Plácidamente dormía, descanso tan bien que no se preocupó si la alarma no sonó, porque aún le quedad otro días más, el fin de semana y el Lunes empezaría de nuevo a despertar temprano para ir a trabajar. Así que ahora disfrutaría descansar, despertar a medio día e ir a comer fuera.

Quería olvidarse que fecha estaba, que sucedería en pocos días u horas, ya ni le interesaba mucho en realidad. Y quería... quería... quería... ¿había alguien con ella?

Había otro pesor en su cama, a su lado, se sentía observada. ¿Algunas de sus amigas vino anoche a quedarse? ¿Qué había pasado ayer en la noche? ¿Porque no recordaba bien la noche anterior?

Empezó a resumir lo que hizo; levantarse y recordar que en dos días sería San Valentín, ir al centro comercial y comprarse algunas cosas, la tienda de joyería y objetos con piedras hermosas, Ponny y María diciéndole que la piedra cumplía deseos, su deseo del beso, llegar a casa cansada y meterse a la tina para relajarse y después... ¿después que paso? No recuerdo nada, ni siquiera como llegue a mi cama. Creo que le puse muchas sale al agua... pensaba y nada venía.

Suspiro tranquila, todo era cosas de su cabeza, quizás por la fecha. Pero entonces ese pesor extra en su cama desapareció y ahora escuchaba a alguien caminar por su habitación, con tranquilidad y de nuevo su mirada en su persona. Y de golpe recordó el extraño acontecimiento en su baño. Abrió los ojos incorporándose y ver a esa persona que invadía su habitación. Era la misma de ayer en la noche. Grito de nuevo, tomando lo primero que vio y lazándolo a ese hombre que se encogió de hombro por su grito. Tomo otra cosa y se la lanzo, otro más y lanzo, otro y otro y otro, hasta sin verse con algo que pudiera causar daño. Se cubrió su cuerpo al verlo desnudo, la sábana blanca la cubriría bien.

-¿Quién demonios es usted?- aunque la maldición quizás solo alegraría más a ese invitado sospechoso.

-Los relojes, solo han sido fabricados para una cosa: Despertador. Puede causar mucho daño si cae en la cabeza de alguien- su voz era profunda, gruesa y varonil, distrayéndola por dos segundos y olvidar ese hecho para centrarse en averiguar otras cosas.

-Ese era el principal motivo al lanzarlo- ¿qué hacía? hablar con ese hombre como si fueran amigos de muchos años. Viendo su vestimenta, la misma de ayer, pecho al descubierto y con un lavadero de 6 perfecto, pantalones de cuero tan apretados que... wow... dejaban muchas cosas en la cabeza de cualquier mujer, los cuernos aun en su frente, rojos, su cabello de color castaño largo a la altura de cuatro dedos abajo de su hombro, alborotado y su tridente en su mano izquierda que parecía sostenerlo al cansarse de posar tanto. ¿La cola? saber Dios donde la escondió.

-¿Te gusta lo que ves?- había picardía en su voz, sensualidad detonante.

-¿Q-Que?- balbuceo indignada... - Ni es tus sueños Satanás- con sus dedos hizo una cruz para alejar el mal. Tuvo que amarrar bien fuerte la sabana para que no resbalara y dejara ver su cuerpo como Dios la trajo al mundo, bueno exceptuando lo de la sangre y el llorar y siendo un bebe.

Ese rostro serio, el cual le parecía esculpido por los ángeles, como un adonis, le mostró una pequeña sonrisa que... le paro el corazón por media milésima de segundo. -Satanás no sueña. Pero si hace realidad lo que desea.- Él interpretaba muy bien su papel.

Sintió miedo, ese hombre podía ser muy sexy, tener un cuerpo que envidiaría cualquiera, una voz tan sensual que la excitaría, pero su procedencia era de temer.

-Así que Satanás ¿eh?- trataba de hallar palabras que decir y salvar su alma... - ¿Cómo sé que usted es Satanás, y no un pervertido violador?- dijo nerviosa.

Vamos Candy, podrías haber pensado en algo mejor. Incluso Satanás podría ser un violador. Se decía a sí misma.

La sonrisa de Satanás se agrando un poco por varios segundos mientras la miraba a ella, piel pecosa, ojos verde como el jade, una nariz pequeña respingona, cabello enredado largo con rizos, y su cuerpo, lo recordaba bien cuando anoche la saco del agua para que no se ahogara, no estaba nada mal, y él era sincero, le gusto lo que vio. Volvió a su rostro serio sin emociones...

