Gracias por los comentarios. Como siempre dueña de nada...
Capítulo Dos: Deja Vú
Humo. Mucho humo, olor a gasolina y metal aplastado es lo que se podía ver del auto donde estaban atrapadas las chicas, ambas inconscientes. Sin embargo fue Maura la primera en despertar de la conmoción del accidente sin saber cómo acabó en ese estado.
¡Oh Dios… esto no puede ser bueno…! – Gimió cuando pudo abrir los ojos y darse cuenta de su entorno. Podía oler la gasolina filtrándose del auto, vio el parabrisas roto y el lado izquierdo del auto aplastado y a Jane sentada en el asiento del copiloto aun con el cinturón de seguridad puesto, un golpe en la cabeza que sangraba y los ojos cerrados.
¡Jane…! ¡O Dios esto no puede estar pasando! ¡Jane! ¿Puedes oírme? – Maura llamó a su amiga muchas veces pero la detective no respondía a sus palabras. Eso no era bueno, se acercó a ella con cuidado para revisar su pulso en el cuello y exhaló un suspiro de alivio, estaba viva. Excepto que no abría los ojos y eso era lo que a Maura más le preocupaba. Además del olor a combustible.
Ella sabía que tenían que salir del auto lo más rápido posible, así que eso fue lo segundo que hizo. Aunque le dolía la cabeza como una perra, Maura consiguió sacar el cuerpo inconsciente de Jane del auto cuando se dio cuenta que la puerta del copiloto podía abrirse a pesar de estar aplastada. Lo segundo que vio Maura en su amiga, fueron las múltiples contusiones en sus brazos y sus piernas. Temía que pudiera tener algún hueso roto, pero tenían que salir de aquel lugar rápido.
La escasa luz que provenía especialmente de la luna le daba a Maura algo de visibilidad, pero era bastante escasa y ella sabía además que era muy peligroso quedarse tan a la intemperie.
Arrastró a Jane lo suficiente para quedar a un par de metros del auto pero lo bastante lejos para no ser vistas por algún desconocido.
Vamos Jane, necesito que despiertes ¿Si? Tenemos que llegar a la cabaña, no está lejos de aquí por favor… - Por más que Maura lo intentaba no podía hacer que Jane despertara y necesitaba con urgencia su maleta. Allí tenía algunos suministros que le ayudarían a saber el motivo por el cuál Jane no despertaba, además de agua y mantas.
Necesitaba revisar las heridas de Jane y mantenerla caliente, así que a regañadientes tuvo que caminar de vuelta al auto. Intentó abrir la puerta del maletero y lo consiguió cuando se dio cuenta que tenía una copia de las llaves del auto en uno de sus bolsillos, además de su móvil. No podía llamar aun. Tenía que hacerlo lejos del auto. Consiguió sacar la maleta y el bolso de Jane. Ambas cosas eran pesadas, pero la adrenalina que sentía por culpa del accidente conseguía mantenerla en movimiento. Eso, además de su preocupación por Jane.
El cooler fue lo último que pudo rescatar. Ya no podía volver más al auto por miedo a provocar una explosión.
Volvió con Jane y lo primero que hizo fue revisar sus pupilas. Maura se dio cuenta que ambas se dilataban sin problemas cuando posaba sobre ellas el haz de luz de la linterna, así que volvió a suspirar aliviada. Sabía que era cuestión de tiempo para que Jane despertara.
Su herida en la cabeza era la segunda cosa que le preocupaba, al revisar su cuero cabelludo notó que el origen de la sangre provenía de una herida que iba a necesitar puntos, pero al no tener luz no iba a poder hacer ese tipo de trabajo. Una venda tendría que hacerlo por el momento y eso fue lo siguiente que hizo.
