Holi, aquí el otro capítulo desde mi celu, espero les guste! :3, que viva el USxUK, espero no me borren mis fic ni mi cuenta, me muero, en serio lo hago xD -sí, están bloqueando cuentas y borrando fics-.
El poder de un deseo.
Arthur aún seguía con su cara inexplicable en el rostro mientras luces doradas y centellantes iluminaban al mayor quien estaba deslizando suavemente su mano por la espalda, causándole un estremecimiento al pequeño, agitó la cabeza viendo el hecho, ese tipo era.. ¡era un pedófilo! ¡un hado pedófilo! Arthur aplicó sus clases de artes marciales para emplearle una llave al americano, pero éste sólo sonrió de lado sensualmente dando una maniobra simple, escapando del menor, colocándose en su espalda y levantándole el brazo hacia atrás, atrapándolo.
–Te me puedes lastimar conejito…–susurra con una risita acariciando la peluda colita del menor, causándole un adorable estremecimiento haciendo que el padrino quisiera acercarse un poco más, hasta llegar a su cuello. –Come on, no seas mal niño…–susurró suavemente, lamiendo la piel, el inglés estaba rojo.
–¡Suéltame, maldita sea, suéltame! –decía el británico, cuidando de no decirlo tan fuerte, no quería despertar a sus padres, mucho menos al diabólico de su hermano quien lo tildaría de "niño promiscuo y puto" de por vida por estar en una posición rara con ese sujeto.
–Di… "deseo que me sueltes" –
–¡Mierda, hazlo, suéltame! –gritó exasperado, juntando sus ojos ante el estremecimiento, ahora la mano mágica se colaba en su ropa…–¡Deseo que me sueltes! –gritó, haciéndole caso a ese jodido tipo.
Y el padrino se alejó, las orejas y cola desaparecieron de su cuerpo en un santiamén, estaba acalorado, pero aún abría los ojos grandes y verdes que poseía, viendo al hado hacerle una reverencia casi aristócrata, con gracia y entusiasmo.
–Estoy a tus ordenes princesa…–
–¿Qué mierda está pasando? ¡soy un hombre bien macho para tu información, hada gay con alitas! –
–Soy tu padrino mágico, y sí, soy gay. Bueno, eso pasa,… cualquier cosa que tú quieras, cualquier cosa puedo dártela…–
–Mata a mi hermano…–dijo sin pensarlo el menor.
–Debes decir "deseo", siempre…–sonrió Jones, volviendo a su forma pequeñita y juguetona por los aires. Como si matar gente fuera plato de cada día para él.
–Bien, deseo que mi hermano muera…–
Y Alfred agitó su varita, pero sonó un feo "poof", uno no lindo, desarmado, casi como un gas. El pequeño levantó un poco los hombros desconfiado.
–Ahhh… hem~, se me olvidó, matar gente va en contra de las reglas…–
–¿Reglas? –
–Sí, esa cosa morada que nunca leo…–se rascó la cabeza tratando de recordarlo.
–¿Libro? –ayudó el pequeño.
–¡Yes, eso! –
El americano asintió con la cabeza sonriendo, yendo suavemente a los brazos del pequeño, acurrucándose en éstos, a Arthur se le sonrojaron suavemente las mejillas, era adorable cuando era pequeñito, pero cuando estaba grande era un viejo verde y pervertido, aunque claro, los dos tenían la misma voz y la misma actitud.
–Deseo… volver a tener mis libros de la infancia…–susurró el pequeño, al recordar la palabra para Jones.
El hado mágico se alejó un poco y batió su varita con diseño estadounidense, los libros aparecieron por arte de magia apilados, el inglés abrió los ojos, impresionado, entrecerrando la boca de la emoción, el padrino mágico sólo rió con dulzura, amaba mirar como su niño estaba feliz, tocando cada uno de los libros impactado, estaban tal y como los recuerda… sin estar quemados claro.
–Gracias…–susurró sinceramente, abrazando uno de los cuentos, mirando con una dulzura que paralizó al padrino, queriendo hacerle cositas malas, pero no, no podía, arruinaría el momento.
–Te lo dije Artie…–susurró suavemente. –Viviré para hacerte feliz…–
–Eres raro…–
–Claro, lo dice el niño con cejas cavernícolas…–susurró con burla el pequeño ser flotante.
–Deseo que te caiga una bola de concreto silenciosa en la cabeza…–el padrino torció la quijada, con una sonrisa nerviosa.
–Podemos conversarlo sabes…–
–Lo DESEO, sí, lo desea el fenómeno cejón…–y el padrino agitó su varita, obedeciendo al malvado pequeño.
