DISCLAIMER: Los personajes de manga y el anime de "Candy Candy" no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, Yumiko Igarashi y Toei Animation Co. Yo solo suelo tomarlos prestados en esencia para jugar a crear con ellos historias (como la escrita a continuación), otorgándoles el final feliz que se merecen.
El capítulo a continuación tuve que dividirlo en dos partes debido a su extensión, para que no resultara demasiado tedioso al leerlo. Está enfocado en lo que pudo haber sucedido el primer día en que Candy y Terry pasaron juntos en la inmensa New York. Esta es la primera parte.
NOTA: Algunas frases citadas en este capítulo han sido tomadas de la obra "Romeo y Julieta" de William Shakespeare
Capítulo II: Solos en una gran ciudad (Parte I)
Al reencontrarnos en vez de abrazarnos de inmediato, Terry y yo nos quedamos contemplando fijamente, embelesados. Evaluando de manera superficial cuánto habíamos cambiado en nuestros meses de separación que nos parecieran años. Queriéndonos decir tantas cosas al mismo tiempo pero sin saber por dónde empezar, mientras sentíamos como la emoción nos desbordaba el alma.
Terry hizo un ademán de querer acercarse pero se contuvo quizá por respeto. Sus ojos irradiaban en ese momento cariño, nostalgia, temor…tristeza. Una mezcla de sentimientos encontrados que me demostraron lo conmovido que estaba también de verme.
-Terry…ha sido tanto tiempo- Logré proferir en voz baja y acongojada, reflejándome en su mirada vidriosa y entonces él sin importarle ya lo que pensaran los demás, la sociedad aún conservadora que nos rodeaba, me estrechó contra sí para besar mi frente con devoción. Yo solo atiné a reaccionar unos segundos después dejándome abrazar y sintiéndome de repente muy tímida, subí lentamente, de forma delicada, mis manos por su espalda, disfrutando de sentirlo por fin junto a mí como tanto había soñado. Terry me encerró por todo, en un profundo abrazo en el que pronto dejé de pensar en el tiempo y en todo en derredor.
Recostando mi cara en su pecho, me perdí escuchando los fuertes latidos de su corazón, tan acelerados como los míos, logrando sentirme al fin completa en la vida. Pensando que de allí en adelante sería totalmente feliz.
Desperté de mi ensoñación infinita cuando le escuché susurrarme al oído.
-También estoy feliz de volver a verte Pecosa-
Cuando levanté la vista me sonrió divertido y aquello me reafirmó que dentro de él, en contra de todo su éxito y fama, continuaba siendo el mismo de mis memorias, como unos minutos antes me había demostrado al romper con los convencionalismos morales al recibirme con su original demostración amorosa.
-¿Nos vamos?- preguntó ofreciéndome su mano, yo le sonreí y asentí.
-Antes de llevarte a tu hotel pasaremos primero por una cafetería, ¿te parece? Has viajado toda la noche y debes tener apetito- me sugirió preocupado por mí, logrando que me sintiera aún más segura y protegida en su compañía, en tanto salíamos del aparcamiento de la Estación de Ferrocarriles en su automóvil. Un lujoso descapotable rojo que no me impresionó tanto como el verlo conducirlo tan independiente y maduro.
-¡Sí, sí por favor!- me mostré de acuerdo aplaudiendo alegremente como una niña ansiosa porque era como si me hubiese leído la mente. Sin embargo me avergoncé luego de mi comportamiento, preocupada de que creyera que era demasiado infantil en mi proceder y no una joven todavía a su altura, más Terry para mi alivio, sin importarle me sonrió.
-Insisto, no has cambiado en nada. Pues sus deseos son órdenes Srta. Pecas- respondió acelerando enseguida el vehículo y lo mantuvo a velocidad por las subsiguientes calles, rebasando incluso a otros conductores mientras se reía al notar cuanto estaba consiguiendo impresionarme. Hubo momentos en lo que me sobrecogí temiendo que pudiésemos chocar pero se encargó de demostrarme que era un as al volante. Un conductor experto que sabía lo que hacía teniendo el control de su coche.
Por mi parte, cuando disminuyó la velocidad, contento después de asustarme, me entretuve para fingir indiferencia, observando las diferentes fachadas de las edificaciones y las modas elegantes de los transeúntes de esa increíble ciudad que ya empezaba a ser llamada "Capital del mundo". Al final cuando sorteamos las calles transitadas e ingresamos por otras despejadas me destensé y reí con él, disfrutando del viento que rozaba mi rostro y agitaba mis cabellos, y entonces le vi dirigirme una mirada de amor.
