Y aquí estoy, con el segundo capítulo~

Vamos a ver...

Advertencias: Lenguaje "lovinesco", es decir, palabras feas que aunque yo sí diga constantemente, los buenos chicos no deben decir. (Por eso yo iré directa al infierno, y cuidaré los girasoles del señor del averno, Rusia, por todos vosotros (?)) Menciones/Insinuaciones de otras parejas~ Pero no voy a adelantar nada más :D

Número de palabras: 3437

Nombres humanos (Por orden de aparición y/o mención):

España: Antonio Fernández Carriedo
Prusia: Gilbert Beilschmidt
Italia Veneciano: Feliciano Vargas
Italia Romano: Lovino Vargas
Alemania: Ludwig Beilschmidt
Hungría: Elizabeta Héderváry
Austria: Roderich Edelstein

(Toma ya, de memoria y con apellidos y todo :D)

En cursiva: Palabras en otro idioma y pensamientos.

Canciones:

Everlong de los Foo Fighters [Hasta la parte en la que vuelven a la casa de Tonio]
Remote Control de los Kagamine (Rin y Len) [Hasta cuando Gil vuelve de comprar]
I'm sorry
de Flyleaf
Are you ready? de Three Days Grace

Aviso: No soy Himaruya, y, por lo tanto, Hetalia no me pertenece —Se va a una esquina a llorar— Buaaa~

Bueno, disfrutadlo, y yo feliz como una perdiz :D Pero de las que no se come nadie XD


Ilógico

Aquel día pasó más rápido de lo que ninguno de los dos podía esperar.
Tras desayunar de forma rápida y de que Antonio le preguntara a Gilbert veintisiete veces si de verdad no le importaba, y que, éste último, ya harto, le prometiera que si volvía a preguntarlo otra vez le asesinaría, pusieron rumbo a casa de los hermanos Vargas.

Al llegar, el moreno llamó a la puerta, la cual abrió el menor de los italianos.

— Ve~ Hermano España~
— ¡Buenos días, Feli!

Desde dentro, se oyó otra voz.

— Ya era hora de que vinieras, bastardo.

De pronto, de detrás de Antonio salió Gilbert.

— ¡Hola, Feliciano!
— ¡Prusia! Ve~
— ¿Qué coño... ?

El mayor de los hermanos salió a la puerta.

— ¿Y tú qué cojones haces aquí?
— He venido a acompañar a Tonio —le pasa un brazo por la cintura y el otro sonríe.

Si las miradas matasen, Feliciano habría tenido que limpiar su patio de sangre con una manguera de bomberos.

— Por cierto, —pregunta Italia con una sonrisa— ¿qué tal está Ludwig?
— Con trabajo, kesese~ Si no, probablemente habría encontrado alguna excusa para venir a verte.

Ambos hermanos se pusieron rojos, pero el menor de vergüenza y el mayor de rabia.

— Joder, ¡me cago en la put-!
— Vale, haya paz. —Intervino España con una sonrisa y a continuación se giró hacia el albino— No hace falta que te quedes, Gil. Por aquí hay muy buenos bares, vete a dar una vuelta.

Ante la mención de la palabra bar, los ojos del pruso centellearon.

— ¿Estás seguro? El awesome yo puede esperarte.
— Que sí, anda~. Cuando acabe te llamaré al móvil.
— Bueno, está bien. No tardes, ¿eh?
— Sí~

Ante la sorpresa de los italianos, Gilbert cogió la cara de Antonio, le plantó un beso en los labios y se fue.

— Hasta luego, Gil~
— Vas a tener que explicarm- que explicarnos eso, bastardo.
— Gilbert y yo estamos saliendo.

Ante esas simples palabras dichas con una sonrisa, Lovino notó como su corazón se hacía añicos, trozos pequeños, minúsculos, que le sería casi imposible volver a juntar. Y encima, el idiota de su hermano no hacía más que felicitar al otro. Trató de no mostrar ninguna emoción, pero el labio inferior le temblaba de vez en cuando. Finalmente, no pudo soportarlo más y explotó.

— ¡Me voy a mi habitación, tengo cosas que hacer!
— Pero, Lovi...
— ¡Déjame en paz, imbécil! ¡Que te den por el culo!

