Capítulo 2: Comienza el viaje.
Ciudadela del Castillo de Canterlot…
Luna observó como el capitán Shining Armor se marchaba de regreso al castillo dejándola sola. Ahora le tocaba seguir por su cuenta. Escucho un suave aleteo sobre su cabeza, alzo la mirada para ver a un ave de fuego volar en círculos sobre ella.
- ¿Philomena? ¿Qué haces aquí? – dijo reconociendo al ave.
La fénix descendió lenta y suavemente posándose en una pata extendida de Luna, emitió un suave graznido, frotando su cabeza contra Luna.
- Lo siento Philomena pero debo hacer esto sola-
El ave bajo la cabeza desilusionada de las palabras de quien ahora era su dueña.
- Te prometo que regresare antes de que te des cuenta. Te encargo mucho a Cadance, por favor cuida de ella-
Philomena emitió otro suave y corto graznido como si asintiera a las palabras de Luna, extendió sus alas iniciando su vuelo de regreso, no sin antes dejar caer una de sus plumas sobre la cabeza de la princesa de la noche.
- Gracias Philomena- dijo ella guardando la pluma en una de sus alforjas.
La joven princesa aspiró profundamente antes de ingresar al pueblo, rogando porque nadie la reconociera y fuese a hacer un alboroto. Al menos durante ese tiempo, esperaba poder tener la vida de una chica normal, y no de una princesa. El plan de Cadance funcionó a las mil maravillas. Nadie se fijó en la unicornio de crin azulada que entró a la ciudad. Bueno, excepto por uno o dos corceles que andaban por ahí en aquel momento, pero obviamente no de "esa" manera. Luna se sintió aliviada, y prosiguió tranquilamente su camino hacia la posada.
Shining Armor ya le había hecho una reservación por adelantado, y por una pequeña suma había hecho prometer al posadero que no revelaría que la Princesa se encontraba ahí. No es que fuera realmente importante, después de todo, solo se quedaría esa noche.
Ya en su habitación, se dispuso a quitarse el chaleco, extendió su alas a toda su envergadura, nunca las había tenido guardadas por tanto tiempo pero era un precio a pagar por pasar anónima entre los ponis. Luna fue al baño para darse una ducha, quizás para terminar de quitarse los nervios. Antes de salir, se miró en el espejo. Realmente se veía distinta, con el cabello de otro color, eso sin mencionar que en su rostro no tenía nada del maquillaje que solía aplicarse todos los días en el castillo.
- Hmm, creo que por primera vez estoy viendo el rostro de la verdadera Luna – dijo sonriendo. A pesar de que le recordaran con mucha frecuencia lo hermosa que era, Luna no era para nada vanidosa con su aspecto. Sin embargo, esta vez no pudo evitar sentirse bien al mirarse al espejo, quizás fuese porque se estaba viendo a sí misma como una chica normal, y no como la Princesa de Ecuestria, bostezo- Bueno, a aprovechar mientras se pueda -
Luna salió del baño, se dejó caer sobre la cama, pero antes de irse a dormir, observo por la ventana la luna y las estrellas brillando en todo su esplendor, se sintió aliviada de que Cadance pudiera hacerlo con ninguna dificultad. Poco a poco el sueño le fue ganando hasta que se quedo profundamente dormida.
-o-
Al día siguiente…
El ruido de la mañana despertó a Luna de su sueño, era la primera vez en mucho tiempo que había dormido tanto, normalmente se levantaba temprano para levantar el sol. Se paró de la cama y abrió la ventana para tomar algo de aire fresco.
- Me alegra ver que Cadance ya domina el levantar el sol, es un hermoso día. Bien… hoy comienza oficialmente mi viaje. – dijo. – Ahora, ¿dónde debería ir primero? -
Luego de asearse, sacó un chaleco azul y blanco, bastante modesto y se lo puso, recogió sus cosas y salió de la posada. Las cosas estaban bastante tranquilas, hasta que oyó cerca de ahí una serie de ladridos y gruñidos, además del ruido de barriles rompiéndose.