Todo parecía ir bien de no ser por los repentinos momentos de silencio que de tanto en tanto mientras se concentraba en el camino, le hacían perderse esporádicamente en sus pensamientos, como si algo le estuviese preocupando o como si cargara un secreto guardado en el alma que le estuviese costando trabajo esconder. En el fondo lo percibía un poco apagado a como solía ser. Lo sentía triste.
Fuimos a una cafetería cerca del Central Park (lugar a donde prometió llevarme luego), la cual según me comentó era uno de sus sitios favoritos en la ciudad. Se trataba de un local con una decoración muy bonita, casi a totalidad realizada en madera, solo que muy concurrido y por lo mismo un tanto bullicioso, lo que le restaba al ambiente de romanticismo que yo esperaba compartir en esa ocasión tan especial. No obstante preferí no exponer mi punto de vista viendo que Terry se empeñaba en satisfacer mi glotón estómago.
Pidió para mí un desayuno continental, el cual contenía chocolate con leche, pan con mantequilla, queso, huevos, embutidos, un postre y jugo de naranja. Todo lo cual ingerí con gran gusto, mientras que para él ordenó jamón con huevos junto con una taza de café bien cargado. Una vez nos sirvieron nos deseamos "buen provecho" y puedo decir que se divirtió bastante durante un buen rato viéndome comer.
-Terminaste todo eso- comentó después asombrado, haciéndome sonrojar y al percibirlo se rió de buena gana –No te sientas mal es que esto me hace pensar en que si comes así ahora ¿cómo será cuando esperes un bebé?-
-¡¿Qué?!-
Lo que dijo me hizo sobresaltar provocando que me ruborizara como un tomate hasta la punta de la nariz. Terry en respuesta a ello se carcajeó apoyándose en el respaldar de su silla, por lo que tuve que intentar darle un manotón para que se moderara.
-Pero que hay de malo en ir desde ahora considerándolo- me reclamó
-¡Ya basta Terry, compórtate!- protesté con seriedad
-Está bien, está bien, no te enfades Pequeña Pecosa, aunque te ves muy linda así- profirió antes de retomar la formalidad –Y bueno, mejor cuéntame cómo te fue en el viaje. ¿Me extrañaste?- quiso saber cruzando los brazos y apoyándolos sobre la mesa con interés, en tanto la intensidad de su mirada me hacía bajar la mía.
-Fue muy largo y tedioso…y sí te he extrañado…mucho- admití, haciendo a un lado la timidez que me provocaba para mirarlo de frente. Se había vuelto más guapo, más atractivo, más fuerte. El halo de la estrella de teatro en la que se había convertido brillaba innegablemente sobre su persona -… y tú… ¿También lo hiciste?- me atreví también a consultar.
-Cada día de mi vida- no dudó en responder él al tiempo que centraba su atención en desmenuzar un pedazo de pan sobrante entre sus dedos, también para evitar mirarme, logrando que me sintiera en extremo feliz y nerviosa -Soñaba siempre con poder volver estar así junto a ti para ya no separarnos más- El poder que de adolescente poseía para deslumbrarme no había desaparecido, continuaba allí pero con mayor intensidad.
-Y bien… por qué no hablamos de ti – propuse cambiando de forma tonta de tema al no saber lidiar bien con la situación-¿Cómo te va en tu vida artística? ¿Se te hace difícil lidiar con la fama?-
-No tanto. Yo hago mi trabajo, es lo que me gusta y la fama es algo que viene por añadidura- contestó Terry sin complicaciones, volviendo a echarse para atrás en la silla cruzado de brazos y esbozando a la vez una de sus clásicas medias sonrisas cautivadoras mientras levantaba una ceja, entreteniéndose en responder a mi repentino interés.