-Quieres pruebas.- dio un paso hacia adelante, mientras ella retrocedía todo hasta toparse con la mesita de noche en su dormitorio... -Puedo mostrártelo, está debajo de estos pantalones de cuero negro, entonces verás que es diferente a los hombres normales que hayas conocido.

Candy abrió la boca, sorprendida por un segundo e indignada a los siguientes. ¿Y este que se creía? ¿Que ella era virgen y no había visto lo que hay dentro de los pantalones de un hombre? Claro que ya lo hizo, muchos años atrás y bueno... si había de diferentes tamaños y grosor, eso lo entendía bien, pero solo por ser Satanás sería diferente su forma o el tamaño. Nah... Eran patrañas. Todo era lo mismo, fuera hombre o Diablo o Dios o Ángel.

-No lo creo. He vistos muchos y todos tienen la misma textura, quizás varían en medio o un centímetro de largo, así que no creo que eso que tengas adentro me sorprenda y me haga creer que eres Satanás.

Él abrió y cerró varias veces los labios. Uff, esa mujer lo había tomado con la guardia baja al respondedle así. En realidad nunca lo pensó de esa forma.

-Yo habla de lo que muchas personas se han osado en decir sobre Satanás, que la mitad de cuerpo para abajo tiene forma de cabra, mujer pervertida- no pudo aguantar más seriedad, sonrió esa mujer era sorprendente, lo había dejado sin habla y con palabras sin decoro.

-Oh...- había malinterpretado todo, se sintió avergonzada -lo siento- se disculpó.

Esa rubia era bipolar, ayer en la noche estaba asustada, cuando despertó parecía defensiva por invadir su habitación, también nerviosa al decir que no era el Diablo, con pensamientos morbosos hacía un minuto y ahora avergonzada, tímida. ¿Quemas tenía para mostrarle?

-Pero espera... ¿En verdad eres Satanás? si es así ¿porque estás aquí? ¿Acaso me voy a morir? o ¿fue porque le dese la muerte Neal cuando lo encontré con otro hombre? porque debía hacerlo, el muy desgraciado bateaba para otro lado, además eso fue hace dos años no es muy tarde para ello. O ¿es que fue porque dije que un demonio podría besar mejor y me llevaras al Infierno para que ese demonio me dé un beso? bueno eso solo era delirio y yo... -

-Silencio...- la cayó. ¿Cuantas palabras podía decir esa mujer en menos de medio minuto? ¿No le faltaba el aire o se cansaba?

A veces hablaba sin parar, pero es que tenía que haber una explicación por la que el mismo demonio de los infiernos estuviera ahí con ella. Entonces lo vio, su collar, que compro o más bien le regalo Ponny y María, estaba en el cuello del hombre o demonio (daba lo mismo)... junto a su piedra en forma de gota con ese color azul aunque parecía más oscuro a la luz del día.

-Maldito ladrón devuélveme mi cadena con mi piedra- había sido un regalo y lo pelearía, aunque fuera un demonio de fueras sobrenaturales.

-Esta es mi cadena, la tuya cuelga de tu cuello- dijo aun divertido, había juzgado muy temprano a la rubia, sería divertido y entretenido.

-¿Qué?- toco su cuello y ahí estaba la piedra, azul océano con rojo sangre y esta estaba brillando... -¿Que sucede? ¿Porque brilla? Ponny y María dijeron que solo había una y nunca encontraría otra igual, ni aunque la fabricaran...- no entendía.

-Ponny y María ¿eh?- ya no tenía los cuernos y el tridente desapareció. Solo quedaba él con su pecho desnudo perfecto y sus apretados pantalones de cuero. - No hay iguales, eso es cierto. Mira muy bien tu piedra y la mía, mujer.

Lo hizo, su piedra de azul océano y rojo sangre brillaba, la de él no lo hacía pero era de un solo color de azul no tan oscuro y ahora notaba que eran el mismo color que sus ojos. ¡Fascinante! Pero no entendía.

-¿Quién eres?- pregunto, ahora calmada y esperando una buena respuesta.

-No juzgues vestimenta. Deseaste un beso de Satanás ¿recuerdas?- no había deseado un beso de nadie, eso solo había sido sarcasmo.- y te lo cumplí.