- ¡Aléjate de mi bebé, animal endemoniado! – oyó gritar a una poni con una voz ronca, mucha gente empezaba a aglomerarse en el lugar. – Ya, ya, mi bebé, mamá está aquí. -
Luna no pudo evitar sentir curiosidad y fue a ver lo que pasaba. Una poni unicornio gorda cargaba un perro blanco en brazos, como si fuera una madre con su bebé, mientras una joven poni terrestre de pelaje verde savia y crin dorado pálido su cutie mark eran tres pastelitos verdes, más o menos de la misma edad que Luna intentaba salvar lo que quedaba de su mercancía, manzanas y un liquido dorado que parecía ser jugo de manzana se había derramado por todo el lugar. La carreta estaba volteada, y salvo por unas cuantas manzanas y barriles que se salvaron milagrosamente, todos los barriles estaban rotos.
- ¡Señora! ¡No ande dejando suelto a su perro así, mire lo que hizo! – protestó la joven.
- ¿Qué? ¡Jovencita, mi pequeño Richard no tiene la culpa! – replicó la unicornio gorda. - ¡El culpable es ese perro callejero que me lo asustó! –
- ¡Es igual! ¡Entre los dos me asustaron y me hicieron tirar la carreta con todas mi mercancía! –
- Oh, y supongo que querrás que te pague, ¿no? – dijo la unicornio gorda con un tono de altivez.
Oyendo la conversación y viendo el desorden, Luna no tardó en deducir lo que había ocurrido. Al parecer el perro de la señora se entró en pelea con un perro callejero de por ahí, y en el alboroto que hicieron asustaron a la poni, haciéndole que volteara la carreta y esta perdiera toda su preciada carga, y como era de esperarse ahora intentaba que le pagaran los daños.
- ¡Ah, pero qué insolencia! Escúchame bien, jovencita, no esperes que te pague por algo que no fue MI culpa. Y ahora si me disculpas, tengo asuntos más importantes que atender, con tu permiso. – La unicornio se dio la vuelta y ante la mirada atónita de todos los presentes se marchó, mientras caminaba iba contoneándose como si quisiera hacerle burla a la muchacha.
- ¡Oiga, espere! – gritó la joven, pero fue en vano, esa gorda poni pomposa y malhumorada se había ido ya. La pobre poni cayó de rodillas, viendo toda su mercancía destrozada, y se le notaba al borde de las lágrimas. Suspiro - ¿y ahora qué voy a hacer? –
En aquel momento, Luna no pudo quedarse mirando más. Esa unicornio se había portado de una manera muy descarada con la joven, y eso era inaceptable, por si fuera poco, todos los que estaban ahí, o estaban demasiado estupefactos por lo que acababa de ocurrir, o eran demasiado egoístas, ya que no veía que ninguno moviera un dedo para ayudarla. Quería decirle una o dos cosas a esa yegua, pero como ya se había ido, lo único que quedaba era ver si podía ayudar a la muchacha, así que se le acercó.
- Disculpa… ¿necesitas ayuda con eso? – le preguntó mientras se hincaba para ayudarle a levantar su carreta.
- No, todo está bien, yo puedo sola. – dijo la joven esbozando una sonrisa.
- Esa señora se portó muy mal contigo, debería haberte pagado los daños. – dijo Luna
- Sí, pero qué le vamos a hacer, ya viste que se rehusó. – respondió ella, exhalando un suspiro. – Contaba con las ventas de hoy para pagar nuestras deudas -
- Hmm… - Escuchar eso movió algo dentro de Luna, ya que lo siguiente que preguntó fue. - ¿Cuánto? -
- ¿Eh? -
- ¿Más o menos a cuanto asciende todo lo que perdiste? -
- ¿Acaso me estás diciendo que me la vas a pagar? – dijo ella. – Eres muy amable, pero nadie tendría tanto dinero. -
- Nunca se sabe. – Luna sonrió, no parecía estar dispuesta a que declinaran su oferta.
- Hmm… bueno, más o menos unos 1000 o 1500 bits, pero insisto, nadie… ¿qué es eso? – preguntó la joven poni, mientras Luna le pasaba una pequeña bolsa. Al no recibir más respuesta que un gesto indicándole que la aceptara, la poni terrestre finalmente cedió, y se quedó pasmada al abrirla para ver el contenido. – Pero… esto es… -
- Adentro hay 2000, puedes quedarte con lo que sobre. – dijo Luna sonriéndole.
