¡Hola a todo el mundo!
Espero que les haya gustado el capítulo anterior, y de que va todo esto del fic, etc. En verdad me estoy esforzando por hacerlo, y he decidido sacar nuevo capítulo cada lunes, por un tema de producir suspenso y que queden con ganas de más. Agradezco a aquellos que me dejaron reviews, dejenme decirles que los amo c : Gracias por leer y seguir el fic, a todos los que lo hagan, y aquienes no lo hacen, dejar reviews no cuesta nada, seguir tampoco n n
Sin más, les dejo el fanfic : P
Disclaimer: D . Gray - Man no me pertenece, es propiedad de Katsura Hoshino, al igual que todos los personajes, exceptuando a Raven que ha sido creación mía. El título de éste capítulo pertenece a una canción de Fir For Rivals.
CAPÍTULO II Crash
En París, todo parecía bastante normal. A esas alturas del año el calor se hacía mucho más presente, y fastidioso. Un prominente sol se encontraba en lo alto junto al despejado cielo de color celeste. Por esos lados, y entre la multitud, la general Klaud iba caminando en compañía de una muchacha rubia que vestía el traje de exorcista. Ambas iban en absoluto silencio, la menor siguiendo a la mayor. Ese día, ella sería llevada a la sede central de la Orden Oscura, la sede Europea.
-Raven, te encontrarás a los buscadores en el puente, justo a la medianoche.- rompió el silencio la mujer de cabellos rubios, haciendo que su alumna asintiera con la cabeza.
-Entendido, maestra.
-Bien.- la mujer volteó a ver a Raven y le entregó un golem negro junto a lo que parecía un libro.- Aquí nos separamos, y comienzas tu vida como exorcista individual.
-Sí.- la joven volvió a asentir con la cabeza, observando a la mujer fijamente.
-Recuerda no perderte. Si ocurre algo, puedes llamar a la Orden directamente desde el golem.
-Maestra Klaud, estaré bien…- musitó avergonzada la muchacha ante la maternal actitud que mostraba en ese momento su maestra. La mujer sonrió levemente y le dio un par de palmaditas en la cabeza antes de irse. Y allí quedó, en medio de París. A pesar de que había nacido en ese lugar, no sabía a dónde dirigirse. Recordaba poco de su niñez y de los lugares en los que había estado, por lo que Francia era completamente desconocida para ella.
Volteó a su derecha, dónde había una extraña cafetería; y luego a su izquierda, donde el puente esperaba la medianoche y a los buscadores que irían por ella. Más allá del puente, divisó un bosque y pensó que ese sería un lugar tranquilo para pasar la tarde. Cruzó el puente con tranquilidad hasta llegar a la espesa arboleda, donde se adentró para comprobar la soledad absoluta del lugar. Allí sería perfecto para leer el libro que hace poco su maestra le había regalado.
Se sentó bajo un árbol y suspiró para luego abrir el libro y comenzar a perderse entre las hojas de éste. Pasó un rato así, sin embargo, aquel ejemplar trataba de romance y eso no era precisamente lo que más le interesaba. Dejó el libro a un lado y tomó su bolso, buscando una cosa en especial. Sacó finalmente un frasco con algo extraño de color verde destellante. Una inocencia, que habían colectado en compañía de su maestra, y que ahora ella debía llevar a la Orden Oscura.
Guardó el frasco que contenía a la inocencia, al igual que el libro, ambas cosas en su bolso bien acomodadas. Se levantó y miró los alrededores. ¿Habría algún árbol frutal por ahí cerca? Camino hacia a las profundidades del bosque cargando el bolso, pero por más que buscara, no encontraría nada en toda la mañana.
El comedor de la Orden se encontraba tan bullicioso como siempre. La mesa de un rincón, donde comía el grupo de exorcistas, se encontraba en una conversación algo sigilosa, en un intento de que no fuese escuchada por nadie más que por ellos.
-Tu hermano realmente lucía molesto ayer…- mencionó Marie con cierta preocupación. Timothy lo miró con curiosidad, y luego refunfuñó.
-Al final, ¡me ha dado una misión esta mañana y ni si quiera me dio el informe!- reclamó el niño.
-Yo… lo siento.- se disculpó la china, claramente incómoda con la conversación. Miranda le sonrió intentando animarla.
-De seguro todo estará bien, Lenalee.- le dijo, pero ella no lucía tan segura después de todo.
Su hermano sospechaba algo, y la verdadera discusión no tardaría en efectuarse.
