Lay beside me, tell me what they've done /
Speak the words I wanna hear, to make my demons run
The door is locked now, but it's open if you're true
If you can understand the me, than I can understand the you
/Acuéstate a mi lado, dime lo que ellos han hecho
Di las palabras que quiero oír, para hacer mis demonios correr
La puerta está cerrada ahora, pero está abierta si eres real
Si puedes entenderme a mí, yo puedo entenderte a ti.
Lay beside me, under wicked sky
The black of day, dark of night, we share this paralyze
The door cracks open, but there's no sun shining through
Black heart scarring darker still, but there's no sun shining through
No, there's no sun shining through
No, there's no sun shining...
/Acuéstate a mi lado, bajo un cielo malvado
La negrura del día, la oscuridad de la noche, compartiremos esta parálisis
La puerta se ha roto, pero no hay ningún sol brillando
Un corazón negro que cicatrizará, pero ningún sol brillando habrá
No, no habrá ningún sol brillando allí
No, ningún sol brillando…
Metálica – The unforgiven II
Preludio
Nieve era todo lo que se veía alrededor. Las ventiscas azotaban los despojos del dirigible estrellado contra la escarpada ladera de una de las Montañas Nevadas de Frozen North, a causa de la terrible tormenta que lo había sorprendido en su trayectoria. Algunas partes yacían en llamas, uno que otro cuerpo magullado, muerto probablemente ya por la fuerza del accidente, era cubierto paulatinamente por la blanca nevada.
Lo que pretendía ser un emocionante viaje de reconocimiento por el norte se vio truncado así por esa devastadora fuerza climática. Una feliz y unida familia de unicornios canterloneses iba en aquel destrozado artefacto volador, junto con la tripulación del mismo, pegasos y algunos terrestres, la mayoría de éstos perecieron al momento de la colisión, ya que se encontraban haciendo lo imposible por salvar el dirigible.
El padre de familia, un importante académico de la capital equestriana, vio por última vez a su esposa y a su hijo, ambos lloraban, su esposa le rogaba que no muriese, que se quedara con ellos, que pronto vendría la ayuda. Estaba atrapado entre unos hierros doblados, bajo él la nieve se había teñido de un color carmesí. La madre de familia, White Pearl, tenía un casco roto y múltiples rasguños, pero no estaba herida de gravedad, ni tampoco su pequeño. Ella besó a su amado, el único semental con quien pensaba compartir su vida y llegar a la vejez, y el alma abandonó el cuerpo sufriente para ser llevada por la parca.
Ella entonces intentó calmar como pudo a su hijo, y entre los dos se pusieron cascos a la obra para buscar abrigos y provisiones. No podían esperar a que alguien viniera por ellos, debían hallarse a miles de kilómetros de toda extensión urbana. La más cercana era el Imperio de Cristal, pero ni siquiera se podía ver la punta del alto castillo ni los haces de color desde allí. La madre no quiso llorar, estaba desesperada, pero se obligó a ser fuerte, su hijo ahora la necesitaba.
Ambos escarbaron entre los restos, oían quejidos débiles, pero no podían hallar a quienes los proferían. Permanecieron allí unos minutos que parecieron eternos, lograron encontrar sólo un par de mantas y chaquetas. En un momento, la potranca, criada en un entorno completamente diferente en el que ahora le tocaba sobrevivir, sentía que el frío calaba cada vez más hondo en sus huesos, y si bien poseía algunos conocimientos básicos de sobrevivencia y primeros auxilios, gracias a su contacto con A. K. Yearling, cuya saga de libros de Daring Do era la preferida de su hijo, tenía el presentimiento de que sus esperanzas de ser rescatados eran pocas.
Ella era consciente de que podía morir, lo que menos deseaba en el mundo era abandonar a su pequeño, quería por lo menos que él viviera, y para eso necesitaría hallar a alguien capaz de hacerlo. Pero, ¿quién? ¿Quién vendría a la mitad de la nada, con este clima frío y feroz, a darles ayuda inmediata? Pensó en sus amigos Twilight Velvet y Nightlight, en la alegría frustrada de poder saludar a sus exitosos hijos por los logros obtenidos, y conocer a la pequeña Nyx, la potrilla que la hija menor de Velvet había adoptado. White Pearl soltó una lágrima, tantos años de amistad entre familias… tantos buenos recuerdos y momentos inolvidables, no podían borrarse de esta manera.
