No podía controlar su llanto, estaba tirada junto al cuerpo del mejor amigo de su esposo, al cual había traicionado. Sin embargo, no se siente el daño y mucho menos se repara en las consecuencias de nuestros actos, hasta que sucede algo. Antes de llegar a ese momento, sus encuentros estaban bien orquestados con cuartadas que nadie podría refutar, pero conociendo a su marido, no preguntaría nada. Lo amaba, pero era demasiado tonto e infantil para su gusto, a pesar del cambio que había tenido. No era todavía el hombre que ella soñaba. Necesitaba más, había probado el verdadero afecto y no se iba a detener ahí. Era hogareña, se preocupaba por su marido, siempre veía por sus hijos, había sacrificado su fortuna por él y siempre lo tenía satisfecho, ¿acaso no se merecía más? Su vida no era como la de Bulma, ella tenía todo y su esposo también era un Saiyajin. Fue entonces cuando ya no pudo más, no odia esperar a que Goku entendiera, ella no era una Saiyajin, ella envejecía y moría más rápido, no desperdiciaría más la juventud que le quedaba. Le daría un ultimátum y esperaba que lo entendiese, aun tenia esperanza en él. Pero ¿cómo había llegado hasta ese punto? ¿Cómo es que estaba así ahora? Desde aquella vez todo había cambiado, ahora se sentía sucia e impropia, así no la habían criado, pero se dejó guiar por las dudas y cayó en un círculo interminable que se prometía romper con cada encuentro, pero solo caí más y más. Todo por aquella vez. El recuerdo ahora era tan vivo, jamás olvidaría nada.
Una tarde, mientras Goku entrenaba, se encontraba pensativa acerca del tema. ¿Cómo lo abordaría con él? No era la persona más lista y no quería confundirlo, como cuando se casaron. Unas lágrimas amenazaban con salir, la simple idea de terminar con un matrimonio de tantos años le hacía mal. De a poco se iba perdiendo en su mente, ni siquiera le prestaba atención a la taza de té que tenía entre manos. Agradecía que sus hijos no se encontrasen en casa, la escena era algo deprimente, sentada sola en la mesa del comedor con la tenue luz que provenía de las ventanas. Apenas habían pasado dos horas desde que Goku se fue, le esperaba aún mucho tiempo de soledad.
-¡Goku! -Se vio arrebatada de sus pensamientos por unos toques en la puerta y unos insistentes gritos-. ¿Hay alguien casa? ¡Soy Krillin!
-¡Ya voy! –decía Milk un poco perdida. Se mojó el rostro antes de ir a la puerta para espabilarse, no tenía ganas de hablar del tema, por lo que esperaba que se fuera lo más rápido posible y rechazara su falsa hospitalidad. Con paso lento se dirigió a la puerta y se arregló un poco el cabello y su vestido antes de abrir-. Hola, Krillin, Goku se fue a entrenar a las montañas.
-Ya veo.
-¿Quieres esperarlo en lo que llega o iras donde está el?
-Si no es mucha molestia, preferiría esperarlo, ¿puedo pasar?
-Claro –por sus adentros se lamentaba tener modales. Quería estar sola y después habla con Goku del tema. Gohan tenía su propia familia y Goten se iba a quedar a dormir con Trunks, así que pasara lo que pasara, tendrían privacidad. Decidió resignarse y atendería a Krillin en lo que Goku llegaba, les daría algo de comer y se iría a dormir, otro día arreglaría ese problema, sirve que pensaba mejor todo-. ¿Gustas una taza de té?
-No, pero gracias.
-Bueno. ¿Qué te trae por acá?
-Nada en específico. Tenía ganas de distraerme un rato. Ya sabes cómo es la vida de casado –decía con una risa algo nerviosa. Se notaba algo cabizbajo, no poseía la energía de siempre.
-Sí. ¿Cómo esta 18 y Marron?
-Bien –respondía de manera seca. Sin duda algo andaba mal. Con un poco de duda confeso a que venía, al sentir la mirada de Milk-. La verdad es que venía a hablar con Goku para distraerme un poco, ya que he tenido problemas con 18. Últimamente no hemos parado de pelear por todo, no podemos mantenernos en el mismo cuarto porque empezamos a discutir por cualquier tontería. No sé qué nos está sucediendo, siempre habíamos tenido una relación bastante estable y hemos sido felices.