Un horrible temblor atacó su cuerpo entero, y sintió una terrible punzada en el corazón que provocó que se le fuera el aire. Como pudo, intentó ponerse de pie y controlarse tal y como él le había indicado, pero le fue imposible. Observó sus manos y con ello sus brazos: la piel de éstos volverse de un gris muy conocido, que odiaba con todo su ser. La cabeza le dolía y palpitaba, al igual que todo su cuerpo.
Desesperadamente, se retorcía en el suelo intentando volver en sí. No podía permitir que tomara el control… ¡no otra vez!
"No te resistas… pronto…"
-C-Cállate…
"Tú, mi querido Allen…"
-Cállate…
"Serás MÍO"
-¡Cállate!
Ante tal esfuerzo sobrehumano, se golpeó contra una cajonera la cabeza. La voz del catorceavo se hacía presente como si de un eco incesante se tratara. Le desesperaba… miedo, dolor, angustia, rabia… era una avalancha de emociones apoderándose de él. Pero, por más terrible que fuese, por mucho que dolieras, no podía gritar. Estaba en la residencia, y si alguien lo veía así, debería huir en la forma de un Noé.
¿Y si en vez de huir… terminaba matándolos a todos?
"Ha… Haha, ¡hahahahaha! Pero que mente tan retorcida estás desarrollando, ¡incluso más retorcida que la mía!"
-Sale, por favor… cállate, hazlo. ¡HAZLO!
"Si me dejas salir, podría matar al Conde que tanto odias… el que te hizo revivir a Mana y matarlo, ¿sabes~?"
-No…
En cuanto abrió los ojos, se encontró nuevamente en la silla, encadenado, con su despreciable lado oscuro frente a él. El catorceavo sonreía ladino, como siempre, vestido con un abrigo beige viejo y algo grande, de tal forma que le recordaba al mismo que tenía el conde.
-Eres terco, ¿cuántas veces debo decírtelo, Allen?
-¡No te lo daré!
-¿Y cómo planeas acabarlo?
Sus ojos se ensancharon al escuchar aquello. ¿Cómo lo haría? Él único que había estado cerca de derrotar al Conde era Nea. En cambio, él ni si quiera había tenido una verdadera pelea con el hombre líder de los Noés. Era tan solo un recipiente. Solo un recipiente…
"Despierta…"
Y sin Nea, al final… no podía. No podría…
"¡Despierta!"
Pestañeó un par de veces, volviendo a la realidad. El mal momento había pasado, pero aún se encontraba en el suelo. Se sentía mareado. Con cuidado comenzó a levantarse, llevándose al ojo izquierdo su diestra, observando a penas la conocida sombra en el umbral de la puerta, junto a la que Timcanpy revoloteaba hasta posarse en su hombro.
-Idiota, ¿crees que es hora de dormirse en los laureles?- regañó el extraño. Luego, chasqueó la lengua.
-No era mi intención…
Se dirigió con cuidado a la cama y se sentó en el borde. La habitación olía a poderosa nicotina, y un característico humo se acumulaba a la altura del techo.
-Otra vez pasó…- le confesó Walker al contrario llevándose ahora la mano a la frente, limpiándose el sudor. Cerró los ojos, intentando tranquilizarse, porque toda esa escenita le había llenado de adrenalina.- Se está haciendo cada vez más insoportable…
-No, ¡tú te haces más débil!- la otra presencia exhaló el humo en dirección contraria, intentando que no llegara a narices del albino, que permanecía en la misma posición.- Debes controlarlo, hasta que llegue el momento.
Caminaba de forma tranquila por las calles, con un panecillo en la boca, observando con cuidado los alrededores e imaginándose que tan amplia sería la sede central de los exorcistas. La sede norteamericana era realmente grande, tan grande como la asiática. Pero todos decían que la europea era algo demasiado gigantesco, desde los tiempos en que la sede se encontraba en Italia, y ahora que se había reconstruido en Londres era el triple de la sede anterior. Sabía que era casi normal perderse si no se iba con alguien que no conociera los alrededores, y allí mismo había oído a Fou mencionar algo respecto a un chico que había muerto de hambre al haberse perdido.
