El felino feroz y el canario de fuego

Capítulo 2

Primer día de trabajo

Disclaimer: Ninguno de los personajes, lugares o nombres aquí mencionados me pertenecen, ya quisiera yo, son propiedad de Nickelodeon, Dante Dimartino y Bryan Konietzko. Basados en la Leyenda de Korra (He empezado a trabajar en la máquina del tiempo pero aún no hay avances).

Resumen:

El padre de Asami decide enviarla a trabajar en un proyecto conjunto con Zaofu para la construcción de un tren que comunique a Ciudad República con esa ciudad. Al llegar conoce al antipático capitán de la guardia y a su mejor amigo e ingeniero de proyecto quienes le harán la vida imposible en su estancia en aquel lugar.

— ? —

Es difícil saber en qué momento exacto comienza el amor; menos difícil es saber que ha comenzado.

Henry Wadsworth Longfellow

— ? —

El viaje había sido bastante agitado, por un momento recordó cuando había intentado, sin mucho éxito, enseñar a Korra a manejar un satomóvil pero esta situación era peor. El camino por el área rural de Zaofu era terrible. Aunque una parte era llana, cuando salieron del valle, se adentraron en las montañas y el terreno cambio abruptamente. Subidas, bajadas, hoyos, rodear zonas inundadas o fangosas, en más de una ocasión la caravana tuvo que detenerse para abrirse paso o desatascar algún vehículo que cayera en el lodo y no pudiera salir de él.

Pronto vio como Kuvira bajaba del todo terreno y empezaba a dar ordenes. Aunque tenían maestros tierra, les resultaba complicado manipular el lodo, el agua en su constitución la hacia un tanto difícil de manipular. La mujer en su uniforme estaba furiosa, gritando y quitando a algunos que no podían hacer el trabajo. Se quitó su casaca y la aventó sobre Asami.

—¡Hey princesa cuida mi capa! —la casaca fue a dar a la cara de Asami que se la quito molesta de encima mientras Baatar reía y acompañaba a su amiga.

El chico de gafas le dijo algo y ella solo asintió, empezó a hacer sus cosas de maestro metal y tomó unas placas de acero que estaban sobre un camión de suministros y con ellas empezó a construir un camino sobre el área fangosa y los todo terreno empezaron a avanzar.

Después fue sobre un tipo que tenía unos planos al frente del convoy y por su cara pudo saber que lo que le hubiera dicho lo hizo temblar de pies a cabeza. Dejo pasar el convoy y una vez que superaron esa zona, Kuvira y Baatar regresaron al vehículo.

—¡Bienvenida a un día normal en la obra! —hablo mientras se secaba el sudor de la frente con un pedazo de tela que se encontró.

—¡Oye eso es mío! —le arrebató la fina bufanda de franela que Asami había traído consigo para protegerse del frío que pudiera haber—. ¡Agh! Esta lleno de tu sudor —se lo devolvió asqueada—, puedes quedartela.

—Lo lamento princesa pero ya no estas en tu castillo y aquí mando yo —se lo quitó y siguió secandose—, es una tela poco práctica para esto pero me quedaré con ella.

Asami decidió no prestarle más atención y prefirió hablar con Opal.

No tardaron mucho más en llegar. Un pequeño pueblo cuyas casas estaban construidas con rocas y tierra rodeado del bosque era el primer punto difícil con el que la empresa se había encontrado.

Como acababa de experimentar, el terreno era complicado. Se necesitaban otras técnicas de construcción de caminos que ella en definitiva no conocía. Nada de esto era común en Ciudad República.

Pronto llegaron al campamento y Kuvira y Baatar se separaron de las chicas yendo a disponer de todas las provisiones, materiales y maquinaria que habían transportado en este viaje. Opal llevo a Asami a dar una vuelta por el campamento y el pueblo, explicándole donde estaba cada cosa que pudiera llegar a necesitar.

