Capítulo II

Recuerdos que matan


Otoño de 1939

Alemania entró en guerra tras la invasión a Polonia para ganar territorio. Por lo que sabía, el Reino Unido y Francia dieron unos días para que el país se rindiera, pero, no haciendo caso, Australia, Nueva Zelanda y Reino Unido declararon la guerra, seguidos por Francia, Sudáfrica y Canadá.

Por otro lado, la batalla se había puesto difícil entre judíos y alemanes, siendo éstos últimos los que terminaron ganando el poder para oprimir nuestras vidas y hacernos miserables.

A mucha de mi gente se la llevaban a campos de concentración en los que hacían explotar granadas o les disparaban, a otros los metían en una especie de horno en donde, según me enteré, los quemaban vivos; también tenían unos cuartos que llenaban de personas y soltaban un gas tóxico haciéndolos morir cruelmente.

Todo aquello se había convertido en el peor de los infiernos. ¿Para qué hacer eso? Me preguntaba a menudo, ¿tan sólo para conseguir poder? ¿Para ganar territorio? Aquél gobernante era un verdadero tirano y no podía mas que sentir repulsión y odio cuando lo escuchaba mencionar.

La última vez que vi a Tai y mi madre fue hace seis meses, cuando nos sorprendieron en casa y nos separaron, llevándoselos a algún campo de concentración, supongo.

-¡Mamá! ¡Déjenla!- grité al ver cómo la arrastraban hacia un tráiler. Tai forcejeaba con otro par.

-¡Kari!- bramaba mi madre al intentarse soltar por ese par de monstruos.

Un soldado me estaba deteniendo las manos por atrás. Casi podía asegurar que medía dos metros y pesaba unos 100kg, si no es que más. Cuando me arrastró para llevarme a otro camión intenté voltearme, aunque sin mucho éxito ya que él me apretaba con fuerza, pero al menos pude meterle una buena patada en la entrepierna que lo hizo doblarse y caer de rodillas.

-¡Corre, hija!- gritó mi madre. Por una fracción de segundos no supe qué hacer y al ver que uno de los gorilas que peleaba con Tai venía hacia mí, eché a volar mis piernas.

Corrí sin voltear atrás, corrí creyendo y esperanzada de que aquél tipo no venía atrás de mí, aunque podía escuchar sus fuertes pisadas. Corrí todo derecho, sin saber a dónde me dirigía, ya lejos se habían quedado mi madre y mi hermano y me maldije por no haberlos ayudado.

El aire estaba helado y el piso resbaladizo, había nevado toda la noche y ahora comenzaba a llover. El hombre se detuvo a tomar aire y yo seguí corriendo.

En vida experimenté una de esas terribles sensaciones que sólo en sueños había tenido. Siendo perseguida, sintiendo como si ya fuera presa de ese terrible hombre, mirándome mutilada, degollada o torturada de alguna horrible manera, era espantoso. Desee que aquello fuera una pesadilla, cerré los ojos sin dejar de correr esperando que al abrirlos me encontrara en mi cama, sana y salva, pero no fue así. Aquello era tan real y por un momento sentí que las piernas me fallaron, que andaba en cámara lenta y de un momento a otro ya estaría sin vida.

Al pasar junto a un callejón alguien me estiró del brazo y entonces, temí lo peor.

-¡Shh!- un joven, parecía de mi edad, me tapó la boca con la palma de su mano. Por una insignia que llevaba en su abrigo noté que era de los míos.- ¿Te vienen persiguiendo?- preguntó casi en un susurro pero sin soltarme, asentí.- ¡Demonios!

Empecé a derramar lágrimas de miedo, las piernas me temblaban horriblemente y las mejillas me ardían.

-Tranquila. Ven sígueme.- a pasos de gato me llevó hasta el fondo del callejón, junto a unos contenedores de basura había una puerta de madera en el suelo, era una especie de sótano. La abrió con mucho cuidado y me indicó que entrara. No había escaleras y estaba tan obscuro que no vi el fondo.

-¿Quieres que brinque?- pregunté, asustada.

-Vas a caer sobre costales de harina.- medio sonrió.- Tú confía, ¿o prefieres seguir corriendo?- negué de inmediato recordando la terrible escena que viví hace unos momentos y me aventé.

