Segunda parte de Alucinado, esta vez desde el punto de vista de Ginny.
Corto y simple... ¡Espero les guste!
Alucinada
Era el acontecimiento que ya empezaba a quitarle el sueño. No había iniciado así, al menos no tan intensamente. Después de aquella noche una bombita de expectación le había explotado en el pecho. «Después de… el mejor sexo de mi vida…» «Sí, Harry, también fue el mejor sexo de mi vida.»
Y después pensaba en Michael, lo pensaba mucho porque, claro está, no es fácil soltar a alguien que te hizo pasar muchos momentos agradables. Decía amarlo… al menos un poco, era verdad. A su manera, lo amó. Le dolió mucho su traición. Y sabía, bien que lo sabía, que más que la traición en sí, le dolió el que la viesen como una estúpida. Porque fue eso. Michael pensó que no se enteraría de aquel desliz insignificante, según sus palabras. «Insignificante, Ginny. Te lo juro» «Insignificante… lo que llevas entre las piernas»
Y toda mujer debe de saber que el hecho de que te vean la gran cara de mentecata es mucho peor a que te dejen de querer. «¿Qué tan majadera crees que soy?» ¡BOOMG! Deberían darle un premio por aquel mocomurciélago.
Ella estaba al tanto de la cuestión siendo la protagonista principal, y aún así le dio aquella segunda oportunidad que él tanto imploraba. «Una oportunidad, mi vida.» «Qué cojones tienes, imbécil.» Estaba todo magulladito y lastimado, Harry y Ron se habían ensañado grande. Cómo los adoraba.
Y bien ahí, otra oportunidad. «Está bien.» Pasaron los días y hubiese sido preferible cortarse la lengua antes de acceder. Qué desperdicio. Aquello era lo opuesto a la relación de pareja que soñaba desde niña. Nada que ver. Adiós, Michael. Lo quería, pero adiós.
Harry le cayó como una medicina. Qué amigo tenía. «Creo que fue el mejor sexo de mi vida…» Por mucho que sí.
- ¿Aún piensas en Michael? – le preguntaba en voz baja. Era frecuente, y usualmente la cuestionaba antes de que hicieran el amor. Eran dos tipos de respuestas las que cosquilleaban en su lengua. «Sí, hoy lo pensé más de lo habitual» Y de ahí Harry se le entregaba con tal ímpetu, con tal rigor, que la dejaba sin la capacidad de hablar por varios-muchos minutos. Él le exigía la misma pasión ante el acto y ella no se rehusaba a complacerlo. No se mentía, era el mejor sexo de su vida.
Pasaban varias noches a la semana así, con esa respuesta que, no lo duden, era verdadera.
- ¿Aún piensas en Michael? - ¿Qué respuesta daría? Aquella menos frecuente. La menos usual pero que sí, en más de una ocasión logró decirla. «Hoy no lo recordé ni por un minuto» y ahí la pasión parecía triplicarse. La efusión de su tacto era maravillosa y su dedicación la dejaban completamente pasmosa y con una deliciosa sensación en su interior. Harry era un tierno y al mismo tiempo un bárbaro, conociendo los momentos adecuados para adoptar la actitud correcta. Era increíble en la cama.
Era el mejor sexo de su vida.
Así los días transcurrían, las semanas. Sexo extraordinario, en demasía, ¡Dios! Mas percibía que Harry se estaba impacientando, si no cansando de aquella situación.
- ¿Estás enojado? – era una noche en el apartamento de él. Respiró hondo para así lograr darse paso a una conversación, a pesar del agotamiento. No se cubrían con nada. Ella arrojaba las sábanas al suelo antes de entrar en acción, eran un estorbo, siempre se les enredaban en las piernas y no les dejaban moverse con total libertad.
- ¿Por qué lo preguntas? – trató de imaginarse su expresión por medio del tono de su voz al no verle la cara. Aquella posición era demasiado placentera como para cambiarla; su espalda apoyada en su pecho, un brazo de él bajo su cabeza, el otro rodeando su cintura y con su mano plantada en su vientre.
- Te noto un poco diferente desde hace días.
- No es por nada.
