Capítulo 2. Snap out of it
What's been happening in your world?
What have you been up to?
I heard that you fell in love
Or near enough
I gotta tell you the truth…
I wanna grab both your shoulders and shake baby
Snap out of it
Kuroo estaba viendo manga en una librería. Dado que el tal Iwa-chan iba a darse una vuelta por el departamento, pensó que sería mejor no interrumpir. De hecho, la situación era que le daba vergüenza el ver al chico del que Oikawa estaba enamorado. Esto se debía a que Kuroo pensaba que haría un mal trío. Mientras ojeaba un manga que había salido recientemente, analizó la sonrisa sincera y nerviosa que Tooru le había enseñado cuando, sin muchas ganas, le había insistido para que se quedara, pues Iwaizumi sólo estaría por ahí una media hora, dado que quería pedirle prestado una novela a Oikawa. Kuroo había denegado y se había escapado para el centro de la ciudad.
Había mucha gente, como siempre. Se preguntó si debía llamar a Kenma para ir a tomar un té helado a una cafetería, o quizá a Bokuto y Akaashi, para tener un par de tragos. Luego pensó que quizá sería todo mucho mejor si tuviera el número telefónico de Tsukishima. Desde luego, él había querido preguntárselo en cada ocasión en que tuvieron contacto mientras él aún estaba en la preparatoria. No obstante, siempre acababa pasándose de la raya y Tsukki acababa demasiado cabreado con él. Suspiró, tocando uno a uno los tomos de una serie que él leía de niño. Quizá no estaría mal comprarse la colección, al final de cuentas, la beca que tenía de la universidad era muy alta y lo que sus padres le mandaban le rendía bastante, dado que el pagar un piso compartido le resultaba muy barato. Entonces pensó que podía hacer todo el camino hasta Sendai y buscar a Tsukki. Eso era ridículo, porque era domingo y Karasuno no tenía club (que era el único sitio al que sabría llegar con el gps de su celular). La cosa era que no sabía ni a dónde ir y Sendai estaba lejos.
Al final, no compró la colección de manga. Tan sólo compró una novela ligera y como vio que sólo llevaba una hora fuera, decidió ir a una cafetería. El sol estaba en su esplendor, aun así la capital estaba demasiado fría. Pensó que nevaría en cualquier momento, por lo que entró a la primera cafetería que se encontró. Se sentó cerca de una gran ventana, pidió un café americano y se dispuso a leer hasta que se cansara, cuando eso sucediera, regresaría con Oikawa. Podían cocinar la cena, algo bueno porque era domingo y él tenía ganas de desperdiciar su tiempo cocinando. O quizá podían acostarse, porque eso siempre era recreativo y a Kuroo le gustaba. A decir verdad, nunca lo habían hecho. Hasta ahora, pasadas apenas unas cuantas semanas de que se habían arrinconado en la cama de Tetsuro, nunca habían ido hasta el final. Se habían tocado, besado, frotado, se habían hecho mamadas y a veces sólo habían usado sus manos para una paja. Oikawa una vez lo había masturbado con los pies. Había visto al hombre de pies a cabeza, viendo, al principio, una delgadez casi mortificante. Con el paso de los días descubrió que, al comer mejor, había más sitios de dónde agarrar y que, si no era una exageración, Tooru Oikawa era lo que se podía contemplar como erótico. La curva de su culo, las piernas torneadas, los pies con dedos delgados y bailarines. Tenía las manos más pequeñas que él, pero menos cuidadas. Su cabello siempre desprendía un olorcillo peculiar que le resultaba muy agradable. Probablemente las feromonas que usaba Oikawa para seducirlo. Las orejas tenían perforaciones y eran pequeñas. Su cara era bonita, también. Los pezones eran más claros que los de él y, pese a que se notaba que había hecho mucho ejercicio, él ya había perdido un poco de condición. Su ombligo era hondo y a Kuroo le gustaba meter la lengua dentro. Oikawa era un hombre sensual. Tenía un lado demasiado varonil e intimidatorio y otro femenino y dulce. Pese a que sentía que a veces no lo entendía en absoluto y lo único de lo que se creía capaz era de sentarse a escucharlo parlotear mientras lo miraba con detenimiento, se sentía tranquilo y querido a su lado. La imagen de Tsukishima volvió a su cabeza. Era muy diferente a Oikawa, eso segurísimo. Oikawa era demasiado él como para poder compararlo con otra persona. Cuando le llevaron el café, levantó la vista y agradeció. Mientras le miraba el trasero a esa mesera simpática que lo había atendido, su mirada viajó a las mesas aledañas a él. Un hombre de traje de unos treinta años, dos mujeres de unos cuarenta cotilleando y Tsukki. Y Tsukki sentado frente a él —en otra mesa— bebiéndose algo que parecía chocolate. ¡Tsukishima estaba ahí, frente a él, bebiéndose algo y escuchando música con unos audífonos que parecían caros! ¿Es que habían sido sus incesantes pensamientos lo que lo había atraído hasta ahí? Se levantó sin cuidado mientras tomaba su novela y su café. Se encaminó hasta la mesa del rubio y se sentó en la silla frente al bloqueador de Karasuno, quien repentinamente pareció percatarse de que no estaba solo, sobresaltándose.
—¿Kuroo-san?
—¡Tsukki! Pero qué coincidencia, ha pasado un tiempo, ¿verdad? ¿Cómo estás? ¿Qué te trae a Tokio? ¿Estás solo?
—Vine a ver una exposición de dinosaurios.
—Uh, ¿dónde está eso?
—No muy lejos de aquí.
Kuroo no supo qué responder. No entendía nada de dinosaurios y tampoco sabía que había una exposición tan cerca. Era información nueva, eso de que a Tsukishima le gustaran lo dinosaurios. Pensó en ello algunos segundos, lo guardó en su memoria y sorbió de su café bajo la mirada de Tsukishima; luego, volvió a hablar.
—¿Y qué tal la escuela? ¿El enano? ¿Cómo está el equipo?
—Bien.
—¿Y esa exposición estuvo bien?
—Sí.
—¿Vas a regresar a Sendai ahora?
—Sí.
—¿No querrías irte a tomar algo conmigo, Bokuto y Akaashi?
—¿Bokuto-san y…?
—Sí, viven juntos, podríamos ir y…
—Kuroo-san, tengo que volver. Son poco más de dos horas hasta casa.
—Pero… ¡Va a ser interesante! Podrías quedarte a dormir…
—Kuroo-san, hay escuela.
—Tienes razón, mañana es lunes.
—Bueno, me iré a ahora.
—¡Pero no te has terminado tu chocolate!
—Claro que sí, llevo mucho más tiempo que tú aquí.
Llevo mucho más tiempo que tú aquí. Kuroo observó a su interlocutor con cuidado, sonriendo un poco, encontrándose con una mirada un poco cohibida. También Tsukishima parecía haberse dado cuenta de que acababa de confesar que lo había visto desde que llegó a la cafetería. El mayor sopló a su taza, bebiendo un sorbo. Estaba bien que no quisiera admitir que por vergüenza no lo llamó en cuando lo vio entrar, así que al menos se sintió feliz por saber que el rubio lo tenía en cuenta y se acordaba de él.
—Oye, espera a que termine mi café y te acompaño a la estación, ¿bien?
Tsukishima chasqueó la lengua, pero volvió a sentarse. No era que Kuroo le molestara. De hecho, le tenía mucho respeto y admiraba la manera en que había hecho que él pudiera interesarse un poco más en el voleibol. Sentía que le debía, así que se quedó en la mesa, dejando que el otro lo viera tanto como quisiera. Ese era el problema principal, claro. Tetsuro Kuroo siempre estaba sobre de él, picándolo con comentarios y haciéndole insinuaciones. Eso le cabreaba bastante. Él no era un tipo de paciencia y justo el ex capitán de Nekoma era la clase de persona que más le irritaba. Le daban ganas de pegarle un puñetazo en la cara cuando decía alguna tontería. Se contenía, obviamente, y a veces, cuando la broma lo pillaba desprevenido y no era ninguna guarrada o alguna cosa insultante, hasta podía sonreírle. Mientras recordaba eso, no olvidándose de que Kuroo había ido a verlo jugar mientras aún estaba en preparatoria, se sintió un poco avergonzado por sentirlo como una compañía molesta. Supongamos que no hace ninguna burrada y que no dice ningún comentario filoso, entonces, en ese caso, pensó Tsukishima, él era un buen tipo. Razonable, inteligente, astuto, apuesto, y más adjetivos sobrevalorados que se les daban a personas como él.
Mientras tanto, al ver que Tsukki no iba a decir nada en un rato, volteó a ver por la ventana, a la gente ir y venir. De pronto, su celular sonó: era Oikawa. Mandaba un mensaje sobre que Iwaizumi era el tío más perfecto de la vida (hombre, entonces por qué me dices que estoy bueno mientras nos besamos en el sofá), que si podía llevar tocino para la cena. Eso quería decir, supuso Kuroo, que el susodicho ya se había ido y que ya no se sentiría mal por volver a casa. Tecleó un rápido "está bien" y luego miró a Tsukishima.
—¿Qué? ¿Tú novia?
—Nah, mi compañero de piso. ¿Quieres comprar tocino en el súper que está en la esquina? Luego te acompaño a la estación.
—Uh.
