Parte II: Es azul
A la mañana siguiente, llamaron a su puerta.
Al abrir los ojos, supo que se había dormido y que Snape esperaba ser recibido para su charla.
- Ya voy! -gritó mientras se levantaba de la cama y con un golpe de varita se cambió de ropa-.
Abrió la puerta y Snape alzó una ceja, aunque no pudo decir nada.
El aspecto de Hermione le hizo pensar, le hizo sentir. Su maraña de pelo estaba peor que nunca, sus ojeras estaban marcadas y su cara aún somnolienta.
- Es un mal momento?
- No...no..perdón. Pase...-se sonrojó y se tocó el pelo para intentar mejorarlo mientras cerraba la puerta tras el mago-.
- Una mala noche? Puedo venir más tarde...
- No es necesario. Además, ya está acostumbrado, no? -dijo señalando su pelo y sonriendo de lado-.
- No ha respondido a mi pregunta... -respondió para no tener que decir que le encantaba tal y como era-.
Hermione pasó por su lado y fue al cuarto de baño para terminar de arreglarse.
- No he dormido bien.
Snape se sentó en una silla intentando no ponerse nervioso.
- Pesadillas?
- Si...y...no...-dijo más bajito-.
- En mi despensa tengo algo que la ayudaría, aunque seguro que ya lo sabe...
Hermione salió del baño con un moño y la cara lavada, más sonriente que antes.
- Lo sé.
- Así me gusta. Que esté orgullosa de haber sido de las pocas capaces de robarme y seguir con vida.
Hermione rió y Snape sintió como la sangre corría por sus venas más viva que nunca. Lo que permitió que él sonriera abiertamente.
Tanto él como ella se miraron un segundo y miraron a otro lado.
- Creame profesor, estoy más que orgullosa de ello. Y también de poder disfrutar de su compañía.
Intentó no ponerse roja y se escondió de su revelación mientras de espaldas a él, cogía un libro de la estantería.
- No entiendo...-dijo al fin el mago-. Cómo de repente se alegra de mi compañía? Nunca tuve un trato agradable con usted. Solía ignorarla...
- Vaya, gracias. No hacía falta que me lo recordara... -se sentó en la silla delante de él-. Pero aunque lo hiciera...no sé...siempre sentí...-tragó saliva- No me lo tomaba en serio al final...-terminó diciendo-.
Snape miró al suelo e intentó ocultar lo que aquellas palabras significaban. Pero su intento fue en vano, pues una vez más, Hermione pudo ver la preocupación en sus ojos. Y aún no sabía como tomárselo.
- A ver...Sí...-abrió el libro encontrando lo que buscaba- Las hojas de Marfalda son utilizadas en dosis pequeñas en la poción...-Snape la cortó-.
- Esas hojas...-continuó Snape- causan un aumento de riego sanguíneo si se pone una dosis mayor en la poción Artemisa. Era eso lo que quería saber?
- Sí! Cómo lo...-cerró el libro en su regazo impresionada-.
- La conozco bastante aunque no se lo crea. Y...siendo profesora de Transformación, intuyo que esa poción es una de las que está a punto de explicar. Me equivoco?
Hermione sonrió y agachó la cabeza.
- No, no se equivoca. -estaba realmente abrumada por la inteligencia del mago y a la vez sintió que éso no era algo nuevo-.
Durante la siguiente semana, Hermione intentaba no gritar en su clase con los alumnos de Ravenclaw y Hufflepuff de primer curso ya que todos parecían susurrar a la vez. Un alumno levantó la mano algo inquieto.
- De qué se trata ahora señor Davis?
- Profesora Granger...es que...verá...algunos alumnos y yo...nos preguntábamos...-la clase se calló de golpe y Hermione supo que se traían algo entre manos- Bueno, nuestros padres no dejan de preguntarnos aunque ya hemos dicho que lo que la directora McGonagall anunció es la verdad, pero...
- Siga señor Davis, no tengo toda la mañana.
- Bueno...es verdad que el profesor Snape es un mortífago? Que ayudó al señor tenebroso a destruir el castillo? Que torturó a los alumnos el año pasado después de matar a Albus Dumbledore? -Hermione alzó las dos cejas mientras la clase tenía el rostro encogido en pánico-.
