15/02/2010
¡Buenas!! Antes que todo, aunque sea atrasado, Feliz Año 2010 (espero que éste sea un buen año para todos), Feliz San Valentín, y todas las fiestas pasadas ^^
Cuantísimo tiempo llevo sin publicar, lo sé, soy un poco dejada, y la publicación ni si quiera es de mi historia casi terminada, "Detrás de…" y muchos se pensarán que la abandoné. Lo cierto es que tengo los capítulos por ahí, pero están sin revisar y les falta cosillas. Me he tirado un año sabático, concentrada en otras cosas como la Uni, pero en cuanto termine los exámenes de este cuatrimestre me pongo con el fin de la historia, aunque me de pena terminarla U.U. El proximo capi espero subirlo antes de que termine este mes.
En cuanto a porqué publico ahora la continuación de Escobas Rotas, cuando el primer capi fue hace ya mucho, es porque entre descanso y descanso de tanto estudio, investigando por el ordenador descubrí que tenía escritos dos o tres capitulillos de la historia sin publicar. Y me ha dado la picá de subirlos xD, aunque tuve unos cuantos problemillas porque la pagina no me dejaba subir el documento. Y yo pensando, ¿será por que hace mucho tiempo y esto se me ha caducado? :P
Por cierto que no los subiría si no tuviera la intención de terminar Escobas Rotas. Esos son mis proyectos para este año después de los exámenes , terminar mis dos historias inconclusas. Dejando esto a parte, os dejo con el capítulo. Como el anterior se sitúa a mediados de la historia ya, y este de aquí abajo es el principio, tampoco pasa nada si no os acordáis muy bien del anterior.
Todo lo relacionado con el Quidditch proviene de Quidditch a través de los Tiempos. Los personajes y lugares que reconozcan pertenecen a J.K.
.
.
10 de Septiembre de 1977
Algún día te pisarás la lengua
Quidditch: el noble deporte de los magos (Quintius Umfraville)
.
- Míralos, tan pegajosos que parecen babosas.
Una pelirroja interrumpió el camino del tenedor lleno de carne hacia su boca y miró en la dirección que señalaba su amiga. Una chica sonreía dulcemente a su novio mientras se llevaba sensualmente un vaso de jugo de calabaza a los labios.
- Winters sonríe más falsamente que un galeón de peltre.
Lily Evans continuó con su comida sin prestar atención a la escena, que por otra parte solía repetirse de lo más a menudo desde que entraron hacía diez días a su séptimo año a Hogwarts, el colegio de Magia y Hechicería situado invisiblemente allá por Escocia donde brujas y magos de toda Inglaterra aprendían conocimientos de magia.
- ¿Alguna vez la has visto sonreír de otra manera?
- Buen punto.
Lily era una muchacha algo baja en comparación con su amiga Gwen Brand que le llevaba casi una cabeza de más; tenía la piel blanca, pecosa y una larga melena roja características del pueblo irlandés.
Gwen por el contrario, era de pelo rubio casi blanco con unos ojos grandes intensamente violetas y una bonita sonrisa llena de vitalidad.
Ese día en Hogwarts había amanecido con la normalidad de los otros diez del curso, con Gwen despierta y empapada por el aguamenti de Lily, con ambas corriendo por los pasillos para no llegar tarde al desayuno; con los merodeadores haciendo su broma matinal dedicada a los slytherin… Esos pequeños detalles del día a día en los cuales nadie repara y que siempre están presentes.
- Mejor nos vamos ya, sabes como se pone la profesora McGonnagall cuando llegamos tarde.
Lily era de esas personas que hablaban correctamente desde las primeras palabras. Era educada por vocación y eso gustaba al resto de las personas.
La rubia cogió una tostada con mermelada mientras agarraba su mochila con la mano libre. Eso también era costumbre por las mañanas. Pero la novedad no se hizo esperar.
- ¿QUE TU QUÉ?
El grito agudo resonó por todo el Gran Comedor e hizo eco hasta en el hueco entre mesa de los profesores y la puerta oculta de detrás. Acto seguido se escuchó algo derramarse, un golpe, otro grito y unos pasos apresurados, todo en cuestión de millonésimas de microsegundo.
