Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


-1-

Caminé de un lado a otro de la habitación, metiendo y sacando cosas de la maleta.

-¿Estás segura de que lo que vas a hacer es una buena idea? –me preguntó mi mejor amiga Rosalie, observándome desde la cama.

-No, pero no puedo hacer nada más –le contesté con prisa. Me estaba poniendo nerviosa porque no sabía cual sería el mejor tipo de ropa para llevarme. No sabía si en Dilley haría frío o calor, llovería o haría sol. Me estaba estresando.

-¿Por qué no dejas que Garret se ocupe de todo esto?

-Él está muy atareado con su trabajo. Además, ya hizo bastante por mí. Por si no lo recuerdas, hace dos semanas se ocupó de enviarle los papeles del divorcio a Jasper y después, al ver que no los recibíamos de vuelta firmados, lo llamó. ¡No es problema nuestro que el sistema de correo y la línea telefónica de Dilley sea un asco! –terminé de exasperarme y tuve que sentarme en la cama para tranquilizarme.

Tal y como le había explicado a mi amiga, Garret se había ocupado de todo para hacerme el trámite del divorcio más fácil. Cuando tuvo en sus manos los papeles de la separación, se los envió a Jasper. Una semana y media después, Garret estuvo seguro de que no le habrían llegado y optó por llamarlo por teléfono. No pudo comunicarse con él, de modo que no me quedó otra que convencerle para que me dejara ir a Dilley para hablar personalmente con Jasper. Aquella idea no le hizo ni pizca de gracia a mi prometido, pero yo sabía que si trataba personalmente con Jasper me sentiría mucho más tranquila, así que no estuve en paz conmigo misma hasta que conseguí convencerlo. Garret se empeñó en venir conmigo, pero dos días antes le surgió un caso tremendamente importante para su carrera, y le pedí que se quedara en Nueva York. Yo sabía cuidarme sola y conocía Dilley como la palma de mi mano. No me pasaría nada.

-Lo sé, ¿pero por qué tienes que ir tú hasta allí? –me preguntó Rosalie con una ceja levantada.

-Pues no sé, ¿tal vez porque se trata de mi marido? –ironicé.

-Futuro ex-marido.

-De acuerdo, futuro ex-marido. Pero creo que es justo que le explique las razones de nuestro divorcio, ¿no crees?

Rosalie se encogió de hombros y resoplé.

-Mira, hace mucho tiempo que no sé nada de él, pero si la cosa fuera al revés, me sentaría un poco mal que él quisiera divorciarse de mí sin darme ninguna explicación. Es algo raro, pero así me siento.

-Te entiendo. Si no lo hablas con él personalmente, tendrás remordimientos. ¿Es eso a lo que te refieres?

Asentí.

-Entonces, hazlo. Supongo que no va a ocurrir nada.

-Sólo voy a estar un día allí, dos como mucho. Únicamente tengo que hacer que Jasper firme los papeles.

-Tal vez no quiera firmarlos…–musitó Rosalie observándose con demasiado esmero una uña.

-¿Por qué no tendría que querer?

-No sé, eres su mujer.

-Pues no lo ha parecido en estos últimos seis años –me enfadé cruzándome de brazos.

-Tranquilízate. Tú puedes con todo. ¿De verdad que no quieres que te acompañe?

-No. No hace falta, gracias. Sé que lo pasarías fatal allí, y no quiero hacerte pasar un mal trago –no me imaginaba a Rosalie con sus zapatos de tacón caminando entre serpientes y arañas más parecidas a tarántulas. Dilley era todo lo contrario a Nueva York.

-Entonces te lo agradezco. Pero ten cuidado.

-Lo tendré –suspiré antes de levantarme, y después continué preparando la maleta.

Dos horas después me encontraba con Rosalie en el aeropuerto, esperando a que mi vuelo hacia Texas saliera.

-Todo va a ir bien –me animó ella rodeándome con un brazo. –Y si no, sabes que puedes regresar cuando te apetezca. Allí no te ata nada ni nadie, Alice.

-Lo sé. Pero estoy algo nerviosa.

-Es normal. Pero ya verás como dentro de poco estarás en Nueva York otra vez, y no tardaremos nada en celebrar tu boda –canturreó feliz, y fue capaz de contagiarme su alegría, por lo que sonreí.

En aquel momento, anunciaron que el avión con destino a Houston despegaría en pocos minutos, por lo que me apresuré a despedirme de Rosalie, y caminé a paso ligero hasta mi terminal.

Una vez estuve sentada en el avión, tuve que respirar hondo varias veces para tranquilizarme, pero como no funcionó, a punto estuve de colocarme la mascarilla que se utilizaba en caso de accidente. Me contuve, no era plan de hacer un numerito allí dentro.

Intenté dormir un rato pero no fui capaz. No sabía cómo reaccionaría Jasper en cuanto me viera, porque estaba segura de que no esperaba mi visita. Seguramente él ya se habría hecho a la idea de que jamás volvería a Dilley, y así habría sido si no hubiera tenido problemas para contactar con él. Tampoco estaba segura de cómo se tomaría la noticia. Tal vez se alegraría de poder divorciarse de mí, o tal vez no. Aunque aquella última opción la descartaba totalmente.

Cuando quise darme cuenta, el avión estaba a punto de aterrizar, por lo que me agarré con fuerza al asiento, como si quisiera poder quedarme enganchada a él y así no tener que enfrentar a Jasper. Tenía miedo, era obvio. Además de que estaba muy nerviosa, pero intenté consolarme pensando que tal vez al día siguiente ya podría volver a Nueva York siendo libre.

