Disclaimer 1: No poseo ningún derecho sobre los personajes o trama de Divergente, todo ello es propiedad de nuestra querida Verónica Roth.
Disclaimer 2: Esta historia es una traducción del fanfiction original con el Mismo nombre "Take Care" o "Cuidarte" de la prometedora escritora Writerbynight.
-Gran trabajo, señoritas. Las veo la semana que viene. – La entrenadora Johanna sopló el silbato, señalando el final de la práctica.
El equipo y yo nos dirigimos de regreso a los vestidores después de una extenuante hora y media de estar brincando, agachándonos y pasando el balón. Mis piernas se sentían como de goma, pero realmente no me importaba; como que me gusta la sensación de estar dolorida después de hacer ejercicio. Christina, por otro lado, no dejaba de quejarse.
-¿Soy solo yo, o Johanna está intentando matarnos?- Lloriqueó una vez alcanzamos las reverberantes paredes de los vestidores. La mitad de las otras chicas gimió para expresar su acuerdo.
-Oye, al menos se te está haciendo trasero por el ejercicio.- dijo Molly, la mejor anotadora, observando su propio trasero en el espejo. Christina se contoneó hacia ella, colocándose estratégicamente para poder examinar su lado posterior en su reflejo.
-Está medio bonito, ¿Verdad? –Preguntó pomposamente.
Bienvenidos al vestidor de las chicas, donde nos pavoneamos en brassieres deportivos sudorosos y hablamos sobre el progreso de nuestras pompis. Puse los ojos en blanco y aventé mi toalla apestosa hacia la cabeza de Christina. Ella la tomó rápidamente y la tiró hacia mí.
-Hey, mira, - advirtió.- No seas amargada, el tuyo también se está formando, Tris.
Reí y me senté en uno de los bancos de madera, me saqué los zapatos y las rodilleras, guardándolos en mi pequeña mochila de tirantes. Las demás chicas empezaron a cambiarse sus camisetas de práctica.
-Estuviste tremenda hoy, Tris. – Me alabó Lynn.- Sin ofender pero hace mucho tiempo que no te veía así.
-No me ofendo, - Le prometí. – Y gracias.
Me había ido excepcionalmente bien en la práctica ese día. Todos mis movimientos fueron precisos y bien calculados, todos mis tiros alcanzaron el lugar exacto al que quería que fueran, incluso fui capaz de realizar mi primer servicio con salto exitoso. Christina me preguntó cuál era mi secreto, respondí con una broma sobre el uso de esteroides. Ella lo tomó como una oportunidad para sacar sus propias conclusiones: según ella, yo estaba enojada con Peter y tenía que sacar mi furia en el campo, lo cual había mejorado mi juego. Claro, Chris. No tuvo nada que ver con mis esfuerzos por impresionar a un Cuatro imaginario al que visualicé en las gradas.
Mis compañeras de equipo empezaron a salir del vestidor tan pronto como terminaron de cambiarse de ropa, deseándoles a todas un fin de semana seguro y divertido cerrando la puerta tras de sí. Eventualmente Christina y yo fuimos las únicas que quedaban, lo cual suele sucedernos muy seguido.
-Me voy a bañar aquí.- Anunció, sacando un cambio de ropa extra de su mochila. –Estoy harta de que mi madre y hermana se acaben toda el agua caliente.
-¿Siguen haciéndolo? – Me reí entre dientes. Ella lanzó una mirada de molestia en mi dirección y asintió.
-Es difícil quitarles el mal hábito, supongo.
Me levanté balanceando mi bolsa sobre el hombro.
-Me voy ya, creo. Tengo una cita sexy esta noche.
-Sí…- Se encogió Christina. – Súper sexy…
Lancé mis manos al aire y las dejé caer. Aterrizaron ruidosamente en mis piernas.
-¿Por qué Peter y tú no se llevan bien?
-¿En serio? Preguntó, entonces se dio cuenta que, de hecho, yo estaba preguntando seriamente. –No sé, simplemente no hacemos click. – Respondió con honestidad.
Esa tenía que ser la respuesta menos convincente del mundo. No importaba si ellos hacían "click" o no. Dos personas cualquiera podían ser agradables la una con la otra si tan solo hicieran el esfuerzo. Estuve a punto de aleccionar a Christina acerca de lo mala que había sido su respuesta, pero decidí no hacerlo. No me sentía con energía de pelear con ella ese día.
