Segundo capítulo

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Entró a su casa a paso lento. La puerta chilló provocando un sonido insoportable. Se maldijo por haber llegado a su casa casi a las once de la noche tras haber llevado a Sucrette hasta su casa. Quería asegurarse de que nada le hubiera sucedido.

Ni siquiera encendió la luz por su cuenta, cuando sintió un par de brazos rodearlo. Alexy lo apretó con fuerza.

―¡¿Dónde estuviste?!―Preguntó casi lanzando un grito de alegría.

Muchísimas veces su hermano se había demorado al llegar a la casa por acompañarlo a comprar ropa, pero nunca había regresado a la casa solo a esas horas de la noche.

―Lo siento―Pronunció aún envuelto entre los brazos de su hermano―. Me quedé jugando en el gimnasio.

Y no estaba mintiendo; realmente lo había hecho. Sólo que había sido antes de ella.

―No vuelvas a asustarme así―Alexy suspiró, separándose un poco y caminando hacia su habitación compartida―. Nos tenías preocupados.

Armin asintió, aunque no se arrepintió ni por un segundo de lo sucedido. Menos con ella.

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Se recostó en su cama. Sentía un leve sonrojo en las mejillas. ¿Realmente había sucedido aquello? ¿Realmente lo había besado? Se pellizcó la piel, y colocó una mueca de dolor.

Si, eso había sucedido.

Murió de vergüenza al segundo.

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Escuchó el timbre de su pequeño departamento sonar, haciendo que se sobresaltara un poco. Por lo que ella sabía, su tía no volvería hasta la semana que vendría―Ella nunca se llevaba las llaves―, lo que significaba que no estaría esperando a nadie.

Abrió la puerta, apoyándose en el marco con el piyama puesto; una remera anaranjada con un pastel en el pecho que no le cubría el estómago y un pantalón corto (casi un short) cubierto de rayas y del mismo color a la parte de arriba.

Jade se encontraba frente a la puerta, con una reluciente margarita en la mano. Sus mejillas estaban algo sonrojadas, y tenía la boca algo abierta. Se notaba que intentaba decir algo, pero simplemente las palabras no salían de su boca. Su garganta estaba algo seca.

―H-Hola―Dijo sonriendo tímidamente.

Verla así...no se lo esperaba. Aunque agradecía mentalmente su suerte.

Sucrette pestañeó varias veces antes de tirarle de la muñeca, obligándolo entrar. Jade trastabilló, y ella le dio la suficiente fuerza de empuje para que se sentara de una sola estocada en el sofá.

―¡Espera!―Gritó, mientras corría a su habitación y cerraba la puerta de un solo golpe.

El chico, irradiando nervios a donde sea que dirigía la mirada, comenzó a jugar con un par de almohadones que hacían juego con el mueble. Sus ojos jade (N/A; No me refiero al nombre, sino al color verde jade)circulaban sin rumbo por aquel lugar. O aquello, hasta que toparon con un pequeño cuadro enmarcado sobre una pequeña estantería.

Se volvió a fijar en la puerta de la castaña, asegurándose de que esta no se abriera de un segundo a otro. No provocó ningún ruido al pararse, caminando a paso lento hasta aquella fotografía.

En ella pudo reconocer a Sucrette, como una niña pequeña, tomada de la mano con otra señora más adulta de cabello corto y rosado. Del otro lado, un hombre―Tal vez de la misma edad que la mujer― colocaba una mano alrededor de la cintura de lo que supuso sería su esposa. En la imagen, todos sonreían.

―Mi tía sacó la fotografía―Jade sintió sus manos temblar, haciendo que el cuadro casi terminara en el suelo―. Tenía ocho años cuando mis padres murieron.

Él sintió cómo la sangre se le helaba. Se dio la vuelta, encontrándose con el rostro de su amada; recostada de lado contra el marco de la puerta, sus ojos mostraban nostalgia.

―Lo lamento―Se limitó a decir. ¿Qué podría decirle?

Ella llegó hasta su amigo, dedicándole una cálida sonrisa que provocó en Jade una sensación extraña.

