En realidad este iba a ser parte de un capitulo entero, pero era demasiado largo y decidi cortarlo. Pronto subiré el tercer capitulo, espero que disfruten de éste.


-2-

Acercándose a lo inevitable.


El Sunny estaba escondido entre las raíces de un enorme algo de mandrágora, estas plantas, según las leyendas, eran sumamente antiguas y tenían la capacidad de producir luz artificial por las noches, una luz fluorescente y verdosa pero hermosa, así como de la misma manera podían producir burbujas dado a que su respiración natural y una sabia espesa y resbalosa tenían la facultad de producirlas por cierto tiempo, he de ahí el nombre de Shabondy, dado que Shabon significaba burbuja.

Los Mugiwaras habían llegado en el momento más oportuno y por otra parte menos afortunado. El puerto de Shabondy era un lugar muy solitario de noche dado que sólo se comercializaba de noche. Claro, algunas tabernas y centros de apoyo estaban abiertos, así como algunas clínicas hospitalarias, pero en realidad podrían arreglárselas.

Con tan sólo desembarcar el ambiente se tornaba más nebuloso. Los Mugiwaras, o al menos los más sensatos, sabían que estaban en una tierra llenas de fuerzas opresoras de Tenryu, para ser más exactos estas eran tierras de generales. Aunque las posibilidades de encontrarse con uno eran una sobre diez, debían ser lo suficientemente cautelosos.

—¡Vamos a explorar! – gritó Luffy emocionado.

—¡Luffy! – Usopp y Nami saltaron sobre él, el primero por ser el más cobarde, la segunda por ser la más precavida.

—¿Estás loco? – regañó Nami mientras le daba un buen puñetazo en la cabeza. —No podemos andar por ahí como si nada, somos piratas, ¿Recuerdas? Por ende somos personas buscadas, si alguien nos reconoce…

—Ya, ya, no te preocupes tanto, Nami. – dijo Luffy intentando quitarle importancia al asunto.

—¡Me preocupo por todos nosotros, por tener un capitán tan idiota! – y volvió a golpearlo.

—Lo va a dejar muerto si continúa así, Nami-san. – dijo Brook, preocupado por la integridad de su amigo.

—Yo sugiero que nos separemos y busquemos cosas interesantes. – dijo Zoro.

—¡No, tú no! – se apresuró a decir Sanji con son de burla. —Si te separas de nosotros te perderás… ¡Y no iremos a buscarte!

—¡Deja de decir eso sin fundamento! – le respondió Zoro. —Como si pudiera perderme. – cuando terminó de decir eso se guardó un silencio sepulcral.

—Tal vez debiéramos irnos en parejas, así reduciríamos el riesgo a… perdernos. – sugirió con sutileza Robin.

—¡Aww, concuerdo con Robin en esto! – se apresuró a decir Franky. —Usopp, ¿Te importaría acompañarme?

—Claro. – el joven se acercó a su compañero de partes metálicas.

—Entonces… - Nami decidió que sería bueno organizarlos. —Sanji, ¿Vendrías conmigo?

—¡Por supuesto que sí, Nami-swan! – gritó emocionado.

—Chopper, tú ve con Zoro, si él se llega a perder contamos con tu instinto animal para hacerlo volver.

—Está bien.

—¡Oye, Nami, no saques conclusiones tan pronto! – dijo molesto el espadachín.

—Sí, lo que digas. Luffy… - se volvió hacia Robin. —Robin… - dijo mejor. —¿Estaría bien que acompañaras a nuestro capitán?

—De acuerdo. – la mujer se acercó donde el chico del sombrero de paja.

—Brook, de verdad lo siento, te prometo que a media noche vendremos a remplazarte. – pidió la chica con las manos en pose de plegaría.

—¡Ah, no te preocupes, Nami-san! – el esqueleto sonrió. —Estaré bien, me haré compañía a mí mismo como lo hice por tantos años… - eso cayó como un costal de cemento sobre sus hombros.

—Mmm, pensándolo bien, Nami-san. – sugirió Sanji. —Yo me quedaré a cuidar del barco. Brook, ¿Por qué no acompañas a nuestra hermosa navegante de compras y a recolectar información? Sólo asegúrate de cuidarle, ¿Vale?

—Oh, eres muy amable, Sanji-san. ¿Qué esperamos? – saltó por la cubierta.