Así lo hicieron. Kuroo escogió el tocino siendo seguido por Tsukishima, mientras le preguntaba todo lo que se le venía a la mente, obteniendo palabras sueltas y nada que indicara conversaciones largas. Quiso hacer sólo preguntas fáciles, así que tampoco había alguna plática muy sustentable a partir de eso. ¿Qué haces regularmente los domingos? Nada. ¿Cuál es tu color favorito? Verde. ¿No ves nada sin tus lentes? Eso es grosero. ¿Por qué no me llamas senpai? ¿No me lo he ganado? No hubo respuesta. ¿Te gusta el tocino? Sí. ¿Sabes cocinar? No. ¿Cuánto mides? Casi un metro con noventa. Vaya, eso es bastante. ¿No tienes problema con la ropa? Eres muy delgado. Kuroo-san, por favor, pague correctamente el tocino. ¿Cuál es tu nombre de pila, gafas-kun? No me llame así, Kuroo-san. ¿Entonces, cuál es? No lo diré. Bueno, vale, ¿qué signo zodiacal eres? … Libra. Demasiadas preguntas, Kuroo-san. Es hora de irme.
Caminaron en silencio hasta la estación de trenes, que en realidad, no era demasiado lejos de donde estaban.
—Oi, Gafas-kun, ¿podrías darme tu correo o tu número de teléfono?
—¿Por qué debería, Kuroo-san?
—¡No seas tan frío! ¿Qué hay de querer ir a algún lado y querer llamarte para salir? Podríamos tener una reunión de cervezas con Bokuto y Akaashi. ¿Qué dices? ¿Quieres darme tu mail ahora?
—Soy menor de edad.
—Ah, cierto. Bueno, no importa. Puedes quedarte en casa y así nadie se da cuenta. No sales del departamento y ya está. ¿Qué dices? Quizá al karaoke, a los bolos. ¿Qué te gusta hacer?
—Kuroo-san, el tren va a llegar en dos minutos. Voy a ir acercándome…
Kuroo insistió una vez más en tener el teléfono de Tsukki. Sabía que era inútil rogarle a un cabezota como él. Se sentía herido, aunque era bastante consciente de ese carácter huraño y cortante que tenía. No importaba cómo, seguía gustándole. Esa clase de persona que parecía levantar un muro frente a él le encantaba, porque en cuanto bajaran la guardia, él estaría ahí, acechando. Justo como Oikawa, que parecía tener un millar de secretos e historias arrastrándose detrás de él, detrás de esa impávida sonrisa burlesca. Tetsuro esperó al tren junto a Tsukishima, sostenido su novela nueva y el tocino, que aún estaba congelado. Se paseó los dedos por el cabello, exasperado de no conseguir nada del rubio. Volvió a preguntar, ahora por el mail del menor. No obtuvo respuesta al instante, sino hasta cuando el tren estaba llegando. Tsukishima sacó su móvil y le indicó el número pese al sonido fuerte que había. Kuroo básicamente lo memorizó. Mientras sacaba su teléfono, Tsukki iba alejándose de él, sin despedirse, para abordar. Anotó el teléfono tan pronto cómo pudo y marcó, escuchando una cancioncilla de rock pesado sonar cerca de él. Vio a Tsukishima sonreírle con sorna desde el tren, sin asegurarle de que ahora tenía su móvil. Las puertas se cerraron antes de que Kuroo pudiera decir algo más.
Entonces, se fue. Y Tetsuro volvió a casa, mirando una y otra vez el número de celular de Tsukishima. Le colocó el nombre de Gafas.
Kuroo llego echando chispas de alegría a casa. Se descalzó los zapatos y, pasando el recibidor, miró la cocina que tenía unas tazas sin lavar, y luego el sofá de la sala de estar. Ahí estaba Oikawa, llorando mientras miraba las cartas del uno, que estaban desperdigadas por el suelo. Kuroo no quiso acercarse al principio, porque no sabía qué decir. Oikawa aún no lo había visto, por lo que pasó rápido para dejar el tocino en el refrigerador. Luego, suspiró y se acercó al castaño.
—¿Qué pasó, Tooru? ¿No estabas muy emocionado porque Iwaizumi era el tío más perfecto de esta vida?
—Me dijo que estaba intentando salir con alguien. Justo cuando se iba. Una chica se le confesó, al parecer, y está dándole una oportunidad.
—Ah.
La voz de Oikawa no había sonado rota, ni como si llorara. Viéndolo bien, sólo parecía estar tirando lágrimas al azar. Lloraba en silencio, viendo a la nada. A Tetsuro le pareció que eso daba muchísimo más miedo que el hecho de que llorara con el ímpetu de un corazón roto. Se acercó y le preguntó si podía sentarse. Tooru le dijo que sí y cuando vio que el otro se sentó a su lado, se giró y subió sus piernas. Se había limpiado las mejillas en el proceso, así que parecía que había dejado de llorar. Era la primera vez que lo veía llorar, de hecho, y no parecía tan dramático como pensó que sería. Comparó esos ojos rojos con los que vio el primer día que llegó a vivir con él y sonrió, porque él debía estar llorando antes de cambiar la placa, justo como había pensado.
—¿Siempre lloras así? —Preguntó, para romper el silencio.
—¿Cómo?
—No haces ruido.
—A veces, no siempre.
Kuroo suspiró, sintiéndose derrotado. Acarició con suavidad las piernas del otro, intentando reconfortarlo aunque fuera un poco. No quería indagar demasiado, pero a juzgar por lo expresivo que era el castaño, quizá consiguiera obtener toda la información sin hacer demasiado esfuerzo. Lamentándolo, se dijo que tendría que escuchar esa historia deprimente mientras él tan sólo podía pensar en Tsukishima. Como fuera, intentó vaciar su cabeza para poder prestarle atención.
—A ver, cuéntame, Tooru. ¿Qué pasó?
—Iwa-chan tiene una novia.
—No. Dijiste que alguien se le confesó, ¿no?
—¿No es lo mismo?
—No lo creo, Tooru.
Oikawa ya no lloraba en absoluto. Estaba buscando respuestas en el rostro de Kuroo, quien le sonrió con delicadeza. Lucía como un cachorrito, pensó Kuroo, después de ser inspeccionado por el excapitán de Aobajousai.
—Iwa-chan y yo siempre hemos estado juntos, pero me acosté con una chica que a él le gustaba y decidió irse. Creo que está bien, hasta cierto punto, porque se dio cuenta de que había sido todo un malentendido. Ella simplemente vino a mí y yo la acepté, como él nunca me dijo que le gustaba, pues pensé que… ¡Ni siquiera sabía que le gustaba alguien!
—¿Nunca te cuenta esas cosas?
—Ni una vez. Nunca me ha dicho "hey, me gusta tal" ni siquiera sé qué tipo de mujer es su tipo. Lo he visto mientras jode con alguien, porque una vez dejó la puerta medio abierta y estaban siendo muy ruidosos. Pero… Pero… Nunca nos había pasado estar viendo a la misma mujer, ¿sabes? Lo peor es que ni siquiera le dijo nada a ella.
—¿Y qué dijo ella?
—No lo sé. Se fue en cuanto Iwa-chan me gritó y luego le mandé un mensaje sobre que me dejara en paz, para poder seguir bien con Iwa-chan.
—¿O sea que nunca te dijo que ella e Iwaizumi estaban viéndose?
—No. Iwa-chan tampoco dijo nada sobre cómo la conoció, pero no quise tocar el tema.
Kuroo sospechó acerca de eso. Nadie había explicado nada. Iwaizumi solo había explotado y se había ido.
—Tú… No le has dicho nada sobre que estás enamorado de él, ¿verdad?
—Iwa-chan me daría un cabezazo.
Kuroo soltó una carcajada en cuando vio que lo decía en serio.
—¿Un cabezazo, dices? ¡Qué idiota!
Oikawa sonrió, dejándose llevar por la risa del otro. Ambos estaban riéndose muy fuerte después de un rato.
—Oye, Iwa-chan es súper lindo.
—No lo conozco.
—Ciertamente.
Guardaron silencio. Tetsuro planeaba su próximo movimiento con cautela; bien podía mejorar todo el humor que había obtenido o podría irse al trasto todo. Decir cosas agradables de buenas a primeras, siendo sincero, nunca se le había dado muy bien. Podría decir un montón de cosas agradables pero quizá no fuera real o tal vez sólo era honesto sin ningún adorno. Estaba planteándose qué decir exactamente. Cómo decirlo, cómo decirlo…
—Eh… Si yo fuera él, definitivamente pelearía por ti. Ya sabes, a la mierda con las mujeres, serías mi número uno.
Oikawa dejó salir una carcajada larga y honesta. Kuroo había dicho aquello como un personaje relevante de alguna película cursi; incluso había puesto una cara avergonzada y se había sonrojado. Bien sabía Tooru que el corazón de Tetsuro no era suyo a totalidad, sin embargo, todo eso que le ofrecía era demasiado cálido para él. Se abrazó del más alto y dejó que las manos traviesas del otro rondaran por su espalda.
—Eres todo un casanova, Tetsu-chan, ¿le dices a todo el mundo lo mismo?
Tetsuro lo miró a los ojos y entonces Oikawa comprendió la verdad de sus palabras. Sonrió, sintiéndose querido y ligero; Kuroo consiguió besarlo.