Siguió revisando el cuerpo de Jane en busca de más heridas, pero todo lo que pudo encontrar fueron contusiones menores. Por fortuna ningún hueso roto. Sacó una manta de la maleta y cubrió a Jane con ella, poniendo su chaqueta negra bajo su cabeza para tenerla más cómoda. Luego se consiguió piedras, palos, hojas y ramas para armar un fuego improvisado. Necesitaba más luz y calor porque estaba comenzando a hacer frío y Jane no podía seguir perdiendo calor corporal, el riesgo de hipotermia en su estado era alto y Maura no podía seguir arriesgándose.
Cuando logró encender el fuego no pudo evitar sonreír a pesar de todo. Lo poco que sabía de acampar se lo había enseñado Jane cuando hicieron un corto viaje al río. Jane fue quién le enseñó a vivir salvajemente, a disfrutar del aire libre que no fuera en sus típicas salidas a trotar y a disfrutar de lo que la naturaleza tenía para ofrecer. Ese fin de semana había sido muy divertido para ambas.
Un ruido proveniente del cuerpo de Jane sacó a Maura de sus recuerdos. No tardó nada en llegar a su lado mientras la detective comenzaba a moverse entre gemidos e intentaba hablar.
¿Lo que…? Sed… ¿Dónde…? – la voz ronca de Jane sonaba bastante más ronca de lo normal. Quiso levantarse pero el brusco movimiento le provocó un fuerte mareo además de un latigazo de dolor que la hizo gemir en voz alta el nombre de Maura.
Calma Jane, no te muevas. Todo está bien ahora… – le pidió la forense a su amiga obligándola a volver a recostarse con un suave masaje en el pecho. Jane que la escuchaba, le hizo caso sabiendo que a su lado se sentía protegida.
¿Maur? ¿Qué fue lo que pasó…? Oh Dios tengo tanta sed… - Jane volvió a gemir pidiendo agua y Maura le dio de beber un poco de agua de una botella. Le pidió con suavidad que bebiera pequeños sorbos para evitar atragantarse y Jane lo hizo, no porque quisiera, sino porque no sabía si iba a poder aguantar otro latigazo de dolor como el que sintió cuando intentó levantarse.
Cuando pudo aclararse la garganta Jane volvió a hablar. Se quejó de dolor de cabeza y Maura tuvo que contarle que habían tenido un accidente. A la mención de aquella palabra Jane volvió a alterarse creyendo que Maura también estaba herida.
¡Mierda Maur…! Yo estoy aquí acostada y tú… - Jane estaba muy nerviosa, necesitaba saber si Maura estaba bien y el dolor en su cuerpo que le impedía moverse como quería le alteraba los nervios aún más. - ¿Estás bien? ¡Por favor dime si estás bien! Yo no soportaría….
Calma cariño no me ha pasado nada – las suaves palabras de Maura tranquilizaron de sobremanera a Jane, aunque a ninguna se le pasó el hecho de que Maura le había dicho "cariño". Sin embargo ninguna de las dos mencionó nada al respecto. – la que está herida eres tú Jane, tuve que sacarte del auto y traerte aquí, ya no podemos volver a él. Maura le contó a Jane como había ocurrido el accidente y todo lo que había hecho desde entonces. Jane intentó sonreír a pesar del dolor, agradecida de tener a Maura a su lado sana y salva. De pronto se dio cuenta que la oscuridad las rodeaba y que la luz de la luna las había abandonado. El pequeño haz de luz de la fogata no las iba a proteger lo suficiente y echó en falta su arma de servicio. Casi nunca se separaba de ella y no tenerla la hacía sentirse muy vulnerable.
Mi arma… Maur, necesito mi arma… - la ansiedad en la voz de Jane puso en alerta a Maura. La rubia entendía que su amiga necesitaba sentirse útil a pesar de su estado y notó de inmediato que si no accedía a darle lo que le pedía no se iba a quedar tranquila.
Así que esta vez buscó en el bolso de Jane y encontró lo que su amiga le pedía. Su arma de servicio y otra más pequeña que Maura supuso era de repuesto. Sacó ambas.
