Ese mismo día desperté varias horas más tarde, sintiéndome verdaderamente mal. Tenía los ojos hinchados de tanto llorar y mi cabeza daba vueltas por culpa del hambre. Me recosté sobre mi espalda y dirigí mi mirada al techo, pensando en todo lo que había ocurrido esa mañana con el Sr. Todd. Ya llevaba varios minutos perdida en mis pensamientos cuando sentí un ligero golpe dentro de mí. Supuse que mi bebé tendría hambre, asi que lentamente me incorporé, mi cabeza todavia dando vueltas. Me quedé sentada en mi cama, intentando recuperarme, pero en vez de eso me levanté rápidamente y corrí hacia el baño, me incliné sobre el lavabo y vomité. Cuando terminé me lavé y lentamente me incorporé, sintiéndome mejor. Volví a mi habitación y respirando profundamente abrí la puerta y salí al corredor.
La casa estaba en silencio y me pregunté en dónde estaría Toby a esas horas. Caminé hasta la cocina y me preparé algo de comer. Conforme el aroma de la comida se iba haciendo más intenso y delicioso comenzé a sentirme verdaderamente hambrienta y mi cabeza volvió a dar vueltas. Rápidamente serví mi comida en un plato, me senté a la mesa y empezé a comer en silencio, pensando en todo el trabajo que seguramente me estaba esperando abajo, en la panadería. Al cabo de unos minutos terminé de comer, me levanté para lavar mi plato y en silencio me dirigí a la panadería, esperando que el Sr. Todd no hubiera tenido muchos clientes. Bajé las escaleras con mucho cuidado y al llegar abajo abrí la pesada puerta de metal. La habitación estaba muy oscura, iluminada únicamente por el brillo que desprendía el horno encendido. Me dirigí hacia la pila de cadáveres amontonados bajo la abertura del techo y me quedé un rato observándolos.
En total había 4 hombres adultos. Uno de ellos seguía vivo, respirando entrecortadamente y mirándome con expresión de terror, asi que rápidamente cruzé la habitación, tomé el cuchillo más afilado que pude encontrar y parándome junto a él le corté la cabeza con un solo golpe. Despues me dispuse a desvestirlos y a quitarles todas sus pertenencias, metiendo todo lo de valor en una cajita negra. Una vez desnudos los arrastré uno por uno hasta el otro extremo de la habitación. Tomé de nuevo mi cuchillo y comenzé a cortarles las manos y los pies, apilándolos junto a los cuerpos (las uñas me servirían para hacer los pays crujientes).
La sangre corría por el piso, asi que tuve que levantar mi vestido para que no se ensuciara, al mismo tiempo que pelaba los cuerpos, quitándoles la mayor cantidad de carne posible, llegando hasta los huesos. Después de un rato de duro trabajo junté toda la carne y poco a poco la fui echando a la moledora de carne. Cuando terminé el trabajo me limpié el sudor con uno de mis pañuelos y lentamente me senté en una silla, al mismo tiempo que sentía como mi bebé se movía y pateaba. "Perdón, se que fué muy cansado, pero sabes que tengo que hacerlo". Decidí que era hora de tomar un descanso, asi que acomodé mis cuchillos en su lugar y me dirigí hacia la puerta, la abrí y con una mano apoyada en mi espalda baja subí las escaleras. Fuí a la cocina, me lavé las manos y, como necesitaba un poco de aire fresco, salí de la casa y me senté en la banqueta, justo enfrente de la ventana del Sr. Todd.