—¡Bien dicho, Brook! – Luffy también saltó.

—¡Oigan, no se apresuren! – entonces todos saltaron. Dejando al cocinero solo. —¡Sanji-kun, vendremos en unas horas, por favor no desesperes!

—¡No se preocupen! – movió las manos despidiéndose. —¡Y no vayas a perderte, espadachín de mierda! – pidió mientras se alejaban todos.

—¡Dejen de sacar estúpidas conclusiones!

—¡Zoro, es por acá! – le llamó Chopper, todos estaban a unos metros de Zoro yendo a otra dirección. El hombre simplemente frunció el ceño.

—Es sólo una consecuencia. – refunfuñó y se acercó a sus amigos.

Los Mugiwaras eran excelentes personas si se les llegaba a conocer bien, Luffy tenía un corazón de oro a pesar de que podía ser bastante ingenuo, Zoro aunque un poco arisco al principio, con el tiempo podía llegar a ser el mejor amigo del mundo, Sanji era bastante extraño cuando se trataba de mujeres, pero a la larga era un excelente caballero. Usopp, por más cobarde que fuese nunca se atrevería a abandonar una pelea si era por el bien de un amigo, Nami podía ser la viva imagen de una ladrona y tramposa, pero ella era la chica más dulce del mundo si le caías bien; Robin era un poco extraña y muy sería, pero no existía mujer más bondadosa una vez que la conocías, Franky era excéntrico, pero bastante gracioso y de buen ánimo; y a pesar de que Brook luciera estrafalario era un perfecto compañero, Chopper tampoco se quedaba atrás, él era un alma inocente y muy amable.

Sí, los Mugiwaras eran piratas como ningunos otros; y no es que fuese una ofensa o algo así, es que era increíble que a estas alturas del mundo existiesen personas que, siendo piratas, fuesen tan buenas.

Los piratas, o al menos su mayoría, eran vándalos y criminales peligrosos. La mayoría eran presa fácil de la marina, pero existían personas enserio sorprendentes que poseía poderes inimaginables. Y algunos de estos piratas eran nada más y nada menos que…

—¡Vamos, vamos, trae más tarros aquí preciosa, no me estoy divirtiendo lo suficiente! – en medio de la taberna la voz del exigente capitán resaltaba entre los clientes promedios.

—Kid, deberías controlarte, estás taladrando mis oídos. – se quejó su fiel compañero, todos le hacían llamar Killer.

—¡No seas un aguafiestas, Killer! – hizo sonar un tarro de cerveza contra la mesa. —¡Traigan más bebida y comida para mis hombres! – Eustass Kid no solía ser un pirata quejumbroso ni mucho menos un hombre que se reprimiera, pero cuando estaba ebrio o ligeramente podía ser insoportable. Él era, además, uno de los piratas más temidos en todo el océano. Su poder radicaba en un extraño poder que le permitía manipular el metal como si él fuese un electroimán, siendo capaz de cambiar la polaridad de los objetos con tan sólo desearlo, así como la misma.

Estos poderes, de los que muchas personas hablaban eran producto de singulares horrores, o para muchos tesoros: Las Akuma no Mi. Estas frutas, aunque raras, tenían una fama internacional. Se trataba de una fruta especial que le permitía al usuario obtener un poder a cambio que no poder nadar y perder los poderes en el agua. Quizá sonase cruel, pero si uno era cuidadoso las posibilidades podían ser infinitas.

Y así como Kid, existían otras personas que poseían poderes magníficos. Luffy era uno de ellos, pero otros como Scratchmen Apoo, un hombre con la capacidad de transformar su cuerpo en un instrumento musical que al mismo tiempo podía ser un instrumento de aniquilación. Era un hombre temido y muy odiado por, el cual podía causar un alboroto cuan carnaval y en vez de ir a verlo todos salían huyendo.

—¡Vaya, vaya!- la puerta de la taberna se abrió de repente y mostró la cara del recién mencionado hombre de brazos largos. —Un borracho causando alboroto en un lugar de mala muerte. – caminó sereno seguido de sus hombres.

—Miren esto. – Kid se levantó de su asiento y con él todos sus hombres. —Parece que el payaso llegó, ¿Por qué no te pones a bailar y tocas algo de música para nosotros?

La provocación era clara pero… ¿Qué podían esperarse de piratas como ellos?