Se escuchó un silencioso y agónico grito de dolor estadounidense.
Arthur se fue acostar después de un par de deseo extraños que consistían en recuperar cosas que perdió hace algún tiempo atrás, el americano insistía en dormir en forma de "peluche" con él, pero el niño se lo negó varias veces, la sonrisa de Alfred se hizo felina cuando el menor se había dormido, nunca había dicho "deseo que no duermas conmigo".
Por eso, como buen y protector -pedófilo- padrino dormiría con él.
A la mañana siguiente, el grito infantil fue épico, Arthur estaba arriba de la cama en el rincón, un hombre de diecinueve años hace poco lo estaba abrazando y babeándolo sin compasión, casi en todo su cuerpo, quiso golpearlo, pero era de mañana, era día de escuela, sus padres debían estar despiertos, y por tanto, el vago de su hermano también, o al menos, tratando de despertarse.
Lo miró de nuevo, no fue un sueño, no lo fue, allí tenía al chico que volvió a ser pequeño revoloteando por allí con una carita tan tierna que ni siquiera mostraba un grado de perversión, pero que en el fondo, era un lobo vestido de oveja… un pequeño que se convierte en un alto y formado estadounidense que bien podría hacerle de todo en la noche… pero no lo hizo, eso era algo.
–¿El primer deseo del día? –peguntó Jones, era tan romántico como el inglés le gritó en el oído en la mañana y lo golpeó con el despertador.
La memoria de Arthur comenzó a funcionar, recordando el momento en que su hermano lo sacaba a patadas del baño y luego él tenía que limpiarlo, casi llegando tarde a su horario de estudiante, esta vez sería diferente. Vengarse, esa era la palabra que tenía Kirkland en mente cuando el hado mágico le dijo que cualquier deseo que tuviera su cabecita podría cumplírsele, la sonrisa se le hizo risueña y malvada mientras Alfred tocaba un órgano gigante y reía diabólicamente para darle ambiente al pequeño, se vengaría de Scott, y quizás, también de Iván, el matón ruso, grande y narigón del colegio.
Este día todos sufrirían con el poder del malvado cejón, hizo estruendosos "muajajaja" que su hermano hizo callar, frunció las peludas y lindas cejas, aún dormido el muy cabrón lo molestaba.
–Deseo que hayan pirañas en su…, no, olvida eso, es muy improbable que pase, haz que se levante, que se pegue con la pata de la cama, que luego se tropiece y algo lo golpee, que se trate de levantar y haya una repisa arriba de su cabeza, y luego, que pise algo con pies descalzos, sí, lo deseo…–
–Artie travieso… así me gustas…–sonrió Jones, el menor ignoró el comentario de acoso sexual que ya se hacía recurrente en Jones, tomó su reloj luego de que el hado había hecho el "poof" para ver su obra maestra.
Se sentaría a esperar. –Deseo palomitas…–susurró suavemente.
–Como quieras mi diabólico pequeño…–
Y empezó el espectáculo.
–¡Mocoso, yo me levantaré, así que ni se te ocurra usar el baño! –gritó desde la pieza el mayor de los Kirkland, y Arthur sintió los pasos aventureros fuera de la cama, casi se atraganta con una palomita de la risa antes que todo pase, y comenzó la poesía:
–¡Ahhhhh, ahhhh PUTA cama, puta y desgraciada cama, ojalá que los que tengan sexo arriba tuyo tengan siiiida, maldita cama… que coño haces allí! –se quejaba el escocés de un golpe extraño que se dio al levantarse, nunca era tan desafortunado. Y volvió a dar pasos, Arthur sólo sintió el siguiente golpe y pidió refresco –¡Ahhh! ¡por la mierda dios, qué diablos te hiceee, ojalá te mueraas y te viole el diablo, mi cabeza joooder! –susurró -grito masculinamente-.
El inglés se retorcía de la risa, ese era el cielo ¡el maldito cielo!
Seguía la mejor parte.
–¡Ahhh, mierda nooo, de nuevo mi cabeza! –susurró más calmado, o era masoquista o se estaba acostumbrando a los porrazos que se estaba dando. –¡Ya, perfecto, ahora piso este pedazo de mierda, llegaré morado al colegio! ¡cabrón, de seguro esto es tu culpa Arthur, ya verás cuando llegues! –no tenía tiempo para discutir, se metió dentro del baño.
–Eso fue el cielo…–seguía carcajeando el menor.
–¿Me darás mi recompensa? –sonrió el americano insinuante. –Ya sabes… tú, yo… mojados, en una sala para pederastas, teniendo cositas, piénsalo…–
El inglés tuvo el afán de golpearlo, pero maldita sea, esa cosa vuela, él no.
