Capítulo II: Regalo. Despedida.
Un nuevo día asomaba.
Kyouya miró por la ventana de su habitación: el sol radiante brillaba en el cielo límpido.
Hoy anunciaría su partida al Host Club.
El día había llegado.
Se preparó y puntual partió para la escuela.
Es verdad que cierta tristeza lo embargaba: recordó algunos momentos con el Host Club, después de todo, esos eran sus amigos. Y recordó cada instante que pasó a su lado, circulado por la compañía de Haruhi, recordó su sonrisa pura, la inocencia de sus cuestionamientos y el arte de conocer a las personas que a ella se vinculaban.
En ese momento, se sintió un poco extraño.
Su relación con Haruhi era, comparada con la de los demás, casi inexistente.
Sólo habían tenido ese encuentro en el supermercado de los plebeyos, en esa feria. Fue en aquella situación, cuando corroboró sus sentimientos por ella.
Pero ella nunca pudo notarlo.
Contempló la alta posibilidad de que, una vez lejos, ella lo olvidara. Temió no tener ni siquiera un lugar entre sus recuerdos… "Somos tan diferentes", pensó.
Un repentino deseo de quedarse lo invadió: maldijo el tiempo que había perdido viéndola siempre desde lejos, tratando de evitar que aquellos sentimientos que lo abrumaban se esfumaran.
Al instante, una desesperanza cruzó por su mente: Haruhi estaba enamorada de Tamaki. Tamaki amaba a Haruhi.
-"Son dos tontos…", pensó, al darse cuenta de que perdían tiempo en no aclarar la cuestión. Y pensó así, porque no quería que se arrepintieran luego, como él lo estaba haciendo ahora.
La desesperanza se tornó en realidad: se iría a Estados Unidos.
Llegó finalmente a Ouran.
La jornada escolar pasó sin mayores sobresaltos.
La tarde y la reunión con el Host Club daba comienzo.
Todos reunidos a petición del presidente del Host Club, Tamaki Suou, estaban en la ya habitual Tercera Sala de Música.
Kyouya cruzó la puerta. Los saludó y explicó:
- Voy a abandonar el Host Club antes de lo previsto…- dijo serio, pero un poco sonriente para intentar restarle importancia al asunto.
- ¿Quéeeee?...- exclamaron sorprendidos al unísono los hermanos Hikaru y Kaoru.
- ¿Pero por qué Kyo-chan?- sonó lastimero la frase Honey-sempai sobre los hombros de Mori, que sólo mostró su sorpresa arqueando una de sus cejas.
- ¡Pero tienes que convencerlo de lo contrario, señor!- repitieron los hermanos.
- No está en discusión. Es una decisión que ya he tomado.- replicó Kyouya.
- ¿Ya lo tenías planeado, cierto?- asomó Haruhi.- Por eso estabas dejando que Mori-sempai te ayudara, ¿no?- él sonrió. Esta vez, le mostró una sonrisa verdadera. Una vez más, lo había descubierto. Aunque nadie lo notara, ella había captado sus pequeños movimientos.
Haruhi supo que aquella sonrisa era de verdad.
Se sintió un poco extraña al verlo sonreír de esa forma. De inmediato, ese día de feria que pasaron juntos le vino a la mente.
Haruhi se sintió triste, pero, por primera vez, no pudo decir nada. No pudo expresarlo con la claridad que siempre hablaba.
- Bueno, eso es cierto, Haruhi.- le sostuvo la mirada
- ¿Entonces, eso es todo?
- Creo que sí.- volvió la mirada a resto del grupo.- Bueno, ha sido un gusto participar en este grupo…- se encaminó hacia la puerta- Ya tengo que irme.- Sus amigos corrieron a abrazarlo. Él dejó que lo hicieran.
Haruhi permaneció en su lugar. Con la mirada puesta en él. Sin poder decir nada. Kyouya la contempló un instante, sin romper el silencio.
- Adios chicos. Cuidense. – Kyouya abrió la puerta y se fue.
El camino a casa le resultó tan triste.
Kyouya se sintió ausente, siempre manteniendo la vista sobre la ventanilla del autómovil que lo transportaba.
Llegó a casa.
En un silencio abrumador, terminó de empacar sus cosas.
A pesar de tener numerosos empleados, Kyouya gustaba de prepararse la mayoría de sus cosas.
Contempló los retratos que había dibujado de Haruhi. Suspiró. Los guardó entonces en un pequeño cajón, bajo llave.
La tarde iba pasando. Hasta que la caída de la noche, anunció su partida.
Sus guardias tomaron sus maletas y las acomodaron en el baúl del costoso auto.