-Ya veo.
-Disculpa por todo eso. Simplemente necesitaba sacarlo –se miraba vulnerable, cansado y estresado. De la misma manera en la que ella se sentía. Tal vez eso necesitaba ahora, una persona que la escuchara. Podrían ayudarse mutuamente.
-No te preocupes. De hecho, yo también estoy pasando por "problemas".
-¿De verdad? –La contestación de Milk fue con un leve asentimiento de cabeza-. Al menos alguien me entiende ahora.
No contesto nada a eso. Aún faltaban muchas horas para que Goku regresara, podría desahogarse a gusto. Se levantó de su asiento y fue hacia la alacena, de la cual saco una botella de sake y dos vasos.
-No suelo hacer esto, pero dadas las circunstancias, creo que se necesita –se sirvió un poco y otro poco a Krillin. Brindaron y empezaron a hablar de sus problemas.
A la primera hora se desahogaron y la botella estaba a la mitad. A la segunda la botella ya se había terminado y habían entrado en demasiada confianza, Krillin la solía ver como una bruja mandona y sobre protectora, pero ahora era muy diferente. No recordaba lo hermosa que era y la envida que le había tenido a Goku cuando vio que se casaron. Era increíble verla así de relajada, con su cabello suelto y riendo a carcajadas. Parecía que se había quitado 10 años de encima, se miraba bastante joven y estaba bien conservada para su edad, tal vez fuera el alcohol que lo hacía verle así, no lo sabía, pero le agradaba. Poco a poco se fueron acercando más y la plática se vivía más amena con el pasar de los minutos. Estaba pasando un buen rato.
-Gracias por este rato Krillin. Hace mucho tiempo que no andaba así de tranquila –le decía MIlk, mientras tomaba su mano. Era claro que estaba bajo la influencia del alcohol. Apretó su mano y el apretón fue correspondido. Se miraban con una sonrisa.
-Debería ser yo el que te debería dar gracias. Estaba bastante mal –la tomó por sorpresa al darle un fuerte abrazo. Se mantuvieron así unos minutos y se separaron muy lentamente. Sus miradas se cruzaron, estaban a centímetros del otro. Por impulso, deposito un beso en su mejilla, ella se lo regreso sin vacilar. Tras breves intercambios sucedió lo inevitable, los dos se dejaron llevar en un profundo beso. En sus adentros sabían lo mal que estaba, lo peligroso que era. Él estaba traicionando a su mejor amigo, a quien consideraba su hermano y ella a su esposo, al que le juraba amor eterno.
El beso se tornó cada vez más intenso, las caricias empezaban a demostrar el deseo reprimido de ambos, era excitante saber lo mal que estaba, el peligro que corrían. Ya nada importaba, ni su moral, ni sus valores, ni la lealtad, ni nada. Se dejaron llevar por el deseo. Paso poco tiempo antes de que fueran al dormitorio. Esa sería la primera de muchas otras.
No fue fácil ocultar todo lo que sucedió esa tarde, sin embargo, lo lograron. Al principio dudaron sobre lo que paso y dejaron en claro que sería de una vez, pero con cada problema nuevo que surgía en su relación volvían a buscarse. Todo era una amistad, al inicio, pero querían volver a sentir esa sensación de la primera vez. Con cada encuentro cubrían bien sus huellas, la única que parecía sospechar era 18, pero ignoraba todo, por su hija y por querer arreglar todo con Krillin. Todo se miraba tan sencillo. No parecía que hubiera consecuencias, pero la vida mostró su lado cruel, el lado que no perdona. Todo había acabado. Por primera vez en mucho tiempo, la muerte era algo de lo que no habría vuelta.
Me tarde un poco, pero aquí sigo con el experimento este y tal vez no sea tan largo como quería, pero apenas va iniciando la historia. Por favor díganme si quieren que continué, que opinan y les va a agradando. Me sirve de mucho sus comentarios y gracias por leer. No teman en señalar errores o incongruencias. ¡Espero que les guste!
