Aclaración: Los personajes no me pertenecen ni el mundo mágico en el que se desarrolla la trama, ya que todo eso pertenece a J.K. Rowling.
2
Estás cordialmente invitado...
Harry todavía podía escuchar el escándalo que estaban produciendo James y Sirius en la cocina de la casa. Ya habían pasado unos minutos desde que su padrino y sus padres lo habían pillado haciendo cosas con Ginny y aún podía escuchar a los dos merodeadores reír a carcajadas.
—¡Esto lo tiene que saber todo el mundo mágico! —oyó que gritaba James en voz alta, de seguro que hacía eso para que el pobre chico lo escuchara hablar—. ¡Mi hijo se volvió todo un hombre, Lily, mi niñito se volvió grande! ¡Todo un Merodeador! ¡Tengo que enviar un vociferar a la Orden del Fénix…! ¡No, mejor escribiré al Profeta contando eso…! ¡A todos sus amigos! —enmudeció por unos segundos!—. ¡Sirius, Merlín! ¡Deberíamos haberles sacado una foto para adjuntarla con el vociferador!
—¡Joder! ¿Cómo no se nos ocurrió antes? ¡Anda a buscar la cámara, James!
—¡Lily, amor mío! —siguió gritando a viva voz James—. ¿Dónde está la cámara?
—¡Merlín, James! ¡Compórtate como un adulto!
—¡Lily, uno nunca es demasiado adulto para celebrar la perdida de virginidad de su hijo! ¿Cierto, Sirius?
—¡Sí, Lily! Ahora dinos dónde dejaste la cámara.
Harry estaba seguro que, si estuviera observando en ese momento el rostro de su madre, la vería rodando los ojos y masajeándose la sien por la desesperación de tener a un marido tan inmaduro y un mejor amigo que le seguía el amén en todo lo que decía su padre.
—¡No les pasaré la cámara!
—¡Vamos, Lily! —insistió James.
—¡Que no!
Las voces fueron disminuyendo en intensidad y luego escuchó el ruido de que cerraban la puerta principal de la casa. Sus padres y su padrino habían salido por fin.
Derrotado y avergonzado, Harry se derrumbó en la cama, cubriendo su rostro con ambas manos. ¿Ahora cómo sería capaz de enfrentar las sonrisas burlonas de James y Sirius? ¡Lo molestarían para toda la vida!
—Harry, no es para tanto —oyó que decía Ginny a su lado que, a pesar de la enorme vergüenza que había tenido que vivir, tenía una sonrisa en su rostro y sus ojos brillaban divertidos—. Ellos también pasaron por eso. ¿O piensas que tú naciste gracias al espíritu santo?
El chico quitó sus manos de su rostro y la fulminó con la mirada.
—No quiero saber eso de mis padres. Para mí, mi madre es la Virgen María y fin de la historia.
Ginny hizo rodar los ojos con exasperación.
—Mejor me voy.
Antes de que Harry pudiera suplicarle que no lo dejara solo con los dos merodeadores y su madre, Ginny desapareció con un estallido. ¿Ahora qué haría? Bueno, era obvio que en algún momento de su vida tendría que enfrentar a ese parcito y, entre más pronto terminara con todo eso, mejor.
Decidido, se levantó de la cama y cuadró los hombros. Salió de la habitación, al mismo tiempo que oía que la puerta de la casa se abría y después escuchaba ruidos en la cocina. Se detuvo unos segundos antes de comenzar a bajar la escalera, pidiéndole al mundo entero valor para soportar la humillación.
Con un largo suspiro, bajó las escaleras y se dirigió a la cocina.
¡POR LAS FALDAS DE MORGANA! ¡JODER! ¿QUÉ MIERDA ERA TODO ESO?
Sin poder creer lo que estaba viendo, observó a James y Sirius, sentados en la pequeña mesa de la cocina, con cientos y cientos de hojas sobre la madera. Alrededor de diez plumas escribían a rápida velocidad, dejando atrás papeles que los recogían James y Sirius y luego apilaban a su alrededor.
—¿QUÉ ES TODO ESTO? —rugió, acercándose a ellos y agarrando una hoja, mientras su padrino y su padre mostraban inocentes sonrisas en su rostro.
Con la respiración agitada, leyó:
Querida Hermione Granger:
Estás cordialmente invitada a participar a la fiesta que se realizará mañana en honor a la perdida de virginidad del pequeño Harry Potter.
Esperamos su presencia.
Se despiden,
James y Sirius.
El shock lo recorrió en fuerte olas.
No. Lo. Podía. Creer.
«Merlín, mátenme»
—¿Te gustó? —preguntó James.
—Mañana es tu fiesta, pensamos decorar la casa con flores marchitas, ya que tú ya perdiste tu flor —comentó Sirius, apuntando diversos lugares de la cocina—. Por cierto, ¿dónde está la pequeña Ginny? —preguntó Sirius con una sonrisa perruna.
—Ginny se fue —respondió Harry, todavía demasiado impresionado y horrorizado para comentar algo sobre la gran fiesta que iban a celebrar mañana en su honor.
—Eso lo pudimos ver cuando los sorprendimos en la cama —dijo James, con la misma sonrisa que tenía su mejor amigo.
Harry sintió que las orejas que quemaban y que su rostro se sofocaba por la vergüenza. Merlín, él lo había predicho. Cualquier oración que él dijese, James y Sirius la iban a tergiversar para convertirla en una de doble sentido.
De pronto, Harry recordó sobre las invitaciones que todavía estaban siendo escritas. Reaccionando por fin, se lanzó sobre la mesa y agarró las plumas. Las rompió en mil pedazos, mientras tiraba las cartas al piso y las pisoteaba.
—¡NO SE CELEBRARÁ NI UNA MIERDA DE FIESTA!
—Pero, Harry…
—No, papá —lo interrumpió Harry, masajeándose la sien.
—Pero, Harry…
—No, Sirius —siguió—. Nada de fiesta. Fin de la historia y no quiero volver a hablar sobre ello. Jamás.
Cuando Harry estaba saliendo de la cocina, oyó que James le decía a Sirius.
—Creo que perder la virginidad lo convirtió en un aguafiestas. Me agradaba más el Harry virgen.
—Opino lo mismo que tú.
Harry sólo pudo salir al patio de la casa, mientras rogaba a Merlín que le diera fuerza para seguir soportando esta tortura.
—¡Igual haremos la fiesta, Harry! —gritó Sirius desde dentro.
Y luego el chico vio como cientos de lechuzas (¿De dónde habían salido todos esos pájaros?) salían de la casa y, cada uno de ellos, llevaba una carta en el pico que Harry pudo leer perfectamente.
«Invitación a la fiesta post perdida de virginidad de Harry»
Harry quiso morir en ese momento.
Muchas gracias a las personas que han comentado el capítulo anterior, me hacen feliz con ese gesto :D
Nos vemos en el siguiente capítulo!
Adiosin!
Nos vemos.