Su determinación de vivir se afianzó al pensar en su hijo. Si ahora tenía un objetivo, era ponerlo a salvo, sus esfuerzos no habrían sido en vano si moría teniendo la certeza de que alguien lo acogería, para que pudiera crecer fuerte y sano, y llegar a ser, quién no dice, un gran mago como Starswirl. Por eso, decidió que saldrían a buscar un refugio más seguro y formidable, donde pudieran encender un fuego, o un lugar de paso frecuente para algún lugareño, fuera o poni o no, que tuviera un corazón lo suficientemente generoso como para echarles un casco. Alguien tendría que pasar.
Caminaron unos cuantos metros, con mucho trabajo por la tormenta que los azotaba y por la blanda nieve en la que se hundían sus cascos. White Pearl llevaba a su niño al lomo, a éste había dado los abrigos más gruesos y parte de las provisiones. Sus fuerzas decaían, pero ella no iba a rendirse. Sus ancestros alguna vez habían tenido que soportar el mismo frío, tempestades escabrosas, y creía haber heredado la voluntad y la resistencia necesarias para afrontarla.
Pero tristemente, sin haber hallado nada de lo que buscaban, y tras una fatigosa caminata, la valiente madre unicornio se desplomó al pie de un árbol seco y ennegrecido. Respiraba con dificultad, su rostro había sufrido terribles cambios por la falta de protección, y gran parte de su cuerpo estaba entumecida. Ya podía sentir el aliento de la muerte, y la frustración de no haber podido cumplir con su último objetivo en la vida: salvar a Green Star, su hijito, que ante la debilidad de su madre, perecería junto a ella en esa nívea vastedad congelada.
-¿Mamá…? – preguntó Green – Mamá, ¿estás bien? ¿Por qué nos detuvimos?
-Te quiero mucho, Greeny… nunca lo olvides…. – gimió White Pearl, mirándolo a los ojos – Papá te ama también…
-No, mami, no, no, no… ¡Tienes que levantarte! ¡Alguien aparecerá! – chilló desesperado el potrillo, sacudiendo el cuerpo cansado de su madre – No me dejes… no lo hagas….
-No lo haré… sólo estoy cansada… Ven, deja que te abrace…
Green Star abrazó el pecho de su madre, y activó su magia para cubrirlos a él y a su madre con los abrigos que traía.
-Mami… Mami no te duermas… Tienes que estar conmigo, tienes que ver cuando me acepten en la Academia de Unicornios Superdotados…
-Sí, Greeny… Sé que darás tu mejor esfuerzo, por eso… Debo pedirte queseas fuerte y valiente, que no te dejes caer, no importa lo que pase…
-Pero yo quiero estar contigo mami… ¡Yo no quiero quedarme solo, por favor!
Los labios de la madre ya no temblaban, pero ella sentía unos irremediables deseos de llorar.
-Por favor, prométeme que serás fuerte. Hazlo por mí y por tu padre… Nosotros estamos orgullosos de ti, Greeny, y lo estaremos siempre…
Green Star sintió resbalar las lágrimas en sus mejillas. No le gustaba llorar, lo incomodaba, eso era cosa de niñas. Pero amaba a su madre muchísimo, y aún no aceptaba lo que le había ocurrido a su padre… No estaba preparado para perderlos, no ahora.
-Mamá no te mueras, te lo pido. ¿Con quién voy a quedarme, sino? Por favor…
La vida se extinguía poco a poco en White Pearl, lo mismo que el brillo en sus ojos, sus párpados se movían cada vez más lento, los latidos de su corazón se apagaban. Su voz se había esfumado de su garganta.
-¿Mami…?
-T-te am-mo, Green… - y con éstas palabras, el aliento de la yegua blanca de crin grisácea con negro se fundió con la brisa.
-No, mami, no…. ¡NO! ¡NO! ¡MAMAAAAAAAAAAAAA! – gritó el pequeño a los cuatro vientos, y siguió gimoteando e intentando reanimar a su madre sin éxito.
Ya no había nada que hacer.
