualquier cosa por obtener dinero, incluso vender los sueños de su hija. ¿Qué clase de madre es?

Ella es tan incapaz de ver lo que hace, su justificación siempre es que lo hace porque necesitamos el dinero. Ella es quien lo necesita no yo.

—Retírate —le pido.

Sale de la oficina y da un portazo que hace sacudir las cosas colgadas en la pared, voy hacia mi silla y me dejo caer. No sé qué hacer y dudo que haya algo que pueda hacer más que resignarme, pero la sola idea me destroza. Desde que tracé la primera línea del diseño soñé con ser yo quien lo usara; usé cada sueño, cada corte favorito para armarlo, creando un hermoso rompecabezas que terminó siendo el vestido de mis sueños. La ironía es que al final terminé de diseñarlo para alguien más.

Me niego a seguir llorando por lo mismo, nunca he sido de las personas que se ponen a llorar ante los problemas y no pienso empezar en este momento. Si Tanya quiere ese vestido, se lo daría, no podía arriesgarme a terminar siendo demandada o empeñando y perdiendo todo para recuperar mi vestido. Mi tienda, mi dignidad y mi tranquilidad no tienen precio. Tanya tendrá su vestido y después me dejará en paz. Ahora la pregunta es si mi madre sería capaz de dejarme en paz en algún momento de su vida, o si su avaricia tiene algún límite o tendría que enfrentarme a alguna otra cosa gracias a su deseo desorbitante de tener dinero.

Mi cabeza comienza a doler realmente, masajeo mis sienes en círculos tratando de mitigarlo, pero es completamente en vano. Lo mejor será irme a descansar, debo tomar todo el autocontrol y paciencia necesaria para enfrentarme a Tanya mañana y a su prometido, Edward Cullen.

De pronto mis pensamientos se alejan de la situación terrible en la que mi madre me ha colocado y me concentro en ese hombre tan imponente que entró en mi local y despertó en mí sensaciones desconocidas y fantasías que no creí que fuera capaz de imaginar.

Recuerdo esos ojos verdes y brillantes, esa mirada profunda, sus rasgos definidos y esa sonrisa cínica, además de su ceño fruncido. Observo mi mano y el recuerdo de la corriente eléctrica que me desarmó cuando lo toqué me hace estremecer. ¿Qué tiene ese hombre que es capaz de hacerme reaccionar de esa manera? Sacudo mi cabeza y trato de dejar de pensar en él, debo recordar que es el prometido de una de mis clientas, aunque sea la que menos me agrade. Suelto una risita nerviosa, no puede ser, el hombre maravilloso que me ha dejado noqueada y con el cuerpo revolucionado y las emociones al mil por hora no es más ni menos que el prometido de una de mis clientas. Vaya líos en los que me meto.

—Bella, he escuchado lo que ha sucedido con tu madre y Tanya, quería ver si no se te ofrecía algo —escucho a Ángela y dejo a un lado a la novia problema que tengo por clienta y a su prometido arrebatador.

—La verdad es que sí. La cabeza está doliéndome demasiado y no creo poder estar aquí más tiempo, ¿podrías encargarte de la tienda por el resto del día? —le pregunto.

—Por supuesto que sí.

Aprovecho para tomar mis cosas y salir de ahí, me detuve en la puerta de la entrada del local para despedirme de Ángela y decirle que me marcara si se le atravesaba alguna complicación, espero y deseo que no sea así. Ni siquiera tengo ganas de volver mañana, pero la señorita Tanya es capaz de ir por mí a mi departamento y obligarme a atenderla como "ella se merece"

Me paso todo el resto del día metida en la cama, no tengo ánimo para hacer otra cosa, ni si quiera pensar en algún diseño. Doy gracias de no haber recibido ninguna llamada de Ángela, no sé qué tan útil podría serle en el estado en el que me encuentro. Escucho mi teléfono sonar, pero en cuanto veo el nombre de mi madre aparecer descarto la posibilidad de responderle, no quiero escucharla, no quiero hablar con ella, sólo que me deje en paz por una vez en su vida.

La decisión está tomada, el vestido se quedará con Tanya, tomaré el dinero que me dé y haré las renovaciones y expansiones en mi tienda, no pienso lidiar con ella y tratar de convencerla para que devuelva el diseño y mucho menos estoy dispuesta a correr el riesgo de ser demandada y perder mi tienda. Sin embargo, no por ello deja de ser difícil el ver partir mi diseño, como dije, es irónico, trabajé en el vestido de mis sueños para terminar entregándoselo a alguien más.

