Capítulo II: A merced del enemigo

Garen se sentía profundamente turbado, incluso aturdido. Aquel había sido un día realmente fatigoso y abrumador, y en vez de estar yaciendo en su mullido catre y preparándose para un nuevo día estaba conversando con la belleza pelirroja que era a la vez su archienemiga y rival. Estaba confuso. El hecho de que hubiera acudido allí, se hubiera despojado voluntariamente de sus filos e incluso que intentara seducirlo, era una prueba más que fehaciente de que se trataba de una cuestión de legítima y veraz envergadura. Sin embargo, no era esto lo que lo atribulaba, ya que el problema no le concernía lo suficiente como para que le supusiera un gran contratiempo, con o sin su ayuda Demacia se opondría a Noxus.

Lo que realmente le preocupaba era que hacer con ella, porque irrumpir en los aposentos reales en mitad de la noche, entre las tinieblas, no era una alternativa factible, ya que la guardia real los apresaría en menos que se tardaba en desenvainar una hoja. Debían esperar a que el astro rey se alzara por el este para solicitar una audiencia privada, una mera formalidad, ya que él y el príncipe habían sido compañeros de aventuras y amigos desde su más tierna infancia. Pero… ¿qué hacía con Katarina? Tendría que disfrazarla para posibilitar que lo acompañara hasta Jarvan. ¿Y qué harían hasta entonces? Apenas les había llevado un par de horas discutir todo el asunto, e incluso el disfraz, pues habían acordado que con las ropas de su hermana y su bufanda sería artificio suficiente, a Katarina la idea de vestir el atuendo de Lux la horrorizaba, mas estaba completamente decidida a llegar hasta el próximo monarca de Demacia.

Aunque no le inspiraba ninguna confianza acabó por sugerir que durmieran juntos hasta que los despertara el primer rayo de sol ya que a fin de cuentas, era más que previsible que se avecinaba una jornada complicada y dura para ambos. Con la precaución de dejar las armas lejos se introdujeron ambos en la cama, armados únicamente con los trapos para ocultar las partes más pudendas de todas. Sorprendentemente para ambos consiguieron conciliar el sueño sin mayor accidente, si no contamos las numerosas veces que despertaron para comprobar que el otro permanecía profundamente dormido…u observarlo. Se trataba de una situación peculiar pues, aunque eran enemigos a muerte, allí, lejos del campo de batalla y desprovistos de cualquier pertrecho, eran sólo un hombre y una mujer, y ninguno había visto al otro de aquella forma, tan indefensa y a la vez tan humana, en aquel lecho no luchaba el Poder de Demacia, ni asesinaba la Hoja Siniestra de Noxus, sólo yacían Garen y Katarina.

Cuando Garen despertó nuevamente supo al instante que algo iba mal, conmocionado abrió los ojos y trató de averiguar que ocurría, pues temía que su vieja némesis hubiera logrado engañarlo pese a su precaución. No obstante, no tardó en percibir que su intuición era errada, no era dolor ni veneno lo que sentía.

No deberías hacer eso. — Afirmó Garen, su voz parecía severa y adusta, pero Katarina sabía que se trataba de una argucia, percibía con claridad la duda, la sorpresa, y la indecisión del comandante.

Los demacianos sois harto aburridos. ¡Anímate! — Dijo juguetona, como si de una felina se tratara. — Sólo vas a tener esta oportunidad, como agradecimiento por todo lo que vas a hacer por mí. —

Garen gruñó. No apreciaba en absoluto aquella "oportunidad" que le brindaba, o eso quería pensar, pues suponía una traición a los ideales y a la tierra que defendía, por pequeña que fuera. Intentó zafarse de ella pero fue en vano, se puede resistir a la miel cuando aún está en los labios, pero una vez saboreada, no hay evasión posible. Tendría que ocultar aquel pequeño desliz en el informe que tendría que redactar a sus superiores…

Una vez recuperaron el aliento y el luminoso astro se predispuso partieron de inmediato a palacio con el mayor disimulo posible. A Lux tendría que comprarle una nueva camiseta, ya que aquella quedaría deformada de forma irreversible, pero por suerte los guardias no sospecharon nada, después de todo se trataba del afamado Garen Crownguard, era poco probable que osaran impedirle el paso por sospechosa que fuera su acompañante, aunque no estaba de más evitar que sospecharan en primer lugar. El palacio seguía tan brillante, impoluto e imponente como siempre, y era una de las mayores fuentes de orgullo de toda la ciudad, el icono de la grandeza, el poderío y la virtud de Demacia. Para la pelirroja, no era más que un monumento a la pedantería de aquel pueblo.

Una vez llegaron a los aposentos de Jarvan IV, para sorpresa mutua, se encontraron a Shyvana con el príncipe, a la cual un mero embozo como el que portaba Katarina no era subterfugio suficiente. Con súbita ira se lanzó al ataque, dispuesta a acabar con la vida de la que ella consideraba una espía y asesina noxiana, lo cual no era del todo desacertado.

¡No! ¡Viene conmigo! — Rugió Garen mientras defendía a la mujer de cabellos carmesíes de la furia del dragón, pues aunque sus dagas ya le habían sido devueltas no había sido capaz de reaccionar con la suficiente rapidez debido a la estupefacción.

¡EXPLÍCATE!- Bramó la mestiza, iracunda ante la idea de que alguien pudiera intentar herir a su príncipe.

Jarvan por suerte era de un temperamento mucho más frío, e instó a su amiga a que se calmara, dejando que Katarina explicara todo lo acontecido hasta ahora, como la tiranía de Swain se había recrudecido, sus planes para atacar Demacia, y lo más importante, como había retomado la investigación que antaño habían indagado juntos y como había encontrado nuevas pistas sobre el paradero de su padre nada menos que en Jonia.

El señor Du Couteau, como Jarvan bien sabía, simbolizaba la oportunidad perfecta de asestar un duro golpe a la estabilidad y fuerza noxianas y Katarina había demostrado con anterioridad ser un aliado útil, siempre que hubiera cierta conveniencia claro. Por lo que sopesó la alianza que proponía y finalmente aceptó, pese a la reticencia de la propia Shyvana, la cual desconfiaba profundamente de sus intenciones.

El sucesor a la corona hizo retirar a todos tras aceptar y se dispuso a informar personalmente al rey, aquella tarea requeriría de numerosos preparativos y sabiamente aconsejó al peculiar trío que ocuparan el día en pertrecharse para un largo y peligroso viaje.