- Vamos a ver...señor Davis y...todos en general. Estad atentos por que solo lo repetiré una vez. -cogió aire mientras empezó a caminar por la clase- El profesor Snape, trabajaba y era leal en todo momento al antiguo director: Albus Dumbledore. Por si no lo sabéis, esta es la verdad: Severus Snape fue capaz de hacer cosas que otros magos serían incapaces de cumplir. Puso en peligro su vida en innumerables ocasiones...-al darse cuenta de lo que relataba, sus ojos empezaron a aguarse- Y lo hizo para proteger a Harry Potter, a todos. Es verdad que era un mortífago, pero atención; era un espía de Dumbledore. Era un mortífago a los ojos del señor tenebroso y tuvo que vivir con las consecuencias que eso llevaba...-pensó en las muertes que Snape no pudo evitar y sintió un escalofrío mientras intentaba que sus lágrimas no cayeran- Incluso tuvo que matar al antiguo director, su amigo; a petición del mismo director para seguir con el plan. -escuchó exclamaciones y vio las caras compungidas de los alumnos. Les dio la espalda para secarse las lágrimas, impresionada por los sentimientos que sentía mientras relataba los actos de Snape- Y cuando el año pasado fue director, no torturó a nadie. Oís? Nadie... Habían otros mortífagos que se encargaban de hacerlo, pero no él. Es uno de los más grandes y valientes magos que tenéis el gusto de conocer y debéis mostrarle respeto. Así que no quiero oír ni una sola palabra más al respecto. -cogió aire y les miró de nuevo- Y podéis decir a vuestros padres exactamente las mismas palabras. Se acabó la clase.
Los alumnos, impresionados y reflexionando; recogieron sus cosas en silencio y salieron del aula.
Hermione se sentó en su silla y se tapó la cara con sus manos. No escuchó nada de lo que la rodeaba. Si lo hubiese hecho, se hubiese dado cuenta que los alumnos al salir habían dicho "Hola profesor" más de una vez. Al levantar la cabeza, vio a Snape dentro del aula, recostado en la puerta.
- Hola...-Snape no respondió, tan solo la miraba como nunca antes había hecho y entonces Hermione se dio cuenta-. Lo ha oído todo, no?
- Pasaba por el pasillo cuando oí "Señor Davis, no tengo toda la mañana!" Sin duda, la frase me llamó la atención...
Hermione sonrió de lado y se levantó de la silla, incapaz de acercarse del todo al mago.
- Bueno...ahora seguro que no hacen más preguntas. Ni ellos ni sus padres...
- Gracias -susurró-.
- Perdón?
Snape carraspeó y dejó de recostarse en el marco de la puerta.
- Gracias Hermione. -se acercó a ella un poco, su mirada indescifrable-.
- De. De nada...-Oír como Snape le daba las gracias le hacia sentir cosquillas en el estómago y a la vez, parpadeó al oír como la llamaba por su nombre- No hace falta que me las de... Es la verdad y merecen saberla. Merece que sepan lo que fue capaz de hacer profesor...Severus...-se atrevió al final y agachó la cabeza-.
Snape ocultó lo agradable que había sido escuchar su nombre salir de sus labios y se dio cuenta de que sus ojos estaban rojos. Había llorado sin duda mientras relataba su historia, incluso antes de ver sus ojos lo sabía. Su voz quebrada había hecho que el mago sintiera más que nunca la necesidad de revelar algo muy importante a aquella bruja. Pero una vez puso un pie dentro del aula, no se atrevió.
- No quiero que llore. -sonó a una orden que hizo que ella levantara la vista de nuevo-.
- Yo...no...
- No me mienta. -Hermione le miró directamente a los ojos y de nuevo una frase le vino a la mente, una que ya había dicho y había sido incapaz de encontrarle el significado "Es azul"-.
- No lo haré. -sonrió débilmente-.
- No quiero que me compadezca.
- No es eso. Es admiración, simple y sana admiración.
Snape fue incapaz de aguantar como aquella mirada le perforaba en todo su ser y agachó la cabeza.
- Hasta la cena profesora. -se giró y se marchó-.
Días más tarde, habían pasado la mañana en la biblioteca ordenando algunos libros y habían compartido un extraño momento. Ella se cayó de la escalera y Snape la cogió en volandas frenando su caída.
- Ah! -al notar que Snape había parado su caída abrió los ojos y se agarró a su nuca. Sus miradas conectaron- Gracias...-susurró incapaz de despegar su mirada de sus finos labios y sus ojos-.
- No hay de qué. -dijo despacio él mientras era incapaz de dejarla en el suelo, hipnotizado por aquellos ojos- Es más fácil que yo la coja a usted que no usted a mi...
- Así puedo dejarme caer las veces que quiera? Siempre estará ahí para cogerme? -no sabía porqué había dicho aquello y apretó los labios después de hacerlo, pero Snape no parecía inmutarse, solo la dejó con delicadeza en el suelo-.
- Lo intentaré, esté segura de ello. -tragó saliva al ver la dulce y confundida sonrisa de la joven y siguió pasando libros a Hermione para que los fuera colocando-. Weasley y usted...qué pasó al final?