Todas las caras se volvieron hacia un único punto: el cabello indomable del capitán del equipo de Quidditch de Gryffindor James Potter chorreando jugo de calabaza.
- No esperaba que se lo tomara así –murmuró. Se escurrió los morenos mechones y se limpió con la manga las gafas salpicadas. A su lado, Peter Pettegrew le ayudaba con una servilleta.
- Con la excusa que le diste creo que es un milagro que no estemos cavando hoyos como los escarbatos –se burló Sirius Black, con un brillo risueño en sus ojos azules. Era un chico alto, moreno y más musculoso que su amigo a pesar de que no practicaba ningún deporte.
- Para enterrarte, no creas que sería para buscar oro –matizó Remus Lupin, su sonrisa dulce transformada en una de pilluelo.
- Ja, ja, que gracia me hacéis –ironizó James- ¿Y vosotros que miráis?
El Gran Comedor entero bajó la cabeza y abundó el cuchicheo por todas partes.
- ¿Porqué se habrá enfadado Winters?
- ¿Habrán cortado?
- ¿Con qué habrá metido la pata ahora Potter? –murmuró sabiamente una Ravenclaw.
- Típico de un Gryffindor armar escenas delante del colegio –farfulló Regulus Black.
Los de Slytherin aprovechaban para andar echando pestes de uno de los integrantes del grupo acérrimo.
- En sus cerebros de guisante no entra la palabra discreción –convino un compañero.
- Seguro que Mónica está embarazada y James no quiere hacerse cargo del niño… - una feminista de sexto curso de Hufflepuff saltó en la defensa de su colega de género –Le diré a la pobre que existen Institutos para Adolescentes futuras premamá…
Los chicos suspiraron al mismo tiempo y se levantaron de sus asientos para dirigirse a la clase de Transformaciones.
James Potter, Sirius Black, Remus Lupin y Peter Pettegrew eran los cuatro chicos que más daban que hablar en Hogwarts. Cada uno interesante a su manera, con un atractivo y encanto propio que no tenía que envidiar al de los otros (Peter igual un poco sí), atraían a las chicas y a los problemas por igual.
Claro que había de los que no opinaban igual.
- Ya podían meterse todos en el camino de un nundu –murmuró Lily, a pesar de que ella era de natural tranquilo y nunca deseaba el mal a nadie (y menos su aniquilación por el virulento aliento del nundu).
- Creo que si son atravesados por el cuerno del erupment les dolerá más –ironizó Gwen ante las palabras exageradas de su amiga. Lily entró en el aula algo pensativa.
Ambas habían visto todo el espectáculo, incluida la salida de Mónica Winters con la cabeza en alto y los cascabeles de su pulsera resonando al compás de sus pasos. Al verlas Monica les había mandado una mirada que hasta un basilisco envidiaría.
- Sólo era broma –dijo la rubia cogiendo asiento, mientras Lily aún no eliminaba la opción de los Merodeadores estallando por el fluido del cuerno como vía probable para su extinción.
…
- ¿Porqué crees que habrán cortado?
La Sala Común de Gryffindor estaba inexplicablemente vacía, salvo por ellas, los merodeadores, dos niños de primero y Aubrey Bell, una compañera de habitación, que charlaba con su novio, echados en el sofá.
Gwen apartó los ojos de Quidditch a través de todos los tiempos y los posó sobre su pelirroja amiga.
- Pregúntaselo –propuso, a sabiendas que por muy grande que fuera la curiosidad de Lily no se rebajaría a juntarse con unos chicos de los que no tenía ni una buena sola palabra (ella que era todo buenas palabras). Si había algo en lo que Lily fallaba era en su curiosidad.
- No les digo ni la fecha en que murió Uric el Excéntrico, menos le pregunto algo así –aunque por dentro se moría por hacerlo.
- Pues entonces no te quejes.
Lily dirigió sus ojos verdes esmeralda hacia ella.
- ¿Qué puede tener de interesante ese libro si te lo has leído mil veces multiplicado por infinito?
