Muchas gracias a todos por leer. Aquí os dejo con el segundo capítulo de mi historia. Besos
The Chronicles of Cissy Black
Mágica selección
Al poco rato, se empezó a oír un leve revuelo. Eran elfos domésticos. Uno a uno, fueron apareciendo con una gran cantidad de maletas y colocándose en un rincón del Gran Comedor donde no molestaran ni fueran molestados en su trabajo. Todos estábamos muertos de curiosidad. Yo no sabía cómo distraerme. Ni siquiera era capaz de darle un bocado a mi comida: un delicioso muslo de pollo con puré de patatas.
Por fin, después de 10 molestos minutos de incertidumbre, aparecieron. Primero entró el Director Dumbledore, seguido de tres chicas. No se distinguía nada de ellas. Iban cubiertas de arriba abajo con capas gruesas, de invierno hasta los tobillos y con las capuchas puestas. A una cierta distancia del Sombrero Seleccionador, las tres se detuvieron, mientras que el Director proseguía hasta el estrado.
Mis muy queridos alumnos- dijo observándolos a todos a través de sus gafas de medialuna, y deteniendo su mirada en ellos con complicidad- me complace presentarles a tres nuevas integrantes de esta escuela. Sé que no es normal que entre o se acepte a alguien a estas alturas de curso, cuando las clases ya han comenzado hace un mes, pero os aseguro que su caso es especial. Ahora, ¡me gustaría que les ofreciéramos una calurosa bienvenida con unos cuantos aplausos!- gritó mientras el mismo comenzaba a aplaudir. Todos le seguimos en el acto.
La profesora Mcgonagall se levantó de su asiento y se situó al lado del Sombrero Seleccionador.
- Muy bien, señoritas, os iré nombrando por edad, os retiraréis las capuchas y os sentaréis en el taburete. Después os colocaré el Sombrero y este procederá a vuestra elección de casa. Una vez que tengáis asignada una casa, os dirigiréis hacia vuestra mesa. La podréis distinguir por los colores.
- Para 4º curso…¡White, Mathilda!
La más pequeña de las figuras, se retiró rápidamente la capa y se dirigió, casi corriendo hacia el sombrero seleccionador. Dejó completamente embobado a Peter, que, sentado a mi lado estaba babeando. No era fea, era… resultona, atractiva. Tenía una cara pícara, con la mandíbula un poco marcada, una nariz recta y unos ojos grandes y oscuros, casi negros, cubiertos por una capa fina de pestañas doradas. Su color de piel era tostado, un poco más fuerte que el melocotón. Su cabello, de color castaño claro un poco revuelto. Lo llevaba un poco por encima de los hombros, completamente suelto. Era bajita, de 1,57m más o menos. De figura menuda, de pechos pequeños y caderas grandes, con una bonita cintura y unas esbeltas piernas. Llevaba un vestido negro de tirantes, sencillo, con un lazo en la cintura del mismo color. Llevaba unas manoletinas que le daban un aspecto infantil. Me di la vuelta para despertar a mi amigo de su mundo de embobamiento, cuando el Sombrero gritó:
¡Gryffindor!
Se dirigió hacia nuestra mesa dando pequeños saltitos, mirando un posible sitio, que en seguida mi amigo se preocupó de proporcionarle.
- Hola, ¿os importaría que me sentara aquí?- dijo con una voz cantarina, a lo que mi amigo contestó que por supuesto que no.
- Para 5º curso…¡ White, Meredith!
La chica a la que correspondía el nombre, se quitó la capa con una gran parsimonia, como si fuera lo más aburrido del mundo. Se dirigió con pereza al Sombrero Seleccionador, y se sentó soltando un bostezo, que ni siquiera trató de disimular. Tenía una cara de tez pálida, al más puro estilo de Lucius Malfoy, enmarcada por unos rizos rubio ceniza. Tenía los ojos grandes y de un azul verdoso, que recuerda al color del fondo del mar. Era la más alta; yo apostaría por el 1,70m. Tenía unos pechos grandes, y era un poco rellenita. Vestía unos pantalones negros y una camiseta de lo Rolling Stones también negra.
Se quedó mirando fijamente a Remus, mientras el sombrero decidía a que casa mandarla. Mi amigo comenzó a ponerse rojo y bajó la vista.
- ¡Slytherin!
Se dirigió a la mesa de Slytherin toda orgullosa de la elección.
- ¡White, Bianca!- gritó la profesora, para que todos pudiéramos oír claramente y sin error su nombre.
La última figura, dirigió una de sus manos, de las que sólo se podía ver lo delicadas que eran, al estar tapadas por unos guantes negros de cuero sencillo. Lenta y cadenciosamente fue retirando el lazo que sujetaba su capa, y todos vieron cómo caía haciendo gran revuelo. Una vez que la vi, no pude evitar seguirla con la mirada, y comprobé como a muchos chicos les pasaba exactamente lo mismo. Ser perfecta, para ella, era quedarse corto. Tenía una cara de facciones finas y armoniosas, muy delicadas, como de muñeca de porcelana. Su piel era de color melocotón, suave y delicada, con bastantes pecas, sobre todo en la zona de las mejillas. Tenía unos ojos, grandes y almendrados, de color dorado en el centro y chocolate en los extremos, remarcados por unas largas y abundantes pestañas que hacían juego con unos labios cubiertos de un delicado gloss rosa. Llevaba el pelo recogido en un elaborado moño de cabellos rubios como el trigo en un día de sol, y de él se escapaban algunos mechones que enmarcaban su cara. Tenía el cuerpo de una auténtica super modelo. Era voluptuosa, de pechos grandes y redondeados, cintura de avispa y de piernas largas y esbeltas. Llevaba un vestido negro, con escote en forma de corazón sin tirantes, corto; y encima una chaqueta de cuero, negra. Llevaba unos taconazos negros que hacían que su altura superara a la de Meredith. Caminó, expulsando sensualidad por cara poro, se sentó elegantemente y esperó. No miró a nadie. Parecía completamente ida, y de hecho, no se enteró de que el sombrero la acababa de seleccionar para "¡Gryffindor!"; y cuando lo hizo, en vez de dirigirse a nuestra mesa se marchó a los jardines, dejándonos a todos anonadados.