- No me mientas – con sus dedos acarició la palma de la mano perteneciente al brazo que utilizaba como almohada. - ¿Qué te sucede? – creía conocer una respuesta, mas esperó a que él le aclarara la cuestión.
- Esto a… - Ginny se lo imaginó con el entrecejo fruncido, pensando en qué palabras decirle. - ¿Cómo te sientes? – fue ella quien frunció el ceño. Aún así, respondió.
- Maravillosamente. ¿Por qué…?
- Con respecto a esto, Ginny, a nosotros. No al sexo ¿Cómo…?
- Harry… - trató de voltearse al ver por dónde iba la cosa, el brazo de Harry aferrado a su alrededor se lo impidieron. – No quieras hablar de algo que… esto… ¡ASH! – nuevamente trató de escaparse de su abrazo.
- Te quedas aquí – la apretó a él. Sentía cada parte de su cuerpo en contacto con el suyo.
- Harry…
- ¿No me quieres siquiera un poquito? – aquel tono sonaba de una forma que hicieron que a Ginny se le erizaran los vellitos de los brazos.
- Te quiero mucho – respondió en un susurro. Por un momento pensó que él no la había escuchado.
- ¿Pero…?
Sí, siempre había un jodido pero.
- Pero… ¡No sé, Harry! ¿Por qué arruinas el momento así? – creyó que se enojaría pero no, (a veces los "pero" no son malos) sintió al cuerpo de Harry vibrar debido a la risa.
- ¡Calma ahí, pelirroja! ¡Tú preguntaste! – la apretó de nuevo. Ginny gimió ante el roce íntimo contra sus nalgas. – Organízate.
- ¿Qué es…?
La sorprendió con un movimiento que la hizo estar frente a frente.
- Vas a empezar a volverte loca.
- ¿De qué estás hablando? – sentía los efectos de su cuerpo desnudo contra él. Iba a volverse loca, sí, pero no de la forma en la que Harry mencionaba. Al menos eso creía, porque aún no caía en la cuenta de lo que él estaba diciendo.
- Enloquecerás.
- ¿Qué dices? ¡Explícate!
- No puedo.
- ¿Cómo que no…?
- Escucha – él suspiró, cerquita de su boca. Quiso besarlo. – Yo no me había dado cuenta de lo que sentía por ti sino hasta esa noche, en la que fuiste a mi casa llorando.
- Ajá – de pronto se sintió incómoda, a sabiendas ya lo que Harry quería abordar.
- Me sentía loco y enfermo esas semanas en las que volviste con el idiota. ¡No tienes idea! Hasta me emborrachaba de tal forma que despertaba sin recordar nada y orinado en los pantalones.
- ¡Guacala, Harry!
- Me confesé contigo. Te dije que te quería y aún lo hago, inclusive más, mucho más, que aquella vez.
- Harry…
- Fui veloz, comparado con otros, en eso de aceptar mis sentimientos. ¡Te gané, preciosa! A veces los hombres somos más rápidos.
- No sé a qué…
- Me quieres mucho… - le habló sobre los labios.
- Sí – una respuesta escueta, estaba pendiente de su boca, quería comérsela. – Me gustas mucho, también. Creo que se nota.
- Sí… ¿y aún hay un pero rondando por tu mente? – cerró los ojos cuando él hundió el rostro en el hueco de su cuello. Se mantuvo así, quieto. Ginny hundió los dedos en su cabello y sopesó la respuesta que debía dar.
Ciertamente, quería mucho a Harry. No obstante, sabía la respuesta que él deseaba escuchar. ¿Estaba segura de querer dársela? No podía, porque a pesar de lo que el hombre le hacía sentir cuando estaban en la cama, juzgaba que aquello no era suficiente. No, porque (no todo el tiempo pero sí varias veces) aún pensaba en Michael. A pesar de todo. Sí.
Y no podía imaginar en darle su corazón a otro hombre cuando aún hay un estúpido que goza agitarse por ahí. Menos a Harry. Pensaba que él, su amigo, su mejor amigo, merecía conocer siempre la verdad.
- Harry…
- ¿Humju? – tenía la boca pegada a la piel de su cuello.