Gwen situaba el quidditch en lo más importante de su vida, en lo más alto de todo, por encima de su propia altura y eso ya era decir (Lily comentaba a menudo que como creciera más, andaría dándose cabezazos con las estrellas).
Llevaba la pasión por el deporte en las sangre, sin duda legado que le llegaba por cada punta de la familia: su padre Rudolf Brand y su madre Gwendolyn Morgan habían sido guardianes de los Harriers y las Harpies respectivamente.
- Me gustaría saber que hizo mal Potter esta vez –murmuró Lily, volviendo al asunto anterior.
Sacó de su mochila un volumen de mil cinco páginas, tinta, pluma y pergamino y siguió quejándose mientras continuaba con el trabajo de Encantamientos sobre las 500 formas más seguras de asegurar el secreto de la magia a un muggle curioso.
Llevaba exactamente un pergamino y dos centímetros y medio más de los que les había pedido el diminuto profesor Flitwich cuando el retrato de la Dama Gorda se abrió.
- ¡JAMES POTTER!
Y por lo que parecía la persona que entró no tenía muchas intenciones de dejarlas estudiar a su gusto. Monica Winters se dirigió con glamour hacia los Merodeadores, sentados como siempre en los sillones más confortables.
- ¿Sí? –James no se alteró. A pesar de ser revoltoso, juguetón e hiperactivo tenía también una gran paciencia cuando quería hacer uso de ella.
Se revolvió el pelo y le sonrió dulcemente a su ex- novia.
- A mí nadie me deja con excusas como ésa –Mónica se cruzó de brazos –A decir verdad, a mí nadie me deja –se sentó en su regazo – Tú todavía me quieres, ¿a que sí?
- Déjame pensarlo… no. No de ese modo. Lo siento.
James también solía ser sincero y directo al grano. Mónica bajó la cabeza. Luego se levantó, impertérrita y con la elegancia aún sobre los hombros.
Era de las más guapas del curso, con su largo cabello rizado, de un marrón chocolate que a muchos le entraba la adicción de tocarlo y estirar los rizos. Pero lo que más destacaba de su figura eran unos ojos que de tan azules cegaban al que se los quedara mirando mucho tiempo. A los chicos les encantaba la rara combinación de ojos azules con su cabello y su piel morena.
- Pues te dejo yo, Potter. A rey muerto, rey puesto. Otra persona sabrá valorarme mejor. – subió hacia las escaleras del dormitorio de las chicas de séptimo.
- Déjala, seguro que cuando despotrique un poco sobre ti con sus amigas, se le pasará todo el berrinche.
- ¿Lo dices por experiencia?
Sirius no era de los típicos mujeriegos que iban de flor en flor cada hora del día sin repetir nunca ninguna, pero era cierto que las novias solían durarle poco. Según él, por algún lado debía de estar su alma gemela, su compinche y complementario perfecto en versión femenina (en versión masculina todos esos calificativos se adjudicaban a James).
- Por instinto si lo quieres llamar así, Lunático.
Remus Lupin alias Lunático negó con la cabeza mientras sonreía. Sirius no tenía remedio.
- Creía que las del instinto eran las chicas, Canuto–murmuró algo confundido el más bajo y regordete del grupo, Peter Pettegrew.
Sirius Black era el que respondía ante el sobrenombre de Canuto. Cada uno de ellos tenía el propio; James era Cornamenta y Peter, Colagusano, pero la historia de su causa es bien larga y su explicación no adecuada en este momento.
- No, sólo que ellas lo tienen más desarrollado –Peter asintió, pensando en la sabiduría de su amigo –Bueno, menos Juliette. A pesar de ser Ravenclaw tiene el instinto atrofiado.
- ¿De nuevo te pidió salir? –Sirius asintió- Llévala a Hogsmeade este sábado –propuso Remus.
- Las empollonas y de ojos saltones no son mi tipo.
- He escuchado que a O´Brien le gusta –dice vacilante Peter.
