Capítulo I: Amenaza Fantasma

Aún era incapaz de comprender como el aparentemente debilitado protoss había sido capaz de percibir su presencia y con tanta antelación. ¿Cómo era posible? Poseía el mejor equipamiento que el Dominio era capaz de fabricar, su conjunto de clamuflaje era tan avanzado que era capaz de mitigar cualquier sonido emitido hasta el punto de que nisiquiera un cánido entrenado era capaz de detectarlo, ni siquiera por el olor, ya que el traje anulaba cualquier clase de rastro, o casi, al parecer.

Su equipo era que la única cosa que le agradaba de ser un fantasma, sobretodo su fiel rifle C-10, su única compañía y su mejor amigo, al contrario que el traje que era de lo más molesto, se ceñía al cuerpo como si fuera una segunda y oscura piel, y aunque le otorgaba cuantiosa movilidad esta se veía reducida en parte por las piezas de armadura, el casco, las hombreras y las botas, de gris metal.

Pero poco importaba ya su equipo, ya que las manos le temblaban como si sus huesos hubieran desaparecido sin previo aviso y los pies parecían haber desistido en su empeño de sostenerlo. Cayó de rodillas en el suelo, indefenso y desprotegido. El protoss de alguna forma lo había atacado donde era más vulnerable, en su mente, y la había liberado del inhibidor neuronal que lo forzaba a cumplir la oscura voluntad del Emperador Mengsk, dejándolo inesperadamente exhausto y exánime.

Por primera vez en décadas experimentaba el amargo sabor de la libertad y por desgracia sería bien breve ya que aunque el templario también había caído, posiblemente muerto, no tenía duda de que la hermosura morena a su lado lo remataría, sin piedad, pero no podía culparla, de haber podido él habría sido el que apretara el gatillo.

Diablos, ¿por qué eran tan crueles los dioses?

Súbitamente se oyeron un par de golpes, sonoros, el del frío hierro chocando con la débil carne, más no contaban con gran fuerza y la cadencia poseía la regularidad la experiencia, el gesto estaba tan practicado que ya ni siquiera era un esfuerzo constante.

— ¿Puedo pasar doctor?

—Por supuesto Marius, espero que estés listo para tu primera intervención. —Carraspeó. —Recuerda que lo más importante es no perder los nervios, el sujeto estará totalmente sedado en todo momento.

—Estoy listo doctor, he estudiado mucho al respecto y estoy ansioso por ayudar al Dominio, mas no puedo evitar preguntar… ¿qué motivo obliga la presencia de estos dos valientes soldados del Dominio? — Preguntó el joven médico ligeramente atemorizado, la fría y reducida estancia solo amplificaba la sensación de impotencia ante aquellas amenazadoras armaduras.

— Me gusta tu actitud muchacho, estos soldados solo están aquí para garantizar nuestra seguridad, tranquilo, ya han estado aquí antes. — Dijo el viejo y canoso doctor mientras guiñaba un ojo, aquello sólo podía significar una cosa, resocializados. No le gustaban, pero entendía que era un mal menor, el Dominio podía beneficiarse en gran medida de los que antes habían sido asesinos, atracadores o violadores.

Una vez finalizada la charla de rigor comenzaron a preparar los instrumentos para la intervención, un implante de inhibidor neuronal, por lo visto el pobre desgraciado había intentado rebelarse contra el Dominio e incluso se había afiliado con otros renegados. No le habían dicho nada más y rara vez lo hacían mas no importaba, era todo cuanto necesitaba saber, la escoria como él no merecía compasión o lástima alguna, le habían dado la espalda a la humanidad y no había crimen más atroz que ése.

— ¡Creo que se ha movido! —Dijo sobresaltado al creer atisbar un leve movimiento del sujeto, al cual se referían como B1NK5, ya que su antiguo nombre cambiaría tras la implantación del inhibidor y el típico "lavado de cerebro", como lo solían llamar la gente común, el proceso era increíblemente complejo, y doloroso, denominarlo de aquella forma era casi un insulto.