-Ojalá te diviertas hoy. – Añadió, como si eso compensara el que no le agradara mi novio. Un momento después desapareció detrás de la pared que separaba las duchas del área de vestidores.
Yo no me fui enseguida. Aún quería deshacerme de mi camiseta apestosa, pero no podía hacerlo frente a Chistina o cualquier otra persona. Esperé hasta que escuché el agua corriendo, después, con cuidado deslicé mi camiseta, jalándola del borde con los brazos cruzados, haciendo una mueca de dolor cuando estiré mi estómago para pasarla por encima de mi cabeza. La hice a un lado y me analicé en el espejo.
Ayer se veía mejor que antier, y hoy se ve mejor que ayer, pero en conjunto el moretón lucía aún bastante mal. Aunque era engañoso. Se veía peor de lo que se sentía. Mezclado con tonos de negro y morado, y manchado en algunos partes con puntos amarillos, atravesaba la totalidad de mi cadera derecha. Corrí mi pulgar sobre la parte más oscura, presionando ligeramente para ver qué tanto dolía. Doloroso pero tolerable. No era el peor que había tenido.
Me puse una blusa ondulante de tirantes con un poco más de calma. No era lo suficientemente larga para cubrir el moretón, pero era el único artículo de ropa limpia que me quedaba, así que tenía que bastar. Además, solo iba a caminar hacia mi auto, y ya todos habían dejado la escuela a estas horas. Reuní mis cosas otra vez y usé mi cadera intacta para empujar la puerta, saliendo al aire caliente de la tarde. El calor me hizo odiar la caminata de diez minutos hacia el estacionamiento al otro lado del campus. Me detuve para poner mi cabello (que era demasiado largo y grueso para este tipo de clima) en una coleta alta, y continué caminado por la calle.
Una porción de la acera estaba bloqueada con brillantes conos anaranjados debido a algún tipo de construcción, así que atravesé la calle hacia la acera contraria para evitarlos. Pequeñas tiendas de ropa y restaurantes de comida rápida se alineaban de este lado de la calle y se me ocurrió por primera vez que nunca había puesto un pie en ninguno de ellos. Me asomé a través de las ventanas de las tiendas mientras pasaba, prometiéndome que algún día contribuiría comprando algo aquí antes de graduarme. Eso me daba dos años; era algo posible de realizar. Un vestido blanco modelado por un maniquí igualmente blanco en el aparador de una de las boutiques me tentó a vivir mi recién realizada promesa en ese mismo instante, pero no me tomó demasiado darme cuenta que, por más bonito que fuera el vestido, jamás tendría la ocasión de usarlo. Tal vez lo usaría si Peter aún me llevara a citas en restaurantes elegantes, pero no lo ha hecho en meses y ahora me sentía como que estábamos muy lejos de esa etapa en nuestra relación como para empezar con esa tradición otra vez.
Sintiéndome descorazonada, caminé hacia la siguiente ventana. Este negocio era diferente de los anteriores, no era una tienda de ropa ni un café, La habitación adentro estaba prácticamente vacía salvo por unos cuantos sacos de boxeo acomodados en un rincón y tres hombres parados en el medio del suelo, que estaba compuesto por un montón de tapetes de foamy puestos juntos. Dos de los hombres se estaban enfrentando el uno al otro, los puños en alto, piernas separadas. Uno de ellos tenía su espalda hacia mí y el otro era un tipo rubio llamado Eric; lo reconocí de la escuela, pero no lo conocía muy bien. Ambos traían puestos uniformes negros iguales, y guantes de kickboxing cubrían sus nudillos. El tercer hombre estaba parado a un lado observando a los otros cuidadosamente. Hizo algunos ademanes interesantes, y cuando terminó, los hombres de negro empezaron a luchar.
Eric hizo el primer movimiento. Tiró un rápido puñetazo hacia arriba apuntando a la cabeza de su rival, pero dicho rival esquivó el impacto limpiamente moviéndose a un lado. Agarró el brazo de Eric a cambio y lo golpeó dos veces en la cara, tan rápido que me lo habría perdido de haber parpadeado. Eric se tropezó hacia atrás y reajustó su mandíbula abriendo y cerrando la boca. El referí apuntó una mano hacia el peleador desconocido. No estaba segura de qué significaba pero ambos luchadores asintieron y regresaron a su posición original. Continuaron con el permiso del mediador.
