CAPÍTULO 1: LOS ¿7? SERVANTS

Una espada se encuentra rozando el cuello de Archer. Una flecha, a escasos centímetros del pecho de Saber. Ambos Servants están dispuestos a matarse el uno al otro. Pero esto es un empate, cualquier movimiento podría significar una herida fatal y entonces... fin de la guerra para ambos. Y para nosotros.

-¡Baja esa espada, Saber!- Le increpo a mi Servant mientras le muestro el dorso de mi mano. Los reijuu empiezan a brillar de forma amenazante pero sin llegar a usarse-. No me hagas usar uno de estos

-¡Archer, detente!- Hazel se interpone entre ambos, mirando fijamente al arquero-. Este Servant es nuestro aliado.

-¿Aliado?- Ambos preguntan a coro, lanzándose miradas llenas de desconfianza.

-Así es. Ahora, suelta el catalizador con el que te invoqué y que corra el aire entre vosotros dos. Y tú, Saber, aleja tu mano de esa otra espada.

Tras unos segundos, ambos deciden apartar sus armas sin dejar de mirarse. Archer se echa sus armas a la espalda mientras Saber envaina sus espadas.

-¿Y bien? ¿Cómo vamos a afrontar esta guerra?- Saber, ya aparentemente tranquilo, pasa a una apariencia más fría y calculadora-. Master, considero apremiante el conocernos entre nosotros.

-Odio admitirlo pero el espadachín tiene razón. Si vamos a colaborar, deberíamos saber cuáles son nuestras habilidades y características.

-Por supuesto, empezaremos con eso ahora que ya os habéis calmado. Podéis llamarme Nimbus. Soy un magus independiente que, extrañamente, usa la tecnología moderna sin reparo ni dificultad alguna.- Hago una ligera reverencia en señal de respeto a los Espíritus Heroicos.

-Y yo soy Hazel. Todo lo que dijo mi compañero se aplica también a mí. Y otra cosa, no hace falta que reveléis vuestras identidades reales ahora mismo, ya las sabemos.- Una sonrisa traviesa se refleja en su cara.

-Bueno, esto será suficiente por ahora. Propongo abandonar este húmedo sótano e irnos a un lugar más seguro. Podemos hablar por el camino si así lo deseáis. Ah, por cierto, bienvenidos a este mundo.

Todos salimos a la vez de la habitación. Sin embargo, los Servants siguen cruzando miradas desconfiadas. Tan corta presentación no parece haberles convencido mucho. Esto podría ser más complicado de lo que tenía pensado. Bueno, pronto entenderán que retrasar un poco los detalles no quiere decir que haya secretos.

Ciudad de Fuyuki, Japón.

-¡¿Dónde está ese inútil de Shinji?! ¡Creo haberle dicho que esta madrugada él iba a invocar a un Servant para participar en otra Guerra del Grial!- Zouken Matou está iracundo. No solo porque su nieto es y había sido siempre una basura en cuanto a calidad como mago, sino porque no lo había visto en todo el día-. ¡Como lo vea se va a enterar de todo lo que sufrieron su tío Kariya y esa decepcionante niña de los Tohsaka!

-Z-Zouken-sama...- Un criado de la casa Matou se asoma al sótano despacio y temblando de miedo.

-¡¿Qué quieres tú ahora, escoria?!- Casi parece que el anciano quisiera derrumbar la mansión a base de gritos.

-P-Pues... Verá... El señorito Shinji ha dejado una nota en la cocina... Según parece, se ha ido de casa. D-Dice que no piensa volver a participar en esa, y dice textualmente, "locura".

-¡Será rastrero...! Esa rata morirá antes de tiempo. Puedo asegurarlo. Está bien... ¡Tú, trae el catalizador de encima de mi escritorio!- El criado sale a toda velocidad para cumplir la orden de su amo mientras unas marcas rojas se dejan ver en la mano de Zouken-. Tendré que ser yo quien gane el Grial.

Al poco rato, la cabeza de la casa Matou ya está a punto de acabar el ritual.

...

Por la presente, yo juro que seré todo el bien del mundo, y que derrotaré a todo el mal del mundo.

Sin embargo, servirás con tus ojos cegados por el caos. Porque tú eres el que está encerrado en la locura y yo soy quien controla tus cadenas.

Los siete cielos, cubiertos con las tres grandes palabras de poder, salid del círculo de la atadura.