- Ah, sí, y el pobre muchacho me cae bien. Se la dejaré a él. Yo puedo tener a cualquier chica que quiera, no tengo porqué quitarle la suya aunque la competición siempre es emocionante…
James bostezó, interrumpiendo la verborrea de su amigo.
- ¿Podemos dejar esta conversación de besugos pronto? Me aburro…
Sirius se hizo el ofendido.
- Yo no soy el que parece Binns con uno de sus estúpidos monólogos de tácticas y defensas.
- El único estúpido aquí eres tú.
- Y tus monólogos de Quidditch.
- Con el Quidditch no te metas. Es algo divino y debe ser respetado.
- Amén –se santiguó Sirius.
Remus sonreía para sus adentros. Las discusiones de esos dos eran de los pequeños placeres de su día; le divertían las ofensas inofensivas, las pullas y las burlas que botaban de uno a otro como pelota de ping pong. Toda la alegría y la vitalidad que desprendían sus amigos por cada poro le hacían acercarse un poco más a la felicidad.
Al fijarse en las llamas de la chimenea recordó algo.
- Por cierto Cornamenta, esta noche tienes ronda de Premios Anuales…
James arrugó la nariz con disgusto. A pesar de que no fue elegido prefecto en su quinto curso, ese año lo habían escogido Premio Anual (solo Merlín sabía bajo cuantos grados de alcohol en la sangre) junto con Lily Evans.
Nunca se habían tolerado mucho así que decidieron mutuamente seguir en sus habitaciones de siempre en lugar de irse a las especiales destinadas a los premios anuales. James había preferido quedarse con sus amigos en un intento de borrarse de la cabeza todo lo que conllevaba el cargo: normas, responsabilidades, noches sin dormir…
- No hace falta recordárselo. No tiene tantas cosas en la cabeza para que se le olvide. Creo que si fuera capaz de meterme en su mente solo vería archivadores, todo perfectamente ordenado.
Remus asintió sin mucho entusiasmo, se había puesto a jugar al ajedrez con Sirius y estaba concentrado en el juego, pero como si tuviera radar a distancia, la mencionada parecía saber que estaban hablando de ella e intentaba alargar cuanto podía la gacheto- oreja.
- No pude escuchar nada –se decepcionó.
- Lily, no sé si sabes pero está mal escuchar conversaciones ajenas…
- Estaban hablando de mí –se defendió la pelirroja, colocando el punto y final a su trabajo de tres pergaminos y treinta centímetros.
- Claro, si yo te creo –murmuró escéptica Gwen, inmersa en los Vratsa Cultures de Bulgaria –Aquí dice que los Vratsa siempre están dispuestos a dar un nombre a los jugadores noveles, ¿crees que podrían cogerme a mí?
- Por supuesto, solo tienes que esperar cuarenta y nueve años y diez meses para que nos visiten de nuevo –Lily recordó que el equipo visitaba el país cada cincuenta años.
- No, mujer, les mandaría una carta… - Gwen se rascó la barbilla con una pluma desgastada.
- Bueno, ¿podemos dejar esta conversación de besugos por favor? –se impacientó Lily. Odiaba el quidditch y todo lo relacionado con él –Volvamos a lo verdaderamente importante: ¿crees que Potter volverá con Winters? Hay que tener en cuenta el ridículo de esta mañana…
Gwen alzó la ceja. ¿Eso era lo verdaderamente importante? ¿Qué había del temor ante el aumento de poder de Quién- tu- sabes, de las chicas asesinadas en su casa de York, del oso pardo en vías de extinción…?
- ¿Y si yo te dijera que sé el motivo por el que cortaron?
Lily se volvió a ella con los ojos brillantes.
- ¿Lo sabes?
- Puede que sí, puede que no.
Su amiga esquivó la pregunta y volvió al libro. Lily arrugó la nariz, dispuesta a no perder su dignidad.
- Por favor, por favor… te haría los deberes de toda la semana, la cama por las mañanas, y te prestaría la ropa que más te gustara
Falló. Su dignidad se arrastraba por el suelo.
- Interesante… pero no me convence. Lo siento.
