Los personajes pertenecen a S. Meyer. Solo la trama es mía.
¡Disfruten!
Alpa-99
CAPITULO 2:
Mi hogar estaba igual que antes, igual que hace más de un siglo. Obviamente la abuela Esme se había ocupado de que así fuera, no se perdía ninguna oportunidad de remodelar y decorar un lugar. Por supuesto, tuvo ayuda de parte de la duendecito, que amaba comprar lo que sea, y organizar cualquier tipo de evento. Hasta la mudanza de una familia -que no necesitaba más que un bosque cerca- era motivo de extremada organización para mi tía Alice.
La mansión Cullen había cambiado en cuanto a tecnología, dado que en un siglo todo cambia. Pero estéticamente era como una visión del pasado. Cada planta y cada ladrillo estaban en el lugar correcto, como si todo se hubiese congelado por el tiempo en que estuvimos fuera.
Dos días después de la llegada, al fin logramos acomodar el equipaje, y todos los muebles que había traído el camión de la compañía a la que habíamos hecho millonarios con semejante compra. Aunque en realidad el dinero no era algo que faltara cuando teníamos a alguien que controlaba las inversiones de la bolsa, y que decía cual era el momento correcto de comprar o vender acciones. El don de mi tía Alice resultaba ser muy útil la mayoría del tiempo.
Mi Jake se había ido a la Push al encuentro con su gente, y su lugar. Debía ponerse al día con su manada, que al enterarse de que regresábamos, se habían puesto muy contentos y como siempre recibían a Jacob en su manada, de la misma forma en que él los aceptó a ambos la última vez. Me encantaba ver tan feliz y emocionado a mi lobito, él había sacrificado mucho por estar junto a mí, y merecía este reencuentro con su verdadera vida, su verdadero lugar.
Era domingo por la noche, lo que significaba que debía acostarme pronto si no quería llegar tarde a mi primer día en el instituto, pero escuche mi estómago gruñir en forma de reclamo por algo de comer. Hasta entonces no había notado cuanta hambre tenia. Iba escaleras abajo, para pedirle a mi abuela que me preparara algo rápido para cenar, cuando sentí el olor a comida humana que venía de la cocina. Obviamente en esta casa todos se adelantaban a mis necesidades, y hasta a mis pensamientos por parte de mi padre.
Olía a papas fritas y ensalada de arroz, mi menú preferido entre este tipo de comida. Obviamente la sangre siempre era mi preferencia, podría alimentarme solo de ciervos y alces y vivir tranquila. Pero me gustaba comer comida humana, me hacía sentir como una, además del hecho de que una parte de mí lo fuera. También estaba la insistencia de mi papá en que mi organismo estaba diseñado para ambos tipos de alimentos, por lo tanto necesitaba de los dos.
-Gracias Abue, sin duda eres la mejor – Le dije mientras envolvía mis brazos por su cintura en un cálido abrazo.
-De nada, mi niña. Amo cocinar, lo sabes – contestó mirándome con una hermosa sonrisa plasmada en su rostro con forma de corazón.
Era extraño que a un vampiro se le dé tan bien el arte culinario, dado que ella ni siquiera probaba los platos que cocinaba, pero todo aquel que lo hacía, quedaba fascinado. Entre ellos, yo.
Me senté en la mesa, y como siempre mis padres y mis tíos se sentaban cerca para acompañarme en la cena.
-¿No estás ansiosa por empezar las clases, Nessie?- Preguntó mi tía Rose con entusiasmo.
-Sí, bastante- respondí rápidamente entre bocado y bocado.
Y la verdad era que sí lo estaba. Por un lado, quería ir y conocer amigos, aprender en clases reales, por más de que ya sabía a la perfección los temas que se daban. También quería aprender a manejarme entre los humanos y poder llevar una vida más normal. Pero ahí es donde aparecía mi miedo, o preocupación. El hecho de que mi lado vampiro pudiera encontrar irresistible a la sangre humana. A unas más que a otras, y me sentiría horrible con migo misma si algo llegara a pasar.
-Nada va a pasar, hija. Confiamos en ti.
-Claro, como no adivinar que alguien me leía la mente- dije sonriendo con tono sarcástico mirando a mi papá. El solo rió, y luego mi tío Jasper, que estaba atento a mis emociones y a la conversación a medias que teníamos con papá, intervino
-Sabes que si algo pasara, nadie se atrevería a juzgarte. Es más, te ayudaríamos como hemos hecho cada vez que algo así sucede. A mí me pasó muchas veces, y jamás me hicieron sentir que estaban decepcionados…
-Gracias Jazz, sé que así es. Te agradezco mucho, no sabes cuánto me tranquiliza escuchar eso. No creo que nada salga mal- le agradecí con una legítima sonrisa a mi tío. Siempre sabía que decir, y como decirlo. Aunque supongo que su don debe ayudar mucho en estas situaciones…
Terminé de comer, me levanté de la mesa y lave mi plato. La comida había estado buenísima, como todo lo que Esme prepara. Eran las diez, y ya tenía sueño. Involuntariamente un bostezo salió de mi boca, y sirvió como alerta para que mi mamá esté con mi pijama y un cepillo en su mano en cuestión de segundos, indicando con un grácil movimiento de cabeza, que subiera a mi habitación.
