Minerva en Jaque

02. Hurt

La luz de la mañana se filtraba a través de la tela de las suaves cortinas y hacía suaves reflejos en el pelo de los dos jóvenes tendidos en la cama. El joven castaño parecía dormir tranquila y relajadamente mientras que su novia miraba el techo bien despierta.

- Squall – susurró después de unos instantes - ¿Estás despierto? – se puso de lado para observar si había alguna reacción.

- Mmmm… -fue la única respuesta, que la chica decodificó como un sí.

- Oye, ¿alguna vez Quistis te dijo algo sobre ser un fracaso como instructora? – le preguntó sin rodeos.
Silencio.

Squall enterró un momento su cara en la almohada antes de frotarse los ojos y mirar a Rinoa arqueando una ceja. ¿Estaba oyendo bien?

- Tienes una idea bien poco romántica de despertarme por las mañanas – y no pudo evitar sonreír levemente cuando ella rió divertida ante su comentario. Cerró los ojos una vez más, pero fue despertado de nuevo.

- ¿Te lo dijo?

Silencio de nuevo.

- ¿Me explicas a qué viene esto ahora? – preguntó después de enterrar por segunda vez la cabeza en la almohada.

- El otro día me enteré. Quistis nunca nos había dicho nada de eso – hizo una mueca de tristeza ante eso. Squall sabía cuán importante era para sus amigos que los problemas, preocupaciones y fracasos se contaran al grupo.

- Me lo dijo la noche que te conocí. – dijo acariciándole el pelo. El comentario hizo a la chica sonreír a su pesar – Me contó que lo había dejado. Le habían dicho que no valía como instructora, que no sabía leer a sus alumnos.

Silencio.

- ¿Y?

- ¿Y? – Squall arqueó de nuevo la ceja.

- ¿Ya está? ¿Sólo te dijo eso? – Rinoa lo estudió un momento mientras el chico hacía memoria.

- Eu… bueno, creo que habló de algo más, de cómo se sentía y no sé qué…

- ¡¿No se qué? – Se apartó de él, incorporándose con un codo - ¿Qué significa "y no sé que"? Ella te estaba explicando un fracaso en su vida y… y… Squall, ¿La apoyaste en su decisión?

Uh-oh. La cosa no estaba yendo bien. 'Con lo bien que se veía la mañana.' pensó él molesto. '¿Por qué tenía que salir Quistis en escena?'

- No hice ni lo uno ni lo otro – dijo él, sin rodeos – Le dije que para hablar conmigo que mejor que lo hiciera con una pared.

Una almohada fue directa a su cara un segundo después de decir eso. Seguido de los rabiosos puños de la chica.

- ¡Insensible!

- Ow, ow, ow… - dijo él cuando por fin se la pudo quitar de encima – Vale, vale, me rindo. En esa época me daba igual todo, Rinoa. Y que me viniera mi instructora a contarme las penas de su vida, sinceramente me importaba bastante poco.

Pero Rinoa no parecía escucharle. 'Pobre Quistis, convivir con un indeseable como este en un momento tan importante. No me extraña que después no nos diga nada, con semejante experiencia.'

- Aunque bueno, luego se lo cobró.

- ¿Qué quieres decir?

- Hubo un momento – e hizo una mueca de dolor al recordarlo – en que no sabía qué camino seguir y le pedí ayuda. Me preguntó si hubiera preferido hablar las cosas con una pared como decía yo. Entendí lo que me quiso decir.

Rinoa abrazó al muchacho, quién se había sentado después de la pelea con el almohadón. Por un momento se quedaron así, estrechándose fuertemente y consolándose por todos los malos tragos que se habían hecho pasar.

De repente, alguien llamó.

Malhumorado por la interrupción, Squall se vistió como pudo y fue a abrir la puerta. Cuál fue su sorpresa al encontrarse al tema de conversación que le había fastidiado un tranquilo sueño delante de él.

- Quistis.– dijo Squall con el ceño fruncido, antes de que la chica pudiera decir nada – hoy es mi día libre, y lo sabes. Sólo espero que tengas la decencia de contarme algo de lo que dependa la vida entera del Jardín o de lo contrario ya puedes estar dando media vuelta, porque no tengo ninguna intención en escucharte.

La chica rubia lo miró sorprendida de un monólogo tan largo viniendo de él, aunque pronto se revistió de algo que Squall no pudo leer.

- Venía a traer el traje que Rinoa había pedido. Me encargué personalmente de él para que lo tuvieran listo cuanto antes. Sé que le haría ilusión ponérselo hoy que iba a ver a los pequeños del Jardín. – Le puso el traje con sus complementos y zapatos a juego en las manos, bruscamente – Buenos días, comandante.

