Este segundo capítulo está dedicado a Sakuya Bells, quien espero lo disfrute mucho! ^^
...*...
—¿y si tú sientes igual? no, es imposible... ¿pero si en realidad fuera verdad y yo jamás te lo dijera? entonces debería decírtelo ... ¿pero y si te lo digo y tú me rechazas? entonces perdería tu amistad; sí, debo ocultarlo... ¿y si jamás te lo digo y luego entiendo que tú sentías lo mismo por mí? entonces nunca podría perdonarme... ¿nunca...? sí, es una palabra real —miró la caja blanca sobre la mesa —y nada de lo que entienda servirá para solucionar este acertijo. No hay constantes, no tengo de dónde sostenerme. La incertidumbre llevada al extremo; donde no sólo yo, sino tú también estamos ciegos. ¿Y por qué debería incluírte en mi situación? Quizá para ti sea sólo un juego... ¿y de ser así, no querría que juegues conmigo? —acarició los bordes de la caja — Y aún de no ser un juego ¿qué sucedería si fueses Kira? No importa qué suceda; no importa si logro armar el rompecabezas. Simplemente es inútil —miró la puerta con ansias —. Tu inalcanzable sonrisa, sobreevaluada por mi delirante soledad, resulta como las uvas de la fábula. Tú las uvas; yo la zorra. Viéndolas pender de lo más alto del árbol; moradas, rojas. Sabiéndome incapaz de alcanzarlas. Y aún así... no puedo afirmar que estén verdes —apretó los párpados —pues aún de ser Kira, nada cambiaría. Esta ilusión sobre la cual has armado tu pequeño show; y he caído, encantado de caer ante ti; encantado de perder contigo. Cada palabra que utilizas para tejer mentiras y engañarme; creyéndote inmortal, perfecto. Y yo dejándote que lo creas... alimentando tu mentira. Eres como una psicosis, un cáncer que consume toda mi racionalidad. Paranoide, mi psicosis, no logra hallar consuelo en tu falta de sinceridad; pues soy demasiado inteligente para creerte... Y quizá sea eso lo que me lleva al deseo de fracasar. Como a un niño te permito creer que has ganado. Como un niño me oculto; permitiéndote ganar. Dentro de capas oníricas hallo mi error y, postrado ante ti, callo. Una debilidad que parece innata se apoderó de todo razonamiento. Sin querer ni poder aplicar lógica. Como un niño ante un truco de magia, te observo; atónito. ¿Un Dios? sí, así dices llamarte. Sobre las tablas, fabricas marionetas y luego cortas sus hilos, dejándolas caer. Y me he prestado a aquel juego, siendo una marioneta más... un títere de propia empuñadura mas foráneo accionar. Tu juego, eso es todo. Cada frase, parte de tu guión. Y así de impotenente, aún no logro sentir el fracaso. Pues quizá sea esto lo que me has llevado a anhelar. Ajeno a mí, ya no puedo afirmar ni negar nada. Un Dios... no puedo mentirte. La sensibilidad que solía alienarme se desvanece cuando estás conmigo. Mi Ello te obsequió una venda para que pudieras colocarla sobre mis ojos. Mi superyó aún continúa diciendo algo al respecto... pero me rehuso a oírlo.—Oyó la puerta abriéndose— Ante ti, Kira, quiero ser ciego...
...*...
—otra vez ahí sentado —dijo Raito sentándose en la silla de enfrente. —¿Qué tanto piensas cuando te encierras en esta habitación, Ryuuzaki?
—te he comprado un regalo.
—¿un regalo? —rió —¿a mí? ¿qué será?
—toma, ábrelo —dijo Ryuuzaki, dándole una de las cajas blancas.
—veamos... —dijo Raito, mientras la abría. Al hacerlo halló fresas, muchas fresas. —¿Fresas? —preguntó, mirándolo —oh, veo ¿me las has regalado por lo que ocurrió ayer?
—así es.
—¿y qué esperas que haga? —"Tan sólo verte mordiéndolas me basta..."
—lo que más te plazca, Raito-kun.
—bien, aceptaré tu obsequio con una condición.
—lo que gustes.
—dime, Ryuuzaki —comenzó, tomando una frutilla —¿qué harías si yo resultara ser Kira? —"Veo que tienes muy claro qué sucede...".
—¿qué importa? Si sólo eres Yagami Raito-kun.
—lo sé, lo sé... —rió, mientras comía —es sólo un pequeño juego.
—pues te pediría que me enseñes cómo es que lograste ser el asesino perfecto.
—¿asesino perfecto, eso crees?
—pues, claro. Eso eres.
—cuéntame más... —dijo, mientras comía más y más fresas.
—quisiera saber porqué no puedes matarme.
—¿y quién ha dicho que no puedo matarte?
—entonces has elegido no hacerlo. Eso es aún más interesante.
—quizá me resulte divertido no matarte.
—¿y eso por qué?
—tú eres el que está contestando mis preguntas. Es mi juego, Eru —burló.
—entonces pregunta, Kira. —Aquel juego extasiaba a ambos, llevando su morbosidad al extremo.
—¿no me temes?
—¿temerte? En lo absoluto; sé que no puedes o no quieres matarme. Si no lo has hecho hasta ahora, no lo harás.
—quizá los hechos me lleven a matarte.
—eso no sucederá. Primero descubriré que eres Kira.
—¿y si al descubrirlo murieras, bajo mi poder? —dijo, mientras mordía provocativamente una fresa.
—entonces mi muerte valdría la pena. —"¿es que te causa tanto placer ese poder que tienes?"
—¿en serio lo dices?
—sin dudarlo. Eres mi único motivo para vivir. Cuando te descubra, serás mi obra maestra... no importará si resultas póstuma. —Raito rió con fuerzas.
—qué divertido eres, Eru. En verdad. Y ahora, dime ¿y si te pidiera que me acompañes en mi misión? —Ryuuzaki se quedó sin palabras. —Oh, veo que he dado con tu punto débil ¿es que acaso simpatizas con Kira, conmigo? —"tienes razón... de pedirme tal cosa... yo accedería".
—¿cuál es aquella misión?
—no puedo revelártelo, deberás decidir sin saberlo.
—¿y en ese caso podría matar a voluntad como tú?
—desde luego.
—¿y tú me darías ese poder? —Raito no contestó "eres muy bueno, Ryuuzaki, me has pillado".
—sí, lo haría.
—en ese caso, aceptaría.
—¿con el propósito de matar gente?
—claro que no. Con el propósito de matarte.
—¿por qué serías tan hostil conmigo, que te he mantenido con vida?
—de revelarme tu motivo para no matarme, puede que tenga la misma delicadeza contigo.
—jamás haría tal cosa. Deberás matarme.
—lo haría con mucho gusto. —Ambos esbozaron una sonrisa. Aquel juego había resultado de mil maravillas.
—debo agradecerte, Ryuuzaki. Tengo que admitir que amo las fresas.
—¿un asesino que ama las fresas?
—si mañana traes más, entonces jugaremos nuevamente. —Rió, parándose y dándole la caja vacía a Ryuuzaki.
...*...
Explicación: el "ello" y el "superyó" son partes de la psiquis según Freud. El Ello representa todos los deseos, la parte del cerebro donde no existe el bien y el mal; el Ello sólo sabe QUERER a cualquier costo. Por el contrario, el Superyó es la ética de la mente; dice qué debe y qué no debe hacerse. Del conflicto "superyó-ello", nace el Yo: que trata de cumplir sus deseos sin exceder su propia ética.
Muchas gracias a todos por leerme! El próximo capítulo dará un giro interesante ^w^
