Disclaimer: Los personajes de Harry Potter son propiedad de J.K. Rowling . No hay ninguna intención de lucro ni de infringir el copyright. La trama es enteramente mía así como los personajes originales que puedan llegar a aparecer. Este fic participaba (si, en el pasado) en el concurso "Mi Pareja Especial" celebrado por los Amortentia Awards. Supuestamente fui descalificada porque este fic es un proyecto de Long fic, y solo se permitían one shot o two shot.

N/A: Hola a todos los seres lectores de este mundo maravilloso. Les cuento que me inscribí en el concurso solo con la idea de hacer un Theomione, y luego cuando empecé a tipear, bum! Nada con coherencia, cada cez que me sentaba comenzaba a escribir una escena nueva sin conexión con la anterior, pero luego de meditarlo mucho logré enlazarlas, cosa que se verá con el tiempo a medida avance.

Hace casi un año comencé a escribir Sei He Ki, y hoy empieza a tener sentido.

Gracias gigantes a mi Prima CygnusDorado!

Por su apoyo incondicional, y por la maravillosa historia que nos regaló "El mito de Hortensia", la cual compite con "Sei He Ki" en la misma categoria en los A.A. Leanla!Yuu Valentine :HAHAHHAHAHA! me alegraste con tu comentario, casi que si, se drogan, pero sin intensión... gracias por tus palabras, espero te siga gustando y atrapando la historia!

Debo advertirles que hago saltos en las fechas. Espero no se mareen.

Ahora a leer!

Sus críticas y opiniones son bienvenidas, no nos abandonemos, ya les amo!Abrazos Cósmicos!


CAPÍTULO REPOSTEADO, TIENE CORRECCIONES HECHAS POR LA HERMOSA BETA MARÍA AGUILERA MEDINA
(ES UNA GENIA!)


Sei He Ki

Capítulo 2: Yo Comprendo II
23 de septiembre, 1996. Terrenos de Hogwarts

Theo sintió un tirón en su bajo vientre, combinado con vértigo, dejándolo súbitamente muy excitado. Olvidó que ella era una gryffindor y él un slytherin, que ella era Hermione Granger y el Theodore Nott, que no debería dirigirle la palabra. Olvidó que jamás habían sido amigos, o siquiera que hubieran interactuado, o que ella estaba de un lado del mundo mágico y que él del otro.

—¿Me mordería si se lo pido? ¿Ahora, Srta. Granger?— preguntó ansioso.

—¿Ahora? No lo sé, lo haré cuando decida que se lo merece, Sr. Nott.— alegó juguetonamente, pero con postura y erotismo en su voz. —Claro que, sí confía en mí lo suficiente, tendrá que pedírmelo.

—¡Muérdame!— Escupió impulsivamente. La petición naciendo de sus tripas, sin pasar por su razón.

Automáticamente enrojeció de vergüenza, al darse cuenta del estado vulnerable que estaba presentando, pero sin arrepentirse, porque, sin saber el motivo, confiaba en ella plenamente. Y lo deseaba, necesitaba que ella le mordiera, le quemaba la piel de solo imaginarlo, quería que ella le tocara, con la piel o con los dientes, le daba igual.

Hermione sonrió triunfante, sintiéndose poderosa y encendida. Entonces una idea se le pasó por la mente. Comenzó a comprender porqué ella estaba actuando así, y porqué él también lo hacía. No eran ellos mismos, estaban influenciados. Pero no le importaba, no por sí misma al menos. Quería sentirlo arder. Pero Theodore, él era otra cosa. Si iban a hacer lo que ella estaba anhelando hacer, él debía ser consciente de lo que en verdad les estaba pasando.

—Uhmm…— meditó en voz alta, sin poder salirse de su papel, en el que ella tenía el control. —Bueno, esto es lo que haremos. Yo te haré preguntas, y por cada respuesta correcta, yo haré algo que nos acercará a lo que desees.— él solo asintió, teniendo la garganta y boca seca; le era difícil pronunciar palabra. —¿Qué propiedades tiene el aroma a Tármica?— él la miró confundido, pero inmediatamente entró en el juego.

—A veces produce mareos, y desequilibrios emocionales tendientes a la alegría o la confusión. Pero no tienen tanto poder. Solo cuando es preparada y bebida en pociones, su efecto es fuerte y duradero.— respondió correcta y escrupulosamente.

—Muy bien.— Hermione se paró fuera de la cueva, y le indicó al muchacho que la siguiera con un dedo. A continuación sacó su varita y secó con un hechizo todo el barro del suelo del refugio del que acababan de salir, dejando la tierra seca desde el borde de la entrada, marcada por la pequeña florecilla blanco perla, que estaba a sus pies. —¿Qué propiedades tiene el aroma de Cosmos atrosanguineus?

