02/ El espejo.
"¿Si?" su voz somnolienta contestó el teléfono que le despertó a las 3 de la mañana, no podía creer que las personas tuvieran el descaro de hablarle a esas horas.
"señor, como pidió, el nuevo lote al fin ha llegado" la voz de su ayudante sonaba excitado, como si estuviese en alguna fiesta, aunque sabia que muy difícilmente ese chico se iba ir de parranda algún día mientras estuviese en su proyecto de tesis y ayudándolo en el museo.
Shun se incorporó con cierto entusiasmo olvidando que tenia sueño, olvidando lo molesto que pudo haber estado por el llamado. Pero esto era demasiado importante, sus ojos esmeralda brillaron en la intensidad de la noche y ni siquiera se molestó en prender la luz de su mesita.
"¿hace cuanto?" preguntó entusiasmado. Semanas atrás que esperaban este embarque importantísimo de arte ruso, un intercambio cultural entre los dos gobiernos, y el museo lo había dejado a cargo.
¡Al fin un trabajo que demostraba su talla!
El director al fin le estaba mostrando algo de confianza. Y Shun le demostraría que no se había equivocado en su decisión.
"una hora, Sr Shirou" respondió la vocecilla entusiasmada
"voy para allá"
"señor hay algo que…." la voz no pudo terminar la frase, Shun estaba demasiado entusiasmado que colgó el teléfono y comenzó a vestirse como loco, tratando de no pensar en nada mas que llegar lo más pronto posible al museo y su nuevo embarque de arte ruso.
Su departamento, una pequeña habitación de mas de 3 metros, con espacio suficiente para una cama, un futon. Una cama oriental que consistía sencillamente en un suave y delgado colchón no más grueso que un edredón y algunas sabanas limpias. Una enorme cantidad de libros sobre arte y cultura, un poco de ropa y nada de muebles para recibir invitados o comer en casa. Los grises resaltaban magníficamente debajo de los multicolores de los libros y de la ropa de cama y los escasos aparatos eléctricos en un negro intenso. La vida como la llevaba era más fácil si la vivía entre pequeños cafés y en casa de sus amigos.
En poco menos de media hora Shun arribó al museo, un taxi de media noche le llevó tan rápido como pudo pese a los insistentes concejos de Shun por tomar ciertos atajos y calles que acortarían el tiempo.
La fachada principal del antiguo museo de arte de Tokio lucia un par de "espectaculares" anunciando en colores vivos la nueva exposición de arte ruso, traído desde Moscú. El director del museo estaba encantado con la propuesta del joven Shun y su magnifico desempeño para conseguir que el gobierno ruso aceptara tal intercambio.
Se subió el cierre de su chamarra de lana de un color gris claro sin ninguna clase de decoración, tal cual gustaban a los japoneses, comenzó su marcha entre los jardines del museo flanqueados por dos hermosos árbol de cerezo, llamados 'sakura', que lucían un verde espectacular en esos meses del final del verano. Shun, recordó que no se había peinado y trató de darles un acomodo decente a sus mechones verdes rebeldes aun sabiendo que no tenia oportunidad de arreglarlos así.
Se desvió un poco de su camino para entrar por una de las 3 puertas laterales, habia casi 100 metros de hermoso jardín entre él y esas entradas. Sonrió al ver un enorme camión y suficientes de luces prendidas como invasores del recinto, silenciosos y rápidos como ladrones, el grupo de trabajadores trataba de ser lo más discreto posible así como veloces, las voces gritando y muchísima actividad, produjeron en su corazón un latió de emoción, al ver como uno de los trabajadores cargaba cuidadosamente un enorme jarrón en azul y dorado envuelto en un plástico especial semitransparente sintió una alegría inmensurable que casi sintió que podría estallar a en llanto, en un llanto de pura alegría. Al fin habían terminado las horas de espera y las largas horas de angustia por ese grupo.
"Profesor" le llamó una voz, su joven asistente, cuya sonrisa se podía apreciar a kilómetros de distancia. Su nombre Baian, ostentaba una bella melena café, unos anteojos redondos, no pasaba la veintena de años, una camisa blanca con un chaleco negro y pantalones a juego, era la felicidad en persona.