A Hajime Iwaizumi no le quedaba de otra más que jugar con su vecino, Tooru Oikawa. Tenían seis años, iban a la misma escuela, vivían a dos casas de distancia y ambos eran chicos a los que les gustaban las aventuras. Había discrepancias, claro. A Oikawa le volvían locos los escarabajos rinoceronte que encontraba en lugares llenos de árboles en las temporadas de verano, mientras que eso, a Iwaizumi, le daba totalmente igual. A él le gustaba subirse a los árboles y ver a la distancia. Como Oikawa era más pequeño y parecía más débil, lo esperaba abajo (en realidad, le daba miedo trepar árboles, por lo menos hasta que un día a los siete años fue convencido y por fin subió hasta la copa de uno, llorando porque no sabía cómo bajar), disfrutando del día caluroso. Esa era la época favorita de Oikawa, el verano. Podía salir diario con Iwaizumi a jugar y podía encontrar insectos. Era perfecto. Iwaizumi trepaba y Oikawa buscaba. Después de un tiempo, ambos habían dejado de hacer aquello para enfocarse en la investigación y búsqueda de aliens. (Otro hobby compartido.)
Por aquel entonces Tooru llamaba por el nombre de pila al otro chico, porque así era él; claro que, una vez que entraron a la secundaria, Hajime pidió ser llamado por su apellido, porque se sentía demasiado avergonzado. Tooru tuvo que acostumbrarse, pero al final Iwa-chan también le parecía una buena forma de llamarlo, porque nadie le decía así de todas formas.
Habían crecido sin separarse uno del otro. No sabía por qué Iwaizumi no lo había dejado en ningún momento, dado que él era amable y agradable con las chicas, con los chicos era como una especie de tipo formidable. La personalidad de Oikawa era demasiado extrovertida, conocía a gente por doquier y por su cara bonita, siempre tenía un séquito de muchachas siguiéndolo. No conocía lo qué era estar solo, más que a base de sus observaciones de cuando Iwaizumi desayunaba leyendo y alejaba a todo el mundo, porque este libro es muy interesante. Él siempre tenía a dónde ir, fiestas, reuniones, lo que fuera. A veces invitaba a Iwaizumi pero casi siempre recibía una negativa. Hajime sólo vivía con su papá, así que cada que iba a dormir a su casa, su padre compraba algo para cenar o le daba dinero a Iwaizumi para que lo hiciera. Viera como lo viera, su relación era estrecha y pese a que Iwaizumi solía insultarlo (esto comenzó a ocurrir en secundaria, al menos con más frecuencia) Oikawa siempre iba detrás de él. Oikawa estaba dispuesto a renunciar a la vida de chico popular que le había tocado vivir, si tan sólo Iwa-chan le diera la atención que él deseaba.
La secundaria había pasado tranquila entre confesiones de chicas, notas altas, quisiera que un alien me llevara con él de parte de Oikawa y partidos de voleibol exitosos. Había conocido al inútil de Tobio Kageyama, había practicado más que nadie cada día después del entrenamiento. Hajime lo sabía. Hajime solía esperarlo detrás del gimnasio, para no desconcentrarlo. Con el tiempo, decidió que también entrenaría un rato más, con el castaño. Las cosas siempre estaban tranquilas cuando Iwaizumi estaba con él, porque lo prevenía de decir tonterías y lo frenaba cuando estaba echándole bronca a alguien. Iwa-chan era como su madre, tenía autoridad sobre él. Su respeto, su admiración. Fruncía el entrecejo con una determinación increíble y la manera en que se enojaba era violenta y audaz, pero se sentía feliz de recibir esa atención, incluso si tenía que recibir una patada o un insulto. Hajime era impulsivo, grosero y cortante. Era más bajo que él al salir de la secundaria. Lo regañaba por abusar de la paciencia de Tobio. Le decía que no comiera y viera la tele al mismo tiempo, porque a veces se reía y dejaba ver toda la comida que masticaba. Le ordenaba la habitación, le doblaba la ropa interior porque le jodía ver que Oikawa sólo la metiera a los cajones (con el tiempo, Tooru comenzó a doblar sus propios calzones). Iwaizumi estaba lejos de ser alguien perfecto, no obstante, luego de que tuviera sentimientos de compasión y molestia hacia Tobio y éste se los devolviera con indiferencia, fue notando que con su mejor amigo las cosas no eran como con su kohai. Pronto entró en crisis. ¿Por qué diablos aguantaba todo lo que Iwaizumi le gritaba? Conoció a personas como Hanamaki y esos insultos sí que se los tomaba a pecho… Y los regresaba o se quejaba. Las cosas eran distintas con el as del equipo. Simplemente lo dejaba ser. Dejaba que le gritara, porque sabía que era su freno más confiable. Además, ese carácter duro que tenía Hajime servía para mantener la paz en ese equipo, porque muchas veces había defendido a Oikawa de los demás…
Hajime Iwaizumi era amable, tranquilo, a veces se reía a carcajadas de las tonterías de Tooru. Era alguien a quien podías confiarle cualquier cosa, porque sabias que no fallaría; que nunca te dejaría abajo, que te respetaba, que se ganaba el respeto y que era fuerte. Era el sostén del Aobajousai, incluso sin ser el capitán. Era el pilar que mantenía en marcha al equipo. Era la columna para que Tooru Oikawa no se viniera abajo. Se tardó en comprenderlo, pero una vez que lo supo, se dio cuenta de que no iba a salir nada bueno de eso. Nada. Iwa-chan era su mejor amigo, su compañero del alma… Sin embargo, estaba más que seguro de que no estaba enamorado como él. Estaba solo en esa relación unilateral autoimpuesta. Iwa-chan nunca había cambiado su comportamiento. Luego de un tiempo de observación, llegó a la conclusión de que quizá estaba siendo demasiado pesimista. Quizá Iwaizumi sí sentía algo por él, pero habían estado tanto tiempo juntos que no había tenido tiempo de demostrarle algo diferente. Pensó en llevarlo a citas, a comer, a hacer cosas diferente a las de siempre, y aunque el as aceptaba, nunca vio ningún cambio en su relación. Él hablaba y hablaba, Iwaizumi le contestaba una que otra vez, comían, caminaban, miraban fuegos artificiales, una película, el acuario, el mar, el museo, tenis nuevos para los partidos y nada cambió. Le sonreía como siempre, lo miraba como siempre. No había hecho preguntas, nada había sido modificado en su relación. Quizá sólo que ambos tenían menos dinero por ir y venir a todos esos sitios, aunque en realidad era algo que los divertía a los dos. Oikawa, por supuesto, no podía decir que sus sentimientos eran totalmente rechazados, porque Iwaizumi no había preguntado nada y tampoco dijo que no ni una sola vez. Con el tiempo, fue adquiriendo confianza de su sentir, asentando y haciéndose a la idea de que si quería que algo cambiara, tenía que decirlo en voz alta. Pero no lo hizo, porque a Iwa-chan se le había confesado una chica hace un mes y él le había dicho que no había problema, saldría con ella.
Se enfadó, por supuesto, cuando Iwaizumi tuvo la desfachatez de contárselo todo ese tiempo después, descubriendo por qué estaba siendo ignorado en las noches, cuando le enviaba mensajes de texto. Había cerrado los ojos con un rencor subiéndole por todo el cuerpo, todo lo que llevaba esa semana había caminado solo a casa, porque Iwaizumi salía pronto del club y se iba a quien sabe dónde. Claro, él había tenido unas tres novias hasta ese momento, pero todas lo habían botado porque pasaban más tiempo con su equipo de voleibol que con ellas.
—
—Por Buda, no seas imbécil, Oikawa, ¿qué te pasa? Deja de lanzarme saques directo a la cabeza, duele…
Pero Oikawa no contestó nada. Había lanzado otro. Estaba muy enfadado. Cerró los ojos, intentando no llorar por el coraje de que una chiquilla cualquiera se le hubiera adelantado y le hubiera ganado (incluso si no era una competencia). A él le jodía perder, y aunque Iwa-chan siempre le gritó que dejara de ser un caprichoso, nunca había podido dejar ese egoísmo tan propio de él. Cuando abrió los ojos, el impacto de la frente de Iwaizumi con la suya le sacudió el cerebro. Después, cayó al piso, tocándose la frente que palpitaba dolorosamente. Cuando levantó la mirada, pudo ver a su as, con el puño en alto, a punto de golpearlo y con los ojos llorosos. La frente se le había hinchado, aunque apenas hubieran pasado unos segundos. Tooru se echó a llorar en silencio. El entrenador reprendió a Iwaizumi (aunque tampoco podía decir demasiado, Tooru había estado enfadado y jodiendo todo desde el inicio) y mandó a ambos a casa o al hospital, si se sentían demasiado mal. Ambos se fueron a casa.
