Por: Mangaanime15.
Traductora: Nyanko.
Disclaimer: KHR pertenece a AkiraAmano-sensei y el fic a mangaanime-san~
Y dar las gracias a xanyxhi por corregir toda la traducción y mejorarla.
Disclaimer: No soy dueño deHitman Reborn.
Capítulo II
Sensación de Inquietud.
Durante un momento nadie se movió del lugar. Quiero decir, ¿cuántas veces la gente realmente sale de la nada y empieza a decir que es del futuro? Eso es una locura. Sin embargo, tenían la prueba delante de ellos. Por lo tanto, la primera generación hizo la única cosa lógica que normalmente hace la gente cuando se encuentran con este tipo de situación.
—¡¿QUÉEEE?
Ellos entraron en pánico. Bueno, no todos. Alaude sólo entrecerró los ojos, mirando a los niños con recelo.
—Kufufufu, parece que obtuviste tu deseo, Giotto —se rió Daemon.
Giotto se quedó sin habla. No sabía si debía sentirse feliz u horrorizado.
—¿Qué diablos quieres decir, Décimo Vongola? No eres más que un niño —gritó G.
Gokudera estaba furibundo. No dejaría que nadie insultara a Juudaime y se saliera con la suya, incluso si esa persona fuera la familia de Primo.
—Juudaime es el Jefe Vongola. ¿Tienes algún problema con ello, Rosita?—Gokudera mostró su dinamita.
Ahora el nivel de enojo de G se disparó dramáticamente. Hay dos cosas que no deberías insultar delante de G. Primera, su amigo, especialmente Giotto. Segundo, su pelo. Eso era todo. G tomó una decisión. Ese chico Gokudera bajará.
—Mi cabello no es rosa. Es rojo —gruñó peligrosamente G, apuntando su arma a Gokudera—. Así que es mejor que lo captes bien o vas a comerte la bala.
Al ver que la situación se estaba por convertir en una batalla, Asari y Yamamoto decidieron jugar como mediadores.
—Cálmate, G. Estoy seguro de que no lo decía en serio —se rió energéticamente Asari.
—Sí, cálmate Gokudera. No todos los días nos reunimos con nuestros antecesores —dijo Yamamoto como si fuera un hecho cotidiano.
—¡CÁLLATE FRIKI DEL BÉISBOL/DE LA FLATUA! ÉL EMPEZÓ —gritaron G y Gokudera, al mismo tiempo, mirándose y apuntándose el uno al otro.
A Giotto le cayó una gota de sudor ante tal respuesta infantil. Por desgracia, Knuckle pensó que era una señal para comenzar una competencia.
—¡Entonces, vamos extremadamente a resolver esto con boxeo!
Por supuesto, Ryohei quien era un maniático del boxeo, decidió unirse también.
—Yo estoy de acuerdo al extremo. Resolvamos este asunto con nuestros puños.
Las cejas de Hibari y Alaude temblaron. Por lo general, ellos odiaban las multitudes. Multitudes haciendo fuerte y mucho ruido, definitivamente no mejoraba el estado de ánimo que ya estaba agrio. Por lo tanto, hicieron la una acción lógica en esta situación (según ellos).
Golpear a la multitud hasta que quedara hecha añicos.
Por supuesto, Daemon y Mukuro no perdieron la oportunidad para poder fastidiar a los Guardianes de la Nube. Ambos comenzaron a invocar ilusiones y no unas ilusiones muy agradables. Eran ilusiones sangrientas y sádicas. Esto hizo que Alaude y Hibari se molestaran aún más. Ellos, odiaban las ilusiones. Está de más decir, que eso les hizo ser más violentos.
—Kufufufu, parece que tienes algo de talento en las ilusiones —dijo Daemon.
—Kufufufu, por supuesto. Después de todo, soy mucho más talentoso y mejor de lo que eres tú —dijo Mukuro con su típica sonrisa.
Ahora, Daemon siempre se había enorgullecido como el mejor ilusionista, y el ser insultado por un chico más joven que él, definitivamente no le cayó nada bien.
—¿Es eso un desafío?—las cejas de Daemon temblaron.