Me puse la remera y el short rápidamente, y me senté en la cama para dejar a mi mamá cepillarme el cabello. La amaba tanto. Era rutinario el acompañarme a la cama y cepillarme el cabello antes de dormir. Lo había hecho desde que yo era pequeña, y jamás dejaría de hacerlo mientras su "niñita" de nada más y nada menos que 122 años, estuviera con ella.
-Me ayudaras mañana si algo se sale de control, ¿no mama?- le pregunte adormilada mientras ella me arropaba entre las mantas.
-Claro que si, amor. Estaré siempre pendiente. Además conoces a tu padre, estará metido en tu cabeza todo el día, nada pasará si él está cerca-
-Te amo mamá-
-Dulces sueños Renesmee- susurró mientras depositaba un delicado beso sobre mi frente.
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-¡Vamos ya mujeres, o llegaremos para el almuerzo!-
Claro, el impaciente osito que tengo como tío no entiende que vestirse para el primer día de instituto era todo un evento. La tía Alice no dejaría que nadie se vistiera con ropa "Cómoda y sencilla" como dijo mi mamá cuando ella le preguntaba que se pondría. A la pobre casi le da un infarto, Claro, en términos dramáticos ya que literalmente, eso no podría pasar.
-¡Ya casi, Emmett! Solo falta que busquemos los bolsos que combinen- Gritó Rose desde su habitación, que se había convertido en la pasarela y vestidor de las mujeres Cullen.
Una vez listos todos, nos repartimos en tres autos: Mamá, papá y yo en el volvo; Rose y Emmett en su Jeep; Y Alice y Jasper en el descapotable amarillo. Definitivamente eso llamaría demasiado la atención de los humanos en aquel pueblito, pero que puedo decir, mi familia siempre será un poco ostentosa. Nos gustaba la buena vida, y la moda por sobre todo.
No me había puesto a pensar en la historia que íbamos a contar a los humanos. Era una parte muy importante si queríamos permanecer aquí. Los humanos deberían creerse como unos padres que no aparentaban más de 30 años, tenían hijos de 17. ¿Cómo sería la historia esta vez, papá?
Tan pronto como formulé esa pregunta en mi mente, mi papá ya la había comenzado a contestar…
-Mientras dormías anoche, decidimos la historia Nessie- Sonrió –Por el parecido de nosotros dos, diremos que somos hermanos, seré tu hermano mayor. Esme no puede tener hijos biológicos así que nos adopto a ambos primero. Luego Alice, Emmett y Bella quedaron huérfanos por un accidente automovilístico, en el que Carlisle no pudo salvar a sus padres, y bueno, como son tan bondadosos y se encariñaron con los niños, los adoptaron-
-¿Y Jazz y Rose?- Pregunté al darme cuenta de que no los había nombrado.
-Ellos son hermanos gemelos, hijos de unos viejos amigos de la familia. Como los Hale siempre andaban viajando y no podían asentarse en un lugar para que sus hijos estudien, Esme propuso cuidarlos hasta que terminen sus estudios. Por lo tanto ellos llevarán el apellido Hale, en vez de Cullen- Concluyó mi mamá sonriendo.
-Muy bien pensado… Así que, ¿Hermano mayor?- Y solté una carcajada al imaginar a mi papá actuando de hermano guardabosques. El también me devolvió una sonrisa.
-Creo que eso explicaría el parecido entre ambos, y el hecho de que voy a estar cuidándote y vigilando cada movimiento que haces, corazón- Dijo mi padre con mirada sospechosa.
-Me estoy arrepintiendo de eso de las clases…
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El instituto iba de maravilla, no tenía ninguna clase con mis tíos o mis padres, ya que yo aparentaba 16, y ellos 17 o 18. Pero eso era mejor, en algunos casos, ya que podría hacer amigos nuevos, y no habría ocho vampiros pendientes de mí a cada segundo. Solo uno estaba atento a mis pensamientos, claro.