El SeeD notó que alguien volvía a agarrarle por los hombros y lo apartaba de la puerta.

- ¿Quistis? ¡Quistis! – La llamó pero la chica ya había tomado el ascensor, dejando a Rinoa algo disgustada - ¡Oh vaya! – Miró a Squall y se fijó en lo que llevaba en los brazos - ¡Es mi traje!

Squall se lo pasó y mientras miraba a Rinoa toda ilusionada dando vueltas con el vestido, tuvo la fuerte impresión de que la había cagado.

.-.-.-.-.

Seifer estaba de mal humor. No es que eso fuera raro en sí, sino que eso le hacía desconcentrarse de su actual misión. Matar al maldito bicho que había conseguido rasgarle la manga de la chaqueta. No era muy amplia pero eso había bastado para cegarlo de rabia.

El oso movió sus afiladas garras superiores hasta que el ataque que Seifer le había hecho momentos antes hizo efecto y cayó fulmine al suelo.

- Tsk… que manera de resistirse… - murmuró sacudiéndose el polvo de su adorada chaqueta gris. La miró disgustado y suspiró. 'No voy a tener más remedio que arreglarla.'

De repente un silbido le hizo mirar al cielo cubierto de la zona de entrenamiento. Algo que parecía salir del otro lado venía en parábola directa hacía él. Se apartó rápidamente, asustado, antes de que el bicho cayera, aplastando un árbol en su camino de lo grande que era.

Seifer lo estudió un momento antes de darse cuenta que era otro oso. ¿Cayendo del cielo? Oyó otro silbido y bastantes metros más allá cayeron unas plantas carnívoras fulminadas en el acto. Tardó unos momentos en asimilar lo que estaba pasando.

Sólo cuando llegó al otro lado de la zona de entrenamiento se dio cuenta de que más que volar los monstruos casi estaban huyendo del huracán destructivo que los atacaba. Vio con sorpresa una conocida figura estrangulando sin piedad a un arqueosaurio de enormes proporciones.

- Whoa, subcomandante, ¿Otro día malo? – arqueó una ceja al ver la cantidad de monstruos liquidados que había alrededor. Pronto desaparecerían pero parecía que la rabia asesina de la mujer no. Por si acaso, Seifer se hizo a un lado, no fuera que recibiera otra bofetada.

Cuando Quistis se giró, respirando pesadamente, c on el pelo despeinado y la cara y la ropa llena de polvo, el SeeD comprendió que algo malo fuera de lo habitual le acababa de pasar. Podía leerlo, podía sentirlo.

- Seifer… - murmuró ella antes de girarse de nuevo y deshacer el látigo del cuello del monstruo. - ¿Qué haces aquí?

- Probando la flamante nueva zona de entrenamiento por supuesto. – abrió los brazos con fingida admiración. – Excelente proyecto esta remodelación, sí señor.

- Me alegro – dijo secamente mientras bajaba de un salto al suelo y se sacudía un poco la ropa, siempre de espaldas a Seifer.

El chico la estudió unos instantes antes de dejar escapar su típica sonrisita al venirle la idea a la mente. 'Puede ser muy interesante…'

- Ahora que estamos aquí tan solitos, subcomandante… - dijo mirando su sable pistola - ¿Qué te parecería un duelo? – La pregunta detuvo los movimientos de la SeeD. – Pero no estoy hablando de peleítas por las que tanto me riñes, hablo de una pelea de verdad, de SeeD a SeeD. Ni siquiera G.F.s, solo nosotros y nuestras armas. ¿Qué hay más romántico que eso?

Hubo un largo silencio. Quistis giró la cabeza y el cuerpo levemente y con una extraña sonrisa habló.

- Acepto.

La sonrisa puso los pelos de punta al guerrero. Quizás porque iba acompañada de unos ojos que ardían en furia. Unos ojos… que habían llorado. Tapadas por el polvo, Seifer vio las marcas de las lágrimas.

'Así que la subcomandante también siente la presión.' Seifer sonrió a su pesar. Este iba a ser un encuentro muy interesante. Nunca había tenido la oportunidad en duelo con ninguno de los amigos de Rinoa, exceptuando a Squall. Y la verdad es que encontrarse a su ex–instructora dispuesta a pelear en serio también era algo que valía la pena aprovechar.

Quistis se giró por completó haciendo restallar su látigo y acercándose lentamente al soldado, quién no tardó en blandir su sable pistola en modo defensivo. Empezaron con calma, estudiándose mientras giraban en círculos.