Mi mente ahora vaga por otros rumbos, rumbos llenos de color cobre y verde esmeralda y una sonrisa cínica y encantadora. Por más que intento pensar en otra cosa, sacarlo de mi mente, siempre regresa a ser el centro de mis pensamientos. Me encuentro perdida en esa mirada y por alguna extraña razón me siento hechizada. ¿Qué es lo que me pasa?

Suelto un bufido y me obligo a salir de esa cama, camino hacia la cocina y me preparo un té para prepararme para la cama, necesitaré toda la energía posible para enfrentarme a Tanya el día de mañana. Me meto en la cama después de haberme terminado mi té y trato de dormir, pero el insomnio me ha dado y hasta que pasan de las tres de la madrugada logro conciliar un poco de sueño.

Llego temprano a la tienda, por primera vez en mucho tiempo, y es realmente una lástima que sea porque debo de preparar todo para atender a Tanya. Al poco rato comienzan a llegar todos, incluida mi madre, quien al mirarme decide pasar de largo, lo cual prefiero, no tengo ni el mínimo interés en escucharla de nuevo; encontrará la manera de ponerlo ante sus ojos como haber hecho lo correcto. Saco el expediente de Tanya, donde se encuentra el contrato firmado, una copia del diseño elegido por la novia y las anotaciones sobre sus medidas y preferencias. Tomo el diseño original junto con mi bloc de notas para anotar modificaciones, sé que será necesario ya que el largo del vestido no es el adecuado para su figura, debo recorrer la línea de las caderas, no creo que quiera que se vean acentuadas, y el escote debe ser más profundo. Debo continuar trabajando en él; será la primera vez que lo haga siendo el vestido de alguien más.

—Bella —Ángela toca la puerta de manera suave.

— ¿Qué sucede?

—Tanya ha llegado y pide que vayas a atenderla —tuerce sus ojos, vaya, no soy la única a la que le cae mal, bien, eso me hace sentir menos culpable.

—A darle prisa a esto, entre más pronto acabemos con ella mejor.

Tomo mis cosas y salgo hacia la sala que me ha indicado Ángela, pero en cuanto doy un paso dentro me detengo de golpe. Ahí, junto a ella está el hombre que me dejó perturbada toda la tarde anterior. En cuanto nuestras miradas se encuentran, de nuevo me veo perdida en ese par de esmeraldas. Me mira de una manera tan penetrante, siento como si quisiera atravesarme y ver dentro de mí. No puedo evitar sonrojarme, así que aparto mi mirada.

—Espero que ya hayas dejado a un lado el drama y podamos continuar trabajando.

Y claro, qué otra cosa podía esperarse de ella. Tenía que soltar algún comentario que delatara su sentir superior y el tener el derecho de obtener de los demás todo lo que ella quiere. Aprovechando que ella no podía verme puse los ojos en blanco, pero me di cuenta de que alguien sí me había visto y su rostro reflejaba desconcierto. Lo último que me faltaría es que él me pidiera tratar a su futura esposa con respeto.

—He estado observando el diseño y comparando con tus medidas, tendré que hacerle algunas modificaciones en la línea de las caderas y del escote —le digo.

—El vestido me gusta tal cual está, lo único que quiero cambiarle son los botones de la espalda.

—Lo sé, pero el diseño no está ajustado a tu figura y eso…

— ¿Estás diciendo que soy gorda o algo por el estilo? —gruñe.

—No, Tanya, pero cuando uno diseña se deben tomar en cuenta ciertos aspectos y esto lo hago con cada novia que toma un diseño ya elaborado —le explico—. El diseño no fue hecho para ti desde el principio —trato de disminuir el tono de reproche que hay en mi voz—, debe de someterse a modificaciones para adaptarlo al cuerpo de la novia, sin embargo, si lo que quieres es dejarlo tal como está, así se hará; pero te advierto que tardaremos más en los arreglos posteriores.

Tanya me fulmina con sus ojos y no estoy dispuesta a agachar la cabeza o dar alguna otra señal de debilidad, no más.

—Tanya sólo deja que hagan los cambios —dice Edward frustrado—. Entre más rápido, mejor.

—De acuerdo, pero tengo que estar contigo para supervisar que los cambios sean los correctos.