De pronto, se percató de algo bastante extraño. Una multitud se aglomeraba un poco más allá. Sabía que era una exorcista, y únicamente debía estar allí para esperar a los buscadores e ir a la sede central, pero la curiosidad le ganaba por mucho. Poco a poco fue acercándose para conformar parte de la enorme muchedumbre, justo en el centro de la ciudad. Maldijo su estatura, de apenas 162 centímetros, que no le permitía ver absolutamente nada de lo que ocurría en los alrededores. Entonces, fue haciéndose paso cuidadosamente, y como por arte de magia, un camino se abrió entre la multitud.
Una mujer de allí, la tomó del brazo con el rostro lleno de preocupación, a lo que ella la miró curiosa.
-¡Tienes la misma vestimenta!
-¿E-Eh?
Y sin saber cómo, terminó siendo de las primeras en la fila, quedándose perpleja ante lo que miraban sus celestinos ojos.
Era un chico, tirado en el suelo y cubierto de sangre, teniendo una exagerada mancha de la misma bajo él, que se extendía hacia los lados. Lucía pálido, y su cabello se confundía en el color del brote carmesí. Su vestimenta también lucía igual: el traje de exorcista, desgarrado por todas partes y manchado.
-Un exorcista.- mencionó sorprendida y algo aterrada ante la escena, para al fin avanzar hasta el chico y arrodillarse junto a él. Parecía muerto, con el ojo derecho cubierto por un parche y el izquierdo cerrado. Tomó delicadamente su mano, posicionando los dedos índice y anular en una certera parte de su muñeca para comprobar que tenía pulso y, aunque débilmente, vivía.
Suspiró aliviada, porque de haber estado muerto no habría sabido cómo reaccionar. Entonces, sintió un ligero movimiento proveniente de la mano ajena. Prestó atención y lo observó inmediatamente.
-¿Estás bien?- se apresuró a preguntar. El chico entreabrió su ojo izquierdo, que a pesar de ser un esmeralda intenso, lucía lúgubre y apagado, y en un apenas susurro pronunció:
-Llama… a Komui…
-¿Komui?- pero el pelirrojo había cerrado su ojo. Observó fijamente la herida en el vientre del muchacho: un corte profundo, seguramente el culpable de la hemorragia. No podía levantarlo así como así, por lo que miró sus propias manos y, con una gota de sudor provocada por los nervios cayendo por su sien, se preguntó si sería bueno curarle la herida como ella hacía con las propias. Con su inocencia.
Tampoco podía quedarse todo el día pensándolo, porque de no hacer algo, el exorcista moriría desangrado. Tomó decidida un abrigo que guardaba celosamente en su bolso y lo rompió de un solo tirón por la mitad, obteniendo el trozo de tela suficiente para al menos parar la hemorragia, tal y como su maestra le había enseñado. Aunque algo nerviosa, observó a una mujer cerca y la llamó con un "disculpe", captando su atención.
-¿Puedo ayudar en algo, cariño?- preguntó preocupada la mujer, a lo que Raven asintió con la cabeza.
-Podría conseguirme algo de agua y… ¿un teléfono?
-¿Cómo esperas que lo haga?
-Concentrándote, ¿tan difícil es?
Walker miró fijamente al hombre, claramente irritado. ¿Le parecía tan fácil a caso convivir con alguien adentro, algo tan poderoso como un Noé? Golpeó la pared furioso, rojo de la ira y apretando los dientes estresado. No era tan fuerte como para aguantar mucho más, pero no iba a darle el poder. ¡Nunca!, porque él era un exorcista, y seguiría siéndolo hasta el día de su muerte.
El otro sonrió divertido, tirando el cigarro al suelo para luego aplastarlo con el zapato y avanzar hacia él. Ya de pie, y empuñando su mano derecha, terminó dándole un fuerte golpe en la cabeza, que lo dejó tumbado en el suelo. Allen, descolocado, le miró con una venita palpitándole en la sien.
-¡¿Y eso a qué viene?!
-¡Aprendiz idiota, ¿cuándo lo entenderás?!- y volvió a darle un golpe en la cabeza.- ¿No querías ser exorcista? Si no quieres salvar a tus amigos, a la humanidad, a todos… entonces, ¿para qué hacer todo esto, imbécil?
Miró de reojo a su maestro. Él no lo dejaría en paz hasta que cumpliese su objetivo, y a pesar de saber que esa no sería más que una corta visita de su parte, la sentía eterna. Venía claramente a vigilar que nada se saliera de control antes de tiempo. Ya con la verdad sabía que quedaba mucho que recorrer, mucho por delante. Debía durar hasta el último segundo con sus fuerzas para acabar con esa ridícula y eterna guerra entre exorcistas y Noés. Porque, teniendo las memorias del catorceavo, esa era su misión principal ahora.