Los empleados de la principal residencia Ootori en Japón, lo despidieron tristes. Sus padres y hermanos, estaban trabajando duro, como siempre. Realmente, hubiera querido que estuvieran ahí para despedirlo.
El cielo de la noche mostraba las primeras estrellas.
El camino al aeropuerto resultó para Kyouya algo melancólico. Las luces que comenzaban a encenderse en la ciudad, se reflejaban en los vidrios de sus anteojos.
Cuando quiso darse cuenta, el bullicio, el paso de la gente, le hizo darse cuenta que estaba en el hall del aeropuerto, sosteniendo su equipaje de mano. Solo, entre la multitud.
De pronto, una voz casi inaudible, anunció el viaje que Kyouya abordaría.
Suspiró, acomodó sus anteojos hasta el puente de su nariz. Se dirigió hacia la puerta de embarque que la voz inaudible pareció marcar.
- ¡Kyouya!- una voz agitada lo llamó. No quiso creer lo que sus sentidos parecían indicarle.
Cuando sus ojos buscaron a la dueña de esa voz, Kyouya no pudo pensar con claridad.
Contempló, en cambio, la respiración entre cortada, el rubor sobre sus mejillas.
- Haruhi- dijo en un susurro- ¿Qué haces aquí?
Ella lo miró en silencio.
La voz inaudible repitió el llamado incomprensible.
- Haruhi, tengo que irme.- dijo tan serio, que Haruhi se sintió una molestia para él.
- Yo sólo venía a despedirte – él supo eso antes de que dijera algo y, aunque nunca quiso sonar grosero, todo eso, resultaba doloroso para él. Pero, al escucharla, su corazón lo aturdió; lo sintió latir tan rápido, como nunca antes.
Una batalla de sentimientos se libró en su pecho: ella estaba ahí para despedirlo, ella estaba ahí por él; ella estaba ahí porque no lo vería más.
- Gracias, Haruhi.- Él sonrió.
- Kyouya- la voz de Haruhi sonó quebrada. Él, pudo notar cómo sus ojos brillaban vidriosos. Kyouya dejó de sostener la maleta de mano. Y en un paso certero, mantuvo su presencia cercana al cuerpo pequeño de Haruhi.
Una lágrima surcó el rostro de ella.
Kyouya no vio jamás imagen más dulce y dolorosa.
- Haruhi, ¿por qué lloras?- preguntó, tan absorto por lo que sus orbes vislumbraban.
- No- alegó ella- Yo sólo…
Kyouya pasó entonces su mano por el rostro de Haruhi. Acarició con la yema de sus dedos aquella lágrima y sus tersas y afiebradas mejillas.
Haruhi se mantuvo en silencio.
Kyouya corrió los cabellos sobre la frente de la muchacha. Intentó contemplar cada detalle de su rostro, las finas líneas que lo formaban, el paisaje de sus ojos café, el aleteo sus pestañas, la brisa de su respiración.
Guardando, memorizando su completa complexión.
- Todos van a extrañarte- Kyouya permaneció estático.- Toma, es un presente.- Haruhi sacó de sus bolsillos una pequeña caja, envuelta en un fino papel azul y un moño plateado.
El joven observó el regalo.
- No es mucho…- la voz de ella sonó frágil.
- Gracias…Es demasiado. Haruhi, no hice nada para merecer esto- ella sonrió al escucharlo hablar tan preocupado.
- No tienes que luchar por todo, Kyouya.
"Señores pasajeros, el vuelo de American Airlines con destino a Washington D.C. está pronto a partir. Por favor, diríjanse a la puerta de embarque número cinco. Gracias."
Esta vez, la voz tenebrosa retumbó fuerte y clara.
El corazón del joven se estrujó: sería la última vez que la viera como lo hacía.
- Ya tengo que irme- manifestó pausado. Ella asintió.
Kyouya se acercó más a ella. Rozó con sus labios las mejillas rojizas de Haruhi que lo contempló en un silencio calmo.
- Cuídate mucho. Y cuida mucho de Tamaki, por favor.
Volvió a tomar su maleta y se alejó de ella.
Ella lo vio caminar y distanciarse de su cuerpo.
Él no pudo volver atrás su mirada. No quería que sus sentimientos dominaran el funcionamiento de su plan.
Sintió que sus ojos ardían y que sus palabras quedaban atrapadas en su garganta hasta doler.
Apretó la pequeña caja de regalo.
"Voy a echarte de menos, Haruhi".
Bueno, bueno, acá dejo otro cap, espero, ya saben, todos sus comentarios!
Brisalunar