Una vez bajé del avión, me dirigí a la salida del aeropuerto porque sólo llevaba el equipaje de mano. Una pequeña maletita en la que llevaba ropa para dos días. No esperaba quedarme más.

Hice planes en mi cabeza para situarme. Primero, debía encontrar algún medio de transporte para ir hasta Dilley. Un taxi sería extremadamente caro porque Dilley estaba algo apartado de toda la sociedad, y aunque tenía dinero, no pensaba gastarlo todo sólo en un medio de transporte.

-¿Alice? –escuché una voz que me resultó vagamente familiar, pero no fui capaz de reconocerla hasta que me di la vuelta y vi a la persona que me había llamado. – ¿Alice Brandon?

-¿Charlie? –pregunté con los ojos abiertos como platos. Aquello sí que era una encantadora coincidencia.

-¡Vaya por Dios! ¡Qué ilusión me hace verte, bonita! –casi gritó, y me rodeó con los brazos en un gesto afectuoso que no dudé en corresponder. Charlie Swan era el sheriff de Dilley y el padre de mi mejor amiga de la infancia y cuñada, Bella.

-Lo mismo digo –contesté cuando me separé de él.

-¿Qué haces aquí? ¿Vas a volver a Dilley?

-No, bueno sí, pero sólo por un par de días. Tengo unos asuntos que arreglar.

-¿Y ya tienes a alguien que te lleve hasta el pueblo? –me preguntó amablemente.

-No, estaba pensando en las opciones que tenía.

-Pues no pienses más, yo te llevo.

-Oh, no hace falta que se moleste, señor Swan.

-No es molestia, para nada, cielo. Te llevaré encantado. Ahora mismo volvía yo también, así que no podemos decir que las coincidencias no existen –se rió subiendo a su camioneta. Lo imité y me subí a su lado.

-Es cierto.

-No sabes la ilusión que le hará a Bella saber que estás en el pueblo. Le va a encantar.

-Seguro –contesté con una sonrisa algo triste. No tenía pensado ir al pueblo para ver a nadie, pero ya que me había encontrado con el señor Swan, no podía irme sin visitar a su hija.

-Ya soy abuelo, ¿sabes? –me informó con una sonrisita orgullosa.

-¿De veras? ¿Bella tiene un hijo? –casi grité abriendo exageradamente los ojos.

-Una hija, mejor dicho. Se llama Renesmee y tiene cuatro años. Es una preciosidad.

-Seguro que sí –murmuré feliz por ella, pero no pude evitar pensar que tal vez, si yo me hubiera quedado en el pueblo, en aquel momento también sería madre de un pequeño monstruito de cabello rubio o de una princesita mimada.

Sacudí disimuladamente la cabeza y dejé de pensar en aquellas tonterías.

Pasamos el resto del viaje explicándonos cosas acerca de nuestra vida, y en cuanto llegamos a Dilley, tuve que decirle que me llevara hasta casa de Jasper.

-¿Tenéis algún problema? –me preguntó Charlie cuando detuvo la camioneta frente a la casa que una vez me había pertenecido a mí también.

-No, es que…me voy a casar de nuevo. Y necesito que Jasper firme los papeles del divorcio –terminé explicándoselo porque sentía que necesitaba hacerlo.

-Comprendo. ¿Quieres que me quede?

-No, no hace falta. Muchas gracias por todo –le dije abriendo la puerta de la camioneta.

-De nada, cielo. Y no dudes en venir a visitarme otro día –me dijo antes de arrancar.

Me despedí con la mano y respiré hondo antes de darme la vuelta para encarar la casa de madera que tenía delante. En realidad era muy bonita, más de lo que la recordaba. Tenía dos pisos y un porche precioso en la parte de delante y otro en la parte de atrás. A unos cuantos metros de la casa había un establo donde Jasper guardaba los caballos que poseía, y al otro lado, había un granero de color rojo que siempre me había encantado.

Un estridente ladrido me sacó de la ensoñación en la que me había sumido y pegué un bote del susto. Sonreí ampliamente cuando vi al causante de tanto alboroto.

-¡Sheldon! –grité agachándome un poco para recibir al perro. – ¿Cómo estás, guapo? –pregunté acariciándole la cabeza y el lomo, mientras él me saludaba sin dejar de darme lametones. Al parecer aún se acordaba de mí. Siempre había estado enamorada de aquel perro. Se lo regalé a Jasper un mes después de habernos casado, y recordaba que era sólo una pequeña bola de pelo cuando lo llevé a casa. En cambio, delante de mí había un perro adulto, precioso y muy cariñoso. Me alegraba saber que Jasper se lo había quedado y lo había cuidado. Le di un beso en la cabeza y me levanté sin dejar de hacerle carantoñas. Debía hablar con Jasper, no con la que había sido nuestra mascota.

Escuché unos ruidos en la casa y me paralicé al instante en que escuché la voz de mi todavía marido. En aquel momento era cuando debía empezar a ser valiente.


Sí, soy mala por cortar el capítulo ahí, pero un poco de suspense siempre viene bien ;p Por lo menos ya sabéis que en el próximo capi aparecerá nuestro querido y sexy Jasper *¬*

¡Muchas gracias a todas las personas que se pasaron por el prólogo, que dejaron review y añadieron la historia a sus alertas y favoritos!^^

Espero que también os haya gustado este capítulo.

¡Nos leemos en el próximo!

XOXO