—Tanya, honestamente, si desconfías tanto de mi trabajo lo mejor será que busques por otro lado —suelto sin pensarlo, ya estoy harta de sus desplantes—. De esa manera ambas nos ahorramos tiempo.

Observo que Edward me mira impresionado, ¿qué creía que me aguantaría a su novia sólo por el dinero? Suficiente tengo con que se haya robado mi vestido, y si puedo convencerla para que sea ella quien rompa el contrato, mucho mejor.

—Vaya que los de tu clase son susceptibles —murmura—. Bien, bien, confiaré en ti, has lo que sea necesario para que ese vestido me quede como un guante. Empecemos ahora y me vas explicando los arreglos que crees pertinentes.

— ¿Ahora?

—Claro, o cuándo planeas hacerlo. No tengo mucho tiempo.

—De acuerdo.

A mal paso darle prime, me digo para mí misma. Llevo a Tanya a la oficia mientras Edward se queda esperando en algún lugar de la tienda, comienzo a explicarle los cambios que no son muchos realmente y procuro que estén bien fundamentados para que no tenga replica alguna a lo que le he dicho. Cuando termino de explicarle parece aceptarlos con agrado dejándome sorprendida.

—Entonces así quedamos —le digo cuando comienza a levantarse para marcharse.

— ¿En cuánto tiempo crees que esté terminado? El día de mañana viajo a Los Angeles y después regreso a Italia.

—Depende del tiempo que tarde en conseguir las telas y lo demás para su confección.

—Quiero que vayas a Italia cuando encuentres las telas, necesito aprobarlas antes de comenzar con la confección. No pienso usar cualquier tela.

—No te preocupes, buscaré las de mejor calidad, pero está bien; mándame algún correo cuando ya estés en Italia y pueda ir a mostrarte las telas.

—Me parece bien, mándale un correo a mi agente y se hará cargo de hacerte llegar la información.

Me extiende una tarjeta de color marfil que ha sacado de su bolsa, la tomo e inmediatamente la guardo en su carpeta con el resto de sus datos, no le echo ni un solo vistazo, ella comienza a caminar hacia la salida de mi oficina y su teléfono suena, ella responde molesta, al parecer algo no ha salido como ella esperaba y sale disparada sin mencionar una sola palabra. La sigo de cerca y me sorprendo al ver que no se detiene para ir por Edward, se sigue de largo. Vaya, creí que habían venido juntos, o quizá la esté esperando fuera. Me quedo mirando la puerta cuando siento una mano posarse suavemente sobre mi hombro para hacerme girar y cuando lo hago, me encuentro con dos pozos profundos de color esmeralda. Son tan hermosos.

— ¿Ha sucedido algo? —pregunta serio y ¿preocupado?

—No, bueno, no sé —estoy tartamudeando—. Amm, recibió una llamada y salió corriendo. ¿No debes ir con ella? —pregunto.

—Ella vino en su carro y yo en el mío, puede irse cuando quiera —comenta.

¡Qué extraña es su relación!

—Vaya, bueno pues por hoy hemos terminado, he quedado con Tanya para ir a Italia cuando tenga las telas y llevarlas para tener su autorización —sin poder evitarlo pongo los ojos en blanco y después lo miro alarmada. ¡Demonios! Pero él parece divertido.

—Lo sé, puede ser bastante exasperante.

—Lo lamento, es sólo que…

—Descuida, después de lo que hizo ayer cualquiera actuaría de la misma manera o peor, como dije, suele ser bastante exasperante.

—Interesantes términos usados por un novio para describir a su prometida —le digo, Edward sólo se encoge de hombros.

—Amm —se pasa su mano por su cabello y lo hace ver mucho más sexy—. Es algo tarde, Tanya te ha mantenido muy ocupada y no has tenido oportunidad de comer, al igual que yo, así que podemos ir a tomar algo y me platicas sobre los planes que hay para el famoso vestido.

¿Me está pidiendo que salga con él? No, no, no, me aclaro rápidamente la cabeza, no debo ir más allá de lo que son las cosas, me está pidiendo que coma con él para poder hablar del vestido de su prometida, eso es todo, nada de hacerme ideas absurdas, pero ¿debería ir con él? Eso podría darse a la malinterpretación y ya tengo suficiente con Tanya, no necesito más drama con ella.

—No lo sé, quiero decir ¿no crees que es un poco raro?