—Cosmos atrosanguineus o Chocolate Cosmos tiene un aroma a chocolate muy estimulante, siendo la planta comúnmente usada en pociones afrodisíacas poderosas. No estoy seguro, pero creería que su aroma también tiene un efecto afrodisíaco. Pero, al igual que con la Tármica, si no es procesada en una poción, no es tan influyente.— Dijo bastante convencido de sus palabras. Su entrecejo comenzó a fruncirse, y Hermione pudo ver cómo el muchacho comenzaba a resolver la situación en su mente. Éste la vio a los ojos, fijo. Tenía una pregunta dibujada en el rostro, pero ella también vio la comprensión pasar por los ojos verde agua del inteligente muchacho.

Ver en primera fila la agudeza el ingenio filoso y agudeza intelectual del chico, le erotizó la mente, y esto reflejó entre sus piernas, zona que comenzaba a calentarse. Se mordió el labio inferior, y él clavó sus ojos en su boca. Creyó escucharlo gemir muy despacio, pero no estaba segura. Luego pasó su lengua por su, apenas inflamado, labio. Sonrió de lado.

—Excelente respuesta, Sr. Nott.— agitó su varita, sin despegar sus ojos de los del hipnotizado adolescente. Ya habiendo conjurado una mullida colcha llena de almohadones dentro de la cueva, preguntó: —Dando por hecho que respiramos Chocolate Cosmos y Tármica, ¿qué efecto cree que nos puede haber provocado?
Él no contestó inmediatamente. Tardó lo suficiente como para que ella diera por sentado que estaba sopesando cuál sería la forma correcta de responder.

—Uno muy conveniente.— dijo finalmente. La réplica la dejó pasmada ¿Significaba eso, acaso, que no le importaba no ser él mismo? Su duda se disolvió con las siguientes palabras. —Porque, si no fuera por esta especial coincidencia, dudo que jamás me hubiese atrevido a descubrirla, mirarla, revelarla, realmente. Y debo admitir que usted me fascina, Srta. Granger.

Un espasmo eléctrico le recorrió de la cabeza a los pies, dejándola casi de rodillas. Este muchacho era perfecto. Y coincidía totalmente con él. Eran subyugados por una muy especial coincidencia.

Actuando elegantemente, apuntó con su varita a Theo y lo dejó libre de barro en un grácil movimiento, repitió el hechizo con ella.

—Escúchame, Theo.— comenzó, con algo de incertidumbre y vulnerabilidad, dejando de lado por un instante los roles que venían practicando, queriendo asegurarse que él comprendía que ella le consideraba su par. —Necesito que, de ahora en adelante, seas sincero conmigo. Yo buscaré ser clara, y espero que siempre haya entendimiento entre nosotros. Por naturaleza, soy muy exigente, y tú no quedarás eximido de ello. Tendremos una llave, un código, que abrirá un posible acto, y cerrará cualquier situación que ya no deseemos. Necesito que elijas una palabra que tenga ese poder, y que la respetemos. ¿Cuál será la llave?— Theo le sonrió tiernamente, comprendiendo el gesto de Hermione como lo que era. Una base que establecería la confianza mutua. Una emoción que no supo describir se esparció por su pecho. ¿Alegría? ¿Sentido de pertenencia?

—Alohomora, Hermione. Que sea alohomora.— ella le sonrió sinceramente y asintió una vez. Lo miró atenta por un rato, insegura de continuar, queriendo ver si su postura o rostro indicaba que él cambiaba de parecer. Pero no vio nada. Entonces, se sintió dispuesta a continuar, y con su cuerpo vibrante de anticipación, usó su llave.

—¿Alohomora?

—Click.— resonó el chasquido de la lengua de Theo contra su paladar. La respuesta le causó goce y diversión. La rapidez e ingenio del muchacho no dejaban de excitarla y, a la vez, maravillarla.

—Ingrese a la cueva de la leona, Sr. Nott, y sáquese los zapatos. No queremos ensuciar nuestro espacio, ¿verdad?— demandó, nuevamente empoderada, con cortesía. Aparentemente, el tono de la chica activaba automáticamente una conducta de entrega y sumisión en el castaño, porque inmediatamente su cabeza se inclinó unos centímetros hacia adelante.

