¡Hola! Aquí regreso con el segundo capítulo del fict, tal y como prometí~ He de decir que estoy muy sorprendida por que haya tenido tanta aceptación; no esperaba tener dos reviews en menos de un mes, en un fict escrito en español y de una pareja de la que apenas se sabe. Me anima a continuar escribiendo, así que espero poder aprovechar el poco tiempo de vacaciones que me quedan para poder terminar el tercer capítulo.

Como siempre aviso; Este fict contiene slash o yaoi, y los personajes que en él aparecen no me pertenecen, tan sólo la historia en sí.

No os cortéis en hacer reviews, quiero saber vuestra opinión y tener vuestro apoyo para continuar. ¡Espero que os guste!


Capítulo 2; Pérdida.

Mi siquiera el mismo Dororo habría sabido decir cuánto tiempo permaneció allí, en el suelo. Como si le hubieran fundido las rodillas con la hojarasca de bosque. La cabeza le daba vueltas, tratando de llegar a algún atisbo de comprensión, pero no llegaba siquiera a entreverlo.

Cuando se quiso dar cuenta, ya estaba amaneciendo, y probablemente Koyuki se percataría de su ausencia. Hizo un pequeño esfuerzo y, con un leve quejido, se levantó y se dirigió a su morada, en mitad del bosque.

Los días se sucedieron lentamente, Dororo seguía atontado tratando de sacar conclusiones con respecto a Zoruru; puede que por ello, se mostrara algo ausente en las reuniones de tropa o en los paseos con Koyuki por las azoteas de la ciudad. También le ayudó a evadirse considerablemente del hecho de que la tropa apenas le mencionara, puede que por eso, el ambiente en la base estuviera algo enrarecido.

Entonces, la tropa Keroro recibió una visita inesperada.

Era una tarde normal, y, de nuevo, Giroro y Keroro discutían sobre el nuevo plan de invasión, mientras el resto dirigía la mirada hacia otro lado. Giroro dio un golpe contra la mesa, ya bastante enfurecido;

-¡Esto no puede seguir así Keroro! ¡Llevamos meses sin mostrar ningún progreso! Y para colmo tú sigues en tus trece. –El furioso caporal le dirigió una mirada helada a la rana verde a su derecha, que sostenía un lapicero entre los dientes mientras se reclinaba hacia atrás en la silla.

-Gero… Pero Giroro, macho, ¿qué puedo hacer yo? Me doblo la espalda fregando el baño para Natsumi-dono a diario y además hago planes estupendos que, de un modo u otro acaban en fracaso. –Se encoge de hombros y suspira- además la comandancia ha cortado el presupuesto temporalmente…

-¡Pero eso es precisamente porque te pasas el día montando maquetas en vez de idear planes…!

La discusión parecía que iba para largo, cuando, de pronto, Mois entró corriendo a la sala con gran agitación.

-¡T-tío Keroro…! Tenemos visita, o sea, ¿visitante inesperado?- Paró un poco para retomar el aliento.

-¿! G-gero ! Y de quien se trata, puede saberse, Mois-dono? –Inquirió el sargento, con los ojos abiertos como platos.

-P-pues…

-Siento presentarme sin aviso previo, sargento Keroro, ruego nos perdone la intromisión…

Dos keronenses acababan de entrar justo detrás de Mois, pero entre la agitación y la sorpresa de la noticia nadie se había percatado de ello.

Quien estaba al frente, con un perfecto saludo militar y sus lentes amarillas impecables, no era otro que el teniente Garuru, quien venía acompañado de Tororo, su técnico de tropa.

-¡GERO!-Keroro se bajó inmediatamente del asiento y se dispuso a recibir a su superior con un saludo firme, aunque horriblemente nervioso- ¡Te-teniente Garuru…! Siempre es un placer recibirle en la base… -sudando a mares, Keroro presentaba un leve tic en el ojo- ¿Q-qué le trae por aquí, mi señor?