- Eres un millón de veces mejor que Michael en la cama - «Estúpida. Harry no quiere comparaciones. Él…» - Lo siento. De verdad, lo siento mucho. Pero…
Jodido "pero".
Él levantó el rostro y ella creyó ahogarse ante sus ojos. Una mirada penetrante y enigmática. Harry no solo era mejor que Michael en la cama, también era más hermoso. ¿Por qué no podía, de una vez por todas, enamorarse perdidamente de él?
- Ya… - el sobrenatural brillo de sus ojos se fue opacando de apoco. – Voy a darte un poco más de tiempo, preciosa. Solo un poco más.
- ¿Y si no…?
- Te quiero – Harry besó sus labios tiernamente. Ella quería un beso más salvaje, pero él se separó al instante. Ese sí fue un jodido "pero", y el que venía era mucho peor. – Pero no creo poder seguir siendo más que una pieza de consuelo.
Iba a decir algo sin tener idea de qué, mas él se lo impidió otorgándole el beso que tanto deseaba.
No sabía qué pensar respecto a eso. Harry merecía ser algo más que una pieza de consuelo, de eso estaba segura. Él, tan atento, tan cariñoso, apasionado y cálido. Muy afortunada la mujer que obtuviese su corazón.
- Tú tienes su corazón, Ginevra – se repetía constantemente. – Él te quiere, él te quiero. ¿Por qué tú no…? – el rostro de Michael se formaba en su mente. Esa noche, antes de hacer el amor, Harry le preguntaría y ella diría la verdad. «¿Aún piensas en Michael?» «Sí, hoy lo pensé más de lo habitual»
Le había escrito un mensaje, él iría hasta su departamento, ella se lo pidió. Se quedó esperándolo. Una llamada e inmediatamente caía el buzón. «No importa».
Por supuesto, Ginny se deleitaba con Harry no solo en la cama. El hombre se había esmerado en más de una vez con salidas de todo tipo. Era muy dinámico y ella notó, con su crispado corazón, lo mucho que Harry buscaba que ella se divirtiese. Y lo gozaban, los dos juntos. A ella siempre le gustó experimentar nuevas cosas, comer nuevas comidas… en una ocasión se metieron al estómago una bomba picante en un restaurante mexicano que les causó muchos gases… debido a la postergación del mejor sexo de sus vidas por mínimo una semana, juraron no volver a comer a la mexicana.
En los campos hacían cuanta cantidad de maniobras en la escoba podían. Pero Ginny, que leyó una vez un libro que Hermione le había regalado a su padre sobre deportes Muggles, quería probar algo diferente, sobre todo el salto en paracaídas, y muchos otros. Harry la complació con cada uno de ellos. La hacía feliz. ¡Y ni hablar del día de su cumpleaños! fue el mejor de todos. De todos.
En una tarde, preparando una merienda que se le antojaba, se vio contando los días en los cuales Harry no había pisado su departamento. No le escribía mensajes ni tampoco llamaba. «Una misión del cuartel» se decía para no caer en la desesperación, sin querer preguntarle a Ron o a Hermione por temor a que su suposición no fuese verdad… porque, si no era verdad, la opción que quedaba era que Harry ya no quería verla. «Una misión del cuartel»
Para su fortuna y alivio, Harry sí había ido a una misión. Fue estupenda la sensación de bienestar que le causó volver a verlo bajo el umbral de su puerta. Intensa, mucho. Ya lo notaría después, y con ímpetu, con obstinación y con verdadero frenesí. Se daría cuenta de lo tremendamente loca que estaba por Harry Potter; la falta casi patológica de su masculina piel y su asombroso aroma... ese aroma a mentol de su loción para después del afeitado, mezclado con su toque personal; era como de cuero gastado. Una fragancia para ella exquisita y adictiva. Una droga sublime.
- Me había preocupado – le dijo en un abrazo. Él la rodeaba con amor.
- Lamento no haberte dicho, fue todo muy deprisa. Salí justo una hora después de que me dieran el aviso.
- Ya – movió su rostro para besarlo y sintió como él se esmeraba ante la labor. Besaba con ganas y al mismo tiempo con parsimonia. Esa mezcla híbrida que Harry poseía cuando se trataba de momentos íntimos.