Seifer fue el primero en mover ficha, atacando de frente. Debía saber hasta qué punto la SeeD era capaz de parar sus ataques. No estaba seguro si alguna vez había peleado contra un látigo, pero suponía que no debía ser uno corriente. Veía las articulaciones metálicas acabadas en punta y el afilado triángulo macizo al final y supo que eso tenía que doler.

La sorpresa vino cuando en el momento del sablazo, Quistis le sorprendió con una agilidad inmejorable. El látigo se enganchó a su muñeca y agradeció llevar guantes cuando vio el cuero retorcerse y romperse ante la presión de los dientes del arma.

Con un tirón consiguió llevar a la mujer a nivel del cuerpo a cuerpo y le pegó una fuerte patada en el estómago que la dejó sin aliento. Aprovechó ese momento para deshacerse del látigo y mirar los resultados: un guante al garete. Trató de pillarla con el sable pistola pero solo pudo rozarle ligeramente el cuello antes de que ella se apartara a toda velocidad.

- Un corte. – susurró el levantando el dedo índice mientras veía como Quistis se llevaba la mano a un lado del cuello y miraba el guante ensangrentado – En tres te habré ganado.

- ¿Tantos? – e imitó su sonrisita, haciendo que el SeeD sintiera aún más interés en el duelo.

Seifer apuntó el sable pistola a ella. La ventaja de un arma de estas características es que podía ser arma de corto y largo alcance… o ambos.

La rubia levantó el brazo dónde llevaba el látigo totalmente vertical y empezó a hacer movimientos cortos y circulares haciendo que el látigo se moviera de una manera extraña, como una serpiente encantada por la música. Al ver el polvo y los pequeños levantarse, comprendió que trataba de hacer una barrera.

Disparó, pero ya era demasiado tarde. Las balas se perdieron en un remolino de tierra que… ¿Parecía moverse?

'¡Mierda!' Trató de moverse pero el torbellino parecía desplazarse y expandirse en todas direcciones. 'Solo me va a quedar enfrentarme de lleno'. Tomó aire y empezó a correr a toda prisa hacia el centro, dónde sabía estaría Quistis.

Pero no podía ver nada, y el polvo le entraba por todas partes. Alargó la mano y notó un montón de latigazos. 'Así que está aquí dentro.' Apartó la mano dolorido y blandió rápidamente el sable pistola contra el objetivo. Eufórico, notó como había conectado con algo y que la tierra ya no pegaba tan fuerte.

Cuando por fin, pudo abrir los ojos, vio como el látigo gemía bajo el pelo del sable, pero parecía resistirlo, haciendo fuerza hacia el otro lado. Seifer estaba admirado, nunca había pensado que el dominio de un látigo le hiciera capaz de hacer estas cosas.

Como un choque, ambas partes se separaron y Quistis y Seifer dieron un paso atrás. Respiraban pesadamente y ambos se sonrieron a la vez.

- No está nada mal subcomandante. Estoy admirado. – dijo mientras se secaba el sudor que le corría por el mentón.

- Lo mismo digo, jefe Almasy.

Quistis sentía que con esta pelea podía realmente sacar toda la rabia que sentía dentro. Con la remodelación de la zona de entrenamiento había mandado especialmente que en los viajes lejanos, los SeeDs trajeran monstruos de todos los continentes para realmente hacer del sitio un lugar completo. Sin embargo, aún faltaban muchos monstruos y apenas había tenido para empezar con ellos.

Pero con Seifer las cosas se saboreaban reales. Sentía su mente corriendo a más velocidad que ella misma, toda llena de adrenalina para sortear las dificultades del duelo.

Para el tercer asalto, Seifer estaba lo suficientemente cansado para dejarse de delicadezas técnicas e ir al sablazo ungido de fuerza bruta. Quistis aprovechó para desconcertarlo, y en vez de separarse, decidió hacer un auténtico cuerpo a cuerpo y pegó su frente a la de Seifer. Este se quedó unos instantes sorprendido que fueron vitales que la rubia aprovechó para mover su látigo y engancharlo de nuevo al filo del sable pistola.

Seifer no pareció darse cuenta y la empujó lejos de él. Cuando Quistis se separó, tuvo un instante de lucidez y agarró con las dos manos el mango del arma, evitando que ésta se la llevara. Empezó un forcejeo inútil que parecía bastante igualado.

- ¡Vosotros dos! – La voz potente de Squall los despertó de su mundo y miraron alrededor para quedarse flipando.

Alrededor suyo estaban sus amigos más algunos SeeDs y alumnos del jardín mirando completamente absortos el duelo sin cuartel. Parecían muy impresionados y ambos contrincantes se hicieron la misma pregunta.

- ¿C-cuanto tiempo lleváis ahí? – preguntó Seifer que fue el más rápido en salir de la sorpresa.