Garuru se puso serio –si es posible que se ponga más de lo que normalmente ya es- y se cruzó de brazos mientras hablaba;

-Pues verá, quería preguntarle si alguien de su tropa ha podido ver al Cabo Zoruru últimamente…

El resto de la tropa se agitó, considerablemente preocupada. Dororo salió de su ensimismamiento por un instante y dirigió su mirada a los visitantes, intrigado. Giroro se levantó en el asiento;

-¿A-al cabo Zoruru…? ¿Por qué habríamos de saberlo?- inquirió.

-Pues bien… hace cosa de un mes o así Zoruru se marchó tras una revisión médica llevada a cabo por la enfermera jefe Pururu y el recluta Tororo… -dirigió una mirada de reproche a su subordinado, que se encogió en el sitio.- y puesto que no le encontrábamos en ningún otro sitio supusimos que se dirigió hacia aquí, como en otras ocasiones…. Es de vital importancia encontrarle lo antes posible.

Un murmullo recorrió la sala. Dororo se estaba preocupando. ¿Acaso no había regresado Zoruru tras la batalla? Al fin y al cabo había salido vencedor, ya nada le obligaba a quedarse allí…

-Bueno… -Keroro se puso la mano en el mentón, pensativo- …el cabo Zoruru sólo viene aquí para una cosa… -todos dirigieron su mirada lentamente hacia Dororo, quien, por primera vez en su vida, habría preferido seguir pasando inadvertido- … tal vez Dororo sepa algo…

-Cabo… ¿sabe usted…?

Dororo, en lugar de responder hizo otra pregunta, mientras se ponía de pie, nervioso. La situación no le estaba dando buena espina y un pequeño temor se hacía paso en su mente.

-¡Teniente! Os ruego me informe presto. ¿Por qué es tan necesario encontrar raudos a su persona?

Garuru hizo una mueca con la boca al verse interrumpido, sin embargo, respondió con voz calmada.

-Porque hubo un fallo en el análisis técnico de una de sus piezas… -miró de nuevo a Tororo, que no tuvo más remedio que dar un paso adelante y hablar.

-Pu, pu, pu…. Cometí un pequeño error de cálculo y se me olvidó ajustar su sistema respiratorio auxiliar…-parecía terriblemente arrepentido y humillado por admitirlo, más en frente de Kururu, que le miraba con una sonrisa cínica de oreja a oreja, de repente interesado en la situación.- asique, siendo breves, el cabo puede estar sufriendo un recalentamiento excesivo de sus órganos internos en este preciso instante….

Un silencio sepulcral siguió a sus palabras. Dororo sintió como si una losa de hormigón le hubiera caído sobre los hombros.

En aquel instante, Zoruru se podría estar muriendo en cualquier lugar del bosque. No pudo evitar sentirse un poco culpable por ello. Keroro rompió el silencio con la pregunta que, probablemente, rondaba en la mente de todos.

-…D-dororo, macho, ¿no te lo habrás cargad-…?

-... Keroro-dono, si me disculpáis, he de ir a comprobar un asunto inmediatamente… ¡Nin!- Dororo desapareció en una nube de humo y se marchó, dejando a los presentes sin palabras.

Salió por una trampilla de la vivienda de los Hinata, y se dirigió al bosque rápidamente saltando de azotea en azotea, esperando que no fuera demasiado tarde…


Hacía calor. O al menos eso era lo que él sentía. Un calor horrible, como un infierno, le perforaba el pecho, como si hubieran prendido fuego a sus pulmones y ahora sólo respirase humo.

No se hallaba muy lejos de dónde había luchado contra Zeroro, puesto que a mitad de camino, su pierna izquierda dejó de responderle. El bosque estaba en completo y fúnebre silencio, parecía que iba a llover de un momento a otro, porque el cielo estaba nublado, pero él agradecía la ausencia de sol y la leve brisa que corría entre las columnas de la cueva-refugio hasta dónde había podido llegar.

No podía dejar de pensar en aquella noche. Había besado a Zeroro, cosa que en aquel momento ni él mismo llegaba a comprender cómo.