El potrillo huérfano lloró sobre el cadáver de su madre hasta que se quedó dormido, agotado por la angustiosa experiencia.
Despertó al cabo de unas horas. Hubiera deseado que todo fuera un sueño, que la princesa Luna apareciera desde el cielo para decírselo. Pero nadie apareció, y ahora estaba solo, sin compañía, sin un hogar caliente, y con altas probabilidades de quedarse allí para siempre, congelado junto a su madre. Por eso decidió rendirse sin luchar, sin sus padres no era nada, su casa estaba demasiado lejos, adiós a sus juguetes, a sus libros, a las clases en la academia… Ni siquiera tenía su cutie mark, pero eso no le importaba para nada ahora, ¿de qué le servía descubrir su talento si ya no le quedaba absolutamente nada?
Acarició las mejillas escarchadas de su madre. Había sido la mejor madre del mundo, no tenía nada que reprocharle. ¿Por qué la vida había sido tan injusta de quitársela, a ella y a su padre, su primer ídolo antes que Starswirl y Daring Do, además del hijo mayor de los amigos de sus padres, Shining Armor, un gran héroe militar? Recordó todos los momentos felices de su vida, se regocijó en cada uno, en todas las alegrías pero también en las tristezas, comprendiendo prematuramente lo efímeras que son la belleza y la felicidad… madurando precozmente…
Y esperó entonces que la muerte viniese por él, para así alcanzar a papá y a mamá en el túnel…
Había anochecido ya, y la tormenta había entrado en recesión. Unas nubes bajas cubrían parcialmente el cielo, y un reflejo rojo se fijaba en ellas.
Green Star no sabía qué hora era, pero de seguro era muy tarde. Si se había dormido, no recordaba haber soñado nada, sólo un abismo misterioso y negro, y una voz grave y cavernosa, hablándole desde el vacío. No recordaba qué cosas le había dicho esta voz, la creyó algo inexistente, producto de su imaginación.
Su madre todavía estaba allí, sus ojos quietos y carentes de brillo habían adquirido un aspecto cristalino. El dolor y la angustia abordaron su corazón intempestivamente, por lo que el pequeño unicornio saltó y le dio la espalda al cadáver. Las ganas de llorar no volvieron a aparecer.
Hasta que oyó nuevamente la voz. Ahora parecía venir desde una dirección específica, precisamente adelante, a pocos metros. Un extraño renuevo del deseo de vivir afloró en su ser, sentía que si hacía caso a la voz, hallaría el modo de regresar a casa. A lo mejor, era el eco de algún rescatista, y si lo era, eso significaba que los estaban buscando. Que había por lo menos una oportunidad para él, aunque sus padres no hubieran tenido la misma suerte.
No quiso mirar atrás, sabía que su madre ya no estaba allí.
Corrió con una esperanza inmensa, siguiendo la voz, a pesar de que ésta sonaba algo diferente de lo que sonaría para un poni normal. Recordaba el dicho sobre el arcoíris al final de la lluvia, y como nunca le pareció verdad.
En su carrera, dificultada por la cantidad de nieve acumulada, no notó que iba por una ladera, por lo cual tropezó y cayó por ésta. Al contrario de lo que normalmente sucedería, Green Star no se convirtió en una bola de nieve, y fue a darse un terrible golpe al llegar a la base. Confundido, mareado, sólo pudo sentir el pinchazo de una espina en el pecho, que dolía horrores. Poniéndose de lado, notó un hilo rojo que no iba más allá de unos centímetros, había algo justo donde iniciaba, o terminaba, el hilo, pero no podía distinguirlo.
Green repitió una palabra que una vez le había oído a su amiga Shining, una palabra mala, según le explicó su madre, que a veces los adultos dicen cuando algo sale mal. Molesto y deprimido, Green se recostó sobre la nieve. Parecía que, después de todo, su sepulcro se quedaría junto al de su madre, y abandonó definitivamente toda esperanza de vivir, bajo ese cielo plomizo, en el que brillaban algunas estrellas, y la luna permanecía oculta tras un velo de nubes.
-No te rindas, muchacho, eres fuerte.
-¿Quién eres? – masculló Green – Déjame en paz. Ya no hay nada que se pueda hacer por mí.
-Eso es lo que crees. Tienes mucho por vivir.
