Rubeus

A pesar de que evitó a toda costa mirar aquello, Hagrid no pudo hacer nada por evitar oír el sonido de la madera astillándose. Aquella mañana, dos funcionarios del Ministerio habían llegado para romper su varita con motivo de su expulsión del colegio. Hagrid, ante todo, se alegraba de que su padre ya no estuviese ahí para verlo, pero pensar en su padre hizo que finalmente soltase las lágrimas que estaba evitando liberar. En cuanto los funcionarios se marcharon, Dumbledore, que estaba a su lado, posó una mano en su brazo.

—Tranquilo, Hagrid. No es un final, a fin de cuentas.

—¿Pero qué voy a hacer?

—En Hogwarts siempre se prestará ayuda a quien la pida.

Y dicho esto, se marchó. Hagrid se quedó sólo, sujetando los pedazos de su varita. Entonces lo tuvo claro. Hogwarts sería siempre su hogar.