Hey, aquí, esta escritora casi fantasma hablándoles. Quiero dejarles el primer capítulo de una serie de capítulos que formarán parte de una saga un poco más grande. Como varias personas me pidieron una continuidad del fic futurista Sparkle y yo no pude resistirme a su hermoso encanto (?). He hecho su contraparte KyoSaya pero participó en un concurso internacional y hasta que no me den el veredicto,deberá seguir a la sombra de la PC. Por eso mismo, iré reconstruyendo la historia a partir de este capítulo inédito

Espero que les guste

¡Gracias!


DISCLAIMER: WG118 y algunos personajes, son de mi pertenencia. El resto, es de Shaft. Este fanfic está hecho sin ánimos de lucro.


FIREBIRD

Cap Nº 1

¿Tu nombre es...?

Sayaka se encontraba esa noche mirando el cielo en el techo de su edificio. Miraba las estrellas, completamente entretenida, una sonrisa inclusive, coronaba su delicado rostro.

No era el cielo más precioso del mundo, de hecho, había demasiada contaminación y las nubes que contenían lluvia radiactiva, hacía el hecho de estar fuera; más peligroso aún. Pero a ella le gustaba. Pese a todo, este apestoso y contaminado planeta era suyo. Era una citadina más, probablemente jamás podría volver a salir de aquí. Así que ¿Para qué odiar lo inevitable? Mejor ser de ayuda para quienes más lo necesitaran.

Por eso se había puesto a trabajar como policía, luego de graduarse de la academia.

Adaptarse no le fue TAN complicado. Un par de imbéciles por aquí, algún que otro perdido de un planeta estrafalario o galaxia completamente diferente y perdido por allá… Ya, lo normal para cualquiera que vive en este cuadrante de la Vía Láctea.

Pero le gustaría dar un cambio en su vida.

Digamos, es que su trabajo no era el mejor remunerado y hasta le debían unos cuantos meses. Dos o tres. Tenía cuentas que pagar e incluso, su horrendo departamento, tan pequeño que daba pena. El negocio inmobiliario se había vuelto del asco.

Vivía en uno de los lugares más peligrosos de la ciudad; cuyo nombre causaba pavor en los citadinos de los barrios más acomodados. Ella solía hacerse la que no se acordaba del nombre, porque siempre debía enfrentarse al prejuicio del resto. Y ya estaba harta de las buenas costumbres. Es que no quería explicar que su sueldo no para daba más. Los casos no eran asignados, sino que se daban a los que llegaban más rápido a la llamada por el radio. Ella poseía un radio bastante añejo; aún se la consideraba una aprendiz y si quería ser una gran agente, debía esforzarse. Ah, la estúpida meritocracia…

Escuchó a un par de vecinos discutir, pisos más arriba, en otro rascacielos que debía tener como doscientos apartamentos. Luego, había uno del otro lado; más alto, más imponente y en ese vivía la gente que podía acceder, por ejemplo, a media hora más de agua no contaminada. Le generaba hasta un poco de envidia, pero ella no podía permitirse semejante lujo.

El tema del agua contaminada y los poros, ya no era un dolor de cabeza para los seres humanos. Te bañabas y luego tomabas una pastilla que neutralizaba la radiación. La verdad es que nadie sabía qué contenía ese comprimido, las farmacéuticas se habían forrado, igual que los laboratorios que la comercializaban.

La comida era otro tema. No siempre había en los mercados. Todos los animales estaban contaminados, por lo cual, las vacas solían traer otros problemas. Sayaka comía carne una o dos veces a la semana. Los productos de mar eran tan caros, que solamente lo consumían los seres de mejores posibilidades económicas. El resto se llenaba con comprimidos, para no tener mucha anemia. No todo el mundo se encontraba en óptimas condiciones de salud; pero el cuerpo pide alimento y no queda otra que aceptar la realidad: En algún momento, morirás de hambre ppr ser pobre.

Sayaka sacó su celular, uno pequeño, pero que tenía una pantalla virtual, y cambió el tema. Le gustaba la música vieja, así que se puso algo y luego los auriculares.

De nueva cuenta, cerró sus preciosos ojos azules.