―Ya pasó mucho tiempo.

La chica volvió hasta su cuarto en busca de su mochila. Posiblemente con todo aquello hubiera olvidado del por qué a la visita de el amante a las plantas.

«¡Idiota!, ¿En qué estabas pensando? ¿Se supone que tocarías su puerta y luego todo se volvería un cuento de hadas?»

El chico se reprochó así mismo. Y tenía razón, ¿En qué estaba pensando?

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―¿Nos vamos?―Preguntó Alexy, calzándose sobre la cabeza con sus auriculares verdes.

Su hermano gemelo apareció, casi arrastrando los pies para moverse, con unas horribles ojeras producto de su insomnio a causa de su amada psp.

―Aún no entiendo cómo tu energía vital aumenta tan rápido...¿Es que acaso has evolucionado a nivel 19 sin mi permiso?―Alzó una ceja.

Tiró de la muñeca de su hermano inocentemente, riendo sin parar, hasta subirse en el primer Bus que los dejara frente al instituto.

A esas horas del mediodía, el sol les pegaba en la cara. El calor de París en verano podía llegar a ahogarte en algunas ocasiones. Como ese día, por ejemplo.

Armin se arremangó para que sus brazos quedasen al descubierto, al igual que su hermano gemelo, al copiar su acción. Estaban a punto de subir a aquel bus, cuando el chico de cabellera azabache se paró en seco; del otro lado de la calle, su chica caminaba al lado de Jade.

―¿Uh?, ¿Armin?―Preguntó Alexy, quien ahora lo observaba extrañado desde arriba del vehículo, ya habiendo pagado el boleto.

No pasó ni un segundo cuando aquel chico adicto a los videojuegos le lanzó todas sus cosas a su querido hermano, para luego salir corriendo en dirección a sus dos compañeros de instituto.

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―¿Enserio cruzaste todo el Mar Índico en una canoa?―Jade parecía asombrado, y era porque realmente lo estaba; ¿Realmente esa chica podía tener más trucos escondidos bajo la manga? No Vaya peligro que podía ser.

―Te dije que no fui sola; Castiel puede decirte si quieres―Alzó los hombros.

―¡¿Fuiste con él?!―Casi pega un grito al escucharlo. ¡¿Castiel?! ¿Estaban hablando de la misma persona o era sólo una tonta broma del destino?

Sucrette soltó una tonta risita, algo que a él le pareció una acción sumamente tierna.

―Fue un accidente―Rió un poco más alto―. Lysandro había perdido el mapa en el camino, por lo que recorrimos media China antes de llegar de nuevo―Y esta vez, ella explotó en una carcajada.

Ahora el amante de las plantas también reía, aunque no tan exageradamente como ella.

―No creí que estar contigo sería tan divertido―Dijo de repente, cuando tan solo faltaban un par de metros más para llegar hasta el instituto.

Un par de manos rodearon a nuestra protagonista por el cuello y la cintura.

―Tabla de planchar, ¿Por qué le cuentas de nuestras aventuras a un amante de las plantas?―Preguntó el chico pelirrojo, atrayéndola más hacia él.

―Porque eres un idiota que intenta pedirle instrucciones a un Chino en francés―Una pequeña gota de sudor bajó por su frente.

Castiel se separó de ella inmediatamente, mordiéndose el labio inferior.

―Como sea, necesito que me ayudes con la guitarra a la salida―Dijo, caminando hacia las puertas de la escuela.

Jade le sonrió, pasándose una mano por la nuca.

―Creo que es mejor que te deje―Estaba a punto de marcharse, cuando sacó una margarita de su bolsillo y se la colocó en la oreja a ella―. Nos vemos a la salida.

Sucrette sonrió.

Y Armin soltó maldiciones en Japonés, observando la escena desde detrás de una pared.

Muchas gracias a todos vosotros

que se han molestado en leer esta tonta historia

:'D

Realmente me inspira mucho leer sus reviews :')

Espero verles en pocos días

*Corazones gays para tod s*

-¿Review?-