Al menos eran unos dos metros y, efectivamente, caí sobre costales. Me golpeé la espalda, y nada grave me pasó hasta que, aquél chico, se dejó caer sobre mí. Con su codo me golpeó la nariz que de inmediato me empezó a sangrar, aunque no podía verlo.

-¡Lo siento!- murmuró quedamente.

-Eh…

-Ven.

Me agarró la mano y, como si tuviese una linterna en los ojos me llevó por aquél cuarto. Parecía conocer bien el lugar.

Escuché crujir el piso de madera vieja y me topé con varios estantes aunque no pude identificar de qué eran. Imaginé que sería una especia de bodega abandonada.

Al cruzar por un pasillo de piedra, que se asemejaba a un túnel, estaban dos puertas del lado derecho. El chico abrió una de ellas con cuidado y entró, me quedé parada esperando a que dijera algo, no sabía bien qué hacer, la cabeza me daba punzadas y creí que iba a reventarse mientras que mi rostro estaba lleno de sangre.

Aún sentía el pecho agitado, esa sensación de estar siendo perseguida no se había ido y, por si fuera poco, me estaba congelando hasta las uñas.

-¿Qué esperas? Ven.- dijo él, dándose cuenta de que no lo seguía.

Entré a aquél sitio, que era más grande de lo que imaginaba. Había al menos unas trece personas, todos judíos, dispersos. Seis hombres mayores, parecían de la edad de mi padre, una muchacha, se veía joven aunque traía un niño como de dos años en brazos. Dos señoras parecidas a mi madre y alrededor de ellas había cuatro niños, una joven de cabello pelirrojo, parecía mayor de edad y una anciana de cabello muy blanco.

También había ahí velas que iluminaban por todo el sitio, una vieja sala de terciopelo, una cama que tenía las patas quebradas y otra puerta, que esperé fuera un baño. El piso estaba alfombrado y sólo había una ventana, pero estaba cerrada con tablas de madera.

-¡Davis! ¡Oh hermano, estaba tan preocupada por ti!- exclamó de inmediato la chica alta, de cabellos rojizos, acercándose al hombrecillo que me había salvado el pellejo.- ¡Por Dios, estás sangrando!- dijo, volteando hacia mí.

-Oh… yo…

-Ven querida, déjame ayudarte.- comentó la mujer, ya mayor de edad, de cabello canoso y ojos claros. Tomándome de la mano me llevó hacia aquella puerta que, efectivamente era un baño.

Al pasar por entre los demás sentí su lástima, me miraban con pena y preocupación. Apenas nos encerramos, escuché que Davis comenzaba a contarles lo sucedido.

La anciana cortó un pedazo de su delantal y lo mojó, para luego limpiarme el rostro. Lo hacía con suma delicadeza que apenas y sentía el roce de la tela. Suspiré aliviada, sintiéndome tranquila y segura.

-¿Cómo te llamas?- me preguntó, sin dejar de hacer lo suyo.

-Kari, Hikari Yagami.- dije, aclarándome la garganta.

-Mucho gusto, Kari.- sonrió.- Mi nombre es Rose Mary.- asentí pasando saliva.- ¿Qué edad tienes?

-21 años.

-Pobrecilla, debe ser duro para ti, ¿no?- asentí. Ella enjugó el pedazo de tela y me limpió la frente.- Tienes fiebre.- farfulló al tocarme.

-Corrí demasiado, yo…- recordé el terrible momento y luego la cara de Tai y mi madre apareció en mi mente.- ¡Mamá!- exclamé, preocupada.

-Shh, tranquila.- dijo, poniéndome una mano en el hombro.

-¡Pero mi mamá! ¡Se la llevaron!- la mujer me miró con pena y agachó la mirada.

-Lo siento tanto, cariño.- murmuró.

-¡No…!

Me tapé la boca para no soltar un grito y me quebré, no quería creerlo, ¡tenía que rescatar a mi madre! ¡Esos malditos bastardos no podían acabar así con ella!

Una terrible angustia, miedo, impotencia y enojo me invadieron; sentía un nudo en la garganta y una opresión en el pecho; de pronto la vista se me nubló y lo último que sentí fue un duro golpe en la cabeza.