–Hazlo desaparecer…–
–¿A quién? –
–A él, quiero ser hijo único…–susurró algo frío el menor, quizás todo sería mejor así.
–Esta bien… pero… es tu hermano, el único… –
–Sólo hazlo…por favor, lo deseo. Quizás él también sea más feliz sin mí, yo le causo repulsión. –
La mirada del pequeño era triste, el pequeño hado quiso estrujarlo entre sus brazos, pero no pudo, no lo hallaba oportuno, agitó su varita y el inglés cerró los ojos, todo acabaría allí. Pero sonó nuevamente es "poof" raro y extraño, y el deseo no se cumplió, Arthur abrió los ojos, extrañado ¿qué había ocurrido esa vez?
–N-No puedo…–
–¿Por qué no? –
–No puedo interferir con el "verdadero amor", es una regla…–susurró Jones haciendo un puchero.
–¿De Scott? ¿en este vecindario vive alguna de sus putas? –
–Quizás, no sé de quien está enamorado…sólo no puedo alejarlo de aquí…–
–Está bien…deseo estar listo para la escuela…–y la varita volvió a sonar, el inglés estaba vestido con sus típicas ropitas, pero algo había cambiado, llevaba una bufanda con un logotipo estadounidense, la miró extrañado y la bufanda…!también lo miró! ¡tenía ojos! y no unos cualquiera…
Era Alfred, ¡Alfred era su bufanda!, definitivamente su vida ahora era de locos.
Pero el inglés partió a la escuela, golpeando a su bufanda todo el camino, ya que se "enredaba" en su cuerpo de una manera extraña, lo tocaba con las partes en que terminaba la prenda, era la bufanda más rara y pervertida del mundo, por más raro que sonara, sí, una bufanda lo estaba acosando sexualmente, además, ahora todos pensaría que amaba a "Estados Unidos", otra razón para que lo odiaran.
En cuanto a Iván… oh pobre Iván, apareció "mágicamente" desnudo en la cancha, le quitaron su bufanda favorita y tuvo que devolver una multa grande por los niños a los que le había hurtado diferentes tipos de objetos, pero aparte de eso, Arthur hizo otras cosas, como ayudar a los chicos menos populares, sacarles una sonrisa con cosas que le gustaran, que los hicieran felices.
Deseó que el profesor menos popular fuera bien recibido en el colegio, deseó que Elizabeta, su extraña profesora de biología por fin cumpliera su sueño frustrado de dirigir una película porno, aunque no lo quisiera admitir, sí, Alfred lo estaba cambiando todo, le estaba cambiando la vida, Jones susurraba cachivaches, quería su "recompensa" por ese maravilloso trabajo, mínimo un besito.
La ropa de Arthur se quejó, toqueteándole un poco el pecho a Arthur haciendo que éste diera un suspiro ahogado en clases, pateó, colgó y mordió a la bufanda del mal, y lo más extraño es que ésta chillaba, tenía sonido, todos los alumnos vieron la escena con curiosidad y rieron, nunca pensaron que Kirkland fuera tan cómico.
Todo resultaba bien, hasta que llegó a casa, la sonrisa maléfica de su hermano lo hizo estremecer, su padrino no le podía cumplir sus deseos, estaban observándolo cuidadosamente, Scott era muchas cosas, pero tonto no era, que Arthur usara una bufanda estadounidense con ojos era sumamente extraño, quizás se la regaló una "muchachita" de su clase, el gesto se le ensombreció.
Tuvo a Arthur aún así, mientras la bufanda pervertida gruñía con rabia haciendo todo tipo de actividades casi de esclavos. El siguiente deseo de Arthur sería sencillo, "Deseo saber porque Scott me odia".
Pero hay cosas que es mejor… no saber desear.
N.A: En fin, aquí acaba este capitulo, esa bufanda es taaan estadounidensemente pervertida, ya me imagino si es que Alfred decide transformase un día de estos en sus "bóxer", este raro padrino es un caso, no se preocupen, poco a poco vendrá lo raramente romántico, hasta el próximo capítulo, quedan ocho :3
Próximo capítulo: Las reglas y el oficial Ludwig.
Habían reglas que los padrinos mágicos debían llevar acabo. Ninguna hasta donde sabía Alfred F. Jones decía "no acosar sexualmente a tu niño", así que por él… le vale un scone de Arthur el libro de reglas, pero a ese alemán sí le importaban, iba a hacer una revisión a la casa del pequeño Kirkland, para ver como iban las cosas.