—No pienses demasiado las cosas, sólo iremos a comer; como dije, ya es tarde y apuesto a que debes de estar muriéndote de hambre, Tanya te ha mantenido trabajando.

—Yo, bueno… —la verdad es que sí tengo mucha hambre y mi estómago traicionero decide hablar por mí al gruñir.

—Ahí está —me sonríe de lado, es una sonrisa tremendamente seductora—. Anda, vayamos a comer —dice completamente divertido.

Toma mi mano y me saca del local, miro hacia todos lados para vigilar si alguien nos ve, pero no hay nadie alrededor. Me siento como si estuviera haciendo algo prohibido, pero trato de recordarme que sólo iré a comer con Edward, el prometido de una clienta. De acuerdo, eso no suena precisamente como un argumento que pueda otorgarme la inocencia.

Llegamos pronto a un auto, es un Mercedes blanco, abre la puerta del copiloto para mí como todo un caballero, me sonríe antes de que logre entrar. Mientras lo veo caminar hacia el lado del piloto veo a una persona distinta, continúa con ese andar seguro, firme, confiado y sexy, pero hay diversión, chispa en su rostro. Sus ojos se encuentran plegados un poco como muestra de qué ¿alegría? ¿satisfacción? Me resulta difícil lograr descifrar lo que pasa por su cabeza en estos momentos.

—Te llevaré a un pequeño local que descubrí ayer, la comida sabe realmente bien —parece como un chico cualquiera con esa sonrisa grande y radiante, me quedo embobada—. ¿Qué sucede?

—Nada, bueno, es sólo que ahora pareces tan… normal —le digo y mis mejillas se tiñen de rojo.

—Tu sonrojo es adorable —logra intimidarme y prefiero desviar mi mirada—. Lo siento, no quería hacerte sentir incómoda, pero ¿normal? Espero que para bien.

—Oh, sí, es que es… No conozco mucho de ti, sólo que eres un empresario exitoso lo que quiere decir que eres rico y me resulta increíble que disfrutes de la comida en un local pequeño —aclaro.

—Sí, soy rico y mucho —su tono ha cambiado totalmente, ahora habla de manera cínica y altanera—. ¿Qué? Ahora que sabes eso cobrarás más por tus servicios, planearás algún chantaje o aprovecharás para hacerte fama de hacer el vestido para la prometida de Edward Cullen.

¡Vaya imbécil! Aprieto mis puños lo más fuerte que puedo, la ira que me recorre el cuerpo está aumentando a velocidad impresionante. Y yo que creí que era diferente para ser un rico engreído, es tal para cual que Tanya, bien merecidos el uno para el otro. Tomo aire lo más profundo que puedo, lo necesito para calmarme.

—Gracias por la invitación, pero no estoy dispuesta a pasar mi comida al lado de un patán ni malgastar mi tiempo con un rico prepotente, tú y Tanya pueden meterse su dinero por donde les quepa.

Tomo la manija de la puerta y salgo de manera rápida de regreso hacia la tienda, escucho un portazo detrás de mí y antes de que logre doblar la esquina en donde está mi local, una mano firme me rodea la cintura y me detiene, es él, no sé cómo lo sé, quizá por esa corriente eléctrica capaz de dejarme desarmada, pero sé que es él. Me pega a su pecho y siento su aliento cálido en mi cuello y oído.

—Lo lamento —susurra—. Es una excusa muy pobre y estúpida, pero estoy tan acostumbrado a que la gente se me acerque sólo para sacarme dinero —dice enfadado.

—No deberías de juzgar a las personas de manera tan rápida —me aparto de él antes de que esa corriente me consuma y caiga en la tentación.

—Por favor, discúlpame —me pide.

Se ve realmente afligido.

—No todos somos unos embusteros, el que tengamos necesidad de trabajar, y no tengamos tus ingresos no te da derecho de creer que nos acercamos a las personas como tú sólo para obtener algún beneficio —me doy media vuelta para continuar caminando, pero nuevamente me detiene.

—Por favor, perdóname. Anda vamos a comer —me pide.

—Te perdono, pero lo de comer no creo que sea posible.

—No dejes que un error mío nos eche a perder la tarde —toma mi mano y me acerca a su cuerpo.

—No es eso, no creo que sea lo correcto que salga contigo. Eres el prometido de una clienta, técnicamente no tengo nada que ver contigo —su pulgar comienza a acariciar en círculos el dorso de mi mano.