- Por favor, dímelo…
Era superior a sus fuerzas. Ese motivo combinaba el ultrapoder de atracción que cualquier rumor ejercía sobre Lily con las ganas de saber los trapos sucios de James Potter para echárselos a la cara.
- No. Es algo de ellos, ni a ti te interesa ni harías nada bueno sabiéndolo –murmuró Gwen, sonriendo internamente, contenta de saber algo que la pelirroja ignoraba, lo que ocurría dos veces partido por infinito (lo que tiende a cero).
- Dímelo, dímelo…
Gwen levantó los ojos de las jugadas más utilizadas y las posó en su amiga.
- Bueno, te daré una oportunidad. Te lo diré el día que te lleves bien con tu hermana.
- Eso es imposible. Me odia –Lily suspiró- . Prueba otra vez.
- Entonces el día en que tengas un hijo con Potter.
Lily se atragantó y empezó a toser. Cuando pudo respirar otra vez puso hizo una mueca.
- Puag…
- Si es por imposibles… el día que me ganes a Quidditch.
- ¡Está bien!
Lily lo había dicho con tanto ímpetu que hasta dos o tres muchachos de segundo curso se habían girado hacia ellas. A Gwen se le fue el color de la cara. Temió no haber escuchado bien.
- ¿Bien qué? –murmuró asustada.
- Has dicho que me lo contarás cuando te gane a Quidditch y yo he aceptado –le resumió Lily, con una sonrisa que le ocupaba toda la cara.
¡Circe Bendita, había escuchado bien! Gwen recordó el aborrecimiento de la pelirroja hacia todos y cada uno de los deportes, su falta de coordinación y reflejos, su mala puntería y su miedo a las escobas y especialmente a las alturas.
Lily no sobreviviría a ese curso. Y ella iba a ser la responsable de su muerte. Gwen deseó que se la tragara la tierra.
- Dime que no lo dices en serio.
- Absolutamente –dijo Lily muy segura de sí.
- Lily, por Merlín, piénsalo. No sabes nada. Ni coger el palo de la escoba. ¿Cómo piensas jugar un partido?
- Ya se me ocurrirá algo. Lo único que tengo que hacer es encontrar un buen profesor.
Gwen llegaría a compadecer a ese profesor en tiempos venideros.
- Piénsatelo muy bien, antes, por favor. No importa. Si me dices que te arrepientes, lo entenderé.
Lily se hizo la ofendida.
- No soy de las que se echan para atrás. No te preocupes.
¿Cómo no preocuparse? Lily era una de las pocas personas que conocía de las que podía decirse que era un peligro para sí misma a la vez que era un peligro para los demás.
- Tú ocúpate de elegir el día en que será nuestro cara a cara.
- Bueno, por consideración a ti, te dejo que elijas la fecha de tu derrota. Dentro de quinientos siglos, si quieres.
Lily la fulminó con la mirada.
- En Halloween.
- Pero si en un mes no sabrás ni agarrar la quaffle.
- La ¿qué?
- ¿Ves lo que te digo?
- Bueno, no te enfades. Está bien. ¿Para Abril? No, estaremos con los EXTASIS. ¿Te parece el día de mi cumpleaños?
Gwen suspiró. Ni modo. Lily estaba decidida.
- No creo que cuatro meses sean suficientes, pero si insistes. Sólo si no me pides como regalo que te deje ganar.
Lily sintió el calor afluir a sus mejillas. Era justo lo que había pensado. Para disimular, cogió la mano de su amiga y la estrechó fuertemente, cerrando el trato.
- Evans, teníamos ronda ahora –James se acercó a ellas. Lily le sonrió y le dijo que esperara mientras subía la mochila a la habitación.
- ¿Se automedica o qué? –preguntó el muchacho a Gwen, extrañado por la sonrisa de la pelirroja.
- Me temo que se pasó con la dosis diaria.
…
- ¡Qué es lo que he hecho!
- Evans, si dejas de darte golpes contra Barrabás el Huesudo quizá podamos seguir con nuestra ronda…
Lily dejó de marcar su cara en la estatua. El deber era el deber, ya se dedicaría a continuar con su auto atentado más tarde, cuando estuviera a solas y no con moscas alrededor.