Pero… jodido "pero", sentía algo diferente. «Pero no creo poder seguir siendo más que una pieza de consuelo.»
Se asustó cuando aquella frase retumbó en su cabeza, cuajándole la mente.
- ¿Me sigues queriendo? – preguntó cuando lograron separarse. Él la miraba extraño, diferente.
- Sí – Ginny suspiró con alivio. – Pero… - Jodido "pero" – lo siento… ya no puedo… seguir con esto. – Ella notó que le causaba mucho trabajo decir aquella palabras.
- Harry…
- Estos días no fueron sencillos de llevar. La misión me distraía pero, cuando podía pensar… - cerró los ojos y apoyó su frente en la de ella. – Dije que estaría a tu entera disposición siempre, me necesites o no, y voy a estarlo siempre. Pero ya no puedo de esta manera.
- ¿Qué es…?
- Disfruté mucho siendo tu pieza de consuelo.
- Harry…
- Fui muy feliz en esos instantes, como nunca antes.
- Harry…
- Lo lamento. Fui yo quien se ofreció para tal cosa, no tienes que sentir culpa por…
- No siento culpa, siempre fui sincera contigo – se alejó de su cuerpo cuando sintió las defensas derribadas. Debía recomponerse, ¿de qué? Harry terminaba con ella. Pero no lo amaba, no lo amaba, no debía afectarle tanto.
- Sí. Y te lo agradezco.
- ¿Terminaste? – tenía la presurosa necesidad de cerrarle la puerta y largarse a su habitación a llorar. ¿Por qué?
- Ten en cuenta que aún puedes confiar en mí, cuando quieras hablar yo…
- ¿Terminaste? – lo miró, bajaba la vista enfocándose en los pies de ella, como si fueran sus zapatos lo más interesante que hubiese visto. Lo notó cerrar los ojos y respirar hondamente.
- Sí.
- Muy bien. Puedes irte.
- Ginny…
- Adiós.
Debía verlo venir. No podía culparlo por tenerse respeto.
Los días siguientes fueron nada especiales. Nada. Se ahogaba con la rutina y con sus entrenamientos. Harry le escribía preguntándole cómo estaba y ella simplemente lo ignoraba, olímpicamente. Se sofocaba ante suposiciones espantosas. «Conoció a otra mujer, es eso. Se enamoró de otra mujer.»
Hablar con Hermione no era una opción. «Sí, Ginny, se enamoró de otra mujer.» le dieron ganas de vomitar.
¿Por qué el martirio? Tenía varias botellas vacía de cerveza en el mesón de la cocina y el teléfono en la mano, esperando a que él llamase. ¿Por qué aquella locura?
«Vas a empezar a volverte loca.»
Él no llamaba, solo mensajeaba y no ayudaba en nada.
- Y si llama, ¿contestaré? – ahí el momento de la respuesta. Su teléfono vibro indicando una llamada entrante; el número de Harry se iluminaba en la pantalla. – Rechazar.
La desazón en el estómago era increíblemente insoportable. ¿Por qué?
- Era una pieza de consuelo…
Cerró los ojos, la imagen de Michael se formó frente a ella. Levantó las manos y las agitó de un lado a otro, como si disipara alguna nube de humo asqueroso. El rostro de su ex novio no le provocaba más que las ganas de electrocutarle los testículos.
Su expresión fue cambiada por la sonrisa bobalicona que Harry le brindaba cuando ella jugueteaba con su cabello revuelto. Le encantaba despeinárselo y hacerle incluso moñitos, bromeando.
¡Por Dios! ¿Tan idiota tenía que ser? Era todo muy fluido, muy franco, como la piedra lanzada con puntería a una ventana de vidrio. Ahí estaba, quebrándose ante lo más obvio del mundo.
Nadie podía ni volvería a verle la cara de estúpida a Ginevra Weasley. «A excepción de ti misma.» Se dijo, porque era así.Y Harry, por supuesto. Debía estarse partiendo de la risa.
- ¡Idiota! – se levantó raudamente del mesón, tropezándolo y haciendo caer varias botellas al piso. Un milagro que ninguna se hiciera pedacitos.