Oikawa iba recordando una vez en que Iwaizumi le dijo que tenía una lunar debajo del pezón y luego, él había presumido un lunar que tenía a un lado del ombligo. Ambos habían terminado levantándose las camisetas y mostrándose los lunares, descubriendo un caminito que tenía Oikawa en el pecho. Eso había sucedido cuando habían pasado al segundo año de la escuela elemental, justo por el tiempo de que Oikawa había adquirido un sobrino de parte de su hermana. O cuando habían tenido una carrera por atrapar a una serpiente y llevársela a la mamá de Oikawa (que les tenía pavor, pero querían enseñársela dado que sus padres habían salido de viaje) y acabaron cayéndose a un montón de lodo. Como Iwaizumi estaba quedándose en casa de Oikawa, a él también lo hicieron quitarse toda la ropa desde el recibidor, para luego ser arrojados a la bañera por su mamá furiosa. No podía evitar sentirse cálido al recordar aquello. Ya no habían tenido la oportunidad de bañarse juntos desde que todo el equipo habían ido a un campamento de concentración, en donde Oikawa se había escabullido dentro del futón de Iwa-chan para que durmieran juntos; Hajime lo permitió —a final de cuentas, ellos dos habían dormido muchas veces juntos y prefería decirle que sí a Oikawa antes de que se pusiera quejumbroso—, para luego ser fotografiados por Hanamaki a primera hora en la mañana. Iwaizumi había salido a correr muy enfadado ese día y todo el equipo se reía un poco al verlos, pero como Tooru era un imbécil enamorado, no le importaba. Mientras Iwa-chan corría, obtuvo la imagen; también tenía en su móvil una foto de él con un moño en la cabeza a un lado de Iwaizumi y todo el equipo, sonriendo porque era el cumpleaños del as. Se acordaba de haber recibido un puñetazo en la cara ese día… Junto con, más tarde, una rebanada de pastel de zarzamora, el favorito de su mejor amigo.
Iwaizumi se había detenido.
—¿Por qué estás tan enfadado, trashykawa?
—Nada en especial, Iwa-chan. Ya no importa, ya no me…
—Mira, no sé qué demonios te pasa, no tengo idea de cuál es tu problema, pero llevas días jodiéndome con esa mirada, desde que comencé a salir con esa chica. ¿Qué? ¿La quieres? ¿No es suficiente con la novia que tienes? ¿Con todas tus fans? ¡Es mi primera novia, joder, Oikawa!
Oikawa bajó la mirada, mordiéndose el labio. Era cierto: él también tenía una novia, recibía cartas de amor cada semana y exigía que su mejor amigo estuviera para él siempre. Siempre. No le parecía tan justo, después de todo.
—Iwa-chan, lo siento, que tú y ella salgan está bien así que…
—Joder, ¡cállate! Tan solo diciendo que lo sientes y que pasas de nuestro culo, porque sé que ibas a decirlo, no es suficiente. Algo te tiene rayado, dime qué coño es.
Guardaron silencio. Oikawa alzó la mirada por un momento y vio la espalda de Iwaizumi, ni siquiera se había voleado a verlo. Sonrió, sintiéndose un poco patético. ¿Qué era, una niña? Se tragó las lágrimas y avanzó hasta su mejor amigo. Pasó su bazo derecho por el cuello de su amigo, haciéndole que se acercara a él mientras reanudaba la marcha con el más bajo siendo arrastrado.
—¿Cómo decirlo? Me da envidia que puedas tocar sus pechos, Iwa-chan.
—¿Cómo…?
—Los vi hace un rato. ¿Será que ya lo hicieron…?
Iwaizumi había esquivado su mirada. Oikawa ensombreció su mirada unos segundos pensando en cómo alguien se había robado ya la pureza de su primer amor, sin embargo, miró hacia el frente y sonrió, logrando recomponerse. Pues claro, ya lo habían hecho. No por nada se había ido más temprano y luego no le contestaba los textos hasta muy entrada la noche. El papá de Iwaizumi no estaba y Oikawa no había recibido un "¿te quieres quedar en la noche?" recientemente. Ya tenían confianza suficiente como para ir y venir en sus casas, así que él no necesitaba invitación, pero…
Quería una.
—¿Y si es así qué?
Tooru tragó su propia saliva con dificultad. La garganta le parecía más pequeña de pronto.
—Pues qué envidia, Iwa-chan. ¿Cómo fue?
—No tengo por qué contarte eso.
—Venga, Iwa-chan, ¿no me lo vas a contar? ¿Ni a mí? Soy tu mejor amigo y podría ponerme a llorar en cualquier momento, ¿sabes?
—Lo sé —Iwaizumi se sacudió de los hombros los brazos de Tooru, que se habían decidido a sujetarlo a modo de broma—. Estuvo bien...
—¿Tu primera vez?
—Ajá.
—¿Usaron un condón, verdad? No podría perdonar a esa mujer por pasarte algo terrible…
—¿Ah? No es como que ella no fuera virgen.
Eso dicen. En los dramas siempre acaban siendo unas mujeres caza-hombres que han estado en la cama con muchos otros. ¿No lo entiendes, Iwa-chan? Las de cara bonita son las más peligrosas. Entre más te sonrían y te encandilen con una mirada de inocencia, seguirán anotando nombres en su lista.
—Eso dicen, pero al final resulta que tienen mucha experiencia.
—Oikawa, tiene diecisiete años, ¿con quién podría haberse acostado? Soy su primer novio.
—Vale, vale, Iwa-chan —la conversación parecía estar muriendo. Tooru necesitaba un poco de consuelo, porque a cada que paso que daba, sentía cómo su alma pesaba cada vez más. Y ya sabía que no necesitaba más que a Iwaizumi. Carraspeó, pensando en qué decir—. Oye, ¿por qué no vamos a tomar algo?
—Compremos cervezas en la tienda del viejo que nos vende sin identificación y vayamos a casa, ¿qué tal?
—¿Tú papá?
—No está.
—No me lo habías contado.
—Mh.
Al final, el castaño le contó a su mamá que se quedaría a dormir con Iwa-chan porque tenía una novia y él tenía que oír todos los detalles de su mejor amigo —intentó decirlo súper rápido para no añadir algo como que detestaba que él tuviera una novia y su madre lo notara—. No obstante, no bebieron en casa, sino que se fueron a un bar muy ruidoso al centro de la ciudad. Un lugar en donde Oikawa era bienvenido porque había atraído a muchas chicas en el pasado. Había una pista de baile y una barra donde servían bebidas bastante buenas. Como Iwaizumi no era bueno bailando (y tampoco era que llevara la actitud de bailar) se sentaron en la barra a charlar. Los temas iban y venían, junto con las cervezas que iban consumiendo. Oikawa estaba bebiendo más rápido que de costumbre, pensó Hajime; cuando se lo dijo, el otro le comentó que lo dejara pasar, que al final de cuentas para eso eran los viernes, para disfrutarlos mortalmente. Iwaizumi no se quedó muy conforme con esa respuesta, pero lo dejó seguir tomando. Después de un rato, el as comenzó a ver su teléfono celular y comenzó a ignorar al castaño, quien, borracho y rencoroso, le dijo que iría a bailar un rato mientras hacía pucheros con su boca. Fue a invitar a una muchacha que parecía mayor que él, cuando ella aceptó, se preguntó si a Iwaizumi no le importaba en lo absoluto que él follara con alguien, porque nunca lo había hecho pensando en conservar su corazón para su mejor amigo, quien al parecer, ya no era virgen. ¿Tanto le importaría esa novia? No había escuchado bien el nombre de la mujer que bailaba con él, pero ella lo hacía tremendamente bien y él tan sólo la seguía. Si bien no era malo en ello, tampoco era brillante. Cuando sintió que el mareo aumentaba luego de ir y venir por la pista de baile, se disculpó con ella, diciéndole que iba al baño. Ella comentó que si quería seguir, estaría con su amiga, en donde la había encontrado o que podía llamarla después para quedar. Le entregó un papelito con un teléfono, que al parecer ya tenía preparado para esas ocasiones. Oikawa no pensaba bailar más, ni con ella ni con nadie más, así que tiró el papelillo en lo que se dirigía al baño. Se sentía enfermo. Justo a la entrada del baño, una mujer lo interceptó. No era muy hermosa, pero estaba muy arreglada y si tiempo después no le hubiera dicho que tenía treinta y dos, él siempre hubiera creído que estaba en sus veintes. La mujer había sido clara: le gustaban los chicos como él y si estaba dispuesto, podían pasarlo bien. Oikawa estaba a punto de vomitar, así que le pidió un segundo. La mujer se metió detrás de él y lo escuchó devolver. Sin embargo, cuando salió del cubículo, Oikawa le dijo que estaba bien, que mientras vomitaba había pensado un poco en esa proposición un poco. Y lo hicieron en el baño, sin besarse. Le había dado su número de contacto también, pero esta vez, él no tiró nada.
Regresó con Iwaizumi, que desesperado lo buscaba de un lado a otro. Cuando se colocó a su lado, el as se sorprendió. Tooru sonrió con simplicidad y lo abrazó.
—Iwa-chan… deberíamos volver, eh. Creo que voy a vomitar otra vez.
—No seas imbécil, trashykawa.
Se pasó un brazo por los hombros y lo fue arrastrando hasta la salida. Una vez fuera, en la esquina, Oikawa volvió a vomitar. Esta vez, se sintió mejor, porque la primera vez había vomitado y luego había metido su pene en una desconocida y eso de alguna forma le había revuelto el estómago de nuevo. Se dejó llevar por su mejor amigo, quien le iba susurrando maldiciones, mientras le reprendía por oler a perfume de mujer. Oikawa se fue disculpando, preguntándole si podían cenar chocolate caliente. No obstante, cuando Iwaizumi iba a prender la estufa para calentar leche —ya en casa—, Tooru ya se había dormido.