Cuando le entregó la pistola a Jane, Maura se dio cuenta que ella no tenía la fuerza suficiente para tomarla y menos disparar en caso de ser necesario. Y aquello fue algo de lo que Jane también se había dado cuenta cuando notó que su arma de servicio le pesaba en la mano como una tonelada de rocas.
¡Maldita sea! – Jane maldijo en voz alta su suerte y Maura intentó calmarla pidiéndole que no se preocupara, que todo saldría bien.
¿Cómo quieres que no me preocupe Maura? – se quejó más enojada con su debilidad que con su amiga. – Estamos en medio de la nada, estoy herida y tú tienes que cuidarme. Ni siquiera soy capaz de protegernos usando mi arma porque mi maldito cuerpo está tan débil que la pistola me pesa toneladas en las manos. ¿Y si aparece alguien? ¿Cómo te protejo si viene alguien y nos ataca? Yo me muero si te pasa algo Maur, y tú lo sabes… No podría vivir con la culpa de….
Shhh… no pasa nada Jane, tranquila – esta vez Maura se había acomodado de tal forma que sostenía entre sus brazos el cuerpo de Jane. La rubia había acomodado la cabeza de Jane en sus piernas para más comodidad, mientras miraba a sus ojos marrones asustados. Odiaba ver Jane tan débil y vulnerable pero tenía que ayudarla a tranquilizarse y lo hizo hablando de todo lo que se le ocurrió, menos de los peligros inherentes de la noche.
Maura comprendía la preocupación de Jane, pero la rubia sabía que lo tenía todo controlado. Nunca le dijo a su amiga que tenía la pistola de repuesto y que la utilizaría de ser necesario. Había aprendido con Jane a usar una pistola pero siempre la aterraba el ruido que hacía al disparar.
Vamos a estar bien Jane, por favor confía en mí – le pidió Maura con suavidad pero con firmeza a Jane quien exhaló un suspiro derrotado.
Yo confío en ti Maur – le respondió la morena con una sonrisa y luego se puso seria – pero no confío en la gente que merodea por aquí de noche, y si no puedo protegerte yo….
Si tú no puedes protegernos entonces eso lo haré yo – la voz de Maura había sonado seria y dura. Decidida. Jane miró a los ojos de su amiga y no pudo evitar sorprenderse al sentir un aura oscura proveniente de ella. La miró a los ojos y no vio a la genio tonta que veía siempre, sino a la hija de un mafioso, vio a Paddy Doyle en sus ojos y no pudo evitar estremecerse.
Y estuvo a punto de decirle algo al respecto cuando un ruido proveniente de los árboles las dejó mudas. Eran pasos. El ruido de unos pasos había roto el silencio y el cuerpo de Jane se había tensado en los brazos de Maura. La rubia abrazó un poco más el cuerpo de su amiga con un brazo y con el otro tenía su arma oculta, preparada para usarla de ser necesario.
Tienes que salir de aquí Maur – le pidió con urgencia Jane intentando tomar de nuevo su pistola de servicio con las manos. – tienes que pedir ayuda, llamar a Korsak o a Frost. Decirles donde estamos, pero esconderte.
No creas que te abandonaré aquí Jane – se quejó Maura con seriedad – Porque no voy hacerlo.
¡Pero Maur es demasiado peligroso! – insistió Jane agitándose más que antes – sólo tú puedes sal…
No Jane ya te lo he dicho yo no me….
¿Pero qué tenemos aquí? ¿Dos hembritas perdidas en este bosque tan oscuro? – la voz de un hombre vestido con ropa oscura y armado cortó de golpe la pequeña discusión entre las chicas. Ambas lo quedaron mirando asustadas y el hombre al darse cuenta de ello sonrió con malicia – Sip, creo que esta noche, es mi noche de suerte….