—Debes tener hambre —comentó la menor—, no te vi por el comedor esta mañana y supongo que Kuvira no te permitió ir a desayunar.

—Si, me tomó por sorpresa diciéndome que era tarde y me llevo casi a rastras a la terminal —confesó la chica algo avergonzada.

—No te preocupes, conozco un pequeño comedor muy popular donde sirven comida típica de la zona que se te va a gustar —se enganchó de su brazo y ambas caminaron por una de las calles del pueblo que estaba cerca del campamento.

El local de comida tenía la misma fachada que el resto de las casas vecinas, paredes de piedra con pilares y techo de madera y teja. El moho se había plantado en la base y las zonas más húmedas de las paredes dándoles ese aspecto verde en contraste con el gris de la piedra. Una chimenea humeaba llenando el ambiente de aromas apetitosos que despertaron el estómago de la joven Sato, éste gruñó ligeramente pidiendo comida.

Entraron al comedor y Opal saludo a las personas presentes, algunos obreros y personal de la fonda. Asami también saludo y siguió a la chica hasta una mesa en el fondo donde tomaron asiento.

—Déjame que te recomiende el guisado de hongos silvestres —dijo al tiempo que hacía la señal para que sirvieran dos—, es el plato más popular junto con el asado de coneciervo.

—De acuerdo —apenas acababa de decirlo cuando una muchacha puso dos platos con el famoso asado acompañado de los hongos silvestres—. Se ve muy bien y huele aún mejor —Asami aspiro el aroma que reconoció de hacia unos momentos antes de entrar al comedor.

Platicaron un buen rato de trivialidades y modas en Ciudad República y Zaofu, la joven Sato se sentía cómoda con la menor de las Beifong. Era una chica amable y simpática con la que podía hablar de casi cualquier cosa y por momentos olvidaba que estaba en medio del bosque en algún lugar del norte. Sin darse cuenta el local se fue llenando de comensales y Opal se levantó de su asiento.

—Será mejor que nos vayamos —alzó la mano y la chica que atendía le trajo un par de almuerzos empacados que le entregó—, Kuvira ya termino y estará de mal humor hasta que coma algo.

Tomó uno de los almuerzos y me dio el otro. Salimos del local yendo hacia el campamento. Era la hora de la comida y por esa razón una buena cantidad de obreros e ingenieros habían dejado de lado sus labores y se dirigían a comer y descansar antes de volver al trabajo. Llegamos hasta una gran carpa que servía de centro de operaciones y antes de entrar Opal le hablo al oído a la joven Sato.

—Entregale ese a Kuvira y no le hagas caso a su mal humor hasta después de que coma —me guiñó un ojo.

Entramos, Kuvira y Baatar estaban discutiendo airadamente en una mesa sobre uno de los planos que había diseñado. En cuanto la mujer vio a Asami hizo una mueca de desagrado arrebatandole de las manos la comida y se fue a sentar en otra mesa cerca. Opal le dio el suyo a su hermano, pero éste le pidió lo dejara en la mesa donde Kuvira ya devoraba su almuerzo.

Asami se acercó a donde anteriormente los dos chicos habían estado discutiendo y vio uno de sus planos llenos de anotaciones.

—Esto es un desastre —dijo el joven de gafas y Kuvira gruñó desde su lugar—, el diseño esta basado en un suelo de textura media con tierra firme y de buen drenaje, nada que ver con los suelos de este lugar, de textura blanda, fangosos y de pésima salida de agua —miró cada una de las notas donde se veía escrito pantano en la mayor parte del tramo que correspondía a la zona.

—Es un dolor en el culo —habló Kuvira después de pasarse un trozo de carne de coneciervo por la boca.

—No se tomó en cuenta el análisis de suelo —comentó Baatar uniéndose a Kuvira a la mesa.

—Eso fue por que no llego a tiempo, cuando se entregaron los planos Zaofu Inc los aceptó diciendo que ese detalle se resolvería en campo —Asami se defendió.