Edward no responde, sus ojos se vuelven impenetrables.

—Bella, por favor —es una súplica—. Está bien, no vayamos a comer, pero demos un paseo por lo menos.

—No creo que eso…

—Nadie nos verá, lo prometo, me refiero a alguien que pueda ponerte en peligro.

— ¿Y qué hay de ti?

—No tienes nada de qué preocuparte, al menos que quieran correr con una demanda y lidiar con mis abogados.

—No lo sé.

—Sólo un paseo, Bella —su mirada se vuelve persuasiva.

—De acuerdo —termino cediendo.

Llegamos a Buchan Country Park y comenzamos a andar, se siente templado, es agradable el clima. Realmente es un buen día para dar un paseo, pero me siento intimidada, cohibida y sé que es por su presencia, puede ser muy intimidante, pero lo que realmente me tiene así es la extraña sensación que provoca en mí. Me pone la piel chinita, hace que me sonroje, logra que cada parte de mi cuerpo se sienta… viva. Me da miedo el sentirme así, jamás lo había sentido. Eso es lo que me mantiene en estado de alerta, no sé qué puede suceder, qué es lo que puedo llegar a hacer si me dejo llevar por los sentimientos que me abruman en este momento.

—Es un hermoso día —comento.

—Lo es, realmente es hermoso —escucho en su voz cierta fascinación y deslumbramiento, lo cual me hace prestarle toda mi atención.

Cuando me giro hacia él lo encuentro observándome, su mirada es profunda, intensa, y me llama a unirme a él. Continúo caminando antes de hacer cualquier cosa.

—Creo que me encuentro en desventaja, tú conoces algo de mí y yo no conozco nada de ti —comenta.

— ¿En verdad te lo parece? Me refiero a que, si saber que tu prometida es Tanya, tu hermana Alice y que eres sumamente rico es conocer algo sobre ti estás lejos de la realidad.

—De acuerdo y qué es lo que considerarías tú que debes saber para decir que me conoces.

Lo miro con mis ojos entrecerrados, estoy dudosa, me pregunto si es en serio su pregunta. Como veo que no se ríe o existe algún otro signo de burla o juego decido contestar de manera honesta.

—Que me hablaras de tus sueños, tus sentimientos, tus miedos, lo que es importante para ti. Eso es lo que reamente me diría quién es Edward Cullen, el ser humano, no el empresario —respondo.

Su mirada se vuelve un poco turbia, pero rápidamente vuelve a ser la de antes. Me pregunto qué es lo que pasa por su cabeza.

—Así que quiere usted señorita Swan que me desnude para usted —sus palabras logran imprimir un significado mucho más oscuro en ellas, oscuro y… lujurioso; mis piernas tiemblan—. Me refiero a mi alma, no piense en otra cosa —me ruborizo por haber adivinado mis pensamientos—. Quizá, más adelante.

— ¿Qué… qué cosa?

Siento la necesidad de aclarar a que se refiere con que quizá más adelante. ¿Habla de desnudarse en el sentido de desprenderse de su ropa o desnudarse de abrir su alma para mí?

—Quizá más adelante logre darle la información que me pide —alza su mano y acaricia mi mejilla.

Cada célula de mi cuerpo despierta y grita por más contacto, reclama expandir la sensación de esa caricia. ¡Diablos, esto está mal! No debería sentirme así por la caricia de un prometido de una clienta, ni si quiera debería de aceptar las caricias. ¡Él no debería de estarme acariciando! Me aparto rápidamente, no quiero confundirme, ni que él se confunda.

— ¿Y bien, me contará algo de usted? —pregunta apremiante.

—No sé qué podría contarle de mí y que pueda resultarle interesante y entretenido.

—Quizá un poco de su familia.

— ¿Familia? No sé si yo tenga una familia —comento de manera distraída, pero él me ha escuchado, lo sé por su ceño fruncido. Quizá le impacten mis palabras, seguramente él debe de gozar de aquello que le llaman una "familia ejemplar"—. A mi padre hace años que no lo veo, prácticamente la mitad de mi vida, desde los doce y mi mamá, ufff resulta complicado el sentirla como tal.

Edward ladea su cabeza, parece realmente interesado y ¿afligido? Toma mi mano y me lleva hacia una banca que se encuentra a un lado del sendero. Comienza a preguntarme por mi relación con mi madre, el porqué es que me resulta difícil concebirla como tal. En cada palabra que digo el presta la mayor atención, parece sorprendido y enfadado por el comportamiento y actitud de mi madre, le cuesta creer la manera tan distante y fría, a excepción de cuando se trata de dinero, por supuesto.