Subió las escaleras de la casa casi de dos en dos, y tras entrar en su cuarto y echar la llave, se tiró encima de la cama y comenzó a llorar.

No podía ser. ¿Antonio con el hermano del macho patatas? No, no podía ser verdad. Tantas veces que le había dicho que le quería, ¿y ahora saltaba con eso? ¿No había jurado protegerle y cuidarle? ¿No le había dicho que estaría siempre a su lado? Maldito bastardo mentiroso.
¿Y si había sido su culpa? Tal vez Antonio se había cansado de los desplantes, de los renuncios, de los golpes y de los insultos. Ahora que lo pensaba, jamás le había dicho una mísera palabra que demostrara cariño, salvo aquella vez que era un niño y trató de agradecerle que se jugara el pellejo por él.
Si es que la culpa era suya. Si no hubiese sido tan estúpido y tan orgulloso... Si, simplemente, una sola vez le hubiera sonreído o le hubiera dado una pequeña, pequeñísma, muestra de afecto, esto no habría sucedido. Pero le había perdido, sin remedio.

Las lágrimas no paraban de salir de sus ojos y empapaban la almohada, la cual aferraba con vehemencia.

¿A quién le importaba el puto arreglo?
Él lo único que quería era que viniera allí. Que le reconfortara después de lo de ayer, después de entender que había pasado. Pero claro, Antonio era idiota, y él jamás se lo diría. Jamás admitiría que pasó miedo, y que necesitaba que le abrazaran.

Al cabo de un par de horas, España acabó de colocar la "baldosa" (que en realidad eran dos filas de azulejos del patio, y que no quería ni saber por qué estaban agujereados). Veneciano insistió en que llamara a Gilbert y que comieran los cuatro en su casa, pero, por alguna razón, éste último prefería un restaurante, así que acabaron los tres en un sitio perdido de la mano de Dios, comiendo pasta. La verdad es que no parecía un sitio muy recomendable, y estaba lleno de tipos con traje jugando a las cartas, pero el camarero saludó con alegría a Feliciano y les colocó en la mejor mesa del restaurante.

El italiano levantó la cabeza de su plato de espaguetis y suspiró.

— Ve... No se porqué mi fratello no ha querido venir... Con lo que le gusta este sitio, si hasta conoce al cocinero y al dueño.

El pruso rió por lo bajo.

— Conque conoce al dueño, ¿eh? Ya me cuadra todo.

El español le miró con cara de no entender nada. Vamos, como siempre.

— ¿Eh?

Tras comer y que el dueño no les dejara pagar, insistiendo en que era un regalo, Antonio y Gilbert se despidieron de Feliciano, dándole recuerdos para su hermano, y tomaron un vuelo de vuelta a la casa del de ojos verdes. Nada más entrar, el pruso se tiró en plancha sobre el sofá y miró al otro con gesto pensativo.

— Oye, Tonio, ¿les has contado a Feliciano y a Lovino que estamos juntos?
— Sí~ —Sonríe.
—¿Cómo se lo ha tomado Lovino?
— Pues no sé. Se fue a su cuarto tras gritarme. Vamos, lo normal.
— Ah.
— ¿Por qué preguntas?
— Por nada. ¿Te apetece ver una peli de terror?
— ¡Vale!

Dos semanas después, ambos se hallaban en la casa de Gilbert y Ludwig, mientras que éste último estaba en Suiza, por un tratado comercial —No por tener que hacer que Italia se disculpara por cruzar la frontera desnudo de nuevo o algo así, claro que no—.

Esa mañana, y como era normal en una persona, Prusia se levantó antes que España. Tras mirarle dormir durante unos minutos, se sintió generoso y decidió ir a comprar churros para desayunar. Se vistió y antes de irse, le escribió una nota, sonriendo ampliamente. Echando la vista atrás, no recordaba cuándo había sido tan feliz, quería que aquello durara, claro que sí. Y no sólo se sentía bien por sí mismo, sino que se sentía bien al ver a Antonio sonreír sin nada que le preocupara. Parecía que cada vez que lo hacía todo se llenaba de luz.