Busco una hoja en una pila de documentos y agarró una en blanco en donde comenzó a hacer anotaciones.

—¿Podrían darme una copia del análisis de suelo que se hizo de la zona así como un mapa topográfico para revisarlo? —los chicos se miraron un momento con cara de incredulidad para estallar en carcajadas, como si lo que acabará de decir fuera la cosa más hilarante del mundo.

—Consideralo hecho —le contestó Opal— y ustedes comportense —los reprendió por reírse.

Su risa burlona molesto a la chica de piel nivea pero los ignoró y siguió son su labor estudiando el plano y escribiendo en su hoja que pronto se volvió insuficiente y tomó otra. La chica Beifong le entregó una carpeta con el análisis que había solicitado y rebusco entre una pila de planos y saco un par de ellos que dio a Asami. Ella agarró la carpeta y vio que en el lomo tenía el nombre de Kuvira, la miró y ella hizo la seña de que lo tomara.

—Puedes usar ese escritorio —le indico la mujer del lunar una mesa en el fondo.

Asami fue hasta donde le dijera y comenzó a leer la carpeta. Pronto se dio cuenta que también estaba lleno de notas y más notas. Leyó el documento junto con las notas y estas le sirvieron mucho para comprender mejor de todo lo que se hablaba en el papel. Opal se acercó y le entregó una bitácora de obra y Asami paso todas sus anotaciones y anexo más en la hoja.

Las horas pasaron rápido y la noche llegó sin que Asami se diera cuenta, no habia despegado su rostro de los planos. Estaba tan concentrada que no se dio cuenta que se había quedado sola pero desde hacía una hora o más Opal se había despedido para ir a disponer sus dormitorios y Baatar y Kuvira también se habían marchado a terminar algunos pendientes de la obra.

Asami había tomado un plano en blanco y había estado trabajando desde hacía un par de horas rediseñando y trazando uno nuevo.

—Parece que alguien se está tomando en serio su trabajo —la joven ingeniero brinco en su lugar tirando su lápiz después de pegar un grito que dejó sorda a Kuvira que habia llegado hasta ella de forma silenciosa—. ¡Lastimas mis oídos!

—¡Me espantaste! —dijo aún exaltada—. ¡Te lo mereces por asustarme de esa manera!

—Tienes buenos pulmones —se rió al ver el rostro que si bien era pálido ahora lo estaba más—. Vine a buscarte para llevarte a tu dormitorio.

—Aún tengo cosas por hacer —le contestó de mala gana rechazando la invitación y siguiendo en lo suyo.

—Eso ya lo creo —le devolvió con ironía—, pero no vas a resolver los errores que cometiste en un solo día —quitó el lápiz de la mano a Asami tocando sutilmente su suave piel y la empujó fuera del escritorio, la ingeniero no opuso resistencia descolocada ligeramente por la pequeña descarga electrica que sintiera de la yema de los dedos de Kuvira—. Es tiempo de ir a descansar, mañana tenemos un día pesado —sonrió con malicia y las mejillas de Asami adquirieron un cierto rubor—, iras conmigo al campo y te necesito alerta y descansada.

—De acuerdo —aceptó de mala gana ocultando su rostro pero Kuvira había percibido el cambio de coloración.

Busco su abrigo, tomándose su tiempo para recuperarse, y se lo puso antes de salir. El clima era frío, la temperatura había descendido bastante en comparación de lo fresca que había sido la tarde, incluso podia decir que algo tibia. Exhaló el aire dentro de su pecho y el vaho que se formó le confirmo lo helada que estaba la noche. Se abrazó a sí misma tratando de darse un poco de calor y se encaminó detrás de la capitana de la guardia de Zaofu hasta los dormitorios.