"Baian…" mencionó al chico sin detener su paso Shun.
"¿Llegaron todos bien?" preguntó incrédulo, escudriñando de lejos los objetos sin amainar sus pasos hacia el vehiculo y la entrada del edificio.
"ni un rasguño" respondió animoso Baian, complacido de ver a su profesor con una enorme sonrisa.
"¿todo en orden?" volvió a preguntar con emoción y una sutil pizca de preocupación Shun, su voz no escondía ninguna emoción. no había de que preocuparse, los rusos cuidaban su arte como si su vida fuera en ello.
"este…" dudo Baian al ver que del grupo de trabajadores se desprendía un personaje singular, un hombre de mayor altura que los demás, un hermoso cabello rubio, una chaqueta café con orillas amarillentas, camisa negra de cuello alto y pantalón de mezclilla. Sus increíbles ojos azules parecían brillar en la oscuridad clavándose profundamente hacia su objetivo.
"¿Es usted el Sr. Shirou?" inquirió el hombre cuyo andar hizo que Shun se detuviese en seco, afirmó mas por instinto a la humilde pregunta pronunciada fuertemente y con algo de fastidio. A cada paso que daba el hombre se podía notar claramente la fisonomía extranjera, facciones sajonas, preciosos ojos celestes, cabello dorado como el sol, labios delicados, rostro angelical…
un rostro mucho muy hermoso.
"pues quiero presentar una queja" anunció el rubio con claro acento ruso, hablaba fluido el idioma local aunque acentuaba mucho ciertas silabas por culpa de su idioma natal. "se supone que ustedes nos iban a recoger al aeropuerto y arreglar toda la documentación"
Shun salió de su ensimismamiento, no había visto en su vida ojos más bellos ni escuchado voz mas melodiosa.
"Los esperábamos hace una semana" replicó Baian, no le había gustado el tono de voz que usaba el extranjero para con su maestro favorito.
"mis mas sinceras disculpas" dijo humildemente Shun haciendo una reverencia.
El extranjero, se quedo perplejo unos momentos, tenia conocimientos del idioma local pero no de sus costumbres y Baian se tragó sus palabras e imito a su profesor. Por nada n el mundo haría que su querido profesor pasara vergüenza.
"quisiera encontrar el modo de recompensarles" añadió con una sonrisa Shun " soy Shun Shirou, asistente del subdirector del área de arte occidental y este es mi asistente, Baian Seahorse, inglés" se presentó a él mismo y a su asistente y el extranjero un poco más calmado le imito, pero a diferencia de Shun, su joven discípulo estiró la mano para estrechar la mano del ruso.
Costumbres occidentales, costumbres orientales.
"Hyoga Sosky, relaciones exteriores del departamento del Museo de arte de Moscú" extendiendo su mano temeroso pero con fortaleza, aunque seguía enfadado por las horas que la aduana los hizo esperar negándose a llamar a los representantes del museo por la excusa de las altas horas, al final había sido el museo quien había hablado casualmente para ver por enésima vez si habían llegado los rusos y su embarque de arte.
"Venga profesor, le mostrare el lote" se aventuró a romper el extraño silencio que se había apoderado de los hombres, Baian se olvido enseguida del incidente al ver que bajan un enorme paquete forrado cuidadosamente en maderas, debía ser una pintura pensó Baian.
Hyoga recibió rápido el apretón de manos de Shun y algo extraño por no querer soltar aquella delicada manita, pudo ver que en los ojos de Shun había un poco de sorpresa, él era de los pocos japoneses que daban la mano. Sentir la calidez de un hombre que ha estado más tiempo en el frio de la noche le cautivó como ningun otra cosa en ese instante. Siguieron a Baian que parecía niño en dulcería.
"Personalmente lo llevare a conocer Tokio" le dijo a Hyoga en un tono meramente formal. mientras caminaban hacia la entrada "y lo llevare a una casa de Geishas, estará encantado" comenzó Shun con varia ofertas, pero desde aquel apretón el ruso se había olvidado por completo de su motivo de queja.