El pie izquierdo empujó el talón del zapato derecho, desplazando así esa extremidad hasta bajar y apoyar la rodilla en el acolchado. Se giró sentándose, aún con la pierna izquierda fuera del mullido y limpio suelo, y se quitó con las manos el calzado restante. Se corrió para atrás apoyado en sus rodillas y sentado sobre sus pies, dejando espacio para que ella entrara.

Hermione se agachó en la entrada, acarició afectuosamente los pétalos blanco perla de la pequeña plantita, como si le agradeciera. Luego de descalzarse, se posicionó igual que Theo, frente a él. Con la varita aun en su mano, hechizó la entrada creando un campo que les protegería de varias cosas a la vez: posibles criaturas, peligrosas o no; animales; ojos curiosos; y del viento y el frío que la falta de sol generaría. Con otro movimiento firme, conjuró una barrera de sonido para no ser escuchados si alguien pasaba cerca. Completamente ocultos, zapatos inclusive, hizo un último movimiento de muñeca, y con éste, una adorable llama naranja y brillante se posicionó cual lámpara de aceite suspendida sobre sus cabezas.

—Precioso.— susurró Theo, siguiendo todos y cada uno de los manierismos de la bruja. Ella no pudo evitar sentirse halagada.

—Gracias.— contestó en el mismo volumen. Se miraron intensamente, con anhelo, y complicidad. —Quiero que permanezca quieto, Sr. Nott, ya que, por todas sus respuestas correctas e impecable comportamiento, voy a morderlo, como me pidió.

Theo cerró sus ojos abrumado, y esta vez ella pudo oír claramente como un gemido se escapaba de sus labios. Labios que miró con deseo. Deseo que ya no quería contener.

Hermione acercó su rostro al de él, quien se mantuvo quieto y con los ojos cerrados, sus respiraciones estaban, quizás no agitadas, pero si algo alteradas.

Rozó suavemente sus narices, apenas tocándose las pieles. Le olisqueó, como si fuese una criatura reconociendo su pareja, pasando su nariz por los labios del muchacho, generando que esté suspirara entrecortadamente en staccato.

Disfrutando profundamente de las reacciones de Theo, ella se atrevió a generar un poco más de estímulo, rozando, esta vez, la boca del chico con la suya propia. Y, para su placer y sorpresa, él separó sus labios, aspirando todo lo que podía de ella: su cercanía, su aroma, su vibra y energía.

Tentada de cortar toda distancia, recorrió sutilmente con la punta de su lengua, el filo de la boca de Theo, de una comisura a la otra, disfrutando de la suavidad y textura. Un gruñido, por poco ronroneo, vibró eróticamente de la garganta de la chica, quien comenzaba a sentir tensiones deliciosas anudarse en su vientre.

Los sonidos de Hermione, sumados al estímulo físico que le producían sus caricias, terminaron por desarmar al brujo, quien emitió otro gemido, pero, esta vez, sonando a queja, suplicante.

Deleitada e incentivada, atrapó el labio inferior de Theo con sus dientes relicientes en una extasiada sonrisa. Mordió su carne tiernamente, sin lastimar, ni ejercer mucha presión, solo sosteniendo y rasguñando la parte interna de la boca. Él tembló de placer, agradecido de que le hubiera hecho esperar tanto, pues el anticipo sin duda potenció el goce.

Hermione lamió el labio que poseía entre sus dientes, y al saborearlo, comprendió que ya no podía contenerse más. Subió sus manos y lo sujetó de las mejillas, besándolo, uniendo sus bocas, y él se dejó, y le acompañó, respondiendo con la misma pasión.

—Bésame, Theo.— exhortó, sin dejar de saborear. Y más que una orden, él lo sintió como un incentivo, un permiso, a tomarla, fundirse en ella y devorarle los labios.

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7 de Marzo, 1999. Hospital St. Mungo's

Por lo general, los días de Theo eran aburridos y no tenían sabor a nada. Algunas veces, sabían a algo amargo y triste. Otras, por suerte casi nunca, eran agrios y enfermizos. El día de ayer había sido uno de estos últimos, y él lo aborrecía con el alma, porque solo eran fruto de terribles recuerdos, y ganas de suicidio.

Cuando se despertó esta mañana, un dolor punzante le quebraba la cabeza en dos. Resaca indudablemente. Una mano pálida le extendió una ampolla con un líquido cristalino azulado.

Sin importarle que pudiese ser, lo bebió de un saque. Si era algún veneno o poción tóxica, bien. Si era poción anti-resaca, bien. Era indiferente, el mundo seguiría siendo un despropósito. Por suerte, resultó ser la segunda opción, porque despropósito o no, preferiría no sentir dolor en ese momento.