Me desperté al sentir un roce en mi cuello. Abrí los ojos y ahí estaba, la joven de cabellos rojizos, poniéndome una toalla en la frente.

-¿Cómo te sientes?- preguntó, sonriendo.

Intenté levantarme, me encontraba acostada en uno de los sillones y tres frazadas cubrían mi cuerpo. Apenas hice un poco de esfuerzo con mis brazos todo me dio vueltas y sentí ganas de vomitar.

-¡Oh…!- me llevé una mano a la cabeza y cerré los ojos, sintiendo que iba a caer en cualquier momento.

-No, no te esfuerces, querida.- dijo la anciana, quien estaba al lado de la joven pelirroja.- Te diste un fuerte golpe en la cabeza.

Me agarré la nuca y palpé una enorme bola que lanzó una punzada apenas la rocé.

-Ten, toma esto.- una de las mujeres, de cabello castaño y complexión delgada se acercó ofreciéndome una taza de té que inseguramente tomé. Todos los demás estaban a mi alrededor esperando a que dijera algo.

-¿Dónde estamos?- pregunté luego de un tiempo.

-Seguimos en Alemania, si es a lo que te refieres.- respondió Davis, el joven que me había salvado, burlonamente. Su hermana le lanzó una mirada fulminante y los demás murmuraron cosas que no fui capaz de entender.

-Estamos bajo una iglesia.- respondió la anciana.- Un amable sacerdote nos hizo el favor de escondernos, pero no te preocupes, estás a salvo aquí.

Asentí, sin convencerme de eso último. Es decir, ¿cómo podía estarlo? Mi familia debía estar… en alguna otra parte. No podía regresar a mi casa, ir por mis cosas o salir hasta que la maldita guerra terminara. Me encontraba escondida con un montón de desconocidos y no tenía idea de qué pasaría conmigo en el futuro.

Suspiré, dándole la taza casi vacía a la joven pelirroja.

-¿Te sientes mejor?- preguntó uno de los hombres, de cabello negro azabache y ojos verdes. Era muy alto y aparentaba unos 40 años.

-Sí.- susurré.

-Davis nos contó que te venían persiguiendo cuando te halló, ¿es cierto?- asentí, derramando un par de lágrimas.

-De pronto… llegaron a nuestra casa…

-No tienes que contarnos ahora.- dijo Rose Mary, tomándome una mano con cariño. Apreté los ojos, dejando caer más lágrimas sobre las frazadas e inhalé profundamente.

-Hace años mi padre murió salvando mi vida y la de mi hermano.- comenté, reviviendo todo en mi mente.- Y ahora, mi madre y Tai… ellos…- no aguanté más y tuve que cubrirme el rostro para llorar.

Rose Mary se acercó a abrazarme mientras la hermana de Davis me apretaba una mano con fuerza. Una de las niñas se acercó a acariciarme el cabello y ni siquiera fui capaz de verla. Sólo estaba ahí, sintiendo la cálida ropa de aquella mujer que intentaba darme consuelo.

-La has pasado difícil.- comentó aquél hombre.- Descuida Kari, estarás bien aquí.

-¿Recordando?- preguntó Davis, sentándose a mi lado.

-Sí.- sonreí.

-No te tortures con eso, Kari.

-Es difícil, ¿sabes?- comenté sintiendo ganas de llorar.

-Sí, lo sé.- murmuró él, quedamente.- Yo también perdí a mis padres y mi hogar.

Nos miramos durante un buen rato y finalmente Davis me dio un fuerte abrazo, acariciándome la espalda.

-Todo va a estar bien, ya lo verás.- susurró en mi oído.

Y de pronto un espantoso sonido retumbó sobre nosotros e hizo temblar todo cuanto había ahí. Me aferré fuerte a él y oculté mi rostro sobre su cuello temiendo lo peor.

-¡Vengan acá!- escuché que gritó un hombre y en segundos ya estaban todos a nuestro alrededor tapándose los oídos.

Las paredes no dejaban de temblar así como el suelo. Uno de los niños empezó a llorar y temí que los alemanes aparecieran en cualquier momento. Pero gracias a Dios, luego de un par de minutos, todo volvió a la normalidad.