- Pero, esto es demasiado. No… no puedo aceptarlo. -
- Lo necesitas más que yo. – insistió Luna.
- Pero no tengo como pagártelo. -
- Te diré algo, ¿por qué no me llenas dos botellas de jugo de manzana y me das algunas manzanas de las que te quedaron? Estoy emprendiendo un viaje, y creo que me vendrán bien para el camino. Así, estamos en paz. -
Después de pensárselo un buen rato, la poni de crin dorado pálido se puso de pie, y le pasó dos botellas de jugo de manzana así como algunas manzanas a Luna. Le agradeció amablemente lo que hizo por ella, prometiéndole que algún día le devolvería el favor, pero Luna le dijo que no era necesario, y acto seguido se marchó.
- De acuerdo, veamos a dónde ir ahora. – Luna levito el mapa cerca de su rostro para orientarse. – Veamos… Ponyville no está muy lejos de aquí. Creo que será un buen lugar para comenzar. Bueno, en marcha –
Tomo rumbo a la estación del tren, compro su boleto y se dirigió a Ponyville. Había pasado tiempo desde la última vez que visito la aldea donde vivían las portadoras de los elementos, la última vez que lo hizo fue en la pasada Nightmare Night, pero ahora esperaba pasar desapercibida y que nadie la reconociera.
-o-
Unas horas más tarde llegaron a su destino. Luna pensó en descansar ahí, hacer algo de turismo y conocer mejor el lugar, la última vez que estuvo en Ponyville fue durante la pasada Nightmare Night, en realidad no conocía muy bien el pueblo ni a todos sus habitantes.
Aspirando profundamente, bajo del tren e ingresó a la villa esperando no causar un alboroto a su llegada, por suerte no paso nada. Se detuvo unos segundos para anotar los itinerarios de los próximos trenes antes de proseguir.
Fue entonces que noto a cierta poni terrestre de piel y esponjosa crin rosada que se acercaba a todos lo ponis recién llegados entregándoles pastelillos gratis dándoles la bienvenida al pueblo. Luna intento pasar desapercibida, para su mala suerte y sin saber como lo hizo, la poni apareció frente a ella.
- Hola bienvenida a Ponyville. Soy Pinkie Pie- dijo alegremente- Toma un pastelillo, visítanos en Sugar Cube Corner, el lugar más dulce y divertido en todo Ponyville-
- Gracias- dijo luna con un nudo en la garganta esperado que la portadora del elemento de la risa no la reconociera.
- No eres de por aquí cierto. Nunca te había visto ¿Es tu primera vez en Ponyville?-
- Este… si… es mi primera vez aquí-
- ¿Cual es tu nombre?-
Ahora si Luna se sintió en problemas, en el plan de Cadance no se les había ocurrido pensar en un nombre falso, ya que no pensaba entablar amistades en su viaje. Noto como la poni la miraba con insistencia esperando respuesta.
- ¿Mi… mi nombre?... pues… me… me llamo…L- Light… si eso es Moonlight - dijo finalmente, no tenía ni la menor idea de cómo se le ocurrió ese nombre, incluso creyó que sonaba muy ridículo pero ya no podía dar marcha atrás.
- Es un gusto conocerte Moonlight, espero que podamos ser amigas- exclamo Pinkie muy animada alejándose rápidamente dando pequeños brincos interceptando a un poni que también acababa de llegar- Hola soy Pinkie Pie…-
Luna respiro con tranquilidad cuando Pinkie se alejo, al menos ya había pasado su primera prueba, no sabía que había querido decir con eso de una fiesta pero no le tomo importancia. Levito el pastelillo frente a ella, como se había terminado las manzanas durante el viaje en tren decidió darle una mordida. En verdad estaban buenos, quizás compraría algunos más tarde.
Se dirigió a la posada para pedir una habitación. Ya en su habitación, se quito el chaleco estirando sus alas, se dejo caer sobre la cama, sacó su mapa y el itinerario de los trenes, se puso a pensar a dónde podría ir después.