Así había perdido su virginidad. El sentimiento de rechazo, de agobio, lo habían orillado a necesitar que alguien lo mirara. Llamó a la mujer, se acostó un tiempo con ella y luego al mismo tiempo que la novia en función, la mujer madura con la que descubrió la magnificencia del sexo, lo botó también. Se quedó sin chica una semana y luego, como quien no quiere la cosa, se consiguió otra. El año ya iba a terminar y estaba por graduarse. Habían perdido contra Karasuno y su nivel de tensión por los resultados de la universidad era vivos y mortificantes. Iwaizumi pasaba demasiado tiempo con esa novia y él, que había querido consolarse con su mejor amigo sobre cómo habían perdido en el último torneo, tuvo que conformarse con los brazos de su madre, que le daba chocolate con bombones para que dejara de llorar en las noches. Al poco tiempo de esa rutina, se reprochó a sí mismo estar siendo demasiado patético. ¿Dónde había quedado el Tooru que pasaba tardes enteras leyendo sobre ovnis?, ¿Ese que acosaba a Iwaizumi a las dos de la mañana pidiéndole que le contara alguna historia de miedo?, ¿Por qué se acostó con esa mujer mayor?, ¿Por qué no podía acostarse con las chicas con las que salía en el instituto?
Un día, mientras caminaba por la escuela, vio a la novia de Iwaizumi. Era una chica que era más alta que el promedio y según tenía entendido, era la delegada de la clase que estaba junto a la suya. No era una belleza, pero había algo en ella, su mirada y su sonrisa eran básicamente cautivadores. Sabía que era eso lo que había visto Iwaizumi. Ocurrió justo después de haber ido a bailar al mismo club al que fue con Iwaizumi y haberse arrinconado con una joven mayor que él con la que se había besado mucho y ella lo había mordido fuerte, por lo que su labio inferior seguía bastante hinchado. (No le molestaba en absoluto que jugaran rudo, pero tampoco tenía especial interés por ello. De hecho, tocar a las mujeres le resultaba estimulante, más no verdaderamente excitante.) Pensando en esa mujer mayor, se acercó a la delegada e intentó comenzar una conversación. Cuando logró que la chica respondiera con entusiasmo, se dio cuenta de que no lo miraba a los ojos y que estaba sonrojada. Mordió su labio hinchado, sabiendo qué pasaba (porque el observar a las mujeres hacía que entendiera un poco su patrón de comportamiento) y que bien podía retirarse y dejarlo pasar, para no causarle problemas a su amigo. Le sonrió y le preguntó qué pasaba, olvidándose un momento de que no debía dar el paso. Entonces, ella extendió los brazos y se colgó de él, diciéndole que le gustaba. Que llevaba así tres años. Oikawa se sorprendió. Pensó que sólo era un capricho del momento, como le pasaba a él por ella —porque desear tener lo que tiene tú mejor amigo era normal, o eso creía. Preguntó por Iwaizumi recibiendo un beso de respuesta. La empujó, frotándose los labios.
—¿Acaso estabas jugando con Iwa-chan…?
—No, él en realidad sí me gustaba. Pero tú eres mejor, Oikawa-san.
—Olvídate de él —ambos miraron hacia la derecha, de donde había venido la voz. Iwaizumi estaba viéndolos desde una distancia prudente con una mirada que mataba—. A veces bebe demasiado. Les lame las botas a las mujeres casadas y ricas. Se acuesta con quien sea… Pero creo que es lo mismo contigo, ¿verdad?
Iwaizumi se acercó hasta Oikawa y le atestó un puñetazo. Tooru cayó al piso, sobándose la mejilla, pensando a gran velocidad en dónde era que Iwaizumi había escuchado o visto lo de la mujer casada.
—¿Así que si era que te gustaba ella, uh?
—¡No es así, Iwa-chan! Sólo quería molestarla y luego ella…
Desde el piso pudo ver esa mirada de desprecio que le dirigía. Cerró los ojos, esperando a que lo golpearan de nuevo, sin embargo, eso no sucedió.
—Piérdete, Oikawa.
Eso le había dolido más que otro golpe.
—
Las cosas se habían complicado ahí. Iwaizumi dejó de hablarle por dos semanas —en realidad, Oikawa también estaba evitándolo—, mismas en las que había estado aprendiendo a fumar con un viejo conocido del club de siempre. Había estado manoseándose con muchas mujeres en las noches, nunca concretando nada, hasta que se había conseguido una novia cinco años mayor que él y se estaban acostando. Procuraba pasar el menor tiempo posible en casa, para que no lo molestaran sus padres. Como se habían retirado ya del equipo, era una bendición no tener que ver la cara de Iwaizumi después de clases. Se convencía poco a poco de que si dejaba de verlo, lo superaría. Así era siempre, uno tiene que alejarse de las cosas dramáticas. La mujer con la que salía había terminado apenas la universidad, por lo que recién había conseguido un trabajo editando unas columnas de horóscopos. A Tooru le gustaba revisar sus escritos, para ver qué suerte le depararía en su futuro. Durante el tiempo que estuvo con ella, a los cáncer les iba de maravilla. La chica era una persona buena y amable, que le cocinaba todo el tiempo. Era bajita, de cabello negro y corto. Tenía una voz penetrante y más bien hablaba poco. Dejaba que Oikawa le hiciera cosas pervertidas todo el tiempo en que estaban juntos y lo alimentaba. Lo regañaba si llegaba a su departamento muy borracho y ella había sido quien le había enseñado a hacer trucos mientras fumaba. Su relación duró poco, puesto que él no podía soportar que una mujer tan buena estuviera dándole todo y él tan sólo estuviera ahí por la comida y el sexo. Y el consuelo, por supuesto. Volvió a refugiarse a los brazos de su madre quien era la única mujer que siempre iba a darle una sonrisa amable y sin esperar nada cambio de él; también estaba su hermana mayor, pero al no vivir ya más en la misma casa, sólo quedaba su madre.
Al poco tiempo, Iwaizumi llegó a su casa y lo tomó por la muñeca, para llevárselo a la suya. Había llegado antes que él luego de la escuela, y como sabía que estaba siendo evitado, le dijo a su madre que quería hablar con él. La señora Oikawa no estaba segura de qué pasaba, no obstante, había visto muy mal a Tooru los últimos días y si Hajime decía que estaban peleados pero lo podían arreglar, iba a ayudarle. Y ahí estaban, en su habitación, a oscuras, con Oikawa mirando al piso como si fuera un mapa del tesoro.
—Habló conmigo. Lamento haberte golpeado.
Tooru no dijo nada. Ya no quería nada de Iwaizumi, trataba de convencerse. Sabía que iba a ceder, más en su cabeza se decía que si seguían siendo amigos, pues que así fuera, pero él tenía que eliminar todos esos sentimientos. Le dio la cara, sonriendo, y le dijo que estaba bien. Que no se preocupara. Lo abrazó, se aferró a él y suspiró, dándose por vencido. Hasta ahí estaba bueno, ya no quería atormentarse con esos sentimientos. Iwaizumi era Iwaizumi, su mejor amigo, su centro. Su pilar. No iba a dejarlo por tonterías, no iba a buscarse novias de consolación, no iba a fumar y emborracharse hasta que sus pensamientos se diluyeran. Tenía que darse a valer, como decía su horóscopo cada tercer día —la chica seguía, al parecer, dándole ánimos—, tenía que buscar su propia suerte.
—Hey, Iwa-chan, ¿por qué no vivimos juntos en la universidad?
Así había terminado ese pequeño drama que había montado. Luego de aquello, Iwaizumi lo invitaba a tomar y por más que quisiera, no lograba ponerse ebrio. Quizá no era la cantidad adecuada para ello. Tal vez había bebido tanto en esas dos semanas que su tolerancia al alcohol había ido creciendo. Además, dejó de fumar antes de que se le hiciera un vicio. Habían buscado un departamento, habían conseguido una beca universitaria y habían vivido bien durante un par de meses, hasta que Iwaizumi descubrió que su mejor amigo se estaba acostando con una chica de la que supuestamente se había enamorado. Oikawa se había disculpado, porque él realidad había tenido un encuentro sexual en un antro con la muchacha, por lo que la había contactado y había estado haciéndolo con ella. Así era el patrón de su vida. Al menos de dos veces en su vida: se acostaba con ellas en ese baño, luego las llamaba y lo hacían. Con la que editaba columnas había sido diferente, a ella sí la había invitado a salir en una relación formal.
Al final, días después, Iwaizumi le dijo que estaban bien, pero que no quería que vivieran juntos por un tiempo, para que cada uno consiguiera una novia y luego las cosas fueran más estables. Tooru había dicho que sí, aunque por más que intentase, él no era capaz de sonreír cada que Hajime se iba. Siempre se quedaba atrás y triste; en parte aliviado porque no lo perdería tan fácil. Al parecer, Iwa-chan le gustaba pelear, pero no pasaba de eso; lo mejor era que siempre venía con esa cara derrotada a decirle que no importaba cómo se pelearan, que era su mejor amigo y que lo lamentaba, por haber explotado.
Viviendo separados, las cosas estaban funcionando bien. La cuestión era que tal vez Hajime Iwaizumi era alguien que también tenía problemas de algún tipo hacia Tooru, pues la chica con la que estaba acostándose Tooru y que supuestamente le gustaba, no era más que una muchacha que había visto hacía poco en la cafetería. No iba a decirle la verdad a Tooru luego de montarle toda esa escena, claro.