-¿Están todos bien?- preguntó Max. Era un señor muy sabio, de unos cuarenta años de edad, alto, moreno, canoso y con un carácter de líder que sabía ejercer justamente sobre nosotros.

-Sí.- murmuramos casi todos a la par.

-¿Qué fue eso?- preguntó Jun.

-Fue una granada, la lanzaron muy cerca de aquí.- respondió Lucas.

-¡Malditos bastardos!- exclamó Davis.

-¡Muchacho! Mide tus palabras, hay niños aquí.- le reprendió Rose Mary, sin perder esa dulzura que la caracterizaba en su voz.

-Es que me enfada como no tienes una idea todo esto.

-A todos nos pasa, Davis.- le dije, acariciando su mano izquierda.

Luego de un rato nos olvidamos del asunto. Aunque en nuestra mente siempre existiría el miedo de ser encontrados. Yo sabía una vez que nos hallaran, ya no tendríamos salvación.

Un par de días después celebramos el Shabat cantando algunas alabanzas y pidiendo por la protección de nuestro pueblo. En medio de la ceremonia se me partió el alma y me quebré recordando cuando, desde niña, había compartido ese momento con mi familia. Pero ahora ya no estaban, ya no había más Tai, mami o papi en mi vida, estaba más sola que nunca y ahora el gigante que me apresaba con tortura era ese: la soledad.


Hola chicos! Os dejo el segundo capítulo, antes recordándoles que en mi perfil viene mi página de twitter, tumblr, facebook y blackberry pin por si alguien desea agregarme para tener más contacto, es libre de hacerlo sólo háganme saber que son de fanfic enviándome un mensajito cuando me agreguen (en face) y al blackberry pin igual! :D

Brevemente responderé sus reviews en el órden que llegaron:

* Rolling Girl: Jajaja me encantó! Toda la descripción de tus emociones al leer, no, no habrá Sorato y a mí también me dan miedo los perros jajaja.

* Yuri: Qué bueno que te emocionó! :D y sí, eso también es un "miedo" que mi prometido vaya a morir antes de la boda D: ya ves que sí existen casos así... en fin de eso trata la historia: plasmar miedos, pero no quedarse con ellos, saber enfrentarlos.

* Amethyst Brounette: Aww nena yo también extrañaba mucho venir a publicar y saber de ustedes! En mi perfil está la dirección de mi tumblr, twitter, facebook y hasta blackberry pin para que me agregues en todo y estar más comunicadas! :D

* I love takari 4 ever: Jajaja no habrá Sorato, eso te lo aseguro! Y no, no te voy a fallar con eso del final... y no los haré "sufrir" sólo es que hay muuuucho drama en la historia pero nada que ver con el drama de las novelas jajajaja...

* Auf Dass: Yo igual! No esperé que mi imaginación diera fruto a algo así y ve! :D me alegra que te haya intrigado.

* MS-TaKa: Wooo :O desde Nicaragua? Qué loco! Me encanta saber (no por presumir) que en otros países pueden leerme :') es que yo estoy aquí sentadita en mi cuarto en un lugarcito de México y saber que alguien desde otro extremo del continente conoce "mi paradero" uff me emociona en sobremanera! :D

* A quien firmó sin dejar pseudónimo: Gracias! :D verás que sí le meteré pila a esta historia.

* Pixie'66: Emm pues a mí no me había tocado leer fanfics de éste tipo, no lo había publicado antes en alguna otra categoría así que no sé jajaja debiste haber leído o visto algo parecido y lo relacionaste yo creo.

* ferdita99: Gracias! Me llenas te emoción con eso de "gran historia" jajaja :D

* F: Tan sencillo como es la cosa, si no te agrada, no relacionas los personajes con la trama, no la leas! Jajajaja ni me voy a enojar, ni me voy a morir ni a dejar de comer por eso. No, ésta historia está totalmente adaptada a Digimon y no pienso hacerla con Glee, sí es verdad que sólo uso los personajes, no para que lean mis historias o porque son "populares" sino porque en verdad amo la pareja que hacen TK y Kari. Ya sé que no tiene nada que ver con la trama, es un Universo Alterno y de hecho todos mis Takaris han sido así. Te repito, si te perturba leerla, no lo hagas y ya :D