A diferencia de Sakura que desesperadamente trata dejar el pasado en el pasado yo trato de vivir en el pasado. Es lo único que me mantiene con vida, el recuerdo de lo que fui y lo que podía ser.
Mi padre era un maldito ególatra que sólo le importábamos yo y mi hermano como mercancía, así que cuando mi hermano se volvió loco como una cabra y le rebano el cuello no hubo ninguna reacción en mí, no hubo dolor, ni rabia ni tristeza. Pero cuando el mato a mamá, cuando la corto como un vil cerdo mi mundo cambio. Dejé de ser Sasuke Uchiha y me convertí en un vengador.
Me encontraba fastidiado, aquella fiesta había perdido ya mi interés estaba a punto de largarme de allí importándome un carajo el puñado de hombres y mujeres que se disputaban el atraer mi atención y así pasar una de las mejores noches de su vida cuando la vi entrar a ella; ella con su curiosa marcha parsimoniosa, con su exótico y brillante cabello que invitaba a sumergir los dedos entre sus hebras, con su mirada dulce e inocente que invitaba a pecar , con su frágil cuerpo tan fácil de romper , con su carne blanca e inmaculada, ella un hermoso ángel desterrado por Dios.
Camine hacia ella sin ninguna vergüenza nos observamos y nos reconocimos a través de nuestros reflejos en los ojos del otro. En el momento en que nos tomamos las manos en ese preciso momento ambos sellamos nuestro destino.
Sólo fue cuestión de tiempo para que lo que comenzó como un juego para nada inocente, tomará otros tintes. No podíamos ya vivir el uno sin el otro. En los momentos que nos separábamos memoraba la impúdica figura de Sakura penetrada por mí, de la forma en que ella dulcemente acariciaba mi cabello de forma casi maternal mientras mordía y lamia sus dulces senos, de la perfección de sus caderas, el olor y sabor del néctar que fluía entre sus piernas, de sus costillas sobresalientes, pero sobretodo y lo que secretamente amaba más eran su pies; con sus ligeras malformaciones, llenos de cicatrices y ampollas, esos pies mostraban que sobre toda la belleza irreal de Sakura ella era humana. Sus pies mostraban el sufrimiento que se instalaba en su corazón.
Aquella tarde lluviosa que volví a nuestro departamento con la cara transfigurada en un rictus de dolor, Sakura no pregunto nada, me acunó entre sus brazos me condujo hacia la bañera y me desvistió con amor, froto mi cuerpo dulcemente hasta desaparecer la sangre impregnada en mi cuerpo, me froto con colonia hasta que el olor de la muerte se esfumo, me condujo a la cama y se entregó a mi sin reservas, un bello ángel entregado al placer y a la lujuria de la carne. Ella lo sabía , al fin había cumplido mi venganza.
Los siguientes días me volví aún más huraño, la venganza en vez de liberarme me había condenado aún más. Sakura recibió con brazos abiertos mi dolor, dejándose empapar por el asfixiante veneno que me consumía, la sometí a la más a vergonzantes torturas. Torturas que ambos disfrutamos con éxtasis, sumidos en la depravación de nuestro amor; para luego prodigarle las más dulces caricias y palabra de amor.
Mi bipolaridad era tal que había días que yo mismo no podía soportarme —Si te vas llévame contigo Sasuke-kun—susurraba dulcemente en mis oídos, para después sentarse a mi lado y refugiar su menudo cuerpo en mis brazos, en esos momentos en que la muerte se reflejaba en sus orbes verdes la amaba aún más. Y el destino trazado en el momento en que nos conocimos tomaba al fin forma y su forma era la muerte. Esa noche, en que mi amor por ella se reafirmaba en la que sentí nuestro destino más próximo, la abandone.
Después de una semana de vagar regrese al único hogar que tenía, dopado hasta los huesos y más cerca de la tumba de lo que nunca estuve y con la misma arma que había tomado la vida de Itachi entre los dedos. Sakura abrió la puerta y me sonrió con una mueca entre alegre y triste.
—Al fin viniste a llevarme contigo Sasuke-kun— afirmó con sus lagrimas como diamantes deslizándose por sus mejillas, nunca había estado tan bella como en el momento en que murió por mi mano, entregada a mí sin reparó
—Te amo— murmuré a su cuerpo sin vida antes de tomar la arma y apuntarla a mi cabeza.
—Yo también te amo Sasuke-kun—creí escuchar su cándida voz responderme mientras la vida se me escapa entre los dedos y no hacia el menor intento de detenerla y su cuerpo y el mío se teñían con la sangre del otro.
Negro y rojo nuestros colores. Los colores de la muerte.
Debería estar estudiando para un examen pero que rayos, tenía que escribir este final. Espero que les guste tanto como a mí me gustó escribirlo.