-Ya entiendo- ambas hermanas tenían razón, la piedra era mágica - eres un genio, como el de Aladín.

¿Aladín? Tampoco visto tan raramente, ¿qué clase de mujer me toco? recriminaba en su mente.

-No. No soy un genio y tampoco como el del dichoso Aladín. Yo solo me presente como tu deseo decía, nada más-

No entendía mucho... -¿Quieres decir que... me darás un beso y te iras?-

-No del todo. El beso si, irme no lo creo.- se acercó más a ella y Candy si fuera posible quería atravesar la pared para hacer más distancia - La piedra colgada en tu cuello me pertenece.

-¿L-La piedra?... si la quieres...- se quitó la cadena ofreciéndosela -ten es tuya, ya no la quiero.

Resoplo. Ya no estaba esa valiente mujer, ahora la asustadiza.

-Me refiero que la piedra es tuya, te ha elegido y por lo tanto, yo, soy tuyo y tú, eres mía-

-¿Mío? ¿Tuya?-

-La piedra y mi piedra son gemelas, a diferencia de la tuya que tiene el color rojo ¿Sabes lo que significa?- se adelantó otro paso... negó con la cabeza a falta de palabras... - esa piedra es mi corazón quien ha encontrado a la mujer que será mía. Te ha elegido... cuando brillo por primera vez y te escucho supo que era para mí, por eso Ponny y María te la dieron.

-Espera... ¿Ponny y María?- detuvo su andar. - Ellas me la dieron porque brillaba con mi voz...- dijo incrédula - ¿Es esto una broma?

Solo hablaban y hablaban, no podían pasar a lo que debían pasar y era importante. Cuantas preguntas más podría tener ella, derrotado tomo asiento en la orilla de la cama, esperando más y más interrogatorio y saciar todas para poder al fin hacer lo que debía.

-No es una broma-

-Claro que sí, debe serla. Porque nadie vendría solo porque dice que su piedra, o sea la mía, es su corazón. Es imposible.

-No lo es- alzo la voz para que entendiera de una buena vez. - Ponny te dijo que la piedra es mágica y no se equivocaba, ellas la han cuidado a la espera de que la piedra, o sea mi corazón, encontrara a la mujer destinada para mí. Cuando la piedra brillo fue cuando hablaste por primera vez al entrar a la tienda de Ponny y María. El color azul me representa y el rojo es el de mi corazón. Mi piedra es la gemela de la tuya, cuando están cerca brillan haciéndose una sola. ¿Entiendes, Candy?-

Sería cierto ¿que los deseos que hacían realidad?, porque si deseo un beso "de Satanás" y este hombre se lo cumplió vistiendo igual, si hubiera deseado un novio que le hiciera el amor salvajemente ¿él lo hubiera hecho?, la verdad es que no se hubiera resistido mucho, se veía potente, musculoso, lleno de vida y a ella eso le faltaba, vida sexual, era alto, un poco más que ella, y esas manos ... ¡Oh Dios! se hubiera muerto si esas manos le hubieran recorrido su cuerpo y con tan solo pensarlo se humedecía. Tenía la boca seca, su cuerpo parecía estremecerse cada dos segundos. ¡Oh Dios!... no otra vez... necesitaba aire fresco, mucho aire fresco.

Acalorada como se sentía, se cruzó la habitación, hacía el balcón para que le pegara el aire. Nunca le había sucedido algo así. Ni en sus más recónditos sueños.

-¿Cómo sabes mi nombre?- Estaba a punto de gritar de ira. ¿Solo eso le había prestado atención? ¿Que la llamo Candy? ¿Enserio? -Ni siquiera se tu nombre.

-Mi nombre es Terruce, puedes llamarme... Terruce- se paró haciendo media reverencia con arrogancia.

-Te llamare como usted diga... Terry- le fastidio. Quien llamaría Terruce a un hombre que se tomaba la molestia de tutearla.

-Me estas fastidiando- le canto.