Así que, Iwaizumi estaba yendo y viniendo, teniendo esa manera de ir y regresar. Mientras escuchaba esa áspera historia, no pudo dejar de sospechar del comportamiento de Iwaizumi. Se sentía un poco incómodo al ver la poca comunicación que había entre ellos, que era lo que les estaba causando problemas. Pero no es mi problema, se dijo, convenciéndose que no debía intervenir, porque si las cosas tenían que darse, era por cuenta de ellos.
Luego de besarse un rato más en el sofá, en la mesa de la cocina —porque a Oikawa parecía gustar de ser manoseado a un lado de la cena—, cenaron huevo, arroz y tocino —que más que cena, parecía desayuno— y justo después de eso habían acabado por llegar a la habitación de Tooru, por primera vez. Kuroo estaba seguro que en todo lo que llevaba viviendo con él nunca habían terminado ahí. Tooru dejó de besarlo, para mirarlo con esos ojos soñadores y caprichosos de siempre.
—Tetsu-chan, ¿no vas a ponerte el pijama? Si quieres, puedes dormir aquí.
—¿Para qué necesitamos pijama?
—No seas tonto, quiero hablar un rato y está haciendo frío, luego puedes dejar de usar pijama, pero…
—Vale, vengo. Prende la luz, voy a traer el chocolate que quedó, ¿te parece?
—Sí, gracias, Tetsu-chan.
Tetsuro salió de la habitación aun cuando estaba a oscuras. Se desvistió en lo que buscaba la ropa de dormir y luego se vistió como fuera. No tenía ganas de bañarse; como Oikawa tampoco se había duchado, no sentía remordimientos acerca de ello. Puso a cargar su teléfono móvil y luego cerró la puerta de su habitación, para ir por el chocolate. Ya estaba frío, como era de esperarse, no obstante, lo sirvió en un vaso de vidrio y lo probó: para él, aunque tuviera que ser una bebida caliente, le parecía realmente especial y bueno tomarlo frío. Tomó dos servilletas y llevó el vaso, pues lo compartirían. Cuando entró a la habitación, se sorprendió de lo que vio.
Oikawa estaba recostado en una cama justo como la suya, con cobertores de color vino. Había un clóset, un escritorio y una silla móvil. Una lámpara sobre el escritorio que iluminaba un montón de papeles que tenía sobre el mismo. Kuroo nunca había entrado ahí y ahora, viéndolo, le parecía una habitación bastante cargada de la personalidad de Oikawa. Había un espejo de cuerpo completo sin estar fijado a la pared, a ambos lados había posters de idols que no conocía y, adornando esa pared, que era en la que se hallaba la puerta, había luces como las que se ponen en los árboles de navidad. Luego, en las dos paredes restantes había cientos de fotografías pegadas, como si formaran un gran álbum (la otra pared, por supuesto, era ocupada por el clóset). Oikawa se acercó a él, enfundado en una pijama que lucía abrigadora, le sacó el vaso de chocolate de las manos y comenzó a tomárselo. Kuroo estaba absorto mirando las fotografías. En la pared parecía haber huecos sin fotos, mientras que otros lugares estaban llenos. Las imágenes eran muy variadas, pero escencialmente, supo, era Iwaizumi quien estaba en casi todas ellas. Eran fotografías de Tooru siendo un bebé, un niño (en donde comenzó a aparecer al lado de Iwaizumi), de las mascotas que al parecer había tenido, su madre, padre y hermana cuando él era un niño, viajes escolares, de las chicas de sus escuelas, de sus compañeros de equipo en Aobajousai haciendo el idiota, de él mismo sonriendo, o posando con sensualidad, o bailando, o mirándose natural, mirando al horizonte. Fotos de él y Hajime de excursión, enlodados, golpeados, sangrantes, o simplemente comiendo. Fotos de Iwaizumi sin playera, luego de bañarse, recién despierto, jugando al voleibol con y sin Oikawa a su lado, de muchachas confesándole su amor, de él y su padre, de él tomando el desayuno o preparándolo. Unas dos fotos de su cara enojada y una de su cara llorosa. Un poco más arriba de todas las del instituto que adornaba su pared, vio una foto suya mientras dormía, en el sofá. Se ruborizó un poco, preguntándose cuándo había sido. Reconocía la sudadera que traía puesta, así que supuso que era reciente.
—Tetsu-chan, lamento haber contado toda esa historia triste, no era mi intención.
—Quédate sin cuidado, que a uno siempre se le acaban por desbordar las emociones. Y es mejor, ¿sabes? Con tanta mala suerte que te cargas en estas cosas es mejor soltarlas, porque al final de cuentas, vas a acabar por estallar frente a Iwaizumi. Aunque… Siento que tarde o temprano pasará, ya ves.
—Mejor tarde que ahora, mejor tarde que ahora.
Kuroo volteó a verlo y lo abrazó, arrancándole en el proceso el chocolate, que estaba por terminarse. Se lo bebió mientras lo asfixiaba entre su abrazo y cuando ya no hubo líquido, le comenzó a hacer cosquillas con una mano. Pronto se detuvo, dejando a un Oikawa colorado por el esfuerzo de reírse en contra de su voluntad. Se separó un poco de él, dejó un beso en su frente y luego dejó el vaso en el escritorio. Se puso a contemplar de nuevo la pared de Oikawa, mientras ponía sus manos en sus caderas, suspirando fuertemente. Sonrió, pensando en la clase de persona sensiblera que era su compañero de piso.
—Entonces, Tooru… ¿Eres alguna clase de voyeur?
—¿Cómo lo has sabido, Tetsu-chan?
Oikawa se había parado a su lado, riéndose mientras también veía las fotos.
—Siempre me ha dado un miedo tremendo que Iwa-chan me diga que no quiere tener nada más conmigo —comenzó a decir de repente. Kuroo ya se lo esperaba—. A veces siento que él también siente algo por mí y me hincho de valor, pero luego sucede que cuando quiero decirle que lo he querido durante muchísimo tiempo, dice alguna tontería, se va con amigos, una chica decide interponerse en mi camino o me acobardo en el último momento. Venga, no me mires así, puedes decírmelo: soy patético.
—Eres estúpido.
—¿Qué demonios pasó con esos modales del primer día…? No, olvídalo. Me besaste y vomitaste, has sido así siempre. Ten más tacto, Tetsu-chan.
—Deberías sólo decirle la vedad.
—¿Qué estoy enamorado de él pero que te chupo la polla?
—¿Soy yo quien no tiene modales?
—Definitivamente —ambos se rieron sin muchas ganas, luego, Tooru continuó—. Pese a que lo amo y que sé que él me quiere y me valora, desearía que un día él me amara como yo, como es lo clásico, vamos. Pero luego pienso en lo feliz que sería y en el miedo que me daría ser dejado, que, por supuesto, ya lo sufro incluso sin que sea mío. Es muy difícil esto, ¿no crees? Contigo las cosas son más fáciles. Estás siempre ahí y aunque quieras matarme con la mirada no me dejas. Iwa-chan es un vagabundo, va y viene y quien siempre acaba por pagar los platos rotos soy yo.
—No te lo tengas tan creído, Tooru. Estás siendo egocéntrico y estas esperando demasiado de las personas. Yo no soy ignorante de cómo te sientes así que aquí me tienes, rendido a tus pies. Pero Iwaizumi no sabe cómo te sientes y para él da lo mismo, bien podría yo irme cuando quisiera, porque sé que no me amas y…
—No te vayas, Tetsu-chan.
—No, no lo haré. A lo que quiero llegar es que mientras él no sepa nada no valora nada. Si quieres que te mire y que den un paso hacia delante, debes dejar de fantasear conque él es el príncipe azul que te despertará del sufrimiento con un beso. Eres un hombre, ponte bien las bolas y ve y dile que lo quieres, porque de otra manera, el sujeto no va a enterarse de nada. Si se va, ten en cuenta una cosa: él nunca valió la pena, porque te deja luego de tanta historia.
—Suena fácil. Uh… Hubo una vez en que Iwa-chan perdió contra alguien en la primaria, cuando recién estábamos metiéndonos a los deportes. Como perdió, lloró y me abrazó y me dijo que me quería mucho porque era como el hermano que nunca tuvo. Yo lo abracé felizmente, porque Iwa-chan nunca ha sido de los que dicen que te quieren, así que fue un muy buen momento. Ahora que lo pienso, me pregunto si sigue viendo en mi un hermano, un amigo, o un perro. O quien solo cuida por costumbre.
—Quién sabe, Oikawa. Dices que suena fácil, pero no lo es. Necesitaríamos tener tres huevos para que fuera fácil, pero sólo tienes dos y no bien puestos. No te conformes con ser su hermano.
Oikawa no contestó. En el fondo quería decirle lo amable que era por intentar animarlo con sus palabras vulgares, lejos del "si te rechaza, no te queda más que superarlo, así que anímate, puede que todo vaya muy bien". Apreciaba sus palabras sinceras, sin tapujos y con toda la intención de hacerlo abrir los ojos. Cuando escuchó ese "esperas demasiado de los demás" comenzó a creer que era demasiado cierto. Probablemente actuaba con la sensación de dar y no de recibir, pero en realidad sabía que deseaba sentir las emociones con la misma intensidad. Como el deseo burbujeante con el excapitán de Nekoma, que era muy recíproco. Kuroo, por todos los medios, había intentado no mirarlo a los ojos. Sabía que Oikawa estaba bastante triste y que si se miraban, seguramente se pondría a llorar. Él se sentía melancólico por los problemas ajenos, pues bien entendía lo que era amar y no ser amado de regreso.