—Veo que no eres lo suficientemente estúpido como para no darte cuenta de eso, Cabeza de Melón —sonrió Mukuro.
Bien, este chico definitivamente iba a estar en la lista negra de Daemon. Nadie le puede insultar de esa manera. Sin demora alguna, ambos comenzaron a lanzarse ilusiones mucho más pavorosas el uno al otro. Cierto, estaban dirigidas hacia el otro ilusionista, pero eso no significaba que los espectadores estuvieran a salvo. Lampo y Lambo tenían el miedo de su vida cuando vieron las ilusiones. ¿Quién no lo estaría si de repente toda la zona se convertía en total oscuridad con zombis podridos intentando matarte?
En cuanto a Chrome, ella sólo se sentó, admirando las obras de arte de Mukuro y Daemon. Después de todo, no era de todos los días que llegabas a ver esas maravillosas obras de arte (en opinión de Chrome, Mukuro y Daemon).
Giotto estaba perdido. No sabía que hacer. La situación estaba empezando a salirse fuera de control. A este ritmo, la sala sería destruida, lo que significaba que debía de ser reparada y por ende, un montón de papeleo.
Giotto se estremeció ante la montaña de papeles que tendría que leer. Tenía que detenerlos ahora. Sin embargo, antes de hubiera echo algo, una voz grave resonó por toda la habitación.
—Parad en este mismo instante —la voz envió a todos escalofríos por la columna vertebral, deteniendo efectivamente la pelea. Fue Tsuna—. Gokudera, guarda la dinamita. Necesitamos que esta habitación quede intacta.
—Pero, Juudaime…
—No hagas que me repita —dijo Tsuna con severidad, haciendo que Gokudera se sobresaltara y ocultara su dinamita.
Satisfecho con la acción de Gokudera, Tsuna dirigió su atención a Hibari y Mukuro.
—Hibari, deja de pelear. Mukuro, es mejor que deshagas tus ilusiones ahora mismo. Estás asustando a Lampo y Lambo.
Hibari gruñó, pero obedeció de todas formas y bajó sus tonfas. Mukuro también deshizo sus ilusiones. Toda la primera generación dirigió su atención a Tsuna. Giotto no quería admitirlo, pero este chico era bueno. Él sabía como controlar a sus Guardianes.
—Primo, siento el comportamiento de mis amigos —Tsuna se inclinó un poco—. Debería vigilarlos. No volverá a suceder en un futuro.
—Está bien, Decimo —respondió Giotto con torpeza. Este chico era demasiado serio para su propio bien.
—¿Estás seguro que vienen del futuro y es el Décimo Vongola? Quiero decir, parece débil. Tal vez es algún espía —murmuró G en voz alta.
—¡G!—le reprendió Giotto.
—¿Pero qué…?—Gokudera sacó su dinamita, pero se detuvo cuando Tsuna levantó la mano.
—Gokudera, para —Tsuna miró a Gokudera y luego volteo su atención a G—. G-san, le puedo asegurar que mi familia y yo no somos espías. Somos del futuro y la décima generación de la Familia Vongola. Si desea una prueba…— Tsuna mostró su anillo Vongola para que todos lo vieran con claridad—, éste anillo es más que suficiente.
—Kufufufu, probablemente tengas razón. Si el anillo es real, es decir, ¿cómo sabemos que el anillo no es una imitación barata y nos estáis engañando?—señaló Daemon.
—Probablemente tienes razón. Sin embargo, ¿puede una imitación barata —Tsuna se concentró en su anillo. De repente, el anillo estalló en una pura llama del cielo— … hacer este tipo de truco?
La primera generación quedó atónita. Nunca antes vieron una llama del cielo tan pura que podía rivalizar con la llama de Giotto. Por mucho que quisieran negarlo, la prueba estaba delante de ellos.
Miraron a los otros chicos. Ellos también encendieron las llamas de sus propios anillos.
—Ya veo, creo en lo que has dicho antes —dijo lentamente Giotto—. Me disculpo por las duras acusaciones de mi amigo. De todos modos, ¿cómo llegasteis aquí?
Tsuna frunció el ceño.
