Q - ¡Espera! – Gritó, llamando la atención de las personas que se encontraban cerca. Corrió hasta llegar justo a su lado y continuo caminando junto a ella con la cabeza gacha.
Atónita al verla a su lado, no pudo evitar mirarla y pensar en donde estaba la trampa.
Quinn abrió la boca intentando pensar en algo original que decirle, parecer confiada y segura, pero fue incapaz.
Q - Deja de mirarme, me pones nerviosa – Fue todo lo que consiguió articular.
R - ¿Por qué? – Cuestiono con curiosidad, sin dejar de mirarla.
Q - ¿Por qué? ¿Qué?
R - ¿Qué quieres?
Q - ¿A qué te refieres?
R - ¿Siempre respondes con preguntas? – Sintiendo que se le agotaba la paciencia.
Q - No – Dijo inclinando la cabeza, como si tuviera que pensarlo – Por lo general ni siquiera doy respuestas.
Quería solventar dudas, saber y resolver los acertijos que se habían creado en su mente durante todos aquellos años, acomodarlos en cajas, etiquetarlos, guardarlos y olvidar. Aunque quizás era mejor dejar el pasado donde estaba, nada ganaba removiéndolo, pero su curiosidad era más fuerte que ella.
R - ¿Qué quieres de mi? ¿Qué esperas? ¿Qué buscas? No es que tú y yo hayamos sido grandes amigas, bueno, por ser, más bien... – Las palabras se ahogaron en su garganta. Intentaba hablar, pero otra vez como tantas otras, cada vez que se trataba de hacerle frente solo conseguía expresar la mitad de la primera mitad de las cosas que necesitaba sacar.
Q - Era una zorra en aquel entonces – Soltó de golpe. Habría sido imposible llevar la cuenta de cada granizado que había acabado empapando su ropa, de cada insulto y humillación que le había propiciado.
Rachel soltó una carcajada.
R - ¿Tú crees? – Ironizo – ¿Y ahora? ¿Cómo eres ahora?
Q - Soy… soy de esa clase de persona que piensa que podría morir atropellada por un autobús – Dijo sin pensar.
R - ¿Qué?
Q - No me hagas mucho caso, ha sido un día largo y mi cabeza no da para más… ¿Podrás perdonarme algún día? – Preguntó rápido, suave, casi en silencio.
La Sorprendió. Tenía que reconocer que se había quedado petrificada.
R - No sé. Hay recuerdos que no se borran ni metiéndolos en agua caliente y lejía – Sus palabras habían sonado duras y lo vio reflejado en el rostro de Quinn – Al igual que se, que se pueden construir nuevos recuerdos. – Sintiendo una mezcla de odio, amor, rabia y unas ganas enormes de crear esos nuevos recuerdos junto a ella. Consciente de que no era una más, sino la única que podía revolucionar su mundo.
Un cumulo de remordimientos golpeo a Quinn, inundado sus ojos de lágrimas que se negaba derramar, odiándose.
El silencio se estaba haciendo incómodo por lo que Rachel lo rompió ella misma tarareando una canción en voz muy baja…"Never insecure until I met you, Now I'm being stupid. I used to be so cute to me…Just a little bit skinny, Why do I look to all these things, To keep you happy…"
R - Vivo aquí – Sintiéndose extraña ante la despedida. ¿Qué hacer? ¿Cómo comportarse? ¿Invitarla a subir? Divagaba sin poder decir las temidas palabras que atragantadas en la garganta no asoman hasta su boca.
Q - Hasta pronto – Quinn rompió el momento, agacho la cabeza y echo a andar.
Rachel se quedo mirándola por un instante como se alejaba. Había resultado de lo más surreal el encuentro. En su interior sintió el deseo de que no hubiera acabado y se maldijo por no haber hecho nada por retenerla. Abrió el portal y subió los siete pisos de escaleras del tirón.
xx X xx
Pocos minutos después sonó el timbre.
Rachel abrió la puerta, era ella. Las nubes grises que amenazaban con que miles de gotas atravesaran el cielo, al fin lo habían hecho. Sobre su pecho caían algunas gotas que se deslizaban desde su pelo mojado. Su blusa pegada a su cuerpo marcando sus curvas y su respirar agitado hicieron que los ojos de Rachel viajaran de arriba abajo, de abajo arriba, sintiendo el impulso loco, absurdo, desmedido de recorrerla con un beso, uno solo, interminable. Movió su cabeza, queriendo borrar sus pensamientos antes de que fuesen demasiado evidentes. Tenía que reconocerlo, aquella visión la superó, no estaba preparada para algo así, pero se sentía bien.
Q - 3 cosas... Primero, no sé si quieres mi teléfono o no, pero a mí me gustaría tener el tuyo. Segundo, no funciona el ascensor, y tercero… ¿Me dejas pasar al baño? – No lo llevaba planeado, no había tenido tiempo en pararse en pensar que le diría al encontrarla frente a frente, lo único que tuvo claro en cuanto la vio frente a ella con cara de asombro, era que no quería irse, no quería que volviera a desaparecer de su vida.
El atropellar de sus palabras mezclado con la falta de aire la hizo reír.
R - ¿Qué te parece si pasas, te secas un poco y ya luego... nos damos los teléfonos?
Quinn se concentró en respirar y en que su corazón no se le saliera dando brincos por la boca, mientras una enorme y abierta sonrisa aparecía en su rostro.