-¿Cuando me encontraste en el andén ibas disfrazado para que no te reconozcan?- pregunté
-En parte sí y en parte no. Por un lado quería asustarte para que la sorpresa fuese especial y creo que lo logré, pero por otro también quería pasar desapercibido- reconoció- Tener fama no es fácil Candy. La prensa puede llegar a ser a veces demasiado imprudente y molesta. Si hubiera estado algún reportero en la estación y nos hubiese visto, con seguridad nos habría perseguido para intentar averiguar sobre nuestra relación y obtener una primicia en caso de que lo confirmáramos. No quisiera que empezaran a asediarte. Te mereces unos días de descanso aquí tranquilos- diciendo esto colocó su mano sobre la mía por encima de la mesa para hacerme saber que estaba conmigo, orgulloso de mí y respetaba además mi trabajo, que sabía era comprometido al cien por ciento y podía llegar a ser en extremo estresante en ocasiones.
-Gracias- le contesté con sinceridad apretando la suya en retribución por cuidarme –Ahora ¿me llevarías a conocer tu lugar de trabajo?- le pedí como chiquilla entusiasmada que quería saber todo de él. Porque necesitaba estar al tanto de si alguno de sus gustos había cambiado, conocer en qué se entretenía en sus ratos libres, que sitios frecuentaba en la ciudad y cuáles eran sus favoritos, cómo era el departamento en el que vivía, en resumen muchas cosas, sin embargo tanta plática referente a su profesión me hizo querer visitar primero el sitio donde laboraba en el medio en que se desempeñaba día a día. Una gran máquina hacedora de sueños. El Teatro.
-Claro, por eso mismo te traje aquí, los teatros de Broadway no están muy lejos- profirió él de buena gana, haciéndole enseguida señas al mesero para cancelar la cuenta y poco después tomados del brazo, salimos de nuevo a la fría mañana invernal.
-Me encanta que estés aquí Candy- profirió de repente, sorprendiéndome –Por ti he vuelto a recuperar mi capacidad de sonreír- me compartió.
Tenía presente de que era la invitada de honor de Terry para asistir en primera fila a la función de estreno de "Romeo y Julieta" que se llevaría a cabo en cuatro días. Obra en la cual él era el protagonista, pero aun así quise ir a conocer primero el lugar donde se realizaría aquella magia.
Por dentro me moría de ganas de verlo desempeñando su papel principal pero debía disimularlo si no quería ser el objeto de sus típicas mofas que todavía ciertas veces me incomodaban, aunque ya me hubiese acostumbrado en gran parte a su humor burlón.
El teatro donde se presentaría la Compañía Stranford durante todo el mes (de la cual Terry formaba parte), tenía una arquitectura inspirada en la época victoriana y tanto por fuera como por dentro era elegante y lujoso. Tanto que me sentí emocionada de tan solo atravesar el umbral del auditorio como si estuviese en la gala misma.
Como ingresamos por la puerta del personal, Terry se quitó el abrigo y lo colocó en un perchero. Noté como toda su actitud entonces se relajaba al sentirse cómodo en su medio, a esa hora en que el inmueble se encontraba casi vacío exceptuando únicamente por el personal de limpieza, los administradores y alguno que otro actor que terminaba sus ensayos.
Uno de ellos se acercó a saludarnos al reparar en nosotros. Se trataba de un chico delgado, de cabello castaño corto y rizado y acento francés.
-¡Hey Terruce, cómo estás! ¿Ya preparado para la primera función? No te olvides que mañana hay ensayo por la tarde-
-¡Qué tal Maurice!- respondió Terry estrechándole la mano en un saludo varonil y fraterno
-Bien, tuve que venir hoy a probarme el vestuario de mi personaje. Ya está todo casi listo. ¡No puedo esperar para que dé inicio este gran proyecto!- compartió el chico con emoción y pude notar que tenía una agradable sonrisa – Y tú debes ser Candy- dijo de pronto centrándose totalmente en mí y tendiéndome la mano sin esperar a que Terry me presentara, a lo cual correspondí – Un gusto, Terry me ha hablado mucho de ti- me contó
-¿En serio?- consulté sorprendida y el aludido un tanto incómodo a mi lado, carraspeó de inmediato para que su compañero de tablas no lo dejara al descubierto, revelando su lado más romántico y sentimental.
-Ok está bien, mejor obviemos ese tema- solicitó –Permítanme mejor presentarlos con formalidad. Candy, él es Maurice Colleman, un buen amigo, quien tiene además el papel de Benvolio en la obra, el primo y mejor amigo de Romeo. Maurice, ella es Candice White. "Mi prometida" – explicó, haciendo especial énfasis en la última parte, algo que para Maurice tampoco pasó desapercibido, por lo que con una mirada divertida en el mismo instante, como todo un caballero, inclinó la cabeza en reverencia hacia en mí como en los tiempos antiguos, tomando enseguida más seriedad en su actitud para conmigo.