- Ya voy… - dijo arrastrando los pies y siguiendo a su compañero de casa.
Llevaban ya casi media hora de ronda y los pasillos estaban más vacíos que el cuarto de baño de Myrtle la Llorona en San Valentín, así que dada la inactividad Lily había ocupado ese tiempo en recriminarse su estupidez.
- ¡No puedo creerlo!
- Si no dejas de hablar el que esté por ahí te oirá a distancia y no podremos pillarlo… - le advirtió una vez más James, divertido con la locura transitoria de la pelirroja.
- Si no dejas de ser tan molesto cogeré el insecticida –farfulló entre dientes.
Y es que había cometido la mayor tontería del mundo, después del invento del juego del Quidditch, por supuesto. ¡Pero si para empezar ni sabía escribir correctamente Quiddicht, que hacía ella intentando jugarlo!
Todo estaba en su contra.
Primero, sus manos de mantequilla que no agarrarían la pelota (como quiera que se llamase) ni con pegamento ultrapotente del Profesor Pegatout.
Segundo, su incapacidad para acertar a meter un caramelo en un tonel de treinta metros, aunque ese mismo tonel estuviera a diez centímetros de ella.
Tercero, (quizá lo más importante) lo molesto que tenía que ser estar subida a un palo de escoba que incomodaría hasta en las estrías.
Por último, lo difícil que sería encontrar a un profesor con la paciencia, el tiempo, los conocimientos, y la vocación para enseñarla a ella a jugar a quidditch. ¡Para ganar a Gwen Brand, la mejor de Hogwarts después del mismo Potter!
Un momento.
Lily giró la cabeza a velocidad de quinientos kilómetros por microsegundo para posar la mirada sobre James Potter, que andaba silbando con las manos tras la cabeza.
- Potterrrr….
James se volvió asustado. Entre sonreírle a él, hablar sola por los pasillos, e iniciar intencionadamente una conversación con él (y más con voz de cariño, eres un encanto) dudaba de si correr donde Dumbledore para avisar que habían poseído a Evans, o empezar a hacer el boca a boca a la chica para ver si expulsaba el demonio.
- …¿Dime? –preguntó casi temeroso de lo que querría su compañera.
- Tú que eres tan musculoso, tan deportista, tan amable y considerado con los que tienen problemas…
- Al grano –James empezó a sospechar. A saber lo que le pediría ésa, siempre saltaba con lo que menos se esperaba.
Doblaron hacia la derecha y dejaron atrás el tapiz de unas vacas pastando. Estaban en el tercer piso. Todos los cuadros estaban tranquilos: dormían, roncaban o en su defecto jugaban al solitario.
- ¿A que me enseñarás a jugar al Quidditch?
Si James hubiera estado bebiendo algo, habría escupido todo sobre la pelirroja. Pero a falta de refresco la baño con toda su saliva. Se quedó estático. Lily se limpió la cara asqueada.
- ¿Cómo?
- Enseñar, Potter, dícese de la persona que ayuda a otra a realizar y comprender mejor una actividad…
- No, si eso lo entendí, por algo soy Premio Anual, Evans. Si lo que quería decir es cómo se te ha podido ocurrir semejante tontería.
- ¿Crees que no puedo hacerlo?
Lily lo miró rabiosa. Si antes los motivos no eran suficientes, ahora aprendería a jugar nada más por darle una lección a Potter. Que viera de lo que era capaz Lily Evans a la hora de llevarle la contraria.
- Evans, no sé si recuerdas las clases de vuelo en primer curso…
…Durante las cuales una pelirrojita de once años había acabado colgada bocabajo de un árbol cuando enganchó el palo de la escoba entre dos ramas
- El árbol medía metro y medio –concluyó.
- ¿Y qué? Yo en aquella época era todavía más bajita… - se defendió Lily, roja de la vergüenza –Pero es distinto, eso fue hace seis años.
- ¿Porqué se supone que tendría que hacerlo?