-No, ms padres murieron y estoy muy lejos de mi casa. No tiene sentido que quiera vivir. No tengo nada.
-Te equivocas. Te tienes a ti mismo, tus poderes y tu voluntad.
-¿Para qué los quiero? Ni siquiera tengo una cutie mark, moriré sin saber cuál es mi talento especial… sin llegar a ser nadie. Ya no soy nadie.
-Hay mucho más de lo que puedes ver a simple vista. Sólo tienes que buscarlo.
-Pero, ¿quién eres y por qué me dices esto? ¿Cómo has llegado hasta aquí?
-Quién soy es algo que no tiene importancia ahora. Yo he estado aquí desde casi siempre… Y me da pena verte así, niño. Tu especie es fuerte, tú eres fuerte. Todos pasamos malos, muy malos momentos. Pero eso no significa que debamos quedarnos tirados al lado de la piedra con la que tropezamos. Hay que levantarse y seguir. Lo que no nos mata… nos fortalece. Eso tenlo por seguro.
-Eso quiere decir que… si alguien me encuentra, si por milagro salgo vivo… ¿encontraré una nueva familia y nuevos amigos?
-Bueno, tal vez sí.
-Y tú… ¿tú serías mi amigo?
-Eh… sí, digamos. Puedo ayudarte a seguir camino, la ayuda está a la vuelta de la esquina.
-Entonces, ¿me llevarás aunque esté moribundo?
-No estás moribundo, niño… no aún…
-¿Cómo que no? Me he lastimado, y sin vendas ni curas, moriré… y si no es eso, el frío…
-Ah, el frío es lo de menos, una vez que te acostumbras, es como una cosquilla.
-¿Qué eres? ¿Un espíritu del invierno? Porque no siento que estés aquí, te escucho pero no pareces estar aquí… y aunque abriera los ojos, sé que no estarías ahí.
-Por ahora, he de decirte que soy… tu protector.
-¿Protector? –Green estaba confundido ¿era cierto lo que le decía la voz? – Espera… ¿por qué no nos defendiste de la tormenta? ¿Por qué permitiste que se cayera el…?
-No, no te apresures a recriminarme. Verás, soy un ente errante en este mundo, cuyo único rol se reduce a tomar un protegido o volverse una sombra difusa con el tiempo. He visto por lo que has pasado, y me has compadecido. Por eso, voy a ayudarte a salir de esto a partir de ahora. No puedes verme, pero no necesitas ver para creer, ¿verdad?
-…
-Dime, ¿crees en mí? ¿Crees en esto que te estoy diciendo'
-Yo… no sé… supongo que sí…
-Dilo con convencimiento, chico. Dilo con seguridad, sólo así podrás recibir mi ayuda.
-Está bien… Yo, yo creo en ti, eh…
-Grunhger. Puedes llamarme Grungher.- el tono de la voz se había vuelto gradualmente amable, como si viniera de un poni en el que se podía confiar plenamente.
-Oh, bueno… Yo soy Green Star. Mucho gusto en conocerte, Grun-Grungher…Entonces, ¿somos amigos ahora?
-Claro. Bien, es momento de poner cascos a la obra.
-¿Qué debo hacer, Grungher?
-¿Qué? Oh, no, nada. Deja que me encargue yo.
-¿Y qué harás? ¿Puedes llevarme hasta el Imperio de Cristal? Mamá dijo que era el único lugar poblado cerca…
Hubo un corto silencio. Era como si algo no le hubiera gustado a su nuevo amigo.
-Oye, ¿está todo bien?
-Sí, lo está. Escucha, necesitamos hacer una sola cosa para empezar este largo camino. Y como ya te dije, será mi responsabilidad sacarte. Tú sólo tienes que hacer una sola cosa, Green Star.
-¿Y qué es?
-Duerme…
La conciencia del pequeño potrillo entró entonces en un sueño profundo, sintiendo una reconfortantemente extraña energía recorriéndole cada fibra de su ser antes de desvanecerse.
Bueno, hasta aquí el preludio.
No duden en comentar qué les parece, y como último dato, les digo que puede ser que incluya en este fic algunos detalles de los cómics, especialmente el de Fiendship is magic…
Nos leemos pronto.