Cerré los ojos y eché mi cabeza hacia atras, apoyándome en mis brazos. Me quedé en esa posición por un largo rato, asi que no ví al hombre que me miraba desde el otro lado de la calle, acercándose a mi, lentamente y sin hacer ruido. Cuando abrí los ojos, lo vi, parado a pocos centímetros de donde yo estaba, mirándome fijamente. Rápidamente me levanté y di unos pasos hacia atrás, mirando hacia ambos lados de la calle, estaba sola. Seguí caminando hacia atrás, sin saber qué hacer, mirando al hombre a los ojos y temblando de miedo. Despues de un rato mi espalda chocó contra la pared, pero el hombre seguía avanzando hacia mi, mirándome de arriba a abajo. Los ojos se me llenaron de lágrimas y puse mi brazo alrededor de mi bebé para intentar protegerlo de aquel hombre. Él puso su mano en mi mejilla y yo me aparté, cerrando los ojos. De repente, la puerta que estaba junto a mi se abrió de golpe y el Sr. Todd salió de la casa, con una navaja en la mano y su expresión llena de odio. Rápidamente él se puso delante de mi, empujandolo. El Sr. Todd puso su navaja en el cuello del hombre, presionándola solo lo suficiente para sacar unas cuantas gotas de sangre, mientras con su brazo izquierdo me mantenía detras de él, apretándome contra la pared. Todo mi cuerpo temblaba y empezé a respirar entrecortadamente, todavía abrazando a mi bebé. El Sr. Todd seguía en la misma posición cuando comenzé a sentirme verdaderamente mal. No se si fué por el susto o por estar apretada contra la pared, pero sentía como si mi bebé quisiera salir. Mis piernas empezaron a fallar y recargué todo mi peso en el Sr. Todd, sin prestar atención a lo que éste le decía al hombre.
Empezé a sollozar, muy asustada, sin saber qué hacer para ayudar a mi bebé. El Sr. Todd volteó a verme y al darse cuenta de lo que ocurría, mató al hombre, cortando su garganta con la navaja. La sangre salía a borbotones y el Sr. Todd me sujetó justo a tiempo, me sostuvo entre sus brazos y me levantó del suelo, llevándome al interior de la casa. Una vez dentro me miró asustado y rápidamente me llevó a mi habitación, me recostó en mi cama y se quedó mirándome mientras yo contraía mis piernas a causa del dolor. No podía respirar bién y en lo único en lo que podía pensar era en mi bebé, en lo chiquito que era y en que todavía no podía venir al mundo. El Sr. Todd se sentó junto a mi y tomó mi mano, apretándola suavemente y mirándome, cada vez más asustado. Poco a poco el dolor fue disminuyendo y relajé mis piernas, sintiendo al bebé moverse dentro de mi. El Sr. Todd no soltó mi mano y cuando el dolor pasó por completo se acostó junto a mi y yo recargué mi cabeza en su pecho, mientras él me abrazaba y besaba mi frente. Después de unos minutos dejé de temblar, me reconfortaban las suaves patadas que daba el bebé dentro de mi.
Cerré los ojos y respiré profundamente, colocando mi brazo encima del Sr. Todd. Me sentía muy débil y cansada pero conseguí abrir mis ojos y verlo por última vez, antes de quedarme dormida entre sus brazos. Cuando desperté me sorprendí al ver al Sr. Todd mirándome con preocupación, pero sólo me tomó unos segundos recordar todo lo que había pasado. Rápidamente moví mi mano hacia mi vientre y sonreí al sentirlo todavia duro. Miré hacia arriba y me encontré con lo mirada del Sr. Todd, quién no dejaba de verme con preocupación. "El bebé... está bién?" me preguntó suavemente. Yo asentí y el sonrió aliviado, acariciando mi mejilla con ternura. Yo sonreí y cerré los ojos, sintiendo como mi cuerpo reaccionaba a la calidez de su piel. Cuando abrí los ojos él seguía mirándome, pero ya no con preocupación, ahora lo hacía con una expresión que yo no le había visto antes, como si el bebé y yo fuéramos lo único que le importara. Lentamente colocó su mano izquierda sobre mi vientre, mirando al lugar en el que estaba mi bebé, dormido. Mis ojos se llenaron de lágrimas y él besó mi frente de nuevo, cerrando sus ojos y sin apartar su mano de mi cuerpo. "Todo va a estar bién. Los tres vamos a estar bién y yo nunca te voy a dejar sola", me dijo, mirándome a los ojos. Yo sonreí y puse mi mano sobre la suya, suspiré y volví a cerrar mis ojos, sintiendo el calor de su respiración. Poco a poco me fui quedando dormida, sintiéndome segura a su lado. El bebé volvió a patearme y esta vez los dos lo sentimos. Yo mantuve mis ojos cerrados, pero pude escuchar cómo él lloraba en silencio, felíz por primera vez desde hacía más de 15 años.