-No me interesa- le contesto, ya estaba más calmada, dejando de estar erizada... -Escucha... esto es difícil de digerir, hace un día atrás estaba agría, furiosa, triste porque eran escasos días los que faltaban para Valentín, y a tan solo un día, mañana, de esa fecha especial. Vienes con tu vestimenta de medio desnudo con unos pantalones que ... - trago saliva en tan solo pensarlo- ... parecen muy pequeños, diciendo que vienes a cumplir mi deseo de un beso, porque la piedra me eligió, al ser tu corazón, como la mujer que está destinada a ti, que tú eres mío y yo soy tuya ¿así nada más?-

-Si-

-Bueno, se escucha algo loco- le pensaba... pero era irreal, a nadie le sucedería eso, nadie que tuviera tan buena suerte en el amor y no estuviera tan desesperada como ella. - Aun así, no sé qué... hacer-

-Es el destino, o el amor, o lo que fuese. Pero las personas como yo, sabemos cuándo alguien es la mujer indicada con la cual pasaremos el resto de nuestras vidas. Claro esto puede romperse a menos que estuvieras casada, lo cual no estas. Si fueras lesbiana, lo cual dudo mucho ya que mencionaste anteriormente, que ya has visto a "muchos" de varios tamaños y te creería si fueras bisexual.

Volvió a ponerse roja, no estaba casada, no era lesbiana y tampoco bisexual, la tenía acorralada, y aun así no creía en eso de estar destinados.

-Por tu rostro, he de saber que no eres ninguna de las tres. Has tenido mala suerte, según mencionaste sobre un tal Neal y batear para otro campo, eso explicarías porque estás sola. Nunca encontraras a alguien que te haga sentir lo que yo a ti. Te estremezco con solo mirarme, me deseas y créeme, no solo tú.

Es que, era como un cuento de hadas, erótico. Como una película, o un mito.

-Yo no quiero obligarte o forzarte a nada. Y tienes res opciones.

Le llamo su atención, al menos había otras salidas... -¿Cuales?-

- 1. Aceptar que tú y yo nos pertenecemos el uno al otro.
2. Quebrar en varios pedazos la piedra y quemarla para que todo esto desaparezca. Y olvidarte que sucedió. Y-...
3. Devolver la piedra a Ponny y María, al menos estaría en buenas manos y dormiría un muy buen tiempo, hasta que mi corazón vuela a latir por alguien más.

¿Su corazón vuelva a latir por alguien más? Quiere decir que encontraría a otra mujer. ¿Porque no me agrada esa idea? Mis tripas saltan y mi corazón duele con solo pensarlo. Pero debería hacerlo, es demasiado para procesar y tener, no creo poder tenerlo y guardar este secreto. Pero no me molestaría tener a un adonis en mi cama todos los días. ¡Oh Dulce Serafín! ¿Qué hago? Es tan difícil.

Esperaba a que tomara una decisión, su corazón no había latido por alguien así, desde que fue encerrado en la piedra. Pero el aceptaría su decisión, si lo devolvía se resignaría, si lo quemaba pues lo salvaría de tener el corazón en dos, y si aceptaba que se pertenecían, pues sería lo mejor del mundo.

-Es tan difícil- susurro.

-Entonces habla con Ponny y María, ellas podrían ayudarte- camino lento hacía ella, quedando a escasos centímetros de su rostro.

-¿Ellas?-

-Son buenas consejeras y las guardianas que me protegieron durante años.- bajaba su rostro suave y sus labios estaban por rozarse y unirse.

-¿Enserio?- sus ojos se perdieron con los azules de él. Su mirada era tan penetrante que se haría su esclava si así pudiera tenerlo solo para ella.

-Si- un pequeño roce causo muchas emociones en su cuerpo, se sentía derretir y no lo había tocado aún...- y si decides devolverlo, te ahorraras el camino-

Se separó de ella, alejándose, dejándola abrumada, mareada y con las piernas como gelatina. ¿Cómo podría causarle eso, sin siquiera besarle?

-Cierto- le costó encontrar su voz. Soltó un suspiro tembloroso que esperaba no hubiera escuchado. Y no lo hizo, porque aparentaba ver su dormitorio dándole la espalda, mientras por dentro se debatía en morder los labios rosados y carnosos, probar su sabor y rozar su piel, pero debía resistir, mucho-mucho, mas debía hacerlo...

-Bien- volteo a verla como si nada hubiera pasado- mientras haces eso, yo daré un paseo.

¿Un paseo? se dijo...

-A-así... vestido- cuantos infarto le daría a las mujeres cuando lo vieran caminar así. El hospital se llenaría en una epidemia de mujeres desmayas por un hombre de ensueño.