Ambos comenzaron a caminar de lado formando un círculo imaginario, intentando leer la cara de su oponente, esperando por el momento perfecto para atacar. Mientras paseaban lentamente alrededor, empecé a ser capaz de ver los rasgos frontales del hombre que tenía la espalda hacia mí. Su pecho, esos brazos, la línea de su mandíbula… ¿Cómo es que me tomó tanto tiempo darme cuenta?
Era Cuatro.
Mi corazón comenzó a latir ligeramente más rápido cuando me di cuenta que era él. Era un momento más o menos emocionante para mí ya que nunca lo había visto fuera de la escuela. Me pregunté si alguien más, además de Eric, sabía del violento pasatiempo de Cuatro. Lo dudo. Él parecía el tipo de persona al que le gusta mantener su vida tan en privado como sea posible. Algo no muy típico de alguien en bachillerato.
Eric rompió el patrón de caminar en círculos al atacar, otra vez, a Cuatro. Fingió un golpe con el brazo izquierdo, el cual Cuatro bloqueó, entonces Eric lo sorprendió llevando su otro puño contra las costillas. Me hizo estremecer, de pronto sentí la urgencia de correr ahí adentro y quitarle a Eric de encima yo misma. Cuatro se inclinó hacia adelante en una reacción natural al dolor y Eric, generosamente, aprovechó la oportunidad para empujar su rodilla contra la cara de Cuatro. Las manos de Cuatro se dispararon hacia arriba para protegerlo y la rodilla terminó solo impactándose en sus palmas. Atrapó a Eric por el tobillo y giró su pierna, haciéndolo dar un giro completo de 360º en el aire y aterrizar, rígidamente, sobre su espalda. Me sentí como si estuviera observando una escena de lucha en una película. Eric se levantó de nuevo, pero antes de que pudiera hacer algo, Cuatro le dio una patada directa a sus oblicuos y Eric volvió a caer.
Bum. La pelea se terminó después de eso. Cuatro se veía como si aún estuviera listo para seguir, pero Eric apenas podía sentarse sin estremecerse y sostenerse el costado. Sentí un extraño sentido de orgullo al ver a Cuatro emerger como el ganador de la pelea. Había algo como sexy en ver a un tipo capaz de patear el trasero de alguien más.
Cuatro siendo el caballero que él es, metió su cabeza bajo el brazo de Eric y lo levantó del suelo. El hombre que la estaba haciendo de árbitro trajo una silla, y el ganador arrastró al herido hacia ella hasta que Eric fue capaz de sentarse. Cuatro le dijo algo y le palmeó el hombro y Eric le sonrió, pero su sonrisa no parecía sincera. Probablemente no estaba acostumbrado a perder. Cuatro se hizo a un lado para que el otro hombre pudiera examinar las heridas de Eric.
Ya era hora de terminar mi hirviente excursión hacia el estacionamiento. Pero justo cuando estaba a punto de irme, Cuatro centró su atención en la ventana frontal. Me atrapó espiando. Otra vez. Sus ojos cafés de cachorrito fijos en mis verdes cuencas. Haciéndome recordar nuestro anterior encuentro en el pasillo más temprano ese mismo día. Tal vez esto sería lo más cerca que él y yo estaríamos de comunicarnos. Apreté mi labio inferior entre mis dientes y esperé que no fuera así.
Por segunda vez en el día, él fue el primero en retroceder. Parpadeó y me dio la espalda, pero antes de que su cara desapareciera completamente de mi vista, observé sus labios curvarse en su versión de sonrisa.
Giré el espagueti con mi tenedor de manera ausente, creando una bola bañada en salsa que de alguna manera se volvía más desastrosa con cada giro. La mitad de la comida aún seguía en mi plato, pero ya me sentía llena por la ensalada y el pan de ajo. Seguí comiendo, de todos modos. No quería ofender a Peter.
Él estaba sentado frente a mí en la mesa, limpiando un rastro de salsa de sus labios con la servilleta. Durante el tiempo que llevamos juntos he aprendido que Peter es un comensal limpio. Come, limpia, bebe. No importaba si estaba sorbiendo espagueti o comiendo de una bolsa de papas. Él tenía una rutina, y se apegaba a ella.