Esta tarde había sido bastante tranquila. No hubo casos ni mucho papeleo; sólo patrullar todo el día, hasta que se hizo la hora del almuerzo. Resignada por un extra, volvió a patrullar y vigilar. Se encontró con un par de ladronzuelos y una pareja de niñas que se había rateado de la escuela para dar rienda suelta a los besos en uno de los callejones.

Sayaka sonrió.

Le causaba aún mucha gracia recordar el rostro rojo de la humana, cuando fue descubierta con esa chica que probablemente venía de Antoria, un planeta perdido en uno de esos cúmulos de estrellas a los que nadie entra. La oficial las había encontrado a los besos y además, a los manoseos hechos y derechos. Ah, la juventud.

Lo último que recordaba de cuando tenía sus hormonas a flor de piel, fue que su mejor amiga le había quitado el chico que le gustaba. Por ese motivo, ella decidió no interesarse por nadie más, hasta el día de su muerte. Si seguía así, probablemente Madoka, sería su esposa. No, no le gustaba de esa manera su mejor amiga, pero podrían solventar entre ambas los gastos y la chica no era de difícil convivencia. Hubo una época que vivieron juntas, en casa de la madre de ella; pero Sayaka se sentía muy intrusa, así que rentó un apartamento. Tenía conocimiento de que Madoka se sintió triste por esto, sin embargo, ella no quería molestarla. Además, le sabía mal vivir básicamente de arriba.

Al final, a veces tenía a su mejor amiga con ella, pasaban la noche mirando películas y hablando de todas los temas laborales que les molestaban, entre otros temas cotidianos. A Madoka le encantaban sus casos descabellados y las veces que encontró a jóvenes dando rienda suelta a sus hormonas en los lugares menos pensado. No es que fuera una policía de la moral, simplemente, había cosas que, por sentido común no podían hacer en público. Además, las escuelas daban aval a la policía para que se hicieran cargo de los chicos que andaban merodeando y no atendían a clases.

Había policías más frívolos, los regañaban, llamaban a sus padres y a la escuela para que escarmentaran, luego de una extensa charla moralista paternalista que daba asco; Sayaka era más de entender la situación. Simplemente les regañaba en tono de broma y luego los mandaba a estudiar. Ella se hacía cargo de explicar que probablemente hubo un accidente; para que el castigo de quedarse después de clases, no recayera en ellos.

La verdad es que la sociedad estaba muy preocupada por el futuro de los jóvenes. No había muchos terrestres, casi todos eran de otros planetas; donde vivían en sociedades muy reprimidas o liberales. Ni uno ni lo otro. El planeta Tierra era diferente, la verdad es que se trataba de un lugar más bien neutro. Pero tampoco podían hacerse los locos y escribir sus propias reglas.

Una de las condiciones para vivir aquí, básicamente era ser útil para la sociedad. Si no lo eras, te ibas despidiendo de la promesa de una vida bastante digna y de seguir habitando en este planeta.

Sin embargo, los niños eran el blanco fácil de las redes de prostitución humana o alienígena, algo completamente prohibido y penado por la ley en los lugares más respetado del universo. La Tierra podría caerse a pedazos, pero se había comprometido a cuidar de los menores y todos los seres vivos. Sayaka sabía que la política era sucia, pero tampoco podía meterse demasiado. Si la encontraban haciendo un "bien mayor", probablemente la desaparecerían. Por si fuera poco, las diferentes drogas que circulaban entre los más jóvenes, era bastante preocupante. Todos los adultos estaban que querían romperse la cabeza contra el piso, porque las grandes pandillas no eran absolutamente terrestres; los blancos eran estudiados desde otros planetas para ver si podían llegar a funcionar como mulas o simplemente para el traspaso común mediante diferentes tipos de recipientes que pasaban desapercibidos por los controles policíacos de rutina. Sin embargo, nadie conocía sus verdaderas caras, por lo que también traía más problemas. Por último, había otra dificultad enorme y era el de las grandes ciudades contaminadas que no podían habitarse por más de siete o cien siglos. Los más jóvenes solían ir ahí y retarse a ver quién duraba respirando el aire asesino. Ellos creían que era un juego, pero Sayaka misma comprobó lo peligroso que era exponerse a esa radiación.