¡Así tenga que llevar unas gafas de sol, me da igual!

Gilbird también participaba de la felicidad de su dueño, y revoloteaba alegre sobre su cabeza.

Minutos después, un moreno se despertaba. Abrió sus ojos verdes con pereza buscando al albino, pero estaba solo en la cama. Se levantó de golpe, y, al ver la nota que había dejado, decidió vestirse y esperarle en el salón.
Se quedó pensando unos momentos, acerca de todo lo que había ocurrido en tan poco tiempo, y podía afirmar casi con toda seguridad que jamás había sido tan feliz. Cada uno tenía sus cosas, pero adoraba la forma basta que tenía Gilbert para expresarse o hacer algo, y sobretodo la manera en la que se seguía sonrojando cada vez que le abrazaba o le besaba sin previo aviso.
Poco después oyó unos golpes en la puerta y tras mirar por la mirilla de quién se trataba, decidió abrir.

— ¡Hola, Eliza!

Hungría se extrañó. Sí, gracias a una cinta que le llegó la semana anterior y que había visto unas doce veces —Dios bendiga los reproductores de vídeo—, sabía que Gilbert estaba saliendo con Antonio, pero no esperaba encontrárselo allí. Siempre le había caído bien, así que no le importó.

— Buenos días, Antonio. ¿Qué haces aquí?

El moreno se encogió de hombros.

— Tengo vacaciones y como Ludwig no está, pues Gil me invitó a su casa. ¿Y tú?
— Yo venía a ver si era cierta... —sonríe maliciosamente— Cierta cosa~ —ríe—... Bueno, a eso y a que, como Roderich tampoco está, me aburría.

El español rió e invitó a la húngara a pasar.

— Siéntate, anda. —Coge una nota que había en la mesa y se la pasa a la morena— Gil se ha levantado temprano a ir a por churros para mí —sonríe un poco sonrojado— Es un encanto~

Hungría se sentó en una silla y miró la hoja que le había pasado el español.

"Tonio~ ¡No pienses que me he ido, kesesese! Voy a por churros para ti, que sé que te gustan. En un rato vuelvo. Küsses!
El awesome Gilbert."

— Awww...

De pronto, se dió cuenta de que había algo con mala letra por la otra cara y le dió la vuelta. El moreno lo notó y trató de quitarle la hoja, sin éxito.

— ¡No, eso no! ¡Que me da vergüenza!

Ella rió y leyó en voz alta, mientras se peleaba con el otro.

— "Más te vale estar despierto... po... porque..." ¿Qué pone? ¡Ah! "Más te vale estar despierto porque te voy a dar lo tuyo." ...

Antonio se puso rojo como uno de sus propios tomates y Elizabeta tuvo que coger una servilleta para limpiarse la sangre que comenzaba a salirle por la nariz. Tras un rato, la húngara consiguió que le saliera la voz sin reírse como una esquizofrénica.

— Ya me había enterado, pero... ¿Cómo es que estaís saliendo Gilbert y tú?
— Si te digo la verdad, no tengo ni idea. El amor es así.
— Es que es tan... ilógico.
— Ya lo sé —ríen los dos—.
— Quiero decír, ¿qué teneís en común?
— Pues... No sé. Pero con él tengo algo que no había tenido nunca antes.
— ¿El qué?

Antonio sonrió ampliamente.

— Amor correspondido.

Elizabeta no pensó el comentario que estaba a punto de decir, y pronto se arrepentiría de ello.

— ¡Pero si eso también lo tenías con Lovino!

La sonrisa se borró del rostro del español al instante.

— ¿Qué?
— Pe-perdón... No... No quería decir eso...
— Elizabeta, ¿es eso cierto?
— Yo... no creo que deba...
— ¿Es cierto o no?
— ... Sí. ¿No lo sabías?
— No.
— Pero si todo el mundo sabe que a Lovino le gustas.
— ¿Todo el mundo?
— Bueno, supongo que sí, no lo sé. Es que se le nota.

Momentos antes, Prusia estaba a punto de entrar a su casa cuando oyó voces, y se quedó escuchando para ver quién era. Tal fue su sorpresa al descubrir lo que parecía Hungría tratando de malmeter entre él y Antonio, que se quedó paralizado, sin ser capaz de hacer nada.