Hasta ahora había tenido 3 clases: Literatura, Biología, y Química. Las tres me gustaron, aunque prefería literatura y biología. Muchos se me habían acercado a saludar amablemente, lo cual agradecía. Significaba que les caía bastante bien a mis compañeros. En biología me hice amiga de una chica bajita y algo tímida. Le tocó compartir el banco con migo. Se llamaba Angelina, y era muy amable con migo, era su primer año en este instituto ya que se había mudado con su familia al principio del semestre, así que teníamos bastante en común, y congeniamos muy bien. Me ofreció sentarme con ella en el almuerzo pero le explique que me sentaría con mi familia, a lo que no hizo ningún reclamo, y solo sonrió. Le prometí que la semana próxima me sentaría con ella.
Era importante que me sentara con mi familia en el almuerzo, ya que yo era la única que comía, y eso ayudaba a que los humanos no notaran la falta de alimentación de los raritos de Forks. Y más en los primeros días de clase.
-¿Terminaste, Nessie?- Preguntó mi papá mirando la bandeja vacía- Tienes que apurarte si quieres llegar temprano a tu clase de Gimnasia.
-Pero ni siquiera tocó el tim…- y en ese momento se oyó un estrepitoso ruido, indicando el fin del almuerzo y el comienzo de las clases otra vez – Ganas esta, hermanito mayor- sonreí.
-Claro, claro Nessie- dijo mi papá con burla-
-¡Suerte mi niña!- Grito mi mamá cuando yo ya estaba caminando hacia el gimnasio…
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Encontré a Angelina de camino, ya que ella también tomaba esa clase con migo. Las dos entramos y éramos las primeras en llegar, ya que todos se demoran un poco mas después del almuerzo, incluso el profesor tardaba unos minutos más. Nos sentamos en las gradas a esperar, mientras los demás iban entrando y acomodándose en grupos de amigos, o conocidos.
Estaba en una conversación con Angelina, me contaba de sus clases, y de cosas triviales, sin mucha importancia. Pero era agradable, la chica me caía muy bien. Hasta podría suponer que seriamos grandes amigas con el tiempo.
-Entonces, ¿te compraste la azul o la verde?- preguntó Angie refiriéndose a una chaqueta que le conté que había visto en una tienda.
-Mi hermana Alice me compro ambas, porque vio que me gust…-
Y no pude terminar la oración. Lo pude sentir, viniendo hacia mí. Una brisa embriagada del olor de la sangre más dulce que había sentido en mi vida. Me quede mirando fijo a la puerta para saber de dónde provenía aquel delicioso efluvio. Con una mano me aferré fuertemente al escalón en el que me sentaba, y con la otra tocaba mi garganta en un inútil intento de aplacar el terrible dolor que allí sentía. Necesitaba esa sangre. Fuera de quien fuera, no me importaba. Mis ojos estaban negros por el deseo, y la sed. Escuché como Angie me hablaba, asustada y sin saber que me estaba pasando; tratando de sacarme del trance en el que me encontraba, y por más intento que hiciera, sería imposible. Estaba demasiado perdida en aquel intenso olor, intentando saber de quién era el desafortunado cuerpo que la contenía.
Y allí lo pude divisar. "La túa cantante". El delicioso efluvio provenía de un chico que venía caminando solo, se había retrasado. Era alto, morocho y bastante agradable. Pero nada comparado con su sangre. Podía sentir los latidos de su corazón y su sangre bombeando por todo su cuerpo, tentándome a correr hacia él, y no dejar ni rastro de su líquido vital. Pero yo no era así, no era eso lo que había aprendido de mi familia en estos 120 años, no. No podía dejar que esto suceda, no podía lastimar a nadie aquí. Noté que detrás del chico, venía el profesor. Eso significaba que comenzaría la clase y debería aguantar una hora con el chico cerca, mientras corría y su corazón se aceleraba, bombeando la sangre caliente, con mayor rapidez. Eso no podía pasar, no podría controlarme…
Mi cuerpo, literalmente me arrastraba hacia él. Hacia mi premio. Pero una ligera y perdida voz en mi cabeza me decía que yo no era esta clase de monstruo. Debía alejarme lo más rápido posible de allí. Llamé mentalmente a mi padre, aunque de seguro ya había leído cada pensamiento que cruzó por mi mente. Le pedí que llevara a mamá al estacionamiento. Solo ellos podrían calmarme, y ayudarme a no hacer lo tan temido.
Desaparecí por la puerta del gimnasio, lo más rápido que pude a velocidad humana, dejando atrás varias voces que me gritaban intentando saber qué me pasaba, por qué me iba. Ni siquiera miré hacia atrás para dar explicaciones.
-Yo no quiero ser un monstruo- Susurré al viento mientras corría.
Aca está el segundo capítulo, y antes de lo prometido :)
Espero que lo hayan disfrutado, los leo pronto.
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