-No. - en un parpadeo, su vestimenta había cambiado, llevaba jeans, una camisa azul con una chaqueta de cuero encima, sus botas motorizadas y anteojos negros cubriendo sus ojos. -Esto es mejor.- Eso está muy bien. Cállate Candy, en qué demonios estás pensando, serénate o parecerás de esa mujeres desesperas por un hombre así. Y deja de babearle.

-Sí, mejor...

-Muy bien, esta podría ser la despedida, según la decisión que tomes.- la tomo de su barbilla, con su pulgar rozando sus cálidos labios...- Adiós pecas-

Aturdida, de nuevo, con su toque reacciono cuando él ya se había separado.

-¿Eh?- escucho su risa, reía, desde que lo vio cuando despertó solo sonreía, su risa... wow... todo la excitaba... -idiota, no me llames pecas.

-Adiós... - estaba lista para saltarle encima y golpearlo si volvió a decirlo... -Candy

Y desapareció, como arte de magia. Como si nunca hubiera estado ahí, pero estuvo.

-Oh demonios... Candy ¿qué harás?-

...

No lo había pensado dos veces cuando él desapareció. Se dio un baño rápido, lo más rápido que lo hubiera hecho, se vistió, unos jeans, blusa y bailarinas, su cabello en una cola y ni siquiera se maquillo.

Salió rumbo al centro comercial, debía encontrar a las dos hermanas y que le explicaran ¿porque su piedra le dio un hombre?

Quería reírse, enserio. Es que todo parecía un mal chiste. Y si empezaba a creer que su mala suerte le causaba todo eso. Quizás era bipolar, porque hace unos segundos atrás quería reír, ahora quería llorar. Sus emociones estaban muy activadas al mismo tiempo. No quería parecer una loca enfrente de todo el centro comercial y le fuera peor.

Cuando diviso la tienda "Nullam Lapides", y no sabiendo aun su significado, corrió. Cuando las puertas se abrieron, al ser automáticas, volvió a sentir el aire acondicionado fuerte. Se estremeció, parecía hacerlo mucho ese día.

Había algo de clientela en la tienda, algunas mujeres cautivadas con los objetos, otras con las joyas, había entre mujeres y las dos hermanas estaban atendiéndolas. Ahora debía esperar que se desocuparán.

...

Ponny a pesar de estar atendiendo a una mujer con unos aretes, había visto a la rubia entrar, incluso desde que corrió para llegar a la tienda. Esbozo una suave sonrisa, porque eso podría significar algo y le causaba curiosidad sobre lo que la joven mujer le diría. Y al verla tomar asiento en una de sus sillas, entendió que las esperaría, así le diera la noche y no le importaba.

María lanzaba miradas de su hermana a la rubia, veía lo agitada que estaba la joven mujer, y no era por la carrera que dio para entrar en la tienda, no. Era por algo que le sucedió, sino no hubiera llegado con ellas. Su cuerpo y corazón brincaban de emoción. Hacía unos 10 o 13 años atrás una situación similar había sucedido, similar a la roca, porque el de esa vez fue un hombre el que la compro y al día siguiente había llegado sonriendo a ellas y agradecido. Además esto sucedió en Escocia, y el hombre era un rubio que siempre llevaba anteojos oscuros en su rostro.

Ponny ya llevaba atendiendo a 3 mujeres y creía que era suficiente tiempo para hacer esperar a Candy. Ella tenía un corazón amable y no podía hacer sufrir más a la rubia.

-Muchas gracias por su compra. Que tenga un buen día-

Al ver a María atendiendo a 2 mujeres y a su otra ayudante Molly, con otras 2, se dirigió a Candy. Quien perdida en sus pensamientos no vio su presencia hasta que le hablo.

-Porque no me acompañas, Candy- Solo asintió, ahora que estaba ahí en la tienda, todo era más pesado y preocupante.

-¿Ella es la chica que eligió la piedra?- la chica Molly pregunto María al terminar de atender a una clienta.

-Si- a María se le iluminaron los ojos... -Tardo mucho en aparecer ¿no crees?-

-Bueno, él es muy cabeza cerrada y creo que le fue difícil aceptar ese hecho, pero donde manda un corazón no manda el cerebro.

Ambas rieron, siguiendo atendiendo a más clientes.

...

Candy respiro, una, dos, tres, cuatro veces antes de empezar a hablar.