- Pasó lo que tenía que pasar. Yo...-intentó recordar algo y no supo el qué- Yo...no sentía por él lo que se suponía que debía sentir. Ser amigos basta, no hace falta ser nada más. Ron no lo entendió al principio.
- Y ahora?
- Ahora todo está bien. Él es feliz con quien sea...y yo...soy feliz aquí.
Por la tarde, Hermione, Snape y otros profesores estaban en el aula de profesores relajándose después de una dura semana de correcciones.
Snape se acercó a Hermione y le dejó una nota en la mesa que usaba sin ser visto. Ella se sorprendió pero la abrió contenta. Después de todo, aquel inicio de amistad la sobrecogía de un modo que le gustaba y no quería perder. Cuando estaba con él, simplemente era feliz.
Leyó la breve nota.
" Sala de menesteres, dentro de una hora.
S.S"
Le buscó con la mirada pero había salido rápido de la sala.
Su estómago no paró de dar pinchazos por los nervios durante la siguiente hora. Qué querría?
Cinco minutos antes de la hora, estaba frente la pared que se transformó en la sala de menesteres y le permitió la entrada. Una vez dentro, él ya estaba ahí. La sala se había transformado en una sala de estar con lo necesario: libros, mesas, chimenea, y una barra.
Le miró expectante mientras se acercaba.
- Hola.
- Hola, a qué se debe esto?
- Pensé que estaría bien encontrar un sitio donde poder hablar con tranquilidad.
- Oh...hablar, de qué?
Snape inseguro, se acercó a ella.
- Quisiera decirle algo y que me diga exactamente qué es lo que recuerda.
- No le entiendo...-le miró extrañada-.
- Siéntese por favor.
Ella le hizo caso y se sentó frente la chimenea, mientras él se recostaba en uno de los taburetes de la improvisada barra de bar. La miraba nervioso, estudiando su rostro.
Snape le contestó con una frase que esperaba que hiciera efecto en su memoria.
- Debo hacer esto. Quiero que encuentre su final y olvide la estúpida idea de querer salvarme de mi cometido. -la miró al terminar la frase- No se acuerda?
Hermione tuvo una sacudida en su cerebro y otra descarga eléctrica la atravesó.
- Qué...qué dice?
- Es azul...
Hermione le miró impresionada. Esa condenada frase tenía un significado real. No eran imaginaciones suyas, y él lo sabía! Por su cara, Snape se acercó a ella.
- Es azul...recuerda eso verdad?
- Sí. Bueno...no! -se levantó de la silla algo molesta y también se acercó a él- Qué quiere decir? Cómo sabe que...no entiendo nada. -se masajeó la sien-.
- Siéntese...
- No! No me quiero sentar, quiero saber qué demonios pasa.
- Hermione... -de nuevo al oír su nombre tuvo un escalofrío y le miró directamente a los ojos-.
- Por qué me mira así?
- Así, cómo?
- Desde que llegué, desde el primer día...me mira como si fuese a pasarme algo. Y ahora esta condenada frase que no sé porqué repito desde que le vi...Qué quiere decir?
Snape agachó la cabeza y respondió lentamente.
- Es...mis ropas. -la miró- Mis ropas no son negras, son azules. Azul...marino.
Hermione tragó saliva. Y lo miró de arriba abajo. Tenía toda la razón, y algo le decía que ya lo sabía.
- Ya...ya lo sé. -volvió a sentarse perturbada-.
- Recuerda por qué? -ella se volvió a sentar esforzándose por recordar algo-.
- No...
- Pero sabe que es sobre mi, no es así?
- Sí...creo que sí. La verdad es que...-no apartó la mirada de sus ojos- Me encuentro mirándolo a menudo sin darme cuenta. Y luego tengo la sensación de que algo se me olvida...
Snape se acercó a ella y puso su mano encima de la suya que descansaba en su regazo. Sus miradas conectaron.
- Quiero que vea algo. Creo que hago bien en enseñárselo. Después de todo...esto te pertenece.
Con un movimiento de brazo, Snape hizo aparecer un pensadero de entre una pared. Hermione se acercó a él y le miró mientras el mago sacaba de su bolsillo un vial con recuerdos.
- Es suyo...
- Mío? Me quitó recuerdos?
- Era lo mejor... Ahora es su decisión ver el contenido. Solo espero que me sepa perdonar si lo que ve no le gusta. Pero...necesito que lo veas.
Sus dedos se rozaron mientras Hermione cogía el vial que le tendía y se apartó de ella para que la joven mirara el contenido.
Con miedo pero con intriga, vertió las memorias en el pensadero y se sumergió en él. Mientras, Snape sentado en una silla apretaba la mandíbula para lo que estaba a punto de pasar.
...TBC...
wooooo! review!?