- Hmm… el próximo tren sale en dos días a Manehattan - pensó- Tal parece me quedare un tiempo por aquí. En ese caso será mejor conocer un poco – Luna se coloco una vez más su chaleco y salió de la posada.
Luna decidió pasear por el pueblo, noto que había cambiado muy poco desde la última vez que estuvo aquí, estaba tan distraída admirando su alrededor que no noto a la poni naranja de crin rubia frente a ella, ambas ponis chocaron de frente, cayendo de espaldas, el sombrero de la poni rubia cayó sobre Luna cubriéndole el rostro.
- Lo siento fue mi culpa- se disculpo la poni terrestre- ¿Estas bien?-
- No, fue mía, no me fije por donde iba- respondió Luna ayudándola a levantarse, se quito el sombrero, finalmente noto de quien se trataba, rápidamente intento ocultar su rostro con su cabello- Aquí tienes- dijo intentando evitar contacto visual, mientras le entregaba su sombrero.
- Gracias dulzura, cielos, perdóname tenía algo de prisa y no me fije por donde iba- Se disculpo la poni granjera- Soy Applejack- dijo estirando su pata.
- Soy… Moonlight- respondió con timidez, estrechando su casco con el de la poni terrestre.
- Un gusto en conocerte. ¿No eres de por aquí? ¿Cierto?-
- Yo… llegue esta mañana-
- Espero disfrutes de tu estadía en Ponyville -
- Gracias, es un hermoso lugar-
- Si necesitas un guía o probar las mejores manzanas de toda Ecuestria, en Sweet Apple Acres serás siempre bienvenida-
Se escucho un zumbido que cada vez se hacía más fuerte, ambas ponis giraron su cabeza logrando ver una franja multicolor dirigirse hacia ellas. La franja multicolor choco contra Luna enviándolas rodando unos metros hasta que se detuvieron.
- Ups. Lo siento- dijo una pegaso de color celeste y crin multicolor
- Deberías tener más cuidado Rainbow Dash, pudiste lastimar a alguien- dijo Applejack- ¿Ambas están bien?
Luna reconoció al instante a aquella pegaso.
- ¿Qué fue eso?- pregunto la poni vaquera
- Estaba practicando una nueva maniobra para los Wonderbolts, pero se salió de control-
- No deberías mejor encargarte del clima o algo así- exclamo Luna
- Eso es fácil, Rainbow Dash, nunca defrauda a Ponyville- dijo la pegaso con aires de grandeza- Perdón ¿y tú eres?-
- Moonlight- respondió sin miedo- soy nueva en el pueblo-
- Un gusto conocerte pero ya debo irme, debo seguir practicando-
- Te recomendaría hacerlo lejos del pueblo- dijo Applejack
- Si, si… lo hare- exclamo la pegaso alejándose volando a gran velocidad.
- Yo también debo irme, un gusto y un placer dulzura-
Applejack se alejo trotando, espero algunos segundos, ahora si estaba segura de que su disfraz funcionaba, si el elemento de la honestidad y la lealtad no la había reconocido quizás tenia oportunidad de pasar desapercibida por mucho más tiempo.
Continuo su recorrido hasta que llego a un extraño establecimiento en las orillas del pueblo, sintiendo curiosidad se decidió a entrar. Intento no llamar la atención al menos hasta descubrir que era aquel lugar pero el sonido de una campanilla advirtió su llegada.
- Ya voy- dijo un melodiosa voz al fondo de la tienda- Bienvenida a Boutique Carrusel, donde cada prenda es linda, única y magnifica- dijo aquella voz proveniente de una poni unicornio de piel blanca y crin risada color purpura- Soy Rarity, ¿En qué puedo ayudarte?