Dentro, España se levantó de la silla, cogió su chaqueta y fue hacia la puerta.

— ¿Dónde vas?
— Quiero que me dé el aire... Dile a Gilbert que volveré en un rato.

Justo al abrir la puerta se encontró con él. Ambos se quedaron sin palabras.

— Eh...
— Yo... Voy a... dar una vuelta...
— Vale...

Antonio bordeó a Gilbert, que seguía quieto y se fue de allí. El albino, tras unos segundos en blanco, entró hecho una furia, para pedirle explicaciones a la otra.

— ¿Qué coño has hecho, Eliza?
— No ha sido aposta...
— ¿ ¡Es que no tuviste suficiente con lo que sufrí cuando te fuiste con el señorito podrido! ?
— Gi-
— ¿ ¡Por qué me odias tanto! ?
— ¡Yo no te odio! N-
— ¿ ¡Por qué tienes que meterte cuando por fin soy feliz con alguien! ?
— No lo he dicho a mala intención, Gilbert.
— ¿Ah no?
— No, joder. Ha sido sin pensar...
— Coge tu bocaza y sal de mi casa, Hungría.
— Lo siento, en serio...
— ¡Que te vayas!

La otra, consciente de que Prusia no la escucharía hasta que se le quitara el enfado, salió de allí, pero no pudo evitar sentirse culpable.
Había sido un comentario inocente, no tenía otra intención tras él, pero parecía todo lo contrario. Debía aprender a pensar antes de hablar, sobretodo con ese tipo de cosas.
Negó con la cabeza al tiempo que suspiraba y puso rumbo a su casa de nuevo.

Dentro de la casa, el albino se sentó en una mesa, apoyó los codos en ella y la cabeza en las manos.
Antonio se había enterado de que Lovino le quería. No es que se lo estuviera ocultando, pero... Le daba miedo que se enterase. No lo admitiría, pero tenía la impresión de que le elegiría antes que a él.

Ni que fuera tan increíble como yo... Aunque... Ahora no estoy siendo ni haciendo nada awesome... Tengo que ir a por Tonio.

Gilbert se levantó, dispuesto a encontrar al español.

Este, por su parte, caminaba sin rumbo por la ciudad. No sabía ni qué pensar.
Gilbert sabía que él estaba enamorado del italiano, pero... ¿por qué no se lo había dicho?

Claro, porque no es idiota.

Si ahora él se enterara de que Eliza estuviera enamorada en secreto de Gilbert... ¿se lo diría aún a riesgo de perderle? ... Probablemente sí. Pero es que él sí que era idiota. Lovi siempre se encargaba de recordárselo...
Lovi.
Lovino Vargas, Italia Romano.
El mismo del que había estado enamorado durante tanto tiempo. Y, ahora que no podía corresponderle, se enteraba de que también le amaba. Tras todos aquellos insultos que tanto daño le hacían, se encontraban unos sentimientos que quizá no sabía manejar.
¿Por qué era todo tan complicado? A él le gustaban las cosas simples, sin complicaciones. Como sonerír cuando uno está feliz. Como abrazar a alguien porque te apertece. Como Gilbert...

De pronto, se dio cuenta de algo y se quedó quieto.

¿Cuántas veces me ha dicho Gil que me quiere?

Al tiempo que su mente se detenía para centrarse en esa pregunta oyó pasos detrás suya, y al girarse se encontró con un albino a la carrera.
Prusia paró delante de España y apoyó las manos en las rodillas para recobrar el aliento.

— Tonio, oy—El otro le corta.
— Tú... ¿Tú me quieres?

El otro se sobresaltó

— ¿A qué viene eso ahora?
— ¿Me quieres o no?
— ¡Eso ahora no viene a cuento! —Le mira fijamente— ¿Por qué te has ido?
— ... Necesitaba pensar.
— ¿En qué? ¿En cómo dejarme ahora que te has enterado de que Lovino te quiere?
— ... ¿Tú lo sabías?

El albino miró hacia otro lado y trató de evadir la pregunta.