—Estás ebrio, estúpido. – le dijo Apoo. —¡Tú! – llamó a una joven mesera que se escondía tras unos barriles de salsa. —Prepara tus mejores sillas y mesas, tenemos hambre. – señaló a sus seguidores.

—S-Sí… - la chica se iba a mover pero alguien le impidió seguir caminando. Se levantó de un asiento en una esquina, con la sutileza de un gato, nada más que el mismísimo Basil Hawkins.

El pirata, apodado por sus enemigos como El Mago, era un hombre serio y espeluznante que gustaba de practicar Vudú; pero no porque fuese algo que le llamase la atención de vez en cuando, sino por ser su marca personal. El Vudú se había transformado en un estilo de vida y parte gracias a su fruta del diablo.

—No obedezcas a estos hombres. – burdo y sin una pizca de gracia, el rubia de larga cabellera caminó hasta el centro del bar, junto a su banda que se levantaba de las cuatro esquinas de la taberna.

—¡Oh, es El Mago! – exclamó Apoo mientras se colocaba un brazo en la barbilla. —Debo suponer que estás aquí para extender tus conocimientos sobre el más allá.

Ante la provocación el pirata sacó una baraja de cartas y las colocó sobre una mesa, en donde se sentó y se puso a barajarlas.

—Creo que te ignoró por completo. – apremió el capitán Kid.

—Silencio. – siseó El Rugido del Mar. —¿Qué intentas predecir con esas patéticas cartas? – dijo curioso el pirata de la coleta.

—Las posibilidades de que… el estar reunidos aquí no se trate de una coincidencia. – afirmó el pirata. —Mmm, parece ser que no.

—¿A qué te refieres? – ahora Kid estaba entrando a la conversación.

—Miren bien a su alrededor caballeros. – dijo Basil. —Estamos sobre una bomba de tiempo. – después volteó más cartas. —Las posibilidades de salir de aquí ilesos son… 10%. – volteó otra carta. —Muy pronto nos enfrentaremos a algo que es más poderoso que nosotros… Por lo que, las posibilidades de sobrevivir si nos dedicamos a pelear es… del 0%.

—¡Ya basta de tonterías! – Kid golpeó la mesa y la destruyó por la mitad, pero las cartas siguieron en su posición, flotando en el aire, gracias a la magia de Hawkins. —¿Sólo estás aquí por eso? No eres más que un farsante.

—He venido aquí por algo de beber y comer. – Basil se levantó de su asiento, las cosas comenzaban a tensarse. —Pero no puedo evitar predecir lo que pasará. – le miró entero y después reparó en su brazo izquierdo. —Yo sé que perderás más que la paciencia.

—¿Es una amenaza? – el capitán de los piratas de Kid frunció el ceño.

—¿Qué pasa, Eustass, algo te asusta? – se burló Apoo.

—No te metas en esto dientes de piano. – gruñó ante la burla.

—¡¿Cómo me llamaste?! – Scratchmen se volvió molesto hacia él.

—Será mejor que nos vayamos de aquí. No quiero ser parte de un circo tan usurero como este. – Basil ordenó a sus piratas que se dirigieran a la puerta pero fueron detenidos por las bandas contrarías.

—Tú te quedarás aquí, Basil. – le dijo Kid. —Vas a aclararnos toda esa basura que estabas diciendo. – luego se volvió hasta Apoo. —Y en cuanto a ti. – alzó una mano al aire y todos los objetos metálicos que había en la sala se dirigieron a su brazo, formando una extremidad gigante y amenazante. —Veamos que metal resuena más.

—¿Una pelea, ahora? – miró a los alrededores. —Bien, no es mi estilo, pero acepto.

—Esto era precisamente lo que quería evitar. – suspiró el esotérico. —He predicho que sucederá algo malo… y como tal he dicho, vendrá.

—¡Cierra la boca! – Kid se volvió hacia él. —Será mejor que debajo de esa bata de hechicero exista un hombre con las agallas para pelear. – entonces sonrió maquiavélicamente. —Porque me dieron muchas ganas de matar.

El momento del pánico había llegado.

Nami y Brook caminaban lentamente por las calles oscurecidas de Shabondy, para ser un lugar gobernado por los Tenryuubitos se veía bastante a pasible y feliz, la gente del centro de la ciudad era amable y a pesar de ser tarde vendían con una sonrisa y sin miedo.