—No digas tonterías Marius, le he administrado una dosis capaz de tumbar a tres hombres, puedes comprobarlo tú mismo si eso te ayuda a relajarte. — Dijo mientras terminaba de ajustar los instrumentos, que eran de complejidad asombrosa, cualquier otro especialista apenas habría sido capaz de deducir su función, la cual era muy específica en la mayoría de ellos.

Su colega, y en cierto modo alumno, haciendo gala de una obediencia que quizá solo los resocializados podrían igualar, se acercó al sujeto con una linterna, dispuesto a comprobar si su letargo era pleno, pero cuando estaba listo para abrir sus párpados, estos se descubrieron sin ayuda ninguna, velozmente, revelando unos profundos e iracundos ojos color ámbar.

«Sorpresa, hijo de puta» —Fue lo último que oyó el novicio antes de que su cabeza explotara en mil pedazos, los soldados inmediatamente le apuntaron con sus armas pero fue en vano, pues el paciente había calculado con precisión su reacción y esquivó sus disparos rodando por el ensangrentado suelo. Alzó las manos y arrebató de sus armas a sendos soldados, quedándose una para sí, con ella disparó al indefenso y anciano doctor y luego a uno de los soldados, a su compañero ya no hacía falta dispararle ya que había…bueno, perdido la cabeza.

Las alarmas se dispararon al instante y él no perdió segundo alguno en salir corriendo tan rápido como le permitían sus débiles piernas pero por desgracia desconocía el lugar donde se encontraba y el doctor no mentía en una cosa, le había administrado suero suficientemente para varios hombres. Pero él no era un fantasma normal, pues su factor psi alcanzaba el octavo nivel y no serviría a los mismos hombres que lo habían raptado de su hogar y habían acabado con la mujer que amaba ante sus ojos, antes se vería a sí mismo reducido a cenizas y a ser posible a Mengsk y a todos sus esbirros.

No recorrió demasiados pasillos antes de que lo alcanzara otro fantasma, uno leal al Dominio y cuya eficacia había sido probada en demasiadas ocasiones. Nova. También conocida como la agente X41822N, la cual lo superaba en belleza, factor psi y hasta en la longitud del nombre, no tenía ninguna oportunidad contra ella, ella portaba un potente C-10 y la armadura estándar fantasma, él poseía una bata blanca y un C-14, cuya una ventaja era numérica. No obstante no podía dejarse amilanar, tenía que escapar, tenía que salir de allí, y lo haría, de una forma u otra.

Nova rió.

Lo primero que vio al abrir los ojos de nuevo fue a la preciosidad morena de ojos oscuros y a… ¿el templario? ¡Pero si le había disparado dos veces en el pecho! Ni siquiera su preciosa y dorada armadura podría salvarlo de tan precisa salva. Pero ahí no acababa todo, estaba el mismísimo líder rebelde allí mismo, mirándolo fijamente a los ojos, y su mirada, por alguna razón, lo llenaba de vergüenza y le hacía sentir indigno de su mera presencia, Raynor era un héroe y él un monstruo despiadado.

«Me temo que nuestra raza no es tan endeble como pensabas.» —Se limitó a transmitirle telepáticamente el alto templario, podía escucharle cuando le hablaba pero no podía ni rozar la superficie de sus pensamientos, lo cual denotaba un gran poder por su parte y más hallándose herido, pues ahora que lo observaba podía apreciar el vendaje que cubría su pecho, despojado de armadura, ahora el protoss vestía una sencilla túnica parda.

—Muchacho, nuestro amigo Taranil ha estado contándonos tu historia, nos ha asegurado que eres libre del Dominio y que trabajarás contra él si te damos la oportunidad, yo confío en él y por eso te daré la oportunidad de trabajar con nosotros. ¿Qué te parece? — Los ojos del fantasma se desorbitaron al oír semejante oferta y se sorprendió notablemente, pues no esperaba algo tan directo y magnánimo.

Aceptó.