Su mente se fue aclarando, y, con ella, su visión. Draco estaba a su lado, con rostro serio, algo enojado y ofendido, si lo analizaba bien.

—Vístete, desayunamos juntos. No tardes, Blaise ya está abajo esperándonos.— Sin decir más, se retiró.

Seco. Ese había sido su tono de voz. Definitivamente estaba enojado.

Miró a su alrededor buscando su ropa. Estaba en la habitación que le había pertenecido desde muy chico en la Mansión Malfoy. Su segundo hogar. Y el único desde que su madre, Fay, había sido asesinada por su padre, Thoros.

Moviéndose como pudo, pues todos sus músculos estaban tiesos y contraídos, se deslizó de la cama, dejando tras de sí un desastre de sábanas y mantas con manchas rojas. Ese, sin dudas, era el motivo de enojo de su amigo para con él. Gruñó irritado, sería un día largo.

Unos minutos más tarde, entraba al gran comedor marmolado, vetas grises, blancas, negras, verdes, beige, naranjas y marrones, color tierra, pero tierra pulida, abrillantada, pristina. Al final de la larga mesa victoriana, sentados enfrentados, le esperaban sus amigos. Cuando se percataron de su presencia, Draco palmeó la punta de la mesa demandantemente, indicando así que era ese el espacio en el que debía ubicarse, y no en otro lugar, ahí, entre el rubio y el moreno.

Se sentó en silencio. Aparecieron los elfos domésticos con la comida. Le sirvieron café. Le llenaron el pato de tostadas, huevos revueltos y fruta. Le agregaron leche a su taza. Tomó El Profeta para leerlo. Se lo arrebataron de las manos. Miró con recelo al italiano. Este le ignoró. Resopló abatido.

Ellos ganaban. Luchar contra dos serpientes era casi imposible, aunque él mismo fuera una, cuando tu estado mental estaba caótico y debilitado por una noche atroz. La contienda de quien hablaba primero finalizó con la voz de Theo sonando rasposamente.

—De acuerdo, pueden empezar con su sermón semanal.— dijo, fingiendo solemnidad. —Ah, no, esperen. Esta semana ya me dieron un sermón.— su tono burlón y desdeñoso colmó la paciencia de Draco, quien golpeó la mesa con su mano abierta, logrando sobresaltar a sus dos amigos.

—¡Basta! ¡Es suficiente!

—¿Qué? ¿Qué es suficiente, Draco? Hace tiempo que nada es suficiente para mi…

—¡Y nunca nada lo será, porque directamente no intentas nada en tu vida!— le interrumpió bruscamente el rubio. Theo se encogió en su asiento, lo que provocó que Draco continuara hablando pero más suavemente. —Anoche llegué aquí y no estabas, ¿cómo diablos lograste salir de la Mansión? ¿Puedes imaginarte la desesperación que sentí luego de tres horas de buscarte por todo maldito lugar que se me ocurriese? Tuve que llamar a Blaise. Luego de intentarlo por una hora, enviamos, entre los dos, un batallón de elfos domésticos… y… y nada…— se le cerró la garganta de la angustia que comenzaba a sentir por el recuerdo de una noche aterradora y desesperante. Dejó de hablar porque no tenía confianza en su voz, y estaba, en cierta manera, conteniendo sus lágrimas.

—Te trajeron casi azul de lo helado que estabas, inconsciente claramente, desangrándote muy lentamente, oliendo a alcohol y bañado en lodo putrefacto. Te encontraron en un pueblo perdido de Gales, y no logro imaginarme cómo llegaste hasta allá. Dinos, ¿hiciste magia para llegar? Porque, si fue así, pudiste haber muerto de fatiga mágica, ya sabes lo que dijo el Dr. Graham.— dijo seriamente el moreno. —Esto no puede seguir así, amigo. Es en extremo preocupante.

—Lamento hacerlos sufrir, en serio lo hago, pero no necesitan cuidarme.— les aseveró neciamente, ignorando su pregunta.

—Claro que sí, Theo. Eres nuestro amigo, casi un hermano para mí.— comentó el rubio, y luego de aclararse la garganta, agregó, —Y para Blaise también.

—Correcto, es por eso que hemos decidido tomar medidas.— el interpelado se tensó en su asiento, mirando primero a uno y luego al otro. —Hemos investigado desde hace unos meses, contactado a la gente más poderosa del mundo mágico, y vamos a llevarte a un lugar muy especial, del cual tomamos conocimiento esta misma mañana.

—¿Qué lugar?— preguntó algo temeroso.