-En diez días, en Italia. Allí estarán.- comentó Cross, antes de salir por la puerta de la habitación y cerrar la misma, dejando a un confundido Allen en el suelo.
-¿Diez días?- susurró para dirigir su vista hacia una foto que tenía enmarcada, donde aparecían Lenalee y él.- Pero… diez días es muy rápido.
Suspiró. ¿Cómo le diría a Lenalee? Aún así, una vez terminado el plan que daría fina todo, todo volvería a la normalidad. O eso era lo que esperaba... seguir con vida.
El aire chocando contra su rostro era suficiente para hacerlo reaccionar. Recordaba perfectamente como Jasdero había hecho ese gran corte en su abdomen. Las heridas le ardieron de forma exasperante en cuanto le habían dejado tirado en la calle, frente a la multitud. Lo recordaba todo con tal perfección que, el solo pensárselo, hacía que le dieran fuertes escalofríos. Sin embargo, en ese mismo instante, se sentía ligero, y las heridas ni se sentían si quiera. Estaba demasiado cómodo a su gusto, y sintió que podría estar para siempre en ese suave lugar donde apoyada la espalda durmiendo.
Entonces, una horripilante idea hizo que se sobresaltara.
¿Estaba…MUERTO?
Abrió el ojo izquierdo del puro susto, encontrándose únicamente con un techo de color blanco. Claramente no era el cielo, por lo que suspiró aliviado. Pero de no estar muerto, y no ser ese lugar, ¿dónde estaba? Sintió una fuerte opresión en el abdomen, como si algo le asfixiara esa zona. Comenzó a analizar todo, como siempre hacía. Su cabello estaba suelto, sin ninguna badana como acostumbraba a llevar. El parche al menos continuaba en su lugar, lo cual era realmente la gran cosa. No llevaba remera, pero sí pantalón. Se sintió algo avergonzado por ese hecho, pero consideró que si le habían sanado el gran corte del abdomen, todo valía la pena. Entonces, su vista se dirigió a la ventana abierta de la habitación, donde en las afueras, y en un cordel, reposaba su rasgado abrigo de exorcista.
Agudizó sus sentidos y se preguntó, ¿qué rayos pasaba? Sabía que Bookman se había quedado con los Noés, tal y como habían acordado. Todo era parte de un plan, algo que llevaban hace tiempo elaborando. Todo había salido como habían planificado, por lo cual se sintió casi orgulloso, porque salir con vida después de haber sido torturado por esos maniacos era casi como sobrevivir al apocalipsis.
Agudizó sus sentidos, y entonces logró notar la voz de otra persona en las afueras de la habitación: la voz de una chica.
Raven hablaba a través del golem, conectado al teléfono antiguo de la casa que les había ofrecido una humilde y generosa mujer. Hablaba en esos momentos con el famoso Komui que el extraño pelirrojo había mencionado en su breve momento de lucidez. Parecía una persona bastante simpática, al menos por el teléfono.
-¿No cree que será mejor si él se queda un tiempo más? Mi maestra me ha dicho que las cauterizaciones requieren un tiempo para sanar. Los movimientos bruscos del carruaje podrían provocar que la herida se abra.
-No te preocupes, pequeña~. Él se recuperará mejor si lo traen aquí cuanto antes.
-Entendido, señor supervisor. Entonces, nos vemos.- y dicho esto, la rubia colgó el teléfono.
Agradeció a la señora, que miraba desde la mesita donde tomaba té y luego se dirigió a la habitación. Al entrar, se percató de que el pelirrojo ya había recuperado la consciencia. Ella sujetaba su libro con la mano izquierda, y con la derecha juntó la puerta para que no llegase el ruido del televisor a la habitación, y así él pudiese descansar mejor, como ella leer su libro en completa paz. El muchacho la miró curioso, pues ella tan solo se limitó a sentarse en una silla que había al fondo de la habitación. Ella llevaba el traje de exorcista, por lo que pensó que sería una enviada de Komui. Suspiró aliviado al pensar que su llamado había sido recibido tan pronto, sin embargo, ¿dónde estaba exactamente? Luego, su lado pervertido no dejó de salir a flote, lo cual en cierta forma significaba una mejoría. Pero aquello que veía no era muy de su agrado: la chica era quizás rubia y de ojos claros, pero de pechos no tenía nada, y su altura se comparaba a la de una cría de apenas quince años. ¡Él tenía 20, era un hombre! Necesitaba a una mujer de verdad, no una tabla de planchar con cara de cría.