- Disculpa, solo pase a ver, no sabía que era una boutique-
- No te preocupes querida, puedes mirar todo lo que quieras, si necesitas algo solo dímelo-dijo muy amablemente Rarity- Pero que hermoso-
- ¿Disculpa?-pregunto confundida Luna
- Tu chaleco es simplemente divino- dijo la unicornio caminando alrededor de la princesa admirando su única prenda por todos los ángulos. Se llevo una pesuña a la barbilla y en un segundo sus ojos se iluminaron como si hubiese tenido una gran idea-
- I..de..a..- dijo melódicamente, haciendo que unos lentes, una libreta y un lápiz flotaran hasta ella- Esto será fantástico, no me había sentido a si de inspirada en mucho tiempo- hizo levitar la libreta hasta Luna mostrándole el dibujo de una unicornio usando un chaleco muy parecido al de la princesa con algunas gemas incrustadas en un costado, además de un gorro que complementaba el conjunto- Dime qué opinas-
- Es hermoso- respondió Luna - Me alegra haber sido de utilidad-
- Como agradecimiento serás la primera en tener una de mis nuevas creaciones totalmente gratis- dijo la unicornio levitando algunas telas, una máquina de coser, tijeras, aguja e hilo.
- No es necesario-
- Pero insisto, no puedo quedarme con todo el crédito- respondió sin perder la concentración en su trabajo
- Eres muy generosa Rarity, en verdad gracias-
- Por nada querida… este…-
- Moonlight- contesto la princesa
Unos minutos más tarde Rarity había terminado el primer chaleco con caperuza, era de color azul turquesa con adornos dorados, había tres gemas incrustadas en un costado haciéndolo lucir muy hermoso y elegante, como lo había prometido se lo regalo a Moonlight (Luna). La unicornio le pidió que se lo probara pero Luna insistió que lo haría después ya que tenía algo de prisa, la verdad era que temía que descubriera sus alas y todo su plan de pasar desapercibida se fuera al caño. Finalmente Luna logro convencerla, guardo el chaleco en una de sus alforjas doblándolo cuidadosamente.
-Te agradezco el atuendo, te prometo que lo cuidare-
- Se que lo harás querida, vuelve cuando quieras- le dijo la unicornio antes de que la princesa cruzara la puerta.
Al salir la alicornio agradeció al cielo que su disfraz no hubiera sido descubierto. Continuo su recorrido por Ponyville, sintió algo de hambre, apenas avanzo unos pasos cuando su andar fue detenido por un pequeño conejo blanco que la miraba con curiosidad, el roedor se le acerco olfateándola.
- No Angel, no se olfatea a otros ponis sin su permiso- dijo una suave voz detrás del conejo- Discúlpelo, a veces es un poco curioso-
- No hay ningún problema- dijo Luna dando un pequeño paso hacia atrás, intentando alejarse del roedor- ¿Por qué se me queda viendo?-
- No lo sé, nunca había hecho eso- el conejito miraba fijamente a Luna con una patita bajo su mentón- No sé que le ocurre, pero tal parece que le agradas. Lo siento no me he presentado, soy Fluttershy- dijo amablemente la pegaso
- Moonlight, es un placer Fluttershy- en ese momento el estomago de Luna rugio sin aviso alguno, el rostro de la princesa se torno de un rojo intense sintiéndose muy apenada.
Fluttershy rio un poco - Lo siento no fue mi intensión- se disculpo la tímida pegaso- Toma no es mucho pero te ayudara- Fluttershy saco una manzana de su alforja y se la entrego a la unicornio.
- Eres muy amable, déjame pagártela- dijo Luna sacando tres bits de su bolsa- Tómalos-
- No, no, en verdad no es necesario- respondió la pegaso rechazando las monedas- Espero no te moleste pero tengo algo de prisa. Vamos Angel, tenemos que irnos aun hay muchas cosas que comprar- dijo la pegaso con una lista en su pesuña llamando la atención de su mascota.
El conejo salto sobre el lomo de su dueña pero sin dejar de ver a Luna, mientras se alejaban el conejo se encogió de hombros dándose por vencido al intentar recordar quién era esa unicornio.
Luna espero que la pegaso se distrajera para colocar las tres monedas en su alforja sin que lo notara, suspiro aliviada y continuo su recorrido mientras mordisqueaba la manzana. Su estomago rugio de hambre una vez más, rápidamente se acerco a una pareja de ponis terrestre pidiendo indicaciones para un sitio donde comer. Los ponis le señalaron más adelante un sitio donde comer.
Después de disfrutar un delicioso sándwich de margaritas, se dispuso a continuar. Fue entonces que pudo ver en el parque a unos cuantos potrillos jugando, entre ellos se encontraba Pipsqueak, Luna hubiera quería acercársele y hablar con él pero no podía dejar que el pequeño descubriera quien era. Decidió sentarse en una banca del parque y observarlos un poco más.