-¿Te gusta? – Preguntó refiriéndose a la cena.
Sonreí y asentí.
-Está realmente bueno. – Respondí y para probarlo comí otro bocado.
Me tomó la mano a través de la mesa y entrelazó nuestros dedos. Dejé mis cubiertos y me enfoqué en él. Tenía una pequeña sonrisa en su cara, los ojos entreabiertos suavemente. La mayoría de la gente la llamaría "Una mirada de amor," pero yo lo conocía mejor. Sólo me miraba así cuando quería algo.
-Tengo una idea. –Anunció. –De cómo puedes pagarme.
Argh… Lo estaba arruinando. La cena llena de consideración, el atardecer tan romántico. Todo iría cuesta abajo desde aquí.
-¿Pagarte?
-Sí, - continuó. –Digo, cociné esta deliciosa cena. Creo que me he ganado algún tipo de recompensa.
-¿Cómo qué? – Pregunté llanamente.
Corrió sus dedos por la piel sensible de mi palma.
-Ya sabes…
Sí que lo sabía, pero encogí mis hombros como si no. Otra cosa que había aprendido era que hacerme la tonta era mejor que rechazarlo.
-Vamos, nena, -Rogó. –Hemos estado juntos como por cinco meses y aún no hemos tenido sexo. ¿Sabes qué tan aburrido es eso?
-Siete meses. –Le corregí. – Y pienso que es algo razonable considerando que jamás lo he hecho antes.
Desenlazó nuestros dedos y colocó su mano de regreso en su lado de la mesa.
-Esto es una mierda,- declaró. –Eres mi novia. Se supone que quieras tener sexo conmigo.
Tal vez si no me presionaras constantemente…
-¿Por qué no quieres? –Preguntó con furia.
-Yo…
-¿Sigues enojada conmigo? – Me interrumpió. -¿Por lo que pasó el otro día? ¿En serio, sigues enojada?
Pensé de nuevo en el incidente al que se refería. Sucedió el martes pasado. Peter tuvo una discusión con su papá y, después de eso me llamó, preguntando si podía ir a su casa. Sonaba alterado, lo que hizo que me preocupara y me pusiera en camino en seguida. Él estaba en su cuarto cuando llegué, así que entré y subí las escaleras hasta que encontré su puerta. Peter estaba acostado en su cama, simplemente mirando al techo. Caminé hacia él, me senté a los pies de su cama y pregunté qué había pasado. Me explicó la situación sin dar detalles. Él y su papá discutieron porque su padre tuvo la corazonada de que Peter fumaba hierba. Después de interrogarlo un poco, eventualmente aceptó que era cierto y su papá se enojó. Aparentemente una pelea de puños se desencadenó entre padre e hijo y al final le avisaron a Peter que tenía que mudarse. Obviamente eso no tenía sentido dado que Peter seguía acostado en su cama.
Cometí el error de preocuparme más por el hecho de que Peter fumara hierba que por el resto de la historia. Comencé a gritarle por drogarse y por no habérmelo dicho. Él se enojó y comenzó a gritarme también. Asumí que sus padres no estaban en casa ya que nadie irrumpió en la habitación para saber qué demonios pasaba. Continuamos gritándonos el uno al otro, ninguno escuchando lo que el otro tenía para decir, hasta que Peter se hartó. Me impidió usar mi voz al cubrir mi boca con su dura mano. Me giró y empujó hasta que mi cuerpo estaba forzado contra la puerta, con la manija de la puerta presionando mi cadera. Fue la primera vez que Peter se puso físicamente violento conmigo, y no sabía qué hacer. Todo lo que podía hacer era callarme y esperar a que él terminara.
Corrí mi mano por mi cabello, tentada de jalarlo por simple frustración. Honestamente, seguía enfadada. Tenía todo el derecho de estarlo. Él me hirió, física y emocionalmente, y no podía simplemente superar algo así y fingir que no había pasado. Tenía el moretón para recordarme constantemente de que todo había sido real.
-… o tiene que ver con lo que dijo Christina? – Continuó.
Me congelé, había estado esperando que él sacara el tema en algún momento esa noche, pero la cena iba tan bien, hasta hace unos momentos, que pensé que tal vez ya se había olvidado de eso.