Ambos hombres rodearon el camión y evitaron interponerse entre los trabajadores que se apuraban su trabajo, en descargar las piezas de arte. La entrada era como una bodega donde iban apilando las piezas con mucho cuidado, mientras unos descargaban las piezas otros trabajadores las llevaban al interior del museo
"espero que el museo cuente con espacio suficiente" comento Hyoga tras un curioso silencio, observando a su gente hacer el trabajo, como si de una sencilla rutina fuera, pero sabia que cada uno de esos hombres, trabaja concienzudamente, cuidando de las reliquias.
"Baian, ¿sabes que sala finalmente nos asigno el director?" preguntó Shun a Baian quien apareció de pronto detrás de una enorme caja
"La sala Kurosawa" respondió el chico brincando detrás de otros dos hombres.
Shun palideció al oír el nombre, pero luego sonrió.
"¿La sala Kurosawa?" preguntó el ruso, curioso.
"Si, es una sala que ha permanecido casi 30 años bajo constantes rumores" respondió Shun poniéndose a hacer cuentas mentales.
"50 Sr.Shirou" corrigió Baian, que aunque estaba emocionado viendo todo, estaba atento a la conversión. Era sin duda un chico muy inteligente.
"¿50 años Sr. Shirou?" Al ruso le pareció extraño y a los demás trabajadores al oír a su jefe alzar la voz. Hyoga supuso que ese museo era mucho más antiguo, mucho más importante y mucho más esplendido..
"Es una sala perfecta" continuo Shun caminando, guiando al ruso hacia el interior del edificio, siguiendo la ruta de luces prendidas trazada para los trabajadores. "Es la sala más grande que tiene el museo en el ala este del edificio, tiene todo lo que sus piezas podrán necesitar" comentó orgulloso de la sala, pese a sus profundos sentimientos que esta le producía.. Sus pasos resonaban entre los pasillos vacíos y las voces de los hombres se volvía cada ves mas distantes y se perdían con el eco manipulado por los muros.
"Me pareció que usted palideció al oír el nombre" mencionó Hyoga del modo más casual, tratando de parecer un curioso, mientras ambos doblaban a la derecha y frente a ellos se abría una enorme puerta de madera, en lo mas alto rezaba en hermosos kanjis el apellido Kurosawa.
"No tiene nada de que preocuparse" sonrió Shun invitando a su huésped a entrar a la enorme sala.
La sala Kurosawa era un espacio de casi 25 metros de largo con 15 de ancho, una galería inmensa, casi como un salón para fiestas o de bailes, el suelo impecable con losa parecida al mármol y suaves dibujos, paredes blancas inmaculadas recierta de papel y yeso, en la pared mas alejada, la mas ancha contraria a la pared con la puerta, se encontraba un espejo. El espejo mas largo y ancho que Hyoga hubiese visto en un museo. Shun dio unos pasos invitando a su huésped a caminar entre las paredes del recinto.
Hyoga apreció que ya varios objetos estaban en el recinto esperando a ser colocados en sus pedestales acomodados a la derecha de la puerta principal, algunos otros aun seguían con el envoltorio protector. Tuvo la extraña sensación que el espejo era distinto a otros que había visto en su vida. Su reflejo era más claro y mas brillante, no opaco como la mayoría de los espejos.
Tuvo la sensación que el mundo en su vidrio era mucho más nítido y claro, más hermoso y quizás delicado. Ese espejo era demasiado exquisito, pensó Hyoga.
"es fascinante ¿no?" Pregunto Shun dando la espalda al espejo, Hyoga le vio y devolvió su vista al espejo.
"Es bellísimo" exclamó susurrando.
"Lo vamos a cubrir" añadió Shun avanzando hacia la salida.
"sería una pena" comentó Hyoga dando la espalda al espejo y caminando hacia Shun.
"así lo dispuso el director" añadió fríamente saliendo del recinto. Hyoga quedo perplejo y maravillado. Aquel espejo era hermoso sin par….