Tener el brazo y la pierna derecha; además de la mitad de su cuerpo; reconstruido y con placas de protección para que la radiación no siguiera carcomiendo sus huesos, era la justa explicación. Había cura para esta dolencia, pero tenías que ser de buen poder adquisitivo, político, economista, artista famoso o trabajar en la policía, si querías viajar al otro lado de la galaxia o por todo el universo. Los vuelos interespaciales eran muy caros, de hecho, hasta una persona rica tenía permitido salir de la Tierra una o dos veces en su vida.

Los niños eran la mayor preocupación de Sayaka. El libertinaje sexual, las drogas peligrosas, las ciudades contaminadas y el poco interés de los adultos en sus hijos, realmente le hacían de su jornada laboral, un infierno. Pero no se quejaba. Le gustaba trabajar con los más pequeños y convencerlos constantemente a que dieran lo mejor de sí mismos. Éstos respondían de manera adorable y a ella, le enternecía muchísimo. La chica, a diferencia de otros policías, se acordaba aún de cuando era una mocosa de doce o trece años con todas las ansias de conocer cada rincón del planeta Tierra. Decían que era hermoso; pero ella había nacido en una época complicada y básicamente era una superviviente; que arañaba por un día más de vida.

Suspiró

De nueva cuenta, en vez de relajarse, terminaba con su ceño fruncido y pensaba de más, por horas enteras.

Mejor se iba a la cama.

Había sido un día muy complicado hoy.


Despertó cuando escuchó uso golpes en la puerta de su habitación. Se quedó con los ojos abiertos de par en par cuando la vio ahí, con una sonrisa desvergonzada. Frunció el entrecejo y sus mejillas se colorearon un poquito.

¿Cómo sabía su dirección?

¿Y qué hora era?

Miró su reloj.

¡Las cuatro de la mañana!

-¡Kyoko!

-Vine, te dije que vend….-Sayaka adentró dentro de su apartamento, tironeando con su brazo bueno, a la chica y los bolsos enormes; antes de que el estúpido bueno para nada del sereno del edificio, dijera que había intrusos en su casa. -¿Qué pasa?

-Baja la voz…. –Sayaka dudó un poco pero luego la estrechó un poco contra su cuerpo, con suavidad. Cerró sus ojos, permitió que el rojo saliera del todo y sin tregua, mientras la joven no la miraba. Luego, se separaron y la miró, en la penumbra. -¿Cómo…?

-Heh, sabía tu dirección porque le pedí a Eula que te investigara… -Se encogió de hombros

-Ah. –Levantó una ceja. -¿El comandante de no sé qué tuyo, ese…?

-Sí, el chico "Guapísimo y sexy del planeta WG118 (Lástima que no tiene sentimientos); con su hermoso cabello y ojos aguamarinas" que tanto te gusta. –La pelirroja guiñó un ojo y luego fue hacia su bolso, ignorando el súbito bermellón en el rostro de la oficial.

Sayaka se aclaró la garganta.

-¿Dónde está tu nave?

-La tiene Oliver. Tranquila, solía traficar tecnología a otros planetas donde creen que vivir en la Edad Media es la mejor opción de vida.

Sayaka puso los ojos en blanco.

-¿Acaso no conoces las leyes de la Tierra? Eres la jefa de policía de tu jodido y perfectito planeta WG118, sabes más que nadie en el problema que lo meterás si…

Kyoko interpuso un dedo en los labios de la oficial, guiñó un ojo y le sonrió ladina.

-Estás hablando con los mejores traficantes, querida... –Se estiró un poco, perezosa. - ¿Dónde está tu heladera? Traje comida de verdad, muero de hambre. –La pelirroja se rascó el estómago, mientras caminaba a sus anchas, como si nada sucediera, por la habitación.

Sayaka sólo pudo sentir cómo su rostro se calentaba mil millones de grados soles.

Luego de que comieran tranquilas, un potentoso snack del más puro y delicioso chocolate, a las condenadas cinco de la mañana, Sayaka terminó dándole su cama para que descansara. Era pequeña, pero al menos cabía ella. Iba a ocupar el sillón que era para una persona sentada, pero la pelirroja la tomó de la mano y llevó contra sí.

-¿Estás loca? Mañana trabajas, no vas a tener una mala noche de sueño y sé de buena fuente que malhumorada, eres terrible. –Se rió cuando escuchó un gruñido preventivo. - Ya de por sí, jodí tus pocas miserables horas de sueño. Ven, descansa tranquila. No me muevo mucho cuando duermo.