—Uno de nuestros técnicos estaba experimentando y modificando una de las armas de mis amigos. No se suponía que él debía utilizarla —Tsuna miró a Lambo, haciéndolo encogerse—. Desafortunadamente, él realmente no aprendió la lección y de alguna manera nos disparó con esa arma. Le pedimos disculpas por si causamos molestias, pero ¿existiría la posibilidad de que nos quedemos por aquí hasta que nuestros técnicos encuentren la manera de llevarnos de vuelta?
—Está bien. Podéis quedaros aquí todo el tiempo que deseéis. Si no os importa dejad que os enseñe vuestras habitaciones —ofreció Giotto.
—Gracias, Primo.
Mientras Giotto les guiaba, no pudoevitar dejar de analizar a la décima Familia. Su Guardián de la Lluvia, Yamamoto Takeshi, era del tipo feliz y suertudo como Asari. En realidad, demasiado feliz, incluso para Asari. Esto hizo que Giotto se preguntara si él alguna vez se ponía en serio con algo.
Luego estaba Gokudera, el Guardián de la Tormenta. Giotto tenía que admitir que su temperamento podría rivalizar con el de G. Pero al menos, G puede controlar su temperamento y no trataba de explotar toda la sala con dinamita.
Oh, no nos olvidemos del sanguinario Guardián de la Nube, Hibari, y el escalofriante Guardián de la Niebla, Mukuro. Por suerte, el otro Guardián de la Niebla, Chrome, no era tan espeluznante como Rokudo. Sin embargo, era demasiado tímida para su propio bien. Por no hablar que es una chica. Algo malo le podía pasar, especialmente en el mundo de la mafia.
Luego, su Guardián del Rayo no era más que un mocoso. Por dios, ¿cómo se suponía que Lambo iba a protegerse a sí mismo? Él apenas y tiene 7 años. ¿Cómo podía Tsuna dejar que Lambo se involucrara en el mundo de la mafia? Giotto cuidadosamente dirigió sus ojos a Tsuna.
El niño era bajo para su edad. Aunque, Giotto sabía que no debía subestimarle. A juzgar por la forma en que manejó todo ese calvario y a sus excéntricos guardianes, se notaba que era un gran jefe. Era obvio que sus amigos le respetaban. No obstante, Giotto pensó que el niño era demasiado serio y estricto. Por alguna razón, parecía un error ver un aspecto tan serio en el rostro del chico. Era demasiado joven. Debería reír, sonreír y ser más despreocupado como los demás niños. En lugar de actuar como un adulto. Giotto no pudo evitar dejar de sentirse incómodo con la décima generación. Su intuición le decía que ellos no eran lo que parecían ser.
Él los seguiría observando. Tal vez y podría pedir ayuda a sus guardianes.
—Si necesitáis algo, no dudéis en preguntar —dijo Giotto, una vez que llegaron a su destino.
Tsuna asintió con la cabeza. Y tan pronto como Giotto salió y se fue, Tsuna cerró la puerta.
Volviéndose a sus Guardianes de la Niebla les ordenó.
—Chrome, Mukuro, cread una barrera alrededor de esta sala. No quiero que nadie oiga nada desde el exterior.
Ellos asintieron y sus tridentes golpearon el suelo. Poco a poco, niebla salió del piso y cubrió toda la habitación. Luego, la niebla desapareció.
—Ya está hecho, Jefe. Nadie va a escuchar lo que digamos aquí —informó Chrome.
Tan pronto oyó eso, Tsuna se puso visiblemente relajado. Pues bien, la expresión de relax no duró tanto cuando de pronto se cayó de rodillas y lanzó su típico grito.
—¡HIIIII, estamos atascados en el pasado! ¿Qué haremos ahora?
Todos los guardianes gimieron y se palmearon la cara. Su jefe había vuelto a su viejo, bueno-para-nada "yo". Ellos no pudieron evitar preguntarse el cómo iban a salir de este desastre
En el pasillo, Giotto podría jurar que había oído un grito femenino que sonaba perturbadoramente como Tsuna. Pero eso era imposible. El niño era calmado y recatado. Definitivamente no gritaría como una niña. Giotto se encogió de hombros. Tal vez fue cosa de su imaginación. Con toda esa conmoción y estrés, cualquiera podría tener una imaginación salvaje.