— Sabes que soy demasiado awesome como para meterme en la vida de la gente.
— Venga ya, Gilbert. Tú y yo sabemos que eres un puto cotilla. Así que contéstame, ¿lo sabías?
— ¡Joder! Sí. Sí que lo sabía. ¿Contento?
— No, Gilbert.

Con aquellas dos palabras el español dió por finalizada la conversación, le dio la espalda y se marchó.

Él no solía comerse la cabeza tanto, pero, tal vez había una razón por la que no se lo había dicho. Se sentía triste, decepcionado, y un poco traicionado. Le dolía pensarlo, pero quizá Prusia había estado esperando el momento preciso en el que estuviera tan cansado de los desplantes de Lovi, que acabara enamorándose del primero que le diera una muestra de cariño. Y claro, ahí estaría él, para aprovecharse.
Agitó la cabeza para deshacerse de aquellos pensamientos que no traerían nada bueno. Apretó las mandíbulas para no llorar, no quería hacerlo.
Probablemente, Gilbert le llamaría en un par de días para disculparse y ya está, problema resuelto...
¿A quién quería engañar? Incluso había dejado de llamarle Gil, como hacía siempre.
No salía de una cuando ya estaba en otra...

Por su parte, el pruso se quedó confundido, viendo como el moreno se iba.
¿Qué demonios acababa de pasar? ¡Él no había hecho nada malo! Simplemente... Simplemente... Se había callado. Aún a sabiendas de que Antonio estaba enamorado de Lovino, no había dicho ni una palabra. Había esperado, tratando de ahogar lo que sentía por el otro en alcohol, mientras callaba lo que sabía y trataba de no pensar siquiera en España. Joder, eso no había estado nada bien, aunque hubiese sido sin querer.
No se atrevió a moverse hasta que la silueta del español se perdió en la distancia. Cuando lo hizo, notó un vacío, pero su orgullo, más fuerte que él mismo, no le dejó correr tras el moreno. Metió las manos en los bolsillos y se dio la vuelta, dispuesto a volver a casa... O a meterse en el primer bar que viera, a beber hasta que perdiera el sentido. Hasta que olvidara quién era y a quién trataba de olvidar. Hasta que fuera incapaz de sentir las lágrimas que le corrían por las mejillas.
En ese momento, un "pío" le devolvió a la realidad, y decidió volver a casa.
En ocasiones, Gilbird pensaba con más claridad que él. Tenía litros de cerveza en la nevera, podría beber sin salir siquiera.

A la mañana siguiente, el albino despertó en el sofá de su casa. Se sentía mal, y no era sólo por su amiga la resaca. Había decidido no subir a su cuarto, aparte de porque no se tenía en pie, porque su cama le traería recuerdos; pero despertarse en un sofá buscando al de ojos verdes con los brazos como la primera vez que lo hicieron era peor. Mucho peor. Lo único bueno de aquello era que su hermano no estaba, y había podido evitarse las preguntas incómodas que le haría. Tras unos momentos, estiró el brazo para coger un vaso de agua de encima de la mesa, pero se encontró con su móvil y decidió mirar la hora: las dos menos cuarto de la tarde. Después de arreglarse un poco la ropa y comprobar en el espejo que estaba tan awesome como siempre (que tenía resaca), salió de su casa a toda prisa. Tal vez podría comprar pan todavía.

En otro país, España no despertó, simplemente, porque no había podido pegar ojo. Había llorado durante toda la noche. Había llorado como un idiota, porque le había vuelto a pasar. Había vuelto a enamorarse hasta el tuétano de alguien del que no debía, de alguien que no le quería. No, espera... Lovino sí que le quería. O eso decían todos, por eso había discutido con Gilbert. Pero, a pesar de no haber dormido, no logró responder a sus preguntas, y encima había encontrado más.
¿Gilbert le quería? ¿O sólo quería utilizarle? ¿Era él una mala persona por pensar eso? ¿Por qué estaba tan dolido y tan enfadado con él? ¿Qué era lo que habían tenido entre ellos? Eran sólo unas pocas de las que ya tenía, pero, después de las cuatro de la mañana, había encontrado una que le quemaba por dentro:

¿Realmente había dejado de amar a Lovino?