—La gente no corre cuando me ve. Yohohoho… - se río entre dientes el músico.

—En realidad me parece raro, se supone que un país gobernado por Tenryu debería más abstraído, bueno, como los demás que hemos visto. – durante sus viajes, los Mugiwaras habían tenido la oportunidad de encontrarse con ciertos pueblos y países gobernados por Tenryu, estos lugares parecían reprimidos y llenos de rencor hacía los extraños. En cambio, las personas de Shabondy parecían estar felices todo el tiempo, se saludaban cordialmente y recibían a sus clientes con una sonrisa.

—Oh, mira, Nami-san. – Brook señaló una papelería. —Nos vendría bien comprar un poco de papel. Yo necesito para mis partituras y usted para sus mapas.

—Buena idea. – los dos se encaminaron hacia la tienda, el dueño estaba afuera con los brazos cruzados y ligeramente preocupado. Era la primera persona que no lucía feliz. —Buenas noches. – saludó Nami. —¿La tienda sigue abierta? – el hombre salió de su estupor y les miró, pero sobre todo a Brook.

—Claro señorita… y señor. – lo escaneó de cabeza a los pies.

—Yohohoho, no se reprima, puede preguntar si quiere. - sugirió el esqueleto.

—Gracias, ¿Es una máscara o algún disfraz?

—Pues en realidad…

—¡Sí, lo es! – interrumpió Nami. —Mi amigo es un poco estrambótico pero es un buen chico… ¿No es así, Brook?

—Claro, claro… - se quitó el sombrero a modo de saludo. —Un placer.

—Oh, el placer es mío. Pasen por favor, mi papelería está a su disposición. – los Mugiwaras entraron. —Disculpen, ¿Qué necesitan?

—Yo quisiera un juego de hojas pautadas, por favor.

—Yo quiero el mejor papel que tenga para cartografía.

—Ah, deben ser un músico y una cartógrafa, entiendo. – buscó en una gaveta que estaba tras él. —Lamento mi hostilidad. – ahora sonreía. —Hace rato vi pasar por aquí a unos piratas y estaba preocupado. – sacó las hojas pautadas y se volvió hacia Brook.

—¿Piratas? – Nami se mordió el labio inferior, esperaba que no se refiriera a sus atolondrados nakamas.

—Sí, sé que es increíble de creer que piratas lleguen al puerto de Shabondy, ya sabe, por los generales de guerra, pero aparentemente aprovecharon este momento para arribar.

—¿Este momento? ¿A qué se refiere?

—¿No son de aquí, verdad? – concluyó el vendedor. —Como sabe, Shabondy es un punto de hospedaje para algunos Generales de Guerra del país Tenryu.

—Sí, eso lo sabía. ¿Qué con eso? – insistió la chica.

—Hace poco se dio un aviso importante en donde condecorarían a un nuevo General de Guerra, no sabemos el nombre del guerrero, pero debe tratarse de alguien muy fuerte. Por ese motivo se les invitó al resto de los generales a asistir a la ceremonia. Hasta hace poco se encontraban aquí tres generales, el general Gekko Moria, Sir Crocodile y El Tirano.

—¿Entonces no están aquí? – dijo aliviada y nerviosa.

—No, ellos han ido a la ceremonia, es por eso que estamos nerviosos. Si los Generales no están para protegernos entonces Shabondy sucumbirá ante los piratas. – platicó preocupado el hombre.

—¿De qué piratas se trata?

—Bueno, es sólo un rumor, pero se dice que aquí están…

—¡Gon-san! ¡Gon-san! – la puerta de la papelería se abrió precipitadamente por un hombre que venía agitado. —¡Es una emergencia, los capitanes piratas están causando destrozos en el centro de Shabondy!

—¡¿Capitanes?! – Nami y Brook se miraron atemorizados, por Dios esperaban que Luffy no estuviera detrás de todo esto.

—Sí, señorita. – contestó el mensajero. —¡Se trata de Eustass Kid, El Rugido del Mar Apoo, y El Mago Hawkins! – informó preocupado.

—¿Son esos tres solamente? – investigó la chica.

—Sí… Gon-san, será mejor que despeje el área, ya le hablamos a la Marina pero tardarán en llegar, tenemos que huir. – y salió corriendo por la puerta.