Mientras estaba ahí sus ojos se posaron sobre la enorme estatua de su hermana Celestia en toda su majestuosidad, pero no importaba hermosa que resultara ser una estatua, jamás podría acercarse a la verdadera belleza de Celestia. Luna noto una gran cantidad de ofrendas, desde ramos hasta hermosas coronas de flores, acomodadas a los pies de la estatua.
La princesa de la noche se acerco al monumento, lo admiro por algunos segundos sin poder contener una pequeña lagrima que se escapo de sus ojos, bajo la cabeza intentando no ponerse a llorar, había pasado tiempo, pensó que lo había superado pero el dolor de perder a quien fue su mejor amiga aun le afectaba.
- ¿Estas bien?- pregunto alguien a sus espaldas
Luna giro la cabeza encontrándose cara a cara con una unicornio de color lavanda y crin violeta a excepción de un mechón de color rosa en su cabello y cola.
- Si estoy bien- dijo limpiándose la pocas lagrimas que alcanzaron a salir de sus cristalinos ojos- Solo que aun no puedo creer que se haya ido
- Todos la extrañamos- continuo la unicornio- pero tengo la certeza de que ella aun nos cuida desde el cielo-
- En eso tienes razón, Gracias-
- No es nada, disculpa donde están mis modales, Soy Twilight Sparkle, pero puedes decirme Twilight-
- Moonlight, encantada en conocerte Twilight- mintió Luna
- Me eres familiar, ya nos habíamos visto antes-
- Eh… este… no lo creo…- contesto nerviosa- Llegue apenas hoy a Ponyville, no conozco a nadie-
- Es extraño tengo el presentimiento de que ya te había visto-
- Debes estarme confundiendo con alguien más-
- Es probable, quizás…- pensó Twilight con una pesuña en el mentón- Ya lo tengo… Dime ¿Fuiste alumna de la escuela para unicornios especiales de la princesa Celestia?-
- Yo… conocí a la princesa Celestia si a eso te refieres- respondió Luna intentando no sonar muy obvia- Puede ser que nos hayamos visto en alguna vez en Canterlot-
- Probablemente, aun así es un gusto conocerte Moonlight, si necesitas cualquier cosa vivo en la biblioteca del pueblo, es aquel gran árbol de allá- dijo señalando con su pesuña el gran árbol en el centro del pueblo.
Luna agradeció la invitación y el ofrecimiento de ayuda. Después de unos minutos más de conversación, el sol comenzó a ocultarse en el horizonte, Moonlight (ósea Luna) se despidió de la unicornio decidiendo volver a la posada a descansar.
Ya en su habitación Luna se despojo de su chaleco dejándose caer sobre la cama, había sido un día muy extraño, al menos para ella, decidió tomar un baño caliente y librarse de todas esas preocupaciones.
Ya recostada en su cama no tuvo tiempo de hacer algo más puesto que el sueño le fue ganando poco a poco hasta quedarse completamente dormida.
-o-
Luego de pasar algunos días en Ponyville, y de hacer todo el turismo posible, Luna decidió proseguir su viaje, había hecho muchas amistades en la villa además de las guardianas de los elementos de la armonía, se sintió un poco mal por tener que mentirles de esa forma a todos pero era mejor si quería que nadie más se enterara de su viaje.
Subió la tren y se dirigió a Manehattan ahí paso algunos días y después continuo hacia su siguiente destino. Sin mayores contratiempos, fue yendo de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, deteniéndose un par de días para abastecerse y conocer los lugares. Si bien no daba pie a relacionarse demasiado con los ponis de esos lugares e intentaba mantenerse al margen, no quería que pasara lo mismo que ocurrió en Ponyville, al menos estaba lo bastante cerca de sus súbditos como para comprender mejor de primera mano sus necesidades. Eso sin duda le sería de gran ayuda cuando regresara, después de todo este era el objetivo de su viaje.
Continuara…
Pregunta:
¿Les gustaría que Onyx repitiera como la pareja de Luna en este fic o alguien diferente?