Guardián de la Balanza

Con un resplandor, una figura sale de entre el humo y golpea al anciano, mandándolo a volar. Este, lejos de quejarse o siquiera verse magullado, comienza a reirse

-¡Jajajajajaja! ¡Estupendo! ¡Así es como deberían ser los Servants!

El Servant tiene pinta de proveer de algún lugar de Asia, viste una armadura de piel y cuero, dejando sus brazos y piernas al aire mientras una espada sobresale por detrás de su hombro derecho. Un aura oscura y que delata locura lo rodea, su voz es ronca y denota crueldad:

-¿Eres tú...? ¿Mi Master...?- Parece como si pronunciar estas palabras fuera un esfuerzo para él.

Norte de Europa, en un castillo rodeado solo por un bosque nevado

-Viejo Acht, el objeto que pedía ya está aquí.- Una homúnculo de los Einzbern se encuentra arrodillada frente a la cabeza de familia.

-Gracias. Pero no te vayas aún, tengo una última tarea para ti.- Jubstacheit von Einzbern, un anciano de aspecto respetable por su barba y cabellos, blancos como la nieve, y por sus ojos, que brillan con astucia e inteligencia. La viva imagen de lo que la gente pensaría al oir hablar de un mago, sin duda-. Llama a Renlusbelt y dile que venga.

-¿A la Dama Blanca?- La pobre homúnculo está temblando como si de un flan se tratara-. Sí, señor.

La joven de ojos rojos abandona la capilla del castillo Einzbern con paso lento. Al llegar a los aposentos, golpea suavemente la puerta.

-Renlusbelt-sama, por favor, el Anciano le está esperando en la...

De repente, un potente proyectil de prana destroza la puerta para impactarle de lleno en la frente, atravesando su cabeza, deteniéndose solo tras impactar en la pared del fondo, varios metros por detrás

-¿Cuántas veces he dicho que no quiero que me molesten? Viejo Acht, espero que esa cosa a la que llamas "guerra del Grial" resulte interesante.- Renlusbelt von Einzbern sale por los restos de la entrada. Ella es un homúnculo, por lo que posee un pelo de color plata y ojos rojos. Sin embargo, su pelo solo le llega hasta los hombros. Viste un gran vestido de tonos blancos y grises pero que no dificulta el movimiento en absoluto, bajo una ligera armadura de plata. En su mano izquierda, una gran guadaña plateada con lineas rojas y un extraño agujero del que salía humo. El cañón de un rifle mágico.

Ya en la capilla, la réplica de una lápida marca el centro del círculo de invocación mientras Jubstacheit y Renlusbelt repasan los últimos detalles.

-Recuerda, Ren. Una vez hayas invocado a este Servant, viajarás a España y ganarás el Grial. Lo que hagas con él no es de mi incumbencia pero gana la guerra. Eres libre de disponer de nuestros recursos como buenamente quieras pero debes saber una cosa. No toleraré fallos.

-Sí, señor.- El viejo Acht era la única persona a la que consideraba por encima de ella. Por tanto, solo él podía llamarla Ren y vivir para contarlo-. Ahora mismo empiezo.

Sobre el círculo hecho con mercurio se alza un anciano. Sus cabellos y barbas son parecidos a los del mago de los Einzbern pero más largos; su ropa, en cambio, no tiene nada que ver. El desconocido viste un traje poco apto para la lucha y hecho de telas de tonos cobrizos y rojos.

-Saludos. Yo soy el Servant invocado por el Grial en la clase de los magos, Caster. Díganme, ¿quién de ustedes es mi Master?- Su cara esboza una franca sonrisa mientras los mira a ambos

No solo eran estos los Masters en esta guerra. Dos más se habían puesto en contacto con la Asociación de Magos y están de camino a la ciudad donde la guerra tendrá lugar. Lo mismo pasa con el Master de la Iglesia. Todos tienen ya a sus Servants a su lado. Todos los Servants ya han firmado un contrato y están anclados a este mundo. Todos... menos uno.

-Así que me han vuelto a invocar para este absurdo ritual.- Un hombre alto y moreno, vestido de manera elegante, camina a lo largo de un callejón-. Creo que lo mejor será ir primero a visitarla...

Dicho esto, ese desconocido pasa a su forma espiritual y empieza su viaje. ¿Su dirección? Londres