Sayaka tragó con dificultad y luego intentó cerrar los ojos. Era la primera vez que compartía la cama con alguien y aún más con esa chica que… A pesar de que su mente escandalizada intentaba dar explicaciones racionales y opciones de negarse; su cuerpo le dijo adiós a los minutos transcurridos.

-Bienvenida a casa… -Musitó antes de caer en un sueño profundo.

-Gracias, Sayaka- Susurró Kyoko, acariciándole la espalda de manera acompasada y besó cariñosamente su frente, como solía hacer con su hermana menor… Cuando estaba viva.


El sol en lo alto del cielo les decía que hoy era un día nuevo de trabajo. Sayaka desayunaba algo, mientras trataba de no caerse dormida en la mesa. Kyoko le había cocinado un par de huevos revueltos traídos de WG118, eran grandes y bien naranjas. Le gustaron tanto, que le pidió otros, porque no podía creer que ese era el genuino sabor al huevo. Comió con ganas, mientras Kyoko seguía mirando la tele pequeña que tenía Sayaka en la habitación. Probablemente viniese directo con la casa, sabía de buena fuente que la chica apenas podía sobrevivir el mes.

-Oye… -Intentó decir la chica, mientras su compañera comía, casi a las corridas. Sayaka la miró curiosamente, sus ojos estaban refulgiendo. Se acomodaba mejor la ropa de oficial, esa blusa pegada al cuerpo con los botones aún sin terminar de abrochar y el bra de color blanco, le quedaban de infarto. Kyoko se aclaró la garganta y miró su plato, jugó a pinchar la yema, ensimismada, mientras le daba la privacidad que necesitaba.

-Dime…

-¿Hace mucho que vives aquí?

-Sip, desde que empecé a trabajar en la policía. Sabes que a mi casa la remataron una vez que mis padres murieron en un accidente de auto, por sus deudas con el Estado ¿Verdad?

Claro que lo sabía.

-Sí, por eso mismo, quería decirte que si estás de acuerdo, podré aprovechar tus horas de trabajo, para investigar un par de departamentos donde quepamos las dos…

-¿Segura? No te olvides que yo tengo que dar la justificación de mis gastos al Estado. Si hay una irregularidad…

-Heh, no te preocupes. –Por alguna razón, la joven Sakura sonrió misteriosamente. –Yo me encargaré de esos papeles. Sólo quiero saber si estás de acuerdo en vivir en otra casa.

-¿En algún de esos barrios completamente contaminados? Mi sueldo sólo llega a cubrir ese gasto, no es el mejor lugar… Este departamento lo consegui de puro...

-No podemos arriesgarnos, sería peligroso para tu organismo, ya bastante que has perdido la mitad de tu cuerpo por haberte aventurado como estúpida que eres, en ESTELLA cuando tenías once con tus amigotes y luego, buscándome hace unos años. –Kyoko alzó una ceja e hizo un gesto reprobatorio con sus labios rojos. Estaba maquillada y se veía condenadamente atractiva con ese atuendo enterizo pegado al cuerpo de color carmín y negro. Cruzó sus largas piernas, tenía unas botitas sin taco, de los mismos colores. Sayaka sólo pudo ruborizarse hasta la punta de sus orejas, un poco humillada.

-¿Hay algo que no sepas de mí?

-¿Sinceramente? –Volvió a sonreírle.

-Tenía mala junta, Kyo. No puedes decirme mucho… Era tonta e irresponsable. –Suspiró. –Además, si no fuera porque me engañaste en un trabajo, probablemente saldría a buscar pistas de cómo capturarte y al no encontrar nada; volvería a investigar en esa ciudad a ver si te hallaba ahí como la anteúltima vez para darte tu merecido…

-Eso es cierto. –La pelirroja se rió entre dientes. -¿Sigo pareciéndote una delincuente sinvergüenza y peligrosa? –Se apoyó en la mesa de formato cuadrado y pequeño, para despeinar su cabello con parsimonia, atravesándola por encima, cuidando de no manchar sus ropas con la comida. Le sonreía encantadoramente, de costado.

-Claro que no... Tonta.

-¡Genial! Entonces confía en mí. ¿De acuerdo?