—Sé que es tu madre, pero deberías de pensar en alejarte de ella, no tienes ninguna obligación de seguir aguantando sus desplantes y groserías —me dice.

—No puedo dejarla por su suerte.

—Estoy seguro de que encontrará la manera de salir adelante, es joven y por lo que me has contado de ella, manipuladora y astuta, con todo respeto.

Sólo me encojo de hombros, no puedo negar lo que dice.

—Me imaginaba que sucedía algo así entre ustedes, quiero decir, ¿quién entrega a una persona desconocida uno de los objetos más valorados por su hija? No podía creerlo cuando me di cuenta de que tu madre había cedido tu diseño.

El aguijonazo del dolor de la traición vuelve a instalarse en mi pecho, no quiero pensar en ello. El saber que entregaré mi vestido a Tanya para que se case con él se vuelve insoportable, dolorosamente insoportable.

—Soy el recuerdo del error que cometió al estar con mi padre, el error de la vida que tanto detestó y detesta —me vuelvo a encoger de hombros.

—Y aun así sigues soportándola —dice maravillado—. Eres sorprendente.

—No puedo ser como ella, quizá sea una perdedora, una estúpida buena para nada como me llama, pero no puedo simplemente botarla.

Su mirada es penetrante, reflejan admiración y algo más, algo que me cala hasta los huesos. De pronto su respiración se vuelve agitada, al igual que sus ojos que han bajado hasta mis labios. Siento su mirada, es como un cosquilleo. Me mordisqueo los labios para hacer desaparecer esa sensación, pero es inútil.

—Lo lamento —susurra.

No tengo idea de a qué se refiere hasta que me sorprende con el contacto de sus labios con los míos, son suaves y tiernos, me tientan a morderlo. Toma mi rostro entre sus manos y comienza a besarme de verdad, su lengua delinea el contorno de mi labio superior. El contacto quema, queda de una manera placentera, tentadora, abrasadora y necesito más. No controlo mi cuerpo, sólo se entrega al placer y a la satisfacción de sus necesidades. Así que abro la boca esperando su invasión y ahí está, justo la profundidad que necesitaba, la intensidad de sus labios moviéndose junto a los míos. Suelto un pequeño gemido cuando succiona mi labio inferior.

No, no, no. Me reprendo a mí misma cuando una pequeña partícula de lucidez hace mella en mí. Pero qué estoy haciendo, está mal. ¡Me estoy besando con el novio de alguien más! ¡Alguien que está por casarse! Lo aparto de mí de un empujón. Ambos estamos agitados y nos vemos el uno al otro. Sabemos que ha sido un error. La excitación del momento comienza a desaparecer, para dejar espacio a una gran oleada de culpabilidad.

—Yo… —comienza a decir, pero no lo dejo terminar, me levanto de un brinco y comienzo a alejarme de ahí. No puedo hacerle frente a lo que ha sucedido hace unos minutos.

Edward Cullen y yo nos hemos besado.


Y bueno ¡Tenemos el primer beso de nuestra pareja! Les dije que podrían llegar a odiar más a Renée, le ha quitado cualquier posibilidad a Bella de quedarse con su vestido, y por cierto, comparto por completo el que la detestes. Recuerden que es una historia pequeñita, así que irá la historia de Edward y Bella un poco rápido.

¡MIL GRACIAS POR EL APOYO INMENSO QUE LE HAN DADO A ESTA NUESTA HISTORIA! GRACIAS POR SUS REVIEWS: caresgar26, somas, Jeniffer, BlissBelleTwilighter, kaja0507, Smedina, cavendano13, terewee, rjnavajas, BereB, torrespera172, Cary, Maryluna, krisr0405, patymdn, Nina Duciel, Melany, Lizdayanna, sarapineda44, bella-maru, brigitte, LicetSalvatore, Lidia, piligm, Marce Ortiz, Peyci cullen, Amy Lee, kathitha, Lyd Macan y 5 lectores anónimos

Me gustaría poder responderles a cada una como suelo hacerlo, pero me temo que el tiempo no me da para más :(... Realmente lo siento.

De nuevo, MUCHAS GRACIAS POR LEER.

¡Nos leemos en el siguiente capítulo!