En realidad, todo se resumía en esa última.
A su lado, su móvil vibró. Emocionado por que fuera un mensaje de Prusia, lo abrió, pero sólo resultaba ser publicidad. Volvió a dejarlo en el suelo, dónde él mismo llevaba sentado horas, mirando el techo sin verlo realmente.

El albino había conseguido pan por suerte y caminaba de vuelta a su casa, cuando tomó una determinación. Debía llamar a Antonio cuanto antes y pedirle perdón en vez de seguir dándole vueltas a estupideces. Cogió el teléfono y, temblando como un flan, marcó el número del otro. Tras un par de tonos durante los que creyó que se moría, le recibió la voz de su español.

— Hola.
— Yo... Hola. Quería... Pedirte perdón.

De golpe, todo se quedó en silencio.

— ¿Estás ahí, Tonio?
— Sí...
— Pues eso, que lo siento...
— Vale, pero...

Oh, mein Gott, un pero.

— ¿Qué ha sido esto entonces para ti?

El albino no supo qué responder. La verdad es que nunca se le había dado bien explicar este tipo de cosas, y menos ahora. Al otro lado de la línea se oyó algo a medio camino entre un suspiro y un bufido.

— Supongo que tienes que estar borracho para decirme que me quieres.
— ¡Eso no... !

Aunque estaban hablando por teléfono, Prusia bajó la vista.

— Te escucho. Di lo que tengas que decir.

Gilbert no fue capaz de responder.

— ... Me lo imaginaba. Entonces es eso lo que he sido para ti. Muy bien. Perfecto.
— ¡No, Tonio! Es qu- —Mira el móvil—. Ha colgado...
— ¿Qué, problemas en el paraíso?


Ahí queda eso :D

Soy mala por dejarlo así, ¿verdad? Verdad. Tranquilos, porque la siguiente parte la tengo casi terminada, y va a estar subida en cuanto pueda, una semana o así ^^

Al principio, en la nota de Gil iba a poner "te voy a dar lo tuyo y lo de tu prima" peeeeero quedaba muy español, así que puse sólo lo otro.
Que conste que no tengo nada en contra de Eliza, que queda como un poquito la mala porque mete la pata hasta el fondo, ¡pero todos la queremos porque será la que suba el GRAN video a internet! XD ... Por alguna razón me siento rara escribiendo "la húngara" ._. Me recuerda al nombre de una ¿cantante? que escuchaban los canis de mi clase. Capullos que me joden hasta después de perderles de vista definitivamente. -.-"
Y Lovi... Bueno, es Lovi. ¡Y tiene un restaurante de mafiosos a su disposición! Tanto si quieres una pizza como si quieres librarte de alguien, puedes ir allí. Seguro que si pides las dos cosas te hacen descuento xDD
Ah, y me equivoqué al poner el apellido de Lovi y de Ita-chan. Hasta la tercera vez que lo leí no me dí cuenta de que ponía "los hermanos Vergas" xDD

Un avance del siguiente capítulo: Se va a liar parda. Pero parda, parda.
¿Y quién será el/la que dice la última frase de este capítulo? Se admiten apuestas~ XD

Por cierto, me masacraron los mosquitos mientras lo terminaba XD

Bueno, mini-diccionario, que ya se me olvidaba:

~Italiano:
Fratello- Hermano

~Alemán:
Küsses - Besos
Mein Gott
- Dios mío. (Y el nombre de la canción de Prusia xD)

Contesto el review sin cuenta~

CaiPiPro:

Me encanta que te guste —llora—. Lo de la comida es que pensé ¿qué plato típico español lleva patatas? Pues la tortilla. :D
Fusososo~ ya sabes que pasó con la "baldosa" ¿no? XD Y Gilbird... supongo que se dormiría o algo mientras tanto, porque si no... Pobre pollo traumatizado xD
Se aprenden muchas cosas buscando información en la wikipedia, porque yo tampoco lo conocía :D Lo encontré buscando material para fics XD

Cuantos más reviews mandéis, antes estará en la red el doujinshi que está haciendo Japón a partir del video...
—Se va silbando la canción de Kill Bill como si la cosa no fuera con ella—.