PRÍNCIPE DORAN MARTELL — TEMPLANZA

Mientras que la Víbora Roja sucumbía con relativa facilidad a la ira, Doran Martell se aferraba a la apacibilidad, la que hacía a veces de armadura. Ante un león, con sus grandes garras y temibles fauces, siempre te encontrarás en guardia. Contra el ingenio y la paciencia de un hombre, pocos pueden hacer frente. Él aguardaba, intrigante, viéndolos a todos caer. Sentía el dolor en las articulaciones, pero la mayor tortura era ver como el reino olvidaba; como dejaba que los malvados hombres fuesen libres; como los nombres de los amados se convertían en canciones fúnebres. El Sur tampoco olvida.