—¡Lo siento, ya cerré! – el hombre corrió al interior de su casa y los Mugiwaras salieron a la calle preocupados. En efecto, no muy lejos de ahí se escuchaba los gritos de las personas.

—Esto no se ve nada bien. – mencionó la navegante. —Robin me lo dijo una vez, lo peor que puede pasar es que manden… a un Almirante.

—¿Ellos son realmente fuertes?

—Sí… rápido, tenemos que comunicarnos con los demás, debemos salir de Shabondy lo más pronto posible.

Ace despertó debido a una molesta luz que colgaba del techo en donde estaba. Abrió los ojos lentamente debido a la molestia que le causaba lámpara. Una vez que se ubicó en persona y espacio miró a todos lados y se encontró a sí mismo en una enorme jaula. Se levantó lentamente y a medida que se acercaba a los barrotes, hasta tocarlos, sintió que su fuerza desaparecía. Se alejó comprendiendo lo que sucedía.

—Kairouseki. – mencionó. Una piedra marina que refinada era mucho más dura que el acero. Esta piedra, al poseer la misma esencia que el mar tenía la capacidad de arrebatarle a los usuarios de Akumas no Mi sus poderes; dado que, según la leyenda el mar odiaba a los usuarios.

—Estás en lo correcto. – la voz pasiva de Kuma lo alertó e hizo retroceder.

—Bartholemew Kuma.- era imposible no reconocerle, sobre todo porque él era uno de los Generales de Guerra de Tenryu… sus enemigos.

—Me alegra verlo despierto… Comandante Portgas, de la segunda división militar de Hakuharu. – el inmenso hombre estaba sentado frente a él en lo que parecía ser un cuarto de interrogatorio.

—¿Has estado… velándome? – le dijo ligeramente perturbado.

—No, acabo de llegar. – tenía las piernas cruzadas en forma de loto así como sus brazos. —Me preguntaba cuanto dormirías. – le miró de arriba abajo. —Veo que está herido… ¿De qué trucos se apaña Kurohige para poder tocar a un hombre intangible? – a Marshall D. Teach se le hacía llamar Kurohige, después de su traición todos le reconocían por ese nombre.

—No hables en mi presencia de ese malnacido. – la ira de Ace era palpable, pero lamentablemente estaba tan herido que no podía hacer nada, sin contar que estaba encerrado. —¿Para qué me has traído aquí? ¿En dónde estoy?

—Estás en Shabondy. – informó el general. —Antes de llevarte a Mariejoa para tu juicio final, quería hacerte unas cuantas preguntas.

—¿Mariejoa? – frunció el ceño.

—Sí, los reyes de Tenryu ansían ver el trofeo de guerra que Marshall D. Teach ha conseguido. – inconscientemente lo provocaba.

—Ahórrate eso. – estaba muy enojado. —Ve al maldito grano. Pero desde ahora te informo que jamás podrás sacarme nada. – Ace se cruzó de brazos y se sentó en el centro de la celda.

—Veo que lo que dicen de ti es cierto. – dijo Kuma. —Eres impaciente y agresivo cuando estás molesto.

—Cierra la boca. – su espalda resplandecía con el fuego vivo que emergía de su piel.

—¡Bartholomew-sama! – la puerta del interrogatorio se abrió precipitadamente. —¡Bartholomew-sama, qué alegría encontrarlo aquí! –se trataba de un soldado de Tenryu.

—Estoy ocupado, ¿Qué quieres?

—Lo siento mucho, general. – se inclinó con respeto. —Pero… tenemos una emergencia, Shabondy ha sido invadido por piratas.

—¿Piratas? – alzó una ceja. —Debe ser una broma.

—No es ninguna broma, general. Hemos llamado a la Marina, el Almirante Kizaru arribará pronto, pero mientras el caos se ha desatado en toda la ciudad.

—¿Kizaru? Entonces debe ser grave. – se levantó lentamente y después miró a Ace, quien seguía sentado. —Soldado, cuide de este prisionero. No se deje impresionar por su persona, el Comandante Portgas está lastimado. – caminó hasta la puerta. —Luego continuaremos con nuestra charla.

Poderosos enemigos se aproximaban al centro de la ciudad, el gran Tirano estaba en camino.