Las estrellas brillaban en el cielo de una forma que Asami no había visto antes, unicamente en el polo sur cuando visitó la tribu agua junto a los chicos el verano pasado para celebrar un antiguo festival de los espíritus, una leve melancolía la invadió. Estas estrellas le hicieron recordar a sus amigos y de pronto anhelaba llegar al dormitorio para poder llamar a su padre, y a Korra, para contarle como le estaba yendo. No pudo evitar morderse los labios con esta idea en mente. Ese pensamiento la ánimo y se puso a la par de Kuvira que caminaba a paso presuroso por delante de ella. La mujer mayor la miró de reojo viendo el repentino cambio de humor de la chica y se rió para sus adentros de su gracia.

La carpa que había sido montada para servir de área de descanso para los ingenieros que lideraban el proyecto era bastante grande. Asami aprecio el hecho de que en el interior hubiera divisiones que permitieran cierta privacidad a sus ocupantes además de un área común donde podían distraerse oyendo la radio o jugando a las cartas como lo estaban haciendo los hermanos Beifong.

—Tu cubículo es el del fondo —le indico Kuvira en cuanto estuvieron dentro de la tienda.

—¡Gracias! ¡Buenas noches chicos! —agradecio y saludo con entusiasmo. Baatar apenas alzó la cabeza de sus cartas para devolverle el saludo y Opal sacudió la mano libre pidiéndole unirse—. Creo que por ahora no, necesito tomar un baño y llamar a casa.

—Esta bien, tus cosas ya están en tu litera —la chica le contestó al tiempo que colocaba unas cartas sobre la mesa proclamándose ganadora de la partida—. ¡Toma! ¡Te gané! —su hermano sólo gruñó en frustración y arrojó sus cartas con molestia.

—Buena mano —Kuvira se sentó con ellos a la mesa y revolvió las cartas para unirse a jugar con ellos.

Asami los dejo en su juego, camino hasta su cubículo y entro en él. Sus maletas ya estaba allí como había dicho Opal y procedió a sacar una muda de ropa para tomar una ducha. Estaba cansada del día y seguramente mañana seria peor. "Quizás quiera torturarme toda la mañana y reírse de mí" se dijo con poca esperanza de mejoria. Busco entre sus maletas el radio transmisor para llamar a su padre.

— ? —

–Oye no hagas trampa –la menor de los Beifong reñia a su hermano que intentaba ver sus cartas– y tú revuelve bien, me estas dando mal juego —regaño a Kuvira que se burlaba de ella.

—Alguien está de mal humor —Kuvira se rió sonoramente—, yo estoy revolviendo bien, eres tú la de la mala suerte.

—¡Aaahhh! —se oyó un grito que hizo que Opal tirara sus cartas al suelo y Baatar alzó la mano para chocar los cinco con Kuvira—. ¡¿Quién dejo esto en mi maleta?! —la chica de piel clara fue con ellos bastante molesta y perturbada por el susto, traía en las manos un pequeño sapodrilo que tiro a la cabeza de Kuvira que se carcajeaba tanto que unas lágrimas empezaron a asomar en sus ojos.

—Chicos eso no es chistoso, dejen de comportarse como idiotas —los reprendió por su comportamiento infantil—. Lo siento Asami —se acercó hasta Asami abrazándola para reconfortarla.

—Más vale se vaya acostumbrando a nosotros, hermanita —dijo entre risas el chico de gafas—. ¿Un sapodrilo? ¡Genial! —volvió a chocar manos con su amiga.

—¡Son insoportables! ¡Se comportan como niños! —gritó Asami deshaciendo el abrazo de Opal antes de regresar a su cubículo todavía enojada.

Opal los miro de mala forma, para después reír ligeramente, eran terribles pero aún así los quería a los dos aunque fueran unos tontos con la chica nueva.

— ? —

Si yo rompo el cristal, tendré que volar.

No hay nadie que me atrape si me lanzo.

Tengo miedo al cambio, y los días permanecen igual.

El mundo gira, pero sólo en lluvia.

Lindsay Stirling — Shatter me