-Le reitero, es un placer conocerla señorita Candice- agregó. Le sonreí con gratitud esperando que los demás compañeros de trabajo de Terry fuesen igual de cordiales y simpáticos.
-Bueno, ahora si me disculpan me retiro. Mi ensayo terminó por el día de hoy y pienso aprovechar lo que me resta de la tarde para descansar- se excusó retrocediendo hacia la salida. Nos despedimos de él diciéndole que se cuidara y luego le vimos subir al escenario y desaparecer detrás de los telones. Terry me contó después que Maurice era originario de Vancouver - Canadá y que en el tiempo en que llevaba dentro del grupo teatral, había llegado a considerarlo su mejor amigo.
-Qué puedo decir, sí es una persona en la que se pueda confiar- comentó
-Me pareció simpático- proferí con sinceridad
-¿Ah sí?- quiso corroborar Terry de inmediato de forma suspicaz. Yo asentí reafirmando lo que pensaba.
-Me alegra que sean buenos amigos- expresé
-Y a mí me alegra haberle dejado en claro que eres "mía"- profirió sin preámbulos, haciendo que se me terminaran de subir todos los colores al rostro. Reacción de timidez que me había comenzado desde que lo escuchara proferir con tanto cariño aquella primera mención del compromiso ante Maurice. Supuse entonces que lo había hecho por celos y no me equivocaba, descubrirlo me hizo ruborizar aún más.
-A él le agradaste, me di cuenta, por eso es bueno que esté al tanto del terreno que pisa- me explicó. Mientras hablábamos yo lo seguía y para cuando caí en cuenta estábamos a la subida del tablado desde donde se podía apreciar a plenitud la majestuosidad completa del interior del teatro, con sus varios pisos y balcones. Quedé boquiabierta. Era la primera vez que pisaba un escenario y no podía imaginarme la magnitud de emociones que debía de sentirse allí, al dar vida a un personaje frente a centenares de asistentes.
Inmersa en mis pensamientos permanecí durante varios segundos hasta notar que Terry me miraba entretenido, disfrutando de presenciar mis expresiones de asombro y entonces sin quitarme la vista de encima para reforzar mi estupefacción, se quitó el abrigo, empezando al instante siguiente a desabotonarse las largas mangas de la camisa.
-¿Te gustaría que interprete algún pasaje del guion para ti?- preguntó aun a sabiendas de mi afirmativa respuesta
-Me encantaría- respondí sin poder dejar de admirarlo como presa de un hechizo
-Por favor toma asiento- me indicó con voz suave y lo acaté bajando de inmediato veloz a ubicarme en una de las butacas de primera fila.
Tuve el privilegio entonces de disfrutar de una actuación exclusiva. Embelesada le observé cerrar los ojos, concentrándose un instante para de pronto transformarse frente a mí, convertirse en otra persona, en un carácter literario, en un héroe de leyenda. El actor más cotizado de Broadway, el galán del momento causante de los suspiros de miles de mujeres y lo tenía allí enfrente, en ese inmenso teatro ahora vacío, para mí sola. Pensar eso me hizo cubrirme la boca con la mano disimulando una sonrisa por lo increíble que me parecía mi dicha y por lo bien que la estaba pasando.
Terry con maestría comenzó a citar algunas de las más bellas frases de la historia de amor más célebre, caminando por el escenario y abriendo los brazos con gallardía en su declamación
"¿Quién es la dama cuya mano
enaltece a ese caballero?
¡Ah, cómo enseña a brillar a las antorchas!
En el rostro de la noche es cual la joya
que en la oreja de una etíope destella...
No se hizo para el mundo tal belleza.
Esa dama se distingue de las otras
como de los cuervos la blanca paloma.
Buscaré su sitio cuando todos hayan bailado
y seré feliz si le toco la mano…
¿Supe qué es el amor? Ojos, desmentidlo,
pues nunca hasta ahora la belleza he visto".
Terry me miraba fijamente de cuando en cuando mientras pronunciaba cada palabra, seguro y apasionado, en tanto yo deseaba en mi interior cada vez con mayor fuerza ser la Julieta de la obra, aun estando consciente de que debido a mi poca delicadeza femenina ni siendo actriz sería capaz de conseguir el papel.