- Suficiente. – en un arranque de iniciativa inusitado para Squall, se acercó y separó las dos armas él mismo, cogiendo a Quistis del brazo para separarlos. – No me puedo creer que hayáis decidido saldar vuestras diferencias de esta manera. ¡Se supone que fue un incidente sin importancia!

Para sorpresa de todos y él mismo, Quistis apartó bruscamente el brazo del agarre del chico con gesto displicente y añadió con voz fría.

- Vuelves a hablar sin saber, comandante. – dijo secamente – Esto no era ninguna batalla para saldar nada. Solo era un duelo entre SeeDs. ¿Verdad, Almasy?

Seifer comprendió enseguida. 'El que la ha puesto de este humor de perros ha sido el listillo de Squall. Me preguntó si Rinoa sabrá de que se trata.'

- Por supuesto, subcomandante. – respondió Seifer, divertido ante el comportamiento rebelde de la chica. Con tal de enfadar a Squall, le daría la razón hasta a una mosca. Vio como la gente se empezaba a marchar menos los compañeros de Rinoa.

- En ese caso, os quiero a los dos en el nivel 3. Ya. Ven conmigo, Quistis. – Y sin añadir nada más, se marchó, seguido de una SeeD malhumorada.

- ¡Seifer! ¿Te encuentras bien? – Rinoa se le acercó y levantó su mano – Mírate, si estás sangrando.

- ¿Qué ha pasado Rinoa? – preguntó mirando por dónde se habían ido – Cada vez que me la encuentro esta de peor humor.

- Ha sido culpa de Squall…

- Cuéntame algo que no sepa.

- Le habló de manera desagradable esta mañana. – continuó ella haciendo caso omiso del comentario mientras sacaba un pañuelo – Y bueno, la pobre Quistis solo se había tomado la molestia de subir hasta arriba para traerme el vestido. Le sentó bastante mal, con lo ocupada que está…

- ¡Lo sabia! – Selphie se añadió a la conversación – Todo esto es por ese estrés que me lleva….
- ¡Que fijación tienes con eso Sel! – dijo Irvine mientras miraba la herida que Rinoa curaba – Si te hubieran hablado a ti así también te hubieras enfadado, estuvieras o no estresada.

- Pero… ¿no lo entendéis? – Cada vez hablaba más deprisa – ¿No sería lo normal soltarle a Squall cuatro verdades bien dichas en vez de venir aquí y buscarle las cosquillas a Seifer?

- Eh. – trató de hablar Seifer.

- Como está acostumbrada a aguantar, a cargar con todo, a llevarse todo para adentro, pues ya lo hace con todo… y no no no, no se puede ir retando a duelos a diestro y siniestro cada vez que estás enfadado.

- EH. – repitió el rubio tratando de llamar la atención.

- Es evidente que no – habló Zell – si todos los SeeDs hiciéramos lo mismo, estaríamos listos.

- ¿Verdad? Es evidente que Quistis se ha dejado llevar. – añadió Selphie.

- ¡Maldita sea! ¡Escuchadme! – gesticuló Seifer, haciendo que Rinoa se apartara de la mano que se movía enfadada.

Todos los miraron, como dándose cuenta de su presencia.

Silencio.

- Fui yo quién la retó a un duelo.

- ¿Qué? – Zell arqueó una ceja. - ¿Qué tu qué?

- No puede ser. – Selphie se tapó la boca sorprendida.

- Me parece que no me sorprende. – añadió Irvine.

- Estaba en la zona de entrenamiento matando monstruos a diestro y siniestro y moviendo tuberías y árboles a lo salvaje. – Se explicó Seifer ante tanta falta de credibilidad – Decidí retarla en duelo, a ver si así se calmaba un poco. Además, no es que no le tuviera ganas. – Se quedó mirando las caras de alucine de todos - ¿Qué? ¿Qué pasa? ¡Sólo es retarla a duelo!

- Pero estamos hablando de Quistis, amigo – Irvine sonrió como no creyéndose que Seifer verdaderamente no entendiera su sorpresa.

- Si, ni yo pude ganarle una vez que peleamos para practicar. – Añadió Zell – Fue un visto y no visto.

- Eso no es nada raro, gallina. – La sonrisita suficiente de Seifer no se hizo esperar – hasta el niñato del otro día te ganaría en un visto y no visto.

- ¿Qué-has-dicho? –contestó Zell lentamente poniéndose en posición de ataque.

- El caso es que Quistis es muy buena en batalla, - añadió rápidamente Rinoa para evitar un enfrentamiento - no entiendo cómo se te ha ocurrido retarla en duelo… más si estaba enfadada.