- ¿Por amor al Quidditch? –James negó - ¿Por ayudar a una amiga querida del alma? –James enarcó una ceja - ¿Porque los de Gryffindor siempre se ayudan entre sí?
- Evans, volando eres un peligro para cualquiera. Estoy ayudando a los Gryffindor al evitar que te los atropelles con tu escoba.
- El que yo me pueda matar no es relevante ¿no? –ironizó Lily.
- No te vas a matar.
James suspiró. A veces con la muchacha había que echar mano de cada gramo de paciencia que tenía en el cuerpo. El problema muchas veces era que Evans, tan educada y buena en el uso de las palabras, podía manipularte casi sin darte cuenta.
- Claro que no, porque tú eres tan caballero que no vas a dejar que me ocurra ni un rasguño ¿verdad?
Como ahora. Por un lado, si no la ayudaba no sería un caballero. Por otro, puede que si se negaba buscara a otra persona y Lily acabara con más moretones que manchas tiene un leopardo.
- No, no te vas a matar porque no jugarás-. Claro que él no caería en su trampa.
Lily le sonrió dulcemente, con carita de por favor.
- Eso no sirve para nada, Evans. Sirius hace lo mismo, y ya me he inmunizado.
- Por favor…
-¿Qué me darías a cambio si aceptara? –propuso James, pensando que Lily ni loca aceptaría hacer algo por él. Pero no conocía el alcance de la obstinación de Lily una vez que ha tomado una decisión.
- Los deberes de Encantamientos durante dos meses –ofreció Lily, sabiendo que era la materia en la que él más fallaba.
James se quedó boquiabierto por segunda vez en diez minutos. ¿Qué razón hubiera llevado a Lily a hacerle los deberes a él? Una muy loca. Lo mismo que él también estaría loco si no aceptaba la oferta.
Y otra cosa. ¿Por qué se negaba? A parte de lo que hiciera por él, sería una buena ocasión para conquistarla, porque Lily le despertaba algo que no sabía bien que era y estaba dispuesto a descubrirlo.
Y después de todo no podría ser tan difícil enseñarla a jugar a Quidditch, ¿verdad?
Se rindió.
- Está bien…
- ¡Genial! Ya verás como en una semana soy experta en ese estúpido juego.
- Quidditch, Evans –le corrigió James- , Quidditch: El noble deporte de los magos no es ningún estúpido juego.
-Si, lo que tu digas. Cuando sea una profesional seré yo quien te corrija.
- ¿En serio? –se burló James –si la alumna ni siquiera sabe porqué letrita empieza ese "estúpido juego".
- Quidditch empieza por Q de Qué asco de deporte –sentenció Lily.
Luego continuó adelante, con la mirada de nuevo atenta en busca de niñatos haciendo fechorías a altas horas de la noche. James la siguió, observando el meneo de su pelo rojo al compás de las caderas. En ese aspecto estaba seguro de que iba a disfrutar de las clases.
En cuanto a la enseñanza…
Quizá si iba a ser más difícil de lo que imaginaba.
…
Según Quidditch a través de todos los tiempos, al acabar el partido entre los Heidelberg Harriers y las Holyhead Harpies el guardián de los Harriers, Rudolf Brand pidió en matrimonio a la guardiana de las Harpies, Gwendolyn Morgan.
Dado que el encuentro tuvo lugar en 1953, encontré plausible que se hubieran casado más tarde (en el partido ella le dio calabazas) y hubieran tenido una hija allá por 1960 (época en que nacieron los merodeadores, Lily y Gwen).
Adelanto:
- Gracias por lo de Bello, yo también lo pienso…
- ¿Pero que belleza ni que nada? Si es más feo que el culo del knarl.
- ¿Y nunca has oído lo de es de valientes saber retirarse a tiempo?
- El hacha no es muy higiénica: sangre por todos lados y la cabeza rondando.
- ¿Qué pasa? –Se malhumoró.- ¿Quieres comprobar lo hombre que soy?
Espero que os haya gustado. Besotes muy fuertes para todos los que lean esto. Mimig2. Y disculpas por haber tardado tanto en regresar ^^