—No sabemos todos los detalles. Pero nos aseguraron que tu salud no se verá perjudicada nunca más.— contestó Draco. Se le notaba en el rostro la incertidumbre, pero también el miedo que tenía por el bienestar de Theo, lo cual despertó, en este último, una especie de angustia nueva.

A él le importaba una mierda su vida, pero sus amigos eran otra cosa. Ellos sí eran valiosos. Los hacía sufrir con su comportamiento negligente para consigo mismo.

Por un lado, se consideraba una causa perdida, sea cual fuera el intento que ellos propusieran; por el otro, no tenía excusas. Negarse en este momento sería abrir un debate, con el que terminarían todos frustrados, y la verdad no tenía ganas.

Probaría lo que sea que fueran a proponer. Total, luego de un tiempo, preferentemente corto, ellos solos se darían cuenta de que no estaba funcionando.

—¿De qué se trata?— preguntó finalmente, luego de pensar un rato.

—Es un lugar llamado "Sei He Ki". Un espacio templario de China, que está equipada con profesionales de todo tipo. No lo pienses como una internación hospitalaria ni nada por el estilo, son más bien unas vacaciones.— comenzó el rubio, y, al ver la mirada escéptica que le lanzaban los verdes ojos de su amigo, continuó. —Te aseguro, Theo, que en ese lugar trabajaran tu sanación desde terapias innovadoras. Nada te hará daño, ni te obligarán a hacer cosas que no desees. Tenemos una copia del contrato, y este asegura que será así.

—Draco, Blaise,— los mencionó con tono frustrado —sé que sus intenciones son nobles, pero ya saben lo que dijo el Dr. Graham. No hay cura. Me volveré un squib en poco tiempo, ya… ya no hay vuelta atrás.

Draco tomó el antebrazo izquierdo de Theo con su mano derecha. Un acto en extremo cariñoso para el rubio y su acostumbrada sequedad en las relaciones humanas. Definitivamente le quería, sus ojos también se lo reflejaban.

—Theo, no, no te rindas. No puedo entender que te hace creer que ya no tienes recuperación.

—Recién me preguntaron cómo había llegado a Gales— comenzó a explicarse, con un sabor amargo asentándose tanto en sus palabras como en su boca. —Bien, pues no quería decirles, porque me avergüenza. Me golpea en el puto orgullo de sangrepura con el que fui criado.— miró al moreno y luego al rubio. El primero lo tomó también de la mano, infringiendo fuerzas para seguir hablando. —Ya no puedo aparecerme, no lo intenté siquiera, porque supuse que sería imposible, ya que ayer por la tarde intenté convocar mi varita con el encantamiento Accio, y… ¿Saben qué? Nada. Mi propia varita…— se cortó con un sollozo. —Ya ni mi propia varita…— las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas pálidas. Draco se arrodillo inmediatamente junto a él y le abrazó por la cintura afectuosamente. Luego, Blaise se arrastró con la silla hasta quedar cerca y le abrazó por los hombros.

Theo lloró en silencio un rato, controlándose lo mejor posible, ya que el gesto de sus amigos casi habían logrado quebrarle.

—Luego me levanté y busqué como un... muggle... la varita, que estaba en la mesita de luz. Entonces intenté convocar el tintero al otro lado de la habitación. Y nada. Ya no puedo hacer esa clase de magia. Ya no tengo ese poder en mí, ya no…— una vez más sollozó, pero esta vez no pudo evitar el fragmentarse en cientos de partes.

Estaba seguro de que, si no fuese por el firme agarre de sus dos mejores amigos, sus hermanos del alma, se habría desparramado por todo el comedor, perdido, solo, sin fuerzas para vivir.

Esta vez pasaron alrededor de diez minutos siendo contenido, y lo único que podían hacer los muchachos, a los costados de Theo, era cruzar miradas preocupadas.

—Theodore Nott, eres un maldito mago y no dejaras de serlo, aunque tenga que arrastrar tu culo pálido hasta China.— intentó bromear Blaise. Y algo de éxito tuvo, porque un sonido extraño, mezcla de sollozo, bufido y risa, se escapó de los labios húmedos por lágrimas del castaño. —Ahora, dinos qué demonios hiciste para llegar a Gales.— exigió juguetonamente.

—Simplemente chantajeé a mi elfo doméstico. Le dije que le daría mis pantalones más costosos si no me llevaba.

—Asquerosa y astuta serpiente.— rio Draco.

—Sí, lo soy. El pobre me rogó, y le pregunté, irónicamente, cual creía que era el motivo por el cual ya no iba a la Mansión Nott, y por qué no le daba órdenes últimamente.

—Ugh… Brutal. Pobrecito Rummy.— fingió empatía el moreno.