"No, me estoy desviando… concéntrate"
Ya más centrado, luego de regañarse a sí mismo, se concentró en el aspecto de la habitación. No era muy elegante, pero si acogedora, lo suficiente para él. Las paredes estaban pintadas de un color melón bastante peculiar, y el techo blanco. Una ventana se asomaba en el lado derecho, donde se podía distinguir sus ropajes tendidos. Y finalmente, al fondo, un gran escritorio con muchos libros se extendía.
-¿Te sientes bien? Según quien hablé, por tu aspecto, te llama Lavi… - dijo la rubia de pronto, mirándolo a penas de reojo. El pelirrojo se sobresaltó al escucharla hablar, pues su cabeza estaba en las nubes imaginándose cuántas cosas habrían pasado con Bookman, entre mucho más.
-Sí, gracias. Mi nombre es Lavi, soy un Bookman.- el aprendiz sonrió levemente, aún recostado en la cama, y decidiendo que era hora de sentarse en la misma, apoyó ambos antebrazos en la cómoda para elevar a penas la cabeza. Sin embargo, una terrible punzada en el abdomen lo hizo devolverse a su posición habitual, emitiendo un leve quejido.
-Deberías reposar. Tienes muchas heridas, en la parte del abdomen y en la cabeza.- mencionó la joven, a lo que Lavi recordó inmediatamente los horribles seis meses que había pasado junto a los Noés. Jasdero, Debbito y Road se habían empeñado particularmente en torturarle cuanto más podían, y las consecuencias eran claras en ese minuto. Le dolía el cuerpo como si lo hubieran apaleado un día entero.
Luego, cayó en cuenta de ello. ¿En el abdomen? ¿Cómo sabía ella…?
-¡¿A-A caso me has quitado la remera?!- exclamó alarmado el pelirrojo con un rubor en las mejillas.
Qué horror, ¡desvestido y visto por una niña pequeña! Agradeció profundamente que llevara aún el pantalón. Algo de dignidad le quedaba.
-¿Y cómo planeabas detener el sangrado de su vientre, genio?- preguntó la rubia alzando una ceja a la vez que cerraba el libro de golpe. Lavi le miró incrédulo, ¿una niñita le había detenido el sangrado? No podía creérselo.
-¿Tú has curado mis heridas?- preguntó finalmente. La rubia se acercó a él y le extendió el libro que yacía en sus manos. Lavi leyó el título: "Medicina para principiantes".
-No tenía dinero para llevarte a un centro médico, pero éste libro decía como parar una hemorragia.- dijo la muchacha. Lavi sonrió algo nervioso, pues la idea de haber sido tratado por una "principiante" no le convencía mucho.- La persona que nombraste, Komui… me contesto en cuánto llamé a la Orden Oscura. Los buscadores llegarán a medianoche y por eso me dijo que hiciera lo que estuviera en mis manos.
-¿Él te ha enviado por mí?- preguntó el pelirrojo mirándola. Raven negó con la cabeza.
-Venía porque necesitan exorcistas en la sede europea. Al parecer, tienen poco personal allí.- Lavi sonrió y se rascó la mejilla.
-A-Ah, claro… yo soy de allí.
-Por eso tienen poco personal, claro…- susurró la rubia mirando a la ventana. Luego, recordando que el rasgado abrigo de exorcista era del pelirrojo, se atrevió a preguntar.- ¿Y qué hacías con el uniforme?
-Soy un exorcista, supongo.- respondió el muchacho del parche.
-¿No que eras un bookman?- curiosa, la chica volvió al escritorio, donde guardo el libro en su bolso.
-Bueno, me dedico a lo de ser exorcista temporalmente. Como soy un bookman, debo registrar la historia para transmitirla a futuras generaciones. Por ahora, debo registrar la guerra de lado de los exorcistas.- explicó el chico. Raven, al confirmar que era exorcista se sintió extrañada. ¿Un bookman, y exorcista? Se sentó en la silla de antes y buscó entre los muchos libros del escritorio, decidiéndose finalmente por uno en especial para comenzar a leerlo.
Lavi, por su parte, hizo un puchero. ¿Comenzaría a leer y lo dejaría sin hablar? Entonces, pensó en quizás no lo más certero. Aún no la conocía, ni si quiera sabía su nombre.
-¿Y cómo te llamas?
-Raven.
-¿E irás a la sede europea como exorcista?