- Es muy fácil, cabezahueca – dijo acentuando su sonrisita pero de una manera más cariñosa para Rinoa – Porque yo también soy muy bueno. Estoy al mismo nivel que vuestro querido comandante.

Selphie, Irvine y Zell se echaron a reír a coro. Solo Rinoa supo mantener la compostura. Enfadado, Seifer agarró su arma sin mucha ceremonia y se marchó a grandes zancadas mientras por la zona de entrenamiento se seguían oyendo las risas.

.-.-.-.-.-.

Cuando llegaron al tercer nivel, Squall se quedó quieto en la puerta central y antes de abrirla, se apoyó levemente en ella. Se giró para encarar a Quistis, quién lo miraba desafiante.

- Supongo que, seguramente, esto se habría ahorrado si te hubiera pedido perdón antes. – dijo él, estudiándola.

La visión de esta nueva Quistis era curiosa. Normalmente siempre se presentaba impecable, hasta en la más dura de las batallas. Pero verla ahí de pie, con el pelo despeinado y la cara y las ropas manchadas de polvo y sangre era una visión única. Suponía que los alumnos del Jardín se deberían estar tirando de los pelos por no haberse traído una cámara para capturar este momento tan 'alternativo' de la subcomandante.

- Seguramente – dijo ella, bajando la vista. No quería mirarlo, si no sabía que cedería sin remedio.

- ¿Quistis? – Squall se acercó a ella y la miró fijamente. Cuando ella levantó la vista habló muy suavemente – Lo siento.

Otra vez. Esa mirada que Squall no sabía leer. Siempre estaba de trasfondo con algo, en este caso con sorpresa. Pero estaba ahí.

- Yo también – dijo ella tragando saliva – No debería haber montado ese desastre en la zona de entrenamiento – Aparto la vista rápidamente, como si se hubiera dado cuenta de que Squall había leído "esa" mirada. – Acaba de ser remodelada – y rió sin ganas.

- ¡Ya estamos aquí! – Rinoa apareció después de que la puerta transparente del ascensor se abriera revelando a un muy incómodo Seifer rodeado de Selphie, Irvine y Zell. - ¿Qué estáis haciendo? ¿Reunión en el pasillo?

'¿Qué demonios pasa entre estos dos?' Seifer miró extrañado el cambió corporal de Quistis de desafiante había pasado a huidiza y en sus ojos ya no había fuego sino hielo derretido. De repente sintió mucha curiosidad y deseó haber escuchado parte de esa conversación.

- Pues parece que ya no hay más que hablar, verdad? – la voz de Selphie lo despertó de sus cavilaciones. ¿Habían estado hablando todo el rato? – Lo importante es que todo se ha arreglado hablando.

'¿Arreglado?' Miró a su contrincante y vio que parecía querer estar en cualquier lugar excepto ese. Sonreía sin ganas y se veía nerviosa. 'Hyne me salve de tener amigos como estos. '

- Bueno, será mejor que me vaya ya. – la frase mágica. En esos momentos, Quistis agradeció tener tantas cosas para hacer y tener una excusa para salir de ahí.

- Ah, ah, ah, espera un momentito, Quistis – Selphie la agarró fuertemente del brazo y la hizo mirar a todos los demás. – ¿Ya recuerdas que pasa de aquí tres días, no? ¡Nos tienes que reservar esa noche!

La rubia se la quedó mirando con una cara de absoluta interrogación. Era evidente que no lo sabía. Irvine, Zell, Rinoa y Selphie pusieron cara de desespero a la vez.

- ¿Mi cumpleaños? – Se quedó un momento mirando a Selphie después de que le hubieran dado una buena bronca – Ah… ¡mi cumpleaños! – se cruzó de brazos y se quedó un momento pensativa.

- Puedes… ¿Verdad?

- Sí, claro. – y por primera vez en ese día, sonrió de verdad – Esa noche estaré libre.

- ¡Perfecto! – Dijeron al unísono Rinoa y Selphie – ¡Ya verás que fiesta más genial tenemos montada! ¡Más te vale que llegues puntual, eh?

Quistis las miró, enternecida. 'Que diferencia conmigo' el sentimiento de angustia no parecía haberla abandonado del todo. De repente se fijo en el chico castaño y vio que no la estaba mirando. En realidad, miraba cualquier cosa, excepto a ella.

- Tranquilas. Allí estaré.

Dicho esto, Quistis se apresuró a volver a la salvación del ascensor. Sin embargo, justo antes de picar, alguien se metió en él con ella. Mientras las puertas se cerraban, Quistis se quedó mirando a Seifer como si fuera de otro planeta. Giró rápidamente la cabeza, maldiciéndose a sí misma.