-Ponny, hay un hombre que apareció en mi apartamento, diciendo que yo le pertenezco y él a mí.

Ponny se cubrió la boca evitando soltar carcajadas.

- .. Y entonces Terry me dijo que tenía 3 opciones y que ustedes podían ayudarme, aconsejarme.

-¿Terry?- pregunto divertida... - me sorprende escucharte llamarlo así, cuando nunca ha dejado que nadie le nombre nada más que Terruce.

-Él me tuteaba y ¿qué persona que tutea, quiere que le llamen Terruce? Así que use su diminutivo, pero me dijo que lo estaba fastidiando.

-Sorprendente- opino Ponny.

-¡Ponny!- no le estaba ayudando en nada... -Ponny no entiendo ¿Quién es Terry? y ¿porque dijo que "las personas como él"?

-Está bien Candy, te contaré.-

Le presto toda la atención.

-Él no es una persona normal, ni María o yo, nosotras somos hechiceras. Terry también. Fue hace 500 años. Terry venía de un linaje de hechiceros, y nuestro corazón es quien encuentra a la persona que es nuestra otra mitad. Desgraciadamente en ese tiempo, Terry era un codiciado joven para las hechiceras y las brujas. Pero él no estaba interesado en ninguna, muchas se quisieron ganar su corazón más nadie pudo hacerlo. Su padre, Richard, estaba orgulloso de él, porque era el próximo líder de los hechiceros. Pero había algunos problemas, los brujos y las brujas querían hacer una alianza, un enlace de lazo matrimonial, con el hijo del Hechicero más grande y líder, con la bruja más fuerte y líder de su aquerrale. Se llamaba Susana, y tenía una obsesión con Terry. Y ni Richard o él, quisieron hacer esa alianza, porque los brujos eran traidores, Susana tomo eso como el principio de una guerra. Y a pesar de todo lo que Richard hizo para negar eso, a Susana no le importo, ella era fuerte y tenía más años que Terry y su padre. Por lo tanto tenía más conocimientos en magia, así que sabiendo que los hechiceros eran más que ellos, lanzo una maldición. En la cual Terry y 5 más quedaron malditos.

-¿Cual fue esa maldición?- pregunto Candy.

-Susana sabiendo que los hechiceros se guiaban en su corazón para encontrar a su alma gemela. Les maldijo convirtiendo su corazón en piedra, para que nunca encontraran su amor. Eso conllevo a ser encerrados en esas piedras. Hizo que los hechiceros dudaran de su propio corazón, causo caos y dolor al padre de Terry... - Ponny relataba porque Terry estaba en su piedra... -Es por eso Candy, que él te dijo eso, el corazón de un hechicero es sincero, cuando encuentra a su otra mitad sabe que es suya y él pertenece a ella. Pero no te obligara, por tal están las 3 opciones. Richard... sabiendo de la maldición de su hijo pudo modificar poco, lanzo un hechizo en el cual las cinco piedras, sus corazones, aun tendrían vida y cuando encontraran a su otra mitad, ellos saldrían de la piedra para enfrentarse a esa persona, dándoles tres opciones. 1. Aceptar que ambos se complementan. 2. Devolver la piedra a sus guardianes y quizás en algún momento conocería a otra persona y 3. Quebrar en varios fragmentos la piedra y lanzarla al fuego. Tres piedras han encontrado a su alma gemela, una fue aceptada como alma gemela, otra fue devuelta pues esa persona tenía familia y la más trágica fue quien acepto la tercera opción.

-¿Porque la más trágica?-

-Porque si decides quebrar la piedra y lanzarla al fuego, están lanzando su corazón, destrozándolo, quemándolo y matándolo.

-Eso es terrible.

-Por eso querido, tú eres quien decides que hacer, él te ha dado tres opciones. Estoy segura que no estas casada, ni comprometida, y tampoco Lesbiana. ¿Qué te impide aceptarlo?

-Bueno... yo... no se-

-¿Le has dado un beso?-

-¿Eh? ¿Porque?

-Un beso es lo que define si te gusta o no. ¿No te dio un beso?

Suspiro... -Mmmm... Casi... nos besamos.

-Veamos. ¿Sentiste escalofríos en tu cuerpo cada dos segundos? ¿Tus piernas se volvieron gelatina con solo tenerlo cerca? ¿Te abruma y marea sin siquiera besarte o tocarte? ¿Te excitas con tan solo imaginar lo que sus dedos te harían sentir?