Y lo peor es que le había gustado, pero al parecer Zeroro también se había sentido de esa forma, por la manera en que trató abrazarle. Se sintió asqueado de sí mismo, ¿Cómo había sido capaz de hacer algo así…?

Pensó en la expresión de Zeroro antes de aquello… en los ojos cerrados fuertemente, como si tuvieran miedo, en sus mejillas mojadas por las lágrimas. En su boca, la cual, a pesar de haber luchado con él en varias ocasiones, nunca antes había logrado destapar.

Y luego pensó en el aliento que habían compartido…

Se quedó ensimismado un rato largo, hasta que se dio cuenta de las grandísimas chorradas en las que estaba pensando y sacudió la cabeza, tratando de quitarse esos pensamientos de la misma. Sólo consiguió reparar de nuevo en el intenso calor de su interior y en lo débil que se sentía en ese preciso instante. El brazo mecánico estaba empezando a darle problemas también.

-Tsk… -Entrecerró el ojo mientras trataba de flexionar los dedos de la mano, pero al cabo de un rato dejó de intentarlo… seguramente en la última revisión el recluta había metido la pata, cómo no. La próxima vez que lo viera, se aseguraría de romperle las gafas a golpes.

El sol ya había subido y bajado varias veces… se estaba empezado a impacientar. Pero no veía salida a esa situación, cada vez le costaba más respirar y estaba comenzando a perder la consciencia. Se consoló pensando que, al menos, había conseguido vencer a Zeroro antes de ese fallo de sistema… por suerte la batalla no se había alargado mucho ésa vez.

Así se hallaba, recostado en la fresca pared de la cueva, con una mitad del cuerpo inmovilizada, mientras que la otra le ardía intensamente, con el ojo cerrado, tratando de no hacer movimientos innecesarios, que seguramente intensificarían el calor.

Fue entonces cuando oyó el ruido de pasos entrar al lugar. Había alguien ahí. Aunque no podía distinguir de quién se trataba. En un principio pensó en los integrantes de su tropa, quizá el teniente Garuru, o incluso el pesado de Taruru, pero no podía estar más alejado de la verdad. Entreabrió el ojo para al fin poder descubrir de quien se trataba.

Unos grandes ojos azules le miraban fijamente, Zoruru se puso tieso al reconocerlos.

-Zeroro… ¿qué…? ¿Vienes a burlarte de mi debilidad…?- Su voz, aunque sin fuerza, sonaba envenenada.

Avanzó unos pasos al oír su voz. Le había estado buscando sin parar desde la salida de la base. Aquel era el único sitio dónde podía hallarse, no quedaba un palmo de bosque sin revisar.

Dororo al fin pudo distinguir a Zoruru no muy lejos de la entrada; tenía mal aspecto, el de quien no ha comido en días, y respiraba pesadamente. Le dirigía miradas que, de haber podido matar, ya sería un montón de polvo sobre la entrada del lugar. Avanzó despacio, con todas las dudas que se había estado planteando los últimos días aflorando en su cabeza, pero sin pronunciar palabra alguna. Se quedó plantado, mirándole fijamente.

Zoruru se removió, bastante incómodo, mientras pensaba en lo pasado aquella noche. Habló fríamente, aunque la fatiga debilitaba el tono de su voz.

-Te dije que ya no volveríamos a vernos más…-le dedicaba una mirada glacial a medida que se acercaba, pero eso no detuvo a Dororo, que se agachó a su lado, aún en completo silencio con las dudas aflorando en las cabezas de ambos.

Lo último que sintió Zoruru antes de perder el conocimiento fue que unos brazos silenciosos le levantaban del suelo.


Hasta aquí el segundo capítulo. Es un poco más largo que el anterior, puesto que quise centrarme en ambos puntos de vista de los personajes. A partir de aquí, creo que en cada capítulo trataré de centrarme en lo que piensa cada uno por separado, y así no tendré que liaros tanto.

Bueno, ¿Qué opinais? ¡Reviews por favor!