'No creo que pueda aguantar mucho más.' Pensó angustiada mientras se mordía el labio. Las ganas de llorar la sobrecogían de tal manera que respiraba a trompicones y la nariz le picaba de mala manera. Vio como Seifer la miraba interrogante y decidió mirar hacia otro lado para buscar una diversión.

Cuando vio su reflejo en la puerta las ganas aumentaron. 'Que visión más terrible, señorita Quistis Trêpe.' Pensó, e inconscientemente se llevó las manos al pelo tratando de arreglárselo de alguna manera.

- Que desastre – murmuró desesperada, mientras se atusaba como podía los mechones que se le soltaban de la pinza.

- Tampoco está tan mal. – se quedó helada al oír esas palabras y no pudo evitar volver a mirar a Seifer con los ojos como platos. El rubio seguía mirando al frente, más exactamente al reflejo de Quistis.

Cuando la mirada de la chica se hizo demasiado insistente, Seifer la miró directamente y vio con terror como la chica estaba al borde de las lágrimas. '¿Se va a poner a llorar aquí?'

Y sin embargo, contra todo pronóstico la chica empezó a reír suavemente. Seifer la miró confundido.

- Tú tampoco – dijo al fin, y supo a que se refería. No es que él hubiera salido muy bien parado tampoco de la batalla. Tenía los guantes llenos de su propia sangre y estaba lleno de polvo y el pelo cada uno para un lado.

Como si fuera la "magia del ascensor", al abrir las puertas, si alguien les hubiera visto, habría podido observar la extraña conjunción de astros que habían hecho a Quistis Trêpe y a Seifer Almasy reír tranquilamente, juntos.

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Desde la habitación se podía oír el murmullo de los estudiantes en el patio yendo y viniendo. Había unas pocas nubes, y el aire se respiraba frío debido a la llegada de la noche. Las luces de la habitación se veían cálidas sobre las paredes y telas de la estancia.

- Y al final conseguí ayudar meter al Unipladio en la zona este, aunque le metió una coz a Sora que tuvo que ir directo a la enfermería. Según los cálculos que tenía estimados, hemos conseguido meter el cuarenta por ciento de los monstruos en la zona de entrenamiento. - La mujer pasó la hoja y siguió hablando – El encuentro con Rinoa y los niños fue un auténtico éxito, las responsables están muy contentas pues los pequeños han demostrado tener mucho más interés en los estudios de geografía. Y… - se quedó un momento callada, tratando de recordar algo.

- ¿Y te batiste en duelo con Seifer Almasy delante del comandante y compañía? – Shu rió ante la anotación de la Dra. Kadowaki.

- ¿De verdad? ¡Eh, eso no me lo habías contado! – se tapó la boca, sorprendida.

- Tenía que salir el tema. – suspiró, cansada, la rubia.

- ¡Por supuesto! Es la comidilla de todo el comedor – siguió contando la mujer – Parece que tuvieron un 'tête a tête' en la zona de entrenamiento.

- Y yo que pensaba que solo hacías que meter monstruos como una condenada… - comentó Shu, con una mezcla de diversión y envidia en la voz. – Y luego me extraño de verte tan cansada.

- No pasó nada, ni siquiera llegamos a saber el ganador – trató de pararlas pero no pareció surtir mucho efecto.

- Claro, porque Squall decidió que ya estaba bien de tanto 'juego de manos' – rió la doctora.

- Elma, ¿Por qué me da la sensación de que todo lo que dices puede tener un doble sentido? – y ante su propia voz de indignación, las tres tuvieron que reír.

- Por hoy ya es suficiente, Quistis. – le riñó la Dra. Kadowaki – Ya has "informado" bastante a Shu. Estamos muy contentas de que ya esté mejor, pero no te permito que me la maltrates mal.

Quistis y Shu rieron ante la sobreprotección de la mujer y la rubia le dio la razón con una sonrisa.

- Muchas gracias por pasarte, Quistis – dijo Shu con la voz gastada por la enfermedad – ya pensaba que te habías olvidado de mí.

- Quistis es muy olvidadiza cuando quiere – la mujer morena se permitió hacerle un repaso cuando la subcomandante se levantó para marcharse – hace dos meses que la estoy persiguiendo para que se haga la obligatoria revisión.

- Oh, vamos, Elma. – trató de aplacarla usando el nombre de pila de la doctora. Quistis y ella habían tenido una muy buena relación desde siempre, y la SeeD era una de las pocas personas a quién la mandona mujer dejaba llamar por su nombre – Sabes que ahora, más que nunca, me es imposible. Deja que Shu vuelva a trabajar y entonces, hablamos.