—¡Zoro! – Chopper ya había pasado por segunda vez alrededor de aquel parque en donde dejó a Zoro para ir a comprar unos libros de medicina. Estaba cansado de caminar entre varias personas que iban y venían sin obligaciones. Intentó rastrearlo, pero era como si Zoro se empeñara en desaparecer de la faz de la tierra.

Refunfuñó molesto, era precisamente por eso que debió insistir en estar acompañado de alguien más.

Y mientras Chopper caminaba sin rumbo intentando encontrar a su amigo perdido, el susodicho se encontraba frente a una tienda de cañas de pescar, distraído de lo que pasaba a su alrededor.

—¡Es una emergencia, llamen a la Marina! – pasó un hombre gritando por toda la calle. Zoro alzó la ceja, mencionar a la Marina significaba problemas para ellos, puesto que siendo piratas sus encuentros solían ser bastante peligrosos.

—Oiga, anciano. – llamó al hombre que iba de puerta en puerta gritando.

—¡Joven, no hay tiempo para explicaciones debemos huir lo más pronto posible, hay piratas en Shabondy! – sus gritos sonaban delirantes, como si el hecho de que existieran los piratas fuese una catástrofe.

—¿Quiénes? – intentó averiguar el espadachín.

—Son tres criminales, están destruyendo el centro de la ciudad… ¡Debemos huir, la Marina estará aquí pronto! – gritó alzando los brazos.

—Cálmese por favor. – la voz de un titán apañó todo el ambiente y por algún motivo Zoro sintió un escalofrió en su espalda. —He venido para deshacerme de los piratas. – las personas que estaban alrededor gritaron entusiasmadas. Pero entonces una columna de luz se vio a lo lejos y eso aumentó sus gritos.

—¡General, General! – un soldado llegó donde él con una enorme sonrisa. —¡El Almirante Kizaru ha llegado y en este momento está luchando contra los piratas!

—Vaya… entonces quizá no deba preocuparme por él. – iba a darse la vuelta pero se quedó muy quieto cuando percibió a Zoro. —Debo pensar… - dijo en voz baja. —Que usted no es uno de los fugitivos, ¿O sí? – y no es que la reputación de Zoro no le precediera, pero simplemente Kuma no parecía reconocer su rostro; aunque era un rostro bastante temible, por ello el General le miraba acusadoramente.

—No, señor. – dijo Zoro con seriedad, podía sentir una presencia asesina en las pacificas palabras del General y por ello no le gustaba la situación en la que estaba.

—Correcto. – respondió con tranquilidad para que en un abrir y cerrar de ojos desapareciera de la escena. Zoro quedó impactado.

—Debo volver con los demás. – corrió por las calles, necesitaba llegar donde sus nakamas de una vez por todas.

El centro de la ciudad estaba lleno de escombros y fuego, el almirante que habían enviado era sin duda un adversario de lo más poderoso. Los piratas que estaban causando alborotos se encontraban ahora en un estado completamente deplorable, puesto que, después de haberse hecho daño entre ellos ahora sostener una batalla contra Kizaru sería imposible.

—No cabe duda… - murmuró Basil. —Sostener una lucha con el Almirante Kizaru… nos da un 0% de victoria.

—¡Deja de decir estupideces! – bramó Kid mientras le lanzaba enormes objetos metálicos al almirante.

—Ustedes sí que son problemáticos. – el almirante acababa de apalear a Apoo y su banda y se dirigía tranquilamente contra los demás piratas.

Usopp y Franky no estaban muy lejos de ahí, habían presenciado la ferocidad del almirante y una vez que recargaron el combustible corrieron apresurados por las calles hasta una zona abandonada de Shabondy, debían llegar cuanto antes al barco y escapar de esa carnicería.

—¡Franky, en donde debíamos reunirnos! – preguntó Usopp fatigado de tanto correr, pero aún así no se detenían.

—Quedamos… - hizo memoria. —En las afueras de la ciudad, donde está el templo abandonado.

—Sólo espero que los demás estén bien.

El tiempo se estaba agotando.

Continuará…

La continuación ya está elaborada, pero me gustaría saber lo que piensas al respecto de esta historia. Este capítulo fue de transición, por que creo que todos sabemos hacia donde nos dirigimos, ¿No es así? Bien, espero que lo hayan disfrutado, nos veremos en el siguiente.

Je Ne.

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.