-Sí.- algo molesta por la interrupción, la muchacha pasó a la tercera hoja de lectura, intentando concentrarse, pero se le haría muy difícil.
-¿Y dónde está tu inocencia?
Cerró el libro de golpe y chasqueó la lengua. Cuidar de enfermos sí era bastante fastidioso.
La división y muchos se encontraban reunidos en la oficina. Komui sonreía, y lucía bastante contento en comparación a cómo estaba en la mañana, al igual que todos los presentes. Krory lloraba de la alegría, mientras que los otros exorcistas sonreían alegremente al tener noticias del pelirrojo.
Lenalee se encontraba aliviada de saber que Lavi estaba vivo, de que al fin lo hubieran encontrado y volvería a la Orden Oscura. Kanda sonreía levemente al saber que el estúpido conejo seguía con vida, porque a pesar de lo estúpido e insoportable que podía llegar a ser a veces, era su amigo y un buen compañero. Ese era el sentimiento que todos tenían hacia Lavi en la orden, que había dejado de ser bookman hace tiempo para volverse exorcista y humano.
-Parece un milagro, ¿no lo cree, supervisor?- dijo Reever emocionado, al igual que toda la división. Komui aún se encontraba incrédulo. Ciertamente que el aprendiz de bookman estuviese vivo era un milagro, que pocas veces se veía dentro de la Orden. Generalmente, quienes no volvían, estaban muertos. Era por eso que, cada vez que veía ir a Lenalee a una misión, su corazón se aceleraba y la compostura poco a poco se perdía en su ser. Sabía muy bien que podía ocurrirle algo, y él no tenía poder alguno para evitarlo. Después de todo, ella era una exorcista, y arriesgar la vida era parte de su trabajo.
-¡Bien!- el jefe de división se levantó animadamente sonriendo.- ¡¿Qué les parece si preparamos una fiesta de bienvenida?!
-¡SÍ!
-Pero, supervisor… ¿realmente llegará Lavi con esos ánimos? La exorcista que llamó dijo que estaba gravemente herido.- recordó Reever, a lo que Komui se encogió de hombros.
-De todos modos llegará la nueva exorcista con él, y tenemos que darle la bienvenida~- canturreó el hombre.
-¡Yo iré a preparar unos deliciosos platillos para Lavi-chan~!- anunció Jerry mientras salía corriendo de la habitación junto a los cocineros. Por otra parte, la división se ponía de acuerdo para decorar el comedor, a lo cual acudieron rápidamente. Sin embargo, algunos se dieron cuenta de un detalle no menor.
-Supervisor, hemos tirado todos los adornos en cuanto nos mudamos de la Orden antigua a la sede actual.- comentó Chaoji, que ayudaba generalmente a la división a decorar. Muchas veces lo había hecho antes, y realmente se le daba bien.
Kanda alcanzó a oír aquello. Komui fingió histeria, y con algo de desesperación reclamaba que eso no era posible. Muchos de la división comenzaban a excusarse rápidamente diciendo que habían sido órdenes de él mismo, ya que los adornos ocupaban demasiado espacio. El actual general tomó de la muñeca a Lenalee y luego miró al supervisor.
Kanda la veía incrédulo. ¿Era cierto lo que decía Lenalee? Ella se había estado encontrando con él hace seis meses ya. Eso era demasiado. Inclusive el mismo se había decidido por dejar a Walker hacer su vida, confiando en que el brote de habas haría lo correcto y al fin acabaría con esa ridícula pelea entre Noés y exorcistas. Él mismo deseaba más que nadie que todo acabara para así ser libre.
-Y yo no sé qué hacer, Kanda… s-si no puedo ver más a Allen yo…- comenzó a balbucear la chica para seguir con un intenso sollozo. La abrazó cuidadosamente por el hombro, intentando así calmarla. Realmente se preguntaba qué podía hacer, porque era casi imposible escapar de allí siendo un general. Aún así, podía intentarlo.
Era un general, pero seguiría siendo Kanda. Se había prometido a si mismo seguir siendo él a pesar de todo. Se tomaba su trabajo en serio, pero, ahora que realmente se sentía seguro de mostrarle al mundo quién era y cómo era, no iba a desaprovechar esa oportunidad por culpa de un trabajo.
-No debes preocuparte, el brote de habas seguramente estará bien.- le alentó Kanda.