- Pues yo creo que deberías hacértela, Quistis – añadió Shu, en defensa de la doctora – Te veo muy pálida. Y menudas ojeras. ¿Ya comes bien?

'No hace falta que me recuerdes eso.' pensó la rubia, incómoda. Sabía que tenía un aspecto enfermizo. Apenas había dormido nada, quedándose cada día hasta las tantas repasando proyectos y ese horrendo papeleo del Jardín que estaba empezando a odiar. Comía cualquier cosa que pilaba en el comedor y estaba todo el día arriba y abajo.

Y luego estaba el humor, tan variable como los días que se sucedían. Ni siquiera los miembros más osados de su "club de fans" se atrevían a ponerse en su radio de visión no fuera que la subcomandante hiciera algo imprevisto.

- Es estos días solo – y recogió sus informes y les hizo una reverencia de despedida a las dos mujeres. – Portaos bien.

- ¡Eso deberíamos decirlo nosotras! – dijo la doctora antes de que cerrara la puerta.

Cuando cerró la puerta, echó otro suspiró cansado. Parece ser que entre la bofetada y el duelo, la comidilla de esos días eran ella y Seifer. Que idea más incómoda. Como si no tuviera bastantes problemas ya, como para encima tener que preocuparse por que la emparejaran con ese niñato.

Y sí, porque de las peleas siempre la gente deducía lo que quería. La misma Elma Kadowaki había hablado de ello como si fuera otra cosa y eso ya había bastado para intranquilizarla.

'Creo que tengo que comer algo'. Pensó al darse cuenta que le temblaban las piernas y que tenía que apoyarse en la barandilla para bajar las escaleras. Miró el reloj. Faltaba poco para que empezara la fiesta de esa noche.

¡Que fastidio!

Automáticamente, se reprendió por semejante pensamiento… ¡Sus amigos estaban cuidando de ella! Pero era un mal momento… todo era un mal momento… lo único que quería era llegar a su habitación y dormir.

Sin embargo, antes quería mirar un problema que había habido en el MD con el sistema de calefacción. No le gustaba bajar sola al MD pero todo el mundo estaba ya muy liado con la fiesta de esa noche.

- ¡Quisty! – una voz aguda la sobresaltó cuando llegó a la puerta del ascensor. Vestido más elegantemente que de costumbre, Zell se acercó a ella cargando con una caja con enormes marcas de peligro – ¿Dónde vas? ¡De aquí nada empieza la fiesta!

- Tengo que bajar un momento al sótano a mirar la calefacción – dijo con la mejor sonrisa despreocupada que supo poner. Esperaba que, al menos con Zell, funcionara.

- ¿Eso no es un poco peligroso? – respondió parándose en seco a mirar el ascensor que esperaba la entrada de Quistis – Mejor será que baje contigo.

La rubia levantó una ceja y señaló la caja que el chico cargaba.

- ¿Con eso? – y le dio unas palmaditas en el hombro antes de entrar en el ascensor – No gracias, prefiero volver viva de ahí abajo antes de que exploten todos esos petardos. – Vio que Zell iba a replicarle, pero afortunadamente las puertas se cerraron a tiempo.

Sólo sería subir y bajar… no pasaría nada.

.-.-.-.-.

- Eh, te prometí que vendría, no hacía falta que vinieras a buscarme como a un niño pequeño, ¿sabes?

- No me fío de ti – replicó Rinoa mientras daba largas zancadas para seguirle el ritmo. Los largos pasillos exteriores del Jardín estaban desiertos y los pasos de ambos resonaban haciendo eco – Me dices que sí, me lo prometes, me lo aseguras y al final… habrías acabado por pasar.

Seifer calló ante la pura verdad. ¿Tan previsible era? Le importaba bien poco esa 'fiesta de la amistad' que se habían montado el grupito, y tenía la extraña sensación de que él había sido invitado solo porque todos los demás SeeDs también lo habían sido.

Había oído que Raijin y Fujin, que también habían conseguido pasar los exámenes de SeeD como él, estarían presentes, con lo que la perspectiva de la fiesta se hizo un poco más alentadora. Si tenía suerte podría tomarle el pelo a la homenajeada para que explotara e hiciera alguna cosa imprevisible que últimamente le daba por hacer.

- ¡Rinoaaaaa! – El grito los detuvo cuando vieron que desde el final del pasillo, enfrente de ellos, llegaba Zell corriendo. Parecía haberse vestido para la ocasión como Rinoa, y Seifer se preguntó si él también habría tenido que ponerse algo más elegante que no la ropa de siempre - ¡Tenemos problemas! – dijo una vez hubo recuperado el aliento de la carrera

- ¿Qué te has cargado ahora, gallina? – dijo Seifer sonriendo con suficiencia – ¿El cordón de tu chupete?