Hubo un silencio, su corazón latía a mil por hora. ¿Acaso Ponny leía los pensamientos? Aun recordaba cómo se sintió cuando el rostro de Terry estuvo cerca, cuando sus labios tuvieron un leve roce y los escalofríos que le provoco con sus pensarlo sin ropa, lo excitada que estuvo varios minutos.

-Esas cosas solo puede causarte la persona que tanto has esperado. Todo eso que te ha sucedido en estos años, catalogándolo como mala suerte era porque tu corazón esperaba a tu persona indicada. No dudes tanto Candy o al menos no tardes tanto en tomar tu decisión. No puedes durar más de un día con la piedra y después deshacerte de ella, causaría más dolor. Decide Candy.

-Está bien-

Salieron, en la tienda había dos personas comprando, María y Molly les atendían. Ahora sabía la historia de Terry y la magia de la piedra.

Se despidió de ellas y salió rumbo a su apartamento. Tomo un taxi, al olvidar que tenía auto que la podría llevar al centro comercial. Cuando el taxi el dejo enfrente de su edificio y casi a punto de entrar en él, una moto se estaciono en frente, en una Harley Davidson bajo la persona de la cual fue hablar con Ponny, Terry.

En menos de un segundo se acaloro, su figura con esas ropas, la chaqueta, los anteojos, el cigarrillo y todo él, le causaban bochornos en el rostro.

-Regrese a tiempo- su voz la aturdió. De nuevo tenía la sensación recorriéndole el cuerpo, necesitaba llegar a su baño y refrescarse el rostro.

No dijo palabra, camino y camino hasta llegar a la puerta, abrirla y casi correr al baño. Dejando a Terry confundido por su actitud. Y mientras ella estaba en el baño, sabiendo Dios que... examinaría su apartamento.

Paso de pared en pared, observando los cuadros, las fotos de quizás su familia. Algunas decoraciones, paseo en la cocina, sala, comedor en el cuarto de lavandería, la habitación de invitados hasta llegar de nuevo a su habitación. Abrió gavetas, se vio en el espejo, y el armario que sin querer se topo con una caja que parecía más baúl.

No sabiendo cuanto tardaría la rubia en salir y teniendo curiosidad por saber que había, lo abrió.

Al principio no entendía que era porque se veían plumas arriba, al menar, encontró con un juego de esposas con terciopelo negro, también había una bolsa plástica transparente llena de patitos, de hule para el baño, con cuernos pero un poco pesados para ser de hules. Una caja rectangular delgada que decía "Por dentro y Por fuera" al abrirla se encontró con un tubo rojo largo de 30 cm, lo hizo a un lado y siguió viendo, otra caja cuadrada roja y al abrirla había un lengua. Por último saco otra caja, igual de rectangular y delgada, Stronics decía la caja, era recto pero también flexible cuando lo doblo, en la parte baja tenía varios botones, de Suave hasta Extremadamente Salvaje

Candy salió del baño, sintiendo que había mucho silencio. Lo busco pero no había señas de él, vio la puerta de su armario abierta y encontró a la persona que buscaba quien en esos momentos tenía algo personal en sus manos.

-¿Que estás haciendo con... los juguetes?- esperaba que él no supiera lo que era eso en sus manos.

-¿Juguetes?- lo había dicho como si eran objetos con los que jugaba cuando niña... -Hay Candy, podré tener demasiados años, pero se cómo se mueve el mundo cada año. No me sorprende que una mujer como tú, tenga tanto vibradores para consolarte.

Estaba literalmente muda, esos ojos azules le estaban penetrando, tenía una mirada animal, un hombre con hambre de ella.

-Yo...

-¿Cómo te sentirías teniendo a mí y a este vibrador dentro de ti, juntos?-

-Ahh...- un gemido escapo de sus labios. Ya parecía imposible negarse a que todo eso era una broma o un sueño. Con tan solo esas palabras la había hecho gemir de excitación y emoción.

Se rendía... ya no le importaba lo que ese hombre frente a ella fuera. Si Terry decía que él le pertenecía y ella era suyo, pues quien era ella para negárselo. Se entregaba, que él hiciera lo que quisiera pero que la tomara ya. Pero primero debía ser el beso o su cuerpo...

¡Qué demonios! que fueran ambas cosas... pero YA.

.

.

.

Continuara...