Las fotos eran una escena maravillosa. Podía ver a Tooru sonreír o sufrir en cada una de ellas, siendo él mismo, siendo alguien puro y juvenil. Había escuchado acerca de cómo había sido su primera experiencia sexual y romántica, y aunque pudiera sentir pena por él, en realidad, sabía que sólo eran hechos separados que lo habían puesto pensar un rato, porque si no sucedía de esa manera, pudo haberse hundido en la miseria. Necesitaba sentir que se estaba dejando vencer, dejándose tirar, precisamente. Oikawa buscó la mano de Kuroo con la suya y entrelazó sus dedos. Tetsuro supo en ese momento que la plática ya concluía y que no había ido tan mal como pudo estar. Tiró del castaño y lo envolvió en un abrazo, inhalando ese aroma tan característico del más bajo. Caminaron abrazados hasta la cama, en donde se dejaron caer con suavidad. Oikawa levantó las cobijas y se escurrieron dentro, mirándose a los ojos. Las manos de Kuroo luchaban por quedarse quietas mientras se besaban dentro de la cama, que iba calentándose poco a poco.
Tooru acabó por abrazarse de él y quedarse dormido.
El timbre sonó a eso de las nueve de la mañana. Kuroo estaba en la orilla de la cama, porque ambos eran hombres de más de metro ochenta y la cama, incluso un poco más amplia que el promedio, seguía siendo individual y Tooru dormía como una estrella de mar. Se levantó, maldiciendo que aún no terminara el invierno y, en pijama, se dirigió a abrir la puerta. No se molestó en ver por la mirilla para asegurarse de que no fuera un asesino en serie, sólo deslizó el seguro y abrió, encontrándose con el hombre que estaba en casi todas las fotografías de la pared de Tooru. Su espalda se tensó. La pregunta tonta de qué tan desordenado estaría su cabello flotó por su mente con velocidad, yéndose tan pronto como surgió. ¿Qué hacia él ahí? Joder, que había estado dormido con Oikawa hacía poco y ahora estaba ahí ese tío indeciso.
—Buenas.
Iwaizumi no dijo nada, tan sólo lo miró hacia arriba, como buscándose una buena explicación para ello. Hajime, por supuesto, sabía quién era. El excapitán de Nekoma, sí, se acordaba bien. Nunca lo había conocido en persona, pero durante la preparatoria supo de su existencia y supo cómo era físicamente. Además, Oikawa había dicho con mucho orgullo que vivía con él, declarando que el hecho de que vivieran dos excapitanes de voleibol en un mismo departamento era bastante genial y seguramente su historia sería popular, porque los dos eran guapos. Tooru hablaba demasiado, por supuesto.
—Buenos días —Iwaizumi parecía nervioso, mirando de un lado a otro. Kuroo se recargó en el marco de la puerta, mientras lo escudriñaba—. ¿Está Oikawa?
—Está durmiendo todavía, el muy cómodo.
—Vale… Entonces, hasta luego…
—Eh, ¿no quieres esperar a que se despierte? De seguro ya no le queda mucho por dormir.
Kuroo iba a añadir un "dado que ya no estoy en la cama, pronto se despertará" porque en efecto, cada que él iba al baño o a preparar el desayuno, Tooru siempre se levantaba en su búsqueda. Sólo una vez se había quedado dormido durante una media hora más, pero no era tan frecuente. Llevaba ya varios días durmiendo con él en la misma cama, empezaba a hacerse a la idea de cómo era su comportamiento, claro. Pero no podría decirle eso al mejor amigo del mentado. Iwaizumi pareció meditar sus palabras y luego asintió, diciéndole que esperaría.
Kuroo se hizo a un lado y lo dejó entrar.
—Mi nombre es Hajime Iwaizumi, conozco a Oikawa desde que éramos niños.
—Tetsuro Kuroo —le respondió, sintiendo cierta hostilidad con el más bajo. Pasó su mano por su cabello mientras cerraba la puerta, sintiendo todo lo revuelto que estaba. No le dio demasiada importancia y siguió a Iwaizumi hasta la mesa de la cocina—. ¿Quieres desayunar algo? ¿Tomar algo?
—No, gracias.
—¿Ni siquiera agua?
—Bueno, vale. Agua está bien.
Sirvió entonces, un vaso de agua. Se sentó frente al otro muchacho y miró sus manos, sin saber qué decir. Hasta antier, Oikawa le había hecho una buena mamada y ayer le contó todo sobre sus sentimientos sobre la persona que estaba frente a él. Si decía que no estaba incómodo, sería una tremenda mentira. Sonrió, un poco cansado de tener que involucrarse en eso. Iwaizumi lo miraba de arriba abajo, entonces, decidió hacer platica.
—Me acabo de despertar. Desde siempre he tenido dificultades con mi cabello.
—Yo también los tengo. Mi cabello es muy lacio y grueso, así que siempre se levanta de esta forma.
—Ya veo. Parece que ninguno de los dos hemos sido favorecidos en ese aspecto. Ya ves, mirando a Tooru uno podría decir que los hombres la llevan fácil, porque hasta un cabello corto luce bien. Pero es que un cabello ni tan corto ni tan largo tan sólo le queda a él.
—¿También te ha pedido que le llames por el nombre de pila? Este idiota no cambia, queriendo hacerse confianzas así de rápido…
—En realidad, yo quise llamarlo así —Iwaizumi no respondió a aquello y Tetsuro supo que había dado una respuesta inquietante para la otra persona; decidió cambiar el flujo de la conversación—: Por lo que supe, ayer estuviste aquí, ¿verdad?
—Sí, vine de visita. Hoy he obtenido unos pases para el zoológico, y como Oikawa quería ir a ver una cría de león que anunciaron hace dos semanas, pensé que estaría bien llevarlo.
—¿No tienes novia?
—Uh… No. Y aunque la tuviera, tendría que llevar a este tonto, porque seguramente se pondría a llorar si se entera de que fui y no lo llevé. Tiene la ilusión de tomarle una foto al bebé.
—Le gustan mucho las fotos, ¿cierto?
—Está en el club de fotografía, claro que le gustan. Cada que sale siempre está de un lado para otro con la cámara.
—¿No te incomoda?
—La verdad es que a mí no me gustan las fotos, pero él siempre insiste demasiado en hacerlas. No se le puede hacer nada.
Pero cedes ante Oikawa. Kuroo estaba complacido con esa conversación. Ambos parecían dejar de tener cierta tensión entre ellos. Pronto le propuso jugar dominó, porque había visto que en el cuarto que ahora ocupaba —antiguamente de Iwaizumi— había un dominó abandonado en el fondo del clóset. Iwaizumi reconoció que no era suyo, que estaba ahí cuando se habían instalado y sólo lo habían guardado, para este punto, claro, le contó vagamente que habían estado viviendo juntos pero que al final había acabado por mudarse a otro lado. Tetsuro sentía su propia tensión y la de Iwaizumi flotar en el aire, intentando disiparla por todos los medios sin lograr nada demasiado significativo. Pensaba en que, por lo menos, a Iwaizumi le importaba demasiado Oikawa como para cumplirle el capricho por un león bebé. Mientras pensaba en la benevolencia del hombre que tenía frente a él, los minutos pasaban y acabaron por instalarse en la mesa de la sala para jugar un rato. Luego unos minutos, en donde apenas habían repartido las fichas, Oikawa apareció arrastrando una cobija desde sus hombros, como todo un príncipe mimado.
—Tetsu-chan, ¿dónde…? —Kuroo bendijo a los cielos que no hubiera completado la frase, o Iwaizumi sabría que habían estado durmiendo en la misma cama y seguro que habría otro silencio raro, como el de hacía un rato—. ¿Iwa-chan? ¡Iwa-chan! ¿Qué haces aquí? ¿Me extrañabas?
Tooru estaba ya sobre del mentado y lo abrazaba con ímpetu. Tetsuro observó aquella escena con detenimiento: los ojos de Oikawa habían agrandado su tamaño en segundos, seguramente por la impresión y la felicidad de tener a su mejor amigo ahí, y su sonrisa se habían ensanchado a cual larga era. Iwaizumi se había puesto un poco colorado y se intentaba quitar al castaño de encima, cosa que no conseguiría tan fácilmente, pensó el más alto. Oikawa era como una enfermedad crónica: una vez que se acercaba a ti, ya no te dejaba ir. Sonriendo ante tal pensamiento absurdo, comentó en voz alta:
—Iwaizumi dice que vayan al zoológico, para que puedas tomarle fotos a la cría de león.
—¿Es en serio, Iwa-chan? Necesito arreglarme… ¿Has hecho todo el camino para venir por mí? ¿Por qué no simplemente me llamaste? Es porque me quieres mucho, ¿verdad? ¡Espera un rato, me bañaré y cambiaré, espera, espera, desayunemos fuera, ¿sí?!
—Sólo hazlo, no es necesario gritar.