Suspiró.

-¿En qué líos me meterás?

-Prometo no destrozar tanto tu vida, que odias; pero estás muy cómoda. –Hasta Sayaka se rió, negando con su cabeza, sorprendida de que la chica la conociera tan jodidamente bien. –Termina de comer, te llevo al trabajo.

-¿Eh? ¿Tienes auto?

-Obviamente.

Sayaka suspiró.

Ya, de verdad es que si no quería llamar la atención, estaban haciendo un pésimo trabajo.


Cuando llegó a la oficina, luego de marcar su entrada, se encontró que en el escritorio, ya tenía unos recipientes con su almuerzo y un zumo delicioso de naranja recién exprimidos. Probablemente había sido Kyoko, ¿Qué parte de "No se permiten alimentos sanos walegianos en la Tierra"; esa chica no entendía?

Se estiró en el escritorio y luego, acomodó su uniforme que le quedaba algo ajustado. En vano había intentado adelgazar, todo le quedaba bastante pequeño, desde hacía unos meses y ahora se notaba. Los botones terminaron por desabrocharse y aprovechando que nadie entraría, lo volvió a arreglar; sus mejillas ruborizadas hasta la raíz de su pelo. Recordó que Kyoko la había visto completamente desnuda por la casa, esta mañana. No podía creer que dejaba a esa chica conocerla hasta en el aspecto más íntimo.

¿Por qué tenían esa relación con tanta química?

¡Se suponía que se odiaban, habían jugado por años a la ladrona y la policía; en este caso, La Peor Traficante de Alimentos y Rebelde de las leyes duras del planeta Tierra y otras confederaciones más conservadoras y Doña Amante de las Reglas y la Justicia. Le había dado más de un dolor de cabeza, hasta había decidido tirar la toalla como oficial, dudando de sus capacidades resolutivas de justicia. Su mente recordó el incidente de esta mañana, cuando, luego de levantarse de dormir, se encontró con que la chica no estaba en la cama. Creyó que había ido a hacer una visita a Oliver, la verdad, no recorrió demasiado su casa pequeña; tenía los minutos contadísimos para darse una ducha y salir volando a la oficina. Luego, mientras terminaba de secarse el cuerpo corriendo por la casa, desnuda tal como estaba, se la topó en la cocina.

Sus mejillas carmesíes se igualaron a las de su compañera y su cabello.

Pero, a Kyoko no le importaba verla desnuda, se rió entre dientes, antes de decirle dónde estaba su ropa, que había dejado la noche anterior, medio dormida antes de ir a descansar. Sin embargo, notó que en algún momento, recorrió lentamente su cuerpo con su rojiza mirada, muy interesada; cuando esperaba a que el arroz se hiciera. Estaba apoyada contra la mesada y mordió su carnoso labio inferior para mal disimular una sonrisa desvergonzada.

Sonrió.

No.

No le molestaba para nada que la viera así.

Sólo le parecía incómodo tener que fingir que su corazón no se aceleraba cada vez que eso pasaba. Era tonto, se sentía como una adolescente enamorada.

-Señorita Miki. –Susurró un oficial, ese de muchas manos y ojos perturbadoramente dorados. Sayaka lo miró atenta. –El nuevo comandante la espera.

-¿Nuevo?

-¿No se enteró? Han venido a reemplazarlo, luego de que al anterior jefe lo denunciaran por tráfico de niños para redes de trata.

Sayaka tragó hiel e hizo un gesto de pura repulsión.

No podía creerlo.

Hijo de...

-Ahora voy.

Acomodó sus papeles, estaba por ir a patrullar una vez más y probablemente hacerle una visita a la pequeña Mirina en su café, pero todo se quedó en su garganta, al llegar al despacho de su nuevo jefe.

No era un hombre más. No. La chica le sonreía de costado, con una confianza en sí misma infernal y acomodó su cabello coquetamente; antes de saludarla, dándole cordialmente la mano. El apretón vigoroso revitalizó las células de su cuerpo y su corazón volvió a dispararse. Las mejillas se colorearon sin misericordia.

-Buenas tardes, señorita Miki Sayaka. Mi nombre es Sakura Kyoko, seré su nueva comandante en jefe.

FIN DEL PRIMER CAPÍTULO