Tenía el cabello enmarañado en una coleta y los ojos un poco rojos. No le importó. Apareció frente al departamento de Harry, aún pensando que podría estar interrumpiéndolo con su nueva conquista. «Esa estúpida.»Pero no más que Ginevra Molly Weasley. ¿Por qué no se dio cuenta antes? Cuando él regresó de su misión, cuando lo vio de pie frente a ella, atractivo y con sus ojos brillantes… aquella impresión de bienestar, una fortuna que nació en su vientre y se extendió poco a poco hasta cubrir cada resquicio de su cuerpo, entibiándola como un chocolate caliente… «Estúpida y lenta. ¡Qué linda combinación, Ginevra!»
Tocó dos veces, no hubo respuesta. Tocó tres veces con más fuerza, nada. «Se burla de ti con ella. Con la otra. ¡Por Dios, Ginevra, qué majadera!» Tocó cuatro, cinco, seis, siete veces más. Harry salió con cara atolondrada y todo perezoso, estaba sin camisa. «¡Lo sabía!.»
- ¡Lo sabía! – bramó, alzando las manos.
- ¿Qué pa…?
- Apártate – lo empujó y entró al departamento, yendo derechito a la habitación. Esperaba encontrar a una despampanante mujer sobre los almohadones de la cama que tantas noches compartió con él.
Estaba desarreglada, mas no había nadie presente… por lo que supuso que Harry dormía antes de su intromisión.
- ¿Qué suce…?
- No estás con nadie – se mantuvo de espaldas a él cuando lo sintió entrar a la recamara.
- ¿Estás bien, Ginny?
- Yo… - se giró. Verlo ahí, de esa forma… «¿No es ya suficiente?» - Perdóname.
- ¿Qué sucede? – quiso comérselo a besos al verlo tan preocupado. Era una lindura de hombre.
- Nada, solo… estoy… vuelta loca… o, dirás tú… ¿cabreadísima? – sonrió a medias. Harry la miró sin entender a lo que se refería, hasta que… - Lo siento. Yo… creo… no, estoy segura. Ya estoy segura, sí. – Avanzó hacia él. – Tú lo sabías, ¿verdad?
- Yo no… - Harry le miró las manos, Ginny no sabía por qué las tenía tensas en un puño, quizá para golpear a quien fuese la que estuviese con él. El moreno se las tomó y acarició hasta relajarlas. Le besó las palmas y las muñecas antes de observarla con expresión ensoñada, una carita que a Ginny le derretía. Una sonrisa arrebatadora se curvó en sus labios segundos después. - ¿La locura dio caza de ti?
- Y la enfermedad. Ya lo sabías, ¿verdad? Seguro estabas muriéndote de la risa al imaginarme.
- Claro que no. ¡También estaba loco y enfermo! ¡Y por segunda vez! Yo… tenía la esperanza de que te dieras cuenta antes de…
- Por supuesto – de un salto estuvo sobre su cuerpo.
Sus bocas se encontraron presas de un anhelo descontrolado y fuera de órbita. Aquel esperanzado beso duró varios-muchos segundos. Al separarse, notaron sus mejillas coloreadas y la respiración alterada, recuperando el oxigeno.
- Te quiero mucho – expresó Ginny, largando una honda exhalación.
- ¿Más que a un amigo? – sonrió.
- Más como pieza de consuelo.
- ¡Ginny!
- Ya, ya… - rió, aferrando sus piernas en torno a la figura masculina, y ya excitada. – Te quiero más, mucho, mucho más. – Harry la apretó contra él. Sus ojos verdes brillaban más que nunca. Aquella arma era letal para Ginevra Weasley; sus hermosos ojos.
- No puedes dejar pasar al hombre que te brinda el mejor sexo de tu vida. ¿Verdad?
- Eres un tonto.
- Y tú pareces una loca – movió una mano hacia su cabello y le soltó la coleta mal hecha. – Debimos apostar.
- ¿Sobre qué?
- Que terminarías locamente enamorada de mí. ¿No te lo dije?
- No presumas – Harry la dirigió a la cama. – Tú fuiste el primero – cayeron, y no se levantaron después de una larga, larga, muy larga reconciliación.
Finnite.
¡Gracias por leer!
