El día en que todo comenzó se cumplía 10 años desde el Juicio Final, vulgarmente conocido como el Día Maldito por los rebeldes, acto intolerado y castigado por las personas de aquellos tiempos. El mundo estaba por colapsar, si no fuera por las Pesadillas toda vida humana hubiese sido exterminada por los supuestos espíritus de la paz: Los Guardianes.

Pitch, Señor del Miedo, brindó una nueva oportunidad a los humanos.

El pasado fue enterrado junto a los errores que estaban por llevar a la humanidad a su ruina. No valía la pena recordarlo, era una equivocación, una equivocación que podía ser simple pero fue la más peligrosa de todas. Los de ayer creían ser los únicos. Un gran error. No todo giraba en torno suyo, había un mañana, había más seres, había un equilibrio que se debía respetar.

Pitch Black fue la solución. Y tú, Audrey Ross lo aceptaste con convicción.

Nuestro nuevo líder no era como otros. Era inteligente, razón por la cual pudo manejar el carisma a la perfección. Tenía una extraña y peculiar forma de ser que logró captar la simpatía de toda la población. Prefería que lo llamaran Coco, como el personaje de cuentos infantiles, además de que tenía una visión del mundo bastante distintiva, para algunos, y realista, para otros.

El Coco arrasó en las elecciones, y pronto las opiniones de otros países fueron a favor suyo. Nadie se dio cuenta, tal vez sea por que nadie se lo esperó, pero pronto cuando comenzabas a tomar conciencia de la situación te percatabas de que el mundo ahora estaba en la palma de la mano gris de Pitch Back.

Hubo rebeldes, hubo alegatos sobre el mandato de nuestro Rey. No era más que gente inconsecuente. La vida desde la nueva era, era sencilla y perfecta. Sólo debías obedecer la Ley y por nada del mundo desafiar al Coco. Audrey era astuta, desde pequeña lo fue. Supo cómo sobrevivir al nuevo mundo, se las ingenió para lograr beneficios propios sin dar nada a cambio más que su lealtad, pero esa lealtad se volvió su vida, razón por la cual odiaba a Jamie Bennett.

Jamie era uno de los que estaban en contra del mandado del Coco, se negaba en rotundo a permanecer sumiso ante Pitch, argumentando que era un ser malvado y letal. Fue un ingenuo. Sus ideales quedaron opacados ante la compasión del Coco. Cierto que tomó acciones graves para que dejara de hablar y promulgar un futuro inexistente, pero lo dejó vivir, le perdonó la vida, le regaló una segunda oportunidad para que pudiera redimirse y ser feliz.

Está de más decir que el perdón del Coco no dio sus frutos como todos quisieran. A pesar de que ya no gritaba a los cuatro vientos sus tonterías, no es secreto que dentro de su ser Jamie aun sigue creyendo que los Guardianes existen.

—Ahí va el loco —dijiste a la vez que hacías una zancadilla al castaño—. Ups. —sonreíste al ver que se golpeó al caer. Yo reí, siempre te las ingeniabas para molestarlo.

—¡¿Qué te pasa?! —exclamó enfurecido Jamie levantándose del suelo.

—Tu existencia molesta, ¡madura! A ver si así dejas de ser un inútil malagradecido.

—Madura tú, Audrey. —dijo tajante el chico dándote la espalda, no sin antes mirarte por sobre el hombro con desdén. Sinceramente a ambas nos hizo reír.

—Ya basta de soñar. —dije, riéndome. E inesperadamente Jamie se dio la vuelta, nos miró con furia, pero ninguna de las dos retrocedió.

—No, ya basta ustedes. —Y entonces la furia comenzó a mezclarse con tristeza, y su mirada cambió— ¿Qué les pasa? ¿Acaso ya olvidaron lo que era soñar?

—¿Soñar? —Resoplaste con burla— ¿Quién necesita eso? De sueños no vive la gente.

Jamie te miró, y tú odiaste su expresión. No había furia, no había rencor, sólo… lástima.

Fue lo peor que pudo haberte hecho, ni las palabras ni los golpes se comparaban a la humillación que sentiste en aquel momento. Y Jamie, sin percatarse de su osadía, se alejó de nosotras para perderse entre la gente. Tú quisiste seguirlo, por supuesto que no ibas a dejar las cosas así, ¿cómo se atrevía a humillarte? Pero yo te detuve, no sé por qué, pero aferré tu brazo y negué con la cabeza.

—No pierdas tu tiempo en él.

Tu trabajo era brindar palizas y darle unas cuantas a Jamie no podía ser la diferencia, pero yo tenía razón, ¿para qué ensuciarte las manos con esa rata? Jamie era un ser despreciable e insoportable, tan sólo una plaga que debía ser exterminada como fuese. Sus padres debieron tomar la decisión más sensata, abandonarlo en cuanto pudieron, o al menos eso solías decir. A veces a espaldas del chico, otras en su cara.

La jornada escolar había llegado a su término, por lo que las dos nos dirigimos a nuestras casas. Charlábamos sobre el colegio y los futuros retos por cumplir, y algunas veces nos burlábamos de Jamie, e incluso tú me contabas tus planes de cómo deshacerte de él de la forma más rápida. Le harías un favor al mundo y a Pitch.

—Y entonces ahí buscas la pala.

—También hay que borrar las huellas.

—¿Para qué? A nadie le importará que desaparezca esa escoria. —Te encogiste de hombros, deteniéndote repentinamente.

Te miré confundida.

—Oye… ¿qué tienes? —pregunté, pero tus ojos no se despegaban de lo que fuese que llamase su atención. Entonces me acerqué, y comprendí al instante lo que llamaba tu atención.

Frente a nosotras se hallaba un anuncio ubicado en el ventanal de un negocio.

—Se buscan. —Leí en voz alta. Tu mirada repasó el texto, y posteriormente sacaste tu celular y le tomaste una foto— ¿Qué crees que pasó?

—No lo sé. —dijiste guardando el celular, observando por última vez los rostros de aquellos delincuentes.

Prófugos de la ley, acusados de quebrantar y atentar contra el legado de Pitch Black. Como deber ciudadano, si se les encuentra entregar a las Pesadillas. Si al contrario, se le descubre ayudándolos… —continúe, sorprendiéndome ante las últimas palabras.

Pena de muerte.

Intercambiamos una mirada. Jamás habían tomado una medida como aquella y divulgada públicamente. Si el Coco había optado por esa opción, debía ser porque los prófugos eran unos criminales abominables.

Pero lejos de nosotras un chico no opinaba igual que nosotras. Curioso se acercó a ver el anuncio, leyó el comunicado con sorpresa y esta creció aún más al ver las caras de los que yacían allí. No pudo evitar sonreír, estaba feliz pero también preocupado.

La hora había llegado más pronto de lo que creía.


Espero les esté gustando :D

Por cierto, trataré de actualizar todas las semanas 3