Lenalee negó con la cabeza, preocupada y lo vio con los ojos aún llorosos. El joven japonés suspiró y sacó un pañuelo que aguardaba dentro de los bolsillos del abrigo de general y se lo ofreció a la chica, la cual aceptó y procedió a sonarse.
-Es que… mi hermano ya sospecha de algo. Si se entera, entonces él se verá obligado a decir a Leverrier…- dijo Lenalee mientras hipaba.
-Iremos a comprar los adornos. Globos, gorritos, piñatas, o lo que sea…- dijo el chico arrastrando consigo a la china hacia la puerta de la oficina para salir.
-¿K-Kanda?- tartamudeó Lenalee observándole de reojo.
Todos quedaron viendo la escena absortos. ¿A qué venía ese comportamiento tan raro en Kanda?
Aún se encontraba recostado, viendo el techo, intentando imaginarse nuevamente el mundo sin Lenalee. Podía llamarse a si mismo masoquista, o quizás consciente, pero lo cierto era que si no le decía a ella, se enfadaría mucho. Sin embargo, sabía que diciéndole también le causaría un daño irremediable. No podía revelarle sus planes, ni decirle a donde iba. Ese era el trato definitivo que había hecho con Cross. Intentaba verlo del lado positivo, aunque sonaba, de todos modos, doloroso.
-Son solo seis meses como máximo. Solo seis meses…- se repetía en un débil susurro Allen. Timcanpy se posó sobre su frente, por lo que le observó de reojo.- ¿Qué crees que sea mejor, Timcanpy? Si me voy sin decirle a Lenalee…
El golem inmediatamente mordió su nariz, enterrando los filosos dientes en ella. Allen abrió los ojos como platos y dio un alarido de suplica para que Timcanpy se alejara, hasta que lo hizo. El chico tomó su nariz adolorido, con unas lagrimitas saliéndole de los ojos.
-E-Entendido… debo decirle.- el golem mostró una enorme sonrisa y se posó sobre la foto que había en al cajonera. Allen al verla se levantó decidido y con la nariz hinchada debido a la mordida de Timcanpy. Él le diría a Lenalee sin falta ese día.
Eran a penas las ocho de la noche, por lo que faltaban aún unas cinco horas antes de que los dichosos buscadores llegaran. No creía soportar a Lavi mucho más, pues lo poco que había estado despierto había hablado sin parar. Luego, se había quedado profundamente dormido, quizás debido al cansancio o estrés que tenía. Suspiró pesadamente ante eso, pues el libro que tenía entre sus manos yo había terminado de leerlo, y creyó estar loca como para leerse el libro de medicina. No había nada de ficción entre los libros del escritorio, y su única alternativa se había limitado a eso.
"Piensa positivo… quizás haya alguna forma de callarlo aquí" se dijo para sus adentros mientras pasaba a la página veinte.
La puerta de la habitación de pronto se abrió. Desvió la vista momentáneamente hacia allí. Se trataba de la dueña de la residencia en la que estaban, quien humildemente les había ofrecido su casa al ver el mal estado del pelirrojo. Ahora, la mujer cargaba una bandeja con dos tazas de té y un plato repleto de galletas de chocolate.
-He traído algo para comer, aunque no sea mucho…- dijo acercándose al escritorio donde estaba ella para luego posar la bandeja allí. Raven negó con la cabeza.
-Es mucho, y en verdad se lo agradezco.- dijo sincera la rubia. La mujer le sonrió, como en señal de agradecimiento, y una vez que se fue de la habitación, la chica suspiró aliviada. Eso de ser cortés y amable con los desconocidos realmente no se le daba bien, pero hacía lo que estuviera en sus manos para obedecer a su maestra.
-Entonces, eres muy amable por dentro, pero no se lo demuestras a nadie…~- canturreó el pelirrojo desde su cama, haciendo que la chica se sobresaltara. Raven afiló su mirada, y pareció dedicarle odio al chico.
-No.- respondió a secas. Lavi sonrió burlón.
-Claro que sí~
-He dicho que no.
-¡Sí~!
-¡AGH!- golpeó el libro sobre la mesa y se levantó para salir de la habitación. Realmente no tenía mucha paciencia, y no planeaba tenerla nunca con nadie. ¡Al diablo con lo que le dijera su maestra! Ella era una exorcista, no una asistente social. A ritmo apresurado, se acercó a la salida de la casa. La dueña miraba algo sorprendida aquello, a lo que ella suspiró agotada.- Saldré a dar una vuelta.- se excusó, y finalmente salió de la casa.