Oikawa se fue tan rápido como llegó. Iwaizumi no quería mirar al anfitrión principal, porque se sentía avergonzado.
—Parece que acabó por olvidarse de mí.
—Ya te lo digo, es un poco retrasado.
—Pero pienso que es un buen tipo.
Iwaizumi alzó la mirada, encontrándose con los ojos ardientes de Kuroo. Frunció el entrecejo sin darse cuenta de ello. Esa mirada le irritaba.
—Sí, es un buen tipo.
Las cosas, al final, no terminaron tan mal. Poco después de las diez de la mañana, Kuroo estaba despidiéndolos a ambos en la puerta, deseándoles un buen día. Oikawa se veía tan animado que Tetsuro experimentó algo que le pareció similar a los celos. Al recordar que nunca habían decidido estar juntos, lo dejó ir, concentrándose en comer, ducharse y ordenar un poco la casa, ahora que estaba vacía. Conociendo a Tooru, se dijo mientras se bañaba, iban a tardar todo el día entre esto y lo otro. Luego de haber tenido una partida del dominó con Iwaizumi, además de esa plática que, aunque parecía escueta y forzada, él había formado una impresión más sólida del susodicho. Era alguien a quien podía avergonzar fácilmente y que en el mayor de los casos lo negaría todo. Era más bajo que ellos, parecía tener un corazón firme y dulce, pues al hablar de Oikawa sus labios se curvaban en una pequeña sonrisa que subía hasta sus pupilas. Era mejor tipo de lo que se había esperado, por lo que ahora sabía que sólo estaban siendo tercos los dos, porque se sentía más que seguro del hecho de que a Iwaizumi también se le movía el tapete por Oikawa.
La tarea ya le había aburrido, al igual que el radio, el internet, la novela que leía, y tampoco tenía ganas de comer. No había planes para ese día, así que estaba aburriéndose como ostra sin el castaño para distraerlo un rato. Eran las seis de la tarde y aun no regresaban. Comenzaba a impacientarse hasta que se le ocurrió: abrió la aplicación para mensajes y buscó el número de Tsukishima, para poder mandarle algo. Se quedó con la pantalla en blanco, esperando que algo bueno para mandar apareciera por su cabeza. Deseó ser Oikawa, con esa habilidad de escribir súper rápido —aunque más que nada envidiaba que siempre contestara, pues eso le daba una idea de que siempre sabía que contestar. Al final acabó por escribir cualquier cosa, el punto era que quería escribir algo.
Para: Gafas-kun
Re:
Apuesto que estas esperando a que te mande un mail invitándote a por unas cervezas con Bokuto y Akaashi, Gafas-kun.
Esperó cinco minutos, pero no recibió respuesta alguna. Entonces le mandó un mensaje a Bokuto, que siempre respondía pronto.
Para: Bokuto
Re:
Eh, Bokuto, ¿tenemos algún plan para dentro de poco?
Un mensaje en su bandeja llegó a los pocos segundos. Vaya, esto nunca fallaba.
De: Bokuto
Re:
Akaashi acaba de lanzarme un sartén (lol). Creo que he metido la pata en algo, pero todavía no sé en qué (lol), ¿no lo sabrás tú? ¿Qué te parece venir a tomarte unas cervezas el próximo feriado? Haré que Akaashi haga curry, el curry especial, ¿te acuerdas? Como sea, ¿qué hago con la fiera? (lmao)
Para: Bokuto
Re:
¿Por qué coño siempre escribes lol o lmao? No es divertido, idiota. Como sea, tan sólo pégale un buen beso, eso calma hasta al peor de las bestias.
De: Bokuto
Re:
Tan bueno como siempre dando consejos (lol). Necesito verte, te extraño. Akaashi no lo dice, pero también te extraña, ¡sí, sí, sí! Es un poco tímido. Hay que perdonarlo. ¡Te amo! La escuela debe estar siendo dura, ¿no? Pídeme ayuda cuando quieras, soy genial en todo.
Para: Bokuto
Re:
Lo tendré en cuenta. Las cervezas están bien.
Bokuto no contestó nada después de eso, y como Tsukishima tampoco contestó nada, empezó a rendirse un poco, sintiéndose un poco como basura. ¿Por qué en el mundo fue a fijarse en un tipo como él? Bueno, como fuera que fuese, las cosas ya estaban así y seguía sin consuelo ni distracción. Ni Tooru. Se cansó de pensar, intentó seguir la tarea, fallando miserablemente y al final, acabó por dormirse. Tuvo un sueño tranquilo, que no pudo recordar por más que quisiera luego de cinco segundos luego de despertarse por una corriente de frío; se dio cuenta de que ya eran las nueve y seguía sólo en casa, sin embargo, había un mensaje en su bandeja.
De: Gafas-kun
Re:
No debí compadecerme y dar mi número con tanta facilidad.
Sonrió mientras tecleaba con la mayor velocidad posible una respuesta, porque al parecer ya había tardado un poco en responder.
Para: Gafas-kun
Re:
Entonces, ¿qué te parece salir conmigo? A tomar una malteada, o algo. Ya sabes, menor de edad.
De: Gafas-kun
Re:
Jódete. Anciano.
Kuroo sonrió, tecleando otra respuesta. Esto era justo lo que él quería.
Hey hey hey. ¿La actualización ha tardado? Les aseguro que la tercera parte tardará bastante más, ¡lo siento! Pero entre que quiero ser responsable y alguien útil, así que… voy a intentar hacer todo a la vez, aunque me lleve muchísimo más tiempo que lo normal.
Aunque no tuve muchos reviews, estoy muy contenta por el hecho de que hay alguien que lee. Eso me hace sentirme satisfecha. Voy a responder sus reviews por aquí, porque siempre he visto que así los responden y me gusta cómo se ve xD
Aquí vamos.
Luka cifer
Tía, una disculpa por haber borrado el fic para volver a subir, pero en un comentario recibí un "lo leí cuando estaba en otra sección" así que no estaba alucinando, el fic no salía en los últimos de HQ para cuando recién lo subí. No obstante, siempre serás mi rw favorito, y además, eres la primera en leer esta wea.
Y espero tenerlos llorando por lo que escriba y no por la espera, pero ya veremos.
Me alegra mucho de que estés ayudándome, como siempre, porque tú y yo somos una mira de oro (guiño). Siento que se nos ocurren cosas geniales (y si escribiera mejor, quizá podría hacerle más honor a todas esas buenas ideas que tenemos) y que estamos en sincronía. Eso es genial. ¡Muchas gracias, tendrás todos los calcetines que quieras!
KathKolmer
¡Qué bueno que te ha gustado! A mí, siento honesta, también me encantan esos cuatro personajes (obviamente por eso los tenemos aquí a plato de oro). Jajaja en efecto, esto es un KurooTsukki y IwaOi, pero en realidad vamos a partir de un KurooOi, ¡así que espero que también te guste!
Sí, son una buena brotp, como Kuroo y Kenma(¿) o Nishinoya y Tanaka. No obstante, justo como dices, ellos dos juntos, estos sex simbols juntos, son oro puro.
Esperemos que no me abandone la inspiración. La presión la siento, pero más que nada por la velocidad a la que escribo y lo que escribo y lo que en realidad quiero decir. Me llegan tus buenos deseos, así que seguiré en esto, muchas gracias por comentar.
Nos leemos.
Shanoo
¡Pronto va a haber más que lime! (sé que no es bueno promocionarme de esta manera, pero…)
¡La actualización está arriba!
Muchas gracias por leerme hasta el final y comentar. Nos leemos~
Nitta Rawr
Hey, mencionas que estaba en otra categoría, ¿cómo es eso? Ciertamente aun no me acostumbro del todo a , pero hago mi mayor esfuerzo. Noté que el fic no estaba recibiendo ni visitas ni nada, ni tampoco me salía en los actualizados recientemente en la sección de HQ. Luego lo volví a subir y eso, y el resultado fue mejor…
A mí no me parece tan crackship, aunque me imagino que es porque evidentemente los shippeo. Creo que es una de mis favoritas e HQ.
Ciencias políticas tampoco me gusta. Pero pensé demasiado para Tooru y su manía por ser alguien ambicioso y pensé, eh, tú, que quieres conquistar los corazones de todos, ¿no querrás conquistar el mundo sabiendo algo que sirve para ello? Y entonces decidí dejarlo en eso. Pensé en alguna ciencia básica o algo artístico, pero nada calzaba demasiado con él (contrario a Iwaizumi o a Kuroo, que fueron mucho más fáciles de acomodar en carreras-).
Gracias por leerme hasta el final. Nos leemos~
Lucas Ryuota
Sí, es raro encontrar esta pareja en español (me da depresión de tan solo pensarlo…)
Cuando sientes que la primavera te llega, aunque estés en pleno invierno… Es especial.
¡La actualización está arriba, ahora!
Muchas gracias por leerme.
LucyKise
Espero seguir dándote orgasmos visuales(¿?)
Muchas gracias por leerme~
Muy bien. Luego de regresarles sus comentarios, quisiera agradecer a la academia… Nah, no realmente. Sólo a ti, bb –sabes quién eres- por siempre orientarme.
Quizá tarde en el capítulo tres, pero verán que no pasará del mes y de que sea domingo (roguemos por esto). Como sea, les deseo un buen catorce de febrero, un buen inicio de semana y… Ya saben, todo eso.
Kiharu.