-¿Cuatro? – Inquirió.
-Ni siquiera lo conozco. –Le dije, lo cual era más o menos cierto.
-Mejor que así sea, - replicó. –Jamás hables con él.
Hasta ahora no he roto el deseo de Peter, técnicamente. Miradas largas no eran lo mismo que hablar con él. Era mi turno de estirar mi mano e intentar tocar la suya, pero Peter la alejó antes de que pudiera agarrarlo.
-¿Te sientes atraída hacia él? –Ni si quiera intentó ocultar sus celos.
La respuesta correcta era "No." Eso era lo que Peter quería escuchar, la respuesta que me habría mantenido segura. Supe la respuesta correcta en cuanto la pregunta salió de los labios de Peter, pero no la vocalicé suficientemente rápido. Creo que Peter vio mi cara sonrojarse, añadió eso a mi silencio, y sacó sus propias conclusiones. Una respuesta muy, muy incorrecta.
El reverso de su mano aguijoneó mi mejilla al estamparse en mi cara. Mi cabeza se movió hacia un lado y la siguiente cosa que supe fue que me había jalado fuera de mi silla. Mi espalda chocó contra la pared cuando me empujó y Peter se detuvo frente a mí con sus dedos clavándose en mis hombros. Lo miré asustada. Mi Peter se había ido. Lo supe por la mirada salvaje en sus ojos. Había sido poseído por un demonio interno que solo salía cuando perdía los estribos.
-Peter. – Lo llamé intentando quitarme sus manos de encima pero sus brazos no cedieron.
Presionó su frente contra la mía y respiró agresivamente en mi cara. Sus manos se deslizaron hasta mi cadera, rasguñando el moretón que él me había causado. Me encogí con dolor. Peter lo tomó de forma errónea.
-Son esas caras que haces cuando te toco.- Gruñó. -¿Por qué haces eso?
Su mano corrió hacia el botón de mis jeans, luego al cierre. Comenzó a frotarme la entrepierna.
-¿Por qué me rechazas?
-Peter, detente. – Demandé. Me retorcí para alejarme de él pero todo era inútil. Estaba atrapada.
-Tú me amas, -Continuó, aplicando más presión a cada roce. –Demuéstrame cuánto me amas.
Así ha sido últimamente con Peter. Nunca es "Te amo," siempre es "dime que me amas." Él necesitaba escucharlo más de lo que a mí me gustaba decírselo. Hubo un tiempo en que Peter solía decirme que me amaba a cada oportunidad que tenía, pero yo no podía recordar cuándo había sido la última vez. Se sentía como otra era.
-Sí te amo. – Le dije, tan calmadamente como pude.
-Entonces hay que tener sexo.
-Aún no.- Sentí que estaba a punto de llorar.- Así no.
Removió sus manos y dio un paso atrás, su frente alejándose de la mía. Nos miramos mutuamente largo rato. Por algún motivo yo quería abrazarlo. Quería sostenerlo entre mis brazos hasta que el Peter que yo conocía y amaba volviera. Quería salvarlo de su temperamento. Pensativamente levanté la mano para tocar su pecho. Aún estaba respirando fuerte, su corazón latiendo rápido.
Justo cuando pensé que ya estaba lo suficientemente calmado para aproximarme, me atacó de nuevo. Empujó mis hombros contra la pared, causándome un dolor agudo en mis omóplatos. Contuve un gemido.
Se inclinó hacia adelante, sus labios presionados contra mi oído.
-Lárgate.-siseó. Y con eso dicho, se volvió y abandonó la habitación, dejándome sola con mis pensamientos y un hombro adolorido.
Ya he tenido suficiente. Era una de las pocas niñas que habían atravesado la primaria y secundaria sin ser atacada por alguien más, así que no iba a dejar que mi propio novio me presionara de esta manera ahora que estoy en mitad de preparatoria. Me erguí y giré los hombros, ignorando la incomodidad que sentí en el hombro izquierdo. Esto tenía que acabarse. Añadí otra promesa a la lista que comencé más temprano fuera de las tiendas frente a la escuela. O Peter arregla su temperamento, o aprendo a defenderme.
Desde hoy, Peter no volverá a dejar otra marca en mí.
Jojo! Actualización rápida o qué? Y a partir de aquí empieza lo mero bueno!