"¡Alto! ¿Qué luz alumbra esa ventana?
Es el oriente, y Julieta, el sol.
Sal, bello sol, y mata a la luna envidiosa,
que está enferma y pálida de pena
porque tú, que la sirves, eres más hermoso.
¡Ah, es mi dama, es mi amor!
¡Ojalá lo supiera!
Mueve los labios, mas no habla. No importa:
hablan sus ojos; voy a responderles.
Dos de las estrellas más hermosas del cielo
tenían que ausentarse y han rogado a sus ojos
que brillen en su puesto hasta que vuelvan.
¿Y si ojos se cambiasen con estrellas?
El fulgor de su mejilla les haría avergonzarse,
como la luz del día a una lámpara; y sus ojos
lucirían en el cielo tan brillantes
que, al no haber noche, cantarían las aves.
¡Cómo apoya la mejilla en la mano!
¡Ah, quién fuera el guante de esa mano
por tocarle la mejilla!
Ha hablado. ¡Ah, sigue hablando,
ángel radiante, pues, en tu altura,
a la noche le das tanto esplendor
como el alado mensajero de los cielos
ante los ojos en blanco y extasiados
de mortales que alzan la mirada
cuando cabalga sobre nube perezosa
y surca el seno de los aires!"
Terry hizo una pausa mientras yo encantada ante su interpretación y la profesionalidad de sus movimientos, me levantaba a aplaudirle con júbilo, llevada por mis impulsos. Extendió entonces su mano derecha en mi dirección
-Ven mi amada Julieta, ven aquí. Te reclamo a mi lado-
Aun adivinando que aquello no estaba en ningún párrafo del guion, accedí a su llamado y caminé de nuevo hacia el escenario, donde él para variar se arrodilló frente a mí
"¡Julieta, mi amada Julieta!"
Expresó tomando mi mano entre las suyas para besarla
"Llámame tan solo: "¡Amado mío!",
Dame ese nuevo bautismo, y nunca,
¡Oh!, nunca volveré a ser Romeo"
Nuestras miradas se encontraron al concluir la frase y con el corazón agitado noté que al levantarse, Terry centraba especial atención en mi boca, compartiéndome así que anhelaba lo mismo que yo desde un inicio quería que hiciera.
Me moría por volver a sentir sus labios.
-¡Hey! ¡¿Quién está ahí?!- una voz fuerte se hizo presente repentinamente en el lugar, interrumpiéndonos cuando ya empezábamos a acercarnos -¡No pueden estar aquí a esta hora, el teatro ya está cerrado!-
Me sobresalté de escucharla, volteando hacia la entrada principal para ver de quien se trataba, más Terry fue rápido y tomándome de la mano me sacó corriendo de allí por la salida detrás del escenario, antes de que el sujeto se lanzara a intentar alcanzarnos.
-¡Ven Candy, por aquí!- me indicó
-¿Qué sucede?... ¿quién es?- quise saber en pleno escape, agitada por seguirle el ritmo en aquella extraña carrera de huida, en la cual asemejábamos a un par de revoltosos adolescentes sorprendidos y perseguidos por hacer una travesura
-Se supone que hoy es mi día libre y a esta hora los ensayos ya terminaron. No deberíamos estar aquí. Son las reglas administrativas del lugar-respondió Terry –Y él es el guardián diurno del teatro, un insufrible cascarrabias que tiene la misión de no dejar pasar a nadie a menos que sean los integrantes de la obra pero en el estricto horario del ensayo. Por suerte no debe habernos visto bien de lejos porque es medio miope, no creo que me haya reconocido y menos aún que vaya a contárselo al Director, ¡No voy a ser regañado por ese otro cretino esta vez!- explicó dejando en claro que no se llevaba de la mejor forma con su jefe, en tanto descendíamos de nuevo la escalera hacia la puerta del personal con rapidez, sin soltarnos de las manos. Terry sería siempre el mismo rebelde, no cabía lugar a dudas.
-Ya lo veo- corroboré tan claro como mi voz extenuada por el repentino esfuerzo físico me permitía articular
Terry gritó con júbilo cuando alcanzamos la salida contagiándome de su euforia. Éramos libres y podíamos comernos el mundo.
Entonces pensaba que nada podía salir mal y tenía fe ciega en el futuro, en un buen porvenir, en el cual estaríamos juntos.
Continuará…
¡Gracias por leer!
Belén (Moonlight86)