- ¡Cállate! – Zell enrojeció de rabia, pero pareció volver a sus cabales con relativa rapidez. El tema parecía ser urgente – Es… ¡es Quistis!

- ¿Qué ha pasado?

- Se ha ido sola al nivel MD, ¡Y acabo de recordar de que aún no han reparado la máquina para que pueda bajar hasta ahí! – gesticulaba y parecía muy nervioso.

Rinoa pareció registrar lo que Zell implicaba con lentitud. El ascensor podría quedarse atascado o cualquier otra cosa peor si lo obligaban a ir hasta abajo.

- ¡Oh! – se tapó la boca con las manos de la sorpresa - ¡Tenemos que avisar a Squall!

- ¡No tenemos tiempo! – Zell la agarró del brazo instándola a acompañarlo - ¡Tendrá suerte si lo único que hace ese ascensor es atascarse! ¡Recuerda que ahí abajo todo está hecho un desastre! ¡Y aún quedan monstruos!

Viendo que no quedaba otra opción, Rinoa echó a correr junto a Zell llevándose a Seifer consigo, agarrado de una manga.

- ¡EH! ¿Yo que pinto en todo esto? – aulló él, indignado. No le gustaba nada esa manía que tenía esa gente de arrastrar a los demás sin permiso.

- ¡Hemos de ayudar a Quisty! – replicó ella enfadada, sin dejar de correr.

Seifer supo que no le dejaría replicar.

.-.-.-.-.

Mientras el ascensor bajaba con una lentitud hasta los niveles inferiores, Quistis empezó a notar como la máquina empezaba a hacer unas sacudidas muy extrañas. Sin apenas fuerzas, los bruscos movimientos la llevaban de un lado a otro del habitáculo, mareándola.

'Lo que me faltaba.' Pensó mientras se sobaba la sien cuando el ascensor se paró por completo en un estruendo. ¿Qué podía ir peor? 'No sé si me siento con fuerzas ni de tirar de la compuerta.' Pensó en esperar a que le volvieran las fuerzas o alguien se diera cuenta de que no iban los ascensores, pero sabía que todo eso requeriría bastante tiempo.

Miró la compuerta de emergencia. No era muy buena idea. En su estado sabía que en caso que consiguiera abrirla, no tenía ni idea hasta que nivel el ascensor se había parado, y aún recordaba que el sótano no había sido limpiado de monstruos. Perfecto de ejecución.

¿Pero qué otra cosa podía hacer? ¿Quedarse ahí? Ni pensarlo. No sabía si había algún respiradero y no le seducía la idea de comprobarlo. Tampoco es que la idea de encontrarse cara a cara con un Tricéfalo le hiciera mucha gracia.

En cualquier caso, eso es lo mejor que se podría encontrar ahí abajo.

Aún sumida en sus pensamientos sobre lo que debía hacer, el ascensor empezó a moverse de nuevo. Quistis se puso pálida enseguida.

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- ¿Y dices que lo ha cogido hace menos de cinco minutos? – Rinoa apoyaba sus manos en las rodillas respirando pesadamente.

- Justo cuando se ha metido es cuando me he dado cuenta. – respondió Zell mientras presionaba la cara contra el cristal protector del ascensor a ver si veía algo.

- Mira que eres lerdo – dijo Seifer con gesto de hastío mientras él también ladeaba la cabeza para solo ver negrura y más negrura – Dejarla subir ahí sabiendo eso.

- ¡Te digo que no me acordaba! – chilló el muchacho, dolido ante ese recordatorio - ¿Qué clase de persona crees que soy?

- No sé… -y le hizo un repaso con cara de desprecio – en realidad nunca pensé que superases el nivel de gallina.

- ¡Te voy a…!- alzó el puño directo pero no tuvo tiempo de continuar su amenaza.

Un ruido terrible de golpes y metal se oyó, ahogado por el vidrio. De repente, un aullido de dolor se oyó por todo el vestíbulo.

La voz de Quistis.

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CONTINUARÁ…

Notas: Según la FF8!enciclopedia, el Oso de Trabia es un bicho bastante fuerte, así que lo considere apropiado para que rasgara la chaqueta a Seifer. El tricéfalo es ya conocido por todos los que han jugado al juego como ese monstruo relativamente fácil de matar pero que puede hacerte un game over de la nada si no vas preparado contra los estados.

Os tengo que contar un secreto: odio las escenas Squall/Rinoa XD Separados me caen bien, pero cuando me toca ponerlos juntos… vamos, casi casi como en el juego, giro la cara para ver sólo de reojo.