Lavi miraba el libro que estaba sobre el escritorio, perteneciente a la chica. Sí que tenía carácter, y tenía claro que sería difícil llevarse con ella.
"En cierta forma… es como Yuu" recordó a su amigo de cabello alargado y azul y se puso más pálido de lo que estaba. Luego, intentó buscar una razón para no temerle a la rubia, y es que en verdad había razones de sobra. En primer lugar, era bajita, lo cual le daba ventaja. Además, él sabía lidiar con gente como ella, porque había "socializado" con Yuu hace mucho tiempo, y dentro de todo igual eran amigos. O bueno, eso creía él. Después estaba el hecho de que lo había salvado, por lo que tan mala no era. Quizás era buena.
La muchacha recorría unos callejones de por ahí, cercanos de dónde estaba la casa en la que había permanecido toda la tarde. Al estar lo suficientemente lejos de allí, lejos de todo el bullicio de la ciudad y cualquier persona que pudiera molestarle, se dejó resbalar por la pared hasta caer sentada. Cerró los ojos e intentó concentrarse. No debía perder la paciencia tan fácilmente, debía seguir el mismo entrenamiento que su maestra le había dado. Debía relajarse y meditar.
"Debo concentrarme…" pensó, comenzando a respirar para calmarse.
Sin embargo, no existía la soledad absoluta que tanto ansiaba allí. Frente a ella, una presencia estaba escuchando atentamente todo, y solo reaccionó en cuanto escuchó los cañones apuntar hacia ella. Abrió los ojos de golpe y se levantó rápidamente, aunque tambaleándose un poco. Era uno solo, aunque tenía un aspecto rarísimo. ¿Sería un nivel dos?
-¿Relajándote…?- preguntó el akuma acercándose a ella, casi acorralándola.-… E-XOR-CIS-TA…
Lenalee caminaba tras Kanda, quien sostenía algunas bolsas con luces y unos cuantos adornos más. La china llevaba gorritos, globos, entre muchas otras cosas para la fiesta de bienvenida, pero sabía muy bien que la razón de estar en el pueblo de Londres no era exactamente debido a la fiesta. Kanda solamente quería saber con más detalles lo que había ocurrido entre ambos, ya que, si realmente Walker seguía vivo, tenía que verlo con sus propios ojos. A pesar de eso, Lenalee se sentía bastante insegura de si sería lo correcto que viera a Allen. Por un lado, no deseaba otra cosa en el mundo, pero… ¿desobedecer a su hermano? ¿Cuántas veces lo había hecho?
-Kanda… ya tenemos todas las cosas para la fiesta de bienvenida, ya podemos regresar a la Orden.- dijo finalmente. Ella no se sentía tan valiente como para mostrarle la ubicación de Allen a un general, aunque fuera Kanda.
-No, no tenemos todo.- contestó el joven samurái a la vez que se detenía. Se acercó a ella y la miró fijamente.- Tienes en cuenta que probablemente no te dejen salir nunca más, ¿verdad?- Lenalee asintió con la cabeza, con una faceta triste dibujada en el rostro.- Entonces, ¿a qué esperas? Ve a verlo.
La muchacha lo miró con los ojos abiertos como platos. ¿En verdad…Kanda la había llevado solamente para eso? La muchacha, entusiasta, sonrió y se abalanzó contra él abrazándolo con fuerza. A pesar de que podía meterse en problemas, no soportaba ver a una mujer triste. El joven general sonrió levemente al saber que la había hecho feliz, al menos para que ambos pudieran pasar un tiempo, juntos. Y además era una buena forma de agradecerle a Walker lo que había hecho por Alma y él. En el fondo era regresar favores.
-¿Lenalee?- al escuchar esa conocida voz, la china se separó bruscamente de Kanda, que no acababa de entender qué rayos había sido eso. En cuanto volteó, comprendió a la perfección, encontrándose con la plateada mirada de Walker dirigida hacia ellos.
-¡Allen!- exclamó la muchacha ruborizada. No quería que él malinterpretara las cosas. Kanda, sorprendido de verlo después de tanto tiempo, lo aludió.
-Brote de habas.
-Mi nombre es Allen… BaKanda.- contestó rápidamente el albino con una venita en la sien.- Y díganme...- observó tanto a Lenalee como Kanda, cruzándose de brazos.- ¿Qué hacían ustedes dos tan abrazados?
Bien, hasta acá el capítulo. ¡Espero que les haya gustado! No olviden dejar reviews : 3
